jueves, 21 de mayo de 2026

Novena Trinidad - 1 Dios es Misterio.




Dicen que una mujer murió después de una vida larga y llena de obligaciones. Había cuidado de su casa, de sus hijos, de su esposo y de todos los que acudían a ella. Cuando llegó ante Dios, escuchó una voz que le preguntó:
—¿Quién eres?
Ella respondió enseguida:
—Soy la esposa de Miguel.
Y Dios le dijo:
—No te he preguntado de quién eres esposa.

La mujer pensó un momento y contestó:
—Soy madre de cuatro hijos.
La voz respondió:
—No te he preguntado cuántos hijos tienes.

Algo confundida, añadió:
—Fui maestra durante treinta años. Ayudé a muchas personas.
Y Dios volvió a decir:
—No te he preguntado qué hacías.

La mujer guardó silencio. Por primera vez en su vida, no tenía un papel al que aferrarse, ni un nombre prestado, ni una tarea, ni una función.

Entonces la voz preguntó de nuevo, con dulzura:
—¿Quién eres… cuando no eres la esposa de nadie, ni la madre de nadie, ni lo que haces para los demás?

La mujer bajó la mirada. Hubo silencio en su corazón.
Y cuentan que ese silencio fue el comienzo para encontrarse a sí misma de verdad.

 

*


Sueles hablar acerca de lo que haces o de lo que tienes, incluso a veces hablas de lo que eres loando tus capacidades o tus logros. Pero si te preguntas desde fuera de ti mism@ "quién eres" no consigues dar con la respuesta adecuada.

 

¿Quién soy más allá de lo que hago, tengo o está escrito en mi DNI? Y aquí sólo cabe una respuesta: “Soy un misterio”, soy un misterio, algo que no puedo explicar con palabras; ¿quién es es@ que observa desde dentro mis pensamientos y mis obras? Porque y o no soy lo que pienso ni lo que hago, soy otro. No puedo explicar quién soy, solo puedo sentirme y vivirme. ¿Quién soy yo? Soy un misterio que tengo que conocer y vivir  desde mi sinceridad interior.

 

Dice la Biblia que Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Y si yo soy un misterio para mí, ¿quién es Dios? ¿No es también un Misterio?   Podemos preguntarle a la gente acerca de quién es Dios, y unos te dirán que no existe, otros que una invención de la mente, otros, creyentes, te dirán que es el que hizo todo lo que veo y palpo, el que me ha salvado, el que me ha curado, etc... Y podríamos decir lo que se le dice a la mujer del cuento con el que iniciábamos este escrito: no pregunto si existe o no, tampoco lo que ha hecho, ni de qué te ha salvado, ni de qué enfermedad te libró; te pregunto "quién es Dios". Y si tú, imagen de Dios, eres "un misterio", Dios en sí es también un Misterio.

“¿Quién eres… cuando no eres la esposa de nadie, ni la madre de nadie, ni lo que haces para los demás? La mujer bajó la mirada. Hubo silencio en su corazón. Y cuentan que ese silencio fue el comienzo para  encontrarse de verdad”"

También al Misterio de Dios se accede por el silencio y la contemplación. "Contemplar" es "mirar otra vez", ir más allá de la cáscara, más allá del envoltorio de la persona, para poder verla en su ser eterno. Contemplar a Dios es callar nuestras ideas sobre Él, nuestras imágenes (también la imagen de la Santísima Trinidad que preside nuestra novena) y nuestras palabras.

A Dios sólo podemos acercarnos entrando en el mismo “silencio”, dejando a un lado nuestras visiones particulares, nuestras ideas interesadas acerca de Él, nuestras expectativas de lo que esperamos obtener de Él en esta novena o en nuestras oraciones. Ante el misterio, y Dios es el MISTERIO DE LOS MISTERIOS, no valen razonamientos (¿tres en uno?) ni componendas (imaginarlo según mi saber y conveniencia). Ante el Misterio  de Dios que nos sobrepasa sólo nos queda contemplarlo en el silencio.


