jueves, 10 de septiembre de 2026

La puerta del perdón (13 de Septiembre )

EVANGELIO Mt 18,21-35

Se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de est
o, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 

Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 

Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

 Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Palabra del Señor.

* * *
Puedes escuchar ampliado el contenido de este tema, con duración de 24 minutos en:


S
omos muy dados a la auto-indulgencia, a la mano blanda y bondadosa para con nosotros mismos y para con aquellos a los que sentimos más nuestros; y somos duros a la hora de emitir juicios y sentencias condenatorias  sobre quien no es de nuestro círculo de amigos o parientes. Con esta actitud hacemos verdadera la palabra de Jesús: “¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano, y no adviertes la viga que hay en el tuyo?” (Mt 7,4). 

La  capacidad para ver la mota en el ojo ajeno y la impotencia para verla en el propio resume bien nuestra forma habitual de pensar y de actuar. ¡Cuántas veces nos quejamos de lo mal que nos mira o nos trata tal o cual persona! ¡Cuántas veces echamos la culpa de los problemas sociales locales o mundiales a los otros (políticos, vecinos, adversarios,...)! ¡Cuántas veces hemos acusado a Dios de ser injusto con nosotros! Y ha de venir Él a decirnos que no es su proceder el injusto sino el nuestro (cf Ez 18,25; Job 42,1-6), y a recomendarnos un cambio de visión, una purificación de la mirada (cf Mt 7,5; Ap 3,18).
 
Observar desde fuera; meditar, contemplar. 
 
Tal vez el signo más evidente de la decadencia de una sociedad sea la pérdida de la visión correcta sobre sí misma. Mientras los miembros de la comunidad sean capaces de mirarse desde la perspectiva de los otros y de Dios las cosas pueden funcionar más o menos bien. Pero cuando el punto de vista se sitúa en el ombligo de cada cual, la ruptura y la decadencia están servidas. 

El ocaso de una vida virtuosa suele comenzar por la queja sistemática:

 *Se queja el obrero de lo injusto, duro y exigente que es su patrón, de la poca consideración en que le tiene... Y al llegar a casa no es consciente de que también él es duro y exigente con su mujer, con sus hijos, y con todos aquellos que están bajo su autoridad o influencia.
 
*Se queja el joven de las injusticias sociales, de la falta de solidaridad de los mayores, de la opresión a la que quieren someterle sus padres... Y no ve su propia insolidaridad con los compañeros ni cómo sus actitudes soberbias hacen sufrir a sus padres.
 
 *A su vez el adulto se queja agriamente de los jóvenes tachándolos de irresponsables, vagos, caprichosos…, y, obsesionado el adulto con lo que hubo de sufrir para forjarse un futuro, no ve la vida cómoda y aburguesada que disfruta en el presente, espejo en el que se miran los jóvenes a los que critica.

*El ciudadano del mundo próspero lucha sin tregua por defender su derecho a la vida, al pan, a una vivienda digna para él y para los suyos; nunca le parecen suficientemente satisfechas sus necesidades… y no ve que a cuatro pasos de su casa (porque los medios de comunicación y transporte han acortado enormemente las distancias en la aldea global) en Ucrania, en Gaza, en Líbano, en Siria, en Libia, Nicaragua o Afganistán, etc.. hay personas que se ven privadas de los derechos más elementales.

*Por su parte, el hombre de Iglesia se duele del poco interés del mundo por Dios, de la falta de compromiso eclesial, de la marginación que sufre la Iglesia en círculos secularistas... Y centrado en los rezos no es capaz de ver su escaso compromiso social, su flojo o nulo trabajo serio por la evangelización o el indecente ninguneo al que somete la Iglesia a la mujer, aceptada y alabada como servidora en tareas menores pero privada del derecho al sacramento del orden o alejada de cargos de cierta responsabilidad. 

Cuando las cosas están así nos hace falta una mirada desde la otra orilla, la de Dios, observar la realidad tal como es desde Él quitándonos las gafas de nuestro egoísmo para observarnos tal como realmente somos: hipersensibles para reclamar nuestros derechos y fríos, duros, superficiales e insensibles para facilitar esos  derechos a los demás. 

 
La puerta del perdón
 
La Parábola de los dos deudores (Mt 18,21-35) habla de un rey misericordioso y a un súbdito de corazón duro, y pone en evidencia lo que acabamos de decir; en ella el Señor nos da a entender que la crítica (la queja) sólo es lícita desde la autocrítica y el compromiso. Así lo leemos en la primera lectura del día: “¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de sus semejantes ¿y pide perdón de sus pecados?” (cf Eclo 27,3-4). 
 
Extraemos del texto una enseñanza importante: lo mínimo exigible en principios morales es la coherencia, la adecuación entre lo que se cree y lo que se hace, la conciliación entre lo que cada uno pide para él y lo que él es capaz de dar a los demás, porque “la medida que uséis la usarán con vosotros” (Mt 7,2). No te apiadas de tu prójimo ¿y pides el perdón de Dios? Pues no será escuchada tu oración, porque lo mismo que tu hagas ”hará mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18,35). 

Mientras que nosotros somos  calculadores -“si mi hermano me ofende ¿Cuántas veces le tengo que perdonar?” (Mt 18,21)-, legalistas e inhumanos con el prójimo a la hora de dar o perdonar, Dios sobrevuela los cálculos mentales y obra desde el corazón de su ser infinitamente compasivo: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22). Hay que perdonar siempre, porque la dinámica de la misericordia divina es inagotable: "el amor no pasa nunca" (1 Cor 13,8). Si el amor de Dios no tiene límites también es inagotable el perdón que fluye de ese amor.

