jueves, 5 de febrero de 2026
La sal, la luz y la compasión (8 de Febrero 2026)
jueves, 29 de enero de 2026
Felices (1 de Febrero 2026)
Mt 5,1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados
vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por
mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el
cielo».
¡Palabra del Señor!
*
Camino de felicidad
La filosofía que esconde el texto de las bienaventuranzas parece filosofía de locos si se lee de tejas abajo, es decir, desde parámetros simplemente humanos. Sobre todo si nos quedamos con la primera parte de cada propuesta, sin pasar al “porque”; ¿tiene sentido decir “bienaventurados los pobres” sin añadir “porque de ellos es el reino de los cielos"? ¿Es de personas cuerdas decir "felices los que lloran" sin añadir que "serán consolados"? ... Y así todas.
El “porque” explica la causa de cada bienaventuranza o felicidad. No da la felicidad el hecho de ser pobres, llorar, tener hambre, perdonar, mantener limpio el corazón, ser perseguidos, etc. La causa de la felicidad presente en todo eso que supone esfuerzo o contrariedades humanas está en que hay de fondo: un Dios que ama, y que muestra ese amor en Jesucristo. En el horizonte de cada bienaventuranza está escrito: “porque” Dios te ama como amó a Jesús y por eso tu fidelidad no quedará defraudada. Serás feliz si te rindes a su Amor.
Ahora bien, es preciso advertir que la felicidad de la que hablan las bienaventuranzas no es un simple pasarlo bien o sentirse a gusto, un sentimiento placentero o un ocasional estado de ánimo. La felicidad es más bien un estado del alma, una felicidad interior que se vive cuando se está en comunión con el Creador. Desde esa comunión de amor -"Jesús me ama, yo amo a Jesús"-, la naturaleza humana, creada a imagen de Dios y conectada con el Espíritu y vida de Jesús, encuentra en las bienaventuranzas el proyecto de vida que Dios quiere para ella; el mismo modo de vida que quiso para Jesús.
Y ¿porqué aparecen en ese proyecto pobreza, hambre, llantos, sufrimientos y persecuciones? Tal vez porque Dios quiere que seas infinitamente feliz, plenamente dichoso, siempre bienaventurado, pero sin huir de la vida, sino más bien sorteando los obstáculos (cruces) que tiene la vida misma en su finitud. La felicidad en Dios no es un narcótico que anula tus sentidos sino un estimulante que despierta tu capacidad de sacrifico y amor.
Un retrato de Jesús
El Sermón del monte (Mt 5-7), y especialmente las bienaventuranzas, son una pasada cuando lo lees como un retrato de Jesús. Digo retrato y no fotografía porque un retrato no se limita a fijar automáticamente en un papel la imagen que enfoca sino que va más allá y apunta a describir las características misteriosamente ocultas del personaje retratado.
¿Qué son las bienaventuranzas sino una descripción de Jesús? Bajo el misterio de su persona hallas el sentido oculto de esos aforismos, su sabiduría: felices los pobres, felices los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los que trabajan por la paz, felices los perseguidos, … ¿No hablan del mismo Jesús estas sentencias? Y ¿quién las puede entender si no se adentra en su Misterio? ¿No era esto lo que quería decir san Pablo al hablar de Cristo Crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, que en la debilidad y la necedad de la Cruz se muestra más sabio y fuerte que los hombres (cf 1 Cor 1,23-25)?
La trayectoria profética de Jesús, su predicación y su vida resumidas en el mensaje de las bienaventuranzas, pone al descubierto la latente maldad que se esconde bajo el ornato de las riquezas, los placeres efímeros, la risa fácil, el desprecio del justo o la ostentación del poder. Ante todo esto la vida evangélica de Jesús pone en evidencia la grandeza de lo pequeño (Lc 1,46), lo cercano y lo humilde (Lc 21,1-4); revela la importancia de lo humanamente insignificante (Mt 11,25), la dignidad que posee quien se mantiene fiel a los principios del amor, la paz, el perdón y el amor en y a pesar del rechazo (Lc 21,12-19). Jesús es "signo de contradicción" (Lc 2,34), y esa contradicción se desvela en las bienaventuranzas, proclamadas "para que muchos en Israel caigan y se levanten; ... y para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2,34-35).
