jueves, 21 de mayo de 2026

Novena Trinidad - 1 Dios es Misterio.




Dicen que una mujer murió después de una vida larga y llena de obligaciones. Había cuidado de su casa, de sus hijos, de su esposo y de todos los que acudían a ella. Cuando llegó ante Dios, escuchó una voz que le preguntó:
—¿Quién eres?
Ella respondió enseguida:
—Soy la esposa de Miguel.
Y Dios le dijo:
—No te he preguntado de quién eres esposa.

La mujer pensó un momento y contestó:
—Soy madre de cuatro hijos.
La voz respondió:
—No te he preguntado cuántos hijos tienes.

Algo confundida, añadió:
—Fui maestra durante treinta años. Ayudé a muchas personas.
Y Dios volvió a decir:
—No te he preguntado qué hacías.

La mujer guardó silencio. Por primera vez en su vida, no tenía un papel al que aferrarse, ni un nombre prestado, ni una tarea, ni una función.

Entonces la voz preguntó de nuevo, con dulzura:
—¿Quién eres… cuando no eres la esposa de nadie, ni la madre de nadie, ni lo que haces para los demás?

La mujer bajó la mirada. Hubo silencio en su corazón.
Y cuentan que ese silencio fue el comienzo para encontrarse a sí misma de verdad.

 

*


Sueles hablar acerca de lo que haces o de lo que tienes, incluso a veces hablas de lo que eres loando tus capacidades o tus logros. Pero si te preguntas desde fuera de ti mism@ "quién eres" no consigues dar con la respuesta adecuada.

 

¿Quién soy más allá de lo que hago, tengo o está escrito en mi DNI? Y aquí sólo cabe una respuesta: “Soy un misterio”, soy un misterio, algo que no puedo explicar con palabras; ¿quién es es@ que observa desde dentro mis pensamientos y mis obras? Porque y o no soy lo que pienso ni lo que hago, soy otro. No puedo explicar quién soy, solo puedo sentirme y vivirme. ¿Quién soy yo? Soy un misterio que tengo que conocer y vivir  desde mi sinceridad interior.

 

Dice la Biblia que Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Y si yo soy un misterio para mí, ¿quién es Dios? ¿No es también un Misterio?   Podemos preguntarle a la gente acerca de quién es Dios, y unos te dirán que no existe, otros que una invención de la mente, otros, creyentes, te dirán que es el que hizo todo lo que veo y palpo, el que me ha salvado, el que me ha curado, etc... Y podríamos decir lo que se le dice a la mujer del cuento con el que iniciábamos este escrito: no pregunto si existe o no, tampoco lo que ha hecho, ni de qué te ha salvado, ni de qué enfermedad te libró; te pregunto "quién es Dios". Y si tú, imagen de Dios, eres "un misterio", Dios en sí es también un Misterio.

“¿Quién eres… cuando no eres la esposa de nadie, ni la madre de nadie, ni lo que haces para los demás? La mujer bajó la mirada. Hubo silencio en su corazón. Y cuentan que ese silencio fue el comienzo para  encontrarse de verdad”"

También al Misterio de Dios se accede por el silencio y la contemplación. "Contemplar" es "mirar otra vez", ir más allá de la cáscara, más allá del envoltorio de la persona, para poder verla en su ser eterno. Contemplar a Dios es callar nuestras ideas sobre Él, nuestras imágenes (también la imagen de la Santísima Trinidad que preside nuestra novena) y nuestras palabras.

A Dios sólo podemos acercarnos entrando en el mismo “silencio”, dejando a un lado nuestras visiones particulares, nuestras ideas interesadas acerca de Él, nuestras expectativas de lo que esperamos obtener de Él en esta novena o en nuestras oraciones. Ante el misterio, y Dios es el MISTERIO DE LOS MISTERIOS, no valen razonamientos (¿tres en uno?) ni componendas (imaginarlo según mi saber y conveniencia). Ante el Misterio  de Dios que nos sobrepasa sólo nos queda contemplarlo en el silencio.