La parábola termina con el  siervo malvado en la cárcel. Y sería un error pensar por ello que Dios se retracta de su perdón. Más bien habría que decir que el mismo siervo se cierra a la misericordia de Dios. En realidad no aceptó el perdón del amo, porque de haber sido así él también hubiera sido perdonado.

La puerta del corazón es una, sólo una. Por esta puerta fluye el amor de Dios que me perdona y mi amor que responde como buenamente puede perdonando a los hermanos. Dios es amor, perdón, misericordia, y no puede ser otra cosa. No niega nunca el perdón, es cada cual quien decide cerrar la puerta de su alma a su bondad infinita. No es que Dios no quiera perdonar, es que por la puerta cerrada al hermano tampoco puede entrar Dios. Por eso dice Jesús que "si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas" (Mt 6,14-15). Como dice san Juan de la Cruz siguiendo a los filósofos más clásicos, el amor y el desprecio son incompatibles: "no pueden caber dos contrarios en un mismo sujeto" (cf. Ll 1,19). 


¿Por qué cuesta tanto perdonar? ¿Por qué muchas veces decimos: quiero pero no puedo perdonar? Teóricamente, perdonar es fácil. Haciendo una lectura superficial del texto, a quien fue perdonado por el rey de la parábola le bastaba con haberse puesto del lado del Rey que le perdonó, haber  mirado con cariño al deudor y haberle dado la alegría de perdonarle su deuda. Pero no lo hizo; seguramente porque, aunque él fue perdonado, el perdón de Dios, la calidad de su amor infinito, no caló en lo profundo de su ser; no se había convertido de corazón al amor de Dios. El perdón de su deuda, lejos de hacerle cambiar, aumentó su egoísmo; recibió el perdón de su deuda como un don merecido por su insistencia (con soberbia) y no como algo desproporcionado a sus méritos (con humildad). Por eso se le retiró la gracia que se le concedió y quedó preso en la cárcel de su corazón endurecido.

* * *
A veces, cuando oras pidiendo perdón o tras celebrar el sacramento de la penitencia, no encuentras la paz que esperabas. ¿Te has preguntado alguna vez por qué? Tal vez en la parábola de este domingo tengas respuesta. Deberías preguntarte y meditar hoy: ¿soy compasivo y misericordioso con todo y con todos? Y recuerda lo dicho: la alegría de la misericordia solo tiene una puerta; no hay una alegría que brota de ser perdonado y otra de perdonar. Si cierras tu corazón a la reconciliación con el mundo y con los hermanos lo estás cerrando a Dios. 
"Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda" (Mt 5,23-24). 
"El Señor es compasivo y misericordioso" (Salmo: 103,8); ahora bien, no hay perdón de Dios "si cada cual no perdona de corazón a su hermano" (Mt 18,35); si el odio anida en tu corazón no cabe en él el amor de Dios. ¡Deseando está el Señor de que te alcance un perdón que ya te tiene concedido!. Lo único que pide de ti es abrir la puerta de tu misericordia para con tus hermanos; al amarlos estás dejando  entrar el amor de Dios en tu casa. 

Septiembre 2026
Casto Acedo.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Ntra. Sra. de Guadalupe (6 de Septiembre)


6 DE SEPTIEMBRE,
Solemnidad de Santa María de Guadalupe, patrona de Extremadura.

Este domingo, en Extremadura, se celebra la Solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Con tal motivo se dio inicio al Año Santo el 30 de Agosto pasado. Transcribo aquí la introducción del día que recoge el Misal para las fiestas de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, el Evangelio del día, un comentario resumido obra del Párroco de Monesterio (Miguel Angel García Encinas, “Guadi” para los amigos) y la Oración del Jubileo del año guadalupense que comenzó el pasado 30 de Agosto y se prolongará hasta  .

En su santuario del Villuercas, la imagen de Santa María de Guadalupe es venerada por los fieles ya desde el siglo XIII. El rey Alfonso XI mandó edificar una amplia y sólida iglesia, cuyo cuidado se encomendó, a finales del siglo XIV, a la orden de los Jerónimos. Estos religiosos levantaron el actual monasterio para el culto de la Virgen y la atención de los innumerables peregrinos que acudían a venerarla. Finalmente, a principios del siglo XX, el cuidado pastoral de tan histórico santuario mariano fue confiado a la Orden Franciscana. El papa Juan Pablo II visitó el monasterio el 4 de noviembre de 1982.


EVANGELIO 
Lc 1,26-28

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 

El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 

Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 

El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». 

María contestó: -«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». 

Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor

*



NOTAS PARA LA AREFLEXIÓN Y ORACION 

Lo mismo que María, también nosotros podemos escuchar hoy en la fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe las palabras que el enviado de Dios le dirige en su nombre:

-«Alégrate»: llénate de alegría; es lo primero que Dios quiere de ti; que vivas con paz y alegría.

-«El Señor está contigo»: no estamos solos en la vida, Dios nos acompaña de cerca; sólo tenemos que sentirlo cerca de nosotros cada día.

-«No tengas miedo»: el miedo hace daño, paraliza, hace sufrir a la persona; podemos confiar en Dios.

Lo mismo que María, también tú tienes una misión en la vida como madre. Esposo, trabajador, religiosa, sacerdote…Dile a Dios como ella: «Hágase en mí según tu Palabra».

ORACIÓN PARA EL JUBILEO GUADALUPENSE.

