martes, 25 de agosto de 2026

La seducción y la cruz (29 de Agosto)


PRIMERA LECTURA Jr 20,7-9.

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreir todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

EVANGELIO Mt 16, 24-26

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: —«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro: —«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a sus discípulos: —«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde su alma?

¡Palabra del Señor!

* * *

La seducción de Dios

Enamorado es aquel cuya alma es cautivada por alguien a quien rinde su voluntad. La persona enamorada experimenta un cambio radical en su vida, tanto es así que los que le conocieron cuerdo y formal, ven cómo el amor le vuelve extraño y ridículo. Los vecinos comentan: “¡quién le ha visto y quién le ve! ¡A este se le ha ido la cabeza!, ¿se habrá vuelto loco?”. Otros hacen mofa de su nueva personalidad. Pero a él le importa poco lo que digan, porque quien ha encontrado el tesoro escondido vende todo lo demás para adquirirlo y da saltos y gritos de alegría sin importarle lo que diga la gente (cf Mt 13,44). Así es. El amor cambia el ser, convierte el corazón, rompe las máscaras y pone en marcha una sana locura. 

¡Qué bien expresa G. Kalil Gibrán la locura del amor en su poema "El loco"!: 
“Me preguntáis porqué enloquecí. Fue así. Un día, mucho antes de que nacieran algunos dioses, desperté de un profundo letargo y descubrí que me habían robado todas mis máscaras –sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-. Corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: “¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!”. Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, algunas personas, llenas de horror, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome, gritó: “¡Mirad! ¡Es un loco!”. 
El profeta Jeremías cuenta cómo el amor de Dios le sedujo y se vio impelido a gritar su experiencia: «Me sedujiste, Señor y me dejé seducir, has sido más fuerte que yo y me has podido» (Jr 20,7). La seducción de Dios se  presenta como una atracción más que violenta irresistible. Quien haya sentido en sus entrañas la llamada de Dios  entiende al profeta. Quisiera no seguir la llamada, pero se ve forzado a ello. El seducido por Dios, como el loco de la parábola de K. Gibrán, es víctima de las burlas del vecindario: “¡Mirad! ¡Es un loco!”, decían señalándole.  "Todos se burlaban de mi -dice Jeremías- … La palabra del señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día» (Jr 20,7b.8b);  pero a pesar de esto no puede contener la fuerza del amor en él: «la palabra en mis entrañas era fuego ardiente..., intentaba contenerla y no podía" (Jr 20,9). 

El enamorado  se ve amablemente arrastrado a anunciar y vivir de una forma nueva las realidades de cada día.
En un entorno donde priman la afirmación del propio yo y la búsqueda compulsiva del placer, quien conoce a Jesús sabe que ha de asumir la parte de no-amabilidad y desgrado que tiene la vida.  «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). Estas palabras desentonan porque piden algo nada habitual: no vivir para uno mismo sino para el otro, no buscarse a sí mismo sino a los otros; quedar totalmente atado al amado y volcado en el amor. Eso no es vivir, es perder la vida, dicen muchos. Y se mofan de esa necedad y llaman loco o imbécil a quien la abraza, porque, según el esquema mental de los cuerdos de este mundo, ha perdido la razón. Y no faltarán quienes  quieran salvar al enamorado de su locura pretendiendo que huya de la verdad; como quiso Pedro salvar a Jesús: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!". Quién esto dice, consciente o inconscientemente, es portavoz del diablo. 


