Un hombre viajaba kilómetros cada semana para rezar en un
gran templo. Allí encendía velas, se arrodillaba y repetía largas oraciones.
Un día encontró a un anciano sentado bajo un árbol,
mirando el atardecer.
—¿No vas nunca al templo? —preguntó el hombre.
El anciano sonrió.
—Voy todos los días.
El viajero miró alrededor, confundido.
—Pero aquí no hay templo.
El anciano tomó un puñado de tierra entre las manos y
dijo:
—¿Y esto qué es?
Luego señaló las montañas iluminadas por la última luz
del sol, el río que corría cercano y el viento moviendo las ramas.
—¿Y esto?
El hombre respondió:
—Naturaleza.
El anciano negó suavemente con la cabeza.
—Todo esto es el templo. Las piedras son sus muros. El cielo es su cúpula. Los pájaros son sus cantos. Y el aliento que entra y sale de ti… es la oración.
El viajero guardó silencio.
Entonces el anciano añadió:
—El problema no es que Dios esté lejos. Es que hemos encerrado lo sagrado dentro de edificios y hemos dejado de arrodillarnos ante la vida.
Dice san Pablo al inicio de su Carta a los Romanos que ...
“... lo que de Dios puede conocerse resulta manifiesto, pues Dios mismo lo manifestó. Lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras” (Rm 1, 19-20)
En el credo se habla de
Dios Padre, creador, todopoderoso. Dicen que el artista extrae de su propio ser la obra de arte. Contemplamos a Dios en la obra de su creación.
Nos
hemos acostumbrado a encerrar a Dios en lugares sagrados (ermitas, Iglesias, monasterios, etc) y
olvidamos con facilidad que Dios es “indomeñable”, es decir, no se deja dominar
por nadie ni se le puede encerrar en ningún sitio.
Sin embargo nosotros tendemos a ponerlo en “un aparte”, ya sea espacial (templos), temporal (domingos y fiestas), ritual (sacramentos) o moral (está con y en los buenos, no con los malos). Buscamos a Dios en lugares concretos o pretendemos escapar a su mirada alejándonos de esos lugares. Pero eso no puede ser; no puedo escapar de su mirada, porque, como dice el Salmo
"Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha" (Sal 139,8-10)
Deberíamos
recuperar la creación toda como templo de Dios. En toda ella se asienta su ser.
Observa nuestra imagen de la Santísima Trinidad, entronizada sobre el cielo (nubes)
y la tierra (bola del mundo); el cielo y la tierra forman parte de la figura
trinitaria; Dios no está sólo por encima de todo lo creado, está también en
todo lo creado. Es lo que los teólogos llaman “panenteísmo” (Dios en todo), que
no hay que confundir con que “Dios es todo”; el ser de Dios no elimina la
autonomía de lo creado, está en todo pero sin sustituirlo ni anularlo.
No podemos desligar nuestra contemplación de Dios de la mirada a nuestro entorno natural. Dar un paseo por el parque de Cornalvo debería ser para el creyente una inmersión en el corazón de Dios. Como dice el anciano de la historia narrada al principio:
"Toda la creación es el templo de Dios.
Las piedras son sus muros.
El cielo es su cúpula.
Los pájaros son sus cantos.
Y el aliento que entra y sale de ti… es la oración”.
Imagina que das un paseo por el entorno natural de Cornalvo disfrutando la presencia de Dios en el paisaje que contemplas: el trio de los pájaros, el vuelo del águila, el susurro del viento rozando las encinas, las jaras en flor, el olor del tomillo, los tamujos, el agua, ... Y tu corazón que se conmueve y se ensancha ante tanta belleza. Tu alma se libera del peso de los problemas que te ocupan; aspiras el aire puro y tu respiración se hace oración. En todo percibes la presencia de la Santísima Trinidad, porque son creación suya.
Un minuto de oración
Mejor sería en un tranquilo paseo por Cornalvo.
Contemplando la naturaleza, observa. La creación canta un himno de silencio a Dios; así lo expresa y ora san Gregorio Nacianceno en el texto que rezamos en nuestra Novena:
Santísima Trinidad,
todos los seres te celebran,
los que hablan y los que son mudos.
Todos los seres te rinden homenaje.
El deseo universal, el gemido de todos,
suspira por ti.
Todo cuanto existe te ora,
y eleva hasta ti un himno de silencio.
Vayamos
al silencio. Simplemente vacía tu mente de preocupaciones y siéntete parte de
todo, colocad@ por Dios en este huerto o paraíso que es el mundo. Admira a Dios
en su creación elevando a Él un “himno de silencio”. Siente como toda la
creación con la música de los ríos, los pájaros, la brisa,,, canta a Dios un
himno que sin palabras, en silencio, da gloria a la Santísima Trinidad. Únete a
ese canto de silencio.
*
Un buen complemente a la oración de hoy es el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís:
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
Casto Acedo
Mayo 2026

1 comentario:
Gracias
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