jueves, 27 de noviembre de 2025

Derpertar a la Vida (Domingo 30 de Noviembre)

 

EVANGELIO 

Mt  24,37-44.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

* * *
Hoy son muchas las personas que se adhieren a grupos de meditación y espiritualidad de la nueva era, caracterizados por una espiritualidad individualista y desconectada de las grandes instituciones religiosas: En esos grupos  se habla mucho de "despertar la conciencia", de llevar una "vida consciente" liberándose de "relaciones tóxicas" y creciendo en virtudes.

Desde hace siglos la Iglesia ha predicado los mismos temas y hoy parece tener menos éxito que los grupos citados. En Adviento la Iglesia llama a despertar y a preparar el camino interior liberándose de todo lo que impide el encuentro con Aquel que es el compendio vivo de todas las virtudes: Jesucristo. Recibir a Jesús con los brazos abiertos es la mayor felicidad que se puede gozar. Y eso no es algo para cuando me llegue la hora de la muerte sino para aquí y ahora.  Pero ¿es eso lo que percibimos cuando meditamos evangelios te temática escatológica como el de hoy? 

Más que al gozo del encuentro parece invitar al miedo a que no se produzca: “Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”. Lo que nos quedará al escuchar un sermón sobre esto es la idea de la inminencia del castigo divino (temor) y cómo debemos dejar todas esas cosas que tanto nos gustan si queremos salvar el alma (renuncia desabrida).  

Los sacerdotes de la autoayuda y la nueva era venderían mejor el mensaje que contiene este texto: para mejorar y ser más tú mismo -te dirían- debes dejar a un lado tus “relaciones tóxicas” (las personas que te influyen negativamente, la vida desordenada, el alcohol, las ocupaciones banales, etc); no porque el alcohol, las personas que te rodean o el planteamiento de vida que tienes sea malo, sino porque tu relación con esas realidades te intoxica y conduce a la infelicidad. ¡Ojo! la toxicidad no está en las cosas, las situaciones y las personas, sino en la “mala relación” que estableces con ellas. Cuando sanes tu corazón podrás volver a relacionarte con todo de una manera diferente y liberadora. Así pues, despierta y mira qué esclavitudes tiene tu corazón que no te permiten volar alto y salir así al encuentro de Dios que viene. 


El evangelio de hoy dice: "En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos”. ¿Qué pretendería el evangelista al escribirlo? ¿Atemorizarnos? No. Despertarnos a la realidad, recordarnos que la estancia en este mundo material es limitada, que la impermanencia es una cualidad de todas las cosas, que somos aves de paso, y no es lo más acertado desperdiciar la vida aferrándose a algo que no tiene consistencia ni perdurabilidad. Y vuelvo a matizar que el problema no está en que comida, bebida y matrimonio sean algo malo, lo malo es el modo en que te relacionas con ello. Cuando tu vida sólo tiene sentido por lo que comes, lo que bebes o lo que vives en pareja, la dependencia o idolatría que practicas te impide ver que hay un bienestar que está más allá de lo inmediato. “Porque el reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo;” (Rm 14,17).

“Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”. Este es el mensaje de Adviento: estar atentos, “atención plena”, despertar, porque quien se mantiene en pie no está dormido  y puede leer correctamente los signos que ve ante si, tanto en la exterioridad (guerras, discriminación, injusticias, catástrofes, etc.) como en el interior (asimiento a placeres y bienes efímeros, individualismo, desesperanza, desánimo, etc.). Contemplando cómo esto no puede satisfacer una vida, se te invita a una esperanza nueva. Para hacerte con ella  sólo has de vaciarte de todo lo que hace de ti un esclavo. 

"Vaciarte" es el primer paso, para después "llenarte". Dice san Juan de la Cruz que “Dios es como la fuente, de la cual cada uno coge como lleva el vaso” (2 S 21,2). Dios es el agua fresca de la esperanza que en Navidad llena el vaso de tu alma; y si no te sacia   es porque la tienes tan okupada, estás tan invadido por  “relaciones tóxicas”, que no hay espacio para Él.

Así que para llenarte con la venida de Dios necesitas una ecología de interiores, una limpieza del alma. ¿No te das cuenta de cuánta basura acumulas en tu alma?. Te impiden avanzar. Es tiempo de actuar, de despertar y tomar la decisión de soltar ataduras. Y permíteme que sea reiterativo: no se trata de renunciar a nada, sino de cuidar que nada te posea, a fin de que la llegada de la Vida verdadera no pase desapercibida para ti.


“Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Es verdad, hemos de estar preparados para esta apoteosis espiritual, pero no desde el miedo al futuro sino desde el gozo del  presente. La consciencia de que un día moriremos libera; sin embargo el miedo a eso mismo angustia y paraliza. Lo que el evangelio de hoy pretende no es amedrentar sino invitar al cambio de actitudes. El miedo no invita a la esperanza sino al desánimo. ¡No hagas caso a los profetas de calamidades!, escucha a los que anuncian esperanza. 

Convéncete de que no tienes que "conquistar el cielo" con extrañas prácticas religiosas; el evangelio no es un libro de autoayuda. Lo que tienes que hacer es recuperar tu interioridad okupada por idolatrías (dependencias de cosas ajenas a Dios) para dar cabida al que viene.  La oración continua te ayudará a un despertar consciente,  a ver cuales son los hilos que te atan a una vida frustrada, y  a cortarlos con la  ayuda de Dios ("cortar" es otra palabra clave para el crecimiento) para volar alto.  Ligado al despertar y al deseo de libertad encuentra sentido la práctica de los sacramentos, entre ellos el de la reconciliación. En tu vida espiritual no estás sólo (autoayuda) sino acompañado (presencia divina). Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos" (Mt 28,20); está contigo Jesús, visible en la Palabra, en la Iglesia, en los pobres, y también en los sacramentos. Medita, contempla y gusta de estos manjares.   