La lógica absurda de las bienaventuranzas -¿cómo casar “felicidad” con “pobreza”, “llanto”, “persecución”, “agravios”, etc”.?- sólo se esclarece contemplando el amor de Dios en Jesucristo. Y de un modo especial interpretando su vida desde la Pascua, acontecimiento que reconcilia sorprendentemente la aporía muerte-resurrección, núcleo del mensaje evangélico (Jn 12,24). Vivir cada una de las bienaventuranzas es morir a todo lo que me destruye (riqueza, violencia, soberbia, etc) y resucitar a la libertad de la pobreza, la paz y la misericordia, etc.
El final de la proclamación de las bienaventuranzas conecta con el final de la vida: “Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. Y aquí, para evitar una lectura exclusivamente escatológica, me permito citar a santa Teresa cuando dice que el cielo es dónde está Dios (Camino 28,2), y por tanto incluye también la interioridad de cada persona. La felicidad que Jesús predica no es sólo para el más allá, también lo es para el más acá. ¿Acaso fue Jesús un infeliz? Ciertamente sufrió con nosotros y a causa de nosotros, pero ya sabemos que quien es sensible al dolor no lo es menos al gozo (Mt 11,25). La felicidad, hemos dicho, es un estado del alma, y el alma, que canta el gozo de Dios, también sufre los propios errores y los pecados del mundo.
Practicar las bienaventuranzas
Sin olvidar los límites de nuestra naturaleza humana finita, nuestro Señor Jesucristo nos propone seguirle e imitarle si queremos alcanzar la verdadera felicidad. Aprendamos de
Él cómo practicar la felicidad, que básica y paradójicamente consiste en no buscarla para ti sino para el prójimo:
*Ahí
donde todos dicen dinero, dinero, dinero, …y venden al pobre por un par de
sandalias (Am 8,4-7) para conseguirlo, Jesús dice “no podéis servir a Dios y al dinero”
(Lc 16,13), e invita a gustar la vida en libertad, no atados a nada: “Felices
los pobres”. Compartiendo haces felices a tus hermanos y gozas tú mismo de la felicidad que repartes.
*Allí donde los poderosos ejercen el dominio devastando y empobreciendo la tierra con la sobreexplotación, Jesús invita a la economía doméstica, a la humildad, a la mansedumbre, al respeto y delicadeza para con las personas y la naturaleza como el camino más apropiado para la armonía social y el cuidado de la tierra. “Felices los mansos porque heredarán la tierra”. La humildad engrandece a las personas; los últimos serán primeros (Mc 10,11).
*A la madre que llora a su hijo enfermo o muerto a causa de un misil envenenado por el odio, Jesús le ofrece el consuelo de una iglesia explícita e implícita que en Caritas permanece abierta y en acogida a los sufrientes; y la promesa de que la victoria última es de Dios (Ap 7,10). “Felices los que lloran porque serán consolados”. Las lágrimas que muestran la sensibilidad ante el sufrimiento del mundo son ya un signo de redención.
*A
quienes se indignan ante la mentira, la corrupción, las manipulaciones, la
estafa, la prepotencia o el fariseísmo, Jesús les anima a ser profetas en
nuestro siglo, denunciando la injusticia y manteniendo la fidelidad con
valentía, honestidad y perseverancia, Jesús les dice: “Felices los que tienen hambre y
sed de justicia porque quedarán saciados”. ¿Quién sacia su sed de vida
sino el que se compadece de todos?
*Frente a la locura que proponen los discursos del odio y la venganza como solución a los problemas de la humanidad, Jesús habla de la compasión sin límites (Lc 23,24) como camino para un cambio sostenible de la vida personal, familiar, social, política y económica. “Felices los misericordiosos porque alcanzarán misericordia”. Ser compasivo es dar al otro una y otra oportunidad para convertirse a Dios.
*Ante quienes se empeñan en no ver a Dios como fuente y dueño de la vida, y justifican su ceguera y su barbarie con eufemismos tales como “muerte digna o eutanasia”, “interrupción voluntaria del embarazo”, “guerra justa”, “enriquecimiento lícito”, “droga legal”, etc., Jesús propone recuperar la mirada inocente, limpia y transparente del niño no pervertido por las sucias miradas egoístas (Mt 18,2). “Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Una mirada limpia disculpa los males y ama y promociona todo lo bueno que ve en los otros.
