miércoles, 11 de mayo de 2022

San Isidro Labrador (15 de Mayo)

 

San Isidro fue beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619 y canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, junto a San Felipe Neri, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, aunque la bula de canonización no fue publicada hasta 1724 por Benedicto XIII. Fue declarado patrono de los agricultores españoles por Juan XXIII en bula del año 1960.(Wikipedia, Isidro labrador)
Llama la atención que san Isidro fuera canonizado entre santos tan ilustres; ¿qué hace san Isidro –aldeano, analfabeto, peón agrícola- entre esos buques insignia de la santidad?: San Felipe Neri, italiano caracterizado por su dedicación a los más indigentes; santo que fundo la “cofradía de los pobres” para ocuparse de los convalecientes y peregrinos; santa Teresa de Jesús: viajera, fundadora, doctora de la Iglesia, figura clave en la literatura española, reformadora del Carmelo; san Ignacio de Loyola, de rica familia vizcaína, educado en la corte, dotado de fuerte personalidad y fundador de la compañía de Jesús, santo con una proyección universal indiscutible, y san Francisco Javier, navarro de familia noble, estudios universitarios en París, captado por san Ignacio para su obra y misionero incansable en la India, fallecido en la India y con las miras puesta en la evangelización de China.

¿Tiene mucho que ver san Isidro con ellos? ¿No parece insignificante su personalidad de labriego aldeano? Es insignificante la vida de san Isidro si entendemos que  ser cristiano es pasar por la vida sobresaliendo,  haciendo cosas espectaculares. San Isidro no dio espectáculo; pasó su vida en silencio, sin escribir ninguna página gloriosa de la historia de la Iglesia. "La virtud más eminente -según un dicho atribuido a santa Teresa- es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer" y así lo vivió san Isidro.


No obstante la distancia cultural y social, en cierto modo, por lo que toca a la santidad, san Isidro se equipara a los santos junto a los que se le canonizó:

a) No hubo de renunciar a su riqueza para dedicarse a los pobres como san Felipe Neri, nacido en Florencia, de padre notario y familia dedicada a los negocios. San Isidro fue pobre desde su nacimiento, con el estigma que eso suponía en el tiempo que le tocó vivir; por su origen pobre no tuvo que renunciar a su riqueza y posición, pero sí que hubo de abrazar la pobreza y la humildad como virtudes.

b) No fue san Isidro reformador de ninguna orden religiosa, como santa Teresa de Jesús, ni sus escritos místicos le valieron el reconocimiento de autor literario de renombre y doctor de la Iglesia. San Isidro era un simple laico, que no reformó ninguna institución eclesial, pero sí reformó su vida a la luz del evangelio de Jesús; su palabra y sus escritos fueron el silencio, el ocultamiento y la desconsideración de no saber siquiera escribir. Si la santa del Carmelo decía que “entre los pucheros también anda Dios”, san Isidro, con su sencilla espiritualidad de labriego, nos dice que entre arados, siembras, cosechas, eras y graneros, también Dios se mueve.
 
c) Tampoco fue san Isidro, como san Ignacio de Loyola, fundador de una sociedad de renombre universal como son los Jesuitas (Societatis Iesus), que tantos y tan grandes servicios han prestado a la Iglesia y que han aportado tantos mártires al santoral. Lo único que fundó san Isidro fue una familia cristiana con su mujer, santa María de la Cabeza; y educó a su hijo tan cristianamente que también es un santo venerado: san Illán. A los ojos de Dios lo importante es llevar adelante la vocación a la que hemos sido llamados, sea esta de proyección universal, local o familiar. “A la tarde -decía san Juan de la Cruz- te examinarán en el amor”; no alcanzarás la felicidad de tu vida porque hagas grandes obras eclesiales, sociales o políticas. Con san Ignacio de Loyola, y antes, ya que es anterior en el tiempo, san Isidro respondió con generosidad al objetivo del santo fundador de los jesuitas: hacerlo todo para mayor gloria de Dios (Ad maioren Dei Gloria). Porque lo que cuenta no es la magnitud  de lo que haces sino el amor que pones en ello.

 
d) Digamos finalmente que san Isidro no estudió en la universidad de París, aprendiendo de los grandes maestros de teología del momento, ni viajó muy lejos como hizo san Francisco Javier, patrono de las misiones. No, la universidad de san Isidro fue el campo, la observación de la naturaleza y la escucha de la predicación evangélica en su parroquia, su escuela fue su propia vida. No fue “misionero” si por ello entendemos a quien deja casa, familia, tierra, y parte a lugares lejanos a anunciar el evangelio; pero sí que lo fué, porque la misión empieza por la propia casa y el lugar donde se vive y trabaja; con su palabra y vida ejemplar san Isidro misionó, llevó la “buena noticia” de Dios a los suyos y a sus vecinos. Su fama de santidad da testimonio de esto. No se extendió la veneración a su persona por las artes publicitarias de sus hijos de fundación; fueron sus vecinos, gente tan pobre e inculta como él, los que se hicieron lenguas de su fe y bonhomía; sin esa propaganda de boca a boca san Isidro sería hoy un total desconocido.

Por tanto, tenemos ante nosotros a un santo poco aristócrata, tal vez considerado en su época no muy digno de recibir el título de santo, un personaje sin renombre y alta consideración familiar, poco intelectual y de poca actividad reformadora y fundadora; pero no cabe duda de que en san Isidro tenemos hoy, como sus vecinos lo tuvieron en su día, a un santo de gran humanidad.


No fue por tanto un despropósito que el papa Gregorio XV elevara a los altares a este santo junto con esos otros que hemos comentado y cuya sola mención traen a la memoria heroicas hazañas humanas y grandes éxitos pastorales. Entre ellos san Isidro nos sirve para equilibrar la balanza y hacernos comprender más llanamente lo que dice el concilio Vaticano II: «todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (Lumen gentium, 11. c). Todos estamos llamados a la santidad, cada uno en su propio estado, en su actual situación familiar, laboral y social. San Isidro, como otros santos de más renombre, respondió generosamente a esa llamada universal a la santidad.