Piensa que el cielo desde el que viene Jesús en Adviento no está tanto arriba como abajo, incluso dentro de ti, "adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo" dice santa Teresa (Camino 28,2). Vivir la esperanza es vivir esta realidad de Dios que está en ti hoy, y cuando llegue la gran Navidad lo estará definitivamente.  Merece la pena preparar bien tu interioridad para la fiesta del encuentro con el Hijo que viene desde el seno de la Trinidad.  ¡Ven, Señor, Jesús!.

¡Feliz Adviento!

Noviembre 2025
Casto Acedo

viernes, 21 de noviembre de 2025

Solemnidad de Cristo Rey (23 de Noviembre)

Aunque con cierta continuidad, en esta entrada hay dos comentarios en uno. Para los amantes de versiones cortas y que prefieran centrarse más en el Evangelio del día les aconsejo que vayan al segundo comentario. Feliz domingo.

  EVANGELIO Lc 23,35-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:
- «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
- «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
- «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
- «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
- «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».
Y decía:
- «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor

1

"Pilato le dijo, «entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey»" (Jn 17,37). Antes Jesús había dicho: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Jn 17,36).

Celebramos la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo; Jesucristo es Rey, pero su reino es muy especial; él mismo dice: “mi reino no es de este mundo”, lo cual puede llevarnos a pensar que lo del Reino de Dios es cosa de “otro mundo”, tal vez de ese mundo feliz que esperamos para después del juicio final. ¿Es esto lo que quiso decir Jesús al desmarcarse decir “no es de este mundo”?

Es conveniente aclarar qué se entiende por “mundo” en el evangelio de san Juan, porque en él se encuentran afirmaciones que pueden resultar equívocas. En san Juan el mundo se menciona a veces como sinónimo de la creación, algo bueno en sí, en línea con Gn 1,31: "Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno" . Pero en otras ocasiones aparece la palabra mundo como algo nada bueno. Incluso en un solo versículo se llegan a unir los dos sentidos: “el mundo se hizo por medio de él y el mundo no lo conoció”. Por tanto, el mundo es creación de Dios, y por tanto  bueno; pero también se entiende el mundo como el estado de la creación tras la caída; Adán da la espalda a Dios y se cierra así al conocimiento de sus mandatos.

Según la doctrina tradicional, tres son los enemigos del alma (del ser humano): *el demonio, que podemos definir como el "yo falso", un alter ego que seduce con la atracción del dinero, el poder y la vanidad, *la carne (el cuerpo desligado del Espíritu que se apasiona con la soberbia, la avaricia, la ira, la lujuria, pereza, etc., y *el mundo, que nos es otra cosa que el modo de pensar y vivir opuesto a las virtudes evangélicas recogidas en el sermón del monte, especialmente en las bienaventuranzas (Mt 5-7). En este sentido de opositor a  Jesús y su mensaje, se define al demonio como “el príncipe de este mundo” (Jn 16,10).

No podemos entender el Reino como enemigo de la creación; pero sí hay un antagonismo entre el Reino y el mundo como mentalidad o sistema contrario al evangelio. «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve” (Lc  22,25-26). Donde alguien se hace el menor y el servidor de todos, ahí está la felicidad del Reino de Dios; y donde unos dominan, explotan, someten y matan a otros, está el fracaso de los reinos de este mundo

El Reino de Dios está en guerra (cf Mt 10,34-42),  en una lucha que “no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas” (Ef 6,12). 

Es preciso prevenirse ante la entrada del mundo en el corazón de cada uno y en el de la Iglesia. Vivir según el mundo es lo que el Papa Francisco sugirió al hablar de la  “mundanidad espiritual”:

“El peor daño que puede pasar a la Iglesia: caer en la mundanidad espiritual. En esto estoy citando al cardenal De Lubac. El peor daño que puede pasar a la Iglesia, incluso peor que el de los papas libertinos de una época. Esa mundanidad espiritual de hacer lo que queda bien, de ser como los demás, de esa burguesía del espíritu, de los horarios, de pasarlo bien, del estatus: ‘Soy cristiano, soy consagrado, consagrada, soy clérigo’. No se contaminen con el mundo, dice Santiago. No a la hipocresía. No al clericalismo hipócrita. No a la mundanidad espiritual”.

Estas palabras del Cardenal Jorge Bergoglio antes de su acceso al pontificado, y que luego expuso más detalladamente como Papa Francisco en la encíclica Evangelii gaudium (nn 93-97),  previenen sabiamente acerca de cómo el mundo como sistema contrario al evangelio es el mayor enemigo del Reino. La mundanidad consiste en entrar en el sistema, en asimilarse al pensamiento ambiente, en perder la identidad propia para adaptarse a la de la mayoría.  El mantra "ahí, o ante esta injusticia, no se puede hacer nada" repetido cuando nos desbordan las condiciones sociales, es parte de esa mentalidad mundana que nos lleva a sucumbir en el empeño de un mundo mejor. 

