jueves, 24 de abril de 2025

La divina misericordia (Domingo II Pascua, 27 de Mayo)


EVANGELIO
Jn 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor
*

Este segundo Domingo de Pascua celebramos la Divina Misericordia, atributo divino que es objeto de atención especial en este día merced al impulso de Juan Pablo II, y que el Papa Francisco profundizó con la publicación de la carta encíclica Dilexit Nos. Sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo (24 de Octubre de 2024), la última carta encíclica  del papa recién fallecido y desde la cual hay que leer sus otras encíclicas. Todo hay que mirarlo desde el corazón de Jesús, desde la centralidad de la misericordia divina.  

¿Por qué la misericordia de Dios, su corazón, adquiere importancia en la Pascua? ¿No es más cosa de la Cuaresma? Es cierto que la Cuaresma invita a ponernos en manos de Dios misericordioso tras reconocer nuestros pecados, pero es en la Pascua donde se muestra explosivo y sorprendente el amor misericordioso de Dios.

Contemplemos a los apóstoles “en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Habían apresado a Jesús y lo habían matado; ¡qué esperaban sus seguidores sino correr la misma suerte! El miedo estaba justificado. Pero hay otro miedo del que no hablan expresamente los evangelios, pero se intuye. No es difícil de imaginar. Le habían traicionado y abandonado. ¿Para qué vendrá Jesús ahora? ¿Se vengaría de ellos por haberle traicionado? Tal vez por eso Jesús comienza invitando a la calma: “¡No tengáis miedo!”. Tal como dijo a los de Emaús todo lo ocurrido ha sido previsto por el Padre

En los planes de Dios Padre no entran la revancha y la exclusión sino la restauración e inclusión de todo en Jesucristo. “Dios es amor” (1 Jn 4,8), en su ser “no puede negarse a sí mismo” (2 Tm 2,13), su respuesta al odio no puede ser otra que la misericordia. ¿Para qué vino Jesús sino para mostrar el amor del Padre? Llegada la plenitud de los tiempos Dios envió a su hijo al mundo para que todos volvieran a Él, que es como decir para que nos diéramos cuenta de quién es Él; no un patrón que impone una justicia vindicativa sino un Padre que ama y perdona; por su misericordia no somos siervos sino hijos de Dios (cf Gal 4,4-7). 

¡No tengáis miedo! Sabed que lo más contrario al amor no es el odio sino el miedo; y lo más fructífero del amor no son las buenas obras sino la alegría con que éstas se hacen. La presencia de Jesús da alegría e infunde paz. Por tres veces repite Jesús en el evangelio: “Paz a vosotros  ...  Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. A partir de ahora lo que moverá al discípulo de Jesús no será el temor servil a Dios, ni el miedo a los judíos, sino al amor y la alegría.

La misericordia de Dios, la paz de Dios y la alegría de Dios brillan de modo especial en este domingo. Ahora bien, no debemos confundir la misericordia de Dios con la nuestra, ni su alegría con nuestros contentos, ni su paz con el silencio de las armas. La misericordia divina no es la excusa para una “buena confesión de nuestros pecados”, ni su alegría es la consecuencia de nuestras satisfacciones, ni su paz el resultado de nuestra paciencia. La divina misericordia es ante todo un don de Dios que sólo se comprende desde la experiencia personal del encuentro con el Resucitado.

No hay nada que temer de Dios; este es el gran mensaje del segundo domingo de Pascua. El único temor decente es el temor de perderle, algo que el mismo Dios no desea; tanto que él mismo sale al encuentro de quien se aleja; a eso ha venido en Jesús, a buscar y salvar a la oveja perdida (cf Lc 15); ha muerto y ha resucitado para que creamos en su misericordia y sólo nos dé miedo la posibilidad de perderla. No temamos a Dios, temámonos a nosotros mismos cuando nos alejamos del amor.  Y para no perdernos miremos el Corazón de Jesús Resucitado; creyendo en Él tendrás vida en su Nombre (Jn 20,31). 

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Cerramos este comentario con el primer párrafo de la encíclica Dilexit nos del Papa Francisco:

"«Nos amó», dice san Pablo refiriéndose a Cristo (Rm 8,37), para ayudarnos a descubrir que de ese amor nada «podrá separarnos» (Rm 8,39). Pablo lo afirmaba con certeza porque Cristo mismo lo había asegurado a sus discípulos: «los he amado» (Jn 15,9.12). También nos dijo: «os llamo amigos» (Jn 15,15). Su corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: «nos amó primero» (1 Jn 4,10). Gracias a Jesús «nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído» en ese amor (1 Jn 4,16)".

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Oremos  por el eterno descanso del Papa Francisco e invoquemos al Espíritu Santo para que conceda a su Iglesia un nuevo Pastor que nos guíe hacia la misericordia divina.

