viernes, 26 de agosto de 2022

Al hilo de la Palabra (28 de Agosto)


EVANGELIO  Lc 14, 1.7-14.

Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

¡ Palabra del Señor!

* * *

Hay quien se toma muy a mal que le reserven un lugar  poco vistoso cuando asiste a un evento social, ya sea una comida de empresa, una conferencia, una boda o cualquier otro acto, incluso puede ser una misa. ¿Tan poco importante soy que me han colocado en este irrelevante rinconcito de la sala? 

Desde niños se nos educa para sobresalir, ser el primero, el más listo, el que llega más alto. Si queremos tener una vida provechosa y feliz has de triunfar sobre los otros. Quien educa para esto ignora que lo que hace es sembrar la semilla de la infelicidad en el corazón del educando.  

Aspirar compulsivamente a ser el centro de atención, a ocupar los primeros puestos, conduce a  una vida  constante de malestar y sinsabores como consecuencia de esos deseos inalcanzables. Si para ser feliz tengo que ser la estrella, el primero, digamos entre cien, tengo sólo un 1% de probabilidades de serlo, y un 99% de que no sea así. Es más, si tengo que ser la persona más perfecta y exitosa del mundo -¿quién no aspira a ello?- está claro que mis posibilidades de llegar a ser eso que aspiro son ínfimas, sino imposibles.

Tal vez la infelicidad sea la característica más peculiar del fariseo. Obsesionado por cumplir unas cuotas de perfección moral, cuando no logra hacerse con ellas se le abre la puerta al desánimo y la tristeza. 

¿Qué puedo hacer cuando no doy la talla que se espera de mí? Me quedan dos caminos: 

1. la aceptación de mi impotencia y el abandono a la gracia de Dios,  

2. o la hipocresía,  vivir en el engaño y la simulación, ocultando mis fallos por temor a ser rechazado si no respondo a la perfección que me imagino se espera de mi. 

En esta segunda opción se fragua el fariseo y su insatisfecha existencia. En su deseo de perfección, o por el cinismo de "ocultar para no escandalizar", se forja un ego hipócrita con que tapar sus debilidades. En un estúpido ejercicio de autoengaño llega a ocultarse a sí mismo sus propias faltas. ¿Hay alguien más desgraciado que quien es ciego y se niega aceptar su ceguera? El fariseo se ha inventado una personalidad ficticia, un ego falso, que ata su modo de vida al yugo del qué dirán y le desconecta de su propio ser. El fariseo llega a ser un zombi espiritual, un cuerpo sin vida, una forma sin fondo.

* * *

Jesús, invitado a comer en casa de “uno de los principales fariseos” observó “que los convidados -posiblemente otros fariseos- escogían los primeros puestos”. Ya dejé entrever que el fariseo cree merecer los mejores puestos y consideraciones en virtud de sus méritos; gusta de ser protagonista en todo; cuanto más débil es más se afana por mostrarse fuerte; trabaja para ocupar el primer puesto, y así abona el terreno para el enfrentamiento con otros muchos que ambicionan lo mismo. En la mesa del anfitrión no pueden todos sentarse a la derecha de éste, y como todos quieren ocupar ese puesto se producen los choques. En el pico de la pirámide sólo puede haber uno. Jesús te aconseja estar mejor en la base del edificio. 

Contra el fariseísmo aconseja Jesús hacer ejercicios de humildad: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto”. Un sabio consejo para no exponerse al ridículo y para curarse de la posible depresión de quien se  ha hecho una imagen aumentada de su valor. 

"Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto". El fariseo, que tanto confía y presume de sus éxitos, es un personaje expuesto al ridículo; siempre vendrá alguien que le sacará los colores y hará evidente su fachada de cartón-piedra. 

Fruto de la contemplación del propio yo como humus (tierra), la humildad es remedio contra el fariseísmo y clave para lograr la felicidad. Humildad es “andar en verdad” dice santa Teresa; quien acepta la verdad de quién es, con sus defectos y también sus perfecciones, inicia un camino de vida interesante. El humilde sabe que  necesita del Otro y de los otros, se acerca a ellos y aprende sobre el amor, ya sea fascinado por la gratuidad del amor de un Dios que le quiere tal como es, o sorprendido por la verdad fundamental de que  no es feliz quien más recibe sino quien más da.

Amar no es recibir amor (honores, atenciones) sino dar el propio ser. Quien hace esto mata en sí el virus del fariseísmo. Esto del amor es el segundo consejo que da Jesús en el evangelio de hoy: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado” . 

Una característica propia del fariseo es la de hacer todo esperando cobrar.  En sus relaciones con el prójimo como en sus relaciones con Dios se rige por el principio del do ut des,  "te doy para que me des". Siempre anda por medio el interés. Así no se puede ser feliz. “Cuando des un banquete -corrige Jesús- , invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”.  Serás dichoso si haces esto, porque has sido creado a imagen de Jesús, y tu vida se realiza abrazándote en Él, es decir, abrazando la tierra, la humildad, que eres, siendo  último, con la convicción de que “todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Procurar la felicidad del prójimo es procurarte la tuya. Contra encumbramiento fariseo, fraternidad.