Minuto de silencio

Haz un minuto de silencio... Y pregúntate: ¿Quién soy yo? Deja a un lado tus creencias, despójate de tus títulos (padre, madre, maestro, funcionario, vecino...) y ahonda en tu ser; “soy Hijo de Dios, estoy habitado por el Espíritu Santo”, soy “misterio”  ....Y desde lo más hondo de tu ser contempla (mira con los ojos del corazón) a la Santísima Trinidad; ve más allá de la imagen ... y pregunta a Dios: Señor, ¿quién eres Tú?  


Repite  interiormente con san Gregorio Nacianceno::

 

Oh Dios, Trinidad Santísima,  

eres “el más allá de todo”.

Trinidad bendita, Misterio insondable. 

¿Cómo llamarte con otro nombre?

No hay palabra que te exprese 

ni espíritu que te comprenda

si tu Espíritu no abre su entendimiento.


*

 Casto Acedo

Mayo 2026

 

Pentecostés (24 de Mayo)

 


HECHOS DE LOS APÓSTOLES
 2,1-11

AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

¡Palabra de Dios!

*


Espíritu Santo 

La semana pasada, celebrando la Ascensión, el Señor nos invitaba a quedarnos en casa a la espera del Espíritu. “Les ordenó que no se alejaran de Jerusalén" (Hch 2,4). Hoy, tras unos días de espera en oración, celebramos el envío y recepción del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es la persona más desconocida de la Santísima Trinidad. Y no sólo por ser la más difícil de dibujar o imaginar mentalmente. Es una persona que se resiste a ser cosificada. Pintamos al Padre como un abuelo sabio, canoso e indulgente, con reminiscencias manidas adquiridas desde la parábola del hijo pródigo. Al hijo le solemos representar con un rostro de atractiva humanidad, o con un gesto doloroso de entrega en la cruz. Pero para el Espíritu Santo nos faltan imágenes humanas de referencia; para describirlo recurrimos a símbolos: paloma, agua, viento, rocío, fuego, aceite, etc.,  que evocan, pero que no logran definir por sí mismas, el Misterio de Dios. 

Una de las cosas buenas que tiene la tercera Persona de la Santísima Trinidad es que es difícil de objetivar en una concreta imagen externa. Esto nos previene de caer en una sutil y camuflada idolatría. ¿No hay quien se focaliza en la imagen sin traspasar su significado?

Mejor el símbolo que la imagen. Las representaciones materiales son fácilmente manipulables; el cuadro o imagen del santo o la santa a quien acude el devoto permanece siempre el mismo (¡que no nos cambien el santo!), los símbolos, sin embargo, se disipan o se consumen, quedando sólo la referencia a lo simbolizado; de este modo remiten siempre a un reconocimiento más espiritual que material.

Así, al Espíritu no solemos darle culto sacando una enorme paloma en andas procesionales, ni poniendo cañones de aire que ventilen artificialmente los templos y las calles. Tampoco idolatrando un cirio, una hoguera o una pila de agua bendita; aunque algunos lo intenten. El Espíritu (mayúsculas) sólo puede ser adorado y reconocido en el espíritu (minúscula). Sin cultivo de una espiritualidad genuina, sin vida interior, no hay verdadero culto a Dios. La dificultad a la hora de acercarnos a Dios-Espíritu-Santo  no está tanto en la imposibilidad para imaginarlo sino en la poca relevancia que le damos en la vida personal y en la vida de la comunidad. 

Como realidad espiritual Dios Espíritu Santo nos previene de la idolatría material de las imágenes (cf Ex 20,3-4) e invita a ser conocido desde la fe que se nutre en la experiencia, a ser adorado como Presencia (presente) en el corazón del creyente y en el halo de divinidad que nimba a toda la creación.  “Se acerca la hora, ya está aquí, –dijo Jesús a la Samaritana- en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.  Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».  (Jn 4, 23-24).


Pentecostés 

Pentecostés celebra la fiesta del Espíritu, fiesta de Dios, porque Dios es Espíritu. 

¿Qué ocurrió en Pentecostés? Algo  muy grande. Incomprensible. Inefable. El libro de Hechos de los apóstoles habla de un grupo de personas reunidas en un mismo lugar, en oración, abiertas en fe al porvenir de una promesa. En realidad no saben cómo continuar la obra del Resucitado, pero confían. Por eso oran a pecho descubierto, arrepentidos de su anterior abandono del maestro y felices de hacerle podido ver resucitado, vacíos de ego, abiertos al don de Dios. Y cuando retumba el lugar, sopla el viento y se posa en ellos el fuego, no cierran sus ventanas por miedo a una catástrofe, sino que se dejan invadir por esa Presencia de aire, luz y energía (fuerza) del Espíritu que cambia sus vidas y les impulsa a salir de sí y a anunciar con entusiasmo el Reino de Dios. 