AÑO SANTO GUADALUPENSE 
(30 AGOSTO 2026 - 8 SEPTIEMBRE 2027) 

“Tu Madre te busca” 

ORACIÓN JUBILAR 

Santa María, Madre de Dios, Virgen de Guadalupe, 
en este AÑO SANTO queremos unirnos a las loas 
con las que  de generación en generación  
nuestro pueblo ha invocado tu nombre. 

DE TODOS SEÁIS LOADA, 
OH VIRGEN DE GUADALUPE.  
Santa María, Patrona de Extremadura,  
ante tu rostro moreno y tan hermoso,  
nuestro corazón sabe pedirte en silencio, 
lo que necesitamos, lo que esperamos de Jesús, 
el Señor,  fruto bendito de tu vientre. 

DE TODOS SEÁIS LOADA, 
OH VIRGEN DE GUADALUPE.  
Santa María, Reina de la Hispanidad,  
bajo la luz de tu mirada materna y serena,  
el camino de la vida se ilumina con el Evangelio de Jesús,  
las heridas del alma se curan con los sacramentos de la Iglesia,  
la esperanza se dilata con una promesa 
que apunta al Reino de los Cielos.  



DE TODOS SEÁIS LOADA, 
OH VIRGEN DE GUADALUPE. 
Santa María, Virgen de Guadalupe, 
tú eres el faro que orienta a la paz, 
tú eres el abrazo materno que nos reconcilia, 
tú eres el beso dichoso que abre y cierra cada día, 
tú eres el consuelo y la confianza 
de tu pueblo y de tu Puebla, 
tú eres vida, dulzura y esperanza nuestra. 

DE TODOS SEÁIS LOADA, 
OH VIRGEN DE GUADALUPE.  
Santa María, Madre de Dios, Nuestra Señora, 
en este AÑO SANTO te pedimos  
que nos ayudes a caminar como cristianos con alegría,  
que nos enseñes a vivir como discípulos y misioneros, 
que nos sostengas en la dificultad y en la prueba.  

DE TODOS SEÁIS LOADA, 
OH VIRGEN DE GUADALUPE.  
Ayúdanos a creer en tu Hijo, Jesucristo. 
Enséñanos la esperanza del Evangelio.  
Guárdanos en tú corazón, corazón de mujer hecha Iglesia,  
para que aprendamos a amar como hijos,  
como tú nos amas como Madre, Madre de Dios y Madre nuestra,  
Santa María, Señora de Guadalupe.  
Amén.  


*
Septiembre 2026
Casto Acedo 

jueves, 3 de septiembre de 2026

La corrección fraterna.

  


EVANGELIO 
Mt18,15-20.

Dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. 

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

¡Palabra del Señor!
 

Puedes escuchar ampliado el contenido de este tema, con duración de 27 minutos en:
Realizado por IA.

Corrección fraterna
 
Un cristiano no puede pasar por alto el cumplimiento de la obra de misericordia que invita a corregir al que yerra; quien conoce el mal camino que lleva un hermano no puede permanecer impasible como si aquello no fuera con él. Y esto es válido no sólo para el orden interno de la Iglesia; también de puertas afuera ha de resonar la voz profética que denuncie las injusticias y anuncie la salvación de Dios.
 
Es verdad que nuestra cultura y sociedad individualistas parecen invitarnos a que cada cual se las apañe y viva como pueda mientras no moleste; pero un cristiano no puede aceptar esta mentalidad. Jesús vino a implicarse y complicarse la vida, a inmiscuirse en nuestros asuntos; la encarnación de Dios hizo propio el dicho que el comediógrafo Terencio popularizó en el siglo II: “Hombre soy, nada humano me es ajeno”. 

Más cerca de nosotros el Vaticano II abre la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual diciendo: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias, de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1). Podemos deducir de aquí que el cristiano no puede vivir de espaldas al mundo porque sus aciertos y errores son también suyos; y como se sabe  hermano universal está llamado a ser atalaya que en nombre de Dios llame a los hombres a obrar el bien y les  inste a corregir el mal. Desertar de esta misión es abandonar el camino de la vida (cf Ez 33,7-9).

 
Lo que no se debe hacer 

¿Cómo ser atalaya (profeta) de la justicia de Dios? De momento hay que evitar dos errores: tomar el atajo de la denuncia anónima y caer en la tentación de juzgar al hermano por detrás.

Cuando en una sociedad o comunidad surgen problemas lo más habitual es que uno vaya a instancias superiores a reclamar justicia. De este modo, todos hemos observado como en la Iglesia Católica cuando a la gente no le agrada lo que hacen otros feligreses se lo comunica al párroco; cuando no le gusta lo que hace el párroco se lo comunica al obispo; y cuando no le gusta lo que hace el obispo, se lo comunica a Roma. Se dice que todo es por el propio bien de las personas y por la pureza de la religión.
 
Y esto de denunciar el hecho en las instancias superiores ocurre sólo en algunos casos, porque la práctica más habitual suele ser la de procurar directamente el descrédito del hermano que yerra; lenguas envenenadas trazan alrededor del presunto disidente un muro infranqueable que le hace desaparecer como hermano, pasando a ser un marginal, un don nadie, un demonio del que hay que huir. Y esto se consigue a base de críticas falsamente piadosas adobadas de regusto malsano. Entrar en esto es practicar lo que hoy se denomina  cultura de la cancelación; señalo y boicoteo a una persona (o a una institución) acusándola de decir o hacer algo malo, ofensivo o inaceptable, a fin de que se le margine y  expulse del espacio publico. ¡Ah!, y normalmente el interesado es el último en enterarse de lo que se trama contra él, con lo cual el derecho a la defensa queda mermado o simplemente anulado.