Jesús no desistió ante el estereotipado mundo judío y romano de su tiempo. Donde detectó crímenes y mentiras actuó y no calló. Aunque a algunos les suene a política, apostar por el Reino de Dios es formar parte de un grupo anti-sistema. ¿O a Jesús lo crucificaron por su fidelidad a los poderes mundanos establecidos? La Iglesia, cuya razón de ser y tareas es anunciar el Reino, se abrió paso en el mundo grecorromano como movimiento anti-sistema,  y la prueba de ello son los siglos de persecuciones que vivió en sus inicios.

Pero ¿es ese el caso de hoy? Puede que lo que se haya producido es una reversión a los sistemas anteriores al cristianismo. Fue una bendición que entrara en la médula del sistema imperialista romano y los convirtiera al evangelio. Ahora bien, ¿no es posible que hoy se de un fenómeno opuesto? ¿No está entrando el mundo en la Iglesia?  Y si la mentalidad del sistema liberal-capitalista, socialista, consumista o individualista, entra en la Iglesia, todo va perdido. 

Es importante abrir los ojos, porque el enemigo no está sólo fuera de la Iglesia, también está dentro; la “mundanidad espiritual” lo delata. Cuando el Papa habla de una "Iglesia en salida" ¿no está refiriéndose a una Iglesia que sale de la mundanidad en busca del Reino de Dios más allá de estructuras acomodadas al mundo? ¿Estamos, como Iglesia, siendo críticos con el sistema imperante en lo que tiene de antievangélico? ¿O hemos tirado la toalla justificándonos en el "no se puede hacer nada"?

* * *
2


Observa la escena del evangelio de hoy. Dos miradas sobre el pobre, el que sufre, el crucificado. Una es la de los que viven dentro del sistema, los magistrados, los soldados y uno de los malhechores: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Como personas mundanas a éstos no les interesa para nada lo que le ocurra a Jesús; ellos viven en su burbuja, salvando sus negocios; y para justificar su impostura dirigen al "justo injustamente perseguido" palabras de desprecio: Idealista: ¿no ha salvado a otros? Que se salve a sí mismo. La "mundanidad" desprecia a quienes creen en la paz, la bondad y la compasión; y lo hacen porque no los soportan, porque los que son fieles a sus principios hasta el final son un bofetón para quienes se han rendido al príncipe de este mundo.

Pero junto a la cruz hay también personas que están fuera de la mentalidad mundana y viven el sufrimiento de los pobres desde la compasión y el amor:  “su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena”, (Jn 19,25), y ese malhechor arrepentido que la tradición llama Dimas; estos fueron capaces de hacer una lectura diferente de lo que pasa ante sus ojos. “Nosotros recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo». Es un inocente injustamente condenado. Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». 

Dimas la contemplación de aquel justo condenado, le abrió los ojos a la contemplación del Reino. Vio a Dios en el Crucificado. Ahí a su lado, el mismo que predicó las Bienaventuranzas del Reino está dando cumplimiento a su palabra, haciendo ver que el bienaventurado es el pobre, el hombre de corazón humilde, el pacífico, el perseguido  por causa de la justicia, el que llora la ignorancia del pecador. En la Cruz Jesús es bienaventurado, no por sus sufrimientos sino por su fidelidad y amor.  ¿Acaso Dios no saldrá en su socorro?

Se abrieron los ojos de Dimas a la compasión y vio que el Reino de Dios no era otro que Jesús crucificado; y que su cruz no era un fracaso sino un triunfo. Se dio cuenta de la indignidad con la que él había vivido y la dignidad de Jesús que no cede al odio en una situación límite. En ese cruce de experiencias el buen ladrón entra en oración: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Recuerdan mucho sus palabras a la confesión de fe del centurión presente también en el escenario, y que cuenta así san Lucas: "Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios, diciendo: «Realmente, este hombre era justo»(Lc 22,46-47).

Por un lado, la solemnidad de Cristo Rey te obliga a posicionarte en una de las miradas sobre el Crucificado. O estás con el sistema (el boato de los reinos de este mundo: el lujo, el poder, las riqueza, etc.) o estás con Cristo (la compasión y misericordia del Reino: los pobres, los que sufren, los despreciados, etc.). No hay punto intermedio. “El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12,30). 

Observa tu vida y pregúntate de qué lado estás. Procura hacerlo sin dejarte engañar por la “mundanidad espiritual”. Para saber si estás atrapado en ella sólo debes hacerte una pregunta muy atrevida: ¿Qué cambiaría en mi vida -ratos de oración y misa aparte- si no creyera en Jesucristo y su Reino? Si crees que no cambiaría nada o muy poco, si todo seguiría igual, tu religiosidad es sólo un barniz que oculta tus escondidos deseos de ser servido y amado;  conviene entonces que empieces a preocuparte.

Y por otro lado, esta solemnidad es una oportunidad para gozar por adelantado el triunfo del Reino de Dios, la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Esa es la convicción de los santos: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».(Ap 7,10). Los que apuestan por Dios y su Reino tienen en Jesucristo la garantía del triunfo. En el trono de la Cruz, el Cordero inmolado, coronado de espinas, aparentemente fracasado, ha sido elevado y ensalzado como Rey del Universo. 

Aprovecha para revisar qué tal vasallo de Cristo eres y para afianzarte en la fe de que no  hay Señor más grande al que servir.

¡Feliz Domingo de Cristo Rey!