Estamos hablando de un encuentro real y vivo con el Espíritu; o sea,  de una experiencia de Dios. Aquellos hombres y mujeres no fueron motivados a evangelizar partiendo de unos planes pastorales o ideas geniales acerca de cómo explicar algo (teologías). Salieron llenos de Espíritu y de vida. No supieron como decir lo que estaban viviendo, pero todos comunicaban y a todos se les entendía como si hablaran la lengua materna de los oyentes. Muchos se reían de ellos, pero no les importaba, porque habían dejado atrás el culto al qué dirán. 

Pedro da la razón de todo lo que sucede: Dios ha resucitado a Jesús, al que matasteis, y vuelto a la vida "ha derramado su Espíritu, tal como vosotros mismos estáis viendo y oyendo" (Hch 2,33).  La promesa del Nazareno, que había dicho que “cuando sea levantado (crucifixión, ascensión) sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32) se está cumpliendo.

Había en el lugar gente "venidas de todos los pueblos que hay bajo el cielo. ... acudió la multitud y quedaron desconcertados, estupefactos y admirados, diciendo: ¿No son galileos todos estos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros les oímos hablar en nuestra lengua nativa?" (Hch 2,5-8).  Se refieren a  la lengua del Espíritu Santo, lengua nativa, maternal, universal: el lenguaje del amor.

En medio del desconcierto, el estupor y la admiración que produce la pluralidad y diversidad de modos y maneras, hay un punto de unidad: un mismo Espíritu, "un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos" (Ef 4,5-6). Cuando Dios, "luz que ilumina a todas las naciones" (Lc 2,32), es acogido todo se unifica. Es un indicativo claro de hacia donde debe caminar la Iglesia, que no es sino hacia donde el Espíritu la lleva, a la edificación de una comunidad universal donde el amor sea el único criterio de pertenencia. 


¡Ven, Espíritu divino!

Pide hoy el don del Espíritu para ti, para la Iglesia y para el mundo. Este Soplo divino es la clave secreta, escondida, misteriosa, para alcanzar la paz, el progreso y el entendimiento entre todos los seres de la tierra; porque "hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Dios que obra todo en todos" (1 Cor 12,4-6).

¡Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno!

Amén.
😊

Mayo 2026
Casto Acedo.

NOVENA A LA SANTISIMA TRINIDAD

Novena en honor  y gloria de la
SANTISIMA TRINIDAD
Oraciones para todos los días 


Parroquia de la Santísima Trinidad

TRUJILLANOS

 


ORACIÓN INICIAL

(Adaptación de un himno atribuido a San Gregorio Nacianceno)

Oh Dios, Trinidad Santísima,

eres “el más allá de todo”.

 

Trinidad bendita, Misterio insondable.
¿cómo llamarte con otro nombre?
No hay palabra que te exprese
ni espíritu que te comprenda

si tu Espíritu no abre su entendimiento.

Ninguna inteligencia puede concebirte.

Tú eres inefable, y, sin embargo,

todo cuanto se diga ha salido de ti.
Eres incognoscible, impensable,
y todo cuanto se piense viene de ti.


Todos los seres te celebran,
los que hablan y los que son mudos.
Todos los seres te rinden homenaje,

El deseo universal, 

el gemido de todos,
suspira por ti. 

Todo cuanto existe te ora,
y eleva hasta ti un himno de silencio.


Cuanto existe, existe sólo en Ti.
En ti desemboca

el movimiento del universo.
Eres el fin de todos los seres; 

eres único.

 

¿Quién podrá adentrarse

en el Misterio de tu ser trinitario?

Padre, Hijo y Espíritu Santo,

Misterio de gracia inagotable.


Ten piedad de mí, 

Santísima Trinidad;

dame a conocer tu Amor infinito

que cura mis enfermedades.

 

Y déjame reposar

en tus entrañas de Amor,

Trinidad siempre amable.