Abril 2025

Casto Acedo.

miércoles, 23 de abril de 2025

Novena Virgen de la Albuera (Día 3º, Piscina)

 Novena a la Virgen de la Albuera



Dia 3º. PISCINA

Vos sois, ¡oh celestial Princesa! Saludable Piscina en quien todos los enfermos del linaje humano logran salud de cualquier enfermedad, y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús. A vos, pues, acudo, clementísima Madre, para que sanéis no solo las enfermedades de mi cuerpo, sino las dolencias de mi alma. Quiero, Señora, la Salud y confío lograrla con vuestra poderosa intercesión,  junto con la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para mi eterna salvación. Amén.

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PISCINA

No. No hablamos de las piscinas en las que refrescamos el verano para paliar las calores. Escasas serían esas piscinas en la época en que el autor de esta novena, publicada en 1937,  aplicó a la Virgen de la Albuera el título de Piscina. Tengamos en cuenta que hasta no hace mucho las piscinas sólo existían en los sanatorios, y eran valoradas por sus propiedades  curativas.

A esas piscinas acudían, y aún acuden, personas que buscan descansar y curar los achaques físicos y el estrés con sus baños; son balnearios como los del cercano pueblo de Alange o los Baños de Montemayor.

Hay dos pasajes evangélicos muy significativos que hablan de piscinas con propiedades curativas; uno se sitúa en  Betesda y el otro en Siloé.

“Hay en Jerusalén, dice el Evangelio de san Juan (5,2-9),  junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.  Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».  El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».  Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».  Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Jesús se muestra aquí como el Sanador que sustituye al agua de la piscina de Betesda. No ayuda al paralítico a entrar en el agua, Él mismo lo baña con su amor infinito y lo sana con su palabra. Así Jesús se manifiesta como el agua de la nueva piscina. María, y la Iglesia con ella,  la Piscina, Jesús el Agua sanadora.

En otro texto del mismo evangelio Jesús, después de untar con barro los ojos de un ciego, le dice: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista" (Jn 9,7). Como signo de fe en que Jesús le puede curar le pide ese gesto: ¡ve a la piscina de Siloé y lávate en sus aguas!. Podríamos tomar hoy estas palabras de Jesús y escucharlas como envío a su Madre, Piscina llena del Agua de la Gracia: ¡Ve a lavarte, a bañarte en la Piscina que es  tu Madre de la Albuera!.

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Bajo la mirada de Jesús contemplamos hoy a la Virgen de la Albuera como Piscina sanadora. Ella nos sana, nos da la “salud”, que en latín se dice “salus”, palabra que significa salud, sanación,  y también salvación.  Nuestra Señora de la Albuera tiene en sus manos la medicina para curar: el niño Jesús, el Salvador-Sanador del mundo. El ángel de la anunciación llama a la Virgen Llena de Gracia, Piscina llena de la Presencia de Dios. ¿Qué mejor agua medicinal que el Amor de Dios escondido en el Misterio de la Inmaculada Concepción? "Ser sin pecado" es el paradigma de la perfecta salud.

La denominación de Albuera que aplicamos a María, nos remite por su mismo nombre a un lugar que contiene agua. Albuera viene del árabe, y significa “mar pequeño”, extensión de agua no muy grande, albufera. Por tanto, el mismo nombre de nuestra Madre viene a significar que ella contiene el Agua de la Salvación, de la salud, que no es otra que el mismo Jesucristo. Jesús es el océano inmenso, La Virgen de la Albuera "mar pequeño", y por eso más cercano. 

La novena  dice hoy: “Vos sois… piscina en la que todos los enfermos del linaje humano logran la salud de cualquier enfermedad”, y añade algo que parece escandaloso, y que conviene matizar: “Y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús”. Conviene matizar esto último, porque si María cura y sana no es por su propio poder sino por el poder de Dios, el poder de su Hijo. A Jesús siempre se le ha tenido como  más lejano e inaccesible por divino -curioso si se tiene en cuenta que es Dios Encarnado, hecho hombre,  hecho cercanía- , y a María como más humana y cercana; tal vez por eso dice el texto de la novena que “más pronto consiguen” la salud al invocar a la Madre;  no porque sea ella la que sana sino porque parece que nos es más fácil acercarnos a Él por ella; solo Dios sana y salva. María no es diosa, pero sí es aquella a quien, tal vez por falta de la conveniente formación espiritual, nos acercamos con más confianza por parecernos  más accesible. 

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Cada vez son más las personas acuden al terapeuta; y no solo a los médicos que se encargan de curar las enfermedades físicas sino también a psicólogos y psiquiatras que sanen las heridas interiores. 

Pues bien, sólo con echar un vistazo a los evangelios, te das cuenta de la identidad de Jesús como terapeuta. Dice de Él el libro de los Hechos de los Apóstoles que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10,38); el diablo es la encarnación del agente que causa todos los males corporales y espirituales. 

La gente sencilla acudía a Jesús, “venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6,18). Un centurión que se le acercó a pedir la sanación de su criado confesó el poder sanador de la oración dirigida a Jesús por los enfermos: “«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo;  tampoco me creo digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano” (Lc 7,6-7).

