martes, 21 de febrero de 2023

Miércoles de Ceniza (22 de Febrero)

EVANGELIO
 Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuand noo hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. 

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará». 

Palabra del Señor

En los días de Carnaval, fiesta pagana con cierto deje de reacción anticristiana, vemos como la gente se disfraza, se pone la máscara, juega a ser aquello que querría ser pero que no puede o no quiere, porque muchos condicionamiento o esclavitudes se lo impiden. No hace falta decir que tras la máscara se esconden las frustraciones y miedos que sólo el anonimato que facilita es capaz de romper.

Al Carnaval le sigue el Miércoles de Ceniza; y con él entramos en Cuaresma, tiempo de desenmascararse, de mirarse cara a cara al espejo, de despejar el rostro propio ante Dios; cuarenta días para entrenarnos en el noble arte de la "sinceridad para con Dios y para conmigo mismo", sinceridad que exige asumir el hecho de que somos mortales.  El "no moriréis" que predica la Serpiente en el jardín del Edén 
(Gn 3,4) es una mentira. La muerte descubre la verdad  que somos: "eres polvo y al polvo volverás" (Gn 3,19), eres un ser para la muerte. Y, oh paradoja, sólo la muerte dará acceso a la vida eterna. "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere..." (Jn 12,24).
 
AYUNO, ORACION Y LIMOSNA
 
La Iglesia nos propone en Cuaresma unas prácticas espirituales muy útiles para redescubrir las fuentes de la vida eterna. Se trata de la oración, el ayuno y la abstinencia. Oración para adentrarnos, pequeños como somos, en la grandeza de Dios; ayuno para despojarnos de la falsedad y mirarnos tal como somos: débiles y mortales;  y limosna para situarnos en lugar del prójimo  y compadecer con él y de él. Tres prácticas que ayudan a reflotar esa empresa que es nuestra vida cristiana.  

1.-LA LIMOSNA. La limosna es un acto de misericordia y bondad hacia el prójimo. Si Dios se muestra en la Escritura como el defensor de los pobres, el discípulo también debe serlo.  

Dar limosna  es un gesto que no podemos reducir al hecho de desprendernos de unas monedas. La limosna paternalista está fuera de lugar. Hay que buscar las causas de la pobreza, y actuar sobre ellas. La limosna ha de hacerse desde la justicia, dando no por compasión sino como respuesta a un derecho que el prójimo tiene. Y ha de hacerse  en secreto, "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha" (Mt 6,3).

La Caridad no debe ser un espectáculo, un medio para ganar fama, sino un acto de humildad. 

Desprenderse a escondidas de algo sin esperar nada a cambio, servir a los más pobres, comprometerse en la vida pública como servicio al bien común por  pura gratuidad, esa es la auténtica limosna, la que Dios quiere.


2.- LA ORACION. La Cuaresma invita a acrecentar la oración, a dedicar más tiempo a la búsqueda y encuentro con Dios. Sabemos que necesitamos de Dios, que nuestra carga es pesada y no podemos con ella. Cualquier mortificación que vivamos sin la mística de la oración no tendrá sentido.

La oración la practicó Jesús los cuarenta días que estuvo en el desierto siendo tentado por el diablo. El cristiano que vive la cuaresma ¿no va a necesitarla? En cuaresma somos invitados a intensificar la lectura de la Palabra de Dios, a cultivar la oración personal y comunitaria y a una participación más frecuente en los sacramentos (Eucaristía dominical y diaria, Penitencia....); no olvidemos que el espíritu del mal y la injusticia no puede ser arrojado fuera más que con las armas de la oración y el ayuno (Mc 9,29).

3.- EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA. Llevar una vida moderada, tomar conciencia de que "no sólo de pan vive el hombre" (Lc 4,4). El ayuno no puede limitarse a la privación de comida. El ayuno que Dios quiere es el ayuno de injusticias, purificación del espíritu más que del estómago.

¿Quiere esto decir que debemos abandonar el signo externo y centrarnos en el interno? ¡De ninguna manera! Ciertamente lo que cuenta en la práctica del ayuno es la disposición interior, pero ¿será capaz de ayunar de soberbia, avaricia o  gula espiritual, quien es incapaz de privarse de ello materialmente?

