jueves, 9 de abril de 2026

El "primer día de la semana" (12 de Abril).



EVANGELIO Jn 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: 
-«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
-«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
-«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
-«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
-«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
-«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.
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Recurso en audio al final del texto.

El domingo

Segundo domingo de Pascua,  todavía en los primeros pasos de la cincuentena pascual. En estos días la primavera sigue su curso. y podemos observar como la  naturaleza se va abriendo a la vida, y también nosotros  somos invitados a llenarnos de la misma vida. Religiosamente la primavera es tiempo de comuniones y romerías, explosión de luz tras el frío invierno donde parece primar más el recogimiento meditativo.

Desde hace unos años a este segundo domingo de Pascua se le llama también el "domingo de la misericordia". No de nuestra misericordia sino de la misericordia de Dios; porque lo que celebramos en la fe no es nuestra conversión a Dios sino la conversión de Dios a nosotros, la grandeza y el derroche de su amor. Ni un reproche de Jesús a los suyos en sus apariciones; su respuesta a nuestra violencia sobre la cruz fue el perdón en el momento clave de la entrega, y lo sigue siendo en la resurrección. Ésta  es la inmerecida causa de nuestra alegría pascual. 



* * *
La resurrección pone en marcha una tradición cristiana impagable: la celebración del domingo. El origen de este día como día del Señor lo tenemos recogido en los encuentros del Señor con sus discípulos (Mt 28,1; Lc 24,13-45; Jn 20,19-29; Hch 2,36; Rm 10,9; Flp 3,9-11). 

El Evangelio de hoy (Juan 20,19-31) nos presenta dos apariciones del Señor resucitado en  el cenáculo. Ambas tienen lugar en domingo: "el día primero de la semana" (v. 19) y “a los ocho días” (v. 26). El Señor resucitado se muestra a sus discípulos el primer día de la semana y al octavo, día del sol, que quedará así marcado como día del Señor (Dies dominicus; domingo). 

El día del sol no era un día festivo para la sociedad judía o pagana en la que el cristianismo comenzó a desarrollarse; el ambiente para fijarlo como día de la asamblea (eklessia, reunión comunitaria) era por tanto adverso. Para la nueva fe suponía un esfuerzo extra el celebrar la Eucaristía precisamente en ese día. Pero ya desde entonces el domingo es un día especial para todos los seguidores de Jesús; y me vais a permitir que las reflexiones de este comentario giren en torno a ello (1).

Lo primero que habría que decir del domingo es que es un día privilegiado para preservar y cultivar nuestra vida de fe. Pero ¿no estamos viviendo un tiempo de pérdida del sentido cristiano del domingo y de las fiestas religiosas? ¿No percibimos un descenso en la práctica dominical como indicador de la disminución real de la adhesión a Jesucristo y su Iglesia? 

Son muchos los cambios sociales que repercuten en la convocatoria de la Iglesia a vivir en profundidad los días festivos: nuevas condiciones de trabajo y descanso, cultura del ocio, civilización del bienestar, deporte, turismo, éxodo familiar del domingo en las ciudades, individualismo, también religioso y espiritual, etc. Todo esto incide directamente en la vida de los creyentes. Estamos ante la decadencia del valor religioso del domingo, que más que día de descanso del trabajo parece ser un tiempo propicio para reponerse de los excesos festivos del sábado. No obstante, un detalle positivo se sigue manteniendo: el domingo como día para estar con la familia.


Vista la situación al respecto se impone una tarea: recuperar el domingo, promover su sentido cristiano en el interior de nuestras comunidades, algo nada fácil en este mundo con costumbres inestables y cambiantes como las señaladas antes. 

A la dificultad que supone el ambiente "neopagano" del domingo, hay que añadir otra: la idea, muy extendida entre los que nos llamamos católicos practicantes, de reducir el sentido del domingo cristiano al cumplimiento legal de “oír misa entera”, cuando el domingo es algo más que un precepto que manda descansar e ir a misa. 

¿Qué podemos aprender sobre el domingo?

1) Lo primero, EL DOMINGO ES  EL DÍA DE LA IGLESIA. Cada cristiano vive su fe en la dispersión de su existencia y de sus ocupaciones; el domingo es una llamada a vivir en comunión con los demás hermanos. La asamblea dominical es la principal manifestación de la Iglesia, “porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). 

Dos razones creo que exigen que no descuidemos la participación en la misa dominical: la primera es porque nuestra ausencia puede ser motivo de escándalo y desánimo para los hermanos que necesitan de nuestra presencia para caminar; hay que decirlo: tú eres necesario en la asamblea; sin ti queda disminuida.

