jueves, 30 de julio de 2026

La sopa de piedra (2 de Agosto)


EVANGELIO 
Mt 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: —«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer».

Jesús les replicó: —«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».

Ellos le replicaron: —«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».

Les dijo: —«Traédmelos».

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

*

Casi nada

"Dadles vosotros de comer", dice Jesús a los discípulos preocupados por el gentío y la hora. Ellos debieron tomárselo a broma: "¿Nosotros? ¡No tenemos casi nada!”. Es lo que solemos decir cuando las cosas escasean. “Si aquí o tememos más que cinco panes y dos peces”, es decir, "casi nada". Con esto no se soluciona el problema. Pero a Jesús no le pareció tan poca cosa lo de los cinco panes y los dos peces: “Traédmelos”, es decir, sacad ese “casi nada” que tenéis, negociad lo poco y obtendréis lo mucho (Mt 25,14-25, Parábola de los talentos).

El evangelio de hoy apunta a la fusión de dos realidades que, cuando se cruzan, hacen milagros: la generosidad humana y la bendición divina. Dios no saca panes de la nada, el milagro parte de algo que la persona que entra en diálogo con Él pone sobre la mesa; san Juan en su evangelio dice por boca del apóstol Andrés: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es eso para tanta gente?” (Jn 6,9). No es mucho lo que tiene el niño, pero ¿y si de pronto todos los que habían acudido a escuchar al Maestro se hacen como niños y pierden el miedo a poner sobre la mesa lo poco que traen? Muchos creen que si lo hacen lo perderán, pero ¿y si en vez de perderlo lo multiplican? 

Tenemos fe en los milagros, pero también creemos que sin niños que pongan en común lo poquito que tienen es imposible el milagro.  Si lees detenidamente los milagros de Jesús en los evangelios observarás que a todo milagro le precede un acto de fe, y en este caso la multiplicación se realiza por medio de la fe en la matemática divina: quien más amor da, más amor tiene. Partid, repartid, vaciaros, dad... Los discípulos repartieron y, tras saciarse la multitud,  "recogieron doce cestos llenos de sobras".

La sopa de piedra

Casi todos conocemos el cuento de la sopa de piedra; esa que habla del viajero que llegó a  un pueblo donde nadie quería compartir lo suyo; nadie le daba de comer, y entonces sonrió y dijo:

—¿No me dais nada para comer? No importa. Prepararé una deliciosa sopa de piedra.

Los vecinos, intrigados, se acercaron para ver cómo era posible hacer una sopa con una simple piedra. El viajero llenó una olla con agua, puso una piedra limpia dentro y la colocó sobre el fuego. Después de probar el caldo, comentó:
—¡Qué buena va quedando! Aunque con una zanahoria estaría todavía mejor.

Un vecino fue a buscar una zanahoria. El viajero la añadió a la olla y volvió a probar.
—¡Excelente! Si tuviéramos una cebolla, sería una sopa extraordinaria.

Otra persona trajo una cebolla. Poco a poco, otros vecinos aportaron patatas, apio, tomates, sal, pimienta e incluso un poco de carne. Cuando la sopa estuvo lista, todos la probaron. Era deliciosa. Los habitantes compartieron la comida, rieron y disfrutaron juntos. Al terminar, alguien preguntó:
—¿De verdad la piedra hizo la sopa?

El viajero respondió con una sonrisa:
—No. La piedra solo ayudó a que todos recordaran que, cuando cada uno aporta un poco, se puede lograr algo grande”,

Es un cuento que recuerda a quien puso los cinco panes y los dos peces sobre el tapete. Y todos pudieron comer. Si cada persona, cada institución, cada región o país, pusieran lo que tienen en la mesa común de la humanidad, no habría necesidad en el mundo.

A menudo nos preguntamos -o nos preguntan- acerca de por qué hay hambre y miseria y ¿qué está haciendo Dios para evitarlo? Y la respuesta, en la mayoría de los casos, podría apuntar a la solución del problema. ¿Qué hace Dios, me dices? Ya ha puesto el remedio, te ha hecho a ti, te ha dado unas manos, una inteligencia, unas capacidades, e incluso unos bienes que, si recurrimos a la sabiduría divina del dar y el compartir, solucionarían el dolor humano que provoca el retener y acaparar.  Dios hace milagros, pero si está en tus manos el hacerlos Él no los va a hacer por ti. Sería una falta de respeto a la humanidad.

Un milagro eucarístico

El milagro que nos ocupa hoy es un milagro eucarístico. Hay en él panes y peces. No se menciona el vino, pero seguro que alguno de los comensales llevaría su ración. De todos modos, no hablo de un milagro sacramental, sino existencial. Si ya es un misterio el de la transubstanciación eucarística, en virtud de la cual el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, también es un misterio la transmutación de un corazón de piedra (dureza y egoísmo) en un corazón de carne (ternura y misericordia). Tal vez este fuera el auténtico milagro: la conversión a la fe.

En la misa el sacerdote toma el pan y repite las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo... Esta es mi sangre”. Pan y vino puesto sobre la mesa del altar y bendecidos por Dios. El buen sacerdote, en recogimiento, pone también su cuerpo y su alma en la misma mesa. Los buenos fieles participantes en la celebración ponen también sobre el ara sus propias vidas, sus trabajos y sus fatigas, sus momentos de gozo y de dolor, sus bienes y sus escaseces. El sacerdote dice: “Orad hermanos para que este sacrificio mío y vuestro -nuestro- sea agradable a Dios Padre Todopoderoso”. El sacrificio de la misa es agradable, no por los méritos de los fieles o por los méritos particulares del sacerdote; el “sacrificio mío” que precede al vuestro en la invitación a orar es el “mío” de Jesucristo que, vaciándose de todo en la cruz, se ofrece a sí mismo como alimento redentor para la humanidad. Arrojarse por amor al vacío de no tener nada es llenarse de Todo.

La misa es todo un acontecimiento salvador. El mismo Dios dándose en alimento, anticipo de la pasión y de la muerte que se desborda en abundancia de vida en la resurrección. Jesús no se limita a dar panes y peces (lo  que tiene) sino que se da a sí mismo (lo que es); se vacía de todo, se hace nada, para que podamos saciarnos de sus dones. 

La Eucaristía es la escuela de las paradojas de Dios el que se vacía se llena; dar es recibir; quien lo da todo lo posee todo; el último es el primero; el siervo es el Señor... El niño en su debilidad  pone los panes y los peces, el Señor pone su bendición, y se produce el milagro de la fortaleza, la paz, la prosperidad y el bienestar material y espiritual que anhela la humanidad. 

Es hermoso contemplar el momento en que Jesús “tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió os panes y se los dio a los discípulos, y los discípulos se los dieron a la gente”. Te puedes contemplar a ti mismo en la misa dominical, sentado o arrodillado en tu banco esperando tu ración de pan del cielo, o recibiendo en tu mano o tu boca el pan que es Cristo. También te puedes contemplar a ti mismo abrazando a la humanidad y diciendo para ella las mismas palabras de la consagración: "!Aquí estoy, hermanos, dispuesto a entregar mi cuerpo y sangre por vosotros!". Lo haces y el mundo cambia; ¡Este es el Misterio de la fe!, el milagro, Basta con que cada cual confíe y repita el gesto de Jesús y haga de sí mismo, de su vida,  un  ingrediente para “la sopa de piedra”;  y completados los ingredientes de esa sopa del  Reino Dios hará de ella un manjar para todos.

¿A qué esperas para poner tu parte en la olla común? A eso acudes a la misa, a poner junto a Jesús tus dones para construir con Él un mundo más humano, más divino.

¡Feliz domingo!.

Julio 2026

Casto Acedo

jueves, 23 de julio de 2026

Santiago Apóstol (25 de Julio)

 


EVANGELIO 
Mt 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron: «Podemos».

Él les dijo:
 «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
. . . . . . . .

Poco tiempo después 
“El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan” (Hch 12,2).

Palabra del Señor.

* * *
*

Un equívoco, tal vez desde una desenfocada lectura del evangelio, llevó a imaginar a Santiago como amante de la guerra santa (¿acaso alguna guerra puede ser santa?) Pero esa imagen, por más que algunos se empeñen en mantenerla, no tiene cabida en un tiempo como el nuestro. La fiesta de hoy nos invita a despojar a Santiago de su amenazadora espada, a desmontarlo de su caballo blanco y a contemplarlo de camino al finis terrae como servidor humilde y  valiente del evangelio. El camino de Santiago tiene un alto componente espiritual. Peregrinar para merecer la compostelana es conectar con el apóstol, al cual el Espíritu llevó a dar testimonio de su amor a Jesús con el martirio.

Este es el mensaje que año tras año envío en este día.

* * *


"Los hijos del trueno"

En cierta ocasión en que los samaritanos no recibieron bien a Jesús y los suyos, Santiago y su hermano Juan no se anduvieron con chiquitas: "Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?”. Violentos ellos. “Pero Jesús, volviéndose, les reprendió” (Lc 9,54-55). Tal vez esta impetuosidad de carácter hizo que Jesús les pusiera el sobrenombre de Boanerges, “los hijos del trueno” (Mc 3,17). Y así pasó Santiago al imaginario medieval hispano, como trueno y espanto bajado del cielo, montado en su caballo blanco y blandiendo la espada contra el moro.

Puede que la forma de ser impulsiva y arrojada  de Santiago hiciera de él un provocador, pero no un violento sino un predicador difícil que no se vendía a la mentira ni se resignaba a hablar la verdad, y se ganó así el mérito de contarse entre los primeros mártires cristianos: “El rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos, e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan.” (Hch 12,1-2). Siguió así los pasos de los profetas y del Profeta por excelencia: Jesús, su Maestro.




El camino "interior" de Santiago.