Con la cultura de la cancelación se trata del exterminio social o eclesial del individuo. No se le expulsa formalmente, se tolera su pertenencia al grupo, pero no se le quiere en él. ¿No es esto  lo que vemos en el mundo de la política rastrera, donde los contrincantes se dedican más a minar la credibilidad del oponente sacando a la luz sus defectos, dejando de lado la posibilidad de trabajar juntos desde el entendimiento? A eso se le llama también cínicamente crear un "cordón sanitario" que preserve a la sociedad de aquellos que puedan contaminarla.  La verdad es que el que el mayor contaminador es quien establece el cordón. 

¡Lástima dan los que sólo son capaces de afirmar su identidad sobre una montaña de cadáveres ajenos! Aquellos que sólo saben ponerse en valor desvalorizando al hermano.

Ejercer la autoridad como servicio de amor
 
También es frecuente entre nosotros el abuso de la autoridad. Hay personas a las que le ponen un uniforme y se cree el dueño del mundo; usa la autoridad como látigo, no como debería de ser ejercida: como servicio. La forma en que Jesús actuó no tiene nada que ver con la imposición. Para Él es una cualidad resistirse al uso de la fuerza mientras no se hayan agotado todos los recursos de la pacífica corrección fraterna.

Dios no es amigo de gobernar con la disuasión violenta; ya conocemos la respuesta de Jesús cuando le pidieron un severo castigo para los habitantes de una aldea que no le acogió por ser judío: “Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?”; son palabras de Santiago y Juan, y de todos los que añoran una comunidad (Iglesia, sociedad) donde no haya disidentes. “Jesús, volviéndose hacia ellos los reprimió severamente” (Lc 9,54-55).
 
La autoridad en la Iglesia no se debe desligar del amor. Dios no es un jefe o un patrón que impone sus leyes y razones a golpe de decreto inapelable. Dios es Padre, y su forma de ejercer su autoridad no puede desligarse de la dinámica del amor paterno-fraterno. Como oí decir en cierta ocasión a un compañero sacerdote respondiendo a quien pedía excomunión rápida a los disidentes eclesiales: “lo nuestro - dijo refiriéndose a la Iglesia-, aunque algunos no lo crean, no es una empresa ni una asociación sindical o política, lo nuestro es otra cosa"; es una familia, y en una familia las relaciones se tienen desde la comunicación fraterna y no desde el ordeno y mando. 

Sin la virtud del amor ningún consejo, ninguna opinión, ningún juicio,  ninguna ley, están justificados. “De hecho, el ´no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás´, y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: ´Amarás a tu prójimo como a ti mismo´ … Amar es cumplir la ley entera” (Rom 13,9-10; segunda lectura de hoy). La ética cristiana se atiene a este principio, que san Agustín resume con el clásico “ama y haz lo que quieras”. Y esto vale también para el mundo. Sólo desde unas relaciones fraternas -de amor, que es más que solidaridad- es posible un diálogo entre hombres y mujeres, ricos y pobres, izquierdas y derechas, creyentes y no creyentes, etc. en orden a edificar una ciudad más justa sin renunciar a la riqueza de la diversidad.
 

¿Excomunión?

Pero, ¿qué hacer cuando alguien se opone insistentemente a los planes de Dios? ¿Qué medidas tomar con el hermano que se niega a aceptar las premisas de la familia y se niega a cambiar? Igual que decimos que con el matrimonio mal avenido la solución es la separación como mal menor, así también en este caso el mal menor es la excomunión.

¿Tiene autoridad la Iglesia para excomulgar? “Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre celestial. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18.19-20). Con estas palabras san Mateo explica porqué la comunidad eclesial tiene autoridad y es el tribunal de resolución final que puede, en último término, separar o excomulgar a los pecadores recalcitrantes. Sencillamente porque la comunidad, cuando se reúne en nombre de Jesús, disfruta de su presencia; la autoridad para atar y desatar no se ejerce con independencia de Jesús al que le ha sido otorgada toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28,18).

Una excomunión no es un “procedimiento burocrático”, sino “un acto de iglesia” que actúa con Jesús y a la sombra de su Espíritu.  Más que "echar de casa a un hermano" es una manera de decirle que ya se ha puesto él mismo en la calle con sus actitudes. Al excomulgarlo no se pretende la muerte espiritual del hermano sino que recapacite sobre la gravedad de su error y vuelva al redil. No se trata de crear a su alrededor un "cordón sanitario" de odio, sino de -es duro de decir y de entender- de amor. Se condena púbicamente el pecado para hacer recapacitar al pecador  fin de que se vuelva a casa y se salve. La corrección fraterna que no se hace desde un corazón amante no es cristiana y hace un daño tremendo. 

La "excomunión" cristiana (es una palabra muy fuerte) no condena a la persona (¡qué gran error la hoguera inquisitorial!) sino que desea sacarla de su error.  La Iglesia, como madre, espera siempre expectante el regreso del hijo pródigo para salir a su encuentro, abrazarlo, vestirle el traje de fiesta y reintegrarlo a la vida comunitaria (cf Lc 15,20-24). Es lo menos que se espera de quien cree en el amor como cimiento fundamental de la convivencia fraterna.

Septiembre 2026

*
NOTA:
Para una visión global de este y el próximo domingo: 

Aconsejo para este domingo y el próximo hacer una lectura pausada y completa, meditada,  del capítulo 18 del evangelio de san Mateo, conocido como el “sermón de Jesús sobre el orden y la vida de la Iglesia”. En él se dan consejos acerca de cómo deberían de funcionar las relaciones entre sus miembros. 