El médico Jesús ha venido a nosotros encarnándose en el vientre de la Virgen María. ¡Bendito el fruto de tu vientre, Jesús! La primera sanada fue ella misma, Inmaculada desde su concepción. 

Me atrevería a decir que Jesús es terapeuta y medicina, y la Virgen de la Albuera la enfermera, la que cuida de cerca al enfermo, la que se sirve de puente entre el médico y el paciente. La Virgen es Piscina-Hospital, y quien ingresa en su casa encuentra toda la atención que requiere su enfermedad. ¿Qué devoto de la Virgen no tiene experiencia de ello? Si acudes a rezar a menudo  ante la imagen de la Virgen de la Albuera, si estás haciendo la novena, o leyendo este comentario, si tienes fe en ella,  piénsalo, es porque en algún momento te ha sanado, ya sea de algún malestar corporal o de algún sufrimiento espiritual. Ya sabes por experiencia que es portadora de la mejor Medicina y el mejor Terapeuta: Jesús,  Hijo suyo   y Hermano nuestro.

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APENDICE. Para orar en casa.

Termina tu novena de hoy haciendo silencio.  Te pueden ayudar estos pasos:

1. Busca un sitio tranquilo y acalla tus pensamientos y tu corazón. ... Si no estás en la iglesia ante la Imagen de la Virgen de la Albuera pon una estampa o un cuadro de ella ante ti; y enciende una vela (con esto indicas que quieres estar unos minutos con ella, dejándote iluminar por su presencia).... Permanece sentado o en cualquier otra postura que facilite tu quietud interior  durante este lapso de tiempo. 

2. Por un momento deja a un lado las preocupaciones; inspira y espira dulcemente sin forzar la respiración. Silencia y relaja tu mente y tu cuerpo para estar con Ella.

3.Ahora cierra suavemente los ojos, o fíjalos entreabiertos en su imagen o estampa, y repite: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname! Cura mis dolencias físicas, y sobre todo mis enfermedades espirituales (pereza, arrogancia, envidia, avaricia, etc..). ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname! Repite esta oración sin prisas, sintiendo como tu corazón sintoniza con el de la Virgen. Deja que fluya el amor entre Ella y tú ... ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname de …. (puedes añadir lo que quieres que sane en ti!).

4. Añade peticiones de sanación por otras personas: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sana a N. …. (Puedes añadir el nombre la persona por la que oras).

5. Déjate envolver por la mirada tierna y el amor dulce de la Virgen María, que es bálsamo y consuelo. ¡Gracias Madre, porque me amas; gracias porque me acoges; gracias porque me escuchas; gracias por dejar que me bañe en la Piscina sanadora de tu Amor!

6. Termina con un avemaría, pausadamente, con los ojos puestos en la humildad que en sus ojos deja ver la imagen de la Madre de la Albuera.

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Casto Acedo.

sábado, 19 de abril de 2025

Resurrección (20 de Abril)


EVANGELIO Jn 20,1-9

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
 
Palabra del Señor
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 La noche de la Pascua

Todas las celebraciones del año litúrgico convergen en la noche del Sábado Santo, en la celebración de la Solemne Vigilia Pascual, pórtico del Domingo de Resurrección. No es una noche cualquiera: “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” (Pregón Pascual). Esta es la noche en la que la oscuridad de estos días encuentra luz y esperanza.

Estamos en la noche del reencuentro de Dios con la humanidad. Es tan glorioso este acontecimiento que en una lectura creyente de la historia se puede decir algo aparentemente paradójico: “Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo” ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!”. (Pregón Pascual). San Pablo lo dirá de otro modo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20).  Sin el pecado de Adán, Cristo no nos habría redimido, y no hubiéramos conocido la grandeza del amor de Dios revelada en Cristo.

Esta es la noche en que “se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón). La vida de Dios alcanza de pleno al hombre, porque la resurrección abre el acceso a Dios. "Dios se hace hombre para que el hombre sea divinizado" (San Atanasio).

En esta noche converge 
toda la historia de la salvación

Los motivos de nuestra alegría pasan ante nosotros en la liturgia de la Palabra que narra los hitos de nuestra salvación, desde la creación del mundo y del hombre (Gn 1, 1-31;2,1-2), hasta la nueva creación por la resurrección (evangelio: Mt 28,1-10) y el bautismo (epístola: Rm 6,3-11). Contemplamos como la Iglesia ve la salvación incluso en las situaciones más difíciles, como lo fueron el sacrificio de Abrahán (Gn 22,1-18), el paso del mar Rojo (Ex. 14,15-15,1), o el momento del Exilio (Ez 36,16-28).

El mensaje central de todas las lecturas proclamadas confluye en una afirmación incontestable: La victoria es de nuestro Dios. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. “La tumba está vacía. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho” (Mt 28,6a).

Con la resurrección las situaciones oscuras  (el dolor, la enfermedad y la muerte) adquieren una perspectiva distinta  Ya no hay lugar para la desesperación total.   Si el que murió en la cruz y “descendió a los infiernos”  ha resucitado siendo acreditado por el Padre ¿qué mal podemos temer?