*A quienes se niegan a conversar aferrándose al dominio y la violencia como único modo de resolver los problemas, a los señores de la guerra, Jesús les enseña que el camino para la paz no puede ser otro que el encuentro, el diálogo y el perdón mutuo (Lc 6,27-29). “Felices los que trabajan por la paz”. La paz es un gran regalo para la humanidad.
*A los que rehúyen la responsabilidad y los compromisos que se derivan de la condición de ser humano o creyente cristiano, y viven bajo el miedo a represalias si hablan y obran la verdad en el momento oportuno, Jesús les anima a ser valientes, a no traicionarse y a mantenerse firmes en el momento de la prueba (Lc 12,4). “Felices cuando os insulten y os persigan por mi causa”. Es dichoso quien supera el miedo a proclamar la verdad y establecer la justicia.
*
Entrar en las bienaventuranzas es entrar en Jesús, Sabiduría inagotable de Dios. Quienes se abandonan a Él reciben las bendiciones que se profetiza en la primera lectura de hoy “no harán más el mal, no mentirán, no tendrán engaño en su boca. Pastarán y descansarán , y no habrá quien los inquiete” (Sf 3,12-13). Las bienaventuranzas son remedio para los males, alimento para el alma y paz para la vida.
Enero 2026
Casto Acedo
martes, 20 de enero de 2026
Conversión (25 de Enero 2026)
San Pablo, en el fragmento de la Epístola a los Corintios que se proclama hoy, nos hace ver cómo el abandono de Dios (Jesucristo) conduce a la perdición. Una lectura completa de la carta deja ver que en la comunidad cristiana de Corinto había grietas entre ellos por causas diversas; las había porque unos se consideraban más sabios y cultos que otros (1,18-19); había divisiones económicas porque unos eran más ricos que otros y abusaban de su posición ventajosa (11,17-22); divisiones porque quienes tenían dones y cargos especiales, se creían superiores al resto (1,10-13); y divisiones porque se crearon bandos entre quienes seguían a un predicador u otro: “Cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo”.
La unidad en la Cruz
Convertirse
El término griego que traducimos por “conversión” es “metanoia”, palabra compuesta de “meta” (más allá) y “noia” (noticia, pensamiento). La conversión a la que se invita aquí es a ir más allá de los propios pensamientos, dirigirse al pensamiento o filosofía de Dios que enseña Jesucristo. “En nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”. Una lectura profana de estas palabras puede malinterpretar que san Pablo no quiere la unidad (distintos pensamientos, un solo corazón) sino la uniformidad (un pensamiento único y un fanatismo sentimental). No se trata de eso sino de vivir “un mismo pensar y sentir con Jesucristo”, que pone a Dios como el garante de la escucha, la dignidad y el respeto mutuos.
Convertirse
es pasar por encima de nuestras particulares creencias particulares, de nuestras ideas propias acerca de la vida y
el mundo, pasar por encima de nuestros etnicismos, racismos, regionalismos, nacionalismos, partidismos, cristianismos, etc.
y poner el foco en Aquel que nos une a todos en la Cruz, Aquel que puso el Amor en el centro de la vida. “Ama y haz lo que quieras”, dijo san Agustín, y podemos decir al hilo de la
enseñanza paulina de hoy: “ama, escucha, respeta, dialoga, colabora con todos en la construcción de un mundo más justo. Sé siempre
motivo para la unión”. Esto es convertirse a la cercanía del Reino de Dios, volverse a la mentalidad de Jesús que va más allá de nuestros convencionalismos.
Todo esto de la conversión, hoy como siempre, ha de ser tomado en serio. Para la conversión eclesial no se trata de ahondar en sacramentalismos, ni en teologías y predicaciones de excelencia. "No me envió Cristo a bautizar -dice san Pablo- , sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo". Se trata más bien de anunciar el Evangelio con el propio testimonio de amor personal y comunitario, llenándome de Dios y abrazando con mis hermanos la única Cruz que salva: Jesucristo. Sólo desde Él es posible la unidad y la sinodalidad en la Iglesia; y el éxito y frutos de la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2026, que se cierra hoy.
*
Todo un mensaje de reconciliación cristiana personal y eclesial el que nos ofrece hoy la Palabra: poner a Cristo y su Cruz en el centro de nuestra alma, recuperar la Cruz como signo de unidad en la Iglesia y salvación para la humanidad, y trabajar unidos desde ese centro que es Jesús por un mundo más humano, es decir, devolver a Dios al hombre. Tarea de Jesús, tarea de sus seguidores. ¡Convertíos!