Se dice ahí que los primeros en nuestra atención  han de ser los niños y los que son como ellos, porque para Jesús ocupan el primer lugar en el Reino (Mt 18,1-5); además, recomienda que se evite a toda costa el escándalo de los débiles y pequeños (6-9). Añade el texto que, si es preciso, hay que dejar en el monte al gran rebaño para salir en busca de la oveja perdida (12-14).

Para el buen gobierno, sigue el texto, se debe evitar en lo posible el recurso al “ordeno y mando”, yendo mejor por los caminos de la corrección fraterna (15-17). No obstante, si la actitud cismática del pecador persiste, no debe temblar la mano de la autoridad para excomulgar en nombre de la comunidad; la autoridad para esto es de origen divino, porque donde están los suyos reunidos en su nombre, está el Señor presente (18-20). De esto se ocupa hoy el comentario.

Finaliza san Mateo el capítulo 18 con la parábola de los dos deudores que será el texto del próximo domingo y donde se pone luz sobre el perdón entre hermanos como virtud inexcusable para funcionar como Iglesia; sin perdón mutuo no hay perdón de Dios, o mejor, se hace imposible la vida de Dios en la comunidad (21-35).

Casto Acedo 

martes, 25 de agosto de 2026

La seducción y la cruz (29 de Agosto)


PRIMERA LECTURA Jr 20,7-9.

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreir todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

EVANGELIO Mt 16, 24-26

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: —«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro: —«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a sus discípulos: —«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde su alma?

¡Palabra del Señor!

* * *

La seducción de Dios

Un alma enamorada es la que ha sido cautivada por otra a quien rinde su voluntad. La persona enamorada experimenta un cambio radical en su vida, tanto es así que los que la conocieron cuerda y formal ven cómo el amor la ha vuelto extraña y ridícula. Los vecinos comentan: “¡quién le ha visto y quién le ve! ¡A esta persona se le ha ido la cabeza!, ¿se habrá vuelto loca?”. Otros hacen mofa de su nueva personalidad. Pero a quien vive enamorado le importa poco lo que digan, porque quien ha encontrado el tesoro escondido vende todo lo demás para adquirirlo y da saltos y gritos de alegría sin importarle lo que diga la gente (cf Mt 13,44). Así es. El amor cambia el ser, convierte el corazón, rompe las máscaras y pone en marcha una sana locura. 

¡Qué bien expresa G. Kalil Gibrán la locura del amor en su poema "El loco"!: 
“Me preguntáis porqué enloquecí. Fue así. Un día, mucho antes de que nacieran algunos dioses, desperté de un profundo letargo y descubrí que me habían robado todas mis máscaras –sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-. Corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: “¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!”. Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, algunas personas, llenas de horror, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome, gritó: “¡Mirad! ¡Es un loco!”. 
El profeta Jeremías cuenta cómo el amor de Dios le sedujo y se vio impelido a gritar su experiencia: «Me sedujiste, Señor y me dejé seducir, has sido más fuerte que yo y me has podido» (Jr 20,7). La seducción de Dios se  revela aquí como atracción violentamente irresistible. Quien haya sentido en sus entrañas la llamada apremiante del amor de Dios entiende al profeta. Quisiera no seguir la llamada, pero se ve forzado a ello. Como el loco de la parábola de K. Gibrán, el seducido es víctima de las burlas del vecindario: “¡Mirad! ¡Es un loco!”, decían señalándole.  "Todos se burlaban de mi -dice Jeremías- … La palabra del señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día» (Jr 20,7b.8b);  pero a pesar de esto no puede contener la fuerza del amor en él: «la palabra en mis entrañas era fuego ardiente..., intentaba contenerla y no podía" (Jr 20,9). 

«El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). Estas palabras desentonan porque piden algo nada habitual: no vivir para uno mismo sino para el otro, no buscarse a sí mismo sino a Dios en los otros y a los otros en Dios, "vivir en éxtasis, fuera de sí", expropiado por Dios y por el prójimo", quedar totalmente atado y volcado en el amor. Esto, según la mentalidad profana, no es vivir, es perder la vida. Y no faltarán quienes quieran sacar de su locura al enamorado invitándole a  renunciar al amor que trae consigo sufrimientos,  como quiso Pedro salvar a Jesús cuando le predica la cruz del amor extremo: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!". Quién no quiere aceptar esto es llamado amigo del diablo por Jesús: "¡Quítate de mi vista, Satanás!". Que Jesús diga esto a san Pedro es muy fuerte.


Cargar con la cruz

Amar es más que dar, es darse, desapropiarse para entregarse al amado, negarse a sí mismo, morir al ego. Esta muerte o negación de sí mismo no consiste en buscar cruces extraordinarias para acumular méritos para el cielo. No hay que buscar las cruces; la tienes ya: es tu realidad personal, familiar, social, religiosa o espiritual.  Amas y cargas con tu cruz cuando amas tu realidad y la afrontas con valentía. El amante de la cruz no es un masoquista sino un loco enamorado dispuesto a  abrazar  la propia realidad en libertad. Tomar la cruz es saborear la  vida tal como viene dada, tener capacidad de aceptación y ver en los obstáculos una oportunidad para crecer. Lo que motiva al enamorado de Cristo crucificado no es el gusto por el sufrimiento sino el amor; no se niega a sí mismo para adquirir protagonismo sino para afirmarse en Dios que ama sin límites. 

La misma negación que pide Jesús la aconseja san Pablo: «os exhorto a presentar vuestros cuerpos como hostia viva» (Rm 12,1) La vida cristiana impone una dedicación en cuerpo y alma al Señor. No se trata de inmolar cosas y animales, de hacer sacrificios de "lo que tenemos", sino de darle a Dios "lo que somos", mediante una vida nueva no acomodada a éste mundo, responder siempre amando. Negarse a sí mismo supone hacer silencio en la propia voluntad para dar paso a  la del Padre. Ser humilde.