"No temáis", dirá Jesús resucitado a sus discípulos bloqueados por un hecho hasta entonces  inusual que les lleva a confundirlo con un fantasma. Soy yo, que vuelvo para estar con vosotros y sosteneros en vuestra lucha. Es como si dijera con Juliana de Nordwich: "Todo irá bien ...  El Señor nunca dijo ‘no seréis zarandeados por la tempestad’ o ‘no os veréis abrumados por el trabajo’ o ‘no os faltará consuelo’, sino que dijo: ‘No seréis vencidos’. Dios quiere que tengamos en cuenta estas palabras, de forma que siempre, tanto en la alegría como en el dolor, tengamos una total confianza". 

Bautismo y Eucaristía.

En esta noche y este día eminentemente Pascual adquieren su sentido los sacramentos, y especialmente el Bautismo y la Eucaristía.  

“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6,4). Hoy renovamos las promesas de nuestro bautismo que nos injerta en la Vida resucitada del Señor: “Si hemos muerto con Cristo (ritual y existencialmente), creemos que también viviremos con Él” (Rm 6,8). Este es nuestro gozo y nuestro “secreto” (el misterio de nuestra fe y nuestra esperanza).

También la Eucaristía celebra en esencia el misterio de la Pascua. Jesús resucitado parte el pan con nosotros y para nosotros.  La Eucaristía nos permite participar con Cristo y por Cristo en la experiencia de la resurrección. “El que come de este pan vivirá para siempre... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,51.54).

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Que se abran las ventanas de nuestro espíritu y expandan la noticia: ¡Cristo ha resucitado!  “Verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lc 24,34). Esta es la causa y razón de nuestra esperanza.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

Abril 2025

Casto Acedo

jueves, 17 de abril de 2025

Fraternidad (17 de Abril)


EVANGELIO
 Juan (13,1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» 

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor

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Cada vez me llena menos la palabra "solidaridad"; y no es porque sea un término que considere peyorativo sino incompleto a la hora de expresar la virtud necesaria para la construcción de un mundo mejor. Solidaridad me remite a una causa exterior a la que se ha de dar respuesta; prefiero la palabra "fraternidad", que  es el sentimiento de una pertenencia; la solidaridad se tiene o no, la hermandad indica una realidad que se es. 

Ser fraterno es algo más que optar por una causa. En la fraternidad entra en juego lo más sagrado de mi persona: mi mismo ser interior, mi sangre y mi carne, que hace míos los gozos y los dolores de mis hermanos. Puedo o no puedo solidarizarme con tal o cual persona o grupo sufriente, con este o aquel colectivo marginado; pero si soy hermano la cuestión no es si puedo o no puedo ser solidario, la cuestión es que no existe tal cuestión, porque si entiendo al otro como parte de mí, su gozo es mi gozo y su dolor mi dolor.

 Así, cuando mi hermano está en apuros, no tengo que decidir si ponerme o no de su parte porque la decisión ya está tomada; mi hermano es parte de mí, y darle la espalda sería un atentado contra mi propia dignidad personal. Ser hermano es, pues, mucho más que ser solidario. Puedo dejar de ser solidario apoyado en tal o cual excusa más o menos convincente, y puedo hacerlo sin que se produzca en mí una ruptura personal; pero no puedo dejar de ser hermano de mi hermano sin que mi naturaleza me lo reproche y mis entrañas se resientan. 

Ante el sufrimiento humano podemos tomar una postura "solidaria", por ejemplo, ayudando económica o estratégicamente a los refugiados o a los damnificados en una catástrofe humanitaria, pero ¿qué harías si un "hermano de sangre" estuviera viviendo la tragedia de la guerra o del hambre? Entonces tu respuesta no sería simplemente "solidaria" sino "fraterna", de hermano. No te plantearías qué puedes hacer, tu corazón te arrastraría a dar lo mejor de ti. ¿Entiendes ahora la diferencia? No es lo mismo mandar al criado que lave los pies al visitante que lavárselos tú mismo espontáneamente. Es cuestión de cercanía, de encarnación. 

La  solidaridad es como un deber de justicia, una  obligación moral, la caridad es una virtud teologal, algo más que la justicia. Reducir la caridad a justicia es uno de los pecados de nuestro tiempo. Creemos que es caridad prolongar unas acciones caritativas puntuales, poner remedio a necesidades ocasionales. Pero es mucho más, es dejar fluir en el corazón el amor de Dios vertiéndolo en los hermanos.

En el día de Jueves Santo proclamamos que el mundo necesita la justicia solidaria, pero sabemos que ésta, sin la caridad fraterna queda humanamente incompleta. Podemos poner al servicio del mundo una máquina o una inteligencia artificial más eficiente que una persona para solucionar problemas sociales de distribución de las riquezas, pero ¿bastaría con eso? Desde luego que no. Hay que aprender a practicar la caridad con justicia y la justicia con caridad. Marta y María. Marta, que arregla los desórdenes y daños generados por el pecado, y María, que al “exceso del mal” que es la injusticia opone el “exceso de amor” que es la caridad.

