EVANGELIO
jueves, 27 de noviembre de 2025
Derpertar a la Vida (Domingo 30 de Noviembre)
viernes, 21 de noviembre de 2025
Solemnidad de Cristo Rey (23 de Noviembre)
Aunque con cierta continuidad, en esta entrada hay dos comentarios en uno. Para los amantes de versiones cortas y que prefieran centrarse más en el Evangelio del día les aconsejo que vayan al segundo comentario. Feliz domingo.
EVANGELIO Lc 23,35-43
sábado, 15 de noviembre de 2025
¿Bautizar a los niños? (una reflexión)
La puerta de entrada
La puerta de entrada a la Iglesia es el Bautismo. Nadie puede llamarse propiamente “cristiano” dentro de la Iglesia, sea esta ortodoxa, católica o protestante si no ha recibido el Bautismo. ... Sin el bautismo no hay acceso a ningún otro sacramento. Eucaristía (comunión), Confirmación, Penitencia, Matrimonio cristiano, Orden Sacerdotal o Unción de enfermos.
El bautismo es, por tanto, un sacramento fundamental; sin él la vida cristiana no tiene fundamento. Y para considerarse cristiano en plenitud se necesita también haber recibido la Eucaristía y la Confirmación; los tres conforman los llamados Sacramentos de la Iniciación Cristiana.
Bautismo de adultos o bautismo de niños.
Aunque lo normal sería recibir el bautismo de adultos, se ha
convertido en norma la excepción: el bautismo de niños. Éste puede ser considerado normal cuando las
familias son cristianas de hecho y derecho, es decir, familias formadas a
partir de un Matrimonio en y por la Iglesia, que tienen una formación cristiana suficiente
(catequesis de adultos) y que participan asiduamente en los ritos de la Iglesia,
especialmente la Misa Dominical y las grandes Solemnidades de la Iglesia.
Al hilo de esto, me hago unas
preguntas importantes mirando la realidad de los bautismos de niños que se administran
en nuestras parroquias:
¿Tiene sentido bautizar a
niños cuyos padres ni están casados por la Iglesia ni piensan hacerlo? Si el
bautismo de niños se ha de dar en una familia cristiana; y ésta no lo es sólo porque
un día lejano los padres recibieron el bautismo, hicieron la comunión o se confirmaron;
la familia cristiana católica es la que ha sido bendecida por la Iglesia con un
sacramento propio: el matrimonio. La alegría con que los padres no casados, o casados sólo civilmente, piden el bautismo para sus hijos merecería una atención especial por parte de la Iglesia de hoy. ¿Tiene sentido bendecir a un niño con el
bautismo cuando los padres, que viven en régimen de cohabitación mutua sin
papeles, o con matrimonio civil, se niegan a recibir la bendición de la
Iglesia en el sacramento del matrimonio?
La respuesta es clara. Poco sentido.
Y respecto a los padrinos, que
son los que se comprometen a ayudar a los padres en la tarea de educar en la fe
a los niños bautizados: ¿No deberían de reunir los requisitos exigidos para los
padres? ¿Cómo van a educar en la fe a esos niños si no viven privada y
públicamente su fe? Aún así hay quien sin haber recibido los sacramentos de la
iniciación cristiana y sin que la religión tenga en sus vidas una mínima incidencia, exigen un derecho
que moralmente no tienen: ser padrinos.
Bautismo, ¿fe o folklorismo tradicional?
El pecado de nuestra Iglesia
hoy está en que no solo la sociedad sino también nosotros nos estamos acostumbrando a ver la vida cristiana como un dato “folklórico-consumista”. En una iglesia así Dios no es Dios sino el dios que yo quiero que sea, mi dios, un
ídolo que construye mi mente interesada; y la Iglesia no es una "comunidad de fieles" sino
un “supermercado” donde encargo y recibo unos servicios sacramentales a la carta a cambio de un donativo. ¡Que no me pidan más!