Noviembre 2025
Casto Acedo

sábado, 15 de noviembre de 2025

¿Bautizar a los niños? (una reflexión)

La puerta de entrada 

La puerta de entrada a la Iglesia es el Bautismo. Nadie puede llamarse propiamente “cristiano” dentro de la Iglesia, sea esta ortodoxa, católica o protestante si no ha recibido el Bautismo. ... Sin el bautismo  no hay acceso a ningún otro sacramento. Eucaristía (comunión), Confirmación, Penitencia, Matrimonio cristiano, Orden Sacerdotal o Unción de enfermos.

El bautismo es, por tanto, un sacramento fundamental; sin él la vida cristiana no tiene fundamento. Y para considerarse cristiano en plenitud se necesita también haber recibido la Eucaristía y la Confirmación; los tres conforman los llamados Sacramentos de la Iniciación Cristiana.

Bautismo de adultos o bautismo de niños.

Aunque lo normal sería recibir el bautismo de adultos, se ha convertido en norma la excepción: el bautismo de niños. Éste puede ser considerado  normal cuando las familias son cristianas de hecho y derecho,  es decir, familias formadas a partir de un Matrimonio en y por la Iglesia, que tienen una formación cristiana suficiente (catequesis de adultos) y que participan asiduamente en los ritos de la Iglesia, especialmente la Misa Dominical y las grandes Solemnidades de la Iglesia. 

Al hilo de esto, me hago unas preguntas importantes mirando la realidad de los bautismos de niños que se administran en nuestras parroquias:

¿Tiene sentido bautizar a niños cuyos padres ni están casados por la Iglesia ni piensan hacerlo? Si el bautismo de niños se ha de dar en una familia cristiana; y ésta no lo es sólo porque un día lejano los padres recibieron el bautismo, hicieron la comunión o se confirmaron; la familia cristiana católica es la que ha sido bendecida por la Iglesia con un sacramento propio: el matrimonio. La alegría con que los padres no casados, o casados sólo civilmente, piden el bautismo para sus hijos merecería una atención especial por parte de la Iglesia de hoy. ¿Tiene sentido bendecir a un niño con el bautismo cuando los padres, que viven en régimen de cohabitación mutua sin papeles, o con matrimonio civil, se niegan a recibir la bendición de la Iglesia  en el sacramento del matrimonio? La respuesta es clara. Poco sentido.

Y respecto a los padrinos, que son los que se comprometen a ayudar a los padres en la tarea de educar en la fe a los niños bautizados: ¿No deberían de reunir los requisitos exigidos para los padres? ¿Cómo van a educar en la fe a esos niños si no viven privada y públicamente su fe? Aún así hay quien sin haber recibido los sacramentos de la iniciación cristiana y sin que la religión tenga  en sus vidas una mínima incidencia, exigen un derecho que moralmente no tienen: ser padrinos.

Bautismo, ¿fe o folklorismo tradicional?

El pecado de nuestra Iglesia hoy está en que no solo la sociedad sino también nosotros nos estamos acostumbrando a ver la vida cristiana como un dato “folklórico-consumista”. En una iglesia así Dios no es Dios sino el dios que yo quiero que sea, mi dios, un ídolo que construye mi mente interesada; y la Iglesia no es una "comunidad de fieles" sino un “supermercado” donde encargo y recibo unos servicios sacramentales a la carta a cambio de un donativo. ¡Que no me pidan más!

Resulta curioso que lo que más importa a quienes piden el bautismo para sus hijos, o  la primera comunión o el matrimonio, no es que se les forme e informe bien para vivir la vida cristiana, sino la fecha de su celebración a fin de adaptar la celebración del sacramento al lugar y fecha previamente fijados con el restaurante. Se centra todo en conveniencias personales, que la ceremonia “sea bonita” y la comida posterior sea deslumbrante, una "comida de ricos”, lujosa, y muy alejada del compartir con los pobres que predicaba Jesucristo. «Cuando des una comida o una cena -dice Jesús-, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.  Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos». (Lc 14,12-14). ¿Cuántos pobres se sientan a la mesa en nuestras comidas de bautismos, comuniones o bodas? ¿No invitamos más bien a quienes podrán pagarnos? Es un detalle importante esto para conocer bien nuestro nivel de fe.

Primero discípulo, luego bautizado

La Iglesia tiene como misión “hacer presente en medio del mundo el Reino de Dios”. “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. (Mt 28,19-29). Primero dice “haced discípulos”, es decir, seguidores de Jesucristo y su Evangelio, luego dice “bautizándolos”. Primero evangelizar, dar a conocer las enseñanzas de Jesús y entrar en contacto con su persona, luego bautizar.  “No me envió Cristo a bautizar -dices san Pablo, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo” (1 Cor 1,17).

Por tanto, primero conocer la sabiduría del Evangelio. No se trata de que para bautizarse (o bautizar a un hijo) sea necesario saber la Biblia y el Catecismo de memoria, pero ¿qué menos que conocer lo básico y vivir en coherencia con lo que se conoce? Aunque, como dice san Pablo, ¿cómo creerán si no se les predica? Rm 10,14), y, añado yo, ¿cómo predicarles el evangelio si se niegan a escucharlo? Se ofrecen charlas, catequesis y procesos de formación previos a los sacramentos, y todo son pegas para no asistir. ¿De verdad merece la pena bautizar con estas premisas?

El niño se bautiza en la “fe de los padres”

Los niños se bautizan en “la fe de los padres”; no en la fe del mismo niño (la fe es respuesta libre y voluntaria a la llamada de Dios, y el niño no tiene aún conciencia ni libertad para responder), ni en la que pudiera tener en un futuro; se bautiza a los niños en la “fe actual de los padres”. En el rito del bautismo se pregunta a los padres si están dispuestos a educar a su hijo en la fe de la Iglesia; y eso supone transmitir los artículos de la fe (credo), las oraciones, la práctica sacramental y las normas morales elementales (mandamientos) al bautizado o bautizada. 