La justicia que se practica en la solidaridad suele llevar cuenta de lo que hace; ahora bien, el amor olvida lo que hace. “¿Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?", dicen los justos de la parábola del juicio final (cf Mt 25,37-39). La caridad cumple toda justicia, hace lo que hay que hacer, pero sin saberlo, es decir, sin tenerlo en cuenta, porque entiende que es lo suyo. ¿No es este el verdadero amor?

La caridad es amor sin límites, “amor excesivo” de Dios como remedio al “mal excesivo” del mundo; este es el amor que celebramos el Jueves Santo. El gesto inaudito del “Maestro” que lavando los pies a sus discípulos se hace siervo de los siervos no realiza un acto de justicia, sino un acto de amor simple y loco que abre puertas a la esperanza.  

No te conformes con ser solidario; trabaja en ti la fraternidad. Feliz Jueves Santo.

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Abril 2024

Casto Acedo

martes, 8 de abril de 2025

Domingo de Ramos (13 de Abril)

 

EVANGELIO
 Lc 19,29-40

En aquel tiempo Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles: - Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?, contestadle: “El Señor lo necesita”.

Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: -¿Por qué desatáis el borrico?

Ellos contestaron: -El Señor lo necesita.

Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo alto!

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

El replicó: - Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.

¡Palabra del Señor!

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La Semana Santa es una excelente oportunidad para entrar en ti y discernir cristianamente todo lo que en estos días pasa por tu cabeza y tu corazón. Ya sabes que el ambiente secularizado en que vivimos no invita a interioridades, que ha decaído la práctica de hacer una lectura creyente de la vida y los días de la semana santa suelen leerse más como oportunidad de asueto y dispersión para unos y de negocio turístico para otros. ¿Podrás desmarcarte de todo esto? Merece la pena hacer un esfuerzo. Difícil, pero posible.

Aquí tienes unas ideas para enfocar la Semana Santa de un modo nuevo.



La Semana Santa no se celebra en primavera por casualidad. Son fechas en las que la vida comienza a florecer. La creación está de estreno estos días.  Un viejo refrán reza que el “el domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”, o dicho con otras palabras: quien no renueva (compra, adquiere) algo en su vida estos días es que está manco, paralizado o muerto. Así, el Domingo de Ramos, es cada año una llamada a renovar, a dar los últimos  retoques al traje nuevo tejido en el taller de vida espiritual de la Cuaresma. 

Para la renovación deseada el primer paso es entrar con Jesús en la Ciudad Santa, el templo del Espíritu Santo que eres. ¡Anímate! ¡Estrena vida!  Abre la puerta de tu corazón y deja que Jesús, que viene a ti humilde y pacífico, a lomos de un asno,  entre en tu casa, en tu interioridad. 

Date la oportunidad; no dejes que el racionalismo y el materialismo consumista del hombre viejo  emboten tu mente. Para facilitarle la entrada a Jesús en ti aléjate de todo lo que te disperse, disfruta estos días de tiempos de silencio, de alguna lectura espiritual sólida, de la charla con quien te pueda ayudar a conocer a Jesús y conocerte más a ti mismo o a ti misma. Deja por unos días el cuidado obsesivo por distraerte (distracción es dispersión) y dedica tiempo a concentrarte y gustar de tu interioridad. 

Puedes planear para estos días un viaje de turismo personal espiritual, un viaje por los parajes y paisajes de tu alma. Haz una procesión de silencio por tu jardín interior; recurriendo a santa Teresa contémplate como un castillo habitado en su centro por un Rey. Paséate por él, conócete y céntrate en Cristo. Vives en las periferias del castillo, enajenado, lejos de ti, y Dios te regala estos días  para apropiarte de tu vida, mirarte y vivirte desde el hondón de tu alma, donde Él te habita. 

La procesión de Ramos es todo un símbolo del paso que te invito a dar. Partes  de la Plaza pública (exterioridad), foro profano por excelencia, lugar de mercado y negocios, ágora de discusiones y polémicas, punto de fricciones económicas e ideológicas, y desde ahí te diriges al templo  (interioridad),  ámbito de lo sagrado, zona de escucha, espacio de silencio, morada de Dios. 

Con esta idea de fondo, dejando atrás el dominio de la sensualidad, del cálculo y de la razón práctica, adéntrate en el reino de lo sagrado, donde el Misterio te abre a lo insospechado; oportunidad de experimentar el Misterio de Dios,  lo que “ni el ojo vio, ni el oído oyó; lo que Dios tiene preparado para los que lo aman” (1 Cor 2,9). Ese Misterio insondable no es un nuevo descubrimiento de la física, ni el último teorema matemático, ni la más reciente moda filosófica, ni un nuevo y emocionante invento; es una persona: Jesucristo, “misterio mantenido en secreto durante siglos, y revelado ahora para nuestra salvación” (Rm 16,25-26).