Resulta curioso que lo que más
importa a quienes piden el bautismo para sus hijos, o la primera comunión o el
matrimonio, no es que se les forme e informe bien para vivir la vida cristiana, sino la fecha de su
celebración a fin de adaptar la celebración del sacramento al lugar y fecha previamente fijados con el restaurante. Se centra todo en conveniencias personales, que la
ceremonia “sea bonita” y la comida posterior sea deslumbrante, una "comida de ricos”, lujosa, y muy alejada del compartir con los pobres que predicaba Jesucristo. «Cuando
des una comida o una cena -dice Jesús-, no invites a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán
invitándote, y quedarás pagado. Cuando
des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás
bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los
justos». (Lc 14,12-14). ¿Cuántos pobres se sientan a la mesa en nuestras
comidas de bautismos, comuniones o bodas? ¿No invitamos más bien a quienes podrán
pagarnos? Es un detalle importante esto para conocer bien nuestro nivel de fe.
Primero discípulo, luego bautizado
La Iglesia tiene como misión “hacer
presente en medio del mundo el Reino de Dios”. “Id, pues, y haced discípulos
a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. (Mt
28,19-29). Primero dice “haced discípulos”, es decir, seguidores de Jesucristo
y su Evangelio, luego dice “bautizándolos”. Primero evangelizar, dar a conocer las
enseñanzas de Jesús y entrar en contacto con su persona, luego bautizar. “No me envió Cristo a bautizar -dices san
Pablo, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no
hacer ineficaz la cruz de Cristo” (1 Cor 1,17).
Por tanto, primero conocer la sabiduría del Evangelio. No se trata de que para bautizarse (o bautizar a un
hijo) sea necesario saber la Biblia y el Catecismo de memoria, pero ¿qué menos que conocer lo
básico y vivir en coherencia con lo que se conoce? Aunque, como dice san
Pablo, ¿cómo creerán si no se les predica? Rm 10,14), y, añado yo, ¿cómo
predicarles el evangelio si se niegan a escucharlo? Se ofrecen charlas, catequesis
y procesos de formación previos a los sacramentos, y todo son pegas para no asistir. ¿De verdad
merece la pena bautizar con estas premisas?
El niño se bautiza en la “fe de los padres”
Los niños se bautizan en “la fe de los padres”; no en la fe del mismo niño (la fe es respuesta libre y voluntaria a la llamada de Dios, y el niño no tiene aún conciencia ni libertad para responder), ni en la que pudiera tener en un futuro; se bautiza a los niños en la “fe actual de los padres”. En el rito del bautismo se pregunta a los padres si están dispuestos a educar a su hijo en la fe de la Iglesia; y eso supone transmitir los artículos de la fe (credo), las oraciones, la práctica sacramental y las normas morales elementales (mandamientos) al bautizado o bautizada.
Si nos preguntamos por la capacidad de educar en la fe de quienes piden el bautismo para sus hijos, ¿creemos de veras que están capacitados para transmitir la fe a sus hijos?
Me atrevo a decir que en la inmensa mayoría de los casos esa capacidad es nula o insuficiente. Si en vez de preguntar los artículos
del credo a padres y padrinos en la ceremonia dijéramos: “antes de bautizar a su hijo o hija
proclamad a viva voz el credo de la Iglesia en la cual va a recibir el
bautismo vuestro hijo o hija”, ¿sabrían recitar el credo de memoria? ¿Y los
mandamientos? Algunos tendrían dificultad incluso para rezar el Padrenuestro que se invita a rezar hacia el final del rito. En estos casos ¿qué estamos haciendo?
Bautismos válidos, padres incongruentes
Si los padres no saben el credo ni los rudimentos de la oración y la moral cristianas, ¿será válido el bautismo? Pues sí: válido es, el bautizado recibe la gracia de Dios; pero en la práctica se trata de una acción incongruente, engañosa e hipócrita; y esto no por el niño (¡qué culpa va a tener él!) sino por quienes lo presentan al bautismo.
Hoy sigue habiendo padres que, por presión familiar (abuelos), por
costumbre (“siempre se ha hecho así”), porque su corta inteligencia no les da para celebrar una
fiesta sin recurrir al sacramento, o por cualquier otro motivo, están dispuestos a
bautizar a sus hijos públicamente mientras en la intimidad grupal con sus amigos confiesan sin rubor
que “yo no creo ni en Dios, ni en la Iglesia ni en los curas”; en castellano
esto se llama “ser un falso, un hipócrita y un cínico”. Allá ellos, pero ¿merece
un niño o niña ser bautizado en esa situación? ¿No debería preocuparnos más
como Iglesia que se den las condiciones necesarias para que el potencial del
bautismo que el niño recibe se desarrolle en él de modo eficaz?