Si nos preguntamos por la capacidad de educar en la fe de quienes piden el bautismo para sus hijos, ¿creemos de veras que están capacitados para transmitir la fe a sus hijos? Me atrevo a decir que en la inmensa mayoría de los casos esa capacidad es nula o insuficiente. Si en vez de preguntar los artículos del credo a padres y padrinos en la ceremonia dijéramos: “antes de bautizar a su hijo o hija proclamad a viva voz el credo de la Iglesia en la cual va a recibir el bautismo vuestro hijo o hija”, ¿sabrían recitar el credo de memoria? ¿Y los mandamientos? Algunos tendrían dificultad incluso para rezar el Padrenuestro que se invita a rezar hacia el final del rito.  En estos casos ¿qué estamos haciendo?

Bautismos válidos, padres incongruentes

Si los padres no saben el credo ni los rudimentos de la oración y la moral cristianas, ¿será válido el bautismo? Pues sí: válido es, el bautizado recibe la gracia de Dios; pero en la práctica se trata de una acción incongruente, engañosa e hipócrita; y esto no por el niño (¡qué culpa va a tener él!) sino por quienes lo presentan al bautismo. 

Hoy sigue habiendo padres que, por presión familiar (abuelos), por costumbre (“siempre se ha hecho así”), porque su corta  inteligencia no les da para celebrar una fiesta sin recurrir al sacramento, o por cualquier otro motivo, están dispuestos a bautizar a sus hijos públicamente mientras en la intimidad grupal con sus amigos confiesan sin rubor que “yo no creo ni en Dios, ni en la Iglesia ni en los curas”; en castellano esto se llama “ser un falso, un hipócrita y un cínico”.  Allá ellos, pero ¿merece un niño o niña ser bautizado en esa situación? ¿No debería preocuparnos más como Iglesia que se den las condiciones necesarias para que el potencial del bautismo que el niño recibe se desarrolle en él de modo eficaz? 

Y lo ya dicho: el bautismo es válido según la teología sacramental de la Iglesia. Porque quien bautiza es Dios, y la falta de fe en los responsables directos, si no se oponen ex profeso al bautismo, la suple la comunidad en la que el niño o niña se bautiza, o sea, "la fe de la Iglesia”. ¿Qué culpa tiene el bautizando de tener unos padres ateos, agnósticos o renuentes a la fe? La Iglesia, esa misma Iglesia que muchos tachan de intransigente, dogmatista, dictadora, obtusa, obsoleta y retrógrada, acoge, como Cristo, a los que no la quieren, y no niega la gracia sacramental a los niños que son presentados al bautismo, aunque los requisitos se cumplan bajo mínimos.

Conclusión:

¿Es bueno bautizar a los niños? Dios y la Iglesia no los va a juzgar reciban o no el bautismo;  pero sí conviene decir algo sobre quienes los presentan. El niño no va a ir al limbo si muere sin bautizar; y tampoco recibirá ningún castigo divino (hay quien todavía piensa en Dios como un castigador y el bautismo como un talismán protector). Si el niño no va a recibir educación cristiana y, si además, lo que va a recibir en su ambiente familiar es menosprecio hacia Dios, hacia Jesucristo, hacia la Iglesia y hacia los sacramentos, mejor es no bautizar; que cuando sean mayores decidan si quieren bautizarse.

En una sociedad donde los valores individuales se imponen sobre los familiares y sociales creo que la mejor opción es no pedir el bautismo de niños si no hay garantías de que el bautizado va a conocer a Dios en Jesucristo y en su Iglesia.  Lo importante es que la persona que se bautice tenga la posibilidad de recibir una formación que le abra al conocimiento de Dios y al disfrute de la vida cristiana. Y esto no se puede imponer, ni por tradición ni por miedos supersticiosos infundados; sólo se puede ofrecer en libertad; y para ello hace falta conocimiento por parte de los responsables de la educción del niño.

Personalmente como sacerdote, y creo otros muchos sacerdotes suscribirían mis palabras, pienso que en la Iglesia deberíamos recuperar el bautismo tal como sugiere el espíritu del Evangelio y propone el Código de Derecho Canónico: bautismo de niños de familias claramente maduras en la fe, de padres y padrinos convertidos a Cristo, perseverantes en su vida de oración y coherentes en su vida evangélica; en estas condiciones se garantiza “que el niño va ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza, debe diferirse el bautismo” (CIC 868); se difiere, no se niega, a la espera de que se den las condiciones necesarias. Pero ¿quién le pone el cascabel del discernimiento al gato?

Tenemos que entonar un mea culpa en la Iglesia. El problema de fondo que “quema a muchos sacerdotes” que se ven abocados a bautismos de niños y niñas de parejas o familias con poca formación espiritual y religiosa cristianas, no está sólo en quienes solicitan el bautismo para los niños, que a fin de cuentas lo hacen  en su mayoría con buena fe aunque desde su ignorancia religiosa; el problema está también en la falta de una autoridad eclesial coherente y exigente que facilite que las cosas se hagan como se debieran hacer. Mea culpa. Eso supondría diferir el bautismo en muchos casos hasta que padres y padrinos realizaran una formación seria y verificable. Sería problemático, pero sería también un discernimiento serio; y un modo de renovar la Iglesia desde la base de la "nueva evangelización" de la que tanto hemos hablado en los últimos tiempos.