Para ayudarte en el proceso de recogimiento y peregrinación interior al encuentro con Jesús, la Iglesia te ofrece una serie de protocolos: bendición de ramos, misa de la cena del Señor, memoria de la Pasión, adoración de la Cruz, renovación del bautismo, mesa eucarística…, además de otras muchas oportunidades, como pueden ser los viacrucis o las horas santas. Todos estos recursos los tienes a tu disposición para lograr un mayor acercamiento a Dios, que se deja ver más que nunca en estos días. La entrada a la dimensión espiritual de esta semana es gratuita, y no tienes que pagar aranceles. La gracia de Dios no se puede comprar ni vender. Cosas de Dios. 

Te espera tu comunidad el Domingo de Ramos. Tu presencia será una forma de decirle a a Jesús  y a todos que no están solos. Y una oportunidad para sentir que tampoco tú estás solo.  Tu presencia es evangelizadora y fecunda para ti.

Abril 2025. 
Casto Acedo. 

Hora Santa (Ser, sentir y hacerse Eucaristía)

 

Nota: 

En la dirección que de Drive que se indica tenéis:

-*en documento PDF el mismo texto escrito aquí: HORA SANTA, 2025 (Guión), Aunque tal vez sea más práctico, por resumido, el texto del cuadernillo,

*un cuadernillo de dos folios doblados por ambas caras que podéis imprimir -aconsejable alguna copistería-  y que puede servir de guía para los orantes. El  texto de cada apartado está aquí resumido, y también están las letras de los temas musicales; y

*los tres temas musicales en mp3. 

https://drive.google.com/drive/folders/1Sys-Hpafl26YSn1sE09Vj1S158Q-FwXQ?usp=sharing

Si al clickar os pide que se autorice pedid autorización a trujisampe@gmail.com. 

Buen provecho.

* * *

SER, SENTIR Y HACERSE EUCARISTÍA

(Momentos de oración para el Jueves Santo) 

En esta noche de tránsito hacia la Pascua, siguiendo la recomendación del Señor, nos reunimos para orar. Y lo hacemos ante el Santísimo Sacramento, Misterio de fe, esperanza y amor.

La Eucaristía contiene en sí todo el ser, pensar y obrar de Jesús. Cuando decimos que Jesús se nos da en ella estamos diciendo que en ahí, en ese poco ce pan y vino, nos está dejando todo su ser, toda su experiencia vital, todo su legado espiritual.

Presintiendo su partida de entre nosotros el Señor nos deja la Eucaristía como testamento; con ella y en ella podemos seguir siendo con Él, sintiendo con Él, obrando con Él.

Aspiramos a ser con Jesús, a estar con Él, a hacer de nuestra vida Eucaristía, acción de gracias al Padre por todo lo que en el Hijo nos regala.

 

ORACIÓN

 

Esta es la noche, Señor,
que adelanta la Pascua,
la noche en que la luz de tu Palabra,
hecha carne,
ilumina la oscuridad
de las sombras que nos cercan.

¡Estad en vela!
¡Manteneos despiertos! -nos dices-
Velad y orad
para no caer en la prueba.

Queremos orar contigo,
sintiendo tu presencia entre nosotros,
confesando que en tu Nombre
podemos vencer al mal y a la muerte.

Contigo siempre vence la esperanza.

Permítenos entrar en tu misterio de Amor.
Amor de respeto, de disponibilidad,
de servicio concreto al Padre,
sirviendo en todo a nuestros hermanos.

Danos la gracia de estar contigo en esta hora.
Que seas alabado y glorificado en nuestra oración,
que las personas que amamos
y aquellas a las que nos cuesta amar
se beneficien de nuestra oración,
y que nuestra intimidad contigo sirva de aliento
a fin de que el mundo camine sin tropiezos
hacia su perfección en el amor y la paz.

Amén

*




1.

Eucaristia, SER de Cristo. 

“Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».  Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. (Mt 26,26-28)

“Tomad y comed, esto es mi cuerpo... Tomad y bebed, esta es mi sangre”. No dice Jesús esto “es como mi cuerpo” o “como mi sangre”. ¡No, no dice “como”!, dice “es mi cuerpo”, “es mi sangre”, todo mi ser presente en este pan y este vino.

Jesús es Dios, todo el ser de Dios concentrado en la Eucaristía, con toda su humanidad, con su cuerpo y con su sangre, y toda su divinidad: “Mi padre es quien os da el verdadero pan del cielo” ( ) .

En los signos Eucarísticos está el ser mismo  de Dios. Tomar y comer su pan es participar del ser de Jesús; al participar en la Eucaristía  Dios me hace ser como Él, hijo amado del Padre.

Contemplamos, pues, en la reserva Eucaristía el Misterio de Dios; todo su ser en Jesús; pan del cielo. El mismo Dios se hace alimento en Jesús, se hace comida para que participemos de Él, de su divinidad. Comiendo de su pan y bebiendo de su vino nuestro ser se transforma. Dice san Agustín que “cuando recibimos cualquier alimento lo comido se transforma en mí; sin embargo, cuando recibo el pan Eucarístico yo me transformo en lo que recibo”

¡Silénciate y permite que tu alma sea moldeada según el pan que comulgas y que ahora contemplas y adoras!