El ayuno externo ayuda a profundizar en el interno, obliga a tomar conciencia de la necesidad de privarse de alguna que otra comodidad. Hemos de evitar la paradoja de “ayunar exteriormente  sin ayuno interior”, es decir, abstenernos de comer alimentos, pero no renunciar a alimentar nuestro ego con alimentos como la soberbia o la ira; pero también és aconsejable evitar el “no ayunar material” ya que el olvido de la práctica exterior también puede arrastrarnos al abandono  de la exigencia interior. 

De todas formas, no consideremos el ayuno como una competición (“a ver quien resiste más sin comer”), ni tampoco como una huelga de hambre (1); el ayuno es un gesto de oración que se orienta a la “conversión personal”.


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(1) NOTA: Para clarificar ideas: ¿Qué diferencia hay entre  "practicar el ayuno" y hacer "huelga de hambre"?

Las diferencias entre el ayuno y la huelga de hambre:
-La huelga es más radical, a veces un absoluto que llega hasta el sacrificio de la vida. El ayuno siempre es moderado y nunca debe perjudicar la salud.
-La huelga es un grito de protesta. El ayuno es oración.
-La huelga es una denuncia de la injusticia. El ayuno es anuncio de otra realidad.
-La huelga ha de ser conocida. El ayuno no debe notarse.
-La huelga es un arma de lucha social. El ayuno es un medio de lucha contra ti mismo y tus pasiones.
-La huelga quiere cambiar la sociedad. El ayuno quiere cambiar el corazón.
-La huelga suele tener resultados espectaculares. El ayuno no tiene repercusiones en lo político-social.
        Pero la huelga y el ayuno, si son limpios, brotan de una raíz común, que es el amor. 
 
 (Tomado de El otro, la nueva teofanía, Cuaresma y Pascua, 1995; editado por Caritas Española, pg 37).

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El Evangelio que se proclama el Miércoles de Ceniza nos regala un programa para avanzar en la conversión.  Es un gran error el creer que ya estamos convertidos del todo; siempre estamos en camino. Este año, la Cuaresma quiere que des un paso más hacia adelante, hacia el encuentro con Dios, que te comprometas un poco más, que te vayas “con-formando” progresivamente con Cristo.

La escucha de la Palabra de Dios en actitud orante, la celebración de los sacramentos (Penitencia y la Eucaristía), y la práctica del amor cristiano serán otros pasos que puedes dar para alcanzar la meta: tu propia salvación, un sentido para tu vida que va más allá de la muerte. 
 
Si estás dispuesto a seguir ese camino, si quieres practicar el ejercicio de la Cuaresma, acércate y deja que el sacerdote imponga sobre tu cabeza la ceniza. Te dirá: “Conviértete y cree en el evangelio”, o bien, “acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. Este pequeño gesto es un primer paso hacia la Pascua; luego has de seguir el camino.

[Misa e imposición de la ceniza el Miercoles, a las 7 de la tarde (San Pedro de Mérida) y a las 8 (Trujillanos)]

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Otro comentario-reflexión sobre el sentido de la Cuaresma en:

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Febrero 2023
Casto Acedo

sábado, 21 de enero de 2023

Entra en tu vida (Domingo 22 de Enero)

EVANGELIO Mt 4,12-17

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

¡Palabra de Dios!


Los pecados capitales

En nuestros días son muchas las personas las que acuden a los centros de psicología demandando ayuda para llevar adelante su vida. Buscan luz que les ayude a salir de la oscuridad en la que parecen vivir. Antes de existir profesionales y centros de terapia psicológica las personas buscaban consejo recurriendo al confesor o al sacerdote o director espiritual. Hoy parece más común confesar las propias miserias al psicólogo que acercarse al confesionario en un apartado rincón del templo. Habrá que tomar nota de por qué han cambiado las cosas; no nos detenemos aquí a dar explicaciones.

Los desajustes personales que se confiesan al psicoterapeuta siguen siendo los mismos que antes se declaraban en el confesionario: problemas de caracteres fuertes que se resisten a la humildad (soberbia), de seguridad económica (avaricia), desajustes afectivo-sexuales (lujuria),  impaciencia que conduce a impulsos violentos (ira), desorden en la alimentación por exceso o defecto (gula), desgana para el trabajo u otras actividades (pereza), o tristeza por el bien ajeno (envidia).