Y lo ya dicho: el bautismo es válido según la teología sacramental de la Iglesia. Porque quien bautiza es Dios, y la falta de fe en los responsables directos, si no se oponen ex profeso al bautismo, la suple la comunidad en la que el niño o niña se bautiza, o sea, "la fe de la Iglesia”. ¿Qué culpa tiene el bautizando de tener unos padres ateos, agnósticos o renuentes a la fe? La Iglesia, esa misma Iglesia que muchos tachan de intransigente, dogmatista, dictadora, obtusa, obsoleta y retrógrada, acoge, como Cristo, a los que no la quieren, y no niega la gracia sacramental a los niños que son presentados al bautismo, aunque los requisitos se cumplan bajo mínimos.
Conclusión:
¿Es bueno bautizar a los niños? Dios y la Iglesia no los va a juzgar reciban o no el bautismo; pero sí conviene decir algo sobre quienes los presentan. El niño no va a ir al limbo si muere sin bautizar; y tampoco recibirá ningún castigo divino (hay quien todavía piensa en Dios como un castigador y el bautismo como un talismán protector). Si el niño no va a recibir educación cristiana y, si además, lo que va a recibir en su ambiente familiar es menosprecio hacia Dios, hacia Jesucristo, hacia la Iglesia y hacia los sacramentos, mejor es no bautizar; que cuando sean mayores decidan si quieren bautizarse.
En una sociedad donde los valores individuales se imponen sobre los familiares y sociales creo que la mejor opción es no pedir el bautismo de niños si no hay garantías de que el bautizado va a conocer a Dios en Jesucristo y en su Iglesia. Lo importante es que la persona que se bautice tenga la posibilidad de recibir una formación que le abra al conocimiento de Dios y al disfrute de la vida cristiana. Y esto no se puede imponer, ni por tradición ni por miedos supersticiosos infundados; sólo se puede ofrecer en libertad; y para ello hace falta conocimiento por parte de los responsables de la educción del niño.
Personalmente como sacerdote, y creo otros muchos sacerdotes suscribirían mis palabras, pienso que en la Iglesia deberíamos recuperar el bautismo tal como sugiere el espíritu del Evangelio y propone el Código de Derecho Canónico: bautismo de niños de familias claramente maduras en la fe, de padres y padrinos convertidos a Cristo, perseverantes en su vida de oración y coherentes en su vida evangélica; en estas condiciones se garantiza “que el niño va ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza, debe diferirse el bautismo” (CIC 868); se difiere, no se niega, a la espera de que se den las condiciones necesarias. Pero ¿quién le pone el cascabel del discernimiento al gato?
Tenemos que entonar un mea culpa en la Iglesia. El problema de fondo que “quema a muchos sacerdotes” que se ven abocados a bautismos de niños y niñas de parejas o familias con poca formación espiritual y religiosa cristianas, no está sólo en quienes solicitan el bautismo para los niños, que a fin de cuentas lo hacen en su mayoría con buena fe aunque desde su ignorancia religiosa; el problema está también en la falta de una autoridad eclesial coherente y exigente que facilite que las cosas se hagan como se debieran hacer. Mea culpa. Eso supondría diferir el bautismo en muchos casos hasta que padres y padrinos realizaran una formación seria y verificable. Sería problemático, pero sería también un discernimiento serio; y un modo de renovar la Iglesia desde la base de la "nueva evangelización" de la que tanto hemos hablado en los últimos tiempos.
Se podrían decir muchas más cosas sobre el tema. Es muy actual, se habla de ello sobre todo entre curas y fieles comprometidos en las parroquias; y se hablará más cada día, porque el problema de la falta de sentido cristiano va en aumento en nuestra sociedad. Mientras vemos como las Iglesias se vacían y la falta de conocimiento del evangelio y las normas de la religión se ignoran y ningunean, la solución no está en el “todo vale”; seguramente tampoco en poner "normas rigoristas". Es cuestión de sentido común: que quienes solicitan el bautismo tengan claro qué es lo que ellos buscan y qué les ofrece la Iglesia. Si coinciden, adelante con el bautismo del niño o la niña; sino, a esperar el momento oportuno. Es algo tan simple como apelar seriamente a la conciencia y dignidad de la Iglesia y la de los padres y padrinos.
