jueves, 30 de noviembre de 2023

Despertar (I Adviento. 3 de diciembre)

 EVANGELIO 

Mc 13,33-37

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!".

Palabra del Señor


Calderón de la Barca, en La vida es sueño incluye un soliloquio donde Segismundo piensa en la vida y en su suerte;  es, sin duda alguna, el texto más famoso del teatro español; y entre otras cosas dice:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

La condición humana no ha cambiado. Porque seguimos dormidos, viviendo en sueños, creyendo que somos lo que soñamos (pensamos) y ajenos a la realidad de lo que en verdad somos. Nos creemos despiertos, pero solemos estar dormidos. 

Vivimos en gran parte de ilusiones, instalados en fantasías que nuestra mente inventa para huir de realidades que resultan poco atractivas. Sueña el soberbio en su triunfo, el avaricioso en ser poseedor de un tesoro insuperable, el lujurioso sueña vivir en un inagotable placer;  se deleita el perezoso en una vida descansada, el goloso se relame degustando exquisiteces  en una mesa de abundancia; goza el poderoso y violento aplastando al débil los y disfrutando su venganza; y el envidioso, pobre hombre, vive la pesadilla de no poder gozar nunca lo que gozan los demás. Cada cual se monta su película convencido de que es quien sueña ser y vive lo que sueña vivir.

Ante una vida planteada así, dos gritos conectados atraviesan el tiempo de Adviento: ¡Despertad! y ¡Velad!. Primero despertar, que es tomar conciencia de quién soy y para qué estoy en el mundo; y, ya despierto, velar para no recaer en el engaño de la mente que me hace vivir en la mentira de que la felicidad plena se alcanza en los deseos de la carne. Sueño imposible.

*

¡DESPERTAD! "¡Despierta, tú que duermes" (Ef 5,14). Un grito para los de fuera, para los que aún no han conocido el templo de la fe y la interioridad, para los que viven en sus laureles o sueños. Es la llamada que Adviento dirige a quienes ni siquiera se han planteado que existe una realidad interior donde se forja el sentido de la vida. Son o somos muchos los que vivimos aún dormidos, nuestro verdadero ser se halla arrullado por las sábanas y las mantas del hombre viejo con que el mundo nos calienta y adormece.

¡VELAD! ¡MANTENÉOS DESPIERTOS! Es este un grito para los que ya dieron un primer paso de conversión y entraron al atrio del templo, para los que ya han recibido conscientemente la luz del primer bautismo  y caminan  hacia el segundo que es la Pascua definitiva. Si eres de éstos, mantente despierto, no te duermas, no vuelvas al sueño de la taberna, el lupanar y el espectáculo. No mates la vida que ya has conocido.
*


Tal vez entre estos dos grupos ("los que necesitan un despertar" y los "invitados a mantenerse despiertos") te has colocado mentalmente en el segundo, el de quienes ya han conocido el evangelio y han de mantenerse atentos para no ser confundidos. Sin embargo te aconsejo que comiences el Adviento considerando que aún puedes estar entre los dormidos. A veces confundimos la fe con un sueño más, con creencias nada acertadas.

Si observas tu vida puede que aún esté cubierta por edredones, mantas y sábanas que alimentan el sopor y  la pereza que te impiden despertar. Esas ropas que cubren tu lecho son  los caprichos, los aires de grandeza, las envidias, el deseo de aparentar, etc. que no te dejan ver lo que  realmente eres.

 Para despertar al ser verdadero, para vivir de veras,  has de comenzar por el despojo de todo lo que cubre tu ser genuino, todo aquello que te impide salir del acomodo en la periferia para vivir en tu centro. 

Parece un desatino, pero para despertar a la vida se ha de comenzar por la aceptación de la realidad de la muerte.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¡Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

La muerte física pone al descubierto qué es lo permanente y qué lo perecedero. La muerte despoja de abalorios. Despertar a la conciencia de la muerte hace volver a lo esencial, la conciencia de la vida interior, el Reino de Dios que anida en el corazón y se imbrica en los afanes de la vida; la muerte pone a quien la conoce  ante su "ser original" hecho a la medida de Cristo. Contemplando sin temor la finitud de la vida se saborea su esencia.

*

El mencionado segundo grito de Adviento es un consejo para quien ya ha despertado: ¡MIRAD, VIGILAD! Contempla y mantén los ojos abiertos. Porque aún no vives en el centro del Santuario; no vives desde tu centro, sigues en el atrio de los gentiles bajo la seducción constante de recaer en el sueño para huir de  realidades que no te agradan: ¡En Egipto se vivía mejor! (cf Nm 11,5). Para mantenerte despierto es importante que seas fiel a la oración, a la comunidad y al reclamo de Amor y del amor como remedios contra el cansancio y el sueño.

Aprovecha el tiempo de Adviento para despertar a lo imperecedero y eterno, al conocimiento y a la vida del Amado; y cuida que se fortalezcan los lazos y compromisos que te unen a Él. Esta es la llamada de Adviento. "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará”. (Ef 5,14). “Velad, no sea que venga el dueño de la casa y os encuentre dormidos”. "Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil". (Mt 25,41).

Despierta y está atento al Señor que viene.

¡FELIZ ADVIENTO!

* * *

NOTA: Tienes otro comentario sobre el tiempo de Adviento como tiempo para despertar y vivir el presente, en este blog:

Noviembre 2023
Casto Acedo

Adviento: presente, pasado y futuro (3 de diciembre)

EVANGELIO 
Mc 13,33-37

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!".

Palabra del Señor



El año litúrgico con su pedagogía milenaria vuelve a llamarnos en Adviento invitando a despertar. "¡Velad!". Cada año somos invitados en el tiempo de Adviento a resetear nuestros mecanismos espirituales. En cuatro semanas se nos pide revisar nuestras esperanzas para hacerlas confluir en Aquel que es para nosotros "la Esperanza de la gloria" (Col 1,27). 

