lunes, 30 de marzo de 2026

HORARIOS DE SEMANA SANTA 2026. San Pedro de Mérida


HORARIOS 
DE SEMANA SANTA
2026 
Parroquia de 
san Pedro Apóstol
SAN PEDRO DE MERIDA

*
DOMINGO DE RAMOS

MISA DE VÍSPERAS
Sábado, 28 de Marzo
a las 7 de la tarde 
-
PROCESIÓN DE RAMOS
y MISA SOLEMNE
Domingo, 29 de Marzo
11:00 de la mañana
(Bendición de Ramos 
en la Plaza)

*

LUNES SANTO
VIACRUCIS 
a las 10 de la noche.

MARTES SANTO
MISA
a las 7 de la tarde.
-

*

JUEVES SANTO

SANTOS OFICIOS 
DE LA CENA DEL SEÑOR, 
a las 6 de la tarde,
y PROCESIÓN.
-
HORA SANTA
a las 10 de la noche.

*

VIERNES SANTO

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN
a las 6 de la tarde
y PROCESIÓN. 
-
PROCESIÓN DE LA SOLEDAD
a las 10 de la noche

*

SABADO SANTO

SOLEMNE VIGILIA PASCUAL
a las 9 de la tarde.

*

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

PROCESIÓN DEL RESUCITADO
y MISA DE RESURRECCIÓN.
Salida del Templo Parroquial 
a las 12 de la mañana

* * *

¡Feliz Pascua de Resurrección!

HORARIOS SEMANA SANTA 2026.Trujillanos

  

HORARIOS 
DE SEMANA SANTA 
2026
Parroquia de la 
Santísima Trinidad
TRUJILLANOS

*
DOMINGO DE RAMOS

MISA DE VÍSPERAS
Sábado,28 de Marzo
a las 8 de la tarde.
-
PROCESIÓN DE RAMOS 
Y MISA SOLEMNE
Domingo, 29 de Marzo
a las 12:30 de la mañana
(Bendición de Ramos 
en la Plaza de la 
Santísima Trinidad)

*

MIERCOLES SANTO

MISA a las 7 de la tarde
(Confesiones de 7,30 a 8,30).

*

JUEVES SANTO

SANTOS OFICIOS 
DE LA CENA DEL SEÑOR
a las 7:30 de la tarde,
y PROCESIÓN.
-
HORA SANTA 
a las 11 de la noche.

*

VIERNES SANTO

VIACRUCIS
a las 12 de la mañana,
desde  la parroquia 
hasta el cementerio. 
-
CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN
a las 7,30 de la tarde,
y PROCESIÓN 
-
PROCESIÓN DE LA SOLEDAD 
a las 11,00 de la noche

*

SABADO SANTO

SOLEMNE VIGILIA PASCUAL
a las 11 de la noche.

*

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

MISA DE RESURRECCIÓN
y PROCESIÓN DE LOS ENCUENTROS
a las 8 de la mañana.

* * *

¡Feliz pascua de resurrección!

domingo, 29 de marzo de 2026

Cordero de Dios (Jueves Santo.2 de Abril)

 


TEXTO BIBLICO 

1 Cor 11, 23-26 (2ª Lectura)

Hermanos: 

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente:

El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.»

De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía.»

Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Palabra de Dios.


Cordero de Dios

Este es el “cordero de Dios” que quita el pecado del mundo.  Con estas palabras Juan Bautista presentó a Jesús a sus discípulos (Jn 1,29)..

El título de “Cordero de Dios” aplicado a Jesús nos remite a pasajes del Antiguo Testamento. Citamos dos:

* Dios pide a Abrahán que sacrifique a su hijo Isaac. Abrahán obedece, pero cuando va a materializar el sacrificio el mismo Dios detiene la mano para evitar la muerte de Isaac, lo cual garantizará el cumplimiento de que Abrahán será padre de una multitud. Dios no quiere la muerte del ser humano. La escena que se narra Gn 22, y que se leerá en la Solemne Vigilia del Sábado Santo, Dios detiene la mano de Abrahán; luego, un carnero sustituirá a la víctima del sacrificio que se le pidió a Abrahán. Sorprendentemente, Dios, que no permite la muerte de Isaac -el género humano-, “no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rom 8,2). Merece la pena que te pares a meditar esto en este día. Jesús es el Cordero inocente que sustituye a la humanidad pecadora.


* Queriendo Dios liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, tal como recuerda la segunda lectura de hoy, Dios manda sacrificar un cordero y untar con su sangre los dinteles de la puerta. El pueblo, que va a escapar de las manos de de Egipto -símbolo del mal- , se libra de la muerte a manos del ángel exterminador por medio de la sangre del cordero puesta como señal; y la carne del cordero pascual les servirá de alimento para iniciar el camino de la libertad.