A los pecados capitales se les describe en la antigüedad patrística como pensamientos o demonios. Y se escribieron tratados sobre ellos, como el Tratado práctico, de Evagrio Póntico (siglo IV), donde se exponen los “ocho pensamientos” (a los siete pecados que nos han llegado se le añade la acedia) y se dan consejos “contra los ocho pensamientos”. Cualquier estudioso que se acerca a este autor queda sorprendido por su finura psicológica.

¿Qué tiene todo esto que ver con el evangelio de hoy? Bastante. En él se dice que “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz, a los que habitaban en tierra y sombras, una luz les brilló”. No cabe duda de que Jesús viene a iluminar a quienes viven en la oscuridad a la que le han llevado los pensamientos o pecados capitales que hemos citado y buscan refugio y ayuda para reorganizar su vida. La propuesta de Jesús es muy sencilla: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”, cambiad vuestra visión de las cosas, Dios está cerca de vosotros y quiere ayudaros a recobrar la felicidad.

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Convertíos

Jesús invita a la metanoia, palabra griega que traducimos por conversión o cambio de vida aunque noia se refiere más a la mente-conocimiento (gnosis), y tal vez también podríamos traducir como ir más allá (meta) de la mente (noia) mundana. Solemos decir muy acertadamente que convertirse es cambiar de mentalidad, comenzar a pensar y vivir con los ojos puestos más allá de lo inmediatamente dado, pasar de la superficial a lo profundo.

La conversión tiene mucho que ver con la vida. Tan es así que me atrevería a decir que no es otra cosa sino "entrar en la propia vida". Los pecados capitales te sacan de ti mismo, te alejan de tu esencia, te hacen vivir en la ficción del ego. “Porque dices: «Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada»; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo” (Ap 3,17). Convertirte es alejar de ti los pensamientos (mentalidad) soberbios que te corrompen y “volver a ti mismo”, regresar con humildad a lo que eras por naturaleza antes de la caída y recobraste luego por el bautismo. Convertirte es renovar tu bautismo, nacer de nuevo, renacer a tu espíritu por el Espíritu (cf Rm 8,16)

¡Qué importante es tomar conciencia de esto!, reconocer que “el pecado acecha a la puerta y te codicia, aunque tú podrás dominarlo” (Gn 4,7). Puedes vencerlo gracias a que el Reino de los cielos, el mismo Jesús, está cerca de ti revistiéndote con las armas que necesitas (Ef 6,10-18)

Hay un libro de psicología que invita a practicar el autoconocimiento, a conocer la propia mente, sus mecanismos, trampas y autoengaños y a dar pasos hacia la renovación interior: “Sal de tu mente, entra en tu vida. La nueva Terapia de Aceptación y Compromiso”. Salvando las distancias, veo en el título un resumen de la conversión que Jesús predica. Jesús te pide ir más allá (meta) de tu mente o mentalidad (noia), de los pensamientos que perturban tu corazón, del ego que te domina, y regresar a casa,  reencontrarte contigo mismo, vivir aceptando, eligiendo y comprometiéndote con la vida para la que has sido creado y a la que Dios te llama.

El mensaje de Jesús caló en sus oyentes no por ser una nueva filosofía sino por su carácter práctico: ¡entra en tu vida! No basta saber que te conviene dejar atrás la vida oscura, has de dar pasos hacia la Luz, donde está la vida auténtica. "Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante; corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús" (Flp 3,13-14); debes abandonar las prácticas egoístas para que emerja en ti la vida nueva que eres. Como dice el título del libro citado, "salir de la mente (aposento del ego) y entrar en la vida", soltar los pensamientos que te impiden ser tú mismo y vivirte mirándote en el espejo de la Palabra de Dios (Mt 7,24-27; GS 22).


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Al invitarte a la conversión el evangelio de hoy quiere que vuelvas a tu origen, que te despojes de lo viejo, que abandones  los pensamientos ególatras y te dejes iluminar por los pensamientos de Dios (evangelio). No eres feliz a causa de tu enorme soberbia, tu ira impaciente, tu amarga envidia, tu insistente pereza, tu avaricia insaciable, tu lujuria desbordada o tu gula insaciable. Necesitas terapia, sanación. 