Para purificar la imagen guerrillera del santo nada mejor que contemplarlo en el seguimiento de Jesús y su martirio. Llegar hasta ahí no debió ser fácil para él. Su carácter violento y las pretensiones de ascenso puestas en boca de su madre en el evangelio de este día, “ordena que estos dos hijos míos –Juan y Santiago- se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”, evidencian que debió operarse en este santo un fuerte cambio de mentalidad. Hubo de aceptar, y no sin resistencias, que el camino de Dios no es la imposición sino el servicio, no es la venganza sino la misericordia. Así lo hizo y así lo enseñó su Maestro. Y para quien tuvo un temperamento violento y vivió acostumbrado al ordeno y mando no debió ser fácil asumir esta enseñanza.

Hubo un Santiago que hizo una “peregrinación interior” bajando a las zonas oscuras de su alma, aceptando el perdón de Dios, y volviendo luego a los caminos del mundo para ser mártir, testigo, de Jesucristo. Esta imagen de Santiago peregrino es distinta de la que le imagina como guerrero violento. Si hemos de aceptar la incidencia del Apóstol en la evangelización de España, dejemos a un lado a “Santiago matamoros” y contemplémoslo como peregrino de la fe que, acompañado por algunos seguidores y animado por la misma Virgen María, lleva el evangelio de su mano hasta el confín de la tierra (finis terrae) apoyado en el cayado de la cruz.

Podemos poner en primer plano esta imagen de Santiago como ejemplo de lo que ha de ser hoy el apostolado; quien quiera ser apóstol que aprenda a ser discípulo, quien quiera renovar la Iglesia renuévese a sí mismo, quien quiera “ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,27-28).

Bajemos a Santiago de su caballo. El santo Apóstol que hoy celebramos no es el agresor sino el agredido (mártir). El que deseó en un momento de arrebato que cayera del cielo un fuego devorador que arrasara a quienes consideraba enemigos del evangelio de Jesús cambió de vida, se hizo buen samaritano descendiendo de su cabalgadura y subiendo en ella a los heridos y desheredados para acercarlos a la Iglesia del Señor. Ese fue y es el Camino de Santiago, jalonado de catedrales e iglesias que conducen a Dios, de puentes que comunican a los hombres, de hospitales que curan a enfermos caminantes y de casas de acogida que atienden a los peregrinos. Hacer cristianamente este camino no es otra cosa que ir a Jesucristo (cf Jn 14,6). Allí, con Él, nos espera Santiago.

Feliz día del Patrón de España
Felicidades a quienes celebran su santo.

Julio 2026
Casto Acedo

miércoles, 22 de julio de 2026

Sabiduría de Dios (26 de Julio)

NOTA PARA LOS LECTORES DE ESTE BLOG

Os pido ayuda para orientarme en el trabajo de este blog Primero Dios, que no pretende ofrecer   homilías acabadas para ser predicadas tal cual sino comentarios litúrgicos a la Palabra. Hay quien me ha hecho saber que deberían ser más cortos; y siempre respondo que si hay mucho hay más donde escoger algo que te ayude a meditar en concreto. No obstante, dame tu opinión. 

Y también necesito saber si haces uso a nivel personal o de grupo de los recursos del texto, del PowerPoint  o del Audio "A fondo". Esto me interesa para seguir pidiendo a la IA que los haga o no. Y bueno, si a alguien le apetece compartir hasta qué punto le ayudan para su vida las entradas semanales, también puede hacerlo. 

Responde abajo, donde pone "comentario" o "no hay ningún comentario": 
1. ¿Me parecen demasiado largos los comentarios?.
2. ¿Me ayudan los recursos de PowerPoint y los Audios de "Afondo"?
3. ¿En qué sentido los aprovecho? ¿Reflexión? ¿Meditación? ¿Para preparar homilías o charlas?


PRIMERA LECTURA  
1 Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:

—«Pídeme lo que quieras».

Respondió Salomón:

—«Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?».

Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:

—«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti».

Palabra de Dios.
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EVANGELIO 
Mt 13,44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

—«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. ....

Palabra del Señor.

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RECURSOS DE AUDIO Y POWERPOINT AL FINAL DEL TEXTO.

Gracias

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  Torres Nilo - Esa noche, el Señor se le apareció a Salomón... | فيسبوك

Un corazón que sepa escuchar

Todos conocemos de qué va el cuento de La lámpara de Aladino; el protagonista encuentra una lámpara abandonada y al frotarla surge de ella un genio que le invita a pedir unos deseos que se harán realidad. Pues bien, algo así es lo que le ocurre al rey Salomón; lo dice la primera lectura de este domingo: “Dios se apareció en sueños a Salomón y le dijo: pídeme lo que quieras” (1 Re 3,5). Con lógica popular Aladino responde a la oferta del genio escogiendo ser rico y poderoso, peticiones que haríamos también nosotros con casi total seguridad. 

Riqueza, poder y salud (si se carece ella), son las joyas consideradas por nuestra cultura como panacea de la felicidad. Cada uno en sus deseos deja entrever sus intimidades; puestos a escoger lo que nos agradaría tener, un psicólogo perspicaz anotaría en su haber cómo cada cual proyecta en su elección sus logros o frustraciones, su inteligencia o su ignorancia.