La segunda razón es que el cristiano que no frecuenta la asamblea dominical difícilmente vivirá de forma realista la esencial dimensión comunitaria de la fe. Alejarse de la “comunidad cristiana real” -la misa dominical es el signo donde nos encontramos con los más variopintos hermanos, nos gusten o no-  tiene consecuencias no deseadas. Una de ellas es la de instalarse en la zona de confort del individualismo ideando una iglesia a la propia medida, evitando cualquier tipo autocrítica; a la postre la fe acaba siendo reducida a devoción privada que camina inexorablemente a la adoración del  dios de los propios deseos olvidando los deseos de Dios.   

2) EL DOMINGO ES EL DÍA DE LA PALABRA DE DIOS. 
Los primeros discípulos de Jesús eran constantes en “la enseñanza de los apóstoles” (Hch 2,42). Antes de partir el pan en Emaús -por cierto, en domingo, cf Lc 24,13- el Señor en el camino les interpretó las escrituras a los discípulos, y a ellos les ardía el corazón escuchando la Palabra (cf Lc 24,32.44-45). En la Eucaristía nos sentamos a la mesa de la Palabra. Para muchos cristianos este contacto del domingo es el único de cara a escuchar directamente la Palabra de Dios, alimento sin el cual nuestra fe corre el riesgo de degenerar en magia y superstición.



3) EL DOMINGO ES EL DÍA DE LA EUCARISTÍA. La vinculación de la Eucaristía al domingo es una realidad desde los orígenes de nuestra fe. “El domingo nos reunimos para la fracción del pan” (Hch 20,7-12), gesto que no es puntual sino constante (cf Hch 2,42).

Participar en la misa del domingo no sólo nos une a la comunidad celebrante; también nos hace entrar en íntima comunión con el Señor: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él” (Jn 6,56). La resurrección se participa en la Eucaristía: “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6,54); además, la presencia de Cristo en las especies eucarísticas se convierten en polo de atracción y unidad para los creyentes. Quien comulga con Cristo no puede mantenerse ajeno a Dios, a los hermanos y la creación entera, porque todo queda redimido por la muerte y resurrección del Señor (Pascua) que se actualizan en la Misa.

4) EL DOMINGO ES EL DÍA DE LA CARIDAD. San Pablo sugería a los fieles de Corinto ahorrar una cantidad “cada primer día de la semana” con destino a la colecta en favor de los hermanos de Jerusalén (cf 1 Cor 16,2), explicando con ello la solidaridad cristiana como expresión de la generosidad del mismo Cristo (cf 2 Cor 8,9 ss). La caridad cristiana se participa en la misa; en ella confluye la comunión con los hermanos y desde ella salimos a trabajar por la justicia en el mundo. Sin caridad (que supone y va más allá de la justicia) no hay Eucaristía.

5) EL DOMINGO ES EL DÍA DE LA MISIÓN. Tras la Eucaristía partimos a anunciar a los hermanos que hemos reconocido al Señor “en la fracción del pan” (Lc 24,35). La misión surge espontáneamente de la experiencia gozosa de la fe que se ha alimentado en la mesa común. Todo lo que se ha experimentado en la misa se hace extensivo a la existencia entera. La experiencia Eucarística genera la misión; una Iglesia sacramental, si se le puede llamar tal, sólo es real si culmina en la misión: "id por todo el mundo y anunciad el evangelio" (Mc 16,15)

6) Finalmente digamos que EL DOMINGO ES EL DÍA DE LA ALEGRÍA Y DE LA PAZ, mientras esperamos el domingo sin ocaso en que la humanidad entera entrará en tu descanso” (Liturgia eucarística). La alegría y la paz del domingo es signo del gozo pleno que esperamos vivir en el encuentro definitivo con el resucitado: “Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor". "Paz a vosotros" (Jn 20, 20-21). El domingo alegra y da sentido a la semana como Cristo alegra y da sentido a toda nuestra vida. Por eso, la felicidad total, la plenitud de la vida cristiana, es definida como un “domingo sin ocaso”, un paz duradera, eterna..


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¡Cómo nos hemos dejado escapar el domingo! Los nuevos tiempos giran en torno a otras cosas. Ya hemos señalado algunas al inicio de este escrito. Da la sensación de que el culto al cuerpo y al dinero han ido sustituyendo paulatinamente a Dios en el motivo del día cristiano por excelencia. Como si el fin de semana no tuviera otro sentido que hacer deporte, divertirnos (dispersarnos)  y no faltar a la  cita con el consumo. 

Los creyentes deberíamos tomar conciencia de que la celebración dominical comunitaria de la Eucaristía, y con ella el domingo en general, necesitan recuperar profundidad. Tal vez necesitemos hacer del domingo un día más espiritual, un día dedicado al Señor, donde la catequesis dominical y la celebración de la Misa sean el motivo (motor) que dinamice el día. Se trata de hacer de este día un tiempo donde las actividades y gestos  sencillos, tales como el encuentro con los hermanos en la fe, la comida en familia, el paseo, la visita a los enfermos o a los abuelos, el café y la charla distendida con los amigos, etc,  se consideren y disfruten y  como lo más grande que tenemos, un gran don de Dios revelándose en lo sencillo.