* * *



Cuando Jesús celebra la última cena lo hace en el contexto de la Fiesta de la Pascua que se establece según el mandato de la segunda lectura de hoy. Al concluir la Cena Pascual, Jesús toma el pan y toma el vino y dice las palabras de la consagración dando a comer el pan y a beber el vino diciendo: “Este es mi cuerpo y esta mi sangre de la nueva alianza que se entrega por vosotros”, y concluye: “Haced esto en memoria mía”. Con estas últimas palabras establece una tradición: amar hasta el extremo dando la vida, como Él ha hecho hasta entonces y hará de forma solemne en la tarde del Viernes. Ya había dicho antes: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.”(Jn 15,13)

¿Qué tenemos que hacer en recuerdo de Jesús?  Ciertamente repetir el gesto de la última cena:  tomar pan y vino, pronunciar la bendición y comer y beber. Pero ¿sólo eso?. El evangelio de San Juan no narra la institución de la Eucaristía pero sí narra el lavatorio de los pies en el contexto de la Última Cena, y concluye con palabras similares a las que cierran la institución de la Eucaristía en los otros tres evangelios canónicos: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros”. Haced vuestra la actitud de servicio que os he mostrado, sed servidores los unos para los otros, despojaos de vuestra túnica, ceñid vuestros lomos y arrodillaos “como esclavos” ante vuestros hermanos y servidles; “lavadles los pies”.

El rito y la vida

La Eucaristía es rito y es vida. Llevar una vida eucarística es algo más que reunirse cada domingo para recordar el gesto de la cena y el lavatorio, es vivir en todas sus dimensiones el mandato del Señor. Ese que se ha proclamado en el versículo antes del evangelio: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Jn 13,34). “Como yo”: no basta amar “a mi manera”, como  a mí me parece que deba amar; debo amar como Jesús ama; para ello es necesario:

Contemplar los misterios de la vida de amor de Jesús: pobreza y humildad en Belén, vida oculta en Nazaret, dedicación al servicio de la predicación y la sanación en su vida pública, muerte en vaciamiento total a favor incluso de aquellos que le crucifican... Todo el Misterio de la Encarnación se concentra en el Misterio de la Eucaristía : “Mi cuerpo entregado, y mis sangre derramada”, por y para todos. Dedica un tiempo esta tarde para contemplar esto ante la reserva del Santísimo en el sagrario.

* Pero no basta con “contemplar” el amor de Jesús; es preciso transmitir (tradición) ese amor contemplado a los hermanos; pasar de la Cena a la entrega. Hoy es el Día de la Caridad. A la admiración afectiva ante Jesús ofrecido al Padre en la Eucaristía del a Cruz debe seguir la acción efectiva, el amor desgranado en obras de misericordia. “Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros”.  (1 Jn 4, 11). 

Lo que estamos celebrando esta tarde de Jueves Santo no tiene sentido si al rito no le acompaña la vida. La Iglesia, que es comunión de hermanos en torno a la Eucaristía es también Caritas, o  no es verdadera Iglesia, porque i no hay amor no imita a Jesús en su destino de servicio a la humanidad. Toda la Iglesia es sacerdotal, si entendemos por ello que todos hemos recibido en el bautismo la vocación de donación y servicio del mismo Jesucristo sacerdote.

En el día de Jueves Santo contemplemos y meditemos este misterio de amor que es la Eucaristía. Dejémonos seducir por el amor de Dios manifestado en Jesucristo, y atrevámonos a amar como Él nos ama.

Casto Acedo

   Marzo 2026

jueves, 26 de marzo de 2026

Entrar en semana santa (Domingo de Ramos)

REFLEXION A LA LUZ DE ISAIAS 50,4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

* * *

La distancia entre Dios y el hombre es infinita. El abismo entre el amor de Dios contemplado en la Pasión de Jesús y el amor del hombre, inclinado al egoísmo, parece de principio, insalvable. Quien escucha la pasión de Jesús -escuchar es más que oír-, quien se adentra en el misterio del dolor de Dios en la cruz, quien se hace uno con Cristo y vive su pasión con Él, queda impactado por tanta grandeza revelada en tanta humillación.
 
Aunque no es así para todos los que leen los textos de la pasión. En tiempos de secularización, de olvido de Dios, de religiosidad superficial y folklórica, la pasión sigue suscitando la admiración, pero también el rechazo de quienes ven en ella sólo el lado oscuro de la Pascua, el fracaso y no el éxito del amor. Por otro lado, hay quienes,  satisfechos de sí mismos, buscan escapar a la dimensión profética de los relatos de la pasión refugiándose en interpretaciones estéticas o folklóricas.

¿Qué mirada dedicaremos este año a la pasión del Señor? ¿Cómo enfocar la Semana Santa? Porque podemos pasar por ella con distintas actitudes:

a) Una actitud totalmente profana, viviendo la Semana Santa con la mirada de curiosos que contemplan las escenas de la pasión desde la lejanía y la frialdad; visión del turista, ave de paso que lo ve todo externa y transitoriamente, mirada virtual  de quien pasa coleccionando fotos para el recuerdo. ¿No es una profanación situarse ante pasos y penitentes con el morbo del televidente que se regodea en la privacidad y el sufrimiento ajeno y hace de él espectáculo y comercio?

Puede que pasemos estos días observando desde la frialdad e indiferencia, como solemos pasar ante el espectáculo vergonzoso de la telebasura, o ante las repetitivas imágenes de guerra que estos días nos bombardean, o las noticias de crímenes, opresión y terrorismo que nos sirven cada día los mass media;  o puede que pasemos la semana santa del mismo modo que "pasamos" -¡Dios no lo quiera!- junto a personas o familias que ya viven su pasión particular por carecer de cariño o de recursos con los que vivir dignamente, sufriendo en silencio la falta de sentido y la soledad.

