jueves, 8 de octubre de 2026
El banquete (11 de Octubre)
lunes, 5 de octubre de 2026
Decálogo de un buen lector
1
1. Sentarse cerca del Ambón y avanzar con naturalidad, haciendo una inclinación sobre el altar (o el celebrante) con digna sencillez.
2
2. Antes asegurarse de que el libro y la lectura es el que corresponde. No hacer ruidos con las páginas y darle la vuelta sin cortar la lectura.
3
3. Esperar un momento antes de comenzar. No leer lo que está en rojo.
4
4. Decir el título con toda claridad y hacer una pausa. Lo mismo al final, hacer una pausa antes de decir con nitidez la expresión “Palabra de Dios”. Que se distinga el texto de lo demás.
5
5. Leer el texto con dicción correcta, sin correr, con claridad, con piadosa y ejemplar actitud.
6
6. Cuando se han terminado las lecturas volver a su sitio con digna discreción, como se hizo al subir.
7
7. Saber que los domingos y fiestas normalmente hay dos lecturas, una del Antiguo Testamento y otra del Nuevo Testamento (salvo en pascua, que se lee los Hechos de los Apóstoles).
8
8. Después de la primera lectura se proclama el Salmo Responsorial, compuesto de un estribillo o antífona y de unas estrofas. Lo normal es que sea cantado, pero si no es posible, por lo menos el estribillo para que responda el pueblo.
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9. Antes del Evangelio, de pie, se canta el Aleluya, obligatorio en Pascua. En los otros tiempos (o a diario) si no se canta puede omitirse.
10
Los días de diario solo hay una lectura, el salmo y el evangelio, al que puede preceder el aleluya cantado o un versículo.
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Una idea clave
El buen lector no busca que la gente diga «qué bien lee», sino que la asamblea pueda escuchar, comprender y acoger la Palabra de Dios.
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Para ampliar:
https://www.youtube.com/watch?v=VwRY0qa1I5Q
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Septiembre 2026
jueves, 1 de octubre de 2026
Matar al Heredero (4 de Octubre)

La Iglesia está llamada a alabar y adorar a Dios con sus palabras, con sus celebraciones, con los dones que ella misma ha recibido de Dios, con su entrega al servicio del mundo. No obstante y con frecuencia se vende a dioses extraños como lo son el éxito temporal, la autosatisfacción, el triunfalismo, el dominio sobre las instancias sociales o la acomodación al sistema imperante. Con sus idolatrías la Iglesia revive hoy la tragedia de volver la espalda a Dios, de no dejarle hueco, de “matar al Hijo” y querer quedarse la viña en propiedad cuando le ha sido dada sólo para administrarla (servicio).
La parábola de los viñadores homicidas se sigue actualizando, porque los hombres siguen despreciando la sabiduría de Dios y se creen dueños cuando solo son administradores de los bienes de la creación; la historia no deja de repetirse: “los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.” (Mt 21:38-39).
¡Matemos al Heredero! ¡Matemos a Dios! Esa voluntad de muerte la vemos hoy en Gaza, Ucrania, Golfo Pérsico, Siria, El Congo, Somalia,... Tras la violencia se esconde el mismo pecado: "¡Matamos al heredero y nos quedamos con su herencia (sus recursos naturales: su petróleo, sus tierras raras, su mano de obra barata, ...)!" . No es lícito culpar de los males del mundo a Dios o a instancias religiosas o eclesiales; los últimos grandes conflictos mundiales brotan a la sombra de un mundo ateo y secularizado que ha ninguneado a su Creador y Redentor. Muerto el Padre se ningunea al hermano. Son muchos los que reconocen abiertamente que la muerte de Dios en nuestra cultura conduce irremediblemente a la muerte del hombre: “Esperando que diese el fruto dulce de las uvas, dio el fruto amargo de los agrazones” (Is 5,2). En una tierra donde debería crecer la generosidad, la cordura, la confianza y el amor entre hermanos, han crecido la avaricia, la locura, la sospecha, la conspiración, el robo y el crimen entre extraños que no se reconocen.