La personalidad de Jesucristo es muy rica en matices. Son muchos los títulos que se le atribuyen: Mesías, Pastor, Maestro, Camino, Luz, Verdad, etc. Los santos padres en sus escritos también destacaron en Él su calidad de Terapeuta. No es ésta faceta de su personalidad un invento de teólogos antiguos, está suficientemente atestiguada en los Evangelios: “Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 4,23).

Puedes acudir al psicólogo, y tal vez sea necesario que lo hagas como ayuda para reconocer tus insatisfacciones, pero te aconsejo que no minusvalores la ayuda de Aquel que no sólo aliviará o distraerá con consejos tus sufrimientos sino que sanará la herida que los provoca.  La auténtica sanación y conversión apunta hondo, al núcleo del ser,  allí donde se enraízan las pasiones humanas (cf Mt 15,18-19). 

Jesús comienza su proyecto de evangelización con este eslogan: “Convertíos”. Con ello  invita a volver a Dios, a conocerle como Padre y reconocerte en Él como hijo. A los que acudían a Él, “Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación” (Lc 9,11). 

¡Conviértete!, es una llamada a salir de tus pecados (tus pensamientos erróneos) y entrar en tu vida, la vida auténtica que se sostiene en la práctica de las virtudes que proclaman las bienaventuranzas (pobreza, paciencia, misericordia, humildad, etc.). La vocación cristiana no es otra que la llamada a descubrirte a ti mismo en estas virtudes. Tú eres paz, misericordia, perdón, amor, ...,  lo contrario es el pecado que te hace ser lo que no eres. Convertirte es volver a lo que eres desde la creación, a lo que perdiste en la caída, y recuperaste con tu bautismo.

No estás solo en el empeño, Jesús y su  Iglesia te acompañan y te ayudan.  Pídele cita, cuéntale tus penas, confiésale tus errores, escucha su Palabra, déjate abrazar por su perdón y entra en el grupo de los que viven unidos por su Espíritu. Un buen programa para hacer efectiva tu vuelta a casa. 
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Nota: La  liturgia de hoy propone leer Mt 4,12-17, que trata de la invitación a convertirse y la llamada de los primeros discípulos. No obstante permite centrarse sólo en la primera temática, vv. 12-17. Es lo que hago aquí. Pero si alguien desea centrarse en el segundo tema puede ir aquí:

¡Feliz domingo!

Enero 2023
Casto Acedo

sábado, 5 de noviembre de 2022

¿Es aburrido el cielo? (6 de Noviembre)

 

EVANGELIO 
Lucas 20,27-38.

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
- «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano . Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo:
-«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

¡Palabra del Señor!


El cielo debe de ser muy aburrido. Allí los hombres no se casan ni las mujeres toman esposo, no se puede disfrutar de un buen banquete de bodas gustando los mejores vinos y los más sabrosos manjares. Tampoco se puede practicar sexo, ni tomar drogas, que para tantos es la panacea de la felicidad.

¿Qué es una vida sin los gustos de la buena mesa y los placeres de la carne? Además, en el cielo no hay cuentas bancarias a las que mirar devotamente y sobre las que sostener mi estatus, ni registro de títulos académicos o nobiliarios. Ni siquiera se puede disfrutar de las desgracias ajenas practicando el noble arte del chinchorreo, porque allí todos son buenos y todo juicio malicioso un imposible. ¿Tiene sentido una existencia así, privada de los placeres del cuerpo y del alma? ¿Quién quiere ir a un cielo así?

No es extraño que los saduceos, contemporáneos de Jesús, negaran la resurrección. Ellos formaban parte de la casta de gobernantes, del grupo de los ricos y poderosos de Israel. “No hay resurrección”, decían; y esta negación tenía su lógica: “Dios premia a los buenos en la tierra, y a nosotros nos ha dado riquezas porque somos buenos; y el que es pobre es porque se lo merece; algo habrá hecho”. 

Por otro lado, el también importante grupo de los fariseos, amantes de la ley, afirmaban que "sí hay resurrección" para quienes cumplen los preceptos establecidos. 