Amén.

                       * * * 

Reflexión del día. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria 

Ahora se da gracias, se pide la gracia que se desea alcanzar

o simplemente se hace un acto de alabanza

*  * *

 A Ti, Dios Padre Ingénito;

a Ti, Hijo Unigénito;

 a Ti, Espíritu Santo Paráclito,

santa e indivisa Trinidad,

de todo corazón te confesamos,

alabamos y bendecimos.

A Ti sea la gloria

por los siglos de los siglos.

Amén. 

       * * *


       ORACIÓN FINAL

ELEVACIÓN 

A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(Adaptación de la oración de santa Isabel de la Trinidad)

¡Santísima Trinidad a quien adoro!

Ayúdame a olvidarme 

enteramente de mí

para establecerme en Ti,

inmóvil y tranquila,

como si estuviera ya en la eternidad.

 

Que nada pueda turbar mi paz,

ni hacerme salir de Ti, ¡oh Inmutable!,

sino que cada minuto 

me sumerja más

en la hondura de tu Misterio.

 

Inunda mi alma de paz; 

haz de ella tu cielo,

la morada de tu amor 

y el lugar de tu reposo.


¡Oh, mi Cristo amado, 

crucificado por amor,

quisiera ser una esposa 

para tu Corazón;

quisiera cubrirte de gloria, amarte…

hasta morir de amor!

 

¡Oh, Verbo eterno, 

¡Palabra de mi Dios!,

quiero pasar mi vida escuchándote,

quiero hacerme dócil 

a tus enseñanzas,

para aprenderlo todo de Ti.

 

¡Oh, Fuego abrasador, 

Espíritu de Amor,

«desciende sobre mí» 

para que en mi alma

se realice 

como una encarnación del Verbo.

Que yo sea para Él 

una humanidad suplementaria

en la que renueve todo su Misterio.

 

Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate

sobre esta pequeña criatura tuya,

«cúbrela con tu sombra»,

no veas en ella 

sino a tu Hijo Predilecto

en quien has puesto 

todas tus complacencias.


¡Oh, Trinidad, mis Tres, mi Todo,

mi Bienaventuranza, Soledad infinita,

inmensidad donde me pierdo!,

Me entrego a Ti.  Sumérgete en mí

para que yo me sumerja en Ti

mientras espero ir 

a contemplar en tu luz

el abismo de tus grandezas.

 

Amén.

  

 

¡Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,

Gloria al Espíritu Santo!

 



martes, 12 de mayo de 2026

Ascensión del Señor (17 de Mayo)

EVANGELIO
Mt 28,16-20 

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

¡Palabra del Señor!

*
Si te cansa leer y eres más de oír tienes al final del texto un recurso de audio y otro de video.
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Jesús se va

El próximo domingo es Pentecostés, la fiesta del Espíritu. Con esa solemnidad culmina la Pascua. En estos domingos nos hemos afianzado en que merece la pena seguir al Resucitado. Nos hemos alegrado por su presencia histórica. Permanecemos en oración atentos a la venida del Espíritu. Sentimos su partida  y lamentamos que no siga físicamente con nosotros, pero si somos discípulos no perdamos la esperanza. No nos deja solos.

 Tras haber caminado con los suyos por los pueblos de Judea, Samaría y Galilea; después de compartir con ellos su vida, su pasión, su muerte y su resurrección, Jesús ha de volver al Padre. “Os conviene que yo me vaya” (Jn 7,17), les dijo. Las despedidas siempre son tristes, pero necesarias; son la expresión de algo que siendo muy humano nos cuesta aceptar porque, como dijo E. Fromm, tenemos miedo a la independencia y la libertad. El apego a las personas nos hace dependientes y crea en nosotros tal miedo a perderlas que retrasan nuestro crecimiento personal;  por eso llega un momento en que conviene poner distancias para comenzar a ser uno mismo

Hoy es el día de la Ascensión; nos guste o no hoy Jesús se va de entre nosotros. Los últimos domingos lo hemos visto animándonos a no desfallecer, “que no se turbe vuestro corazón” (Jn 14,1), que no os inquiete  mi partida; yo no os abandono, “no os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (14,18). Hoy, Jesús, que vino desde el seno de la Trinidad, vuelve al lugar del que procede y al que ha pertenecido siempre. Este gesto nos da a entender que también nosotros, que “venimos de Dios” estamos destinados a regresar a Él. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo” (14,3). Jesús nos ha mostrado con el ejemplo de su vida el camino a seguir. De Dios venimos, a Dios vamos.

