viernes, 19 de junio de 2026
No tengáis miedo (21 de Junio)
jueves, 11 de junio de 2026
Compasión (Domingo 14 de Junio)
Palabra del Señor.
jueves, 4 de junio de 2026
Corpus Christi (7 de Junio)
"La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan” (1Cor 10,16-17).
viernes, 29 de mayo de 2026
Santísima Trinidad (Domingo 31 de Mayo)
“El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de fe" . Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos. (Catecismo de la Iglesia Católica, 234)
NOVENA TRINIDAD - 9. TRINIDAD Y RESURRECCIÓN
La Santísima Trinidad, Dios de vivos
Cerramos nuestra novena a la Santísima Trinidad meditando sobre algo que odia nuestra cultura: la muerte, una realidad a la que queremos escapar, pero que todos “viviremos” en algún momento. Y digo “viviremos” porque desde la perspectiva cristiana la muerte no es el cierre de la vida sino la apertura a una “vida nueva”. La vida como los ríos, desemboca en el mar, que no es sino el lugar de su origen, el punto de partida de las nubes que vierten su agua generando los ríos.
Lo primero que hay que decir que la Santísima Trinidad no es Dios de muertos sino de vivos. Dice Jesús:
“Que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». (Lc 20, 37-38).
Y el libro de la Sabiduría sentencia:
“Dios no ha hecho la muerte, ni se complace destruyendo a los vivos. Él todo lo creó para que subsistiera | y las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo reina en la tierra”. (Sb 1,13-14)
La Santísima Trinidad estuvo presente toda ella, todo Dios, en la muerte del Hijo. En la cruz el Padre entrega al Hijo, el Hijo se entrega libremente y el Espíritu Santo es entregado al expirar Jesús. Pues bien, también la resurrección del Hijo es obra de la Trinidad. Hay textos del Nuevo Testamento que hablan de que el Hijo resucitó (1 Cor 15,4; Rm 6,9; etc), otros afirman que el Padre resucitó a su Hijo (Hch 2,32; Rm 6,4; Gal 1,1; Ef 6,20; etc, y otros textos donde se menciona que el Espíritu vivificador lo resucitó (Rm 1,4; 8,11).
Pensemos y meditemos hoy que el destino final del creyente es la resurrección. Son muchos los trujillaneros que a lo largo de siglos han adorado a la Santísima Trinidad y han venerado a Dios en su imagen. Toda su vida, sus esfuerzos, sus lágrimas y sus alegrías, sus desvelos por el prójimo, su amor a Dios, ¿se perdió con la muerte? Sería el fracaso no sólo de nuestra fe sino también de toda vida; porque si “el río desapareciera sin tocar el mar” no habría retorno, ni agua, ni rio, ni mar. Pero, como dice san Pablo:
“Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, las cosas que Dios ha preparado para los que le aman”. (1 Cor 2,9).
El mismo optimismo respira san Pablo en este texto de sabor trinitario sobre la resurrección:
“El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”. (Rm 8,11
Traigamos a la mente para recordar, y al corazón para sentir y orar, a todos nuestros hermanos difuntos. Y ante la Santísima Trinidad, que “no es un Dios de muertos sino de vivos” agradezcámosle lo que Dios nos dio en todos ellos. Si estamos aquí es porque nuestros padres, abuelos, bisabuelos y todos nuestros antepasados, construyeron este templo, adquirieron esta imagen de la Santísima Trinidad y celebraron esta fiesta.
El credo habla de “la comunión de los santos”, una verdad de fe que nos enseña que no andamos solos por el mundo como peregrinos; también la Iglesia del cielo nos acompaña, vive en comunión con Dios y con nosotros. Por eso con los ángeles y los santos en cada misa cantamos la gloria de la Trinidad.
Un minuto de silencio
La Santísima Trinidad es “Dios de vivos”. La Vida fluye entre las tres personas del Misterio y se desborda en la creación, y especialmente en el corazón de la humanidad. DE Él venimos, hacia Él caminamos, y mientras esperamos el encuentro definitivo con Dios y con los santos que nos precedieron, alabamos y bendecimos a Dios en la confianza de que el movimiento del universo y nuestros movimientos conducen a Él:
jueves, 28 de mayo de 2026
NOVENA TRINIDAD - 8. Trinidad y sanación
Contra el exceso de mal, exceso de bien.
Todos hemos acudido alguna vez a Dios pidiendo sanación para nosotros o para alguien a quien amamos y esperando ser escuchados en nuestras peticiones ¿Puede curar la Santísima Trinidad todas las enfermedades? Si por “curación” entendemos la restauración física y automática del cuerpo dañado o el alma rota, hemos de decir que sí. Dios ha obrado en la historia milagros que sanan el cuerpo y el Espíritu. El mismo Jesús obró milagros, y eso no lo podemos negar. Si Dios es “Todopoderoso”, y así lo afirma nuestra fe, el poder de sanar enfermedades lo tiene. Sin embargo, el dolor y el mal siguen existiendo.