Hacer de la Semana Santa sólo un fenómeno turístico  es pisar la superficie de las realidades sin ahondar en ellas. Dios nos libre de una "espiritualidad de turista" que mira con curiosidad los dolores del mundo sin implicarse en ellos. Es ésta una espiritualidad deshumanizadora, y desgraciadamente muy común. Contemplar el dolor y el sufrimiento como espectáculo morboso, sin empatizar con quienes lo padecen, es una perversión de lo humano y lo divino. 


b) Una actitud artística. La pasión es posiblemente el motivo artístico más representado de la historia. Pintura, escultura, música, literatura, arquitectura... han exaltado la pasión. Y en estos días pasearán por nuestras calles auténticas obras de arte sacro. Las cadenas de televisión ofrecerán a nuestra consideración procesiones y celebraciones litúrgicas, con sus esculturas,  ritos y cantos de indudable valor artístico.

Pero ¡cuidado! El arte es expresión de la trascendencia del hombre, de su “ir más allá de las cosas”, la belleza nos acerca al que es “la suma belleza”, pero también puede cegar los ojos, dejándonos ver sólo el valor material, fruitivo, subjetivo, sin transcendernos al “más allá”, a la experiencia del encuentro con el que es la Belleza absoluta. Ante una obra de arte religioso no podemos escamotear la pregunta acerca del misterio que quiere revelar.

c) Más allá, y sobre las dos actitudes mencionadas, la Semana Santa está pidiendo de nosotros una actitud plenamente espiritual y religiosa, lo cual requiere ciertas condiciones, las mismas que mostró Jesús en su pasión; las mismas que, meditado, nos descubre el canto tercero del Siervo de Isaías (50,4-7):

*Actitud de escucha: “Mi Señor, cada mañana, me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me ha abierto el oído; y yo no me he revelado ni me echado atrás” (Is50 4b-5). La Pasión -Semana Santa- es lenguaje de Dios, Palabra de Dios. Y es una Palabra dura, que invita a bote pronto al rechazo. Para que esto no ocurra debemos evitar acercarnos a ella como extraños y hacerlo  como “iniciados”, como discípulos vulnerables al testimonio de amor del  Maestro.

Cualquier no-creyente que levanta su vista al crucificado sólo encuentra en esa imagen motivos de escándalo; no querrá ni oír hablar de un camino de dolor y sufrimiento; y mucho menos de un Dios sufriente. ¡Qué absurda contradicción! A la Pascua, pues, se accede desde la “escucha”, desde la actitud del discípulo, del iniciado, que sabe que adentrarse en el misterio de Dios sólo es posible como don del mismo Dios: “El Señor Dios me ha abierto el oído”. Pídele a Dios el don de “escuchar sin echarte atrás” (Is 50,5).
 
* Actitud de recibir para dar, para decir. La Pasión no es lenguaje de Dios cerrado sobre sí mismo. La pasión y muerte de Jesús adquiere sentido porque fue una pasión y muerte “por” nosotros, “para” nuestra salvación. “Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento” (Is 50,4a).

En la pasión del Hijo el Padre quiere “decir” algo; se dirige a los abatidos y les anuncia que, a pesar de tanto sufrimiento, a pesar del abandono al que parecen estar sometidos, Dios no les da la espalda. “Porque el Señor está conmigo –dice el justo injustamente perseguido- sé que no quedaré avergonzado” (Is 50,7b).

 Vivir estos días en actitud religiosa nos capacita para “decir”, para ser también nosotros lenguaje de Dios, evangelio, para dar una palabra de aliento a nuestro corazón abatido y al corazón abatido de tantos hermanos que están esperando de nosotros una respuesta a la pregunta sobre el mal y el dolor propio y ajeno. Viviendo religiosamente la Semana Santa evangelizamos a los hermanos; nos hacemos nosotros mismos palabra de Dios para ellos.

 
Decir con el hacer. Ese “decir” no es sólo teórico. El “decir” de Dios es “obrar”, porque en Dios la Palabra es Verbo, acto de Dios. Yo, nos dice el Siervo, “no me he rebelado ni me he echado atrás” a la hora de arrimar el hombro en la tarea de vencer el dolor y la muerte. “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos” (Is 50,6). Le sostiene una fe que da fuerzas para lo imposible: “Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido” (Is 50,7a).

La semana Santa no es retórica sino práctica; si algo tiene de teoría es para explicar lo que previamente se ha practicado. No olvidemos que antes que narración, la pasión fue acto, acontecimiento. Por eso, sólo cuando se vive en la propia carne la pasión del rechazo, del abandono, de la entrega generosa por los más pobres y desgraciados de entre los nuestros, sólo cuando se vive en la propia carne el “sacrificio”, se abre el oído y el entendimiento al mensaje del Siervo. Sólo cuando de hecho se muere con Cristo, se resucita con Él. No hay por tanto Semana Santa sin inmersión en el sufrimiento del mundo, sin hacer lo imposible por caminar con Cristo buen samaritano cargando la cruz de los que viven sumergidos en la sangre de unas guerras como las de Irán o de Ucrania, en los efectos nocivos de una crisis  económica como la que vivimos,  o sumergidos en una crisis existencial que les lleva a experimentar  una profunda tristeza.

* * *

Entra en Semana Santa con "espíritu de iniciado" (discípulo), con espíritu de escucha, con el oído y los ojos abiertos para aprender del Maestro; deja a un lado la pasión del folklore y del turista, la pasión epidémica del documental televisivo. “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme” (Mt 8,22).

Marzo 2026
Casto Acedo. 

lunes, 16 de marzo de 2026

La vida (V de Cuaresma. 22 de Marzo)

 

EVANGELIO
Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.

Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron: «Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús: «Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

¡Palabra del Señor!

* * *


COMENTARIO 
En video (6 minutos) y audio (10 minutos) al final del texto.

San Pablo, en uno de los textos más antiguos del Nuevo Testamento, nos dice: «Porque yo os transmití, en primer lugar, lo que yo a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los doce» (1 Cor 15,3-5) «Según las escrituras», el Señor resucitó, y, según las Escrituras también nosotros resucitaremos con Él. «Porque lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Y como por su unión con Adán todos los hombres mueren, así también por su unión con Cristo, todos retornarán a la vida» (1 Cor 15,21-2). 

Este mensaje que san Pablo traduce a clave doctrinal es el mismo que el evangelista san Juan nos  transmite con el relato de la resurrección de Lázaro: Dios, en Jesucristo manifiesta su poder sobre la muerte y lo que la causa, el pecado. Hay por tanto esperanza para los que creen, porque el amor de Dios es más fuerte que la muerte (cf 1 Cor 54,56).

La fe: pórtico de la resurrección

Los dos últimos domingos de cuaresma nos han invitado a “pasar” (Pascua) de la sed a la satisfacción (samaritana) y de las tinieblas a la luz (curación del ciego); y hoy, siguiendo ese esquema pascual, con el relato de la resurrección de Lázaro san Juan nos invita a contemplar y actuar en nosotros la conversión como un pasar de la muerte a la vida.

La historia narrada en el capitulo 11 del Evangelio de san Juan trata de la "resucitación" -reservo la palabra "resurrección" para un resucitar para nunca más morir- de Lázaro, el amigo de Jesús, el hermano de Marta y María. Pero ahondando en su significado no cabe duda de que Lázaro somos tú y yo.

“Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5). También a ti te ama Jesús, también tú “estás enfermo o enferma” en el cuerpo o en el espíritu, y también por ti ruega la comunidad: “¡Señor, aquel a quien tu amas, está enfermo!” (Jn 11,3). Y Jesús, el médico, se acerca a tu enfermedad, a tu tumba, a tus dolencias físicas o espirituales, a tus pecados, a tu vida putrefacta que huele mal. Por la misericordia de Jesús Lázaro y tú vais a recobrar la vida; volveréis a vivir. 

La vida perdida se recobra en un cara a cara con Dios desde la fe. Así lo deja entrever el texto de san Juan al ofrecernos en plano corto un jugoso vis a vis entre Jesús y su Iglesia, entre Marta y Jesús. Un diálogo donde se pone de manifiesto la fe. Es curioso: en los tres evangelios de estas últimas semanas de Cuaresma sale a relucir la fe:
 
*En la samaritana: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo... Ya no creemos –dirán los samaritanos- por lo que tú nos has dicho, porque nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que es el salvador del mundo” (Jn 4,25);
 
*En el ciego de nacimiento: “¿Crees en el hijo del hombre? El contestó ¿y quién es para que crea en él? –Lo estás viendo, el que te está hablando, ése es. Él dijo: -creo, Señor. Y se postró ante él.” (Jn 9,35-38); 

*Hoy, con Lázaro, vuelve a surgir el tema: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá, y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Y Marta respondió: -Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.(Jn 11,25-27).

¡Qué grande la fe de Marta! Y, en descargo de la secular marginación de la mujer en la Iglesia, ¡qué atrevimiento el testimonio del cuarto evangelio al poner en boca de Marta lo que los sinópticos ponen en boca de Pedro!: “Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo” (Mt 16,16; cf Mc 8,29;Lc 9,20). También en este evangelio  de Juan una mujer, María Magdalena, será el primer apóstol, la primera persona que llevó la noticia de la resurrección a la Iglesia naciente (cf Jn 20,28).

La fe obra el milagro de la "resucitación". ¡Basta que tengas fe! “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”. 

Hoy, cercana ya la Semana Santa, Jesús llora tus muertes: "¡Jesús se echó a llorar!" (Jn 11,35); Dios en Jesucristo se hace humano hasta sentir dolor por tu sufrimiento, por tu pérdida de fe; Jesús llora e intercede por ti: “levantando los ojos a lo alto” ora al Padre; y te dice: “Ven afuera” (Jn 11,40-43), sal de tu tumba, abandona tus muertes; sal de tu apatía, de tu indiferencia, de tu envidia, de tu lujuria, de tu avaricia, de tu envidia, de tu vida de injusticias,... sal de todas esas situaciones que te están matando, de ese modo soberbio de encarar la vida que no es sino una losa asfixiante que te ahoga y te aplasta. Ya la losa ha sido quitada, a ti sólo te queda dar un paso hacia afuera y salir.

“El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario”. Ha renacido, como tú renaciste en tu bautismo; como quiere que vuelvas a renacer en esta Pascua. “Desatadlo y dejadle andar” (Jn 11,44), dice Jesús a los presentes, a la comunidad. También en esta Pascua el Señor te dice: ¿Crees en mi?, -te invita a renovar tu fe)-¡Ven afuera! ¡Sal de tus muertes! La fe te coloca en el pórtico de la resurrección, la Iglesia con los sacramentos, te desata, te alimenta y te ayuda andar de un modo nuevo. 