¡FELIZ DIA DE SAN ISIDRO!
 
Mayo 2025.

Casto Acedo. 

martes, 26 de abril de 2022

Novena Virgen de la Albuera (Día 9º. Puerta)

NOVENA 

A LA VIRGEN DE LA ALBUERA

Dia 9º. Puerta

Vos sois, ¡Oh Abogada y patrona nuestra!, aquella hermosa Puerta que vio Ezequiel cerrada siempre para la culpa y abierta para la misericordia. Vos sois aquella puerta de oro donde el pobre paralítico pedía limosna y la lograba. Vos sois, finalmente, aquella puerta del cielo que vio Jacob de nuestra España, Santiago, por donde todos los justos han entrado en la gloria. Hasta ahora a nadie se le ha cerrado esta puerta; a cualquiera que ha pedido a ella se le ha socorrido en lo necesario. Pues, Señora, no sea yo sólo el desgraciado que llegando a vuestra puerta, tan patente para todos, la halle para mí cerrada. Aquí me tenéis postrado a vuestros pies; llamando estoy a la puerta de vuestra misericordia; no me desechéis sin consuelo ni sin el favor que os pido en esta Novena, si conviene para adoraros por una eternidad en la gloria. Amén.

 * * *



Hay una puerta en la parte este de las murallas de Jerusalén (hoy tapiada; ver foto) que el profeta Ezequiel señala como la puerta por donde entrará el Mesías esperado en su venida. A esta puerta también se le llama la puerta Dorada o puerta Oriental. 

Apelando imaginativamente a esta puerta el autor de nuestra Novena nos presenta hoy a la Virgen de la Albuera como “aquella hermosa Puerta que vio Ezequiel cerrada siempre para la culpa y abierta para la misericordia” (cf Ez 44,1-10). La Virgen de la Albuera se muestra así como madre misericordiosa y atenta a quienes esperan que se abra para ellos la puerta del Cielo por donde entrará en el mundo el Mesías que cubrirá las necesidades de quienes le esperan.

También se menciona hoy en la Novena una “Puerta del cielo” que ve Jacob. El nombre de Jacob se refiere al patriarca Jacob, que tuvo la visión en sueños de una escalera que llegaba hasta el cielo por donde subían y bajaban ángeles (cf Gn 28,10-19). Ese sueño ha quedado en la historia de la espiritualidad cristiana como referente de la experiencia mística, es decir, de que es posible el acercamiento y la visión de Dios en esta vida, vislumbrando así el cielo.

Pero nuestro autor amplía el significado de esa escalera que lleva a la puerta del cielo hablando del “Jacob de nuestra España”.  El nombre de Jacob pasa a decirse en español San-tiago (que viene de “San-Iacob), a quien la Virgen María se aparece en Zaragoza, a orillas del Ebro, sobre un pilar animándole y ratificándole como apóstol misionero de España. La Virgen de la Albuera, contemplada sobre el trasfondo de la Virgen del Pilar, se presenta aquí como “la puerta del cielo que vio Santiago” cuando se le apareció la Virgen María.

Menciona nuestra novena otra puerta, la puerta Hermosa, una de las que daba acceso al Templo ya dentro de la ciudad. En  esa puerta san Pedro curó a un paralítico que pedía limosna, según cuenta el libro de los Hechos de los apóstoles. Una puerta donde se piden gracias y Dios cura las dolencias materiales y espirituales (Hch 3,1-8).

En conclusión: la Virgen de la Albuera es puerta por donde nos viene la misericordia de Dios, puerta a donde podemos ir a pedir con la seguridad de que seremos escuchados si la petición es justa y conviene a nuestra salvación, y puerta del cielo, escalera de acceso a la eternidad; puerta, en fin,  por la que el Mesías entró en la historia y entrará  al final de los tiempos. Postrados ante la Virgen María podemos esperar su venida.

* * *


En el Evangelio es el mismo Jesús el que dice: “: yo soy la puerta de las ovejas. … Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”. (Jn 10,7-9). La puerta que es María conduce a Jesús.

Esta puerta de entrada en Dios tiene sus exigencias; si se quiere entrar en la Vida de Cristo no se puede estar a Dios rogando y con el mazo dando, sirviendo a Dios y al dinero, golpeándose el pecho y mostrándose duro de corazón, pidiendo misericordia y condenando al prójimo; la puerta de la salvación pide elegir un modo de vida que sea coherente con el Evangelio reflejado en las virtudes que veneramos en la Virgen de la Albuera: transparencia de vida, obediencia a Dios, humildad, capacidad de sacrificio, etc.

Entrar en la Vida Nueva o en el Cielo a través de la puerta que es  nuestra Madre, y que asume en sí ser Puerta de acceso a su hijo Jesús,  pide el compromiso de esforzarnos en imitarla. “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; pero él os dirá: ´No sé quiénes sois´" ( Lc 13,24-25).

* * *

Hemos acompañado a la Virgen y a la comunidad parroquial esforzándonos con la participación en esta Novena. Ella es la puerta por la que queremos entrar en la vida de Dios.

Durante estos nueve días la hemos contemplado como Paraíso, Fuente, Piscina, Paloma, Nave, Nube, Columna, Torre y Puerta. Son imágenes bíblicas. Ella dijo en el momento de la Anunciación, cuando el Ángel le propuso el plan de Dios de ser Madre de Jesús, “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Fue su compromiso, el culmen de su particular Novena. Lo que le propuso Dios no fue una puerta ancha para seguir los caprichos de su corazón sino una puerta estrecha sumisa a la voluntad del Padre. El anciano Simeón se lo profetizó: “A ti, una espada te traspasará el alma”.