Noviembre 2025
Casto Acedo.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
33º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO C (16 de Noviembre)
sábado, 8 de noviembre de 2025
Dedicación de la Basílica de Letrán (Domingo 9 de noviembre)
La catedral del Papa
Hoy, en la Iglesia
universal, celebramos una fiesta un tanto extraña. Las fiestas cristianas hacen
referencia siempre a acontecimientos salvadores: encarnación, muerte,
resurrección, ascensión de Jesús a los cielos; anunciación, visitación,
asunción de la Virgen María, purísima concepción; o bien la Santísima Trinidad
que no celebra un hecho salvador sino al mismo Dios, fuente de la salvación.
Luego están las fiestas en honor de los santos; pero celebrar la dedicación de
un templo no es algo muy común, y en cierto modo parece algo extraño.
Lo que celebramos hoy, 9 de Noviembre, con la Dedicación o Consagración de la Basílica de san Juan de Letrán no es el
hecho de la consagración ritual de un templo construido en el siglo IV, tras la
paz de Constantino, dedicado originariamente al Santísimo Salvador y luego a
san Juan Bautista y san Juan evangelista; lo que celebramos es el significado del hecho: San
Juan de Letrán es la Catedral de Roma, sede del obispo de la ciudad, obispo que
desde sus orígenes ha sido considerado como Sumo Pontífice o Papa.
La imagen de san Juan de Letrán como Catedral de Roma nos remite a la Iglesia universal como templo del Espíritu Santo, casa de Dios desde la que fluye la gracia de su Palabra, de sus sacramentos y su amor. “He elegido y santificado este templo (la Iglesia) -dice el Señor- para que mi Nombre esté en él eternamente” (2 Cron 7,16a; antífona del Aleluya). La Iglesia es templo del Espíritu Santo; cada fiel es templo del Espíritu Santo. La fe que mana del Templo de Dios fluye hacia tu corazón; san Juan de Letrán es templo del Espíritu Santo, La Iglesia es templo del Espíritu Santo, yo soy templo del Espíritu Santo. “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Cor, 3.16).
El templo es Cristo
Al obispo de Roma acudían los primeros cristianos para clarificar su fe y solucionar las disensiones que se daban entre las distintas comunidades eclesiales. “Roma locuta, causa finita”, se dice: “Ha hablado Roma, el caso está cerrado”. En realidad Roma es el Papa, o mejor, Roma es el lugar donde se confiesa la fe de Pedro, “Tú eres Pedro y sobre esta piedra - la fe de Pedro ha declarado: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo- edificaré mi Iglesia” (Cf Mt 16,16-18). Yendo más lejos aún, la piedra sobre la que se edifica la Iglesia no es propiamente la fe de Pedro, sino el mismo Cristo al que Pedro confiesa: “Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo” (1 Cor 3,11) La roca de la que mana el agua espiritual que nutre a la Iglesia es Cristo (cf 1 Cor 10,4).
Cristo es la roca-cimiento de la Iglesia, la piedra angular que sostiene todo el edificio de la Iglesia (Hch 4,11). Con su venida a nosotros el encuentro con Dios no se va a dar en un lugar concreto; las catedrales, los templos parroquiales, las basílicas, santuarios y ermitas, quedan relativizadas como lugares de encuentro con Dios. En el Evangelio de hoy, al hablar del templo, Jesús acaba identificándolo con Él mismo: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré. ... Hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2,19.21). Ahora el único templo, el lugar santo por excelencia es el mismo Jesús. Las demás personas, lugares y ritos son solo mediaciones religiosas para el encuentro con Él. Entrar en el templo, orar en él, celebrar fiesta es entrar en el ámbito el mismo Jesucristo.