Se podrían decir muchas más cosas sobre el tema. Es muy actual, se habla de ello sobre todo entre curas y fieles comprometidos en las parroquias; y se hablará más cada día, porque el problema de la falta de sentido cristiano va en aumento en nuestra sociedad. Mientras vemos como las Iglesias se vacían y la falta de conocimiento del evangelio y las normas de la religión se ignoran y ningunean, la solución no está en el “todo vale”; seguramente tampoco en poner "normas rigoristas". Es cuestión de sentido común: que quienes solicitan el bautismo tengan claro qué es lo que ellos buscan y qué les ofrece la Iglesia. Si coinciden, adelante con el bautismo del niño o la niña; sino, a esperar el momento oportuno.  Es algo tan simple como apelar seriamente a la conciencia y dignidad de la Iglesia y la de los padres y padrinos.

Noviembre 2025

Casto Acedo.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

33º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO C (16 de Noviembre)

EVANGELIO
Lucas 21,5-19

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
-«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».

Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo:
-«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía:
-«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor

* * *


La realidad de la impermanencia 

Quedaron deslumbrados los discípulos al ver el lujo del templo de Jerusalén. Mirando la calidad y grandeza de la construcción y los exvotos (ofrendas hechas a Dios en cumplimiento de alguna promesa), los que seguían a Jesús, debieron sentir la admiración y  el orgullo de pertenecer a un pueblo y una religión que podía presumir de tal grandeza. Como cuando un católico visita la basílica de san Pedro del Vaticano, alguna de las espectaculares catedrales góticas europeas u otros templos grandiosos y saborea con delectación la grandeza de la Iglesia.

¿Qué dice Jesús cuando vives algo así? «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Lo que contempláis es pura apariencia, fachada, transitoriedad, impermanencia. ¡Tened cuidado, porque el espectáculo de las grandes obras y montajes escénicos o artísticos, pueden generar confusión sobre el camino a seguir! Y también debéis estar atentos a quienes os puedan manipular recurriendo al miedo de que “está llegando el tiempo”. «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”». 

Las obras faraónicas remiten a pasados gloriosos que dan la sensación de que todo está cumplido, y los anuncios catastrofistas que sostienen la inminencia del final suelen llevar al sometimiento acrítico a líderes mesiánicos que prometen salvarte de sufrimientos futuros. ¿No lo ves? Siempre es así. Y hoy corren tiempos de guerras, incertidumbre social y catástrofes;  y ante esto unos se agarran a la nostalgia gloriosa de las viejas construcciones, mientras que otros con sus novedades se presentan como salvadores. Son tiempos mesianistas (del anticristo), que no hay que confundir con los mesiánicos que llegan con la venida de Jesús  ¡Tened cuidado! No os estanquéis en las glorias del pasado, ni os dejéis engañar por falsas promesas de futuro. Centraos, buscad el centro: abrid conmigo los ojos a la realidad presente, al "Reino que está en medio de vosotros" (Lc 17,21). 

El Reino de Dios permanece

¿Cuál es esa la realidad presente en la que tenemos que buscar el Reino? 

A nivel social, tenemos “guerras y revoluciones" (incertidumbre pilítica y económica), populismos y nacionalismos que enfrentan a “pueblos contra pueblos y reino contra reino”, grandes catástrofes, como “terremotos, y en diversos países hambres y pestes”. Esto es lo que tenemos en un mundo imperfecto como el nuestro; y tienes que aceptar esta realidad,  “porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto” (Rm 8,22), hasta el día en que por Jesús sean reconciliadas “todas las cosas, las del cielo y de la tierra”. (Col 1,20).

En su momento llegará el final, con “fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo”. Pero no debemos andar preocupados por la muerte o el destino final. Sólo importa el presente. Abrir los ojos al aquí y al ahora, viviendo el evangelio de la compasión y la misericordia; esto es lo único que nos debe ocupar; sin ignorar que seguir a Jesús y actuar su Reino en el día a día no es fácil, porque "el Reino de Dios sufre violencia" (Mt 11,12).

Deberíamos fiarnos de Dios y procurar ser honestos, justos, generosos; aunque la honestidad, la justicia, la generosidad sin limites, no sean aceptadas por todos; son muchos los que la rechazan. El mundo no acepta la verdad cuando pone en evidencia las mentiras, y se niega reconocer el valor supremo del amor y la compasión porque desenmascara el encumbramiento del ego social y personal. 

Cuando el evangelio invita a matar el "ego" soltando las glorias del pasado y los miedos al futuro, provoca la ira de ególatras y timoratos, que se revuelven contra quienes predican tal libertad; por eso los justos son perseguidos. “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre”. 

Pero dice Jesús: no tengáis miedo a los tiempos de rechazo, porque no son lo definitivo, no tengáis miedo al futuro que no existe; simplemente amad, confiad, perseverad en la fe. "Yo estaré siempre con vosotros" (Mt 28,20), soltad los miedos, “meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”.


Que tu fe sea más grande que el miedo

Los tiempos pueden ser tan duros que incluso “hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros”. Tened fe, todo eso pertenece al mundo de la transitoriedad, un mundo cuya solidez es falsa; vosotros -dice Jesús- sois eternos, habéis nacido de nuevo, vivís una vida nueva (cf Jn 3,5-12), habéis entrado en el eterno presente, en la "Presencia de Dios"; si lo queréis podéis permanecer aquí conmigo para siempre; y “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”

"El señor llega para regir los pueblos con rectitud”, esto dice hoy la antífona del salmo responsorial. (Sal 97). Me gusta la palabra "rectitud" porque desde nuestra orilla da a entender el deber de caminar comprometidos por la senda del bien (rectitud) y desde el lado de Dios la palabra revela el Dios en quien creemos posee  "la rectitud del amor" y nos hace partícipes de ella.