(Tiempo de silencio) 

Audición: ESTÁS AQUÍ  (Jesed)   

Estas aquí,  aunque no te pueda ver
pues escondes tu gloria y majestad.

Estas aquí revestido solamente en el amor
bajo la forma de un pan...
 

Con sencillez te me vienes a entregar
Y en mi interior vas haciendo maravillas

Corazón con corazón, en profunda comunión
me haces templo de la Santa Trinidad. 
 

Estas aquí, aunque no te pueda ver ...  

Ven y cena conmigo, ven y mora en mi hogar,
ven y nunca me dejes pues sin ti me moriría

Me has herido con tu amor, Ven y mora en mi interior.

De ti quiero comulgar, señor...

 *

2.

La Eucaristía, SENTIR de Cristo 

“Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.  El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.  Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo,  hecho obediente hasta la muerte,  y una muerte de cruz” (Flp 2, 5-8).

Sabemos mucho. Nuestra mente, a lo largo de los años, se ha llenado de conceptos, ideas, lecciones. Sabemos mucho, pero, aunque algunos crean que basta saber para ser felices, la realidad es muy otra. No disfrutamos de la vida con el cerebro sino con el corazón: "No el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente."

La Eucaristía nos conecta directamente con un momento de la vida de Jesús en que los sentimientos afloran muy intensamente en Él. “Cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él  y les dijo: `Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer´” (Lc 22,14-15). La institución del sacramento está más cargada de sentimientos que de ideas. La mente no puede comprender el misterio, sólo el corazón tiene acceso a Él por la fe.

¿Qué sentimientos embargan a Jesús esta noche? Primeramente una cierta sensación de fracaso. “Mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa” (Jn 22,21). No hay odio en estas palabras; los discípulos se miran y se preguntan quién será el traidor.

Y acto seguido se enzarzan en una disputa “a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor. Pero él les dijo: ´Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve” (Jn 22, 24-26)

Jesús siente en esos momentos una necesidad al mismo tiempo dolorosa y dulce, necesidad de amar hasta el extremo. En Getsemaní clamará: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” Y se le apareció un ángel del cielo, que le confortaba” (Jn 22,42-43). El dolor lo ponen los discípulos que le abandonan y le hacen sentir la soledad de la noche oscura del alma; la dulzura la pone el Padre que le conforta por mano de un ángel.

El cuerpo y la sangre compartida en la última cena sirvió de poco a los suyos, “levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza”. Entristecido él mismo por la debilidad de los suyos, aún encuentra palabras para exhortarlos: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación». (Jn 22,45-46)

La Eucaristía invita a vivir los sentimientos de Cristo: despojo, servicio, entrega.

No nos hacen grandes las ideas que conocemos y predicamos sino los sentimientos que vivimos. “A la tarde, -dice san Juan de la Cruz- te examinarán del amor”.  Al final de nuestros días no nos preguntarán el catecismo, y tampoco se nos pedirá el balance de oraciones y actos de culto celebrados; se nos examinará de un sentimiento: del amor.

Contempla el Misterio eucarístico, donde el corazón de Cristo sigue deseando ardientemente sentarse a la mesa con los suyos; donde el amor desbordante de Dios se manifiesta despojándose de su categoría de Dios, donde se anonada haciéndose pan; por amor, todo por amor a la humanidad. Contempla y siente su amor haciéndolo tuyo. Jesús eucaristía es aliento de esperanza.

Mirando su humildad gloria a su grandeza,  y siente su amor haciendo tuyos los mismos sentimientos de “ser  hijo de Dios y servidor de todos”.

(Tiempo de silencio)

 

Audición: Miradle  (Ain Karem) 

Tened los mismos sentimientos y actitudes del Señor

Despojado, siervo humilde:
dame un corazón puro, con espíritu firme,
dispuesto a venderlo todo, pronto para servir.

Obediente hasta la muerte en la cruz:
dame un corazón noble, con espíritu generoso,
firme en la contrariedad, en el Padre abandonado.

Amor compasivo:
dame un corazón bondadoso, maduro en el amor
por la fuerza de tu Espíritu, afincado entre los tuyos.
¡Miradle y quedaréis radiantes! Será perpetua vuestra alegría.

*

3.

La Eucaristía, AMOR de Cristo

“Me buscáis -dijo Jesús a la turba que le abrumaba- no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,26-28)

Uno esperaría que Jesús, a la pregunta: ¿qué tenemos que hacer para realizar la obra de Dios?, respondiera: Amaos unos a otros. Pero dice: la obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado. ¡Qué serio parece lo de creer en Jesús! No se trata de asentir con la razón a su existencia sino con el corazón y las manos. Creer en el enviado es fiarse de su amor e imitarlo.

Hay una piedad falsa que llamamos “piedad del golpe de pecho”. Es la piedad que se queda en los sentimientos, mejor diríamos en el sentimentalismo; se queda en las formas, sin ir al fondo y al barro.