¿Y qué dice Jesús? Jesús dice sí a la resurrección, pero no como premio al cumplimiento de la ley sino por pura fidelidad-amor  de Dios que nos hace participar de su naturaleza viviente: “Que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.

* * *
Ahora bien ¿cómo será el cielo en el que resucitaremos? 

Nuestra imaginación tiende a hacer un cielo a medida de nuestros deseos y nuestros gustos. Para hablar del cielo los cristianos hemos recurrido al imaginario terrenal y lo hemos pintado como un lugar suave y cálido, lleno de simpáticas y luminosas nubes, un vergel que contrasta con la sequedad del desierto, un paraíso complaciente, un banquete de bodas donde todos pueden degustar sin límites manjares suculentos. Son imágenes que intentan explicar el cielo, pero que a veces no hacen sino deificar muy sutilmente los placeres de la carne.

Reducir el cielo a la suma plena de placeres de la tierra es un equívoco lamentable. Lo sabemos por experiencia. Cuando se da el abuso en lo que nos parecía placentero: comida, bebida, sexo, vacaciones, reconocimientos humanos, etc., el exceso empieza a causar tedio, insatisfacción y vacío.  Todo placer mundano lleva ínsito, inherente, el sufrimiento. Una vez satisfechos los deseos  suele venir el cansancio, el aburrimiento y el tedio. Sabemos que el placer es efímero, se acaba, y ya sólo de pensar su finitud comenzamos a sufrir su pérdida. ¿Cómo va a ser el cielo un lugar de placer eterno si éste no puede ser infinito? 

Pero hay esperanza: la misma frustración del placer parece despertar en el alma el anhelo de hallar algo que me satisfaga eternamente. El anhelo es distinto al deseo, aunque fáciles de confundir, igual que ocurre con el placer y el gozo. Una frase atribuida a Thomas Merton puede ayudar a entender lo que pretendo decirte: “No busques descanso en ningún placer, porque no fuiste creado para el placer sino para el gozo. Y si no conoces la diferencia entre el placer y el gozo aún no has comenzado a vivir” (Th. Merton). 

El deseo de placer lo motiva algo exterior que seduce y ata mis sentidos; el anhelo de gozo  me nace  de dentro y despierta lo mejor que hay en mi interioridad, donde me descubro -lo dice el evangelio de hoy- como "hijo de Dios, hijo de la resurrección".


* * *
La vida verdadera no es la que obtenemos por disfrute y apego a los placeres, sino por el gozo de vivir en Dios y en su creación. “El reino de Dios -y con él el estado de cielo- no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rm 14,17).  Quien vive el gozo de la unión de su espíritu con el Espíritu de Dios comienza a vivir la vida eterna.

No dediques mucho tiempo a imaginar el cielo, porque no es un lugar sino un estado. No vas al cielo, estás en el cielo. Más que desbordar tu imaginación lo que necesitas es abrirte al silencio, dejar que Dios te hable, despertar tu corazón al Misterio inagotable de la divinidad y convertirte a la mirada de Jesús sobre las cosas: “En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles”. 

Es como si dijera Jesús: en este mundo vivimos momentos de placer y de gozo; pero no os apeguéis a esas experiencias en lo que tienen de mundanas, porque “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman” (1 Cor 10,9). Simplemente calla, ama y espera. 

El cielo no es ni aburrido ni divertido, es placer sin asomo de sufrimiento, un inimaginable gozoso placer.

¡Feliz y gozoso domingo!
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Otro comentario a la liturgia de hoy en:

Noviembre 2022.
Casto Acedo

jueves, 6 de octubre de 2022

Sobre la renovación de la hermandad de la Virgen de la Albuera

A TODOS LOS HERMANOS DE LA HERMANDAD

DE LA VIRGEN DE LA ALBUERA DE SAN PEDRO DE MÉRIDA

Comunicado del Párroco como responsable actual de la misma.


Queridos amigos:

El pasado martes, 4 de Octubre, tuvimos una reunión, convocada desde la Parroquia y abierta a todas las personas que forman parte de la hermandad.

Fue una reunión informativa, donde en primer lugar por mi parte expuse los distintos modos de entender nuestra relación con Ntra. Sra. de la Albuera en San Pedro de Mérida. He de decir que la asistencia a la reunión fue escasa, 12 personas,  y básicamente miembros actuales de la hermandad.