Ahora bien, en la celebración de "otro adviento" hemos de evitar caer  en la rutina que nos llevará al eterno retorno de lo mismo. El tiempo cristiano no es circular, sino que es una recta ascendente que apunta muy alto: hacia la consumación de todas las cosas en Cristo. No hay de hecho dos tiempos iguales, aunque lo parezcan; el últimos debería superar siempre al anterior.

Adviento invita a reiniciar el camino de la vida interior no partiendo de cero sino desde el punto en que me hallo, desde mi realidad espiritual actual, ya sea como persona o como comunidad. Desde ahí el Adviento trata de volverme y afianzarme en Jesucristo: el que fue, el que es y el que será. Aunque parezca un extraño juego de palabras, estamos ante un "esperar hoy al que ya ha llegado", la confluencia del pasado y el futuro en el presente.


Pasado: “El que fue (el que vino)”. 

Adviento invita a unirnos al pueblo de Israel en su esperanza. Es bueno releer en la biblia la historia de la salvación, historia de un pueblo que vivió momentos de derrotismo, de humillaciones y de persecuciones. Un resto de ese pueblo nunca perdió de vista la esperanza en su Dios. "Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él… Todos éramos impuros, … Y sin embargo, señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero” (Is 63,16.64,7). 

Contemplar las acciones de Dios en la historia de la salvación es una excelente meditación para el Adviento. El “resto de Israel” se mantuvo firme en la esperanza rememorando las acciones pasadas de Dios;  esto te da pie para esforzarte estos días en recurrir con más frecuencia a la lectura de la Palabra de Dios, para  rememorar acontecimientos y personajes (Abrahán, Moisés, Isaías, Jeremías, Juan bautista, María, etc) que te ayuden a entender las claves de la esperanza. 

Contemplando la historia sagrada escrita en la Biblia te preparas para conocer y enfocar tu propia historia de relación personal con Dios. Conviene que alimentes tu esperanza volviendo a las fuentes de la fe: ¿Cuándo me sacó el Señor de Egipto (mi conversión)? ¿En qué momento concreto sentí que me libró de la angustia y me abrió a la esperanza? ¿Cuándo le sentí cercano, amigo, compañero? ¡Gózate haciendo memoria de tu conversión primera! No se trata de que te aferres a la nostalgia del pasado, sino de que pises fuerte con un pie echando el otro hacia adelante con seguridad y aplomo.

En la oración personal y comunitaria, en las celebraciones litúrgicas, especialmente en la Eucaristía, celebra y rememora; bebe el agua de la fuente que es la experiencia de Dios que se te enseña en la Iglesia y que tú mismo extraes del hondón de tu historia personal. El agua de la vida que corre por los veneros de la Escritura es la misma agua que extraes del pozo de tu vida espiritual. El mismo espíritu que inspiró la Biblia inspira en ti la inteligencia de su lectura.


Presente: “El que es (el que viene)”. 

Y desde la lectura del pasado eclesial y personal, mira el presente. Vivimos tiempos de incertidumbre, de conflictos bélicos impensables hace unos años, de inseguridad política  y miedos. Son "signos de los tiempos" que el Concilio Vaticano II nos invita a leer como lenguaje de Dios. 

En medio de tanto dolor incomprensible y tanto sufrimiento acumulado, la esperanza corre el riesgo de tambalearse. Las cosas no parecen invitar al optimismo. Nos queda el refugio en el futuro que vendrá, pero ¿qué hay del presente? ¿Donde está el Dios bueno y misericordioso? 

Has de tener claro que la esperanza es virtud del presente. Los signos salvadores se están dando ya. En la noche de las guerras y los miedos brillan las estrellas de la entrega generosa. ¡Cuántas estrellas nos están alumbrando en estos tiempos de necesidad de paz y de cariño! Hay luces, signos a tu alrededor, que iluminan. ¡Cuántas personas e instituciones siguen poniendo amor donde no lo hay!  Párate y observa. Alimenta tu oración dejando que esos signos se apoderen de tu ánimo.

No sólo las estrellas de la solidaridad y la fraternidad son visibles, también el sol (Jesucristo) y la luna (Iglesia) se dejan ver. A Dios lo puedes ver con los ojos de la fe; y puedes estar seguro de que ese Dios que ves, oyes y sientes que toca tu corazón en estos días de incertidumbre, es el Dios verdadero; y esa Iglesia que en templos semivacíos celebra los misterios de la fe y con Caritas pone sus brazos al servicio de enfermos y necesitados, sigue siendo signo de esperanza a pesar de sus debilidades.

Los signos hablan y hay que leerlos. El amor sigue presente más que nunca, la fe es más pura y verdadera porque no se asienta tanto en evidencias cuanto en abandono humilde. La esperanza es más efectiva, está más presente, cuando ancla el corazón en la realidad del aquí y ahora queridos por Dios más que en el idílico porvenir que con frecuencia sueña nuestra egoísta imaginación. A Dios se le ve, se le ama y se le espera en el presente. ¿Qué haces mirando al cielo? Rastrea los signos de la presencia de Dios aquí y ahora, a tu lado.

Adviento es tiempo para que mires con ojos bien abiertos y descubras en el día a día “el brote del tronco de Jesé” (Is 11). "No recordáis lo de antaño, no penséis en lo antiguo. (No pienses en lo que está por venir, añadiría yo). Mirad que realizo algo nuevo. ¿No lo notáis? Abriré caminos en el desierto, corrientes en el yermo, para dar de beber a mi pueblo" (Is 43,18-19). Entre las zarzas de la mentira, el dolor y la tristeza que  expanden estos días los noticiarios hay señales que anuncian un mundo nuevo. Deberías dejarte interpelar por los gestos mesiánicos que recorren la geografía del mundo, y que si sabes aprovechar te dejan ver el despertar de la solidaridad, la fraternidad y la misericordia. 