* * *


La liturgia dominical de este domingo te invita a la Pascua de la vida nueva que se abre paso entre la podredumbre del pecado y la oscuridad de la muerte. No olvides que la vida tiene una proyección más allá de las fronteras físicas. Lázaro volvió a morir -por eso hablo de "resucitación"-,  o tal vez sea mejor decir que hubo de esperar un poco más para pasar a la resurrección de la vida eterna: “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11, 25-26). 

La vida nueva que nos ofrece Jesús podemos entenderla como un vivir nuestra historia personal y social terrenal de una forma luminosa, vivir como hijos de la luz. A eso nos llama la liturgia de hoy: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de ellos, pueblo mío... Pondré mi Espíritu en vosotros y viviréis.... Y comprenderéis que yo soy el Señor" (Ez 37,12-14, primera lectura). Resucitar aquí, en la tierra, a la vida de la gracia, pero también resucitar a la vida eterna, resurrección en el más allá (resurrección escatológica): “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo espíritu que habita en vosotros” (Rm 8,11).

Quedan pocos días para el triduo pascual. Ve despertando del sueño de esta vida inconsistente e impermanente. Es la invitación que se te  hace este domingo y que a la que la liturgia de la semana pasada ya te incitaba: "Despierta tú que duermes,  levántate de entre los muertos  y Cristo te iluminará". (Ef 5,14). 

¡Nos vemos en la fiesta de la vida! En el gozo de ésta vida y de la que Dios tiene prometida a los que le aman.

* * *
Video sobre el tema (6 minutos)


Audio sobre el tema (10 minutos)


*
Buen domingo 

Marzo 2026
Casto Acedo

jueves, 12 de marzo de 2026

La luz (IV Cuaresma. 15 de Marzo)



EVANGELIO
Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y sus discípulos le preguntaron:

—«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?».

Jesús contestó:

—«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

Dicho esto escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:

—«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

—«¿No es ése el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:

—«El mismo».

Otros decían:

—«No es él, pero se le parece».

Él respondía:

—«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

—«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo».

Algunos de los fariseos comentaban:

—«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:

—«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

—«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:

—«Que es un profeta».

—«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

—«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:

—«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús les dijo:

—«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es».

Él dijo:

—«Creo, señor».

Y se postró ante él.

¡Palabra del Señor!

*

 

(Resumen de video y comentario amplio en audio al final de esta entrada)
 
El relato de la curación del ciego de nacimiento es la escenificación de la lucha entre los hijos de la Luz y los astutos hijos de las tinieblas (cf Lc 16,8). Y es curioso que Jesús no rechace al que vive en el pecado (“empecatado” llaman los fariseos al ciego), y se muestre duro e intransigente con los que “creen ver”: los fariseos. Éstos, instalados en su ego, se creen en posesión de la verdad (luz), pero viven en la mentira (tinieblas); y lo peor es que no quieren ver, porque si ven su realidad, su yo real, se verían obligados a aceptar la muerte de su ego en el que tienen puesta su vida y que les facilita una vida de privilegios.

Los escribas y fariseos no quieren ver porque les da miedo a perder su status egóico; son incapaces de ver que más que perder ganarían si se abrieran a la realidad pura y dura de la presencia de Dios.  No hay peor ceguera que la del que no quiere ver; porque, en gran medida, el ver es cuestión de voluntad. Los propios intereses son con frecuencia la causa de la debilidad visual. No ve el rico su inmensa riqueza, ni el poderoso su calidad de opresor; no ve el político encumbrado las necesidades del pueblo, ni ve el sacerdote ritualista los sufrimientos de sus fieles y de su mundo; no ve el violento su violencia, ni el perezoso su holgazanería..., porque si lo vieran, si se atrevieran a contemplarse desde fuera, verían la realidad y se verían a sí mismos en ella. Y en este caso ¿podrían soportar su vida hipócrita?.

Un ciego de nacimiento

"Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (que nunca había visto)".  Así comienza el evangelio de este domingo, que termina  con una afirmación que nos sitúa a cada uno ante nuestra  visión o nuestra ceguera: “Los fariseos ... le preguntaron: ¿También nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó: Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste”.

Encontramos por un lado a un hombre ciego, que no grita, como el ciego Bartimeo de Mc 10,46-52. No hay una petición de sanación, aquí la iniciativa es totalmente de Jesús, que lo  ve, se acerca y le cura con un signo (sacramento): le unta los ojos con barro y le manda lavarse en la piscina de Siloé; y él se deja hacer y obedece, porque en su pobreza no tiene nada que perder y mucho que ganar; y se le abren los ojos. Este ciego, partiendo de la aceptación de su ceguera inicia un camino de conversión, un camino de Cuaresma que le llevará a cambiar de bando (lo expulsaron de la sinagoga) y a confesar abiertamente su fe en Jesús como Salvador.


 
Del otro lado están  los enemigos de la luz: los que se creen seguros de sí mismos, los que están seguros de marchar por las sendas del bien, la bondad y la luz. “¿Tú -dicen al ciego- nos vas a dar lecciones a nosotros?”. La soberbia que anida en el corazón de los fariseos los hace acreedores del título de “hijos de las tinieblas”.

El primer paso de la curación (conversión) del ciego (pecador) parte del reconocimiento de su ceguera (pecado). Desde ahí inicia un camino que culmina con la aceptación de Jesús como el Señor y la profesión de fe: "Creo, Señor". La conversión del ciego no estuvo libre de dificultades; encuentra la oposición de los fariseos, el rechazo frontal de los judíos que lo expulsan de la sinagoga y la indiferencia de sus padres que no quieren tener problemas; pero se sobrepone a los obstáculos y culmina felizmente en la aceptación de Jesús como el Salvador y la sumisión con Cristo a la voluntad de Dios: “se postró ante él”.