Que la Virgen te conceda lo que le has estado pidiendo en esta Novena; y como es de bien nacidos el ser agradecidos, que tus peticiones vayan a unidas de tu parte  al compromiso de honrar a Nuestra Señora de la Albuera con aquello que ella más desea: que entres en comunión de vida con su hijo y tu hermano mayor Jesucristo; es decir, que no estés cerrado, sino con las puertas de tu alma abiertas, para que el Señor Jesucristo habite en ti como habitó en ella.

Decía más arriba que no es honrado el estar rezando y con el mazo dando. Si la Virgen ha abierto la puerta de su ser a la escucha de tus oraciones, ¿no es de recibo que tú también abras tu puerta a la Vida de Dios? A menudo te preguntas si tus oraciones serán correctas; lo serán cuando no te límites a pedir gracias a la Virgen sino cuando a tus peticiones le acompañe una respuesta positiva a la petición que ella te hace: “Haced lo que Él os diga”; haz lo que Jesús te dice; entonces, como en las bodas de Caná, se producirá el milagro. En tu vida se dará un paso importante; tu agua se convertirá en vino, tu tristeza en alegría, tu desazón en gozo. ¡Atrévete a responder a la petición que hoy te hace la Virgen de la Albuera!


Bajo tu amparo nos acogemos, 
Madre de la Albuera,
santa Madre de Dios.
No desoigas la oración 
de tus hijo necesitados.
Líbranos de todo peligro,
oh siempre Virgen,
gloriosa y bendita. 

San Pedro de Mérida
Abril 2022
Casto Acedo

miércoles, 20 de abril de 2022

Novena Virgen de la Albuera (3º día. Piscina)

 Novena a la Virgen de la Albuera



Dia 3º. PISCINA

Vos sois, ¡oh celestial Princesa! Saludable Piscina en quien todos los enfermos del linaje humano logran salud de cualquier enfermedad, y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús. A vos, pues, acudo, clementísima Madre, para que sanéis no solo las enfermedades de mi cuerpo, sino las dolencias de mi alma. Quiero, Señora, la Salud y confío lograrla con vuestra poderosa intercesión,  junto con la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para mi eterna salvación. Amén.

 * * *

PISCINA

No. No hablamos de las piscinas en las que refrescamos el verano para paliar las calores. Escasas serían esas piscinas en la época en que el autor de esta novena, publicada en 1937,  aplicó a la Virgen de la Albuera el título de Piscina. Tengamos en cuenta que hasta no hace mucho las piscinas sólo existían en los sanatorios, y eran valoradas por sus propiedades  curativas.

A esas piscinas acudían, y aún acuden, personas que buscan descansar y curar los achaques físicos y el estrés con sus baños; son balnearios como los del cercano pueblo de Alange o los Baños de Montemayor.

Hay dos pasajes evangélicos muy significativos que hablan de piscinas con propiedades curativas; uno se sitúa en  Betesda y el otro en Siloé.

“Hay en Jerusalén, dice el Evangelio de san Juan (5,2-9),  junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.  Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».  El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».  Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».  Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Jesús se muestra aquí como el Sanador que sustituye al agua de la piscina de Betesda. No ayuda al paralítico a entrar en el agua, Él mismo lo baña con su amor infinito y lo sana con su palabra. Así Jesús se manifiesta como el agua de la nueva piscina. María, y la Iglesia con ella,  la Piscina, Jesús el Agua sanadora.

En otro texto del mismo evangelio Jesús, después de untar con barro los ojos de un ciego, le dice: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista" (Jn 9,7). Como signo de fe en que Jesús le puede curar le pide ese gesto: ¡ve a la piscina de Siloé y lávate en sus aguas!. Podríamos tomar hoy estas palabras de Jesús y escucharlas como envío a su Madre, Piscina llena del Agua de la Gracia: ¡Ve a lavarte, a bañarte en la Piscina que es  tu Madre de la Albuera!.

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Bajo la mirada de Jesús contemplamos hoy a la Virgen de la Albuera como Piscina sanadora. Ella nos sana, nos da la “salud”, que en latín se dice “salus”, palabra que significa salud, sanación,  y también salvación.  Nuestra Señora de la Albuera tiene en sus manos la medicina para curar: el niño Jesús, el Salvador-Sanador del mundo. El ángel de la anunciación llama a la Virgen Llena de Gracia, Piscina llena de la Presencia de Dios. ¿Qué mejor agua medicinal que el Amor de Dios escondido en el Misterio de la Inmaculada Concepción? "Ser sin pecado" es el paradigma de la perfecta salud.

La denominación de Albuera que aplicamos a María, nos remite por su mismo nombre a un lugar que contiene agua. Albuera viene del árabe, y significa “mar pequeño”, extensión de agua no muy grande, albufera. Por tanto, el mismo nombre de nuestra Madre viene a significar que ella contiene el Agua de la Salvación, de la salud, que no es otra que el mismo Jesucristo. Jesús es el océano inmenso, La Virgen de la Albuera "mar pequeño", y por eso más cercano. 

La novena  dice hoy: “Vos sois… piscina en la que todos los enfermos del linaje humano logran la salud de cualquier enfermedad”, y añade algo que parece escandaloso, y que conviene matizar: “Y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús”. Conviene matizar esto último, porque si María cura y sana no es por su propio poder sino por el poder de Dios, el poder de su Hijo. A Jesús siempre se le ha tenido como  más lejano e inaccesible por divino -curioso si se tiene en cuenta que es Dios Encarnado, hecho hombre,  hecho cercanía- , y a María como más humana y cercana; tal vez por eso dice el texto de la novena que “más pronto consiguen” la salud al invocar a la Madre;  no porque sea ella la que sana sino porque parece que nos es más fácil acercarnos a Él por ella; solo Dios sana y salva. María no es diosa, pero sí es aquella a quien, tal vez por falta de la conveniente formación espiritual, nos acercamos con más confianza por parecernos  más accesible. 