* * *

Si andas triste, si tu vida no es tan perfecta como te han dicho que debería ser, no desesperes. Si te sientes mal a causa de ello es porque algo hace aguas en ti. 

El mundo es como es, cambia a mejor lo que puedas, pero no pretendas someter a nadie a tus criterios de perfección. Reconoce que ni tú mismo te sometes a ellos. De hipócritas y de locos todos tenemos un poco. Convéncete de que tu infelicidad no te viene de fuera sino de dentro. La causa está en tu interior, en no aceptar la realidad de lo que eres y de lo que Dios pone en tu camino. Todo los obstáculos que encuentras en tu vida, incluso tus caídas, son oportunidades que Dios te ofrece para superarte en fe y abandono a Él y así cambiar por luz la oscuridad de tu ceguera farisaica. 

Acéptate y acepta tu historia, con sus aciertos y sus mentiras; no simules virtudes que no tienes ni ocultes vicios que tienes. Abre los ojos a la dura realidad de tu pecado y a la magnífica realidad de la misericordia de Dios.

San Pablo, que fue fariseo converso, decía que pretender salvarnos con nuestras perfecciones es un acto de soberbia mediante el cual hacemos inútil la pasión de Cristo. "Si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano" (Gal 2,21). Si yo puedo por mí mismo vivir la perfección del amor, ¿para qué murió Cristo? Si el ser humano puede con sus solas artes lograr la vida plena, ¿no hubiera bastado con que Dios nos diese los mandamientos para que los cumplamos? Jesús  te invita a la virtud, pero sabe también de tus pecados; tal vez el mayor de sea el del fariseísmo.

"Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte", serás feliz, porque tu felicidad no la tienes puesta en algo que alcanzar fuera sino en la gracia de Cristo que invade tu interior y modela tu corazón devolviéndote la imagen de Dios que eres. 

 ¿No es todo el evangelio un canto a los pecadores arrepentidos y un lamento por los fariseos pertinaces? El mayor obstáculo para la propia salvación es el de creerte santo cuando eres pecador. Abájate. La humildad y la caridad te igualan con el mismo Jesús, que no te llama a la perfección sino a vivir la unión con Él. Sólo Él es perfecto. Déjate en sus brazos.

¡FELIZ DOMINGO

Agosto 2022

Casto Acedo.

sábado, 4 de junio de 2022

Al hilo de la Palabra (5 de Junio)


EVANGELIO 
"Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 19-23)

Me coloco en una postura cómoda para mantener la quietud física el mayor tiempo posible. Hago tres inspiraciones profundas. Tomo conciencia de la postura de mi cuerpo, del peso, de la atracción de la gravedad que me fija en mis puntos de apoyo, de su volumen, de su temperatura, de las sensaciones de mi piel, ¿calor? ¿frio?

Ahora vuelvo a inspirar profundamente y siento un placer exquisito, el que produce sentir cómo el oxígeno entra por la nariz, pasa por la tráquea y llega a los pulmones … Imagino que se expande por todo mi cuerpo. Mi pecho se expande con la inspiración,  y la espiración deja salir el aire hasta sentir que me falta. Y vuelvo a inspirar y a espirar. 

Viene a mi mente la imagen de Dios insuflando aliento en la nariz de Adán, llamándole a la vida. También veo a Jesús resucitado soplando sobre los apóstoles: “recibid el Espíritu Santo”

* * *

¿He hecho un ejercicio corporal? ¿O es espiritual? Creo que ambos. Me siento bien y pienso que vivir es algo tan simple como recibir aire puro y limpio y expulsar aire viciado, inspirar el Espíritu de Dios y espirar los malos espíritus que me estresan y agotan. 

Mi ejercicio de respiración es la irrupción del Espíritu en la casa donde están reunidos los apóstoles; el aire del Espíritu invade cada rincón de mi estancia interior arrojando hacia afuera los miedos y complejos, purificando e iluminando mi mente con la calidez de su llama y haciendo que me sienta más yo; y  más Iglesia. La vida se esclarece con la irrupción del Espíritu. Me siento elegido y acompañado, abierto a abrazar al mundo y a otros. Es hermoso compartir con otros la borrachera del Espíritu.

Hoy es Pascua de Pentecostés. El Espíritu Santo, esquivo a ser captado por mi mente, se muestra amable en mi oración. Acaricia con su brisa cada rincón de mi alma. Lo intuyo. Lo contemplo con el ojo interior del amor. El corazón tiene razones que la razón no comprende. Lo dijo B. Pascal, ahora lo sé. Me invade la misma alegría que a los discípulos al ver al Señor resucitado. 