Al reseñar las apariciones del Señor en domingo las primeras comunidades dan fe de la importancia que dieron a este día como propicio para alimentar la paz y la alegría que proceden de la fe en el resucitado. Recuperar el domingo no es una cuestión de calendario, es una cuestión de fe. Sólo posible si se hace desde la experiencia pascual. No olvidemos que no es el domingo el que ilumina la resurrección, sino al contrario: es la experiencia de la resurrección la que da color al domingo. Recuperemos el sentido espiritual de la resurrección de Jesús para nosotros, y todo lo demás vendrá por su peso.  

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(1) NOTA: Las ideas básicas sobre el significado del domingo están tomadas del documento de la Conferencia Episcopal Española Domingo y sociedad (25-Abril-1995) sobre el sentido cristiano del domingo.
Casto Acedo
Abril 2026

lunes, 6 de abril de 2026

Virgen de la Albuera (6 de Abril)


HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA ALBUERA 2026

(Para escuchar un comentario sobre el trasfondo social de esta homilía puedes escuchar el audio que se enlaza al final del texto)

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Compañeros sacerdotes, Mayordoma y miembros de la Hermandad, Sr Alcalde y corporación municipal, feligreses y pueblo de san Pedro de Mérida:

LA PASCUA, TIEMPO DE ENCUENTRO

Ayer celebrábamos en nuestra Parroquia y pueblo de san Pedro de Mérida, la procesión de los encuentros, que terminaba viviendo al templo a celebrar la eucaristía de la resurrección y haciendo la ofrenda floral a la Virgen de la Albuera.

En cierto modo, TODO LO QUE CELEBRÁBAMOS EN SEMANA SANTA SON “ENCUENTROS”... Y LA VIDA MISMA ES “ENCUENTRO”; a veces desencuentros y encontronazos, es verdad) ... pero lo que construye la vida no son éstos sino los “sanos encuentros” con personas y circunstancias que dan sentido a nuestros días.

Una fiesta es un encuentro de personas que comparten un mismo sentimiento de gratitud. Y la fiesta tiene siempre una dimensión comunitaria... ¿Imagináis una fiesta en solitario? Imposible. Si o hay nadie con quien compartir, con quien dialogar, ... no hay felicidad... no hay fiesta.

TODA LA SEMANA SANTA ES UN PROGRAMA DE ENCUENTROS COMUNITARIOS:

Domingo de Ramos: encuentro de Jesús con un pueblo que le aclama, aunque en la Pasión se vuelve contrario: ¡Crucifícale!

Jueves Santo. Jesús se reúne con sus discípulos en la Última cena y nos deja el memorial... “Haced esto en memoria mía”... “Lo que yo he hecho, hacedlo vosotros”... Y ¿qué ha hecho Jesús? Salir al encuentro de la humanidad necesitada de un norte hacia el que dirigirse... El “memorial” (Eucaristía) es el punto de encuentro (por eso hoy también la celebramos)

Viernes Santo. Encuentro con la cruz -con el crucificado- . La cruz parece romperlo todo... pero no es así. En la noche de Viernes Santos volvíamos a encontrarnos, y esta vez nos reunía la Virgen de la Soledad... Nos encontrábamos para consolar, acompañar a María doliente, como nos encontramos cuando alguien de la comunidad o pueblo vive momentos difíciles.

Y el Sábado Santo y ayer Domingo de Resurreción teníamos la “PROCESIÓN DE LOS ENCUENTROS”... María (la Iglesia) se encuentra con el Resucitado y pasa de vivir “sin miedos”, confiada en que Jesús camina con ella.... Pasamos de la oscuridad (manto negro) a la luz (manto blanco) ...

Con cada encuentro vamos aprendiendo algo, vamos acumulando experiencias, vamos creciendo; o menguando en los desencuentros y encontronazos

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 ENCUENTRO CON NUESTRA  MADRE DE LA ALBUERA

Hoy nos encontramos con la Virgen María, Madre de la Albuera. Y Madre y símbolo de la Iglesia. Diría más, María es madre y símbolo de un Pueblo (San Pedro de Mérida). Si soltamos lo religioso y profundizamos en lo espiritual, no hay duda de que, incluso para no-creyentes y no-católicos, esta imagen nuestra, además de su valor estético y religioso, tiene un significado de “integración de un pueblo”. Forma parte de nuestra historia.

¿QUÉ NOS APORTA NUESTRO ENCUENTO CON LA VIRGEN DE LA ALBUERA? ¿QUÉ LUZ, QUÉ ENSEÑANZA, QUÉ FUERZA, ... IRRADIA SU IMAGEN CUANDO LA ENTRONIZAMOS Y SACAMOS A NUESTRAS CALLES?