Pero ¿qué pidió el joven Salomón, hijo de David y rey de Israel? Sorprendentemente no pide a Dios ni larga vida (salud) ni riquezas, ni un gran imperio, sino “un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien” (1 Re 3,9); un corazón capaz de escuchar; en una palabra: Salomón antepuso la escucha y la prudencia como sabiduría a cualquier otra cosa.

Con razón ha pasado Salomón a la historia como un rey sabio; tuvo la suerte de descubrir ya en su juventud el secreto de los valores que conducen a la felicidad, que no está fuera, en el mundo, sino dentro, en el corazón. 
Pidió Salomón luces para leer correctamente su vida a los ojos de Dios y para guiar a su pueblo en la voluntad del Señor. Un corazón que escucha es un corazón atento, abierto a la mirada de Dios sobre la historia; un corazón sabio. Hay que pedir a Dios la ciencia del amor práctico antes que la abundancia de bienes materiales, tal como hizo Salomón. Como si un padre de hoy pidiera a Dios sabiduría para educar en la fe y en la correcta vida moral a sus hijos antes que riquezas con las que darles ya solucionados todos sus problemas.

Quien pone sinceramente  la atención en Dios con humildad recibe de Él el don de discernir el bien del mal. Esto forma parte también de la petición que Salomón hace a Dios. La serpiente en la paraíso tienta a Adán y Eva precisamente prometiéndoles que si comen del fruto del árbol del que Dios les prohibió comer serán "como dioses: conocedores del bien y del mal" (Gn 3,5). 
El conocimiento de lo justo y bueno, la sabiduría para guiarse en la vida escogiendo lo mejor no es algo que esté en la naturaleza del hombre como propone la serpiente, sino que es un don de Dios, como supo ver Salomón.  Muchos gobernantes a lo largo de la historia, lejos de pedir a Dios sabiduría para el buen gobierno, se han erigido ellos mismos en dioses -¡el bien y el mal lo establezco yo!- y todos sabemos el resultado: imperialismo, dictadura, violencia, genocidios, explotación del pobre, terrorismo, intolerancia,... Cuando la vida moral no se ancla en Dios la barca de la humanidad zozobra y se tambalea de modo alarmante y escandaloso.


El tesoro y la perla

La misma lección que nos proporciona el texto de la primera lectura la da el evangelio en las breves parábolas del tesoro escondido en el campo y del comerciante en perlas finas (cf Mt 13,44-46); con estos ejemplos Jesús muestra que el secreto de la felicidad (el misterio del Reino) es gracia de Dios, algo que Dios propone y  que podemos elegir libremente.

Ahora bien, en esa elección entran en juego unas renuncias; escoger un camino supone dejar otros. Para adquirir el tesoro de la sabiduría del Reino el hombre ha de vender todo lo que tiene, y para comprar la perla de gran valor ha de desprenderse de las de menos valor. Para vivir una vida centrada en el Espíritu, una vida unida a Dios en profundidad, se ha de renunciar a todo lo que dispersa y distrae al alma. Hay que hacer una opción. 

Para un cristiano, la opción del tesoro y la perla son el mismo Jesús, escándalo para los judíos y necedad para los griegos, pero para los que creemos, sabiduría de Dios escondida desde antes de los siglos y revelada ahora para nuestra salvación (cf 1 Cor 1,23-24.2,7). El discernimiento correcto del bien y del mal, la unificación personal, la sabiduría que pidió Salomón en su oración, la podemos adquirir también nosotros por medio de la contemplación de la Palabra y la persona toda de Jesús.

Encontrar la perla y el tesoro es encontrarse con Jesucristo, entusiasmarse con su proyecto de vida. Quien abraza este proyecto y lo hace suyo no pierde nada sino que lo encuentra todo. Quien encuentra la sabiduría divina se encuentra a mismo en ella; en Jesucristo se esclarece la verdad de uno mismo (cf Gaudium et Spes, 22). 
La consigna evangélica dice: “vende todo lo que tienes y luego ven y sígueme” (Mt 19,21); y eso hicieron los primeros discípulos: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19,17). Aunque aparentemente esto puede ser visto como "perder la vida", es todo lo contrario, es "encontrar la vida", vivir la vocación para la que he nacido. Y merece la pena.


Pedir lo que te conviene

Hoy Dios te dice: ¡pídeme lo que quieras! Puedes pedirle muchas cosas: prosperidad económica, la salud para ti y para los tuyos, que se solucione el problema matrimonial o familiar que te agobia, etc.;  todo eso que le pides es muy lícito; y Dios te escucha en lo que le pides, aunque a veces pidas cosas que no te convienen. Para que no ocurra eso Dios mismo pone el remedio; lo decía la epístola del domingo pasado: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rm 8,26).