No necesito palabras para retener esta experiencia. Las palabras matan la realidad, la vida es lo que cuenta. No sé explicar lo que siento, y sé que el silencio es la mejor respuesta a cualquier pregunta que pueda surgir. Algo en mis entrañas me dice: no busques explicaciones, no hables, no intentes retener nada. Simplemente, da gracias y sigue adelante; sin distracciones, sin vanidad. Que no te atrapen  ni los gozos ni el éxito de las técnicas de oración. Deja ir todo.

* * *


Cada día me cuesta menos disponerme a respirar, o mejor, disponerme a ser consciente de mi respiración. Ya es para mí un rito que trasciende el mero ejercicio. Inspiro, espiro y siento que estoy respirando. Inspiro, espiro y permito que mis pensamientos pasen de largo sin dejarme atrapar por ellos. Inspiro y siento que estoy vivo. Espiro largamente y palpo la cercanía de la muerte. Inspiro con fruición y sé que el Espíritu Santo entra en el espacio sagrado de mi alma inundándola de luz; espiro y veo como el mismo Espíritu echa fuera  mil  cosas que estorban a mi ser.

Vivir Pentecostés es hacer un ejercicio de respiración. Tan simple como respirar. Respirar consciente. Claro que esto solo lo saben los sencillos de corazón, no los sabios de este mundo. Estos están locos, han perdido el centro; acumulan bienes, títulos y saberes, e ignoran que hay momentos en la vida que no tienen precio. La mayoría nos daremos cuenta momentos antes de que cese la respiración. ¿No daríamos entonces todo lo que tenemos para poder siquiera inspirar y espirar una vez más?

¡Qué ciego soy para comprender lo que vale de veras! Si no respiro me muero; si no abro mi puerta al aire del Espíritu Santo también. Y no sé cual de las dos muertes es peor, la del cuerpo que ha llegado a su límite o la del alma que vaga desesperada entre oscuridades.


Es un buen día para meditar la “secuencia de Pentecostés”. Tarea para hoy: inspirar, espirar.  Inténtalo. Relaja tu cuerpo. Pon a un lado tus preocupaciones pasadas y tus inquietudes de futuro. Silénciate. Simplemente respira, sin prisas, a tu ritmo habitual, y ora respirando:

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

¡FELIZ PASCUA DE PENTECOSTÉS!

Otros comentario al hilo de  Pentecostés: 



Junio 2022
Casto Acedo

miércoles, 11 de mayo de 2022

San Isidro Labrador (15 de Mayo)

 

San Isidro fue beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619 y canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, junto a San Felipe Neri, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, aunque la bula de canonización no fue publicada hasta 1724 por Benedicto XIII. Fue declarado patrono de los agricultores españoles por Juan XXIII en bula del año 1960.(Wikipedia, Isidro labrador)
Llama la atención que san Isidro fuera canonizado entre santos tan ilustres; ¿qué hace san Isidro –aldeano, analfabeto, peón agrícola- entre esos buques insignia de la santidad?: San Felipe Neri, italiano caracterizado por su dedicación a los más indigentes; santo que fundo la “cofradía de los pobres” para ocuparse de los convalecientes y peregrinos; santa Teresa de Jesús: viajera, fundadora, doctora de la Iglesia, figura clave en la literatura española, reformadora del Carmelo; san Ignacio de Loyola, de rica familia vizcaína, educado en la corte, dotado de fuerte personalidad y fundador de la compañía de Jesús, santo con una proyección universal indiscutible, y san Francisco Javier, navarro de familia noble, estudios universitarios en París, captado por san Ignacio para su obra y misionero incansable en la India, fallecido en la India y con las miras puesta en la evangelización de China.

¿Tiene mucho que ver san Isidro con ellos? ¿No parece insignificante su personalidad de labriego aldeano? Es insignificante la vida de san Isidro si entendemos que  ser cristiano es pasar por la vida sobresaliendo,  haciendo cosas espectaculares. San Isidro no dio espectáculo; pasó su vida en silencio, sin escribir ninguna página gloriosa de la historia de la Iglesia. "La virtud más eminente -según un dicho atribuido a santa Teresa- es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer" y así lo vivió san Isidro.


No obstante la distancia cultural y social, en cierto modo, por lo que toca a la santidad, san Isidro se equipara a los santos junto a los que se le canonizó:

a) No hubo de renunciar a su riqueza para dedicarse a los pobres como san Felipe Neri, nacido en Florencia, de padre notario y familia dedicada a los negocios. San Isidro fue pobre desde su nacimiento, con el estigma que eso suponía en el tiempo que le tocó vivir; por su origen pobre no tuvo que renunciar a su riqueza y posición, pero sí que hubo de abrazar la pobreza y la humildad como virtudes.

b) No fue san Isidro reformador de ninguna orden religiosa, como santa Teresa de Jesús, ni sus escritos místicos le valieron el reconocimiento de autor literario de renombre y doctor de la Iglesia. San Isidro era un simple laico, que no reformó ninguna institución eclesial, pero sí reformó su vida a la luz del evangelio de Jesús; su palabra y sus escritos fueron el silencio, el ocultamiento y la desconsideración de no saber siquiera escribir. Si la santa del Carmelo decía que “entre los pucheros también anda Dios”, san Isidro, con su sencilla espiritualidad de labriego, nos dice que entre arados, siembras, cosechas, eras y graneros, también Dios se mueve.
 