El mundo quiere llevarte por el camino de la afirmación del propio ego como lo mejor: ganar mucho dinero, destacar en algo, buscar un futuro firme,...  Constantemente eres invitado a buscar la felicidad fuera de ti, en las cosas, los cargos, la huida de los problemas. Es una salida en falso, un sueño irreal e imposible del que debes despertar. Y a ese despertar apuntan las palabras de Jesús: "
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". 

¿Qué es "cargar con la cruz"? Es tomarte la vida en serio, responder con justicia a las exigencias de bondad y verdad que tus circunstancias y las de tus hermanos te plantean. A veces lo que se te pide no te gustan, pero no puedes echarte atrás sino ir hacia adelante, como Jeremías, que, seducido y enamorado entendió que su amor le exigía pasar por el desprecio de los hombres; o como Francisco de Asís, que despertó de sus sueños románticos de adolescente cuando descubrió la realidad de la pobreza como virtud; u Oscar Romero, buen pastor que no se echó atrás cuando su Amado le pidió dar su vida por su rebaño de El Salvador; ... Éstos despertaron a tiempo para vivir y evitaron una vida zombi, apagada, ajena a pensamientos de Dios y sometida a los pensamientos de los hombres. ¿Perdieron su vida o la ganaron? Sin duda la ganaron, porque cumplieron su vocación.

No todos respondemos como los santos. Hay quienes se instalan en una realidad ficticia, coquetean con falsas cruces que ellos mismos se procuran, castigan sus cuerpos con cilicios y disciplinas autoimpuestas, practican una solidaridad parcial y calculada al milímetro, molestándose ocasionalmente por favorecer a alguien.  Aquí nos encontramos muchos. Una política de nadar y guardar la ropa que sutilmente cierra el paso a la verdadera iluminación o conversión, al verdadero despertar. Un amor a medias no satisface. Sólo una entrega total puede llenar plenamente. "Corazones partidos yo no los quiero; y si doy el mío lo doy entero", dice el canto popular argentino que san José María Escrivá incorporó en Camino (n. 145).

La vida pide mantener los ojos abiertos, contemplar la realidad  y encararla. La realidad personal (problemas propios de salud, complejos, miedos,... ), familiar (caracteres chocantes, convivencia difícil, cansancio matrimonial, conflictos entre hermanos ...), la realidad social (situaciones de abundancia, de pobreza, inmigración, paro, etc. en el mundo que te rodea) y la realidad religiosa (dudas de fe, idolatrías, ritualismos, fariseísmo,...). Todo eso que ves cuando miras con los ojos de Dios son cruces que Él te ha puesto para realizarte en la vida.


Bendita mi cruz

Quien acepta y asume su realidad y se esfuerza en llevarla hacia adelante, quien está dispuesto a "tomar su cruz", ha descubierto la clave para vivir en plenitud. Quien se deja seducir por Cristo y le sigue aceptando con paz los inconvenientes, las burlas y las persecuciones hace suya la segunda parte del poema de El loco de Kalil Gibrán: 

“Alcé la cabeza para mirarlo -al joven que desde la azotea de su casa le acusaba de ser un loco-, y por vez primera el sol besó mi rostro desnudo y mi alma se encendió de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité: “¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!” Fue así como enloquecí. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad no ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos esclavizan. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón”.
La libertad y la seguridad tienen para el loco un precio: soledad e incomprensión; cruz.  Los cuerdos y seguros de sí mismo consideran que pagar ese precio es una estupidez y una locura. El mismo san Pedro lo creyó así antes de la Pascua (cf Mt 16,22). "¡Lejos de ti tal cosa, Señor. Eso -padecer la cruz- no puede pasarte". Pero la experiencia de la resurrección le vino a enseñar qué ocurre cuando se abraza la cruz en nombre del amor. Jesús resucitó. Lo que parecía locura y necedad no era tal sino sabiduría de Dios que vence a la del mundo (cf 1 Cor 1,22-25). 

No hay duda de que la cruz es inevitable. Forma parte de la vida. No es realista pretender que todo sucediera como a ti te gustaría. Esta es una pretensión utópica;  tendría que ponerse el mundo a tu servicio para que así fuese. Acepta la enseñanza de la cruz: "el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. ...  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?"  (1 Cor 1, 18.20). Bendita la cruz que alimenta la vida.

Feliz domingo

Agosto 2026
Casto Acedo.

lunes, 17 de agosto de 2026

¿Quién dices que soy yo? (22 de Agosto)


EVANGELIO
Mateo 16,13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor

*
Nota: puedes  leer el comentario en el texto que sigue; o puedes escucharlo más ampliado en el audio (es largo, 26 m; pero hoy merece la pena), y tienes también la posibilidad de ver un resumen en PowerPoint.
*
Audio

PowerPoint



Las "imágenes-ideas" de Jesús

Son muchos los que conocen el test de Roschach, una prueba psicoanalítica que consiste en presentar al sujeto una serie de láminas dobladas con unas manchas con formas muy ambiguas. Mirando los borrones que dibujan las manchas, al modo de quien pudiera mirar las formas de unas nubes, el paciente va describiendo lo que ve. Las respuestas a cada ficha pueden ser muy variadas, tantas como el número de personas que las interpreten. La prueba da pistas al psicoanalista a fin de determinar hipótesis sobre el funcionamiento de la mente del paciente. 