* * *

Cada vez son más las personas acuden al terapeuta; y no solo a los médicos que se encargan de curar las enfermedades físicas sino también a psicólogos y psiquiatras que sanen las heridas interiores. 

Pues bien, sólo con echar un vistazo a los evangelios, te das cuenta de la identidad de Jesús como terapeuta. Dice de Él el libro de los Hechos de los Apóstoles que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10,38); el diablo es la encarnación del agente que causa todos los males corporales y espirituales. 

La gente sencilla acudía a Jesús, “venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6,18). Un centurión que se le acercó a pedir la sanación de su criado confesó el poder sanador de la oración dirigida a Jesús por los enfermos: “«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo;  tampoco me creo digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano” (Lc 7,6-7).

El médico Jesús ha venido a nosotros encarnándose en el vientre de la Virgen María. ¡Bendito el fruto de tu vientre, Jesús! La primera sanada fue ella misma, Inmaculada desde su concepción. 

Me atrevería a decir que Jesús es terapeuta y la Virgen de la Albuera la enfermera, la que cuida de cerca al enfermo, la que se sirve de puente entre el médico y el paciente. La Virgen es Piscina-Hospital, y quien ingresa en su casa encuentra toda la atención que requiere su enfermedad. ¿Qué devoto de la Virgen no tiene experiencia de ello? Si acudes a rezar a menudo  ante la imagen de la Virgen de la Albuera, si estás haciendo la novena, o leyendo este comentario, si tienes fe en ella,  piénsalo, es porque en algún momento te ha sanado, ya sea de algún malestar corporal o de algún sufrimiento espiritual. Ya sabes por experiencia que es portadora de la mejor Medicina y el mejor Terapeuta: Jesús,  Hijo suyo   y Hermano nuestro.

* * *


Termina tu novena de hoy haciendo silencio.  Sigue estos pasos si te ayudan:

1. Busca un sitio tranquilo y acalla tus pensamientos y tu corazón. ... Si no estás en la iglesia ante la Imagen de la Virgen de la Albuera pon una estampa o un cuadro ante ti; y enciende una vela (con esto indicas que quieres estar unos minutos con ella, dejándote iluminar por su presencia).... Permanece sentado o en cualquier otra postura que facilite tu quietud interior  durante este lapso de tiempo. 

2. Por un momento deja a un lado las preocupaciones; inspira y espira dulcemente sin forzar la respiración. Silencia y relaja tu mente y tu cuerpo para estar con Ella.

3.Ahora cierra suavemente los ojos, o fíjalos entreabiertos en su imagen o estampa, y repite: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname! Repite esta oración sin prisas, sintiendo como tu corazón sintoniza con el de la Virgen. Deja que el amor entre Ella y tú fluya ... ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname de …. (puede añadir lo que quieres que sane en ti!).

4. Añade peticiones de sanación por otras personas: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sana a N. …. (Puedes añadir el nombre la persona por la que oras).

5. Déjate envolver por la mirada tierna y el amor dulce de la Virgen María, que es bálsamo y consuelo. ¡Gracias Madre, porque me amas; gracias porque me acoges; gracias porque me escuchas; gracias por dejar que me bañe en la Piscina sanadora de tu Amor!

20 de Abril de 2022

Casto Acedo.

sábado, 16 de abril de 2022

Al hilo de la Palabra (Resurrección, 17 de Abril)

  



DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

Todas las celebraciones del año litúrgico convergen en la noche del Sábado Santo, en la celebración de la Solemne Vigilia Pascual. Porque ésta no es una noche cualquiera: “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” (Pregón Pascual). Esta es la noche en la que la oscuridad de estos días respira luz y esperanza.

Esta es la noche

Sin esta noche ni la fe (creer ¿para qué?, ¿para morir?), ni la Iglesia (sería una comunidad de fracasados) ni la vida misma (¿de qué serviría una vida abocada inexorablemente a la muerte?), tendrían sentido alguno. Porque “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios” (San Ireneo); la vocación a la vida sólo encuentra su plenitud en la resurrección para una Vida Eterna.

Esta es la noche en que “se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón). La vida de Dios alcanza de pleno al hombre y desde ella el hombre tiene acceso a Dios. En Cristo resucitado la humanidad recobra la chispa divina que le fue arrebatada en el paraíso: "Dios se hace hombre para que el hombre sea divinizado" (San Atanasio).

Estamos en la noche del encuentro de Dios con la humanidad. En esta madrugada y al alba del día de mañana tendrán lugar en nuestros pueblos y ciudades las  procesiones que llamamos de "los encuentros”. En ella se celebra la resurrección y su proyección salvífica en el mundo simbolizado en María. Ella es la imagen viva de la Iglesia que recibe la buena noticia de que su Señor ha resucitado. Cristo se encuentra con su Madre, con su Iglesia. 

La Pascua es la aurora de una nueva era en la que todo es nuevo: “Esta es la noche de la que estaba escrito: `Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo´. Y así esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón Pascual). Es la noche del magníficat, noche en la que proclamamos con María y con la Iglesia las grandezas del Señor.



En esta noche converge 
toda la historia de la salvación

Los motivos de nuestra alegría pasan ante nosotros en la liturgia de la Palabra que narra los hitos de nuestra salvación, desde la creación del mundo y del hombre (Gn 1, 1-31;2,1-2), hasta la nueva creación por la resurrección (evangelio: Mt 28,1-10) y el bautismo (epístola: Rm 6,3-11). Contemplamos como la Iglesia ve la salvación incluso en las situaciones más difíciles, como lo fueron el sacrificio de Abrahán (Gn 22,1-18), el paso del mar Rojo (Ex. 14,15-15,1), o el momento del Exilio (Ez 36,16-28).