No podemos entender el misterio del mal. Por eso decimos que es un misterio. Hay una sentencia sobre el poder de los dioses
para sanar que se le atribuye a Epicuro (siglo IV a.c.) y que se ha ido repitiendo a lo largo de los tiempos: “Si Dios quiere eliminar el mal y no puede,
no es omnipotente. Si puede y no quiere, no es bueno. Si puede y quiere, ¿por qué existe el mal?”.
Los grandes teólogos de la Iglesia han intentado responder a esta pregunta. San Agustín decía que el mal no es una “cosa” creada por Dios, sino una privación del bien, ligada a la libertad humana. Santo Tomás de Aquino sostuvo que Dios puede permitir males para sacar bienes mayores. Otros ven el sufrimiento unido al amor, la libertad y el crecimiento espiritual, especialmente a la luz de la cruz de Jesucristo.
Sea como sea, la filosofía no ha sido capaz de responder con claridad a la pregunta sobre el mal. Y la teología cristiana sólo tiene una respuesta para esa pregunta y esa respuesta es Jesucristo. Que no explicó el mal, con lo cual le permanece en el misterio, pero sí nos enseñó cómo afrontarlo; y lo hizo no sólo con palabras sino con hechos:
“Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10,37-38)
La respuesta de Jesús al problema del mal es la de no pasar de él sino oponerse a él con la fuerza del bien. Ante el exceso del mal (odio) Jesús opone el exceso del bien (amor). Esta es la victoria de la Cruz: el mal no consiguió doblegar el amor del bien encarnado en Jesús. A éste no le preocupaba tanto el bien propio como el ajeno, es decir, respondió al mal no por interés personal sino por amor.
Cuando nos preguntamos acerca de qué está haciendo Dios para evitar el mal en el mundo Jesús parece dar una respuesta que no suele gustarnos: “Te he hecho a ti”. Y, aunque haya situaciones o realidades a las que no encontramos sentido, es cierto que muchos de los males existentes (hambre, guerras, marginación, abusos, etc) vienen causados por el odio y el egoísmo de la humanidad.
El toque de Dios
Decía el maestro Eckhart que ser espiritual y sabio sólo es posible cuando se ha llegado o traspasado la mitad de la vida, es decir, cuando ya se han derrumbado totalmente o en parte los proyectos idealistas que se tenían: familia feliz, buena posición social y económica, familia feliz, etc.). Cuando esto se derrumba, cuando ya vienen los achaques físicos y el cansancio de la vida, cuando comienzan a morir ante tus ojos aquellos con los que has compartido muchos de tus años, entonces tocas fondo; y uno de esas cosas que nos hacen tocar fondo es la enfermedad física y el desaliento espiritual.
Ahí, en la “humillación” de la soberbia juvenil, me doy cuenta de que necesito de Dios, y recurro a Él. Y está bien, siempre que lo haga desde la humildad y no desde la exigencia. Porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.(1 Pe 5,5; Sant 4,6; cf Lc 1,52).
La Santísima Trinidad es “salud”, palabra que proviene del latín “salus”, y que significa tanto salud como salvación. ¿Cómo lo hace? Tocando tu alma con su gracia. Pero debes permitir que te toque reconociendo tu debilidad, aceptándole como salvador y orando en el despojo y silencio de tu ser.
El Padre no espera que seas fuerte para amarte.El Hijo no vino a condenarte, sino a cargar contigo.Y el Espíritu Santo entra en el alma cuando por fin encuentra silencio.
El remedio a tus enfermedades exige de ti que no rehúyas el amor del Padre, que aceptes que el Hijo te ayude a llevar tus cruces y que entras en el silencio de la oración invocando al Espíritu que sana el corazón enfermo. En una palabra, si con fe buscar tocar a Dios como la mujer hemorroísa (cf Mt 9,18-26) o te dejas tocar los oídos y la lengua como el sordomudo del evangelio (Mc 7,31-37), vas por el buen camino de la sanación corporal y espiritual. Con el toque de la gracia “dejarás de sentirte solo. Y donde termina la soledad, comienza la sanación de la Santísima Trinidad”.
Minuto de Silencio:
Pide a Dios el don de conocer su amor que cura (cuida, da sentido y si es su voluntad sana materialmente) todas tus enfermedades y dolencias.
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TEXTO BIBLICO 1 Cor 11, 23-26 (2ª Lectura) Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Seño...