c) Tampoco fue san Isidro, como san Ignacio de Loyola, fundador de una sociedad de renombre universal como son los Jesuitas (Societatis Iesus), que tantos y tan grandes servicios han prestado a la Iglesia y que han aportado tantos mártires al santoral. Lo único que fundó san Isidro fue una familia cristiana con su mujer, santa María de la Cabeza; y educó a su hijo tan cristianamente que también es un santo venerado: san Illán. A los ojos de Dios lo importante es llevar adelante la vocación a la que hemos sido llamados, sea esta de proyección universal, local o familiar. “A la tarde -decía san Juan de la Cruz- te examinarán en el amor”; no alcanzarás la felicidad de tu vida porque hagas grandes obras eclesiales, sociales o políticas. Con san Ignacio de Loyola, y antes, ya que es anterior en el tiempo, san Isidro respondió con generosidad al objetivo del santo fundador de los jesuitas: hacerlo todo para mayor gloria de Dios (Ad maioren Dei Gloria). Porque lo que cuenta no es la magnitud  de lo que haces sino el amor que pones en ello.

 
d) Digamos finalmente que san Isidro no estudió en la universidad de París, aprendiendo de los grandes maestros de teología del momento, ni viajó muy lejos como hizo san Francisco Javier, patrono de las misiones. No, la universidad de san Isidro fue el campo, la observación de la naturaleza y la escucha de la predicación evangélica en su parroquia, su escuela fue su propia vida. No fue “misionero” si por ello entendemos a quien deja casa, familia, tierra, y parte a lugares lejanos a anunciar el evangelio; pero sí que lo fué, porque la misión empieza por la propia casa y el lugar donde se vive y trabaja; con su palabra y vida ejemplar san Isidro misionó, llevó la “buena noticia” de Dios a los suyos y a sus vecinos. Su fama de santidad da testimonio de esto. No se extendió la veneración a su persona por las artes publicitarias de sus hijos de fundación; fueron sus vecinos, gente tan pobre e inculta como él, los que se hicieron lenguas de su fe y bonhomía; sin esa propaganda de boca a boca san Isidro sería hoy un total desconocido.

Por tanto, tenemos ante nosotros a un santo poco aristócrata, tal vez considerado en su época no muy digno de recibir el título de santo, un personaje sin renombre y alta consideración familiar, poco intelectual y de poca actividad reformadora y fundadora; pero no cabe duda de que en san Isidro tenemos hoy, como sus vecinos lo tuvieron en su día, a un santo de gran humanidad.


No fue por tanto un despropósito que el papa Gregorio XV elevara a los altares a este santo junto con esos otros que hemos comentado y cuya sola mención traen a la memoria heroicas hazañas humanas y grandes éxitos pastorales. Entre ellos san Isidro nos sirve para equilibrar la balanza y hacernos comprender más llanamente lo que dice el concilio Vaticano II: «todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (Lumen gentium, 11. c). Todos estamos llamados a la santidad, cada uno en su propio estado, en su actual situación familiar, laboral y social. San Isidro, como otros santos de más renombre, respondió generosamente a esa llamada universal a la santidad.

¡FELIZ DIA DE SAN ISIDRO!
 
Mayo 2025.

Casto Acedo. 

martes, 26 de abril de 2022

Novena Virgen de la Albuera (Día 9º. Puerta)

NOVENA 

A LA VIRGEN DE LA ALBUERA

Dia 9º. Puerta

Vos sois, ¡Oh Abogada y patrona nuestra!, aquella hermosa Puerta que vio Ezequiel cerrada siempre para la culpa y abierta para la misericordia. Vos sois aquella puerta de oro donde el pobre paralítico pedía limosna y la lograba. Vos sois, finalmente, aquella puerta del cielo que vio Jacob de nuestra España, Santiago, por donde todos los justos han entrado en la gloria. Hasta ahora a nadie se le ha cerrado esta puerta; a cualquiera que ha pedido a ella se le ha socorrido en lo necesario. Pues, Señora, no sea yo sólo el desgraciado que llegando a vuestra puerta, tan patente para todos, la halle para mí cerrada. Aquí me tenéis postrado a vuestros pies; llamando estoy a la puerta de vuestra misericordia; no me desechéis sin consuelo ni sin el favor que os pido en esta Novena, si conviene para adoraros por una eternidad en la gloria. Amén.

 * * *



Hay una puerta en la parte este de las murallas de Jerusalén (hoy tapiada; ver foto) que el profeta Ezequiel señala como la puerta por donde entrará el Mesías esperado en su venida. A esta puerta también se le llama la puerta Dorada o puerta Oriental. 