El mensaje central de todas las lecturas proclamadas confluye en una afirmación incontestable: La victoria es de nuestro Dios. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. “La tumba está vacía. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho” (Mt 28,6a).

Por tres veces aparece en el evangelio de hoy el verbo “ver”: “Al alba del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro” (Mt 28,1); “Venid a ver el sitio donde yacía”(Mt 28,6b); El ángel: “Ha resucitado de entre los muertos... id a Galilea. Allí lo veréis”(Mt 28,7), Jesús: “...Que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10). Por otro lado, se nos dice: “no está aquí”. 

Ya no es visible, ni tangible, ni verificable. Ya no es localizable en un espacio y un el tiempo concretos. El evangelio juega con la paradoja tan propia de la fe que es el “ver y no ver”. Cristo ha resucitado, pero eso lo ven los que creen. La visión física se queda en un dato: “ved el sitio donde lo pusieron”, el sepulcro está vacío. El sepulcro vacío es visible para todos. Pero la fe va más allá y ve en el sepulcro la victoria de Dios sobre la muerte.

Con la resurrección las situaciones oscuras  (el dolor, la enfermedad y la muerte) adquieren un tono distinto. Ya no hay lugar para la desesperación total.   Si el que murió en la cruz y “descendió a los infiernos”  ha resucitado siendo acreditado por el Padre ¿qué mal podemos temer?

"No temáis", dirá Jesús resucitado a sus discípulos bloqueados por un hecho hasta entonces  inusual que les lleva a confundirlo con un fantasma. Soy yo, que vuelvo para estar con vosotros y sosteneros en vuestra lucha. Es como si dijera: "Todo irá bien" -decía Juliana de Nordwich-  ... El Señor nunca dijo ‘no seréis zarandeados por la tempestad’ o ‘no os veréis abrumados por el trabajo’ o ‘no os faltará consuelo’, sino que dijo: ‘No seréis vencidos’. Dios quiere que tengamos en cuenta estas palabras, de forma que siempre, tanto en la alegría como en el dolor, tengamos una total confianza".


De la muerte a la vida 
(Bautismo y Eucaristía).

En el día del Viernes Santo  hemos contemplado el dolor del Hijo que nos ha llevado al llanto, a llorar nuestro pecado, a compadecernos de Cristo que sufre en los hermanos. Hoy vemos el gozo de la Iglesia, la alegría del resucitado, que nos motiva para la  propia alegría. Si con Cristo sufriente somos invitados a solidarizarnos con el dolor de los hombres, con Cristo triunfante, vencedor del mal y de la muerte, somos invitados a repartir alegría y esperanza: “Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10).

Todo este misterio de muerte y de resurrección se celebra en la Iglesia sobre todo en los dos grandes sacramentos: el Bautismo y la Eucaristía.

“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6,4). Hoy renovamos las promesas de nuestro bautismo que nos injerta en la Vida resucitada del Señor: “Si hemos muerto con Cristo (ritual y existencialmente), creemos que también viviremos con Él” (Rm 6,8). Este se nuestro gozo y nuestro “secreto” (el misterio de nuestra fe).

Jesús resucitado también partirá el pan con nosotros y para nosotros esta noche. “El que come de este pan vivirá para siempre... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,51.54). No sólo celebramos la resurrección sino que también la participamos (comemos) en la Eucaristía.

* * *
Cristo viene a ti como Luz. No para deslumbrarte y cegarte sino para iluminarte. Deja que su Palabra, que es "lámpara para tus pasos" (Sal 108,105), te guíe, sus sacramentos te alimenten, porque "el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,48), y su Espíritu del Resucitado sea tu brújula, porque sabe mejor que tú lo que te conviene (cf Rm 8,26).

Que se abran las ventanas de nuestro espíritu y griten griten nuestra alegría a todos los que aún no conocen la noticia de la resurrección,  porque
 Cristo“ verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lc 24,34), y entre las tinieblas de la enfermedad y la muerte se abre el paso la Luz. 

¿Te vas a perder esta fiesta? 
Es la fiesta de las fiestas.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

Abril 2022. 
Casto Acedo.

viernes, 8 de abril de 2022

Al hilo de la Palabra (Domingo de Ramos)

EVANGELIO 
Lc 19,29-40

En aquel tiempo Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles: - Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?, contestadle: “El Señor lo necesita”.

Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: -¿Por qué desatáis el borrico?

Ellos contestaron: -El Señor lo necesita.

Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo alto!

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

El replicó: - Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.

¡Palabra del Señor!

*


La Semana Santa es una excelente oportunidad para entrar en ti y discernir cristianamente todo lo que en estos días pasa por tu cabeza y tu corazón. Ya sabes que el ambiente secularizado en que vivimos no invita a interioridades, que ha decaído la práctica de hacer una lectura creyente de la vida y los días de la semana santa suelen leerse más como oportunidad de asueto y dispersión para unos y de negocio turístico para otros. ¿Podrás desmarcarte de todo esto? Merece la pena hacer un esfuerzo. Difícil, pero posible.

Aquí tienes unas notas para enfocar la Semana Santa de un modo nuevo.


Estrenar vida

La primavera, de la que esperamos signos meteorológicos propios de ella,  despegó hace unos días. La Semana Santa no se celebra en primavera por casualidad. Son fechas en las que la vida comienza a florecer. En el sur huele a azahar y tomillo. Los cerezos y almendros florecen, en parques y jardines brotan las plantas y el aire huele a frescor y flores. La creación está de estreno estos días. 