Pues bien, si pusiéramos ante una persona el nombre de Jesucristo o una imagen o dibujo del mismo (también nos serviría la palabra Dios), y le preguntáramos que le sugiere, podríamos obtener valiosas pistas acerca de la personalidad, la fe y la espiritualidad de esa persona, pues el nombre de Jesús es como un test de Rochach propuesto por Dios a la humanidad y del que  cada cual da su respuesta. Pero, objetivamente, ¿cuál es la identidad de Jesús?

Jesús, de retiro con sus discípulos en Cesarea de Filipo, parece someter los suyos al test de Roschach  planteándole  una primera cuestión que se refiere a declarar que dicen por ahí de Él por ahí. Y las respuestas son diversas: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» 

Cada cual proyecta en Jesús sus ideas aprendidas, sus experiencias y sus expectativas. Así ha ocurrido a lo largo de los siglos: Para los gnósticos y videntes es un ser celestial que conoce y da a conocer todo; para el pensamiento griego-arriano se trata de un hombre excepcional, un semidios; para los monarcas de la edad media y los señores del renacimiento un rey; para el siglo de las luces un maestro sublime; para los amantes de la revolución francesa, y más recientemente para muchos activistas de izquierdas, un republicano descamisado comprometido en la causa de la liberación de los pobres y oprimidos de la tierra, el primer comunista y socialista; más cerca en el tiempo tenemos la idea de un Cristo hippy, superstar, un maestro espiritual de la nueva era de acuario, un mago que puede hacerte vivir experiencias alucinantes, el ejemplo perfecto de no-dualidad, el maestro interior o cósmico, etc. 

No hay duda de que partiendo de la respuesta a la pregunta acerca de Jesús  podríamos analizar el pensamiento de quien responde. Aprendemos desde ahí lo que creen de Él en verdad, lo que esperan e incluso cuáles son sus aspiraciones más ocultas. Porque la pregunta sobre “Jesús”, como la que se hace sobre “Dios”, no es una cuestión cualquiera, lleva en sí el deseo de comprender y lograr las aspiraciones más íntimas y elevadas de la persona. Por eso estudiar cómo se ha respondido a lo largo de la historia a la pregunta sobre Jesús nos da para escribir no solo una historia de la teología, también una historia de la filosofía, de la sociología, de la política e incluso del arte occidental de los últimos siglos. 

Es fácil presentar estudios sobre lo que los demás han dicho o escriben sobre Jesús. 


1
Jesús ¿quién eres Tú?

Pero más interesante que la pregunta primera acerca de Él es la segunda.  "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Si el primer interrogante lleva a mirar hacia fuera, el segundo lleva la mirada hacia dentro. Veíamos a los discípulos atropellándose para dar respuestas sobre lo que dicen otros de Jesús, sin embargo, los vemos lentos, dubitativos, timoratos, cuando han de responder qué dicen cada uno de ellos. Ésta segunda cuestión no se dirige al intelecto o a la simple observación, va directa al corazón, y cada cual ha de responder en segunda persona del singular, –Tú, ¿Quién dices que soy?-. La respuesta que se pide es  más vital que teórica.

No es extraño que a cuestión tan honda siguiera un silencio. Todos callan; las prisas por responder desaparecen. Ya no se trata de "chinchorrear" sobre lo que se dice por ahí, ahora hay que pringarse. El Cristo que habla al interior pide respuesta al  hombre interior y lo primero que se impone es meditar. 

Tras un espacio de tiempo, y bajo la inspiración del Espíritu, Simón Pedro responde:  "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Aquello debió sonar raro. Me gustaría ver la cara de los oyentes. Los presentes debieron pensar que Pedro, el inculto pescador de Galilea, muestra  un atrevimiento excesivo. Se supone que en ocasiones han hablado entre ellos sobre la identidad del Maestro; su predicación y sus milagros debieron generar interrogantes sobre su identidad, y algunos habrían apostado porque fuera de veras el salvador esperado por el pueblo de Israel. Eran muchos los que acudían a él llamándole Hijo de David, el liberador prometido que restauraría el esplendor de Israel. ¿Sería realmente Él?

Afirmar de una persona, por muy buena que sea, que es el mismo Dios vivo entre nosotros, traspasa los límites de la razón humana. Al atrevimiento de Pedro responde Jesús aclarando el exceso de la respuesta: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo”. Sólo como don y revelación divina podemos conocer la verdadera naturaleza de Jesús. 

¿Quién es Jesús? Más allá de la definición que da el credo cristiano formal la pregunta sigue abierta esperando la respuesta de cada persona. Si Dios es misterio, y Jesús es Dios encarnado, la persona divino-humana de Jesús es un misterio imposible de encerrar en definiciones de catecismo. Sólo se accede a Él desde la contemplación y la fe. Las doctrinas, como los evangelios escritos, o los métodos de oración y la oración misma, no son mas que mapas que sirven de apoyo para  dejarnos encontrar por Él. La respuesta no es una conclusión sino una experiencia, un don gratuito de Dios; y es inefable, es decir, inexplicable.

*

Buscas a Jesús; pero en última instancia es Jesús el que te busca a ti. Cuando entras en relación con Él acabas por descubrir que ya te buscaba Él, que estaba en tu búsqueda desde el principio y si le conoces es porque Él se adelanta y pone ante ti el camino para el encuentro.

¿Le has conocido? Si de veras es así, ha sido por experiencia; en tu misma vida te ha revelado su nombre: Jesús = Dios salva;  has visto en tus días sus acciones salvadoras; tu historia personal con Él es anterior a tu credo. En las cosas de Dios la relación precede a la definición. ¿Son tus vivencias las que sostienen tu fe en Él? La fe se nutre en la relación y la relación se hace en la fe. Dios se revela en una relación que está siempre abierta; sería un error cerrarla diciendo que ya está completa. 