Apelando imaginativamente a esta puerta el autor de nuestra Novena nos presenta hoy a la Virgen de la Albuera como “aquella hermosa Puerta que vio Ezequiel cerrada siempre para la culpa y abierta para la misericordia” (cf Ez 44,1-10). La Virgen de la Albuera se muestra así como madre misericordiosa y atenta a quienes esperan que se abra para ellos la puerta del Cielo por donde entrará en el mundo el Mesías que cubrirá las necesidades de quienes le esperan.

También se menciona hoy en la Novena una “Puerta del cielo” que ve Jacob. El nombre de Jacob se refiere al patriarca Jacob, que tuvo la visión en sueños de una escalera que llegaba hasta el cielo por donde subían y bajaban ángeles (cf Gn 28,10-19). Ese sueño ha quedado en la historia de la espiritualidad cristiana como referente de la experiencia mística, es decir, de que es posible el acercamiento y la visión de Dios en esta vida, vislumbrando así el cielo.

Pero nuestro autor amplía el significado de esa escalera que lleva a la puerta del cielo hablando del “Jacob de nuestra España”.  El nombre de Jacob pasa a decirse en español San-tiago (que viene de “San-Iacob), a quien la Virgen María se aparece en Zaragoza, a orillas del Ebro, sobre un pilar animándole y ratificándole como apóstol misionero de España. La Virgen de la Albuera, contemplada sobre el trasfondo de la Virgen del Pilar, se presenta aquí como “la puerta del cielo que vio Santiago” cuando se le apareció la Virgen María.

Menciona nuestra novena otra puerta, la puerta Hermosa, una de las que daba acceso al Templo ya dentro de la ciudad. En  esa puerta san Pedro curó a un paralítico que pedía limosna, según cuenta el libro de los Hechos de los apóstoles. Una puerta donde se piden gracias y Dios cura las dolencias materiales y espirituales (Hch 3,1-8).

En conclusión: la Virgen de la Albuera es puerta por donde nos viene la misericordia de Dios, puerta a donde podemos ir a pedir con la seguridad de que seremos escuchados si la petición es justa y conviene a nuestra salvación, y puerta del cielo, escalera de acceso a la eternidad; puerta, en fin,  por la que el Mesías entró en la historia y entrará  al final de los tiempos. Postrados ante la Virgen María podemos esperar su venida.

* * *


En el Evangelio es el mismo Jesús el que dice: “: yo soy la puerta de las ovejas. … Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”. (Jn 10,7-9). La puerta que es María conduce a Jesús.

Esta puerta de entrada en Dios tiene sus exigencias; si se quiere entrar en la Vida de Cristo no se puede estar a Dios rogando y con el mazo dando, sirviendo a Dios y al dinero, golpeándose el pecho y mostrándose duro de corazón, pidiendo misericordia y condenando al prójimo; la puerta de la salvación pide elegir un modo de vida que sea coherente con el Evangelio reflejado en las virtudes que veneramos en la Virgen de la Albuera: transparencia de vida, obediencia a Dios, humildad, capacidad de sacrificio, etc.

Entrar en la Vida Nueva o en el Cielo a través de la puerta que es  nuestra Madre, y que asume en sí ser Puerta de acceso a su hijo Jesús,  pide el compromiso de esforzarnos en imitarla. “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; pero él os dirá: ´No sé quiénes sois´" ( Lc 13,24-25).

* * *

Hemos acompañado a la Virgen y a la comunidad parroquial esforzándonos con la participación en esta Novena. Ella es la puerta por la que queremos entrar en la vida de Dios.

Durante estos nueve días la hemos contemplado como Paraíso, Fuente, Piscina, Paloma, Nave, Nube, Columna, Torre y Puerta. Son imágenes bíblicas. Ella dijo en el momento de la Anunciación, cuando el Ángel le propuso el plan de Dios de ser Madre de Jesús, “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Fue su compromiso, el culmen de su particular Novena. Lo que le propuso Dios no fue una puerta ancha para seguir los caprichos de su corazón sino una puerta estrecha sumisa a la voluntad del Padre. El anciano Simeón se lo profetizó: “A ti, una espada te traspasará el alma”.

Que la Virgen te conceda lo que le has estado pidiendo en esta Novena; y como es de bien nacidos el ser agradecidos, que tus peticiones vayan a unidas de tu parte  al compromiso de honrar a Nuestra Señora de la Albuera con aquello que ella más desea: que entres en comunión de vida con su hijo y tu hermano mayor Jesucristo; es decir, que no estés cerrado, sino con las puertas de tu alma abiertas, para que el Señor Jesucristo habite en ti como habitó en ella.

Decía más arriba que no es honrado el estar rezando y con el mazo dando. Si la Virgen ha abierto la puerta de su ser a la escucha de tus oraciones, ¿no es de recibo que tú también abras tu puerta a la Vida de Dios? A menudo te preguntas si tus oraciones serán correctas; lo serán cuando no te límites a pedir gracias a la Virgen sino cuando a tus peticiones le acompañe una respuesta positiva a la petición que ella te hace: “Haced lo que Él os diga”; haz lo que Jesús te dice; entonces, como en las bodas de Caná, se producirá el milagro. En tu vida se dará un paso importante; tu agua se convertirá en vino, tu tristeza en alegría, tu desazón en gozo. ¡Atrévete a responder a la petición que hoy te hace la Virgen de la Albuera!