1

Recordamos que la Hermandad es una Asociación de fieles católicos al servicio del culto a la Virgen de la Albuera, radicada en la Parroquia de San Pedro, y que desde ella realiza su misión, que es básicamente la de promover la devoción a la Virgen, dar solemnidad a los actos de culto celebrados en su honor, en especial los propios de su fiesta,  y servir de cauce de encuentro y comunión entre todos los hermanos, devotos y vecinos del pueblo.

Seguidamente informé acerca de la situación canónica de la Hermandad, que de momento tiene unos estatutos no propiamente de Hermandad sino de Asociación Religiosa. Esto significa que a todos los efectos es una hermandad que depende en todo de la Parroquia

Alcanzar la autonomía propia de una Hermandad a nivel archidiocesano es un objetivo deseable pero, de principio la Iglesia para reconocer a quienes ocupan cargos directivos de una hermandad les pide la asistencia a un curso de formación religiosa de dos cursos de duración, que se da en Mérida y otros lugares. Aprovecho para decir que actualmente está impartiendo este curso los lunes de 8 a 10 de la noche. Si alguien está interesado en asistir puede comunicármelo a mí e iniciarlo. De hecho las sesiones comenzaron el lunes pasado.

2

Uno de los temas que más preocupa en estos momentos es la de elegir nuevo mayordomo tras el fallecimiento Antonio Mendoza hace poco más de un año. Es necesario pues, o bien elegir un nuevo presidente o articular una forma de gobierno colegiada entre el equipo directivo de la hermandad. Sea como sea, hay que renovar la hermandad.

Según los estatutos de la asociación, para ser miembro de la hermandad, y por tanto también para ser parte del equipo directivo, hay unos requisitos mínimos, que básicamente son el ser mayor de edad, estar bautizado, ser natural de San Pedro de Mérida o residente en el pueblo al menos desde hace 10 años, residir en la localidad y llevar una vida cristiana pública en regla con los requisitos de la Iglesia católica. Reunidas estas condiciones cualquier persona puede ser elegida como mayordomo-presidente de la Hermandad, que, aprobado por la junta de gobierno y una vez ratificado por el Párroco, tomaría posesión del cargo.

3

Ahora bien, ¿cómo hacer la elección? A este respecto se propuso un modo que parece el más adecuado.

Dado que se trata de elegir un equipo, más que un mayordomo, y vista la conveniencia de que en ese equipo estén representados todos los hermanos, quedamos en la reunión celebrada el martes pasado que todas las personas que estén interesadas en trabajar en el equipo directivo de la hermandad como mayordomo (presidente), vicepresidente, secretario, tesorero, vocal, etc., se inscriba haciéndolo saber a Ana María Morgado, secretaria actual de la hermandad, antes el 30 de Noviembre de 2022. Se hizo hincapié en que sean personas dispuestas a trabajar y con las que se pueda contar para las tareas y actividades que realice la Hermandad.

Una vez se tenga la lista de las personas interesadas en el compromiso de colaborar y formar parte de la junta directiva, se hará una consulta pública donde la generalidad de los hermanos (un voto por familia inscrita y al día en el pago de su cuota anual) pueda elegir por voto a tres de los que se han ofrecido; y del resultado de dicha votación establecer como junta directiva a los 8 más votados, que posteriormente entre ellos elegirían al mayordomo-presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y vocales con los que trabajar en equipo.

Consideramos que esta es la manera más adecuada de elección. ¿Por qué?

·      * Todos los hermanos que reúnan las condiciones exigidas y deseen trabajar directamente en la junta de la hermandad pueden presentarse para ser elegidos.

·       * La junta de gobierno es elegida por votación de la mayoría entre los dispuestos a servir a la hermandad en alguna encomienda. Constatando así que no buscan el cargo sino el servicio. Este es un dato de vital importancia

·     * Propiamente, la generalidad de los votantes no elige al mayordomo sino a la junta rectora, que una vez constituida elige al mayordomo.

·      * Los elegidos, al inscribirse para su elección, se ponen a disposición de lo que decidan los votantes primero y la junta de gobierno después.