Como los Magos de Oriente, los que viven tiempos oscuros pueden ver cómo brilla en la oscuridad la estrella de Belén. Dios no nos deja solos. En la noche esperamos, “aguardamos” como el cazador la presa, permanecemos atentos a que no se nos escapen los signos de esperanza que se están produciendo. Dios sigue estando, sigue viniendo. Es Adviento. Cada día es Adviento. Porque cada día el Señor sigue viniendo a ti  y anima tu esperanza. Si despiertas lo ves. 


Futuro: “El que será (el que vendrá)”.

Adviento mira también al futuro: ¡Ven, Señor, Jesús! Estamos en proceso constante de crecimiento espiritual, de conversión. Importante es mirar al pasado y esencial entender y situarse en el presente; pero no lo es menos el futuro. Con la venida de Dios la utopía de un mundo perfecto no es un sueño imposible. La creación entera responde a un proyecto de Dios; y como toda proyección apunta a una meta: la consumación de todas las cosas en Cristo, la plenitud de su venida, el momento -kairós- en que Dios lo sea "todo en todos" (1 Cor 15,28; cf Rm 8,18-30). 

Vivir el Adviento es poner en acto nuestra esperanza, clarificar los objetivos que nos proponemos alcanzar y echar a andar. Porque el futuro es don y tarea, es porvenir de Dios y tarea de cada cual. 

¿Hacia dónde me dirijo? ¿Cuál es mi destino? Y puesto que sólo se hace camino al andar, ¿qué debo hacer hoy aquí para "vivir el futuro en mi presente"? Un buen camino es reorientar mi proyecto de vida a luz de la Palabra, para no estancarme ni desviarme del camino. Mirarme en el espejo de la Palabra y hacerla vida es necesario si no quiero correr el peligro de esforzarse por nada y llegar a ninguna parte. 

En adviento he de estar atento al peligro de ahogarme en la ciénaga de la nostalgia o las expectativas triunfalistas; esto ocurrirá si me obsesiono por esperar el retorno de un pasado glorioso que fue o un futuro triunfal que es sólo fantasía de mi ego falso.  Cuando creo que cualquier tiempo pasado fue mejor y me empeño en el imposible de volver atrás, me vuelvo reaccionario. ¿Notas en ti síntomas de ello? ¿Te descubres a ti mismo excesivamente dogmático, cerrado, intransigente, impermeable a todo lo nuevo? Si tu respuesta es "sí" necesitas urgentemente entrar en Adviento.

La esperanza del Adviento se alimenta también del futuro  como sana utopía en el presente. Aquí y ahora la meta de la vida, el triunfo de Cristo se saborea. He dicho "se saborea", en presente, porque como dice san Agustín, "tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (recuerdos), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación)” (Confesiones, L. XI,XX,26). La esperanza es, pues, del presente.

Has de saber  que el futuro es realidad cuando afecta al presente, lo único real. La utopía es motor en el presente, fuerza que pone en marcha el hoy; no es embobamiento en el mañana que se espera de brazos cruzados. Si la ilusión -utopía- del futuro no te está dinamizando, si no avanzas en tu vida espiritual y en tus compromisos personales, ¿no será que has perdido la brújula? Y la brújula es Jesús. Cuando te desorientas y desesperas, ¿no será que te obsesiona volver a un pasado inexistente o alcanzar un futuro de consumo, poder, apariencias o tranquilidad de conciencia,  que no es el futuro de Cristo? 

Adviento te llama a esperar ante todo en y a Dios, y con él afianzar tu esperanza en que puedes trabajar por un mundo nuevo unido a otros muchos. “Quien no espera nada de los demás, acaba marginándolos. Quien no espera nada de sí mismo acaba autodestruyéndose. La vida se edifica sobre la esperanza. Y la esperanza nace de la conciencia de lo que se cree” (Ricardo Mª Carles). 

Importante la interacción de las tres virtudes teologales. No olvides que la esperanza es esa virtud que va de la mano de sus dos hermanas, la fe y la caridad; para vivir en esperanza cree en Dios, cree en el hermano y cree en ti mismo; ama a Dios, ama a tu prójimo y ámate a ti mismo. Ama tu realidad con el mismo amor con que Dios la ama. 


* * *
Quedan poco más de cuatro semanas para la Navidad de 2024. Examina tu esperanza en estos días que nos acercan a la fecha del 25 de diciembre. La Navidad del consumo puede ser un obstáculo para despertar a la realidad de tu vida. Intenta escaparte a algún lugar de retiro; unas horas, un día, ¿quién pudiera una semana? Aprovecha el tiempo de Adviento parea darte la oportunidad de vivir tu Navidad, tu despertar a una vida más humana y más divina. No dejes que los oropeles de las navidades ahoguen en ti La Navidad.

Feliz Adviento

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Noviembre 2023.
Casto Acedo 

domingo, 23 de julio de 2023

SAN PEDRO DE MERIDA. Acoger al peregrino.

 

El próximo martes, 25 de Julio, de paso hacia la JMJ, Jornada Mundial de la Juventud y encuentro con el papa Francisco con los jóvenes,  que se celebra en Lisboa, recalan en nuestro  pueblo un grupo de ochenta jóvenes de unas parroquias de barrios de la periferia de Barcelona, en concreto las Parroquias de Sant Mateu y Sant Rafael.  Salieron de Barcelona el día 26 de Junio, bendecidos por su Arzobispo, y van a recorrer en total 1.276 kms. 