Minuto de silencio

Haz un minuto de silencio... Y pregúntate: ¿Quién soy yo? Deja a un lado tus creencias, despójate de tus títulos (padre, madre, maestro, funcionario, vecino...) y ahonda en tu ser; “soy Hijo de Dios, estoy habitado por el Espíritu Santo”, soy “misterio”  ....Y desde lo más hondo de tu ser contempla (mira con los ojos del corazón) a la Santísima Trinidad; ve más allá de la imagen ... y pregunta a Dios: Señor, ¿quién eres Tú?  


Repite  interiormente con san Gregorio Nacianceno::

 

Oh Dios, Trinidad Santísima,  

eres “el más allá de todo”.

Trinidad bendita, Misterio insondable. 

¿Cómo llamarte con otro nombre?

No hay palabra que te exprese 

ni espíritu que te comprenda

si tu Espíritu no abre su entendimiento.


*

 Casto Acedo

Mayo 2026

 

Pentecostés (24 de Mayo)

 


HECHOS DE LOS APÓSTOLES
 2,1-11

AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

¡Palabra de Dios!

*


Espíritu Santo 

La semana pasada, celebrando la Ascensión, el Señor nos invitaba a quedarnos en casa a la espera del Espíritu. “Les ordenó que no se alejaran de Jerusalén" (Hch 2,4). Hoy, tras unos días de espera en oración, celebramos el envío y recepción del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es la persona más desconocida de la Santísima Trinidad. Y no sólo por ser la más difícil de dibujar o imaginar mentalmente. Es una persona que se resiste a ser cosificada. Pintamos al Padre como un abuelo sabio, canoso e indulgente, con reminiscencias manidas adquiridas desde la parábola del hijo pródigo. Al hijo le solemos representar con un rostro de atractiva humanidad, o con un gesto doloroso de entrega en la cruz. Pero para el Espíritu Santo nos faltan imágenes humanas de referencia; para describirlo recurrimos a símbolos: paloma, agua, viento, rocío, fuego, aceite, etc.,  que evocan, pero que no logran definir por sí mismas, el Misterio de Dios. 

Una de las cosas buenas que tiene la tercera Persona de la Santísima Trinidad es que es difícil de objetivar en una concreta imagen externa. Esto nos previene de caer en una sutil y camuflada idolatría. ¿No hay quien se focaliza en la imagen sin traspasar su significado?

Mejor el símbolo que la imagen. Las representaciones materiales son fácilmente manipulables; el cuadro o imagen del santo o la santa a quien acude el devoto permanece siempre el mismo (¡que no nos cambien el santo!), los símbolos, sin embargo, se disipan o se consumen, quedando sólo la referencia a lo simbolizado; de este modo remiten siempre a un reconocimiento más espiritual que material.

Así, al Espíritu no solemos darle culto sacando una enorme paloma en andas procesionales, ni poniendo cañones de aire que ventilen artificialmente los templos y las calles. Tampoco idolatrando un cirio, una hoguera o una pila de agua bendita; aunque algunos lo intenten. El Espíritu (mayúsculas) sólo puede ser adorado y reconocido en el espíritu (minúscula). Sin cultivo de una espiritualidad genuina, sin vida interior, no hay verdadero culto a Dios. La dificultad a la hora de acercarnos a Dios-Espíritu-Santo  no está tanto en la imposibilidad para imaginarlo sino en la poca relevancia que le damos en la vida personal y en la vida de la comunidad. 

Como realidad espiritual Dios Espíritu Santo nos previene de la idolatría material de las imágenes (cf Ex 20,3-4) e invita a ser conocido desde la fe que se nutre en la experiencia, a ser adorado como Presencia (presente) en el corazón del creyente y en el halo de divinidad que nimba a toda la creación.  “Se acerca la hora, ya está aquí, –dijo Jesús a la Samaritana- en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.  Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».  (Jn 4, 23-24).


Pentecostés 

Pentecostés celebra la fiesta del Espíritu, fiesta de Dios, porque Dios es Espíritu. 