·   * Con este sistema el presidente o mayordomo es elegido por las personas que más directamente le tendrán que “sufrir”, la junta directiva, y con los que evidentemente estará en relación más cercana coordinando las tareas que se programen y lleven a cabo.

4

Cerramos la sesión del día 4 de Octubre de 2022 con este acuerdo, y con la decisión de hacerlo saber a todos los hermanos por medio de este blog parroquial, accesible a cualquier persona interesada. Una vez se tenga la lista de personas que decidan  presentarse a la elección como miembro de la junta directiva esperamos poder hacer la votación en los primeros días de diciembre y tener formalizada la nueva junta, con su mayordomo o mayordoma, para el inicio de 2023. 

Espero que todo lo que hagamos sea para mayor honra y gloria de la Virgen de la Albuera. Ella es la referencia primera y última de la Hermandad. En sus manos ponemos todo este proceso. ¡Gracias, Madre!

 San Pedro de Mérida, 6 de Octubre de 2022

Casto Acedo, párroco

viernes, 26 de agosto de 2022

Al hilo de la Palabra (28 de Agosto)


EVANGELIO  Lc 14, 1.7-14.

Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

¡ Palabra del Señor!

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Hay quien se toma muy a mal que le reserven un lugar  poco vistoso cuando asiste a un evento social, ya sea una comida de empresa, una conferencia, una boda o cualquier otro acto, incluso puede ser una misa. ¿Tan poco importante soy que me han colocado en este irrelevante rinconcito de la sala? 

Desde niños se nos educa para sobresalir, ser el primero, el más listo, el que llega más alto. Si queremos tener una vida provechosa y feliz has de triunfar sobre los otros. Quien educa para esto ignora que lo que hace es sembrar la semilla de la infelicidad en el corazón del educando.  

Aspirar compulsivamente a ser el centro de atención, a ocupar los primeros puestos, conduce a  una vida  constante de malestar y sinsabores como consecuencia de esos deseos inalcanzables. Si para ser feliz tengo que ser la estrella, el primero, digamos entre cien, tengo sólo un 1% de probabilidades de serlo, y un 99% de que no sea así. Es más, si tengo que ser la persona más perfecta y exitosa del mundo -¿quién no aspira a ello?- está claro que mis posibilidades de llegar a ser eso que aspiro son ínfimas, sino imposibles.

Tal vez la infelicidad sea la característica más peculiar del fariseo. Obsesionado por cumplir unas cuotas de perfección moral, cuando no logra hacerse con ellas se le abre la puerta al desánimo y la tristeza. 

¿Qué puedo hacer cuando no doy la talla que se espera de mí? Me quedan dos caminos: 

1. la aceptación de mi impotencia y el abandono a la gracia de Dios,  

2. o la hipocresía,  vivir en el engaño y la simulación, ocultando mis fallos por temor a ser rechazado si no respondo a la perfección que me imagino se espera de mi. 

En esta segunda opción se fragua el fariseo y su insatisfecha existencia. En su deseo de perfección, o por el cinismo de "ocultar para no escandalizar", se forja un ego hipócrita con que tapar sus debilidades. En un estúpido ejercicio de autoengaño llega a ocultarse a sí mismo sus propias faltas. ¿Hay alguien más desgraciado que quien es ciego y se niega aceptar su ceguera? El fariseo se ha inventado una personalidad ficticia, un ego falso, que ata su modo de vida al yugo del qué dirán y le desconecta de su propio ser. El fariseo llega a ser un zombi espiritual, un cuerpo sin vida, una forma sin fondo.

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Jesús, invitado a comer en casa de “uno de los principales fariseos” observó “que los convidados -posiblemente otros fariseos- escogían los primeros puestos”. Ya dejé entrever que el fariseo cree merecer los mejores puestos y consideraciones en virtud de sus méritos; gusta de ser protagonista en todo; cuanto más débil es más se afana por mostrarse fuerte; trabaja para ocupar el primer puesto, y así abona el terreno para el enfrentamiento con otros muchos que ambicionan lo mismo. En la mesa del anfitrión no pueden todos sentarse a la derecha de éste, y como todos quieren ocupar ese puesto se producen los choques. En el pico de la pirámide sólo puede haber uno. Jesús te aconseja estar mejor en la base del edificio. 