En tiempo de Cuaresma, una primera enseñanza de este pasaje es clara: nos hemos de saber ciegos, y hemos de dejar que Jesús se acerque a nosotros y abra nuestra vida a la luz. Con la lámpara que es Cristo, abramos los ojos a la ceguera del mundo y sus causas (ansia de poder, obsesión compulsiva por tener-consumir, deseo desenfrenado de sobresalir como sea, culto excesivo al cuerpo y a la propia imagen, menosprecio del pobre y el pequeño...) de la que no somos sólo observadores sino también partícipes. ¡Este mundo está loco! –decimos-; este mundo está ciego, y nosotros, tu y yo, participamos de su ceguera. ¿Quién nos librará de esta oscuridad?

 
“Yo soy la luz del mundo”
 
Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo”, dice Jesús. "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida". (Jn 8,12). Jesús es la Luz. Así lo vamos a significar en la solemne Vigilia Pascual: “¡Luz del mundo!” dirá el celebrante; y el pueblo, al tiempo que se deja iluminar por la luz Pascual, responde: “¡Demos gracias a Dios!”, luego canta: “¡Oh luz gozosa, de la santa gloria del Padre celeste e inmortal, Santo y feliz Jesucristo!”. La Pascua es la fiesta de la luz, de Cristo-Luz. Es tan definitiva y determinante su aparición que incluso la oscuridad es llamada dichosa, porque ha merecido ser alumbrada por una luz tan esplendente: “Oh feliz culpa, que mereció tan gran Redentor”, ¡feliz oscuridad que merece luz tan radiante! Las alabanzas a la oscuridad y al pecado no lo son por sí mismos, sino por la luz y la gracia que los disipa.

El reconocimiento del propio pecado es previo para recibir el perdón, la aceptación de la propia oscuridad es camino imprescindible para llegar a la luz. Desde la debilidad y aparente oscuridad de la cruz Cristo nos conduce a la claridad de la resurrección. La Pascua unifica muerte y resurrección, y ésta tiene la última palabra. Esto se significa el momento de encender el Cirio Pascual en la Noche Santa: se incrustan en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, recordando el martirio del Santo de Dios, mientras se dice: “Por sus llagas santas y gloriosas, nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor. Amén”. Luego se enciende el cirio con el fuego nuevo diciendo: “La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”.

Somos ciegos, habitantes de las tinieblas, pecadores dando tumbos por “cañadas oscuras”, pero la Luz del Padre, encendida en las llagas gloriosas del Salvador, viene en nuestra ayuda, y nos hace “hijos de Dios” . “La palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre... Vino a los suyos... Y a cuantos la recibieron ... les dio poder para ser hijos de Dios” (cf Jn 1,9-12:). Cristo-Luz es nuestro valedor en la oscuridad: “El Señor es mi pastor, nada me falta...; aunque camine por cañadas oscuras nada temo” (Salmo 22,1.4).
.
Brille vuestra luz delante de los hombres
.
El cristiano, que vivía en la oscuridad, ha sido iluminado y prendido en la luz que es Cristo: “a vosotros se os confía acrecentar esa luz, para que caminando como hijo de la luz podamos salir al encuentro del Señor”. (Ritual del bautismo; palabras dirigidas a los padres/padrinos con respecto al hijo/ahijado, pero extensibles a todo bautizado adulto).

El cristiano es Hijo de la Luz. No teme que sus obras sean vistas por los hombres. Por el contrario, los hijos de las tinieblas, esconden sus obras, porque “da vergüenza mencionar las cosas que los hijos de las tinieblas hacen a escondidas” (Ef 5,12). La Cuaresma es tiempo para pasar de las tinieblas a la luz. En una doble fase. Somos, por un lado, receptores de la luz que es Cristo. Debemos aceptar nuestras sombras afrontando sin miedos la mirada de Dios sobre nuestra vida; se trata de mirarnos desde Cristo: “Tu luz, Señor, nos hace ver la luz” (Sal 35,10). Y prendidos en su luz, en un segundo momento, debemos ser luz “delante de los hombres” (Mt 5,16).
 
¿Cómo podemos ser luz? La carta a los Efesios nos da unas claves: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz).” (Ef 5,8). Ser luz viviendo en la bondad (hacer algo tan simple y complicado como “ser buenos”) la justicia (un cristiano debe destacar por su compromiso por un mundo cada vez más justo), y la verdad (vivir con humildad aceptando la realidad de  ser criatura de Dios; vivir en la verdad es vivir en conformidad con la sagrada Escritura, que pone luz en el corazón del hombre descubriendo sus claroscuros; el mundo de la mentira y el engaño, del falseamiento y la manipulación, necesita defensores de la verdad, profetas dispuestos a poner en el mundo la Luz de la Palabra aún a riesgo de sufrir persecución y muerte). Se trata de adquirir la visión de Dios, que no ve las apariencias, sino el corazón (1 Sm 16,7).


Hoy nos reconocemos ciegos, arrojados a los caminos de un mundo en oscuridad. No caigamos en el error de los fariseos, que se creían justos, porque “si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste”. (Jn 9,41). La cuaresma viene a despertarnos, a abrir nuestros ojos: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”(Ef 5,14).