Hay un texto lleno de sabiduría y que corre por ahí, de boca en boca, de whatsap en whatsap, y que puede ayudarte a entender la importancia de vivir en la verdadera sabiduría dando una respuesta adecuada a las ofertas que nos hace el mundo: “Con el dinero se puede comprar la cama, pero no el sueño; la comida, pero no la buena digestión; el lujo, pero no la belleza; la convivencia, pero no el amor; la diversión, pero no la felicidad; el crucifijo, pero no la fe; un lugar en el cementerio, pero no el cielo”. Para un buen cristiano el sueño, la buena digestión, la belleza, el amor, la felicidad, la fe y el cielo son el mismo Jesucristo.

El Espíritu hoy te está invitando a imitar a Salomón y pedir a Dios lo que te conviene, la verdadera sabiduría: el conocimiento interno de Jesucristo. Conociéndole a Él, teniéndole dentro, en tu mente y en tu corazón, habrás hallado la vida, porque en Él lo tienes todo. San Juan de la Cruz escribe lo que Dios Padre dice a quienes buscan la verdad en el Hijo: “te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra. Pon los ojos sólo en él , porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él más de lo que pides y deseas” (2 S 22,25).  Ojalá puedas decir con el salmista: “Mi porción es el Señor;  he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca  que miles de monedas en oro y plata”. (Salmo 118,57.72).

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Audio resumen del tema (21 m) 
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PowerPoint esquemático del tema:

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Julio 2026 
Casto Acedo 

jueves, 16 de julio de 2026

El mal, el maligno y la cizaña (19 de Julio)


EVANGELIO

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: 
-«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 

Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: 
-“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

Él les dijo: 
-“Un enemigo lo ha hecho”.

Los criados le preguntan:
-“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.

Pero él les respondió:
-“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Cuando  dejó a la gente y se fue a casa los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les contestó:
-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga
».

Palabra del Señor.

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Al final del texto encontrarás  enlace a audio (22 m. muy recomendables para quienes no gustan de tanta letra pequeña en el móvil) y unas diapositivas de síntesis en  PowerPoint.


El misterio del mal

"Tú, Señor, eres bueno y clemente" reza la antífona al salmo de este domingo (Sal 85).  Dios es bueno y toda la creación lleva la impronta de su bondad (cf Gn 1,31). Ante esto la pregunta surge espontánea en el corazón creyente: entonces ¿por qué existe el mal? Si Dios, es, además de bueno, todopoderoso ¿por qué no destruye todo lo malo?, ¿por qué permite la destrucción, la enfermedad, el sufrimiento y el dolor? 

Es una pregunta antigua que inspira un silogismo cuya primera  autoría  se atribuye a Epicuro (siglo III a.c.)  "Si Dios quiere impedir el mal pero no puede, no es omnipotente. Si puede pero no quiere, no es bueno. Si puede y quiere, ¿de dónde viene el mal? Si no puede ni quiere, ¿por qué llamarlo Dios y bueno?". 

La lógica es aplastante; y resulta curioso cómo a lo largo de la historia de la humanidad creyente, puesta a escoger, ha preferido mayoritariamente afirmar la omnipotencia de Dios aunque sea a costa de matizar o minimizar su bondad. En esto no hacemos sino imaginar un Dios adaptado a nuestros deseos, amante del poder y más vengativo que misericordioso.

Dado que tanto el bien como el mal forman parte de la realidad que tenemos ante nosotros, me atrevo a hacer una pregunta delicada, impropia de quienes acostumbran a dividir la realidad en estados puros de maldad o bondad: ¿puede el mal, de alguna manera, tener un soporte en la voluntad de bien? La pregunta es delicada y sutil porque, paradójicamente, parte de la idea de que la permanencia del mal en el mundo hay que buscarla en la realidad de un Dios Padre todopoderoso y misericordioso que quiere el bien para el hombre. ¿Es el mal simplemente ausencia o privación de bien? (San Agustín) ¿Es algo que Dios permite para sacar un bien mayor? (Santo Tomás de Aquino) ¿Tiene el mal un valor pedagógico para reconocer el enorme valor del bien? 

El libro de la Sabiduría nos da una pista para poner luz al problema: «Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos» (Sb 12, 16); Dios juzga con moderación e indulgencia, y  pide a quienes le escuchen que obren del mismo modo (Sab 12,18-19). El mal, la cizaña, no es querido por Dios, pero cuando su eliminación supone la negación o la muerte del hombre, Dios prefiere esperar: «Dejadlos crecer juntos (al trigo y la cizaña, al malo y al bueno) hasta la siega» (Mt 13,30). ¿Hasta donde llega esta paciencia? Hasta la cruz. En ella se revela la respuesta al problema del mal, una respuesta no teórica sino existencial: Jesús pasó haciendo el bien y luchando por erradicar el mal (Hch 10,38) pero no lo eliminó, lo deja estar como actor importante en el drama de toda vida humana que aspira a algo tan divino como es la libertad (Dt 30,15.19).

El misterio del Maligno. 