¿Qué ocurrió en Pentecostés? Algo  muy grande. Incomprensible. Inefable. El libro de Hechos de los apóstoles habla de un grupo de personas reunidas en un mismo lugar, en oración, abiertas en fe al porvenir de una promesa. En realidad no saben cómo continuar la obra del Resucitado, pero confían. Por eso oran a pecho descubierto, arrepentidos de su anterior abandono del maestro y felices de hacerle podido ver resucitado, vacíos de ego, abiertos al don de Dios. Y cuando retumba el lugar, sopla el viento y se posa en ellos el fuego, no cierran sus ventanas por miedo a una catástrofe, sino que se dejan invadir por esa Presencia de aire, luz y energía (fuerza) del Espíritu que cambia sus vidas y les impulsa a salir de sí y a anunciar con entusiasmo el Reino de Dios. 

Estamos hablando de un encuentro real y vivo con el Espíritu; o sea,  de una experiencia de Dios. Aquellos hombres y mujeres no fueron motivados a evangelizar partiendo de unos planes pastorales o ideas geniales acerca de cómo explicar algo (teologías). Salieron llenos de Espíritu y de vida. No supieron como decir lo que estaban viviendo, pero todos comunicaban y a todos se les entendía como si hablaran la lengua materna de los oyentes. Muchos se reían de ellos, pero no les importaba, porque habían dejado atrás el culto al qué dirán. 

Pedro da la razón de todo lo que sucede: Dios ha resucitado a Jesús, al que matasteis, y vuelto a la vida "ha derramado su Espíritu, tal como vosotros mismos estáis viendo y oyendo" (Hch 2,33).  La promesa del Nazareno, que había dicho que “cuando sea levantado (crucifixión, ascensión) sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32) se está cumpliendo.

Había en el lugar gente "venidas de todos los pueblos que hay bajo el cielo. ... acudió la multitud y quedaron desconcertados, estupefactos y admirados, diciendo: ¿No son galileos todos estos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros les oímos hablar en nuestra lengua nativa?" (Hch 2,5-8).  Se refieren a  la lengua del Espíritu Santo, lengua nativa, maternal, universal: el lenguaje del amor.

En medio del desconcierto, el estupor y la admiración que produce la pluralidad y diversidad de modos y maneras, hay un punto de unidad: un mismo Espíritu, "un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos" (Ef 4,5-6). Cuando Dios, "luz que ilumina a todas las naciones" (Lc 2,32), es acogido todo se unifica. Es un indicativo claro de hacia donde debe caminar la Iglesia, que no es sino hacia donde el Espíritu la lleva, a la edificación de una comunidad universal donde el amor sea el único criterio de pertenencia. 


¡Ven, Espíritu divino!

Pide hoy el don del Espíritu para ti, para la Iglesia y para el mundo. Este Soplo divino es la clave secreta, escondida, misteriosa, para alcanzar la paz, el progreso y el entendimiento entre todos los seres de la tierra; porque "hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Dios que obra todo en todos" (1 Cor 12,4-6).

¡Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno!

Amén.
😊

Mayo 2026
Casto Acedo.

Novena Trinidad. 2 - Dios en la creación.

Un hombre viajaba kilómetros cada semana para rezar en un gran templo. Allí encendía velas, se arrodillaba y repetía largas oraciones.


Un día encontró a un anciano sentado bajo un árbol, mirando el atardecer.

—¿No vas nunca al templo? —preguntó el hombre.


El anciano sonrió.

—Voy todos los días.


El viajero miró alrededor, confundido.

—Pero aquí no hay templo.


El anciano tomó un puñado de tierra entre las manos y dijo:

—¿Y esto qué es?


Luego señaló las montañas iluminadas por la última luz del sol, el río que corría cercano y el viento moviendo las ramas.

—¿Y esto?

El hombre respondió:

—Naturaleza.


El anciano negó suavemente con la cabeza.

—Todo esto es el templo. Las piedras son sus muros. El cielo es su cúpula. Los pájaros son sus cantos. Y el aliento que entra y sale de ti… es la oración.


El viajero guardó silencio.


Entonces el anciano añadió:

—El problema no es que Dios esté lejos. Es que hemos encerrado lo sagrado dentro de edificios y hemos dejado de arrodillarnos ante la vida.