La razón y objetivos de la peregrinación los podéis leer  y ver clickando en las siguientes fotos o enlaces:

https://alfayomega.es/100-jovenes-catalanes-parten-a-pie-hasta-la-jmj-de-lisboa-para-sufraga-la-reconstruccion-de-su-parroquia/

https://www.youtube.com/watch?v=7YpGNbV2Ub4

Como podéis ver en los enlaces citados no mueve a estos jóvenes un interés de simple diversión  o entretenimiento; es una ocasión para el encuentro, la amistad, y la vivencia cristiana. Una oportunidad para conectar con Jesús en el camino que marca el Evangelio. Nunca olvidarán estos chicos y chicas la heroicidad de la que están siendo protagonistas y de la cual tal vez no están siendo muy conscientes.

Será una experiencia que no olvidarán, y no sólo por lo que conlleva de dificultad y cansancios sino, sobre todo, porque "caminando juntos" hacen evangelio, construyen la Iglesia.  Eso forma parte de los objetivos que se buscan en esta peregrinación: "hacer una Iglesia Nueva", su templo parroquial necesitado de reformas (Iglesia) y la misma Iglesia que somos, tan necesitada de ser rejuvenecida.

No podemos cerrar nuestro corazón a esta oportunidad de estar con ellos en su travesía. Es una obra de misericordia "acoger al peregrino". ¡Seamos hospitalarios! La hospitalidad nos hace más humanos y por ende más cristianos. Cada hermano que Dios  pone en nuestro camino es un regalo que Dios nos  hace, una oportunidad para santificarnos y crecer espiritualmente.

El grupo tiene prevista la llegada sobre las 12 del mediodía. Disfrutarán de  un baño en la piscina, por lo que agradecemos a los responsables de la misma sus facilidades para ello, y pasarán la noche en la Casa de la Cultura del pueblo, por lo que también se agradece desde aquí al Ayuntamiento  la disponibilidad para ello.

Yo no podré estar presente ese día; pero nos hemos organizado para apoyar a estos jóvenes. Por parte de la Parroquia y la Hermandad hemos decidido facilitarles unos bocadillos y refrescos para la comida del mediodía y unos dulces del pueblo para el desayuno.  Y para la cena varias personas se han ofrecido ya a preparar tortillas, canapés u otras cosas. Quien quiera colaborar con algún alimento, y a fin de equilibrar así lo que se aporte,  que se ponga en contacto con las mujeres responsables de la Hermandad.

A una hora que nos puede parecer intempestiva habrá en la Iglesia un acto religioso en dos partes. A las 16, 15 horas una oración comunitaria (Hora santa con Exposición del Santísimo), y a las 17 horas misa. Recordad que el Martes 25 es el día de Santiago Apóstol. También es una oportunidad para rezar por ellos y por nuestros jóvenes a los pies de Ntra. Sra. de la Albuera. 

Desde aquí, con sencillez y con amor cristiano, os invito a que sepáis compartir con los peregrinos la alegría y a que participéis tanto en la oración como en la misa, y también  a que seamos transparentes y generosos en la acogida. Acoger a estos jóvenes es evangelizar y recibir la bendición de Dios. Recuerda las palabras de Jesús: "El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa". (Mt 10,42). Es Palabra de Dios. 

Bendiciones para los que vienen y los que les reciben. 

Vuestro Párroco.

Casto Acedo.  


viernes, 30 de junio de 2023

Fraternidad universal (Domingo 2 de Julio)



EVANGELIO
Mt 10,37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

¡Palabra del Señor!

*

Un amigo de mi  juventud  ponía en duda la idea de que pudiera haber un socialismo puro donde todos sean reconocidos y tratados por igual. Y lo argumentaba recurriendo al hecho de que un padre, por ley natural, siempre tratará de favorecer a su hijo rompiendo los principios de igualdad y justicia. 

En cierto modo podría tener razón, porque es cierto que la familia, así como la confesión religiosa o la ideología son parte tan íntima de nuestro ser  que siempre tendremos el peligro de concederles sobre nuestros principios de conciencia  un poder que nunca deberíamos darle.

Tal vez sobre algo de esto nos quiere advertir el Señor en el evangelio de hoy. Partiendo de que en Dios encontramos la igualdad y la justicia, Jesús advierte de que esas virtudes tan nobles pueden ser degradadas por intereses que parecen justificados. “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”. ¿No es bueno querer a los padres y a los hijos más que a nadie? Sí y no. Es verdad que hay un mandamiento, el cuarto, que nos exige atender a la familia; pero no al precio de ser injustos con el resto de la humanidad.

O sea, que en lo referente al respeto e igualdad de las personas no valen categorías. Todos somos hijos de Dios, todos tenemos su misma sangre, luego todos somos iguales y merecemos el mejor trato.

Pero en la práctica no suele ser así. Si observas tu relación con tus padres, tus hijos o tus hermanos, verás que no sólo hay un egoísmo personal según el cual yo mismo me pongo por encima de otros, también existe un egoísmo familiar que cierra determinadas puertas a quienes no forman parte de ella. Y ampliando el campo, también hay un egoísmo político, social, religioso, etc. según el cual no nos vemos unos a otros con los ojos de Dios Padre de todos sino con las gafas de nuestro ego.

El evangelio de san Mateo, del que forma parte el texto de hoy llama a un compromiso serio por el desapego de costumbres y tradiciones familiares y sociales que nos alejan del respeto y consideración que merecen todas y cada una de las personas del mundo; esas costumbres, no nos dejan ser nosotros mismos y hacen mucho daño; por ejemplo el rechazo al inmigrante amparados en que primero estamos nosotros, como si las fronteras fueran cosa de Dios; la defensa del nacionalismo amparados en que lo que tenemos y hemos conseguido como pueblo es nuestro y solo nuestro; o el ninguneo o minusvaloración de quienes no comparten mis creencias y prácticas religiosas o políticas, etc. Todo eso hace que terminemos marginando y persiguiendo a quienes no se amoldan a nuestros criterios o intereses.