Bajo tu amparo nos acogemos, 
Madre de la Albuera,
santa Madre de Dios.
No desoigas la oración 
de tus hijo necesitados.
Líbranos de todo peligro,
oh siempre Virgen,
gloriosa y bendita. 

San Pedro de Mérida
Abril 2022
Casto Acedo

miércoles, 20 de abril de 2022

Novena Virgen de la Albuera (3º día. Piscina)

 Novena a la Virgen de la Albuera



Dia 3º. PISCINA

Vos sois, ¡oh celestial Princesa! Saludable Piscina en quien todos los enfermos del linaje humano logran salud de cualquier enfermedad, y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús. A vos, pues, acudo, clementísima Madre, para que sanéis no solo las enfermedades de mi cuerpo, sino las dolencias de mi alma. Quiero, Señora, la Salud y confío lograrla con vuestra poderosa intercesión,  junto con la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para mi eterna salvación. Amén.

 * * *

PISCINA

No. No hablamos de las piscinas en las que refrescamos el verano para paliar las calores. Escasas serían esas piscinas en la época en que el autor de esta novena, publicada en 1937,  aplicó a la Virgen de la Albuera el título de Piscina. Tengamos en cuenta que hasta no hace mucho las piscinas sólo existían en los sanatorios, y eran valoradas por sus propiedades  curativas.

A esas piscinas acudían, y aún acuden, personas que buscan descansar y curar los achaques físicos y el estrés con sus baños; son balnearios como los del cercano pueblo de Alange o los Baños de Montemayor.

Hay dos pasajes evangélicos muy significativos que hablan de piscinas con propiedades curativas; uno se sitúa en  Betesda y el otro en Siloé.

“Hay en Jerusalén, dice el Evangelio de san Juan (5,2-9),  junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.  Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».  El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».  Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».  Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Jesús se muestra aquí como el Sanador que sustituye al agua de la piscina de Betesda. No ayuda al paralítico a entrar en el agua, Él mismo lo baña con su amor infinito y lo sana con su palabra. Así Jesús se manifiesta como el agua de la nueva piscina. María, y la Iglesia con ella,  la Piscina, Jesús el Agua sanadora.

En otro texto del mismo evangelio Jesús, después de untar con barro los ojos de un ciego, le dice: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista" (Jn 9,7). Como signo de fe en que Jesús le puede curar le pide ese gesto: ¡ve a la piscina de Siloé y lávate en sus aguas!. Podríamos tomar hoy estas palabras de Jesús y escucharlas como envío a su Madre, Piscina llena del Agua de la Gracia: ¡Ve a lavarte, a bañarte en la Piscina que es  tu Madre de la Albuera!.

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Bajo la mirada de Jesús contemplamos hoy a la Virgen de la Albuera como Piscina sanadora. Ella nos sana, nos da la “salud”, que en latín se dice “salus”, palabra que significa salud, sanación,  y también salvación.  Nuestra Señora de la Albuera tiene en sus manos la medicina para curar: el niño Jesús, el Salvador-Sanador del mundo. El ángel de la anunciación llama a la Virgen Llena de Gracia, Piscina llena de la Presencia de Dios. ¿Qué mejor agua medicinal que el Amor de Dios escondido en el Misterio de la Inmaculada Concepción? "Ser sin pecado" es el paradigma de la perfecta salud.

La denominación de Albuera que aplicamos a María, nos remite por su mismo nombre a un lugar que contiene agua. Albuera viene del árabe, y significa “mar pequeño”, extensión de agua no muy grande, albufera. Por tanto, el mismo nombre de nuestra Madre viene a significar que ella contiene el Agua de la Salvación, de la salud, que no es otra que el mismo Jesucristo. Jesús es el océano inmenso, La Virgen de la Albuera "mar pequeño", y por eso más cercano. 

La novena  dice hoy: “Vos sois… piscina en la que todos los enfermos del linaje humano logran la salud de cualquier enfermedad”, y añade algo que parece escandaloso, y que conviene matizar: “Y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús”. Conviene matizar esto último, porque si María cura y sana no es por su propio poder sino por el poder de Dios, el poder de su Hijo. A Jesús siempre se le ha tenido como  más lejano e inaccesible por divino -curioso si se tiene en cuenta que es Dios Encarnado, hecho hombre,  hecho cercanía- , y a María como más humana y cercana; tal vez por eso dice el texto de la novena que “más pronto consiguen” la salud al invocar a la Madre;  no porque sea ella la que sana sino porque parece que nos es más fácil acercarnos a Él por ella; solo Dios sana y salva. María no es diosa, pero sí es aquella a quien, tal vez por falta de la conveniente formación espiritual, nos acercamos con más confianza por parecernos  más accesible. 