¡Feliz domingo!
* * *
*
SEGUNDA OPCIÓN
EVANGELIO
Mt 4,12-17
jueves, 15 de enero de 2026
Cordero de Dios (18 de Enero)
EVANGELIO Jn 1,29-34.
Jesús, Cordero de Dios
El Bautista presenta a Jesús como “el Cordero de Dios". No es este el lugar para describir con detalle la profundidad de la teología que encierran este título: "Cordero de Dios que quita el pecado". Baste señalar que viene a significar que el mismo Dios, en un gesto inaudito, ocupando el lugar del sacrificio del cordero pascual prescrito en el Antiguo Testamento, muere en la cruz cargando con tu pecado y el mío (cf Is 53,7.11).
La misión que Jesús comienza a realizar tras recibir el bautismo de Juan consistirá en liberar a la humanidad de la esclavitud a la que le somete el mal. Lo hace por puro amor, dispuesto incluso a morir para llevar a cabo la tarea encomendada por el Padre. Es algo admirable e incomprensible; el inocente ocupa en el sacrifico (cruz) el lugar de los culpables: “Ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5,7-8). Decir “Cordero de Dios” es decir “amor y perdón de Dios”.
¡Cuánta teología hay aquí! ¿Y para qué sirve? Entre otras cosas para entender y disfrutar la Eucaristía. Supongo que si lees este comentario es porque eres asiduo a la misa dominical, y si no acércate este domingo. Desde aquí te invito a que en ella contemples y tomes conciencia de lo que significa el título “Cordero de Dios” aplicado a Jesús.
Cuando hablamos de “perdón de los pecados” todos pensamos en el sacramento de la Reconciliación o Penitencia. Si tengo pecados voy y me confieso; así lo aprendiste. Pero quiero que hoy descubras que no sólo en el sacramento de la Penitencia se recibe el perdón de Dios. Éste se otorga también en los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. ¿En la misa? Sí, en la misa.
Tengo la impresión de que muchos consideran la misa como una devoción entre otras, una especie de lugar para pedir ayuda o recibir el premio como buenos cumplidores de los mandamientos. De pequeño me enseñaron que para comulgar debo pasar antes por el tribunal de la Penitencia y recibir la absolución del sacerdote. Y entonces ¿para qué los gestos penitenciales del Ritual Romano de la misa?:
*Reconozcamos nuestros pecados: “yo confieso ante Dios, … que he pecado mucho...”;
*Kyries: "Señor, ten piedad"... "El Señor perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna";
*Oración secreta del sacerdote antes del evangelio: “Per evangelica dicta deleantur nostra delicta”- “Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados”;
*Palabras de la consagración. “Tomad y comed esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros… mi sangre derramada … para el perdón de los pecados”;
*”Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ¡ten piedad de nosotros!, … ¡danos la paz!”
*Abrazo al hermano: “La paz sea contigo”.
*El modo en que el sacerdote presenta la Eucaristía antes de comulgar: “¡Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”
*Tu respuesta. “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
¿Son todos estos gestos y palabras de la liturgia un simple “teatro”, una ficción, y no una realidad sacramental? Si los sacramentos hacen presente y actualizan realmente lo que significan, ¿podemos negar el valor sacramental del perdón recibido, por ejemplo, en el momento de la consagración? Cuando el sacerdote repite las palabras de Jesús en la última cena, "mi sangre, derramada ... para el perdón de los pecados", ¿está simplemente relatando la institución de la Eucaristía o se está realizando ahí, y en ese preciso momento, el misterio de la Pascua redentora del Señor? ¿Se está diciendo teórica o didácticamente que Jesús me perdonará o me está perdonando de hecho?
¿Hay que acercarse a la misa purificado de todo pecado? Me cuesta creer que sólo puedan disfrutar las riquezas de la misa los que ya son santos, y que seamos excluidos los pecadores. Es más, creo que los santos no necesitan de la misa. Lo decía Jesús: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos” (Mt 9,12); san Pablo lo dice con otras palabras, denunciando a quienes creen que pueden salvarse a sí mismos cumpliendo los mandamientos; para ellos la misa sería un adorno inútil e innecesario: "Si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano" (Gal 2,21).