 

*


 

Dice san Pablo al inicio de su Carta a los Romanos que ...

 “... lo que de Dios puede conocerse  resulta manifiesto, pues Dios mismo lo manifestó. Lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras” (Rm 1, 19-20)

En el credo se habla de Dios Padre, creador, todopoderoso. Dicen que el artista extrae  de su propio ser la obra de arte. Contemplamos a Dios en la obra de su creación. 

 

Nos hemos acostumbrado a encerrar a Dios en lugares sagrados  (ermitas, Iglesias, monasterios, etc) y olvidamos con facilidad que Dios es “indomeñable”, es decir, no se deja dominar por nadie ni se le puede encerrar en ningún sitio.

 

Sin embargo nosotros tendemos a ponerlo en “un aparte”, ya sea espacial (templos), temporal (domingos y fiestas), ritual (sacramentos) o moral (está con y en los buenos, no con los malos). Buscamos a Dios en lugares concretos o pretendemos  escapar a su mirada alejándonos de esos lugares. Pero eso no puede ser; no puedo escapar de su mirada, porque, como dice el Salmo   

"Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha" (Sal 139,8-10)

Deberíamos recuperar la creación toda como templo de Dios. En toda ella se asienta su ser. Observa nuestra imagen de la Santísima Trinidad, entronizada sobre el cielo (nubes) y la tierra (bola del mundo); el cielo y la tierra forman parte de la figura trinitaria; Dios no está sólo por encima de todo lo creado, está también en todo lo creado. Es lo que los teólogos llaman “panenteísmo” (Dios en todo), que no hay que confundir con que “Dios es todo”; el ser de Dios no elimina la autonomía de lo creado, está en todo pero sin sustituirlo ni anularlo. 

 

No podemos desligar nuestra contemplación de Dios de la mirada a nuestro entorno natural. Dar un paseo por el parque de Cornalvo debería ser para el creyente una inmersión en el corazón de Dios. Como dice el anciano de la historia narrada al principio:

"Toda la creación es el templo de Dios.

Las piedras son sus muros.

El cielo es su cúpula.

Los pájaros son sus cantos.

Y el aliento que entra y sale de ti… es la oración”.

Imagina que das un paseo por  el entorno natural de Cornalvo disfrutando la presencia de Dios en el paisaje que contemplas: el trio de los pájaros, el vuelo del águila, el susurro del viento rozando las encinas, las jaras en flor, el olor del tomillo, los tamujos, el agua, ... Y tu corazón que se conmueve y se ensancha ante tanta belleza. Tu alma se libera del peso de los problemas que te ocupan; aspiras el aire puro y tu respiración se hace oración. En todo percibes la presencia de la Santísima Trinidad, porque son creación suya.

Un minuto de oración

Mejor sería en un tranquilo paseo por Cornalvo.

Contemplando la naturaleza, observa.  La creación canta un himno de silencio a Dios; así lo expresa y ora san Gregorio Nacianceno en el texto que rezamos en nuestra Novena:

Santísima Trinidad, 

todos los seres te celebran,

los que hablan y los que son mudos.

Todos los seres te rinden homenaje.

El deseo universal, el gemido de todos,

suspira por ti.

Todo cuanto existe te ora,

y eleva hasta ti un himno de silencio. 

Vayamos al silencio. Simplemente vacía tu mente de preocupaciones y siéntete parte de todo, colocad@ por Dios en este huerto o paraíso que es el mundo. Admira a Dios en su creación elevando a Él un “himno de silencio”. Siente como toda la creación con la música de los ríos, los pájaros, la brisa,,, canta a Dios un himno que sin palabras, en silencio, da gloria a la Santísima Trinidad. Únete a ese canto de silencio.


*




Un buen complemente a la oración de hoy es el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís:


Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

*

Casto Acedo

Mayo 2026

 

NOVENA A LA SANTISIMA TRINIDAD

Novena en honor  y gloria de la
SANTISIMA TRINIDAD
Oraciones para todos los días 


Parroquia de la Santísima Trinidad

TRUJILLANOS

 


ORACIÓN INICIAL

(Adaptación de un himno atribuido a San Gregorio Nacianceno)

Oh Dios, Trinidad Santísima,

eres “el más allá de todo”.