No se puede hablar del mal sin referencia al Maligno; así lo llama la Sagrada Escritura, que habla de "el Diablo", "Satanás" o "Lucifer" (cf Mt 13,38-39). A estos nombres y a la posible realidad que se pudiera esconder tras ellos nuestra cultura suele responderle con una sonrisa de incredulidad. ¿Existen? ¿Existe un Maligno personal? ¿O es una ilusión de la mente? Es un hecho que la Biblia lo ha personificado y le ha dado nombre. El mal existe y ha de tener un  origen. Si no hay un Maligno exterior, una serpiente tentadora y seductora (Gn 3,1), un enemigo que siembra cizaña de noche, el mal no puede ser sino algo congénito al ser del  hombre y la mujer, algo que formaría parte de la naturaleza de toda persona humana. 

La pregunta entonces es: la cizaña o el mal ¿lo lleva el hombre dentro o es inducido a él desde fuera? La tradición bíblica habla de la seducción del mal (Gn 3,1-6; Mt 13,22), por tanto no es algo connatural al ser humano creado a imagen del creador, sino algo que se añade o adhiere a sí mismo al dejarse seducir. Como se dice en la parábola del evangelio de hoy, "un hombre (Dios, Jesús)  sembró buena semilla (su Reino de bondad) en su campo (el mundo), pero mientras los hombres dormían los hombres (en la oscuridad, con la seducción del engaño)  un enemigo (el diablo) sembró cizaña en medio del trigo". 

El mal existe, ¿existe el Maligno? Negar al Maligno ¿no supone negar la bondad de la naturaleza humana?. Tal vez pueda ayudar a comprender esto meditar las renuncias que se piden al bautizando en el Ritual del Sacramento del Bautismo antes de profesar la fe: "¿Renuncias a Satanás?, ¿y a todas sus obras?, ¿y a todas sus seducciones?". El Maligno es el que ha sembrado la cizaña del mal en el corazón de la humanidad con sus artes de seducción. 

El Maligno y el mal forman parte del misterio. Pero caer en sus manos no es una casualidad; supone un asentimiento nada inocente; el remedio es discernir el corazón para purificarlo y recuperar la verdad, la bondad y la belleza original de nuestro ser.

Dios odia el pecado, pero ama al pecador

La revelación definitiva del "Dios bueno" la tenemos en su Encarnación. Jesús es Dios. Jesús de Nazaret es el mismo Dios declarando con su ejemplo que odia el mal y se compadece de los malvados. En la persona del Hijo muestra Dios su humanidad y ofrece una respuesta de misericordia para el pecador, y todo ello sin tener que bendecir el mal que  introduce en el mundo quien peca. Jesús justifica al pecador arrepentido, lo bendice (¡benditos los que se arrepienten del mal cometido!), pero no bendice su pecado, no vino a matar a los pecadores sino a invitarlos a conversión. 

La Sagrada Escritura, ya desde el Antiguo Testamento, evidencia esta  "debilidad" de Dios: «Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia... obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento» (Sb 12,18-19).

Todos sabemos que existe el mal, que a pesar de la Pascua redentora de Jesús, hay mucha mala hierba en y entre nosotros, en nuestra alma individual, en la estructura de la comunidad cristiana y en el mundo en general. A todos nos gustaría que las malas hierbas fueran  arrancadas de cuajo, pero ¿eres consciente de que en este caso Dios debería comenzar por arrancarte a ti y arrojarte fuera del mundo? T
ambién tú, aunque te niegues a reconocerlo, eres parte de la cizaña.  "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra" (Jn 8,7). Alguien siembra el mal  en nosotros «de noche». El enemigo es astuto, y en la oscuridad nos sorprende y encizaña nuestra vida. No nos damos cuenta, pero así es. 

Ante esta realidad tenemos una suerte tremenda: Dios no es vengativo; te ama como un padre ama a su hijo, y te perdona una y otra vez a la espera de que enmiendes tu vida. 


Esperar mientras llega la siega.

Mientras tú tiendes a dividir el mundo en buenos y malos -tú, por supuesto, te cuentas entre los buenos- y te escandalizas fácilmente del pecado ajeno, Dios tiene una visión distinta. Dios es puro amor, y enamorado del hombre tiende a ver más en él lo positivo que lo negativo -¡qué tiene mi niño de feo que no se lo veo!-,  y espera con paciencia que cambies de rumbo.

Situarte entre los necesitados de la clemencia de Dios te ayudará a ser comprensivo y tolerante. Estás llamado a ser como Dios es, es decir, a ser un padre que espera paciente el regreso del hijo pródigo, un pastor que busca la oveja que se ha descarriado, un discípulo que como Jesús perdona a Pedro su pecado,... ¿Cómo hubieras obrado tú en semejantes situaciones? Seguramente habrías jugado a ser juez y te habrías tomado la justicia por tu mano aplicando la ley del talión.

No seas impaciente. Dios permite la coexistencia -a veces escandalosa- del trigo y la cizaña. Jesús da tiempo a las personas para que maduren hasta que llegue la “hora”, ¿quién eres tú para precipitarte con intransigencia en tus juicios y acciones, descalificando y no perdonando?  Deja que sea el Señor quien juzgue; tú limítate a ponerte humildemente ante Él sabiendo que, aunque no te lo creas, tú también tienes tu parte de cizaña y como tal también encizañas el mundo.