Digo todo esto no para devaluar el sacramento de la Penitencia, que tiene su momento y su lugar, sino para mirarlo en íntima conexión con la Eucaristía (la Pascua del Señor) y con todo lo que en ella recibimos.
Suelo decir a quien presume de que lo importante es ser bueno y no ir a misa, que "la misa es para los pecadores, no para los justos". ¿Eres perfecto? Pues no hay necesidad de que vayas a misa. A ella sólo vamos los que sabemos que necesitamos de Dios para llevar la vida adelante con amor. Entre los que no entran en la Eucaristía (aunque vayan a misa, porque una cosa es ir a misa y otra entrar en ella) creo que se encuentran éstos, los que ya se saben santos (fariseos) y dicen que no necesitan de rezos. Hay quien reduce la vida a normas y leyes morales, y ven en la comunión eucarística un premio por su cumplimiento. Y no: la misa no es para santos sino para pecadores (cf Mc 2,17). ¡Cómo cambiaría nuestra pastoral sacramental si entendiéramos bien esto! Pero tal vez para esto necesitemos un tiempo de conversión pastoral hacia una Iglesia menos legalista, más consciente de sus debilidades y con agentes de pastoral más misericordiosos (santa).
Déjate perdonar (amar) por Jesús
Quede como reflexión lo dicho antes. Ahora tú, que ya participas asiduamente en el sacramento eucarístico, escucha y mira; abre los oídos y los ojos de tu corazón a Juan Bautista y a la Iglesia que ponen ante ti el sacramento eucarístico diciéndote: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Admírate de lo que se te permite ver y oír en la misa. "¡Dichosos los invitados a la cena del Señor!". El Omnipotente se abaja a estar contigo, te invita a entrar en su Reino; Él mismo quiere habitar en el aposento de tu alma; estar contigo como deseó estar con Zaqueo: “¡Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa” (Lc 19,5). Respóndele con confianza y humildad,: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
Permite que Jesús te abrace; descarga en Él todos tus errores, tus equivocaciones, tus pecados; permite que entre en tu vida su perdón; Él quemará tus basuras en la hoguera de su corazón encendido en amor. La basura que arrojas en Él aumenta la llama de la hoguera divina; a más perdón, más amor; al acercarte arrepentido a Él se cumple lo que dice san Pablo: "la ley ha intervenido para que abundara el delito; pero, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que, lo mismo que reinó el pecado a través de la muerte, así también reinara la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo" (Rm 5,20-21). Deja que tu corazón arda en el suyo. Y, purificado de tus faltas, descansa en sus brazos y agradece.
Detrás de toda teología genuina hay una experiencia. Antes que los evangelios existió Jesús, su mensaje, y su pasión, muerte y resurrección. Buena es la doctrina, porque enseña, pero de poco sirve si esa enseñanza no conecta con la vida. Hoy, en tu oración, puedes repetir una y otra vez: "Cordero de Dios", "Cordero de Dios", "Cordero de Dios", ... dejando que la palabra se deslice desde la mente al corazón y desde corazón a la calle. Cuando salgas de la misa y vuelvas a tu vida familiar, laboral o de ocio, observa cómo tu mirada sobre el mundo es más feliz y misericordiosa. Has descubierto que hay un Dios que te ama y ha apostado por ti. Jesús, Cordero de Dios, en la cruz carga con tu pecado. Cada misa actualiza ese misterio de amor. Como el Bautista hazlo saber a otros: “yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios”.
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Otro comentario a la Palabra de hoy en:
https://blogdecastoacedo.blogspot.com/2020/01/he-visto-y-doy-testimonio-19-de-enero.html
¡Feliz Domingo!
Enero 2025
Casto Acedo
La sal, la luz y la compasión (8 de Febrero 2026)
EVANGELIO Mt 5,13-16. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con ...
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EVANGELIO Lc 9, 28 – 36. J esús tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. Y mientras oraba, su rostro cambió de aspecto ...
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Hace dos años que este comentario acerca del Sacramento de la Penitencia fue publicado en este blog. No viene mal reconsiderar cada año lo ...
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EVANGELIO Mt 6,1-18 “Cuando hagas limosna, ... cuando oréis..., cuando ayunéis, ... lo note, no los hombres sino tu Padre, que está en lo es...