 

Trinidad bendita, Misterio insondable.
¿cómo llamarte con otro nombre?
No hay palabra que te exprese
ni espíritu que te comprenda

si tu Espíritu no abre su entendimiento.

Ninguna inteligencia puede concebirte.

Tú eres inefable, y, sin embargo,

todo cuanto se diga ha salido de ti.
Eres incognoscible, impensable,
y todo cuanto se piense viene de ti.


Todos los seres te celebran,
los que hablan y los que son mudos.
Todos los seres te rinden homenaje,

El deseo universal, 

el gemido de todos,
suspira por ti. 

Todo cuanto existe te ora,
y eleva hasta ti un himno de silencio.


Cuanto existe, existe sólo en Ti.
En ti desemboca

el movimiento del universo.
Eres el fin de todos los seres; 

eres único.

 

¿Quién podrá adentrarse

en el Misterio de tu ser trinitario?

Padre, Hijo y Espíritu Santo,

Misterio de gracia inagotable.


Ten piedad de mí, 

Santísima Trinidad;

dame a conocer tu Amor infinito

que cura mis enfermedades.

 

Y déjame reposar

en tus entrañas de Amor,

Trinidad siempre amable.

Amén.

                       * * * 

Reflexión del día. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

Ahora se da gracias, se pide la gracia que se desea alcanzar

o simplemente se hace un acto de alabanza

*  * *

 A Ti, Dios Padre Ingénito;

a Ti, Hijo Unigénito;

 a Ti, Espíritu Santo Paráclito,

santa e indivisa Trinidad,

de todo corazón te confesamos,

alabamos y bendecimos.

A Ti sea la gloria

por los siglos de los siglos.

Amén. 

       * * *


       ORACIÓN FINAL

ELEVACIÓN 

A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(Adaptación de la oración de santa Isabel de la Trinidad)

¡Santísima Trinidad a quien adoro!

Ayúdame a olvidarme 

enteramente de mí

para establecerme en Ti,

inmóvil y tranquila,

como si estuviera ya en la eternidad.

 

Que nada pueda turbar mi paz,

ni hacerme salir de Ti, ¡oh Inmutable!,

sino que cada minuto 

me sumerja más

en la hondura de tu Misterio.

 

Inunda mi alma de paz; 

haz de ella tu cielo,

la morada de tu amor 

y el lugar de tu reposo.


¡Oh, mi Cristo amado, 

crucificado por amor,

quisiera ser una esposa 

para tu Corazón;

quisiera cubrirte de gloria, amarte…

hasta morir de amor!

 

¡Oh, Verbo eterno, 

¡Palabra de mi Dios!,

quiero pasar mi vida escuchándote,

quiero hacerme dócil 

a tus enseñanzas,

para aprenderlo todo de Ti.

 

¡Oh, Fuego abrasador, 

Espíritu de Amor,

«desciende sobre mí» 

para que en mi alma

se realice 

como una encarnación del Verbo.

Que yo sea para Él 

una humanidad suplementaria

en la que renueve todo su Misterio.

 

Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate

sobre esta pequeña criatura tuya,

«cúbrela con tu sombra»,

no veas en ella 

sino a tu Hijo Predilecto

en quien has puesto 

todas tus complacencias.


¡Oh, Trinidad, mis Tres, mi Todo,

mi Bienaventuranza, Soledad infinita,

inmensidad donde me pierdo!,

Me entrego a Ti.  Sumérgete en mí

para que yo me sumerja en Ti

mientras espero ir 

a contemplar en tu luz

el abismo de tus grandezas.

 

Amén.

  

 

¡Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,

Gloria al Espíritu Santo!

 



Novena Trinidad - 1 Dios es Misterio.

Dicen que una mujer murió después de una vida larga y llena de obligaciones.  Había cuidado de su casa, de sus hijos, de su esposo y de todo...