Perder la vida es ganarla

La negación de sí mismo que pide Jesús (Mt 16,24) no exige buscar cruces extraordinarias para acumular méritos para el cielo. No hay que buscar cruces; la cruz la tienes ya: es tu realidad personal, familiar, social, religiosa o espiritual.  Amas tu cruz cuando amas tu realidad y la afrontas con valentía. Ser amante de la cruz no es cosa de masoquistas sino de locos enamorados que están dispuestos a  vivir la propia realidad en libertad, sin dejarse llevar por criterios de agrado o desagrado sino por la sabiduría del evangelio. Lo que mueve al enamorado de Cristo a abrazar la sabiduría de la cruz no es el gusto por el sufrimiento sino el amor; no se niega a sí mismo para adquirir protagonismo sino para afirmarse en Dios que ama sin límites. Tomar la cruz es saborear la  vida tal como viene dada, tener capacidad de aceptación y ver en los obstáculos una oportunidad para crecer.

La misma negación que pide Jesús la aconseja san Pablo: «os exhorto a presentar vuestros cuerpos como hostia viva» (Rm 12,1) La vida cristiana impone una dedicación en cuerpo y alma al Señor. No se trata de inmolar cosas y animales, de hacer sacrificios de "lo que tenemos", sino de darle a Dios "lo que somos", mediante una vida nueva no acomodada a éste mundo, responder siempre amando. Negarse a sí mismo supone hacer silencio en la propia voluntad para dar paso a  la del Padre. Ser humilde.

El mundo quiere llevarte por el camino de la afirmación del propio ego como lo mejor: ganar mucho dinero, destacar en algo, buscar un futuro firme,...  Constantemente eres invitado a buscar la felicidad fuera de ti, en las cosas, los cargos, la huida de los problemas. Es una salida en falso, un sueño irreal e imposible del que debes despertar. Y a ese despertar apuntan las palabras de Jesús: "
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". 

¿Qué es "cargar con la cruz"? No es otra cosa que cargar con la propia realidad.  La vida misma, tu vida, es la cruz que debes cargar para ser verdaderamente feliz. A veces tus realidades no te gustan, pero no puedes echarte atrás sino ser valiente e ir hacia adelante, como Jeremías, que, seducido y enamorado entendió que su amor le exigía pasar por el desprecio de los hombres; o como Francisco de Asís, que despertó de sus sueños románticos de adolescente cuando descubrió la realidad de la pobreza como virtud; u Oscar Romero, buen pastor que no se echó atrás cuando su Amado le pidió dar su vida por su rebaño de El Salvador; ... Éstos despertaron a tiempo para vivir y evitaron una vida zombi, apagada, ajena a pensamientos de Dios y sometida a los pensamientos de los hombres. ¿Perdieron su vida o la ganaron? Si lo miras desde abajo la perdieron, pero no hay duda de que visto desde arriba, desde la realidad que es Dios a la que accedieron por la fe y el amor,  la ganaron.

La vida es una oportunidad irrepetible. Sólo se vive una vez, por eso es importante despertar a la realidad y elegir el camino adecuado y acompasarlo con la conducta adecuada. ¿Para qué vivimos? La respuesta a esta pregunta dará tono al modo en que vivimos, a nuestro modo de conducirnos, a nuestra conducta. Hay quienes, encerrados en el ateísmo o la desidia, viven anclados en el "comamos y bebamos que mañana moriremos". Si el fin del hombre es la muerte como "nada" es claro que vivimos "para nada"; la meta es el vacío. Con una convicción así no es de extrañar que muchos se limiten a salvar la vida procurándose su cielo en la tierra, aun a costa del atropello y la insolidaridad. 

Hay también quienes, sin negar la posibilidad de una vida eterna, coquetean con falsas cruces que ellos mismos se procuran, castigando sus cuerpos con cilicios y disciplinas regladas, practicando una solidaridad parcial y calculada al milímetro, molestándose ocasionalmente por favorecer a alguien...  Aquí nos encontramos muchos. Una política de nadar y guardar la ropa que sutilmente cierra el paso a la verdadera iluminación o conversión, al verdadero despertar. Un amor a medias no satisface. Sólo una entrega total puede llenar plenamente. "Corazones partidos yo no los quiero; y si doy el mío lo doy entero", dice el canto popular argentino que san José María Escrivá incorporó en Camino (n. 145).