"Haced discípulos"

En el momento mismo de su partida, Jesús anima a los suyos seguir la misma tarea para la que fue enviado por el Padre: despertar la conciencia de la humanidad para que se conozca y se vuelva al mismo Dios del que procede. Para la misión les da este mandato: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar lo que os he mandado”.

Un mandato múltiple: “haced discípulos”, “bautizad”, “enseñar”. La Iglesia sigue cumpliendo ese mandato, pero ¿acertadamente?  Desde luego la Iglesia bautiza, enseña y hace discípulos; sin embargo, parece que hemos perdido el orden lógico del mandato. El primer paso es “haced discípulos”, y a partir de ahí bautizar y enseñar.

¿Cuál puede ser el principal factor del déficit de seguimiento comprometido de Cristo hoy? Muchos sostienen que es la falta de conexión entre la fe y la vida. Hay prácticas rituales cristianas que realizamos, normas morales cristianas que procuramos cumplir, pero falta espiritualidad evangélica, vida animada desde dentro por el Espíritu, vida discipular. Tal vez hemos reducido la Iglesia a una comunidad masiva donde se “bautiza” (bautismos, comuniones, confirmaciones, confesiones, bodas,...), incluso se “enseña” (se dan principios morales), pero ¿cómo andamos en lo de “haced discípulos”? Jesús es lo primero que manda hacer. ¿No da la sensación de que sobran bautizados y faltan discípulos? Sin discipulado, sin seguimiento de la persona de Jesús, sin amor al Maestro, sin dinámica interior cristiana, sin conexión fe-vida, ¿de qué sirven las prácticas rituales?

Cuando hablamos de "crisis de vocaciones (sacerdotales y religiosas)" estamos hablando de "crisis de discipulado"; la escasez de vocaciones a la vida religiosa son la consecuencia de la escasez de discípulos.  


¿Quién es discípul@?

¿Quién es un verdadero discípulo? Es quien ha conocido a Jesús, se siente enamorado de su persona, ha “visto y oído” sus enseñanzas haciéndolas suyas, y está preparado para seguir sus huellas. Con la mirada puesta en el mandato de Dios el discípulo está en espera,  atento a recibir el bautismo del Espíritu Santo que le  llevará a andar por los caminos del mundo dando testimonio de la vida y las enseñanzas de su Maestro con su palabra, con su vida, y si es necesario con su muerte.  

El discípulo cristiano es un converso volcado en Jesucristo, alguien que ha puesto su mirada más allá de los criterios humanos de realización personal para adoptar criterios o intereses evangélicos que suelen chocar con los mundanos. Donde del mundo dice que hay que vivir la vida acaparando y poseyendo el discípulo dice que hay que negar los propios deseos aunque esto suponga sufrimientos:   «El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará". (cf Mc 8,3-5)

El discipulado supone también interés por adquirir una  formación cristiana  integral, no sólo orante, litúrgica y sacramental, también necesita una cabeza bien amueblada para “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza”  (1 Pe 3,15). El anuncio del evangelio necesita de personas que conozcan bien el mundo en que viven y que sepan el modo y manera de inculturar en él las enseñanzas del Maestro. En esto el discípulo ha de ser siempre un buen aprendiz que, anclado en los sentimientos de Cristo Jesús  (cf Flp 2, 6-11) estudia teología -lo que Dios dice y lo que los hombres dicen de Él- a fin de servir mejor al mundo empapándolo de su Evangelio.

Además, y esto es muy importante, el discípulo cristiano no es individualista sino que forma parte de una comunidad; vive la fe en un contexto de iglesia (asamblea), amando y sirviendo en ella, haciendo que la comunidad en la que el discípulo vive su fe sea con él testimonio del Reino que predica; el discípulo da testimonio personal y comunitario de Cristo.