Aferrados al automatismo de costumbres familiares o de clase creemos hallar en ellos la verdad de la vida. Pero lo cierto es que al dejarnos llevar por esos criterios nuestro amor no es universal sino parcial y así no hay modo de ser felices. Creemos ganar la vida encerrándonos en la isla del pequeño grupo y lo que hacemos es perderla. “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará”. La felicidad está más allá de nuestros guetos; está bien que cuidemos aquello que afectivamente nos seduce, pero es una monstruosidad que lo hagamos a cambio de ser injustos y desleales con los que no son parte de nuestro ámbito más cercano;  está bien cuidar la familia, la región, la nación, el continente, pero ¿justifica eso la marginación de los que no consideramos como parte de estas realidades?

En conclusión: Sólo es digno de Jesús quien vive abierto a un amor sin límites ni restricciones. ¿Vas a negar un vaso de agua a alguien porque su pertenencia social o su visión de la vida no sea de tu agrado? Lo que Jesús defiende en el evangelio de hoy para sus seguidores, y que expone para defensa de la dignidad de sus discípulos, procuremos hacerlo extensivo a todo ser humano. Porque Dios es Padre de todos, y solo es digno de llamarle Padre quien de veras ha entendido la fraternidad universal. Quien vive según esta verdad habrá ganado la vida, recibirá la paga de la felicidad. 

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Por cierto, ese amigo, desgraciadamente ya fallecido, y que me comentaba que no se podía ser justo e igualitario con todos porque los intereses familiares tiran mucho, llegó a ser alcalde socialista de mi pueblo natal. 

Para él mi recuerdo y mi oración deseando que junto al Padre eterno haya comprendido que los obstáculos que la propia familia puede poner a una vida justa y libre pueden superarse con la ayuda de la gracia de Dios. Basta afrontar con fe la cruz que trae consigo silenciar nuestros singulares afectos familiares. 

Quien deja a un lado "casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras" para servir al amor universal de Jesús "recibirá cien veces más y heredará la vida eterna" (Mt 19,29); quien se confía a Jesús y su mensaje recibe la paga de una vida justa, digna y feliz.

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Un comentario más amplio al evangelio de hoy en:

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¡Feliz domingo!

Julio 2023
Casto Acedo. 


viernes, 23 de junio de 2023

Arrasar y reedificar (San Juan Bautista, 24 de Junio)


170
Magnífico este cuadro de Leonardo da Vinci: Juan Bautista, joven, señalando hacia arriba, a la cruz, donde imaginariamente pende el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"; el Salvador al que su mensaje precede. Su cara de satisfacción y alegría contrasta con otras imágenes que le representan con gesto adusto o amenazador, como si la penitencia y la conversión a Dios fuera más un castigo que  un regalo divino. 
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LECTURA DEL LIBRO DE JEREMIAS 1,4-10
(Primera lectura de la misa de vísperas de la Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista)

EL Señor me dirigió la palabra: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones».

Yo repuse: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño».

El Señor me contestó:«No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor—».

El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:«Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar».

Palabra de Dios.

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El 24 de Junio, seis meses antes del nacimiento de Jesús (24 de diciembre) celebramos la Solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista, un santo que juega un papel fundamental en la preparación evangélica. Juan anunció que se acercaba Cristo (el Mesías) y preparó su llegada. Por eso se le llama “precursor”, que significa “persona que precede a otra anunciándola”.

Acudían a escuchar su predicación muchos insatisfechos, es decir, personas que no acababan de hallar la felicidad en los ritos y leyes judías y buscaban sinceramente a Dios. Juan Bautista ofrecía un camino esos buscadores.

Ese grupo de personas que acuden a Juan me recuerda a las personas que hoy acuden a los gurús de la posmodernidad, a libros de autoayuda, a escuelas de relajación y meditación buscando respuesta a la misma pregunta: ¿Qué tenemos que hacer para hallar paz y felicidad? ¿Cómo debemos vivir para no sentirnos frustrado? ¿Qué tenemos que hacer para que nuestras familias sean un verdadero hogar? ¿Cómo educar bien a nuestros hijos? ¿Qué hacer para que nuestra Iglesia despierte? ¿Qué tenemos que hacer...?

El bautista responde en dos tiempos, consciente de que lo primero es quitar la venda de los ojos, lo que impide ver, y luego conducirse en la buena dirección.

Lo de quitar la venda es el primer paso. ¿Qué te está impidiendo ver? ¿Qué basuras enfangan tu mirada? ¿qué “gafas oscuras” llevas que no logras ver sino tinieblas? ¿Son las gafas de la economía?: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». ¿Son las del “sálvese quien pueda” de la pasividad social y la corrupción?: «No exijáis más de lo establecido». ¿O tu mirada está cegada por violencias, mentiras y ambiciones: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga». (Lc 3,10-14). Antes de ver la luz hay que limpiar los ojos.

Juan Bautista cumple la profecía de Jeremías: “Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar” (Jr 4, 9-10). Para disfrutar de la felicidad has de comenzar por desprenderte de todas esas cosas en las que hasta ahora has puesto tus esperanzas; debes desnudarte, matar el ego que ha mandado en ti hasta el momento. Las cosas exteriores que idolatras no te pueden satisfacer plenamente.  Primero, por tanto,  “arrancar y arrasar, destruir y demoler” las causas de tu desdicha. No se puede nadar y guardar la ropa, no hay libertad si no sueltas las cadenas que te atan al exterior.