Como ser humano, reconoce tus pecados; como seguidor o seguidora  de Jesús  reparte humanidad y compasión como  hizo Él. Siéntete parte de una Iglesia de santos y pecadores. La Iglesia de Jesús no es un grupo de élite, de gente escogida, no es una secta donde sólo cabe la perfección y toda mácula es rechazada; la Iglesia es un grupo donde el trigo y la cizaña, el bien y el mal, conviven a la espera del final de los tiempos, cuando el Señor, el único que tiene derecho a juzgar, separará el grano de la escoria.

Y no olvides algo muy importante: el poder de Dios es el amor; amar hasta el extremo, bondad infinita. ¿Quién puede amar como Él ama en la cruz? Dios quiere vencer y de hecho ha vencido al mal. Mira al crucificado. A pesar de sus sufrimientos, el maligno no fue capaz de sacar una blasfemia de su boca. Dice un santo Padre que el demonio en la pasión quiso morder y destruir el amor de Jesucristo, un amor puro y duro como un diamante; pero no pudo; apretó sus mandíbulas y sus dientes saltaron por los aires. Desde entonces el mal puede morder, puede moverse entre nosotros, pero no tiene el poder de dañar a quien ama,  porque ya no tiene dientes con los que inocular su veneno. 

No tenemos explicación racional para el mal; es un misterio; pero sí tenemos la seguridad de que la última palabra no es la suya; la última palabra  es de Dios. Contempla con simpatía la cizaña, hazlo con la mirada de Dios; trabaja por no dejarte seducir por  el engaño y la mentira del diablo; y si ves cizaña en tu hermano o en tu iglesia, deja que sea Dios quien decida el momento de arrancarla.

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jueves, 9 de julio de 2026

Escuchar la Palabra (12 de Julio)

Audio (17 minutos) y PowerPoint al final del texto


La Biblia habla de los ídolos como de seres mudos (1 Cor 12,2) que “tienen ojos y no ven, tienen boca y no hablan”, (Sal 115,5); también en los evangelios aparecen “demonios mudos”, que ni hablan ni dejan hablar, condenando al hombre al abandono de la incomunicación, al silencio y la soledad como signos de muerte (cf Mc 9,17-27).

Por su parte, Dios se hace tangible en la palabra, una  palabra “viva y eficaz, tajante como espada de doble filo” (Hb 4,12); Dice el credo que Dios habló por los profetas y finalmente nos ha hablado por el Hijo (cf Hb 1,1). La Palabra definitiva de Dios nos viene dada en el profeta por antonomasia: Jesucristo, Palabra hecha carne, (Jn 1,14). En él se cumple en plenitud la profecía: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, pare que de semilla al sembrador y pan al que come; así será la Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is, 55,10-11). 

La Palabra de Dios se hace operativa en Jesús revelando los misterios del Reino (parábolas, discursos) y realizando la promesa de salvación (milagros, conversión, sanación espiritual). De Jesús se dice que “todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7,37).

Dios se revela en la Palabra hecha carne

Cuando Jesús narra la parábola del sembrador, está poniendo al descubierto el corazón de cada uno de los que le contemplan y escuchan. Porque Cristo es el sembrador, que ha salido del seno de la Trinidad y se ha manifestado como Palabra-revelación salvadora. Unos le reciben y otros no, los primeros permanecen en la muerte, los que le escuchan alcanzan la vida de hijos de Dios (cf Jn 1,11-12). En la escucha o el rechazo de la palabra se manifiesta la aceptación o el rechazo de Dios mismo.

La semilla es el Reino de Dios, que, en definitiva también lo podemos personificar en Jesús, ya que él es el Rey; y abrazar los valores del Reino es abrazarle a Él. En una cultura como la nuestra, donde el valor de la “imagen” parece estar muy por encima de la “palabra” no conviene olvidar que la Palabra de Dios se visibiliza en Jesucristo, que no es por tanto discurso vacío de estilo filosófico, sino vida plena. Antes que discurso la Palabra es acontecimiento.

Modos de rechazar y acoger la Palabra

Pero yendo a lo concreto: ¿Cómo reaccionamos ante la Palabra de Dios? El mismo evangelio nos da tres ejemplos de respuestas negativas  y un ejemplo de aceptación positiva.


1. Oídos cerrados

Primeramente está la semilla “que cae al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron”; se trata de los que “escuchan la palabra del Reino sin entenderla”, ¿porqué? Tal vez por desinterés, porque tener embotado el corazón lleno de superficialidades, incapacita para entender. ¡A mí no me hables de esas cosas! ¡Lo importante es vivir el día a día, aprovechar el momento! Como le dijeron a Pablo en el Areópago: ¡Ya vendremos a oírte en otra ocasión! (Hch 17,32).

Al borde del camino la tierra está tan dura como el corazón apisonado por la banalidad; también por la rutina de quien ha hecho de la fe un rito o una teología desconectada de la vida.  Ahí todo lo serio y profundo rebota y es incapaz de arraigar; unos simples pájaros bastan para que la semilla ni siquiera tenga la oportunidad de humedecerse. En lugar así ni siquiera merece la pena sembrar. Es trabajo perdido. ¿No fue eso lo que le pasó a Jesús con los fariseos?  