Un viejo refrán reza que el “el domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”, o dicho con otras palabras: quien no renueva (compra, adquiere) algo en su vida estos días es que está manco, paralizado o muerto. Así, el Domingo de Ramos, es cada año una llamada a renovar, a dar los últimos  retoques al traje nuevo tejido en el taller de vida espiritual de la Cuaresma. 

Para la renovación deseada el primer paso es entrar con Jesús en la Ciudad Santa. ¡Anímate! ¡Estrena vida! Date la oportunidad; no dejes que el racionalismo y el materialismo consumista del hombre viejo  emboten tu mente; abre la puerta de tu corazón y deja que Jesús, que viene a ti humilde y pacífico, a lomos de un asno,  entre en tu casa, en tu interioridad. 

Para facilitarle la entrada aléjate de todo lo que te disperse, disfruta de tiempos de silencio, de alguna lectura espiritual sólida, de la charla con quien te pueda ayudar a conocer a Jesús y conocerte más a ti mismo o a ti misma. Deja por unos días el cuidado obsesivo por distraerte (distracción es dispersión) y dedica tiempo a concentrarte y gustar de tu interioridad. 


Turismo interior

Puedes planear para estos días un viaje de turismo interior, un viaje por los parajes y paisajes de tu alma. Para ello has de huir de los ruidos exteriores e interiores, porque en el silencio oyente (obediente) puedes encontrar el espacio vital que necesitas para un cambio de vida. 

Haz una procesión de silencio recorriendo tu morada interior; recurriendo a santa Teresa contémplate como un castillo habitado en su centro por un Rey. Paséate por tu alma, conócete y céntrate en Cristo. Vives en las periferias del castillo, enajenado, lejos de ti, y en Dios te regala estos días  para  centrarte, para apropiarte de tu vida, mirarte y vivirte desde el hondón donde Él te habita. 

La procesión de Ramos es todo un símbolo del paso que te invito a dar. Partes  de la Plaza pública (exterioridad), foro profano por excelencia, lugar de mercado y negocios, ágora de discusiones y polémicas, punto de fricciones económicas e ideológicas, y desde ahí te diriges al templo  (interioridad),  ámbito de lo sagrado, zona de escucha, espacio de silencio, morada de Dios. 

Dejando atrás el dominio de la sensualidad, el cálculo y de la razón práctica, adéntrate en el reino de lo sagrado, donde el Misterio te abre a lo insospechado. Semana Santa es tiempo para experimentar más allá de los sentidos, lo que “ni el ojo vio, ni el oído oyó; lo que Dios tiene preparado para los que lo aman” (1 Cor 2,9). Ese Misterio insondable no es un nuevo descubrimiento de la física, ni el último teorema matemático, ni la más reciente moda filosófica, ni un nuevo y emocionante invento; es una persona: Jesucristo, “misterio mantenido en secreto durante siglos, y revelado ahora para nuestra salvación” (Rm 16,25-26).

Para ayudarte en el proceso de recogimiento y turismo interior, para tu encuentro con Jesús, la Iglesia te ofrece una serie de protocolos: bendición de ramos, misa de la cena del Señor, memoria de la Pasión, adoración de la Cruz, renovación del bautismo, mesa eucarística…, además de otras muchas oportunidades, como pueden ser los viacrucis o las horas santas. Todos estos recursos los tienes a tu disposición para lograr un mayor acercamiento a Dios, que se deja ver más que nunca en estos días.


Procesionar con Cristo

Dedícate estos días santos a procesionar con Cristo sin ritualismos ni teologías, tocando la Verdad desnuda,  palpándola con los dedos del alma, con los pies descalzos, sintiendo en tu piel el Misterio que es Dios. Y si sientes que "Dios es", y que tú eres con Él porque su Espíritu habita en tu espíritu, nada ni nadie podrá zarandear tu vida. Porque en Cristo encuentras un cimiento sólido; en Cristo está toda la verdad que eres y todo el amor que estás llamado a ser y a vivir.

Entrar en la Semana Santa es entrar en Cristo, en su Persona. Así lo recomienda san Gregorio Nacianceno:
“Si eres Simón Cirineo, coge tu cruz y sigue a Cristo. Si estás crucificado con Él como un ladrón, como el buen ladrón confía en tu Dios. Si por ti y por tus pecados Cristo fue tratado como un malhechor, lo fue para que tú llegaras a ser justo. Adora al que por ti fue crucificado, e, incluso si estás crucificado por tu culpa, saca provecho de tu mismo pecado y compra con la muerte tu salvación. Entra en el paraíso con Jesús y descubre de qué bienes te habías privado. Contempla la hermosura de aquel lugar y deja que, fuera, quede muerto el murmurador con sus blasfemias. Si eres José de Arimatea, reclama el cuerpo del Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo. Si eres Nicodemo, el que de noche adoraba a Dios, ven a enterrar el cuerpo, y úngelo con ungüentos. Si eres una de las dos Marías, o Salomé, o Juana, llora desde el amanecer; procura ser el primero en ver la piedra quitada, y verás también quizá a los Ángeles o incluso al mismo Jesús”. (Oficio de Lectura del Sábado de la V Semana de Cuaresma).

Dios te hace estos días una oferta espiritual de temporada. Y no se me ocurre nada mejor que aconsejarte que aproveches la oportunidad. En Semana Santa tendrás más tiempo para adentrarte en los parajes más recónditos de tu alma; no te distraigas no sea que te pierdas. Un buen mapa para llegar a tu destino es el evangelio, un buen guía: Jesucristo. ¡Buen viaje! Y espero encontrarme contigo para compartir en común y celebrar el éxito de tu viaje Nos vemos en el banquete de la Vida que celebramos el próximo Jueves Santo y repetiremos en la celebración de la Pascua en la noche del Sábado y volveremos a repetir el Domingo de Resurrección.

Lo que viene después de haber estado en Él y con Él es otra historia. No puedo describírtela, porque sólo la podrás ver con los ojos del corazón. 