La forma son los adornos: la fidelidad y perfección con que practicamos nuestras devociones, la estética de nuestros altares y cantos litúrgicos y todo lo que emociona nuestro corazón; son formas sin fondo si no mueven nuestro cuerpo a abrazar a los hermanos más pobres y necesitados.

El fondo es la compasión que traspasa los límites del interiorismo y sale a la calle; Iglesia en salida, dice el Papa Francisco. Amor que no teme mancharse con el barro de las miserias humanas conviviendo con ellas.

“Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19). Jesús instituyó la Misa como un recuerdo. ¿Recuerdo de qué? De toda su vida. San Juan en su evangelio evita narrar propiamente la institución; se limita a destacar el lavatorio de los pies. Y termina, como los otros evangelistas, apelando a la memoria; pero en este caso no tanto al recuerdo del rito sino del acto de servir a los más pobres lavándoles los pies. Lavar los pies a quien llegaba a casa era tarea de esclavos, de siervos; y Jesús realiza ese gesto socialmente denigrante. Carga con el oficio y el desprestigio social de los esclavos.

En camino hacia el Calvario cargará con los pecados de la humanidad. Subirá con ellos al árbol de la Cruz, y podemos entender sus palabras eucarísticas. “Esta es mi sangre derramada por muchos para el perdón de los pecados”. (Mt 26,28).

En Jesús rito y vida se unifican y complementan; el rito explica, la vida realiza; las palabras de la última cena dan las claves de su pasión: "esta es la razón por la que me dejo en manos de los que me crucifican, amor, sólo por amor; podría destruiros, podría pedir a mi Padre que mandara un ejército de ángeles que acabara con vosotros (cf Mt 26,53-54), pero “yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18,37), y el amor es la única verdad".

Resulta curioso que la “obra de Dios” sea “creer”. Podría decir “amar” y nos parecería más lógico y amable. Pero dice “creer”; porque sólo quien cree de veras ama, sólo quien se entusiasma con la persona de Jesús encuentra el verdadero amor, sólo quien se pierde en Él puede llegar a amar como Él.

Cuando Jesús dijo «la obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» “Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?". La obra de Jesús es la obra del amor; lo único capaz de saciar el corazón. Jesús es ese amor. Jesús es la obra de Dios. Hemos sido creados para amar, para dejarnos comer por los que nos rodean. Amando hemos encontrado la clave para vivir satisfechos. Al hablar del pan del cielo, los judíos dijeron: «Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,29-34). Aunque tal vez ignoraban que ese pan lleva consigo la muerte al propio ego para resucitar a Él.

Mírate en Jesús crucificado, entregado voluntariamente por ti, porque te ama. Y pregúntate: ¿A cuántas personas amo como él me ama? ¡A cuántos enemigos tengo que perdonar!, ¡Cuántas injusticias tengo que restañar!

San Agustín oraba así: “Dame, Señor. lo que me pides y pídeme lo que quieras”. La Eucaristía es el alimento con el que Dios te da la fuerza o virtud necesaria para llevar adelante la vida misma de Jesús en ti. Haz tuya esta oración: Señor, ¡dame siempre de tu pan!, y pídeme lo que quieras.

(Silencio)


Audición: La medida del amor (Hakuna)  

¿Cuál es la medida del amor?

¿Cuánto alcanzan los latidos del dolor?
“Padre mío, dales tu perdón;
aún no saben que esas manos son de Dios”.

Se conmueve el universo en cada golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos empapados
de la sangre del más bello Redentor.

Tu dolor me vuelve loco, me da vida,

y sin hablar me enseña todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.

 

En la Cruz clavaron el amor,
y un abrazo se hizo eterno en mi dolor.
Clávame contigo, mi Jesús,
quiero darme y darlo todo como Tú.
 

Se conmueve el universo en cada golpe
y el silencio .....

 *



(Tiempo para compartir, dar gracias, pedir dones

o simplemente alabar y adorar)

 * * *

Oración final

Cenar con los amigos, abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con mimo y respeto,
hacerse pan tierno compartido y vino nuevo bebido.

Embriagarse de Dios,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Visitar a los enfermos, cuidar a ancianos y niños,
dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos;
acoger a emigrantes y perdidos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Enseñar al que no sabe, 
dar buen consejo al que lo necesita,
corregir al que se equivoca. 
Consolar al triste,
tener paciencia con las flaquezas del prójimo.
Pedir a Dios por amigos y enemigos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Trabajar por la justicia, 
desvivirse en proyectos solidarios,
superar las limosnas. 
Amar hasta el extremo,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Ofrecer un vaso de agua, 
brindar una palabra de consuelo,
abrazar con todas nuestras fuerzas, 
denunciar leyes injustas,
salir de mi casa y de mi círculo.
Construir una ciudad para todos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Un gesto solo, uno solo, desborda tu amor,
que se nos ofrece como manantial de vida.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
todos quedamos limpios, 
como niños recién bañados,
para descansar en su regazo,

¡Lávame, Señor! ¡Lávanos, Señor!

 * * *

EL señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleva a la vida eterna.

¡Buenas noches!

 

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...