* *
*
Concluyendo sobre la fiesta de hoy, decir que es la fiesta de la unidad y la construcción de la Iglesia universal sobre la Roca que es Cristo, el Hijo de Dios vivo, tal como la confiesa Pedro desde su cátedra (asiento, silla). Contemplando la catedral de San Juan de Letrán celebramos la fe común de la Iglesia que converge en aquel símbolo de unidad. Desde ese templo, edificado sobre el cimiento de Cristo, visibilizado en el Obispo de Roma, fluye el Agua Viva que recorre las ciudades del mundo enriqueciéndola con sus dones (cf la primera lectura de hoy; Ez 47,1-2.8-9.12). Hay que matizar que la catedral de Roma no es el Vaticano (construido en los siglos XVI y XVII), sino San Juan de Letrán, finalizada en el año 324, cuando los cristianos dejan de ser perseguidos y libremente se establece ese lugar como punto de referencia de Unidad en torno al Papa.
Gocémonos por haber sido empapados por la gracia de Dios, el amor de Cristo Jesús, que nos
llega por la Iglesia.
*
Día de la Iglesia diocesana
La palabra “Iglesia” (ekklesia) significa “asamblea”, reunión de hermanos; comunidad de “santos” la llama san Pablo (1 Cor 6,1-2; 14,34;16,1, etc.). Y el Día de la Iglesia Diocesana, que se celebra también hoy, nos sugiere el eslogan “Tú también puedes ser santo”, es decir, puedes mantener viva tu consagración a Dios. Una vez consagrado un templo queda destinado exclusivamente al culto a Dios; queda marcado como un espacio sagrado permanente; también nosotros, por el bautismo en la Iglesia hemos sido consagrados a Dios; la vida cristiana consiste en mantener dignamente el templo que somos rechazando la profanación que causa el pecado.
La santidad no es solo un don particular y privado; también es eclesial: la Iglesia es santa, y como tal está al servicio de la santidad; aunque no debemos considerar este servicio como un servicio ni de estación de repostaje ni de lavandería. La Iglesia no es una gasolinera donde se pueden “cargar las pilas” o “llenar los depósitos” del alma con la gracia de Dios; tampoco es un lugar donde se lavan los trapos sucios por la práctica del sacramento de la penitencia. ¿No son estas unas concepciones de la Iglesia individualistas y egoístas? La razón de existir de la Iglesia es el anuncio y la construcción del Reino de Dios.
La santidad no consiste tanto en limpiar la casa cuanto en darle cabida en ella a Cristo, es decir, la santidad personal y eclesial no es tanto no pecar cuanto vivir el mandamiento del amor; o como dice san Gregorio de Nisa: la perfección consiste en ser amigo de Dios (Vida de Moisés, 320); no es santo quien se obsesiona por la perfección de la ley (¿conoces a alguien que cumpla con plenitud los diez mandamientos?) sino quien desde su amistad con Dios, se confía a Él y trabaja para hacer presente su Reino en el mundo.
Más que perfección la
santidad es amistad y comunión; comunión y amistad con Cristo y con los hermanos; vivir como amigos con un espíritu abierto de compasión o misericordia. Aquí encuentra todo su sentido la Iglesia, en vivir comunitariamente la santidad como gracia y tarea. Vivir unidos en la común amistad de Dios. Sabemos que no podemos atravesar solos el desierto de la vida, necesitamos
de los hermanos. Son muchos los santos que nos han precedido en el camino de la
fe, y son muchos también los que caminan con nosotros. Caminamos juntos, en sinodalidad. No te aísles, siéntete parte de tu
parroquia y de tu Iglesia Diocesana; ésta te comunica con la Iglesia Universal.
“Tú también puedes ser
santo” reza el eslogan de este día. Ampliando el significado y añadiéndole un matiz más optimista, te digo: “Tú eres
santo”, mantén viva la llama que recibiste en tu bautismo. Tu luz y la luz de los hermanos, prendidas en la llama de Cristo, es Luz para el mundo.
¡Felíz día!
Noviembre 2025
Casto Acedo
Felices (1 de Febrero 2026)
EVANGELIO Mt 5,1-12a En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su b...
-
EVANGELIO Lc 9, 28 – 36. J esús tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. Y mientras oraba, su rostro cambió de aspecto ...
-
Hace dos años que este comentario acerca del Sacramento de la Penitencia fue publicado en este blog. No viene mal reconsiderar cada año lo ...
-
EVANGELIO Mt 6,1-18 “Cuando hagas limosna, ... cuando oréis..., cuando ayunéis, ... lo note, no los hombres sino tu Padre, que está en lo es...