Cristo es el Agua viva, se nos dijo el domingo pasado, Cristo es la Luz, decimos hoy, y la próxima semana, cercana ya la Pascua, se añadirá que Cristo es la Resurrección y la Vida. ¿Cómo te estás disponiendo para que su “paso” (pascua) sea fructífero en tu vida ? ¿Acaso no quieres que inunde con su agua tu desierto, ilumine con su luz tu oscuridad y revivan con su resurrección tus muertes? Dispón tu corazón a ello.

* * *

Un video resumen de todo lo dicho en:


Y un audio de 20 m.:


*
Marzo 2026
Casto Acedo.

jueves, 5 de marzo de 2026

El agua (III Cuaresma.8 de Marzo)

 

EVANGELIO. Jn 4,5-42.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»

Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta: «No tengo marido».

Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor

* * *

Cuando llegue la Noche Santa recurriremos a unos símbolos muy concretos para celebrar el encuentro con Cristo Resucitadola luz (Lucernario), el agua (Rito de bendición del agua y renovación del bautismo), y la vida (Eucaristía: “Yo soy el pan de la Vida, el que come de este pan vivirá para siempre”, Jn 6,35).

Los domingos tercero al quinto de Cuaresma, la proclamación evangélica nos dispone de manera inmediata a la Celebración Solemne de la Vigilia Pascual introduciéndonos en el Misterio por la presentación-comprensión-asimilación de los símbolos que nos hablan de Dios y nos acercan a Él.  Jesús dirá de Él mismo que es "agua viva" (Jn 4,14; evangelio de la Samaritana), "luz del mundo” (Jn 9,5; ciego de nacimiento), resurrección y vida" (Jn 11,25; resurrección de Lázaro). Hoy, al hijo del encuentro con la samaritana,  el tema que nos ocupa es el agua como símbolo de Dios y de su gracia. 

* * *


Agua
 
Este domingo nos habla de "agua". El agua es un signo ambivalente. Por una parte, hablar del agua es hablar de vida, porque es un elemento básico para la subsistencia del hombre ya que cubre una necesidad vital y permanente sin la cual no podríamos vivir (¡lástima que solo nos demos cuenta de ello cuando nos falta!). El agua es también elemento de limpieza para el cuerpo, la ropa, la vivienda; es recreo y belleza en los jardines y fuentes; el agua es vitalidad. Donde no hay agua hay sufrimiento y muerte; la imagen paradigmática de esta sequedad es el desierto, lugar de vacío, soledad y muerte. Y muy al contrario, donde hay agua hay vida, y por eso el paraíso siempre se ha dibujado como un vergel bien regado.
 
Pero el agua contiene también una simbólica negativa: es desgracia en inundaciones, maremotos y todo tipo de desbordamientos. ¿Quién no recuerda las impresionantes imágenes de destrucción y muerte causados por  la DANA que sufrimos el año pasado al este de España? 

El agua sana, pero también asola y ahoga. Es signo de vida, pero no lo es menos de muerte. El exceso de agua provoca destrucción y la ausencia o escasez trae consigo la “sed”. El pan (alimento) es necesario para poder subsistir, pero lo es más el agua. La vida cristiana, que es oasis pero también desierto, lleva implícita la experiencia de la sed.
 
La Sagrada Escritura asocia el agua con el Espíritu de Dios, que purifica, da vida, recrea, limpia del mal y ahoga el pecado. Pasajes bíblicos paradigmáticos, como el relato de la creación del mundo, donde se señala que “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gn 1,2), el diluvio (cf Gn 6,5-8,20), el paso -Pascua- del mar rojo (cf Ex 14) o el prodigio del manantial de agua que mana de la roca (Ex. 17,3-7), nos sirven en bandeja la consideración  del agua como elemento sacramental en los que Dios en su mismo Espíritu  se manifiesta.




El agua que es Dios

Si alguno tiene sed, que venga a mí” -dice Jesús. Nosotros acudimos as Él cada domingo; a recibirle en el agua de la Palabra y en el Pan Eucarístico ¿Qué sed sacia en nosotros este Misterio? 
En momentos de sequedad espiritual nos acucia la sed, y por eso acudimos a manantiales que pudieren saciaros. Muchas veces erramos acudiendo a pozos que sólo palían temporalmente nuestra sed; pero hay un pozo que sí nos llena del todo: Jesús, agua viva. 

La mujer samaritana (cf Jn 4), siguiendo la rutina de su tarea diaria, va a buscar su agua al pozo de Jacob. Y allí Jesús se acerca a ella. Se trata de una mujer insatisfecha; cinco veces había buscado la felicidad, y cinco veces había fracasado (“has tenido cinco maridos y el de ahora no es tu marido”, Jn 4,18). Jesús le hace sentir hondo esos fracasos. Había buscado saciar su sed en aguas que no podían satisfacerle plenamente. 

Cuando la samaritana y Jesús comienzan su diálogo, cada cual habla de un agua distinta, y según deja ver el diálogo también cada cual se refiere a una sed distinta. La samaritana habla del agua material, tangible, perecedera, objeto de nuestros deseos naturales, agua buena para nuestra vida diaria siempre que no nos apeguemos demasiado a ella. Este 
agua natural no sacia plenamente y obliga a volver una y otra vez al pozo. Jesús, sin embargo, habla de un agua espiritual, intangible, sobrenatural, eterna; quien la bebe nunca más tendrá sed; habla del agua que es Dios mismo, y que sacia de una vez para siempre: “el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed” (Jn 4,13).