Contra el fariseísmo aconseja Jesús hacer ejercicios de humildad: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto”. Un sabio consejo para no exponerse al ridículo y para curarse de la posible depresión de quien se  ha hecho una imagen aumentada de su valor. 

"Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto". El fariseo, que tanto confía y presume de sus éxitos, es un personaje expuesto al ridículo; siempre vendrá alguien que le sacará los colores y hará evidente su fachada de cartón-piedra. 

Fruto de la contemplación del propio yo como humus (tierra), la humildad es remedio contra el fariseísmo y clave para lograr la felicidad. Humildad es “andar en verdad” dice santa Teresa; quien acepta la verdad de quién es, con sus defectos y también sus perfecciones, inicia un camino de vida interesante. El humilde sabe que  necesita del Otro y de los otros, se acerca a ellos y aprende sobre el amor, ya sea fascinado por la gratuidad del amor de un Dios que le quiere tal como es, o sorprendido por la verdad fundamental de que  no es feliz quien más recibe sino quien más da.

Amar no es recibir amor (honores, atenciones) sino dar el propio ser. Quien hace esto mata en sí el virus del fariseísmo. Esto del amor es el segundo consejo que da Jesús en el evangelio de hoy: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado” . 

Una característica propia del fariseo es la de hacer todo esperando cobrar.  En sus relaciones con el prójimo como en sus relaciones con Dios se rige por el principio del do ut des,  "te doy para que me des". Siempre anda por medio el interés. Así no se puede ser feliz. “Cuando des un banquete -corrige Jesús- , invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”.  Serás dichoso si haces esto, porque has sido creado a imagen de Jesús, y tu vida se realiza abrazándote en Él, es decir, abrazando la tierra, la humildad, que eres, siendo  último, con la convicción de que “todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Procurar la felicidad del prójimo es procurarte la tuya. Contra encumbramiento fariseo, fraternidad.


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Si andas triste, si tu vida no es tan perfecta como te han dicho que debería ser, no desesperes. Si te sientes mal a causa de ello es porque algo hace aguas en ti. 

El mundo es como es, cambia a mejor lo que puedas, pero no pretendas someter a nadie a tus criterios de perfección. Reconoce que ni tú mismo te sometes a ellos. De hipócritas y de locos todos tenemos un poco. Convéncete de que tu infelicidad no te viene de fuera sino de dentro. La causa está en tu interior, en no aceptar la realidad de lo que eres y de lo que Dios pone en tu camino. Todo los obstáculos que encuentras en tu vida, incluso tus caídas, son oportunidades que Dios te ofrece para superarte en fe y abandono a Él y así cambiar por luz la oscuridad de tu ceguera farisaica. 

Acéptate y acepta tu historia, con sus aciertos y sus mentiras; no simules virtudes que no tienes ni ocultes vicios que tienes. Abre los ojos a la dura realidad de tu pecado y a la magnífica realidad de la misericordia de Dios.

San Pablo, que fue fariseo converso, decía que pretender salvarnos con nuestras perfecciones es un acto de soberbia mediante el cual hacemos inútil la pasión de Cristo. "Si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano" (Gal 2,21). Si yo puedo por mí mismo vivir la perfección del amor, ¿para qué murió Cristo? Si el ser humano puede con sus solas artes lograr la vida plena, ¿no hubiera bastado con que Dios nos diese los mandamientos para que los cumplamos? Jesús  te invita a la virtud, pero sabe también de tus pecados; tal vez el mayor de sea el del fariseísmo.

"Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte", serás feliz, porque tu felicidad no la tienes puesta en algo que alcanzar fuera sino en la gracia de Cristo que invade tu interior y modela tu corazón devolviéndote la imagen de Dios que eres. 

 ¿No es todo el evangelio un canto a los pecadores arrepentidos y un lamento por los fariseos pertinaces? El mayor obstáculo para la propia salvación es el de creerte santo cuando eres pecador. Abájate. La humildad y la caridad te igualan con el mismo Jesús, que no te llama a la perfección sino a vivir la unión con Él. Sólo Él es perfecto. Déjate en sus brazos.

¡FELIZ DOMINGO

Agosto 2022

Casto Acedo.

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