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Cada vez son más las personas acuden al terapeuta; y no solo a los médicos que se encargan de curar las enfermedades físicas sino también a psicólogos y psiquiatras que sanen las heridas interiores. 

Pues bien, sólo con echar un vistazo a los evangelios, te das cuenta de la identidad de Jesús como terapeuta. Dice de Él el libro de los Hechos de los Apóstoles que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10,38); el diablo es la encarnación del agente que causa todos los males corporales y espirituales. 

La gente sencilla acudía a Jesús, “venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6,18). Un centurión que se le acercó a pedir la sanación de su criado confesó el poder sanador de la oración dirigida a Jesús por los enfermos: “«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo;  tampoco me creo digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano” (Lc 7,6-7).

El médico Jesús ha venido a nosotros encarnándose en el vientre de la Virgen María. ¡Bendito el fruto de tu vientre, Jesús! La primera sanada fue ella misma, Inmaculada desde su concepción. 

Me atrevería a decir que Jesús es terapeuta y la Virgen de la Albuera la enfermera, la que cuida de cerca al enfermo, la que se sirve de puente entre el médico y el paciente. La Virgen es Piscina-Hospital, y quien ingresa en su casa encuentra toda la atención que requiere su enfermedad. ¿Qué devoto de la Virgen no tiene experiencia de ello? Si acudes a rezar a menudo  ante la imagen de la Virgen de la Albuera, si estás haciendo la novena, o leyendo este comentario, si tienes fe en ella,  piénsalo, es porque en algún momento te ha sanado, ya sea de algún malestar corporal o de algún sufrimiento espiritual. Ya sabes por experiencia que es portadora de la mejor Medicina y el mejor Terapeuta: Jesús,  Hijo suyo   y Hermano nuestro.

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Termina tu novena de hoy haciendo silencio.  Sigue estos pasos si te ayudan:

1. Busca un sitio tranquilo y acalla tus pensamientos y tu corazón. ... Si no estás en la iglesia ante la Imagen de la Virgen de la Albuera pon una estampa o un cuadro ante ti; y enciende una vela (con esto indicas que quieres estar unos minutos con ella, dejándote iluminar por su presencia).... Permanece sentado o en cualquier otra postura que facilite tu quietud interior  durante este lapso de tiempo. 

2. Por un momento deja a un lado las preocupaciones; inspira y espira dulcemente sin forzar la respiración. Silencia y relaja tu mente y tu cuerpo para estar con Ella.

3.Ahora cierra suavemente los ojos, o fíjalos entreabiertos en su imagen o estampa, y repite: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname! Repite esta oración sin prisas, sintiendo como tu corazón sintoniza con el de la Virgen. Deja que el amor entre Ella y tú fluya ... ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname de …. (puede añadir lo que quieres que sane en ti!).

4. Añade peticiones de sanación por otras personas: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sana a N. …. (Puedes añadir el nombre la persona por la que oras).

5. Déjate envolver por la mirada tierna y el amor dulce de la Virgen María, que es bálsamo y consuelo. ¡Gracias Madre, porque me amas; gracias porque me acoges; gracias porque me escuchas; gracias por dejar que me bañe en la Piscina sanadora de tu Amor!

20 de Abril de 2022

Casto Acedo.

sábado, 16 de abril de 2022

Al hilo de la Palabra (Resurrección, 17 de Abril)

  



DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

Todas las celebraciones del año litúrgico convergen en la noche del Sábado Santo, en la celebración de la Solemne Vigilia Pascual. Porque ésta no es una noche cualquiera: “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” (Pregón Pascual). Esta es la noche en la que la oscuridad de estos días respira luz y esperanza.

Esta es la noche

Sin esta noche ni la fe (creer ¿para qué?, ¿para morir?), ni la Iglesia (sería una comunidad de fracasados) ni la vida misma (¿de qué serviría una vida abocada inexorablemente a la muerte?), tendrían sentido alguno. Porque “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios” (San Ireneo); la vocación a la vida sólo encuentra su plenitud en la resurrección para una Vida Eterna.

Esta es la noche en que “se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón). La vida de Dios alcanza de pleno al hombre y desde ella el hombre tiene acceso a Dios. En Cristo resucitado la humanidad recobra la chispa divina que le fue arrebatada en el paraíso: "Dios se hace hombre para que el hombre sea divinizado" (San Atanasio).

Estamos en la noche del encuentro de Dios con la humanidad. En esta madrugada y al alba del día de mañana tendrán lugar en nuestros pueblos y ciudades las  procesiones que llamamos de "los encuentros”. En ella se celebra la resurrección y su proyección salvífica en el mundo simbolizado en María. Ella es la imagen viva de la Iglesia que recibe la buena noticia de que su Señor ha resucitado. Cristo se encuentra con su Madre, con su Iglesia. 