* * *


Aprovecha este domingo y esta semana para situarte en el presente, con ojos abiertos, observando el mundo que  habitas. 

*Mira si vives en el mundo del pasado, embelesado en tu historia personal o familiar, en tu fortaleza física, tus posesiones, tus títulos, tu estatus, o en las glorias pasadas de tu pueblo o de tu Iglesia; de todo esto al final no quedará piedra sobre piedra”. 

*Mira también a ver si  vives en la incertidumbre y el miedo a un futuro que intuyes catastrófico; ¿no notas un cierto miedo como signo de los tiempos? Miedo a una guerra mundial, miedo a una seria crisis económica, miedo a perder la democracia y los derechos y privilegios adquiridos, miedo, a la IA (inteligencia artificial), etc. ¿Cuáles son tus miedos?

Un clásico de la espiritualidad cristiana del siglo XV dice a este propósito algo siempre  actual: "¿De qué te sirve afanarte por lo que puede sucederte en el futuro sino para acumular tristeza sobre tristeza? Bástale al día su afán. Es vano y además inútil afligirse o alegrarse por las cosas del mañana, que quizá jamás sucederán" (T. Kempis, Imitación de Cristo)No merece la pena sufrir por lo no existente; mejor vivir en el ahora, confiando en el Señor. ¡No dejes que tu miedo a "la otra vida" paralice el dinamismo de la  "vida presente"!

Que tu fe sea más fuerte que tus temores. La sabiduría de la Palabra te pide hoy perseverar en la prueba del presente siendo fiel al nombre de Jesús: “A vosotros, los que teméis (honráis) mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra”, dice el profeta Malaquías (3,19-20a). El evangelio termina con  una frase similar: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas” (1). 

A la meta no se llega rememorando el punto de partida ni obsesionándose por cómo alcanzaré el objetivo de la carrera;  se llega dando un paso cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. Con los materiales del presente se construye la esperanza. 

* * *
Otro comentario a la liturgia de este domingo en: 
https://blogdecastoacedo.blogspot.com/2022/11/persecuciones-y-perseverancia-domingo.html

*
Nota (1): "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Así se lee en la última  traducción del leccionario I del ciclo C. Yo prefiero traducir el término original griego Psiqásde psiqué,  (soplo, hálito, aliento vital, alma, vida) por "vida" mejor que por "alma", porque creo que no se trata sólo de que el alma (entendida como parte separada del ser humano) vaya finalmente al cielo, que es lo que parece sugerir la frase con el término "alma", sino que se trata de que ya aquí y ahora toda mi vida encuentra el cielo, la salvación, es decir, que la vida ya puede ser en la tierra una vida fresca, honesta, sana, no contaminada por el veneno de lo perecedero, gozosa desde ahora en la dicha y en la tribulación; una vida llena de  sabiduría del Señor. "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas", que ya aquí participan del  presente eterno. C. A.
*
¡Feliz domingo!
Noviembre 2025

Casto Acedo.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Dedicación de la Basílica de Letrán (Domingo 9 de noviembre)


La catedral del Papa

Hoy, en la Iglesia universal, celebramos una fiesta un tanto extraña. Las fiestas cristianas hacen referencia siempre a acontecimientos salvadores: encarnación, muerte, resurrección, ascensión de Jesús a los cielos; anunciación, visitación, asunción de la Virgen María, purísima concepción; o bien la Santísima Trinidad que no celebra un hecho salvador sino al mismo Dios, fuente de la salvación. Luego están las fiestas en honor de los santos; pero celebrar la dedicación de un templo no es algo muy común, y en cierto modo parece algo extraño.

Lo que celebramos hoy, 9 de Noviembre,  con la Dedicación o Consagración de la Basílica de san Juan de Letrán no es el hecho de la consagración ritual de un templo construido en el siglo IV, tras la paz de Constantino, dedicado originariamente al Santísimo Salvador y luego a san Juan Bautista y san Juan evangelista; lo que celebramos es el significado del hecho: San Juan de Letrán es la Catedral de Roma, sede del obispo de la ciudad, obispo que desde sus orígenes ha sido considerado como Sumo Pontífice o Papa.

La imagen de san Juan de Letrán como Catedral de Roma nos remite a la Iglesia universal como templo del Espíritu Santo, casa de Dios desde la que fluye la gracia de su Palabra, de sus sacramentos y su amor. “He elegido y santificado este templo (la Iglesia) -dice el Señor- para que mi Nombre esté en él eternamente” (2 Cron 7,16a; antífona del Aleluya). La Iglesia es templo del Espíritu Santo; cada fiel es templo del Espíritu Santo. La fe que mana del Templo de Dios fluye hacia tu corazón; san Juan de Letrán es templo del Espíritu Santo, La Iglesia es templo del Espíritu Santo, yo soy templo del Espíritu Santo. “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Cor, 3.16).