La Virgen María de Nazaret aparece en los evangelios como MUJER VIRTUOSA. Puede sonar como muy pío y cursi eso de “virtuosa”, pero “virtud" significa fuerza, poder, capacidad. Nos preguntamos: ¿Qué poderes emergen de esta imagen, -mejor de esta persona- la Virgen María que veneramos bajo la advocación de La Albuera, y que hoy celebramos?

La Iglesia católica considera que hay dos tipos de virtudes... Las virtudes morales (cardinales; fundamentales en la cultura clásica) y las teologales. Virtudes morales son   “la prudencia (capacidad de elegir lo que nos conviene decir y hacer) , la justicia (darle a Dios y al prójimo lo que le es debido) , la fortaleza (que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien) y la templanza (que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.) (CATIC 1885).Estas virtudes morales las hallamos en la Virgen María. Eligió decir sí a Dios (prudencia), respondió a lo que Dios le pedía (justicia), fue una mujer fuerte, se mantuvo de pie -sin venirse abajo- junto a la cruz (fortaleza) vivió la austeridad evangélica (templanza).

Las otras virtudes, las teologales, arraigan las anteriores en Dios: FE, ESPERANZA Y AMOR. María destaca por ser mujer de fe, de esperanza y de amor. Tuvo una vida teologal, de relación con Dios que determina su propio ser como mujer creyente, esperanzada y amorosa.


María, mujer creyente (fe) 

Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,45). Hay que destacar en la Virgen María, y en cada persona y en la vida de un pueblo, la fuerza de la fe, que no es un simple “creer lo que no se ve”. Tener fe es confiar, fiarse de algo, “sé de quien me he fiado”  (2 Tim 1,.12), dicen las Sagradas Escrituras.  María supo de quien se fiaba.

La fe pide silenciar la razón egocéntrica, los propios pensamientos, para aprender a pensar desde Dios, o lo que es lo mismo, desde el silencio original que nos abre a nuevos criterios. Es cuestión de “saber escuchar”. María “obedeció”, pero antes escuchó, sopesó; la fe no es ciega... “Aquí estoy, esclava del Señor” (Lc 1,38)... LA FE MUEVE MONTAÑAS... Quien emprende una tarea, una vida matrimonial, un negocio, un proyecto,... necesita fe... y su éxito va a depender mucho de eso. María, modelo de fe es modelo de emprendedores.

LA FE ES UN RIESGO. Nunca sabes cómo va a acabar algo que inicias, pero una persona que no arriesga, un pueblo que no se confía a proyectos nuevos, una persona o sociedad no-emprendedora,  envejece y muere. MARIA ES MODELO DE FE, de riesgo, de lanzarse a una misión que parecía imposible: "¿Cómo será posible si no conozco varón?", le dijo al ángel de la Anunciación. "Para Dios nada hay imposible" (Lc 1,34-35), le respondió"; y ella se lanzó a vivir su misión.


María, mujer de esperanza 

Si la fe exige depurar “nuestros pensamientos”, nuestra visión estrecha de la vida, la esperanza exige depurar nuestros sentimientos. Todos tenemos dentro una serie de experiencias que marcan nuestra vida: infancia más o menos feliz, experiencias familiares diversas, alguna situación dolorosa, etc... Y eso nos hace ver la vida de una manera u otra... y a nivel de pueblo, también hay una memoria o cúmulo de experiencias.

Se habla de MEMORIA HISTÓRICA: traumas, éxitos, gozos y dolores de una persona o de un grupo concretos. Esa memoria nos hace vivir en esperanza o desesperanza. Cuando esa memoria genera dolor y sufrimiento, debe ser sanada, aceptada, asimilada, reconciliada. Y esto vale para las personas y para los grupos humanos; se necesita RECONCILIACIÓN CON UNO MISMO Y RECONCILIACIÓN COMUNITARIA. Los conflictos personales y comunitarios  suelen ser fruto de una memoria negativa (experiencias dolorosas). La paz fruto de una memoria reconciliada.

La Virgen María es “Madre de la esperanza”, ¿cómo? Vivió una situación difícil: embarazo nada convencional, ¿rechazo de su entorno?. Hubo de conciliar su estado y sus circunstancias con los convencionalismos sociales del momento. Y parece ser que no desespero.

¿CÓMO ENTENDIÓ MARIA LA ESPERANZA? Aprendió que la esperanza no se ha de poner en algo externo, en que cambien las circunstancias de afuera mientras esperas pacientemente. Desde la fe en Dios vivió la esperanza desde su centro (vientre), ahí donde estaba Jesús gestándose. San Pablo dice que la esperanza es “ANCLA DEL ALMA”, un sentimiento interior que te permite superar los problemas y dificultades, trabajar por cambiar el mundo, sin quemarte;  vivió en la esperanza de que las promesas de Dios pronunciadas por el ángel de la Anunciación se cumplirían: “Tu Hijo será será grande y será llamado Hijo del Altísimo; ... y su reino no tendrá fin.” (Lc 1,32-33). 