La vida pide mantener los ojos abiertos, contemplar la realidad  y encararla. La realidad personal (problemas propios de salud, complejos, miedos,... ), familiar (caracteres chocantes, convivencia difícil, cansancio matrimonial, conflictos entre hermanos ...), la realidad social (situaciones de abundancia, de pobreza, inmigración, paro, etc. en el mundo que te rodea) y la realidad religiosa (dudas de fe, idolatrías, ritualismos, fariseísmo,...). Todo eso que ves cuando miras con los ojos de Dios son cruces que Él te ha puesto para ganarte la vida.

Proclama el evangelio de manera apodíctica: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta»?". Me gusta leer esa profecía futura desde el presente; podemos decir que ya en esta vida Dios paga a cada uno según su elección de vida, según su modo de conducirse (conducta).  Si lo piensas y meditas bien,  ¿quién pierde la vida? ¿quién vive más y mejor?:

*¿La persona poseída de soberbia que echa serpientes por la boca a cada momento, o aquel que se niega a sí mismo callando y esperando el diálogo pacífico? 

*¿Vive mejor quien está en el miedo a perder su relevante puesto social. o quién se niega a sí mismo valorándose en su justa medida y bendiciendo a Dios y disfrutando el lugar que ocupa? 

*¿Es más feliz quien pudiendo atenderlos  abandona sus padres al cuidado de una institución pudiendo atenderlos, o quien se niega a sí mismo y, cargando su cruz, aprende a gozar y goza de la compañía de los que antes cuidaron de él? 

*¿Vive más alegre el que se agobia constantemente procurando su comodidad o el que se despreocupa de sí mismo y vive atento a las necesidades de los demás? 

*¿Es más feliz quien se deja llevar por sus criterios egoístas o quien se abona a  la sabiduría del evangelio?

No hay duda de que la cruz es inevitable. Forma parte de la vida. No es realista pretender que todo sucediera como a ti te gustaría. Es una pretensión muy ególatra. Tendría que ponerse el mundo a tu servicio para que así fuese. Y como eso no va a ocurrir deberías aprender a aceptar y vivir tu realidad no desde tus caprichos sino desde la sabiduría de Dios, siendo fiel a tus convicciones profundas, dejando al lado criterios de agrado o desagrado y siguiendo criterios de verdad y de bondad.
 

Bendita mi cruz

Quien acepta y asume su realidad y se esfuerza en llevarla hacia adelante, quien está dispuesto a "tomar su cruz", tiene ahí la clave para vivir en plenitud. Quien se deja seducir por Cristo y le sigue aceptando con paz inconvenientes, burlas y persecuciones hace suya la segunda parte del poema de El loco de Kalil Gibrán: 

“Alcé la cabeza para mirarlo -al joven que desde la azotea de su casa le acusaba de ser un loco-, y por vez primera el sol besó mi rostro desnudo y mi alma se encendió de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité: “¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!” Fue así como enloquecí. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad no ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos esclavizan. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón”.
La libertad y la seguridad tienen para el loco un precio: soledad e incomprensión; cruz.  Los cuerdos y seguros de sí mismo consideran que pagar ese precio es una estupidez y una locura. El mismo san Pedro lo creyó así antes de la Pascua (cf Mt 16,22). "¡Lejos de ti tal cosa, Señor. Eso -padecer la cruz- no puede pasarte". Pero la experiencia de la resurrección le vino a enseñar lo que ocurre cuando se abraza la cruz en nombre del amor. Jesús resucitó. Lo que parecía locura y necedad no era tal sino la sabiduría de Dios que vence a la del mundo (cf 1 Cor 1,22-25). 

"El mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. ...  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?"  (1 Cor 1, 18.20). Bendita la cruz.

Feliz domingo

Agosto 2026
Casto Acedo.

No hay comentarios:

La seducción y la cruz (29 de Agosto)

PRIMERA LECTURA Jr  20,7-9. Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreir todo el día, todos se bur...