Y luego de vaciarte de todo lo que hasta ahora no te ha servido más que para entretener la vida, luego de quedar tu alma como un solar limpio de escombros y malas hierbas Juan Bautista te llama a “reedificar y plantar”. En resumen, lo primero es quitar lo viejo, y lo segundo poner lo nuevo; ese es el bautismo que predica y practica Juan: “un bautismo de conversión”, de cambio de mentalidad; “para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Mc 1,17).

Liberado de lo que te ata eres libre para seguir a Cristo, el único que puede satisfacer tu hambre y sed de justicia, el que sacia tu necesidad de amar. Juan era experto en prácticas ascéticas, “iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre” (Mc 1,6), pero sabe que no basta con esas penitencias. Tanta perfección puede conducir a la soberbia, por eso dirige luego su mirada a Jesús: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo» (Mc. 1,6-8)


Quédate con dos lecciones del Bautista, que puedes leer a nivel personal y a nivel eclesial: desprenderte de estorbos y adherirte a Jesús.

A nivel personal.

1ª lección: Su “desapego”, su libertad para vivir sin dependencias materiales, afectivas o espirituales. Eso le dio una transparencia y honestidad que le facilitó el poder vivir sin miedo a proclamar la verdad. Libertad de palabra y libertad de acción, libertad profética. ¿No merece la pena vivir como él?

2ª lección: Su humildad, eje y clave para ser feliz. Detrás de cada una de mis insatisfacciones está del deseo de que todo ocurra como yo quiero, que todos bailen al son de mi música. Juan Bautista dice: mira a Jesús, pon tus ojos en Dios; deja que las cosas sean como son, acepta su voluntad; reconoce que sólo Él puede llenar tu vida, porque es la única agua capaz de satisfacer tu alma. Jesús te bautiza con “Espíritu Santo”. Yo, dice san Juan, sólo soy un servidor de Dios; a Él es a quien debéis dirigiros.

A nivel eclesial:

1ª lección: Purificar la Iglesia. En tiempos de crisis de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, de desorientación comunitaria y sacramental, de confusión sobre qué camino seguir, san Juan nos dice que debemos “destruir y demoler” todo aquello que sólo es apariencia de Iglesia: automatismos, costumbres, prácticas ceremoniales que están ocultando la riqueza de los ritos sacramentales, distracciones (diversiones) que no llenan e impiden la verdadera alegría. Una Iglesia con mucha ceremonia y poca relación personal y comunitaria con Cristo es una farsa. “Este pueblo me honra con los labios -dice Jesús- pero su corazón está lejos de mi” (Mc 7,6).

2ª lección:  Comunidades vueltas a Cristo. No basta “arrancar y arrasar”, quitar cosas sin poner nada. También el dedo del Bautista indica que hemos de girarnos hacia Jesús con humildad. Y en la Iglesia falta mucho de esa humildad radical necesaria para construir una comunidad viva, cristalina, que haga decir a quien la mira “mirad como se aman”, mirad como son atendidos los enfermos, los niños, los ancianos, ... ¿cómo es posible? Y responderíamos con el salmo: es el Señor quien lo hace, es un milagro patente (Sal 117,23). La humildad y el martirio de Juan apuntan a la humildad de la Cruz, referencia de la Iglesia de Cristo.

*
Celebra a san Juan con este doble mensaje: soltar el veneno que mata el alma y respirar el aire limpio del evangelio de Jesús. Acércate a Jesús, mírate en Él y vive desde Él; y acércate a tu Iglesia, haz Iglesia, vive el amor fraterno y la misericordia. Pero si lo ves difícil comienza por revisar qué está impidiendo que vivas eso que crees, esperas y amas. Tal vez debes comenzar por arrasar, arrancar de tu vida algunas cosas antes de poder reedificar. 

Junio 2026
Casto Acedo

viernes, 12 de mayo de 2023

El Espíritu de la verdad (Domingo, 14 de Mayo)

EVANGELIO
Jn 14,15-21

Dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. 
El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor

 

Verdad y verdades

Basta abrir los medios tradicionales de comunicación o las redes sociales para comprobar que hoy la verdad no es precisamente un valor en alza. La sociedad de la información es paradójicamente sociedad de la desinformación. Nunca hubo tantos medios de información y nunca estuvimos tan mal informados. No es accidental el hecho de que un gobierno establezca una "oficina anti-bulos" para prevenir el daño que la no-verdad puede ejercer sobre la ciudadanía. Idea noble y digna de elogio si no escondiera el peligro de crear un ministerio de la verdad que, en otra paradoja evidente, sería la consagración de la mentira. 

Esta supuesta defensa de la verdad se predica sin tener en cuenta la jaculatoria pos-moderna que repite incansable que todo es relativo y que no hay verdad, sólo verdades. Hoy se habla incluso de la post-verdad, que no es sino la construcción mediática de los hechos a gusto del consumidor. Si la mentira es "decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar", la post-verdad es la elevación de la mentira a categoría de verdad objetiva, es decir, lograr que las cosas no sean lo que son sino lo que yo quiero que sean. 

Pero, seamos honrados: la verdad existe, la post-verdad no. Y el peligro está en construir una sociedad sobre verdades parciales subjetivas y contrarias  cuando sólo la verdad objetiva es digna de fe. ¿No se da a menudo la situación de dos visiones subjetivas enfrentadas e incapaces de crear comunión al no aceptar una verdad objetiva? 

Todo esto, más allá de parecer un juego de palabras, es algo muy serio, porque en el juego de la verdad arriesgamos algo tan importante como la paz social. A la situación actual de Europa y de España me remito. ¿No consiste la paz entre Rusia y Ucrania en acordar una sola verdad? ¿No hay en España un cierto tufillo a verdades a medias que no hacen sino crear divisiones? 