Anclada en la fe María no temió y se comprometió a fondo. Así, junto a la cruz, como Abrahán, “esperó contra toda esperanza” (Rm 4,18) QUIEN TIENE DENTRO A DIOS NO TEME ni se arredra. El miedo es lo que genera la desesperanza. “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo” (Salmo 23,4).Y no se trata de un no-temor pasivo, sino valiente, que lanza a testimoniar y trabajar por la justicia y la verdad hasta el límite del martirio.

La Virgen de la Albuera es para nosotros signo y ejemplo de ESPERANZA. Cuando las cosas se tuercen en la vida personal o cuando nuestra dedicación a la justicia parece no dar frutos, ¿no hemos experimentado en muchas ocasiones cómo al acudir a Nuestra Señora nos hemos mantenido firmes en la esperanza? ¡Cuánto necesitamos hoy de esta virtud! La falta de trabajo y vivienda, la situación global económica difícil, las guerras fratricidas,... CUANDO MUCHOS VALORES PARECEN DERRUMBARSE, CUANDO TODO SE VE OSCURO, LA ESPERANZA NOS SOSTIENE PARA SEGUIR LUCHANDO. Una esperanza, dice san Pablo, que se asienta en la fe en Cristo Jesús triunfador sobre el mal y la muerte: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; .. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a Aquel que nos ha amado" (Rm 8, 35.37).


María, Madre de amor.

Señalamos finalmente a Nuestra Señora da la Albuera como MODELO DE CARIDAD O AMOR. Si la fe nos pedía en cierto modo “crucificar” o purificar nuestros pensamientos y razones; si la esperanza nos exige reconciliarnos con nuestras experiencias, sobre todo las negativas, la caridad o amor exige poner la voluntad al servicio de Dios y del prójimo cuando nuestra tendencia suele ser la de buscar ser servidos más que servir.

María puso su vida al servicio de la humanidad aceptando ser la madre del Salvador. No miró por ella sino por nosotros. No pidió que la adoráramos; su enseñanza fue que buscáramos imitar a Jesús, que no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en beneficio de todos (cf Mt 19,28).  Este fue el programa de vida de María: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5), haced lo que veis que Él hace, porque su palabra nunca contradice sus hechos.

MARIA MADRE ENSEÑA A SUS HIJOS A AMAR. Lo hace amándonos ella. Y ella sabe que la salvación, la salud mental y espiritual, se funda en una vida amorosa, de servicio, nada ególatra ni egoísta. Su visita a Ain Karen, así llama la tradición al pueblo de la montaña donde vivió su prima Isabel, embarazada de seis meses, nos muestra a la Virgen como una joven preocupada por las necesidades de quienes le rodean. Acude y experimenta el gozo del amor práctico. 

Vivir adecuadamente nuestra fiesta de la Virgen de la Albuera  sólo es posible viviendo el amor entre nosotros. “Amaos como yo os he amado” (Jn 15,12)dijo Jesús. Amémonos también como nos ama Nuestra madre de la Albuera. Observa la mirada dulce y amorosa, la sonrisa complaciente y amable que refleja la imagen que veneramos. Contemplándola nos empapamos de su belleza y dulzura; nos llenaos de su amor a Jesús y a la humanidad. En Ella tenemos un ejemplo de amor, de vacío de pretensiones de grandiosidad.

La clave de una vida acertada está en el amor. LAS MIMBRES CON LAS QUE TEJER EL CESTO DE NUESTRO PUEBLO ES EL “AMOR MUTUO”, con lo que eso conlleva de compromiso por el bienestar de todos. El amor entre nosotros ha de ser “efectivo”, comprometido con la justicia y la defensa de los más débiles.

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Vivamos este día con el gozo de tener una Madre adornada de VIRTUDES tan excelsas. Dijimos que “virtud” significa “fuerza, valor”. Que nuestra MADRE DE LA ALBUERA nos ayude a fortalecernos personalmente, como parroquia y como pueblo, con las virtudes morales de la prudencia, la templanza, la justicia, y la fortaleza; y que Dios nos conceda crecer en fe, esperanza y amor.

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Comentario en audio:


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¡FELIZ DÍA DE NUESTRA MADRE DE LA ALBUERA!.

Casto Acedo 
6 Abril 2026

viernes, 3 de abril de 2026

Celebrar la Resurrección (Vigilia Pascual)

EVANGELIO Mt 28,1-10

"En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:

—«Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.

No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis». Mirad, os lo he anunciado.

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro: impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a sus discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

—«Alegraos».

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo:

—«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Palabra de Dios

Un comentario a este texto desde la Inteligencia Artificial (IA), al final, con nota previa.

VIGILIA PASCUAL

Todas las celebraciones del año litúrgico convergen en esta noche. Porque ésta no es una noche cualquiera: “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” (Pregón Pascual). Esta es la noche en la que la oscuridad de estos días de Semana Santa encuentran ven cumplidas sus esperanzas y encuentran la Luz..