Viene bien aquí el consejo de Jesús para cuando el sembrador encuentra un terreno insensible ante las realidades espirituales o endurecido por la rutina o moralina religiosa: “no deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas a los puercos” (Mt 7, 6a).


2. La inconstancia.

Viene luego lo que “cayó en terreno pedregoso... brotó enseguida; pero cuando salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó” ... significa que la escucha y la acepta enseguida con alegría, pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe”. Faltan raíces: no ha calado en profundidad. ¡Sí creo, pero...!.

A la Palabra le basta un “sí” o un “no”, le sobran los “peros” (cf Mt 5,37); cuando aparecen los "peros" es porque no la palabra 
se ha puesto en la base de la vida de modo incondicional , sino sólo como uno entre otros muchos recursos que se adaptan a la propia comodidad para ir tirando; no hay constancia. Ahora esto, mañana lo otro. Una espiritualidad de "culo de mal asiento".

¡Qué importante es la constancia! Si hay una virtud capaz de sacar adelante una cosecha es la constancia para desbrozar, quitar las piedras, remover la tierra, sembrar, arrancar las malas hierbas con cuidado, abonar...Los tiempos que corren son tiempos de prisas e impaciencias; todo tiene que ser ¡ya!

Los ritmos de Dios son distintos, la Palabra ha de ir empapando la tierra poco a poco, como la lluvia constante y la nieve. No son malos los momentos de euforia, pero siempre que no deslumbren y se tamicen en la constancia, a veces dolorosa y cansina, del día a día. Se requiere ser constantes en la escucha (¡todos los días un tiempo dedicado a la oración-escucha de la Palabra!) para conjurar así al enemigo que no ceja en su empeño de derribarnos.


3. Ahogados por los agobios.

En tercer lugar habla Jesús de lo que “cayó entre zarzas ... Es el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas los ahogan y se queda estéril”. 

Los afanes de la vida. Demasiadas preocupaciones. También hoy estos afanes forman parte de nuestra cultura. ¡Tengo tantas ocupaciones!: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10,41-42). 

El afán de hacer (tanto vales tanto haces), el afán de poseer (tanto vales tanto tienes) acaban por ahogar la vida (tanto vales, ¡tanto!, porque eres hijo de Dios).


4. El silencio y la escucha

La parábola concluye revelando la actitud correcta ante la Palabra: la semilla que “cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta... significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése da fruto”. 

Entender la Palabra de Dios. No basta con la buena voluntad. La Escritura requiere una correcta lectura; hay quienes no la entienden, porque sólo ven en ella una serie de historias inventadas por el hombre; otros la consideran desfasada; hay quien cree que basta un estudio pormenorizado de los géneros literarios y la historia de la redacción; otros la reducen a un conjunto de buenos consejos para la vida... ¡La Palabra es mucho más!

Acceder a ella es cuestión de fe y de una adecuada actitud de silencio y escucha; sólo desde ahí se percibe la Palabra como la voz de Jesucristo que habla, santifica e ilumina a sus discípulos. 

La lectura y escucha de la palabra se ha de hacer buscando en el silencio del corazón su sentido espiritual profundo, descubriendo en la meditación la afinidad entre el Espíritu que se manifiesta en la Escritura y mi propio espíritu; todo ello desde la profundidad del alma: hurgando, cavando, limpiando el terreno de mi corazón, para que entre dentro, germine y de el fruto de las buenas obras.

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Como la Virgen María, sé buen oyente de la Palabra". Escucha la Palabra, y permite que se cumpla en tí (Lc1,38)Así estas edificando tu vida sobre un cimiento sólido; si la desprecias o te limitas a ver en ella unas ideas preciosas sin conexión con tu vida, te estás perdiendo su riqueza, y puede que sin ella camines hacia la ruina (cf Mt 7,24-27).

No esperes grandes signos para responder a la llamada de Dios; de la escucha constante de su Palabra o del rechazo de la misma depende tu vida (cf Lc 16,29-31; Jn 15,3-5). ¡Revísate!,  ¿Qué clase de tierra eres? ¿Terreno duro sin desbastar? ¿Terreno pedregoso? ¿Vives entre zarzas? ¿Qué deberías de hacer para ser buena tierra? 

Contempla a María, Madre del Silencio, oyente de la Palabra. Ella fue tierra fértil, imagen de la Iglesia, solar fecundo donde arraiga y germina la salvación. Empapada por la lluvia y la nieve que son los dones del Espíritu, la Palabra de Dios se hizo carne en ella como en la mejor tierra; en María germinó el Salvador. Un buen modelo a venerar y un inmejorable ejemplo a seguir.

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Audio (17 minutos).
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PowerPoint
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Casto Acedo. Julio 2026

La sopa de piedra (2 de Agosto)

EVANGELIO  Mt 14, 13-21 E n aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tran...