A un mundo sin verdad o medias verdades (no sabemos qué es peor) nos han ido acercando los maestros de la sospecha (Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud): no hay Dios, no hay justicia, no hay nada, no hay realidad. No hay verdad. Todo es motivo de sospecha, nada digno de confianza. No hay Dios, sólo hay "nada". ¿Será cierto? Y si lo es, ¿no hay nada ni nadie en qué o en quien confiar? Si no hay una verdad absoluta que esté por encima de nuestras verdades, ¿hacia dónde vamos? ¿No estamos perdidos en el espacio?

En una palabra, ¿no nos estamos quedando huérfanos? 


El espíritu de la verdad 

El Señor, poco antes de partir -próximamente celebraremos el día de la Ascensión-, promete que no dejará huérfanos a los suyos, sino que les mandará un Defensor al que, curiosamente, define como el “Espíritu de la Verdad” (Jn 14,17). 

¿Es posible que exista este Espíritu? La "Verdad", así, en singular absoluto, es una palabra caída en desuso, y ya hemos dado a entender que insignificante para el hombre contemporáneo. Sin embargo, Jesús dijo: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. Pilato le responde:“¿Y qué es la verdad?”(Jn 18,37-38). La pregunta del procurador quedó en suspenso, sin respuesta. Tal vez por su escepticismo pueda ser considerado Pilato un adelantado a nuestro tiempo en el que creer en la verdad es ser un hereje de la -otra paradoja- "absoluta relatividad".

Hay verdad. Y la podemos definir con dos palabras que se complementan mutuamente: amor y humildad. Si se ha de creer en algo éste algo es el Amor; y a este Amor sólo se puede acceder  desde la humildad. 

Y es evidente que, para llegar a conocer y vivir la verdad como humildad se precisa una alta dosis de conocimiento de sí, otro valor en declive debido a los engaños y a utoengaños a los que nos someten y  nos sometemos.

¿Cómo llegar a alcanzar humildad? Santa Teresa aprendió en la contemplación que humildad y verdad son dones de Dios, y van de la mano.
"Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira" (6M 10,7). 
La santa recibió esta revelación en una intuición divina -"sin considerarlo, sino de presto"-: sólo en la Verdad que es Dios, se tiene acceso a la verdad que somos y estamos llamados a vivir. Dios. El Espíritu de la verdad (Jn 14,16), que arraiga allí donde hay humildad, es el único que nos garantiza una verdad sólida. 


Adoradores en espíritu y en verdad

Enfrentado al Dios de la Verdad está el Príncipe de la mentira, el diablo, que trabaja para que sigamos ignorando el Amor, lo cual equivale a ignorar a Dios. Así  quien adora al señor de la mentira “no puede recibir al Espíritu de la Verdad, ya que no lo ve ni lo conoce” (Jn 14,17), es decir, lo ignora. Cuestión aparte es si se trata de una ignorancia culpable o inocente.

A menos que pongamos algún remedio el señor de la mentira va ganando terreno y haciendo poco a poco su obra. ¿Qué hacer? Jesús envía el “Espíritu de la verdad” que nos libera de nuestras mentiras y de las falsedades en y con las cuales nos tiene encadenado el mundo. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad –dice Jesús- , os guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13).

Hay una palabra que define a Dios como la verdad: “amen”. Es una palabra que significa algo sólido, digno de confianza, estable, para siempre. Cuando se habla de Dios en la Biblia se dice de él que es fiel. La verdad es Dios, porque es digno de confianza y no falta nunca a sus promesas. En él la verdad se equipara a la fidelidad. El Dios de la verdad es el Dios fiel. Podemos fiarnos de Dios, podemos abandonarnos confiadamente a él, porque no nos defraudará. Él es la verdad porque es fidelidad amorosa, amor invencible.

Y esta verdad-amor que es Dios se ha manifestado en Jesucristo. En la persona de Jesucristo se revela la verdad de Dios, la verdad del hombre y, por tanto, también la propia verdad. Abrazar la verdad que es Jesús es abrazar su evangelio: “En verdad, en verdad, os digo... (amen, amen, dico vobis)”.

Cristo ha venido a dar testimonio de la verdad. Con Él cambia el modo de entender las relaciones con Dios y con el prójimo. Hay que construir no desde la ley y el templo, sino desde la verdad. “La ley fue dada por Moisés, por Cristo viene la gracia y la verdad” (Jn 1,17). “Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23). Todos sabemos lo que quiere decir esto; los profetas del Antiguo Testamento ya habían preparado el terreno cuando echaron en cara a los poderosos la falsedad de su fe y de sus actos de culto.

Lo que Dios quiere es “adoradores en espíritu y en verdad”, o lo que es lo mismo, hombres misericordiosos capaces de servir a Dios y a los hombres sin artimañas ni componendas, en la desnudez de la verdad. Vivir en la verdad es amar. Del odio no surge conocimiento alguno sino oscuridad e ignorancia. Conocer la verdad es conocer a Dios, y este conocimiento viene del amor y se manifiesta en el amor. “Quien dice: ´Yo le conozco´ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él” (1 Jn 2,4). 

Hay que ser muy humilde para aceptar la Palabra de Dios como la verdad definitiva sobre la persona, el mundo y la historia. Pero es el camino; basta dejarle a Dios la última palabra.

Sé pues, celosamente libre para buscar la verdad, y celosamente humilde para  seguir siendo libre.

Mayo 2023
Casto Acedo.

jueves, 13 de abril de 2023

Domingo de la misericordia (16 de Abril)


Domingo de la Divina Misericordia

EVANGELIO 
Juan 20,19-30

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Palabra del Señor

 * * *

Este segundo domingo de Pascua se celebra el Domingo de la Divina Misericordia, título que recibió gran impulso con el pontificado de Juan Pablo II.