La Pascua es la aurora de una nueva era en la que todo es nuevo: “Esta es la noche de la que estaba escrito: `Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo´. Y así esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón Pascual). Es la noche del magníficat, noche en la que proclamamos con María y con la Iglesia las grandezas del Señor.



En esta noche converge 
toda la historia de la salvación

Los motivos de nuestra alegría pasan ante nosotros en la liturgia de la Palabra que narra los hitos de nuestra salvación, desde la creación del mundo y del hombre (Gn 1, 1-31;2,1-2), hasta la nueva creación por la resurrección (evangelio: Mt 28,1-10) y el bautismo (epístola: Rm 6,3-11). Contemplamos como la Iglesia ve la salvación incluso en las situaciones más difíciles, como lo fueron el sacrificio de Abrahán (Gn 22,1-18), el paso del mar Rojo (Ex. 14,15-15,1), o el momento del Exilio (Ez 36,16-28).

El mensaje central de todas las lecturas proclamadas confluye en una afirmación incontestable: La victoria es de nuestro Dios. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. “La tumba está vacía. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho” (Mt 28,6a).

Por tres veces aparece en el evangelio de hoy el verbo “ver”: “Al alba del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro” (Mt 28,1); “Venid a ver el sitio donde yacía”(Mt 28,6b); El ángel: “Ha resucitado de entre los muertos... id a Galilea. Allí lo veréis”(Mt 28,7), Jesús: “...Que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10). Por otro lado, se nos dice: “no está aquí”. 

Ya no es visible, ni tangible, ni verificable. Ya no es localizable en un espacio y un el tiempo concretos. El evangelio juega con la paradoja tan propia de la fe que es el “ver y no ver”. Cristo ha resucitado, pero eso lo ven los que creen. La visión física se queda en un dato: “ved el sitio donde lo pusieron”, el sepulcro está vacío. El sepulcro vacío es visible para todos. Pero la fe va más allá y ve en el sepulcro la victoria de Dios sobre la muerte.

Con la resurrección las situaciones oscuras  (el dolor, la enfermedad y la muerte) adquieren un tono distinto. Ya no hay lugar para la desesperación total.   Si el que murió en la cruz y “descendió a los infiernos”  ha resucitado siendo acreditado por el Padre ¿qué mal podemos temer?

"No temáis", dirá Jesús resucitado a sus discípulos bloqueados por un hecho hasta entonces  inusual que les lleva a confundirlo con un fantasma. Soy yo, que vuelvo para estar con vosotros y sosteneros en vuestra lucha. Es como si dijera: "Todo irá bien" -decía Juliana de Nordwich-  ... El Señor nunca dijo ‘no seréis zarandeados por la tempestad’ o ‘no os veréis abrumados por el trabajo’ o ‘no os faltará consuelo’, sino que dijo: ‘No seréis vencidos’. Dios quiere que tengamos en cuenta estas palabras, de forma que siempre, tanto en la alegría como en el dolor, tengamos una total confianza".


De la muerte a la vida 
(Bautismo y Eucaristía).

En el día del Viernes Santo  hemos contemplado el dolor del Hijo que nos ha llevado al llanto, a llorar nuestro pecado, a compadecernos de Cristo que sufre en los hermanos. Hoy vemos el gozo de la Iglesia, la alegría del resucitado, que nos motiva para la  propia alegría. Si con Cristo sufriente somos invitados a solidarizarnos con el dolor de los hombres, con Cristo triunfante, vencedor del mal y de la muerte, somos invitados a repartir alegría y esperanza: “Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10).

Todo este misterio de muerte y de resurrección se celebra en la Iglesia sobre todo en los dos grandes sacramentos: el Bautismo y la Eucaristía.

“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6,4). Hoy renovamos las promesas de nuestro bautismo que nos injerta en la Vida resucitada del Señor: “Si hemos muerto con Cristo (ritual y existencialmente), creemos que también viviremos con Él” (Rm 6,8). Este se nuestro gozo y nuestro “secreto” (el misterio de nuestra fe).

Jesús resucitado también partirá el pan con nosotros y para nosotros esta noche. “El que come de este pan vivirá para siempre... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,51.54). No sólo celebramos la resurrección sino que también la participamos (comemos) en la Eucaristía.

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Cristo viene a ti como Luz. No para deslumbrarte y cegarte sino para iluminarte. Deja que su Palabra, que es "lámpara para tus pasos" (Sal 108,105), te guíe, sus sacramentos te alimenten, porque "el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,48), y su Espíritu del Resucitado sea tu brújula, porque sabe mejor que tú lo que te conviene (cf Rm 8,26).

Que se abran las ventanas de nuestro espíritu y griten griten nuestra alegría a todos los que aún no conocen la noticia de la resurrección,  porque
 Cristo“ verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lc 24,34), y entre las tinieblas de la enfermedad y la muerte se abre el paso la Luz. 

¿Te vas a perder esta fiesta? 
Es la fiesta de las fiestas.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

Abril 2022. 
Casto Acedo.

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...