Otra reflexión de entrada en Semana Santa en:

Abril 2022. 
Casto Acedo. 

martes, 25 de enero de 2022

Camino de oración y conocimiento personal

 

Orar - conocerme

Hemos comenzado en las Parroquias de Trujillanos y san Pedro un camino de oración y reflexión personal. En San Pedro: lunes de 5,15 a 6,30 de la tarde, Trujillanos: martes de 7,30 a 8,45.

Es verdad que ya todos los que solemos asistir a los encuentros de la parroquia, de una manera u otra, rezamos. Pero no viene mal aclarar y aclararnos acerca de qué es eso de orar. En torno a las preguntas sobre cómo orar y cómo progresar en la vida espiritual (que no quiere decir "vida beata" en el mal sentido de la palabra) irán los primeros temas.

Rezar –podríamos decir de entrada que es “estar y comunicar con Dios”. Normalmente lo entendemos como un movimiento que va de mí mismo hacia Dios; y lo hago :

-Con los labios (oración vocal: privada o litúrgica)

-Con la mente (meditación: imagino a Dios; me situó ante Jesús)

-En solitario (oración personal, íntima)

-En común (oración comunitaria)

 En todos los modos de oración podemos caer en un círculo llamado “rutina”… Los ritos son buenos y necesarios (me ahorran tener que pensarme y organizarme cada día), pero si degeneran en “rutinarismo” acaban por desfondarnos. Se impone despertar la conciencia para vivir en profundidad todos los momentos de la vida.

"Despertar la conciencia” a lo que somos y a lo que Dios representa en mi vida es un objetivo en nuestras reuniones. La oración debe partir de la toma de conciencia (darte cuenta, contemplar, observar)  de lo que soy y de dónde estoy en mi camino vital. Es  muy importante  “mirar”, “observar” mi corazón y mi vida toda para, de principio, conocerme a mi mismo o a mi  misma.  Este conocimiento se adquiere mediante lo que llamamos "contemplación", que no es otra cosa que mirar la realidad tal como es, superando una visión preestablecida o  de conveniencia (cómo queremos que sea). Aquí tenemos un compromiso de no-evaluar, no-juzgar, no-medir... simplemente observar y asimilar. (Iremos comprendiendo esto con el tiempo, porque es difícil de explicar; sólo se puede entender a partir de la experiencia de vida)

* * *

Aquí solo apunto unas breves ideas. Y la primera es acerca de nosotros mismos, de nuestra persona. Antes de entrar en contacto con Dios debo preguntarme: ¿quién soy yo?, es decir, debo conocerme a mí mismo o a mi misma, porque sino puede que al final no sea yo quien quiere hablar con Dios sino "lo que yo creo que soy"; cuando es así el diálogo orante es un diálogo de sordos. Ni yo (mi yo auténtico) oigo a Dios ni lo que digo a Dios es algo que me sale de dentro.

Observa este cuadro que ofrece una visión del hombre muy cercana a la que santa Teresa nos da en el libro de Las moradas:

¿Cómo vivo? ¿Cómo me vivo?

En el centro aparece la palabra “DIOS”. Es un misterio. Pero así es: “Dios nos habita”, somos “inhabitados por el Espíritu Santo”; Dios es “interior intimo meo” (más dentro de mí que yo mismo).

También junto a Dios se señala el centro personal de mi ser (mi “yo profundo”, real).

En las afueras encontramos una palabras que nos remiten a otras realidades: Mente (yo mental), afectos y emociones (yo emocional), cuerpo (yo corporal-físico), ambiente (mis circunstancias)

Vivir profundamente es vivir todos los aspectos de mi vida desde mi “yo profundo” (con Dios, desde Dios):

-Situarme adecuadamente en mi ambiente geográfico y social,

-Sentirme dueño de mi cuerpo, gozar de él y de mis sentidos,

-Gestionar acertadamente mis sentimientos, emociones, estados de ánimo,

-Ser dueño de mis pensamientos (que no me dominen las obsesiones mentales)

-Conocer mi “yo profundo”… donde habita Dios.

¿Cómo lograr una vida así? Lo primero decir que “es un regalo de Dios”; no está en nuestras manos alcanzarla. Aunque sí se nos indica el camino para hacer saber a Dios nuestra buena disposición (una ascesis, la práctica de unas virtudes, “comprar el billete de la lotería”, si no lo adquirimos Dios no suele dar el premio; pero también es cierto que el hecho de adquirirlo no nos garantiza que seremos premiados).

 La ascesis o camino para avanzar en la vida del espíritu requiere la práctica de las “virtudes”;  hoy señalo dos de ellas que son claves para retomar o comenzar el camino:

* Primero humildad. Dios no necesita de nosotros. Nosotros sí le necesitamos. Por tanto, ”¡somos unos pobres siervos, sólo hacemos lo que tenemos que hacer!”. Quien no se acerca así a la oración corre el peligro de desanimarse al no ver los frutos, que suelen darse a largo plazo. Dios no defrauda a quien espera en Él. A ti solo te corresponde sembrar, el crecimiento es cosa suya.

* Segundo perseverancia. Tomar una “determinada determinación” de ponernos en ejercicio de oración con una disciplina a prueba de cansancios y sinsentidos. Decidir asistir a las reuniones al menos durante un año es una buena decisión. 

Este camino se inicia con estas dos premisas: humildad (renuncia a los propios méritos y fuerzas, obediencia al proyecto que se propone) y perseverancia (constancia, renuncia al "mariposeo" y a la discontinuidad, valorar el día a día de la práctica de la meditación).

 Gracias a los que os habéis animado a asistir, y bienvenidos quienes  aún estáis a tiempo de uniros.

¡Buen camino a tod@s !