¿Por qué la misericordia de Dios adquiere importancia en la Pascua? ¿No es más cosa de la Cuaresma? La Cuaresma invita a ponernos en manos de Dios misericordioso tras reconocer nuestros pecados, pero es en la Pascua donde se muestra explosiva y sorprendente la divina misericordia.

Contemplemos a los apóstoles “en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Habían apresado a Jesús y lo habían matado,  ¿qué esperaban sus seguidores sino correr la misma suerte? Ese miedo estaba justificado. Pero hay otro miedo del que no hablan  expresamente los evangelios, pero se intuye. En otros textos de apariciones, al presentarse Jesús a los suyos, comienza con una frase muy significativa: “No tengáis miedo”. ¿A qué miedo se refiere aquí el Señor? 

No es difícil de imaginar. Le  habían traicionado y abandonado. ¿Para qué vendrá Jesús ahora?  ¿Se vengaría de ellos por haberle traicionado? Tal vez por eso Jesús comienza calmándoles: “¡No tengáis miedo!”, tal como dijo a los de Emaús todo lo ocurrido estaba previsto por el Padre, y Él sabía que eran “torpes y necios para entender las escrituras” (Lc 24,25), muy limitados para la fe que se les exigía. Su principal pecado fue la ignorancia, "pues, si hubiesen conocido la sabiduría divina, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria" (1 Cor 2,8).

No entran la revancha y la exclusión en los planes de Dios Padre sino la restauración e inclusión de todo en Jesucristo, el Hijo. Dios no sólo perdona todo dando su Espíritu sino que, además, da con él el poder de perdonar, que no es otro que el poder de amar perdonando. "A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados".

“Dios es amor” (1 Jn 4,8) y en su ser “no puede negarse a sí mismo” (2 Tm 2,13), su respuesta al odio no puede ser otra que la misericordia. ¿Para qué vino Jesús sino para amar? Llegada la plenitud de los tiempos Dios envió a su hijo al mundo para que todos volvieran a Él, que es como decir para que nos diéramos cuenta de quién es Él;  no es un patrón que impone unas normas sino un Padre que ama y perdona; por su misericordia no eres siervo sino hijo de Dios (cf Gal 4,4-7). 

La resurrección va a suponer un giro de ciento ochenta grados. Es el punto omega en el que culmina el amor de Dios. Lo que va a contar de ahora en adelante no es el dedo acusador de la ley sino los brazos abiertos de la misericordia divina manifestada en Jesucristo. Decir "Jesús ha resucitado" es decir "Dios te ama".

“Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. A partir de ahora lo que moverá al discípulo de Jesús no será el temor servil a Dios, ni el miedo a los judíos, sino al amor y la alegría. Sabemos que lo más contrario al amor no es el odio sino el miedo; y lo más parecido a él no son las buenas obras sino la alegría con que éstas se hacen. La presencia de Jesús da alegría e infunde paz. Por tres veces repite Jesús en el evangelio: “Paz a vosotros”. La clave del crecimiento espiritual está en la paz y la alegría. Y quien vive en paz y alegría las irradia. 

Misericordia de Dios, paz de Dios y alegría de Dios brillan de modo especial en este domingo. No debemos confundir la misericordia de Dios con la nuestra, ni su alegría con nuestros contentos, ni su paz con el silencio de las armas. La misericordia divina no es el fruto de una “buena confesión de nuestros pecados”, ni su alegría es la consecuencia de nuestras satisfacciones, ni su paz el resultado de nuestra paciencia. 

La divina misericordia es ante todo un don de Dios que sólo se comprende desde la experiencia personal del encuentro con el Resucitado. Repito: la misericordia, la paz y la alegría  son dones de Dios; y quien los deja entrar en su vida, los goza. Si hasta ahora yo buscaba esos dones sin conseguirlos, ahora es Dios el que me los regala sin yo merecerlos. ¡Basta que tengas fe! "Dichosos los que crean sin haber visto".

Me gusta decir que la Iglesia es la comunidad de los que se han encontrado con Jesucristo resucitado. ¡El Señor ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!  Estas dos frases resumen la experiencia de ser Iglesia; en ellas yo confieso mi fe,  mi experiencia de haberme encontrado con Cristo, y otros ratifican y comparten conmigo esa experiencia. La Iglesia es la comunidad de los que comparten ese Misterio. A partir de mi experiencia todo lo que sabía sobre Jesús y sobre mí se ilumina. 

Cuando los discípulos conocen y aceptan al Resucitado, cuando “se les abrieron los ojos y le reconocieron”, se “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras” (Lc 24, 31.45).  A la  luz de la vida, muerte y resurrección de Jesús comprendieron su propia vida. Fue entonces cuando Tomás profesó su fe: “¡Señor  mío y Dios mío!”. Ha entrado en la Iglesia del Resucitado; ya no es un extraño entre los demás discípulos.

* * *

No me resisto a señalar otro dato importante en el evangelio de hoy. Jesús resucita “el domingo de Pascua”, se aparece a los suyos “el primer día de la semana”, domingo, y vuelve a aparecerse estando Tomás “a los ocho días”, otro domingo. Los primeros cristianos celebramos el domingo como el día del Señor  (eso significa domingo) porque en este día recordamos la resurrección. Es muy importante no perder esta tradición fundamental para nosotros: el domingo. Su celebración participando en la misa, descansando, conviviendo con familia y amigos, debería adquirir relevancia en nuestra vida personal y parroquial.

Sobre la importancia del tema puedes leer lo publicado en otro de mis blogs:

https://blogdecastoacedo.blogspot.com/2022/04/domingo-de-la-misericordia-24-de-abril.html

Feliz domingo de la octava, y no dejes de anunciar a otros que ¡Jesucristo ha resucitado!, porque ¡verdaderamente ha resucitado!.

Abril 2023

Casto Acedo

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...