El agua que Jesús ofrece a la samaritana y te ofrece a ti hoy es la gracia de Dios, su Espíritu. “El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: ´Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí; como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva´. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él". (Jn 7,37-39). “El agua que yo le daré se convertirá dentro de Él en un surtidor que salta hasta la vida eterna” (Jn 4,14).

La sed.

Pregúntate: ¿Qué sed te mueve  este año a adentrarte en el desierto de la Cuaresma? ¿Qué insatisfacción? 

La samaritana representa a la humanidad que tiene sed, y que aún no sabe qué agua le conviene para alcanzar la verdadera felicidad. Jesús sí lo sabe. Jesús también tiene sed, una sed distinta: “Dame de beber” (Jn 4,7). Jesús tiene sed de diálogo, de comunicación, sed de ayudar a los que tienen sed. En la cruz gritó: “Tengo sed” (Jn 19,28), sed de salvación, sed de ti; en su sed de amor quiere suscitar el acercamiento, provocar el encuentro. “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4,10). Poco a poco, Jesús va adoctrinando a la mujer invitándola al conocimiento del Espíritu Santo (“si conocieras el don de Dios…”) y el reconocimiento de Él mismo como  Hijo (Mesías) enviado  (“..y quién es el que te pide de beber”).

Porque tiene sed de ti -¡admirable misterio!-, el mismo Jesús se acerca hoy al pozo de tu vida, a ese pozo natural al que acudes cada día a sacar agua: el pozo del trabajo, las amistades, los negocios, la familia… Jesús te sale al encuentro allí donde tienes puesta tu esperanza, donde crees que vas a encontrar la felicidad plena. Dios te sale al encuentro junto al brocal de tu pozo, ahí donde estás.
 
¿Cuál es tu pozo? ¿De qué agua bebes? Hay aguas que sacian sólo momentáneamente, pozos exteriores que te exigen caminar diariamente hacia ellos para proporcionarte una satisfacción momentánea. Jesús te ofrece un agua diferente, el agua viva de su costado (cf Jn 19,34;1 Jn 5,6) “que se convertirá dentro de tí en un surtidor que salta hasta la vida eterna”; el agua interior del Espíritu Santo, la Gracia de Dios, que habitará en ti, y dará consistencia eterna a las aguas de la amistad, la familia, el trabajo,… que brotarán de tu interior.

En Cuaresma  contempla la sed de Jesús: la sed de misericordia que en Él te muestra el Padre Dios, y acompásala con la sed de la humanidad, con tu sed: sed de paz, de justicia, de comunicación, de armonía... Cuando la sed del hombre se cruza con la sed de Dios se produce el milagro de la PascuaCristo pasó por la vida de la samaritana; ésta, aunque no llegó a entender muy bien lo que Jesús le decía, mantuvo abierto el diálogo con Él, y se produjo el encuentro.
 
Y como fruto del encuentro el anuncio, la misión. El agua de Dios no se queda estancada en quien la recibe, sino que salta hacia fuera, transforma al discípulo en en apóstol, como la samaritana:  “dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?” (Jn 4,29). Y “Jesús se quedó allí dos días” (Jn 4,40), hasta que la fe de los samaritanos maduró un poco: “nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo” (4,42).
 
* * *

 

A menudo nos cansamos del camino de cuaresma, nos cansa la vida, dice el poema de Antonio Machado (1). Nos preguntamos entonces por qué Dios nos ha traído a este desierto. El sentimiento de fracaso nos lleva con frecuencia a preguntarnos si Dios estará o no estará con nosotros (cf Ex 17,3.7). La mujer samaritana nos dice que sí, que le ha conocido, que le ha escuchado, y en la escucha ha recibido su compasión. También san Pablo nos hace saber que el amor de Dios ha sido derramado como agua viva en nuestros corazones, y hay esperanza (Rm 5,5).

Deja que este domingo te refresque el agua que es Cristo. Déjate lavar por Él como Pedro en el cenáculo (cf Jn 13,8-10). Recuerda el bautismo en el que fue sepultado tu pecado por el poder del agua. Déjate encontrar de nuevo por Jesús. Bebe del agua de su Palabra, de su presencia eucarística, de su estancia entre los pobres. Dile: -Señor, ¡tengo sed de tantas cosas buenas y nobles!... ; enuméralas y confía que el Agua de Dios no te ha de faltar para poner fin a tus insatisfacciones.

* * *
_____________________

(1) El poema de A. Machado refleja muy bien cómo la vida es soledad y sequedad. Y en esa sequedad nace en nosotros la búsqueda. La misma búsqueda va preñada de la gracia del  encuentro, como hemos visto en el evangelio de la Samaritana.

Señor, me cansa la vida,
tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares,
la voz de la mar me asorda.

Señor, me cansa la vida 
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
solo, con el mar a solas.

O tú y yo jugando estamos
al escondite, Señor,
o la voz con que te llamo
es tu voz.

Por todas partes te busco,
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

(Antonio Machado)

*
Marzo 2026
Casto Acedo. 

HORARIOS DE SEMANA SANTA 2026. San Pedro de Mérida

HORARIOS  DE SEMANA SANTA 2026  Parroquia de  san Pedro Apóstol SAN PEDRO DE MERIDA * DOMINGO DE RAMOS MISA DE VÍSPERAS Sábado, 28 de Marzo ...