El templo es Cristo 

Al obispo de Roma acudían los primeros cristianos para clarificar su fe y solucionar las disensiones que se daban entre las distintas comunidades eclesiales. “Roma locuta, causa finita”, se dice: “Ha hablado Roma, el caso está cerrado”. En realidad Roma es el Papa, o mejor, Roma es el lugar donde se confiesa la fe de Pedro, “Tú eres Pedro y  sobre esta piedra - la fe de Pedro ha declarado: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo- edificaré mi Iglesia” (Cf Mt 16,16-18). Yendo más lejos aún, la piedra sobre la que se edifica la Iglesia no es propiamente la fe de Pedro, sino el mismo Cristo al que Pedro confiesa: “Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo” (1 Cor 3,11) La roca de la que mana el agua espiritual que nutre a la Iglesia es Cristo (cf 1 Cor 10,4).

Cristo es la roca-cimiento de la Iglesia, la piedra angular que sostiene todo el edificio de la Iglesia (Hch 4,11). Con su venida a nosotros el encuentro con Dios no se va a dar en un lugar concreto; las catedrales, los templos parroquiales, las basílicas, santuarios y ermitas, quedan relativizadas como lugares de encuentro con Dios. En el Evangelio de hoy, al hablar del templo, Jesús acaba identificándolo con Él mismo: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré. ... Hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2,19.21). Ahora el único templo, el lugar santo por excelencia es el mismo Jesús. Las demás personas, lugares y ritos son solo mediaciones  religiosas para el encuentro con Él. Entrar en el templo, orar en él, celebrar fiesta es entrar en el ámbito el mismo Jesucristo.

* * *

Concluyendo sobre la fiesta de hoy, decir que es la fiesta de la unidad y la construcción de la Iglesia universal sobre la Roca que es Cristo, el Hijo de Dios vivo, tal como la confiesa Pedro desde su cátedra (asiento, silla). Contemplando la catedral de San Juan de Letrán celebramos la fe común de la Iglesia que converge en aquel símbolo de unidad. Desde ese templo, edificado sobre el cimiento de Cristo, visibilizado en el Obispo de Roma, fluye el Agua Viva que recorre las ciudades del mundo enriqueciéndola con sus dones (cf la primera lectura de hoy; Ez 47,1-2.8-9.12). Hay que matizar que la catedral de Roma no es el Vaticano (construido en los siglos XVI y XVII), sino San Juan de Letrán, finalizada en el año 324, cuando los cristianos dejan de ser perseguidos y libremente se establece ese lugar como punto de referencia de Unidad en torno al Papa. 

Gocémonos por haber sido empapados por la gracia de Dios, el amor de Cristo Jesús, que nos llega por la Iglesia.

*

Día de la Iglesia diocesana

La palabra “Iglesia” (ekklesia) significa “asamblea”, reunión de hermanos; comunidad de “santos” la llama san Pablo (1 Cor 6,1-2; 14,34;16,1, etc.). Y el Día de la Iglesia Diocesana, que se celebra también hoy, nos sugiere el eslogan “Tú también puedes ser santo”, es decir, puedes mantener viva tu consagración a Dios. Una vez consagrado un templo queda destinado exclusivamente al culto a Dios; queda marcado como un espacio sagrado permanente; también nosotros, por el bautismo en la Iglesia hemos sido consagrados a Dios; la vida cristiana consiste en mantener dignamente el templo que somos rechazando la profanación que causa el pecado.

La santidad no es solo un don particular y privado; también es eclesial: la Iglesia es santa, y como tal está al servicio de la santidad; aunque no debemos considerar este servicio como un servicio ni de estación de repostaje ni de lavandería. La Iglesia no es una gasolinera donde se pueden “cargar las pilas” o “llenar los depósitos” del alma con la gracia de Dios; tampoco es un lugar donde se lavan los trapos sucios por la práctica del sacramento de la penitencia. ¿No son estas unas concepciones de la Iglesia individualistas y egoístas? La razón de existir de la Iglesia es el anuncio y la construcción del Reino de Dios.

La santidad no consiste tanto en limpiar la casa cuanto en darle cabida en ella a Cristo, es decir, la santidad personal y eclesial no es tanto no pecar cuanto vivir el mandamiento del amor; o como dice san Gregorio de Nisa: la perfección consiste en ser amigo de Dios (Vida de Moisés, 320);  no es santo quien se obsesiona por la perfección de la ley (¿conoces a alguien que cumpla con plenitud los diez mandamientos?) sino quien desde su amistad con Dios, se confía a Él y trabaja para hacer presente su Reino en el mundo.

Más que perfección la santidad es amistad y comunión;  comunión y amistad con Cristo y con los hermanos; vivir como amigos con un espíritu abierto de compasión o misericordia. Aquí encuentra todo su sentido la Iglesia, en vivir comunitariamente la santidad como gracia y tarea. Vivir unidos en la común amistad de Dios. Sabemos que no podemos atravesar solos el desierto de la vida, necesitamos de los hermanos. Son muchos los santos que nos han precedido en el camino de la fe, y son muchos también los que caminan con nosotros. Caminamos juntos, en sinodalidad. No te aísles, siéntete parte de tu parroquia y de tu Iglesia Diocesana; ésta te comunica con la Iglesia Universal.  

“Tú también puedes ser santo” reza el eslogan de este día. Ampliando el significado y añadiéndole un matiz más optimista,  te digo: “Tú eres santo”, mantén viva la llama que recibiste en tu bautismo. Tu luz y la luz de los hermanos, prendidas en la llama de Cristo, es Luz para el mundo.

¡Felíz día!

Noviembre 2025

Casto Acedo

Felices (1 de Febrero 2026)

EVANGELIO   Mt 5,1-12a En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su b...