Además, ser discípulo lleva implícita la responsabilidad de hacer proselitismo, una tarea que parece no estar muy de moda porque se interpreta mal. Para un cristiano hacer prosélitos no es comer el coco a la gente, o engañarla con emociones fáciles para que aumente el número de afiliados a la Iglesia; el proselitismo nace de la urgencia irresistible por transmitir la propia experiencia de Dios a fin de que también otros se beneficien de ella. El “sabor de Dios” (experiencia) no es compatible con un regusto avaro e individualista porque lleva implícito el impulso de comunicar lo recibido: “¡Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos¡" (Mt 28,19) es un mandato que responde a una necesidad. 

Un aforismo clásico atribuido a Platón y a Santo Tomás de Aquino dice que “el bien se difunde por sí mismo” (bonum est diffusivum sui). Ahora bien, esa difusión no es milagrosa. Quien gusta el bien, además de sentir la urgencia de transmitir lo recibido, no puede tampoco evadirse de la necesidad de hallar los medios pedagógicos y tecnológicos  necesarios para ello. Al “sabor” hay que aplicarle una buena dosis de “saber” para que la experiencia del Misterio encuentre caminos y cauces que la hagan accesible a otros. En este sentido, no es casual que en el Día de la Ascensión, cuando celebramos la partida del Señor de entre nosotros, la Iglesia celebre la Jornada mundial de las comunicaciones sociales

El Papa León XIV, en su mensaje para este día, y ante el reto de la Inteligencia artificial (IA) invita a Custodiar voces y rostros humanos. No cabe duda -dice el Papa- de que la IA es un instrumento excelente para anunciar el Evangelio, aunque también tiene sus peligros, entre ellos el de anular el pensamiento propio,  simular relaciones humanas u ofrecer una visión parcial y alterada de la realidad. No obstante puede ser aprovechada como medio de evangelización si se hace uso de ella con responsabilidad,  mecanismos de protección ante los posibles abusos de la máquina y educación; todo ello sin renunciar a que “el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona... Custodiar la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también la innovación tecnológica”.


Conclusión

La mayoría de los que nos decimos cristianos hemos sido bautizados cuando éramos unos bebés. No es un inconveniente para ser cristiano, pero si puede serlo si creemos que por haber pasado por la pila bautismal, y por la Primera comunión y  la Confirmación,  ya somos cristianos adultos. “Cristiano quiere decir discípulo de Cristo”, rezaba el catecismo que aprendí. Hoy entiendo que “ser discípulo” es algo más que ser bautizado. Hay un segundo bautismo, el bautismo del Espíritu, la conversión auténtica a Cristo más allá de los formalismos sacramentales. Lo que distingue al discípulo de Cristo, sin detrimento del ex opere operato del sacramento,  no es el hecho de haber sido bautizado, sino la calidad del seguimiento de Jesús. 

Jesús se va. Es necesario. Ahora quedan sus seguidores. Al marcharse te invita implícitamente a revisar tu identidad de discípulo, a renovar tu bautismo, a profundizar cada día más en sus enseñanzas y a replantearte tu seguimiento a la luz de su Espíritu. Y explícitamente te manda que con tu palabra y tu testimonio hagas discípulos a quienes encuentras en tu camino, para que reciban el bautismo (o activen el bautismo recibido abriéndose al Espíritu recibido en él) y conozcan y vivan cada vez más en la espiritualidad del Evangelio de Cristo.

No hay duda alguna de que el evangelio de hoy, al poner el "haced discípulos" como primera obligación del misionero, está dando una clara consigna para la renovación pastoral de nuestras parroquias. Sabemos que el giro desde una sacramentalización enquistada hasta un discipulado fluido y evangelizador no es fácil; pero también sabemos que, para superar el neopaganismo ambiental que nos envuelve e incluso para penetrar en ciertas capas de la institución eclesial, no estamos solos.

“Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”, dice Jesús en el momento de su partida . Su Espíritu sigue haciéndole presente. ¡Adelante con tu personal renovación espiritual y con tu misión eclesial! No estás sólo.

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Audio 22 m (muy recomendable)


Video 8 m

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Felíz día de la Ascensión del Señor
Mayo 2026
Casto Acedo

Novena Trinidad - 1 Dios es Misterio.

Dicen que una mujer murió después de una vida larga y llena de obligaciones.  Había cuidado de su casa, de sus hijos, de su esposo y de todo...