Esta es la noche

Sin esta noche ni la fe (creer ¿para qué?, ¿para morir?), ni la Iglesia (sería una comunidad de fracasados) ni la vida misma (¿de qué serviría una vida abocada inexorablemente a la muerte?), tendrían sentido alguno. Porque “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios” (San Ireneo); la vocación del hombre a la vida sólo encuentra su plenitud en la resurrección para una Vida Eterna.

Esta es la noche en que “se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón Pascual). La vida de Dios alcanza de pleno al hombre y desde ella el hombre tiene acceso a Dios. En Cristo resucitado el hombre recobra con fuerza la chispa divina que se debilitó en el paraíso: Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea divinizado.

Estamos en la noche del “encuentro” (sacramento) de Dios con la humanidad. Esta madrugada y el alba del domingo tendrán lugar en nuestros pueblos y ciudades las  procesiones que llamamos de "los encuentros”. En ella se celebra la resurrección y su proyección salvífica en el mundo simbolizado en María. Ella es la imagen viva de la Iglesia que recibe la buena noticia de que su Señor ha resucitado. 

La Pascua es el encuentro de la humanidad con su Salvador, la aurora de una nueva era en la que todo adquiere un ser nuevo: “Esta es la noche de la que estaba escrito: `Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo´. Y así esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón Pascual). Es la noche del magníficat, noche en la que proclamamos con María (Iglesia) las grandezas del Señor. 

En esta noche converge 
toda la historia de la salvación
 

Los motivos de nuestra alegría pasan ante nosotros en la liturgia de la Palabra que narra los hitos de nuestra salvación, desde la creación del mundo y del hombre (Gn 1, 1-31;2,1-2), hasta la nueva creación por la resurrección (evangelio: Mt 28,1-10) y el bautismo (epístola: Rm 6,3-11). Contemplamos como la Iglesia ve la salvación incluso en las situaciones más difíciles, como lo fueron el sacrificio de Abrahán (Gn 22,1-18), el paso del mar Rojo (Ex. 14,15-15,1), o el llamamiento a volver del Exilio (Ez 36,16-28).

El mensaje central de todas las lecturas proclamadas confluye en una afirmación incontestable: La victoria es de nuestro Dios. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. “La tumba está vacía. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho” (Mt 28,6a).

Por tres veces aparece en el evangelio de hoy el verbo “ver”: “Al alba del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro” (Mt 28,1); “Venid a ver el sitio donde yacía”(Mt 28,6b); El ángel: “Ha resucitado de entre los muertos... id a Galilea. Allí lo veréis”(Mt 28,7), Jesús: “...Que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10). Por otro lado, se nos dice: “no está aquí”. 

Ya no es visible, ni tangible, ni verificable, ni localizable en un espacio y en un tiempo concretos. El evangelio juega con la paradoja tan propia de la fe que es el “ver y no ver”. Cristo ha resucitado, pero eso sólo lo ven los que creen. La visión física se queda en un dato: “ved el sitio donde lo pusieron”, el sepulcro está vacío. El sepulcro vacío es visible para todos. Pero la fe va más allá y ve en el sepulcro la victoria de Dios sobre la muerte.

Con la resurrección, situaciones tan oscuras como las que estamos o podemos estar viviendo (el dolor, la enfermedad y la muerte) adquieren un tono distinto. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. Si el que murió en la cruz y “descendió a los infiernos”  ha resucitado siendo acreditado por el Padre ¿qué mal podemos temer?

"No temáis", dirá Jesús resucitado a sus discípulos bloqueados por un hecho hasta entonces  inusual que les lleva a confundirlo con un fantasma. Soy yo, que vuelvo para estar con vosotros y sosteneros en vuestra lucha. Es como si dijera: "Todo irá bien". ... El Señor nunca dijo ‘no seréis zarandeados por la tempestad’ o ‘no os veréis abrumados por el trabajo’ o ‘no os faltará consuelo’, sino que dijo: ‘No seréis vencidos’. Dios quiere que tengamos en cuenta estas palabras, de forma que siempre, tanto en la alegría como en el dolor, tengamos una total confianza"  (Juliana de Norwich). 

De la muerte a la vida (Bautismo y Eucaristía).

En el día del Viernes Santo  contemplábamos el dolor del Hijo que nos llevó al llanto, a llorar nuestro pecado, a compadecernos de Cristo que sufre en los hermanos. Hoy vemos el gozo de la Iglesia, la alegría del resucitado, que nos motiva para la propia alegría. Si con Cristo sufriente somos invitados a solidarizarnos con el dolor de los hombres, con Cristo triunfante, vencedor del mal y de la muerte, somos invitados a repartir alegría y esperanza: “Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10).

Todo este misterio de muerte y de resurrección se celebra en la Iglesia sobre todo con los dos grandes sacramentos:el Bautismo y la Eucaristía.

“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6,4). Hoy renovamos las promesas del  bautismo por el que fuimos injertados en la Vida resucitada del Señor: “Si hemos muerto con Cristo -ritual y existencialmente-, creemos que también viviremos con Él” (Rm 6,8). Este se nuestro gozo y nuestro “secreto” (el misterio de nuestra fe).

Jesús resucitado también partirá el pan con nosotros y para nosotros esta noche. “El que come de este pan vivirá para siempre... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,51.54). No sólo celebramos la resurrección sino que también la participamos (comemos) en la Eucaristía.

Esta noche invita al encuentro con Dis y con los hermanos para compartir la alegría de la Pascua; en solitario o en familia, hagamos un esfuerzo por participar en la fiesta de la resurrección. Cristo viene como Luz. No para deslumbrar y cegar sino para iluminar. Deja que su Palabra, que es "lámpara para tus pasos" (Salm 108,105), te guíe, que su sacramento te alimente, porque "el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,48), y que el Espíritu del Resucitado sea tu brújula, porque sabe mejor que tú lo que te conviene (cf Rm 8,26).

Que nuestras ventanas griten nuestra alegría a todos los que aún no conocen la noticia de la resurrección: 
“Verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lc 24,34), entre las tinieblas de la enfermedad y la muerte se abre el paso la Luz.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

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COMENTARIO DE AUDIO SOBRE EL TEXTO

Nota previa:

Pedirle a la Inteligencia Artificial (IA) que haga un comentario de fe a la Resurrección de Jesús es algo que  desborda sus posibilidades. Podéis observar que rehúye cualquier afirmación de fe proclamada directamente. Como mucho dice “los cristianos dicen...”. El uso de la lógica de los byts es algo que distingue esta inteligencia de los humanos. Pero las personas son algo más que cerebro, mente o seres puramente pensantes. En los comentarios que ya habéis podido oír en otras entradas de este blog podéis observar que los razonamientos están  muy bien estructurados; en este también. Pero no olvidemos que lo que nos da identidad como personas y creyentes no es la razón sino el Misterio, y ¿qué mayor Misterio que la Resurrección? Tómate los comentarios de la IA a mis textos como un complemento desde la razón lógica, un intento de hacer comprensible el mensaje evangélico a quienes aún no han recibido el don de la fe, una praeparatio evngelica. El lenguaje y los parámetros del converso, que se ha encontrado con el Amado, van más allá de la lógica y las palabras. A esto no alcanza a llegar la IA, porque le faltan partes del alma, que no es sólo razón  (entendimiento) sino también espíritu (voluntad) y memoria (experiencia y sentimiento). Nunca podrá sentir una máquina el fuego del Espíritu Santo que enciende la Pascua en el corazón de las almas. 

Dicho esto, os dejo el comentario de la IA  en audio: 

https://drive.google.com/file/d/1PyJpFDZKdqhL3_gKP_1TSfb_alTgiD18/view?usp=sharing

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Casto Acedo. 
Abril 2026. 

miércoles, 1 de abril de 2026

Amar la Cruz (Viernes Santo)

LECTURA DEL PROFETA ISAÍAS
52, 13-53, 12

Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande.

Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído.

¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor?

El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada.

Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.

Palabra de Dios

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(Comentario en audio al final del texto) 

Sentido cristiano de la Cruz

El Viernes y Sábado Santos la cruz y la muerte ocupan un lugar privilegiado en nuestras celebraciones. Los viacrucis, la lectura-contemplación de la Pasión del Señor, las procesiones del Santo Entierro, la Virgen María, mater dolorosa, imagen de la Iglesia que vive como propios los sufrimientos del Hijo y de los hijos, todo apunta hacia el lado oscuro de la vida, la frontera donde el enemigo acecha a los hijos de la luz y les invita a rendirse. ¿Merece la pena creer, esperar y amar a Dios? ¿Vale la pena desvivirse por el prójimo? ¿tiene algún sentido sufrir?

Existe un abismo entre los paganos y los creyentes a la hora de mirar e interpretar la cruz. El sufrimiento y la muerte son considerados por los ateos (sin Dios) como un sinsentido, destino inexorable del hombre que lucha en vano por sobrevivir a sí mismo. La columna truncada, símbolo pagano de la muerte, nos pone sobre aviso: por muy próspera que sea una vida la muerte la siega sin piedad; pueden quedar tus obras, pero tú desapareces en la nada más absoluta. Sin resurrección la cruz es el lugar del pesimismo y la desesperación. No es extraño que este símbolo se quiera erradicar de la vida pública en una sociedad sin Dios. La enseñanza que sobre la cruz nos dió san Pablo, calificándola de necedad para los racionalistas y escándalo para los que viven en una religiosidad natural ("escándalo para los judíos, necedad para los gentiles". 1 Cor 1,22) sigue siendo actual.