El olvido de Dios se convierte en un cáncer para quienes lo permiten. Hay un efecto bumerán cuando se rechaza a Dios; quien le da la espalda, él mismo se excluye de sus bienes y se acarrea la ruina. Le sucede como a la viña que no da fruto: “Haré de mi viña un erial que ni se pode ni se escarde. Crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella” (Is.5-6). No es que Dios se olvide de hecho de sus hijos, algo que sería incompatible con su ser Padre y Madre (cf Is 49,15); son los hijos los que libremente al repudiarle, al negarse a aceptar el proyecto (plan) de vida que tiene para ellos, rechazan su futuro, su realización plena.
La parábola de los viñadores homicidas, como imagen de la pasión y muerte de Jesús, no viene a condenarte sino a pedirte que te conviertas por la contemplación del amor de Dios. Pregúntate hoy por tu propia vida y la del mundo que habitas:
jueves, 24 de septiembre de 2026
Más en las obras que en las palabras (27 de Septiembre)
Ante tal exceso de verbo ¿no te asalta a la tentación de cerrar el oído, de huir antes de que la incontinencia verbal te asorde? ¡Basta ya! Sorprende que una cultura tan charlatana tenga a gala presumir de que “obras son amores y no buenas razones.” Nuestra sociedad se dice pragmática, más amiga del hecho que de la palabra, y sin embargo es la demagogia, no los hechos, lo que anega el ámbito público.
Lo cierto es que hablamos, hablamos y hablamos, pero dejamos poco espacio al silencio, la meditación y la acción. Una palabra sin el aval y la solidez de las obras queda descolgada, vacía, carente de significado real. La verdad sin la bondad deja de ser tal. Incluso el niño más pequeño sabe que sólo la realidad de los hechos verifica el dicho; sólo las acciones dan validez a las dicciones. ¿Tiene sentido decirle a tu hijo "no fumes" mientras sostienes un cigarrillo entre tus dedos? ¿Qué valor tienen tus quejas contra la empresa en que trabajas si tú mismo eres injusto con tu mujer, con tus hijos, con tus empleados, con tus vecinos...? ¿Vale para algo la palabrería mecánica de una oración no acompañada por la vida? "Cesad de obrar mal, aprenden a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces venid y litigaremos, dice el Señor." (Is 1,16-18).
jueves, 17 de septiembre de 2026
El amor no es envidioso (20 de Septiembre)
San Mateo, con la parábola de los trabajadores de la viña que reciben igual paga por horas dispares de trabajo (Mt 20,1-16) invita a los cristianos procedentes del judaísmo a cambiar de mentalidad haciéndoles comprender que la recompensa de Dios es don y no fruto de sus esfuerzos; es un regalo inmerecido y es igual para todos. Esta nueva imagen de la justicia de Dios, que la equipara a su misericordia, confundía a los que habían sido educados en una religiosidad del mérito personal y el “ojo por ojo y diente por diente” (Mt 5,38).
"El amor no es envidioso", dice san Pablo (1 Cor 13,4). Imita, pues, el espíritu evangélico y actúa en tus relaciones con criterios de misericordia; busca la justicia que permite que todos los pueblos y todas las personas puedan gozar de la prosperidad que tú has alcanzado. Trabaja para que la mentalidad de Dios sea prioritaria en las relaciones humanas. Si así lo haces no debes temer nada, o tal vez sólo la crítica de quienes siguen anclados en su religiosidad añeja y calculadora; pero a esos les puedes decir con Dios: “¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener envidia porque soy bueno?” (Mt 20,16).
El banquete (11 de Octubre)
EVANGELIO Mt 22,1-14 Jesús tomó la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos ...
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EVANGELIO Mt 14, 13-21 E n aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tran...
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Ofrezco aquí dos comentarios a la Palabra del Domingo. El primero, más eclesial y social, iluminando la necesidad superar los dualismos para...
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EVANGELIO Mateo 16,13-20 En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente...



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