La relación viva con Dios en Jesucristo posee una dinámica eterna. Cada día debes responder con tu vida a su pregunta: ¿quién dices que soy yo?. Tener fe no es adherirse a artículos o definiciones dogmáticas sino  apostar cada día  por la persona en la que crees.


2
Sobre esta piedra 

La primera lectura, de Isaías 22,19-23, obliga a no pasar de largo ante la segunda parte del evangelio que recoge el diálogo con Pedro. De principio Jesús le alaba y le felicita; no por su inteligencia sino por acoger con sorpresa y humildad la fe recibida de Dios. Pedro es dichoso, como la Virgen María, por haber recibido por revelación la maravilla de sentir a Dios en Jesús presente y actuante, algo que suele permanecer oculto a los sabios y entendidos de este mundo (cf Lc 10,219).

Tras la felicitación, Jesús, da a Pedro el título de mayordomo y piedra de la comunidad que se formará tras la Pascua: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. La liturgia de este domingo desde la plataforma de la primera lectura  nos lleva a  fijarnos en esto. Son palabras pronunciadas en el libro de Isaías para Sobná, mayordomo del palacio: “Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá” (Is 22,20-22). A Pedro le da Jesús los mismos poderes: ser el mayordomo (“mayor de la casa”) de la Iglesia. 

“Tú eres Pedro (piedra) y sobre esta piedra (fe de Pedro) edificaré mi Iglesia”. ¿A qué se refiere Jesús cuando habla de "piedra"? ¿A la persona de Pedro o a la fe que acaba de profesar?, ¿sobre qué cimientos se edifica la Iglesia?, ¿se edifica sobre Pedro (el Papa León en nuestros días) o sobre la fe apostólica que representa el Papa León? La pregunta no es retórica. Y de la respuesta que se dé a ella se puede deducir un modo u otro de entenderse como cristiano y como Iglesia. La fe en el Primado de Pedro no se debe confundir con la “papolatría”. La piedra, el cimiento, la roca de la Iglesia, es en última instancia Cristo (cf 1 Cor 10,4). 

El hecho de que nuestra Iglesia tenga un mayordomo no nos exime de cultivar nuestra relación personal con Cristo. El punto de referencia último de nuestra vida de fe no es el Papa y la Iglesia que preside en la fe, sino Jesucristo, al cual confesamos como Hijo de Dios. El mayordomo organiza, ordena, distribuye tareas, tiene el deber de garantizar que en la casa se cumpla la voluntad del Señor; y es de justicia reconocerle al papa su labor de "siervo de los siervos de Dios";  pero la vida de los fieles, su mirada, está en el Señor. Sólo éste garantiza la vida y razón de ser de la casa común.  “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores” (Sal 126,1), jefe de obra incluido. 


Conclusiones

Lleva esta semana a tu reflexión y tu oración la pregunta clave que te lanza Jesús: “Tú, ¿quién dices que soy yo?”. Habrá quien se limite a decir “yo, lo que diga Pedro”. Y no está mal que reflexiones sobre lo que Pedro dice; pero a ti se te pide una respuesta personal de fe, un credo vital, una respuesta práctica que no esté desconectada de la globalidad de tu vida

El buen funcionamiento de la casa de la Iglesia no depende solamente de Pedro. ¡Bastante responsabilidad tiene ya el Papa como para que le carguemos la nuestra!. Hay quienes se conforman con decir: “yo creo lo que cree Pedro”, como si la fe fuera la simple adhesión a unas enseñanzas, por muy verdaderas que se consideren No basta decir “estoy con Pedro”, es más, sería traición decir “estoy con Pedro” cuando se usa como excusa para descafeinar la adhesión a la persona de Jesús y su Reino. ¡Doctores tiene la santa Iglesia!, se solía decir antes para justificar la propia ignorancia, que a la postre no era sino la propia desidia e indiferencia ante los compromisos de fe y amor.

Sabemos que esos compromisos son duros. A veces Pedro y los siervos, la misma Iglesia, santa y pecadora a la vez, se resiste  a llevar la fe de Jesús adelante; sobre todo cuando el amor se hace exigente y aparece la cruz en el horizonte. No es extraño que el amor en la dimensión de la cruz e ponga en evidencia la fragilidad de una iglesia muy humana. Cuando el idilio del hombre con la fe (¡daría mi vida por ti! Jn 13,17) toca la realidad de la cruz viene las crisis (¡no le conozco! Mt 26,72). Pero esta es una cuestión que abordaremos al hilo del evangelio del próximo domingo. Hoy te basta escuchar a Jesús que te dice: Tú, ¿quién dices que soy yo?, escucharte a ti mismo  diciéndote “¿quién es Jesús para mí?”, y mira a ver si tu vida es tan ideal como idealista tu creencia. 

¡Ah!, siguiendo el test Roschach, no te olvides de mirarte a ti mismo en tu imagen de Jesús. Luego, borra todo lo que piensas y sientes sobre Él; silencia tu pensamiento, tu imaginación y tus deseos acerca de su persona y deja que sea Cristo mismo quien se te de a conocer. Mírale. Escúchale. Con el tiempo podrás reconocerte a ti mismo en Él y verás que merece la pena vivir su misma vida; en Él está tu plenitud.

22 Agosto 2026
Casto Acedo

La puerta del perdón (13 de Septiembre )

EVANGELIO Mt 18,21-35 Se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta s...