Vivir "en el Espíritu"
Un discípulo preguntó al Maestro:
—¿Qué significa vivir “en el
Espíritu”?
El Maestro señaló una vela
encendida.
—Mira la llama. No vive para
sí misma; se consume dando luz y calor. Así es la vida espiritual: una vida
marcada por el amor.
—¿Entonces el Espíritu Santo
es amor?
El Maestro sonrió.
—Entre el Amante y el Amado,
el Espíritu es el Amor mismo. La misericordia de Dios fluyendo entre el Padre y el Hijo y desbordándose en la creación.
Luego añadió:
—Muchos creen que vivir en el
Espíritu es tener experiencias extraordinarias. Pero el Espíritu suele
parecerse más a una paciencia silenciosa, a un perdón inesperado, a una ternura
que no se cansa, un deseo de justicia que no se detiene ante nada.
El discípulo preguntó:
—¿Y cómo sé si alguien vive
en el Espíritu de Dios?
El Maestro respondió:
—Mira si ama. Porque donde el amor es verdadero, allí está
respirando el Espíritu Santo.
Son hermosas las enseñanzas de San Agustín sobre la Santísima Trinidad. En su tratado sobre el Misterio usa muchas imágenes y comparaciones para intentar comprender lo incomprensible y hablar de lo inefable. Se refiere a la Trinidad comparándola con las facultades del alma: memoria (Padre), entendimiento (Hijo) y voluntad (Espíritu Santo); o con la tríada que forman la fuente (P), el rio (H) y el agua que comparten (ES).
Una de esas comparaciones refiere que en Dios están presentes, “tres realidades: el que ama, lo que se ama y el amor. ¿Qué es el amor, sino vida que enlaza o ansía enlazar otras dos vidas, a saber, al amante y al amado? (De trinitate,9).
Cuando Jesús se acercó Bautista al Juan para recibir su bautismo, dice la Sagrada Escritura que “se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien complazco” (Mt 3,16-17)
Dios Padre es el amante que revela al Hijo desde el cielo. Jesús es el Hijo el Amado; y el Espíritu Santo, dice san Agustín, es el Amor de Dios recibido en el Jordán y vuelto al Padre en el momento de la Cruz, cuando “Jesús, clamando con voz potente, dijo: ´Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu´. Y, dicho esto, expiró” (Lc 23,46), es decir, soltó el Espíritu”
En el momento de su muerte Jesús parece decir al Padre: "todo está cumplido" (Jn 19,30); desde que comencé mi vida pública me he dejado arrastrar por tu Espíritu Santo, por tu mismo amor, Padre; Él “me ha ungido; me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia” (Lc 4, 18-19); ahora el Espíritu vuelve a Ti a la espera de Pentecostés, el día en que el mismo Espíritu de amor que estuvo conmigo sea dado a la humanidad toda para su santificación.
Vivir en cristiano es algo tan sencillo como conservar y dejar crecer en nosotros y en el mundo el amor que Dios nos ha dado con su Espíritu.
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"Ama y haz lo que quieras"
Son de agradecer los intentos de san Agustín por explicarnos lo inexplicable con comparaciones. La imagen de Dios como Amante, Amado y Amor evangeliza el corazón, porque pone ante él una verdad que a menudo olvidamos: la centralidad del mandamiento del amor. El mismo san Agustín resumió la moral cristiana en una frase escandalosa; algunos la consideran demasiado liberal, permisiva, rompedora; otros, los que conocen bien a san Agustín, saben que es una frase escandalosa no porque invite a la permisividad moral sino por su extrema exigencia: “Ama y haz lo que quieras”. Ama como Dios ama.
En su diálogo con la Samaritana Jesús, al referirse al culto debido a Dios le dice a la mujer:
“Se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”(Jn 4, 23-24).
Adorar a Dios en Espíritu y Verdad es adorarlo en la práctica del amor. Dios es Espíritu (es amor) y los que le adoran deben hacerlo amándole a Él y al prójimo con la misma intensidad con la que Jesús amó al Padre y nos amó a nosotros; hasta dar la propia vida por todos (cf Rm 5,8).
—¿Cómo sé si alguien vive en el Espíritu de Dios? – preguntó el discípulo.
El Maestro respondió:
—Mira si ama. Porque donde el amor es verdadero, allí está respirando el Espíritu Santo.
Un
minuto de silencio
Haz el minuto de silencio contemplando a la Santísima Trinidad, Misterio de amor. Mira como fluye el Amor entre el Padre y el Hijo; Padre e Hijo unidos por el Espíritu del Amor. Imagina una humanidad unida por ese mismo Espíritu. Sin guerras, ni hambre, ni enfermos desatendidos; sin violencia, porque el Espíritu de Dios, Espíritu de paz, lo llena todo.
Ora con santa Isabel de la Trinidad:
¡Oh,
Fuego abrasador, Espíritu de Amor,
«desciende
sobre mí» para que en mi alma
se
realice como una encarnación del Hijo.
Que
yo sea para El una humanidad suplementaria
en
la que renueve todo su Misterio de amor.
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Casto Acedo.
Mayo 2026