Sin embargo, a los ojos del creyente, la cruz muestra un rostro distinto. No es ignorancia sino sabiduría. Para los primeros cristianos no fue desde el principio signo de muerte sino de vida. Verdad es que en los primeros siglos les costó aceptar la imagen del crucificado como signo por excelencia de la nueva fe; prefirieron la imagen del Buen Pastor o la del pez (YCTIS: Jesucristo, Dios y Salvador)); hasta la Edad Media no se comienza a unir la imagen del Pantocrátor (Cristo Todopoderoso) al símbolo de la cruz; aparecen entonces las imágenes románicas de Cristo crucificado, con vestiduras y corona reales, sereno, poderoso Señor de todo. El renacimiento mostrará el rostro humano del hombre perfecto, Jesús, prendido de la cruz; y será la imaginería barroca la que dotará a los crucificados de unos gestos de dolor y angustia propios de una espiritualidad marcada más por el sacrificio del hombre que por el poder sanador de Dios. ¿No ha marcado en exceso nuestra visión esta última espiritualidad?


Cuando adoramos la cruz lo hacemos porque en ella palpamos el dolor de Cristo y el dolor del mundo como dolor de Dios. Abrazarlo  no es desearlo ni promoverlo, es aceptarlo desde el misterio de la fe, como lo aceptó Cristo, aceptando la voluntad del Padre, con la certeza de que lo que no entendemos ahora Él nos lo dará a entender mañana (cf Jn 13,7). 

Abrazar el dolor es hacer nuestros, como los hizo Jesús, los sufrimientos e injusticias que llevan sobre sí los crucificados de nuestro siglo. Abrazar la cruz es decir ¡basta ya! a las guerras, la violencia doméstica, los abusos, la explotación, el abandono, la desigualdad, … Sólo desde el compromiso serio por un mundo más justo podemos decir sin blasfemar que son bienaventurados los que toman la cruz y siguen a Jesús. Porque asumir la cruz de cada día, estar entregados cada minuto a los demás, desvivirse por el esposo o esposa, por los hijos, por los abuelos, por los vecinos, por los compañeros de trabajo, por los prójimos o lejanos, no es morir sino vivir. A la experiencia nos remitimos.

A la pregunta sobre la cruz y la muerte respondemos los cristianos con la afirmación de la vida. Creemos, no en la muerte fruto del pecado (injusticia) que lo enfanga todo, sino en la vida. El pueblo cristiano, en su sencillez, ha sabido entender el valor de la cruz como signo de felicidad y de vida. El día 3 de Mayo, en muchas de nuestras ciudades y pueblos se celebra la cruz florida, la cruz de Mayo. Este día se hacen cruces con adornos florales. Es la apoteosis de la cruz, su glorificación entusiasta, acto de fe por el que se pone de manifiesto que para los cristianos la cruz no es principalmente lugar de muerte sino de resurrección y vida.

Insisto en que para los que creen en Cristo, la cruz es signo de vida. Morir es vivir; el destino del hombre es la muerte, ¡cierto!, en esto coincidimos con los paganos, pero la muerte es semilla de eternidad. "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12,24). A fin de cuentas, desde el momento en que nacemos comenzamos a morir; y en nuestra mortificación, nuestro amor hecho entrega, genera vida en nosotros y en aquellos a quienes amamos. Así entendió Jesús su existir: "vivir para", salir de sí mismo, vivir entregado al Padre en los demás.


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El Viernes Santo no se celebra misa, porque viernes, sábado y domingo de resurrección se consideran un solo día. Un día completo donde se realiza la Pascua, el paso del Señor de la muerte a la vida, de la cruz a la resurrección. Esta aporía o aparente contradicción de la Pascua, que es a la vez muerte y vida, la  dilucida la fe contemplando al crucificado-resucitado. Dada nuestra condición humana sabemos que amar exige morir, tal vez es mejor decir "mortificarse"; la medida del amor es la capacidad de tomar la propia cruz y ayudar a los demás con la suya; muriendo (trabajando, desvelándose, mortificándose) por sus hijos hallan los padres  y las madres la vida. La vida exige amar la cruz como clave para amar; la cruz florece en amor cuando se asume. 

La vida cristiana no consiste en acercarse a Dios para que nos quite las cruces; en todo caso nos acercamos para que nos ayude a amarlas y llevarlas  hacia adelante, nuestras realidades dolorosas.  En el pueblo de Don Álvaro, del que fui párroco, se canta un himno a la Cruz que puede darnos a entender todo lo dicho: "Cruz bendita, Santa Cruz, ¡haz Señor  que  la queramos, como la quisiste Tú!". 

Jesús, el Hijo de Dios, cayó en tierra (encarnación) como el grano de trigo, asumió su cruz y cargó con las nuestras; su fruto ha sido abundante. ¡Abracemos la cruz como el territorio que hemos de atravesar para llegar a la Vida!
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Recurso. Comentario en audio: (12 minutos)


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 Casto Acedo
Abril 2026 

El "primer día de la semana" (12 de Abril).

EVANGELIO Jn 20,19-31 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por ...