Casto Acedo

lunes, 10 de enero de 2022

Grupo de formación en la fe.



No me cansaré de repetirlo, por la importancia del tema: hay tres pilares que son esenciales en la vida de una parroquia, si falta alguno de ellos la parroquia está coja y abocada a desaparecer. Estos son los pilares:

1. FORMACIÓN. 

Formación prebautismal, Catequesis de niños, adolescentes y jóvenes, formación prematrimonial, formación de adultos, estudio de la Biblia, cursos, charlas, etc.

Objetivo: CONOCER nuestros orígenes y nuestra misión, tomar conciencia de nuestro ser cristiano, saber quienes somos como personas y como Iglesia, … se trata de salir de el pecado mayor de la humanidad y del creyente: la "ignorancia", no saber quin soy y para qué vivo.

En este apartado se trata de aclarar desde la fe quien soy en cuanto persona humana y en cuanto  cristiano. 

La falta de formación hace que se pierda el norte y se acaba por reducir la parroquia, como mucho, a una "estación de servicios donde se administran sacramentos", y nada más. Cuando es así no es una parroquia sino un "club de ceremonias", de cumplimiento (entiéndase cumplo y miento).


2. LITURGIA.

Misas, bautismos, confirmaciones, matrimonios, entierros, momentos y retiros de oración, procesiones, coro parroquial, grupos de lectores y moniciones, etc. 

Objetivo: CELEBRAR nuestra fe y pertenencia a una comunidad. … 

Quien no celebra es que no vive. Y no hay duda de que el enfoque, el interés y el calor de las celebraciones (misas, oración, procesiones, etc...) es un termómetro muy fiable de la verdad de la fe y la vida de un parroquia. 

Cuando no hay asistencia a las celebraciones es que no se tiene sentido de comunidad y familia. ¿Os imagináis una familia que no se vea nunca y donde sólo aparecieran los miembros para pedir algún servicio a cambio de un pago? Así es cuando se acude a la Iglesia sólo para exigir que se atiendan las necesidades rituales (comunión, entierro, boda, ...). Como si fuera un "local comercial". Pago y recibo. Qué pena.  Eso no es celebrar la fe sino negociar.

3. COMUNIÓN DE VIDA. 

No sólo somos cristianos por nuestras ideas o nuestras celebraciones (sentimientos), también por amar obrando como Cristo ama y actúa. En dos vertientes:
a) Entre nosotros (ad intra, hacia dentro): Encuentros de convivencia entre los parroquianos, excursiones, buena relación entre hermanos de comunidad parroquial, vida de hermandad, etc. …

b) Con todo el mundo (ad extra, hacia fuera): Cáritas (escucha y acompañamiento de personas que viven en soledad o con problemas, ayudas puntuales a necesitados, DOMUND, “Campaña contra el hambre”, visita y atención a enfermos), actividades culturales, buenas relaciones con otras instituciones, etc.
El objetivo de este apartado es claro: AMAR. expresar con hechos nuestra vocación cristiana a la compasión universal, más allá de creencias, religiones, ideas políticas, cultura o estatus social, vivir encarnados en el mundo aportando nuestra colaboración en todo lo bueno. "Amaos como yo os he amado",  dice Jesús. 

Amar es salir y dar.  El amor, cuando se cierra en sí mismo y se reserva se muere. La comunidad cristiana se caracteriza por su no-agresividad, su aceptación de la realidad en que vive cada cual con paciencia (con espíritu de paz), aunque sin renunciar a cambiar para mejor la relación con los demás y las situaciones sociales que sean mejorables. Ir a misa y dar la espalda al hermano y al mundo es "no ir a misa"; el efecto de rezar para justificar "malas artes" es negativo, porque te asienta en la soberbia de creer que ya estás convertido.


* * *

A fin de crecer en el apartado 1: FORMACIÓN, tocando tangencialmente los otros dos, vamos a comenzar a vernos como parroquianos, quienes libremente puedan y quieran,

*en Trujillanos los Martes de 7,30 a 8,30 en el salón Parroquial,

*en san Pedro de Mérida, los Jueves de 7,30 a 8,30 en la Casa Parroquial.

Transversalmente hablaremos de nosotros y  de nuestra parroquia, sobre todo acerca de cómo nos vemos, como vemos la Iglesia, qué creemos que nos falta o le falta a la parroquia, dónde estamos acertando, dónde nos equivocamos, cuál es la tarea personal y comunitaria de cada uno,  cuál debiera de ser, etc…

La formación cristiana abarca las tres vertientes que hemos señalado: Saber sobre la fe (¿qué idea tengo de lo que es creer?), sentir o celebrar la fe (¿cómo me siento y qué siento en  los momentos de oración, en misa, en las demás celebraciones? ) y vivir en el amor compasivo de Cristo (¿estoy satisfecho de mi vida? ¿Amo lo suficiente para ser feliz? Presupongo que amar es "ser feliz" y obsesionarse por "ser amado" es el caldo de cultivo de la infelicidad).

En los encuentros que propongo y a los que invito, podremos, en pequeñas dosis, ahondar en este “trípode”:
a) Un primer momento de celebración-oración (10 minutos)

b) Unas enseñanzas que nos sirvan de formación. A partir de los textos bíblicos del domingo siguiente a la reunión (30 minutos)

c) Un tercer momento para decidir -íntimamente-  qué debo cambiar en mi vida, para aclarar las implicaciones que lo que hemos tratado tiene para mi vivir diario. Aquí, además de lo que cada cual cree que personal, familiar o socialmente se debe exigir, se puede incluir el compromiso que debo tener para con la parroquia (20 m)
Para esto, os espero en la reunión que indico, el martes en Trujillanos y el Jueves en san Pedro. Sobre la marcha vamos viendo lo que más necesitamos para incidir en ello. Bendiciones.

Casto Acedo, párroco.

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...