-Con la mente (meditación: imagino a Dios; me situó ante Jesús)
-En solitario (oración personal, íntima)
-En común (oración comunitaria)
"Despertar la conciencia” a lo que somos y a lo que Dios representa en mi vida es un objetivo en nuestras reuniones. La oración debe partir de la toma de conciencia (darte cuenta, contemplar, observar) de lo que soy y de dónde estoy en mi camino vital. Es muy importante “mirar”, “observar” mi corazón y mi vida toda para, de principio, conocerme a mi mismo o a mi misma. Este conocimiento se adquiere mediante lo que llamamos "contemplación", que no es otra cosa que mirar la realidad tal como es, superando una visión preestablecida o de conveniencia (cómo queremos que sea). Aquí tenemos un compromiso de no-evaluar, no-juzgar, no-medir... simplemente observar y asimilar. (Iremos comprendiendo esto con el tiempo, porque es difícil de explicar; sólo se puede entender a partir de la experiencia de vida)
* * *
Aquí solo apunto unas breves ideas. Y la primera es acerca de nosotros mismos, de nuestra persona. Antes de entrar en contacto con Dios debo preguntarme: ¿quién soy yo?, es decir, debo conocerme a mí mismo o a mi misma, porque sino puede que al final no sea yo quien quiere hablar con Dios sino "lo que yo creo que soy"; cuando es así el diálogo orante es un diálogo de sordos. Ni yo (mi yo auténtico) oigo a Dios ni lo que digo a Dios es algo que me sale de dentro.
Observa este cuadro que ofrece una visión
del hombre muy cercana a la que santa Teresa nos da en el libro de Las moradas:
¿Cómo vivo? ¿Cómo me vivo?
En el centro aparece la palabra “DIOS”. Es un misterio. Pero así es: “Dios nos habita”, somos “inhabitados por el Espíritu Santo”; Dios es “interior intimo meo” (más dentro de mí que yo mismo).
También junto a Dios se señala el centro personal de mi ser (mi “yo profundo”, real).
En las afueras encontramos una palabras que nos remiten a otras realidades: Mente (yo mental), afectos y emociones (yo emocional), cuerpo (yo corporal-físico), ambiente (mis circunstancias)
Vivir profundamente es vivir todos los aspectos de mi vida desde mi “yo profundo” (con Dios, desde Dios):
-Situarme adecuadamente en mi ambiente geográfico y social,
-Sentirme dueño de mi cuerpo, gozar de él y de mis sentidos,
-Gestionar acertadamente mis sentimientos, emociones, estados de ánimo,
-Ser dueño de mis pensamientos (que no me dominen las obsesiones mentales)
-Conocer mi “yo profundo”… donde habita Dios.
¿Cómo lograr una vida así? Lo primero decir que
“es un regalo de Dios”; no está en nuestras manos alcanzarla. Aunque sí
se nos indica el camino para hacer saber a Dios nuestra buena disposición (una
ascesis, la práctica de unas virtudes, “comprar el billete de la lotería”, si
no lo adquirimos Dios no suele dar el premio; pero también es cierto que el
hecho de adquirirlo no nos garantiza que seremos premiados).
* Primero humildad. Dios no necesita de nosotros. Nosotros sí le necesitamos. Por tanto, ”¡somos unos pobres siervos, sólo hacemos lo que tenemos que hacer!”. Quien no se acerca así a la oración corre el peligro de desanimarse al no ver los frutos, que suelen darse a largo plazo. Dios no defrauda a quien espera en Él. A ti solo te corresponde sembrar, el crecimiento es cosa suya.
* Segundo perseverancia. Tomar una “determinada determinación” de ponernos en ejercicio de oración con una disciplina a prueba de cansancios y sinsentidos. Decidir asistir a las reuniones al menos durante un año es una buena decisión.
Este camino se inicia con estas dos
premisas: humildad (renuncia a los propios méritos y fuerzas, obediencia al
proyecto que se propone) y perseverancia (constancia, renuncia al
"mariposeo" y a la discontinuidad, valorar el día a día de la
práctica de la meditación).
¡Buen camino a tod@s !
Casto Acedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario