viernes, 10 de enero de 2025

Bautismo del Señor (12 de Enero)


EVANGELIO 
Lc 3, 15-16. 21-22

"En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Palabra del Señor

Vida oculta

El pasaje evangélico que se proclama este domingo da un salto en el tiempo y presenta a Jesús con unos treinta años de edad acercándose a Juan Bautista para ser bautizado en el Jordán. Los evangelios no dicen nada de la adolescencia y juventud de Jesús; sólo hablan de un viaje a Jerusalén con sus padres, a los doce años. ¿Qué ha pasado en el periodo de tiempo intermedio, desde el nacimiento hasta la aparición en el Jordán? ¿Qué experiencias ha vivido Jesús en su infancia, adolescencia y juventud? No hay respuestas concretas a estas preguntas. Con razón se llama a este periodo el de la vida oculta de Jesús. Y esta vida oculta es también misterio y evangelio, buena noticia en la que aprender.

Es un gran testimonio que Dios hecho hombre pase en el ocultamiento unos treinta años y sólo tres (según san Juan) o uno (según los sinópticos) de vida pública. Dios se hizo hombre y, de hecho, como la mayoría de seres  humanos, tuvo una vida anónima, escondida, sin fama ni publicidad.

En esos años podemos imaginar a Jesús como un niño normal de su tiempo, o como un joven que va madurando humanamente, aprendiendo su oficio, conociendo la realidad en la que se mueve, los problemas de su entorno, sensible a las alegrías y a los sufrimientos de sus vecinos. Podemos sospechar como vivió Jesús en el silencio de Nazaret; un joven contemplativo que abre los ojos y ve como la vida bulle a su alrededor: amas de casa como su madre que amasan el pan poniendo la levadura y barren su casa buscando la moneda perdida; jornaleros que esperan ser contratados al amanecer; labradores que siembran el trigo, que cosechan y limpian el grano quitando la paja; vecinos que llaman en la noche a pedir un pan que necesitan porque han tenido un imprevisto; pastores que pasan el día entero buscando una oveja perdida; hacendados que construyen grandes graneros para almacenar la cosecha; novios que se casan, vecinos que fallecen y son sepultados; etc... 

El lenguaje de su predicación posterior da a entender que el joven Jesús no vivió ignorante de su mundo, sino abierto a la realidad que vibraba a su alrededor; con esa apertura de mente y de corazón adquirió una sabiduría que no dan los libros sino la vida. En sus años de Nazaret escuchó la "música callada" de Dios que en el silencio compone la sinfonía de su Reino.  

Bautismo

El bautismo de Jesús a manos de Juan es un punto de inflexión en su vida. Sabiéndose preparado para la misión a la que ha sido enviado por el Padre Jesús decide salir del armario y dar a conocer su identidad de Hijo predilecto del Padre.

Comienza por alienarse en el grupo de los que acuden a Juan para recibir el bautismo de conversión que predica. ¿Tiene sentido que Jesús, que es Dios, que no tiene pecado, se deje bautizar por Juan? La única explicación está en que Jesús, que no conoce pecado, no es ajeno el sufrimiento del hombre pecador; se solidariza abajándose y a colocándose entre los que se saben necesitados de perdón y misericordia.  “Al que no conocía el pecado, (Dios) lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor 5,21).

La persona de Jesús, vista desde la perspectiva del Siervo de Yahvé, nos da pie a conocerle ya desde el inicio de su vida pública como aquel que será entregado por nosotros y por nuestros pecados (cf Gal 3,13); el mismo Bautista lo presenta a los suyos diciendo que es "el Cordero de Dios" (Jn 1,29), venido para ser siervo de los siervos, para cargar y liberar a la humanidad de la injusticia en que vive y de las maldades que le dominan.

Mi bautismo

La vida pública de Jesús se inicia con el bautismo de Juan, donde el Espíritu y el beneplácito del Padre, descienden sobre Él: “Tú eres mi hijo el amado, mi predilecto” (Lc 3,22). Luego de salir victorioso en las tentaciones o pruebas del desierto, iniciará su vida pública, un tiempo “que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hch 10,38), hasta culminar su vida en el bautismo de la Cruz. Había dicho a los suyos:  “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?” (Mc 10,38). Jesús, en la Cruz completa su misión en la Cruz entregando el Espíritu que bajó sobre él en el Jordán. . “A tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46)

El bautismo de Jesús me remite a mi bautismo, donde recibí el Espíritu Santo que me introdujo en el desierto de la vida cristiana. Hoy es un buen día para meditar si he asimilado la misión a que me llama el Espíritu, la de hacer mía la entrega de Jesús a la causa del Reino. ¿Estoy dispuesto a ser bautizado con ese bautismo con el que Cristo se bautizó?

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Enero 2025

Casto Acedo

 

sábado, 4 de enero de 2025

Epifanía del Señor (6 de Enero)



EVANGELIO Mt 2,1-12

"Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta...»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oir al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino"

Palabra del Señor

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Epifanía invita a contemplar y adorar al niño nacido en Belén. Los Magos de Oriente son prototipo del contemplativo que  en el silencio de la noche, descubre la luz de una estrella que le empuja a salir de la egolatría y a ponerse en camino dejando atrás las  seguridades mundanas. 

Como los Magos o buscadores de oriente, quien dedica tiempo a la contemplación hace su camino despojándose de apegos materiales y de ideas e imágenes preconcebidas de Dios,  se aleja del espacio donde cree ser alguien vaciándose de títulos y se deja llevar por la estrella del evangelio hasta encontrarse con Dios allí donde nunca le imaginó ni esperó: en la kénosis -anonadamiento, vaciamiento, nada- de Belén. Los magos, dejándolo todo atrás, abrazan la fe en Jesús como Dios (incienso), como Rey (oro) y como hombre (mirra), que eso significan los dones regalados al Niño.

Los Magos encuentran en el Misterio de Belén lo que todos buscamos, la sabiduría eterna y universal que es Jesucristo, Dios encarnado. La adquisición de esa sabiduría no exige adscribirse a ninguna tierra o tradición concreta. Por eso los Magos no se quedan en el lugar del encuentro; iluminados por la experiencia de Dios vuelven a sus  tareas comunes, a su lugar de origen. Lo único que cambia en ellos es su estilo de vida: "se retiraron cada uno a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). Ya no son buscadores de Dios sino adoradores; su culto a Dios no se limitará ya a unos tiempos y espacios concertados sino que va con ellos, enlazado a sus vidas; son "adoradores en espíritu y en verdad" (Jn 4,23).

Aquel a quien los Magos encontraron, no en la capital, Jerusalén, sino en las afueras de Belén, donde nadie lo esperaba, ¿no estará también hoy naciendo fuera de los muros de nuestras iglesias? Los magos nos enseñan con el Papa Francisco a construir una "iglesia en salida", a salir afuera de la institución; no para pescar y atraer a la pecera de la Iglesia de siempre a los nuevos conversos, sino para construir la misma Iglesia fuera de los muros  del tradicionalismo  institucional.  No es el mundo el que tiene que salvar la institución-iglesia afiliándose a ella; todo lo contrario: es la Iglesia la que está para salvar al mundo saliendo a los caminos y plantando las semillas del reino en los campos de la historia,  como hizo Jesús.

Dios no es nuestro, es de todos. Los Magos representan la variedad de razas y culturas. Como católicos (universales), el día de Epifanía es una invitación a abrir la mente y la conciencia, a no restringir la presencia de Dios a los espacios de nuestras iglesias. Hoy se nos está diciendo que hemos de superar nuestra particularidad religiosa y abrirnos a la universalidad. 

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A Dios se le encuentra allí donde se le busca. Los Magos salieron de sus recintos y se aventuraron a la búsqueda de Dios. ¡Qué gran signo para la Iglesia de nuestros días! ¿Permaneceremos en nuestros reinos haciendo lo mismo y esperando resultados distintos a los de siempre? ¿O saldremos a buscar en la noche que vivimos la estrella que nos lleve a Jesús?

Por exceso de cerrazón en sí misma  la religión instituida en Israel no fue capaz de reconocer al Mesías nacido en Belén. Más bien le puso obstáculos. ¿Cómo iba a nacer Dios en un establo?  No es propio de Dios mezclarse con gente baja, pensaron.  

Evitemos caer en el mismo error. ¿Cómo? Siendo sabios y practicando  la escucha. Haciendo silencio. Acallando nuestros esquemas y programas religiosos, guardando nuestros mapas y caminando en la noche, dejándonos llevar sin miedos por la estrella de nuestra búsqueda. Como dijo el poeta Luis Rosales. "De noche iremos, de noche / sin luna iremos, sin luna / que para encontrar la fuente / sólo la sed nos alumbra". Sólo la sed: la fe desnuda, la esperanza incierta, el amor imprevisto, la luz de la esperanza puesta en quien nos guía. Sólo esta sed nos alumbra. 

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Feliz día de Epifanía

4 Enero 2025

Casto Acedo 

 

Jesús, sabiduría de Dios (Domingo 5 de Enero)

 


TEXTOS BÍBLICOS


Primera lectura: "La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios" (Eclo 24,1)

Segunda lectura: "Habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos" (Ef 1,15-18)

Evangelio: "El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo" (Jn 1,9)

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El día de año nuevo todos nos deseábamos lo mejor. Pero ¿qué es lo mejor? Todos tenemos la impresión de saber muy bien qué es lo que nos conviene, lo más acertado para llevar una vida plena y gratificante. Pero, eso que deseamos ¿es realmente lo mejor? En nuestra lista de deseos para el año suele estar la prosperidad económica, el bienestar material, la salud, el amor correspondido, y toda una lista de aspiraciones personales que parece que cumplidas romperían la rutina del tiempo y nos situarían de golpe en la vida eterna.

No está mal desear, pero es un error poner la esperanza en unos deseos que por experiencia sabemos que no se van a cumplir. Piénsalo bien: ¿qué deseas?, ¿qué condiciones pones a la vida para ser feliz?, ¿crees que alcanzarás esos deseos?, ¿de qué depende su cumplimiento?, ¿no estarás pidiendo imposibles?, ¿de veras crees que va a confluir todo el mundo -economía, salud, circunstancias varias, personas, etc.- para que tus deseos se cumplan? Tus deseos los sueles poner en regalos externos que han de venir a ti. Este es el primer error: poner tu felicidad en tus éxitos cuando sabes que esos triunfos son fugaces; un buen día te abandonan los palmeros, la salud o los amigos te dan la espalda, y te vienes abajo. Aprendes entonces lo frágil que es la felicidad cuando se quiere cimentar en el aplauso ajeno.

La sabiduría verdadera es la que “hace su propia alabanza” (Eclo 24,1), no necesita palmeros que le regalen, porque ella misma es el premio.  ¿Tan torpes somos que no vemos que la virtud lleva el premio consigo? ¿Qué mejor premio para un estudiante que lo aprendido con el estudio? ¿Qué mayor regalo para un niño obediente que la adquisición de una disciplina de vida? ¿Qué mejor premio para un artista que la satisfacción y contemplación de su obra de arte? ¿Qué mayor gratificación pueden esperar unos amantes que la satisfacción  de su donación mutua? Cualquier regalo o premio que venga del exterior  es insignificante para el auténtico sabio.

La tradición cristiana enseña que la sabiduría de la que hablan las Escrituras del Antiguo Testamento es Jesucristo. no es otra que el mismo Jesucristo. “Nosotros -dice san Pablo- predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados — judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios”. 

“El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo”  (Jn 1,9). El Verbo es Jesús, Palabra hecha carne, Sabiduría divina. Quien le encuentra y le deja ser el eje de su vida ha encontrado la clave del verdadero éxito: vivirse uno mismo en profundidad, porque “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS 22)., en Cristo está la clave de la vida humana, la respuesta a todas tus preguntas. “En Cristo  están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.  (Col 2,3).  

Aprovecha estos primeros días del año nuevo, cuando los buenos propósitos se multiplican, para hacer un “despropósito”, algo que no está de moda: adentrarte en el conocimiento de la ciencia y la sabiduría que se oculta en la persona de Jesús de Nazaret. Es un propósito contracultural que escandaliza a muchos. Te advierto que la Sabiduría de Dios no es paliativa no te va a quitar la cruz; es realista, no idílica. Si de veras estás interesado en ella, pregunta, busca; hay mucha gente que ha iniciado su camino en grupos de estudio del evangelio, de intercambio de experiencias espirituales, de revisión de vida, de redescubrimiento de las celebraciones cristianas (liturgia), de silencio contemplativo, etc. "Buscad y hallaréis" (Lc 11,9). Seguir la auténtica sabiduría es una buena decisión para el año recién inaugurado.

Enero 2025

Casto Acedo  

 

domingo, 29 de diciembre de 2024

Santa María, Madre de Dios (1 de Enero)

 


EVANGELIO Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor

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Tres motivos festivos concurren en la celebración del 1 de Enero: La Solemnidad de santa María, Madre de Dios, la invitación a la paz, y el inicio de un nuevo año civil.


Santa María Madre de Dios

Desde el siglo VI se celebra en Roma la fiesta de la Virgen como Theotokos, Madre de Dios; fiesta que hace memoria del Concilio de Éfeso (año 431) que definió la maternidad divina de María. Madre de Dios es el título mayor, el más importante de María, del cual se derivan todos los demás títulos.

Si en la persona de Jesús confluyen en una sola persona (el Hijo) con dos naturalezas distintas (divina y humana), sin confusión, sin mezcla, pero también sin separación, es lícito decir que María es Madre de Dios. Esto no quiere decir, como pudieran creer algunos simplistas, que Dios no haya existido hasta nacer de María sino que del seno de María "no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen" (Concilio de Éfeso).

La fe en Virgen María y sus títulos no son autorreferenciales sino referidos a Cristo. No es grande María por sus méritos, sino por quien la ha engrandecido. "El poderoso ha hecho obras grandes por mí" (Lc 1,49). La encarnación de Dios en el seno de la Virgen es causa de gloria para ella y también para nosotros, ya que el hecho de que una mujer de nuestra raza sea Madre de Dios nos engrandece; además, el gozo de que María sea también “madre nuestra” en virtud de su maternidad divina es un motivo más para estar de fiesta

Orar por la paz

En el año 1968 el papa San Pablo VI, publicó un mensaje que comenzaba con estas palabras: «Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar 'el Día de la Paz' en todo el mundo, el primer día del año civil».

El libro de los Números recoge una preciosa fórmula de bendición para el pueblo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz”. (Nm 6, 25-26). La paz es concesión, dádiva, don, gracia de Dios. Esa paz la recibimos en Jesús, Príncipe de la Paz.

El año 1972 Pablo VI proponía para esta jornada: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”, porque “una Paz que no sea resultado del verdadero respeto del hombre, no es verdadera Paz. Y ¿cómo llamamos a este sentido verdadero del hombre? Lo llamamos Justicia”. Como Iglesia no podemos olvidar esto; la tarea de la Iglesia como Caritas no puede limitarse a dar bálsamo a las heridas de quienes sufren, sino ir a la raíz del sufrimiento, a las causas de la enfermedad y poner el remedio antes de que esta tenga lugar. El remedio, una vez diagnosticado el mal, se llama Cristo, “Él es nuestra paz” (Ef 2,14).

Año nuevo

Y ¿qué decir del año nuevo? Feliz Año. No es como tal una fiesta religiosa sino profana. Pero desde la encarnación nada de eso que llamamos profano queda al margen de Dios; la aparición del Hijo en la tierra que celebramos en Navidad rompe las fronteras entre lo divino y lo humano. Por eso la celebración de Año Nuevo tiene para el creyente mucho de religiosa. A quien cree en la Encarnación de Dios nada humano le es ajeno.

Nos deseamos felicidad en este día. Pero ¿qué felicidad nos deseamos? ¿La que viene de fuera de nosotros y pide sumisión (riquezas, honores, triunfo social)? No se espera un año feliz sentados en la poltrona y viéndolas venir sino activando en el corazón de cada uno la caridad, la práctica de la compasión y la misericordia. La esperanza es don, pero también tarea. Feliz año 2025.

Diciembre 2024
Casto Acedo

viernes, 27 de diciembre de 2024

Sagrada Familia (Domingo 29 de Diciembre)


COLOSENSES 3,12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.




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Crisis familiar

La opción por vivir en pareja recurriendo a un contrato matrimonial esta en franca decadencia; basta comprobar la disminución de bodas celebradas tanto en los templos como en los juzgados. No cabe duda de que vivimos un cambio cultural que afecta de lleno a la institución familiar.

De fondo tenemos el nihilismo (no hay nada sólido, no se puede confiar en nada) que envuelve nuestro mundo occidental, preñado de un individualismo que encumbra el “sólo vale lo que me agrada y apetece”, lo cual hace imposible el matrimonio tal como la tradición cristiana de siempre lo ha entendido. Para la fe cristiana el matrimonio es comunión (comunidad) y sacrificio (donación). Y poco valor  se concede hoy a esto.

La vida matrimonial y familiar, sea religiosa o no, requiere una espiritualidad, un modo de entender las relaciones de pareja, en la que el amor de donación gratuita ocupe el puesto más importante. Y no está de moda entre nosotros este amor en gratuidad. Lo que se lleva es el juego del amor interesado, “te doy para que tú me des” (do ut des); y esto es solo una caricatura del amor.

Amor cristiano

¿En qué consiste el amor que apellidamos cristiano y que es tan esencial a la vida en pareja y a una vida familiar sólida? La carta de san Pablo a los Colosenses, leída teniendo en cuenta el entorno histórico y cultural en que se escribe, nos da unas claves esenciales para la intelección y la renovación del matrimonio y la familia.

El apóstol se dirige a personas conscientes de ser “elegidos, santos y amados”, es decir, que tienen consciencia de ser seres agraciados con un amor inmerecido. Hay una felicidad y alegría interior en quien se sabe “santo y amado” que le dispone de modo natural a vivirse en donación. Y esa conciencia del amor recibido dispone al alma a dar el mismo amor. Bonum est diffusibum sui, el bien, por sí mismo, por su propia naturaleza, tiende a difundirse.

Desde el reconocimiento del valor de uno mismo a los ojos de Dios se pueden entender mejor las recomendaciones que siguen en la carta: “revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia”. El hombre viejo es movido por el interés, el egoísmo y las pasiones carnales; el hombre nuevo se reviste de Cristo y hace de su seguimiento el motor de su vida espiritual.

“Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra el otro”. ¡Como recuerda esta frase al acto por el que Jesús pide perdón en la cruz por los mismos que le han crucificado! Este ejercicio de ascesis es básico para madurez de la vida matrimonial y familiar. El amor conyugal y de familia requiere la decisión de perdonar, la “determinada determinación” y el entusiasmo necesarios para afrontar cuantos obstáculos se opongan a su realización. Sin esta voluntad es imposible el éxito en la vida familiar. Dios llama y ayuda, pero no hará por ti lo que tú puedes hacer. “El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo”; Dios no pide nada que Él mismo no haya hecho antes.

Y la pieza clave: “Por encima de todo eso, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”. A la ascética le sigue la mística. Si el esfuerzo por trabajar la comunicación y el entendimiento entre los miembros de la familia es importante, más lo es la meta a la que esos trabajos conducen: el amor, definido aquí como “vínculo de la unión perfecta”. Esto es precioso de saber y de vivir. El amor es la piedra angular de todo el edificio comunitario y familiar, y este vínculo no es otro que el Espíritu Santo, Dios-Amor obrando, vinculando, uniendo. Se trata de poner a Dios en medio de la familia.


Dos concreciones de la carta a los colosenses

1. ¿Dominio del marido sobre la mujer?  “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas". San Pablo va aquí a lo concreto de las relaciones familiares; y lo hace con unas palabras que se han de leer en el contexto cultural de la sociedad patriarcal de su época. 

No pasa desapercibida para la sensibilidad feminista de hoy la afirmación “mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos”. ¿Consagra esto algún tipo de superioridad del varón sobre la mujer? ¿No hay igualdad de dignidad entre esposo y esposa? Creo que no podemos extraer de aquí conclusiones descontextualizadas. Basta prestar atención a todo lo dicho con anterioridad para no caer en una lectura fundamentalista de esta frase.

También se dice a continuación: “maridos, amad a vuestras mujeres y nos seáis ásperos con ellas”, y si este consejo no vemos inconveniente en aplicarlo también a la mujer, ¿porqué no referir el primero también al marido? Un cristianismo del siglo XXI no puede caer en el error que en otros tiempos se cometió al justificar supuestas superioridades por razón de sexo o género. El sensus fidei -sentido global de un texto a la luz de toda la escritura- nos remite a considerar el trato y consideración dados por Jesús a la mujer, un trato revolucionario en su contexto. Y desde esa visión evangélica debemos leer estos últimos párrafos, que no apuntan sino a que se lleve a la práctica en la convivencia familiar todo lo que se ha expuesto antes: amor, compasión, perdón.

2. ¿Y los hijos? El texto sobre los hijos también habría que leerlo actualizando sus expresiones bajo el signo del amor: "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos".

La verdad es que hoy habría que cambiar los sujetos y predicados de la última frase: “Hijos, no exasperéis a vuestros padres, no sea que pierdan los ánimos”. ¿Cómo estamos educando a los hijos? Los padres de hoy se quejan de los adolescentes y jóvenes, también de muchos niños, que no se someten a la debida obediencia familiar, no es raro oírles decir  cómo les exasperan los hijos díscolos y cómo se ven impotentes para llevar a cabo una educación de los mismos renunciando a la violencia verbal o física.

Muchas veces no pueden evitar imponer su autoridad con el castigo. Este recurso último de la corrección mediante el castigo  ha hacerse siempre desde el amor, nunca desde la impaciencia o la ira. Cuesta tomar decisiones que de principio hacen sufrir al educando, pero más grave es dejar que el veneno de la indisciplina acabe por destruir la vida de aquel a quien queremos y tenemos el deber de educar. Aquí lo que se pide de nuevo es amor. Cundo amas no te equivocas. Dice san Agustín: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. Que sirva esta cita como  reflexión para los padres y educadores cristianos.

Dar gracias y ser siempre misericordiosos

En esta fiesta de la Sagrada familia, demos gracias por el inmenso don de poder disfrutar de  padres, hijos y hermanos. Y si no se tienen, o hay problemas de por medio, no dejemos de predicar y aspirar al “amor como vínculo de perfección”.

Y un apunte final: en la consideración de las nuevas situaciones familiares que hoy surgen no olvidemos el “principio misericordia”. Esmerémonos en respetar, escuchar y acoger a las las personas que viven situaciones familiares extrañas o difíciles; y siendo conscientes de que para una renovación de la vida familiar no basta nuestra ascesis, recurramos al “amor de Dios”; es bueno orar poniendo  en manos de Dios a todas las familias y todas las novedades familiares que nos salen al paso.

Feliz día de la Sagrada Familia

Diciembre 2024
Casto Acedo

martes, 24 de diciembre de 2024

Navidad y navidades (25 de diciembre)



EVANGELIO Lc 2,1-14


"Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:
«No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Palabra del Señor.

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Estamos en Navidad y no hay que ser un experto en sociología para darse cuenta de que el sentido genuino de la fiesta está siendo ninguneado por un ambiente brutalmente consumista,  teológicamente irrelevante  y  moralmente ajeno a los valores cristianos. Los medios de comunicación apenas hablan del Nacimiento; las navidades le están ganando la partida a la Navidad.

Hay muchas navidades (plural y en minúsculas): la navidad del sentimentalismo rancio y barato, la del turrón y el mazapán, la de la pandereta, la felicitación washap y el villancico hortera; las navidades del tradicional y obligado encuentro familiar, de la misa del gallo puntual, la de los viajes y la del premio gordo que reparte injusticias ante la mirada complaciente de los perdedores, la navidad de la superficialidad y el despilfarro, etc.

¡Cuántas navidades que ocultan más que desvelan la verdadera Navidad!, esa que hace memoria de Jesús de Nazaret y que de vivirse desmontaría de un plumazo las navidades de lo efímero y superficial. La tendencia social a volver a la celebración pagana en estos días choca de frente con el origen de la fiesta cristiana: la "peligrosa memoria" de Jesús.  “Memoria peligrosa”, llamó J. B. Metz al relato total de la vida del Niño de Belén, porque el recuerdo de su paso entre nosotros fue y sigue siendo peligroso. ¿Acaso es casual que nuestra cultura ningunee y tergiverse el sentido original del evangelio en sus relatos?

En  cierta manera es bueno que los relatos de la vida de Jesús no formen parte del engranaje publicitario de las fiestas navideñas. Sería anacrónico. La memoria de Aquel que entró en el templo derribando mesas de cambio y expulsando mercaderes, pondría en evidencia la falsedad del juego que tenemos entre manos. Imagino a Jesús entrando en unos grandes almacenes o en la sala de rodaje de un spot publicitario, derribando cámaras, arrasando decorados, empujando estantes de productos en oferta, provocando cortocircuitos en la iluminación, creando confusión en la conciencia de mercaderes y sacerdotes. Este Jesús  es un peligro que la cultura capitalista conoce y quiere erradicar. 

Contra el olvido y la edulcoración del nacimiento deberíamos recuperar la memoria del relato original. Cuando pasen estos días, ¿Recogeremos el Belén que adorna nuestra casa en y desmontaremos el árbol con nostalgia del pasado, como los de Emaús, decepcionados y resignados a la mala suerte? ¿Pasarán estos días y meteremos el belén y sus figuritas en sus cajas apartándolas  hasta el próximo año? ¿O desempolvaremos el evangelio para concederle el debido respeto y dignidad  al Niño?

Estos días tan propensos al acomodo y la alienación pueden ser una buena oportunidad para el cambio personal a la luz del evangelio. Sería maravilloso darse una oportunidad para vivir una Navidad alternativa, evangélica, donde la memoria de Jesús se cruce con nuestra vida personal y comunitaria eclesial y social. Para ello debemos  buscar el mensaje oculto bajo los llamativos regalos que cuelgan o descansan a los pies del árbol; o mejor, despojar el árbol de abalorios y quedarnos con su tronco abrupto y duro. El árbol de la Navidad es el árbol de la Cruz. La grandeza de Jesús comienza en la pequeñez del establo y culmina en la ignominia de la Cruz. Entre ambos momentos hay una historia que revoluciona al mundo y que el mundo quiere acallar. Nuestras navidades están necesitadas de profetas que pongan en el centro la Navidad, la esperanza de un mundo nuevo según el testimonio de Jesús, el niño del Belén.


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Un buen consejo: aprovechar el parón y las vacaciones de Navidad para mirarte en Jesucristo, el Salvador-libertador; haz memoria de su vida y sus enseñanzas; recuerda su capacidad para compadecer y amar a todos; haz memoria de Jesucristo, el profeta amado, venerado, perseguido, crucificado y resucitado de entre los muertos, valedor de los pobres y que Él mismo “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”.


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https://drive.google.com/file/d/1A-8_b2QDXA8tYDDPt0_yuO8VxRZoJTTH/view?usp=sharing

¡FELIZ NAVIDAD!

Diciembre 2024

Casto Acedo. 

jueves, 19 de diciembre de 2024

El encuentro (IV Adviento. Domingo 22 dic)


EVANGELIO  Lc1,39-45.

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Palabra del Señor. 
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El pasaje del evangelio de hoy pone ante nosotros a María e Isabel, dos mujeres sabias, que han encontrado a Dios en sí mismas y se han encontrado a sí mismas en Dios; y con Él han aprendido la lección de que sólo el amor de Dios es importante.

Hacia ese amor caminamos, como María que llena de amor corre a encontrarse con Isabel. La palabra encuentro puede servirnos hoy como clave de reflexión y meditación. Navidad y encuentro son palabras hermanas. ¿No se ve clara esa relación en el gozo que desbordan María e Isabel en el encuentro de la visitación?

A unos días de la celebración de la Navidad, ¿cómo prepararme para que no se me escape el misterio de ese día? ¿Cómo implementar mi encuentro con Dios?

1. Lo primero y más importante es trabajar mi interioridad, el encuentro conmigo mismo. Para conocerme he de empezar sabiendo quién soy. María se definió a sí misma como “esclava del Señor”, servidora. Podríamos decir que es como si dijera “soy espacio para Dios”, vacío que aspira a ser llenado por Él, disponibilidad absoluta. “Hágase en mí según tu palabra”, dice,  y Dios ocupa el espacio que se le ofrece. Si considero que mi interioridad, como la de María, es un espacio para Dios, está claro que debo vaciarme de todo lo que impide  mi encuentro con Él.  Por eso debo preguntarme qué cosas esclavizan mi vida y no me dejan ser yo. Porque, si mi corazón está lleno de mentira, de maldad e increencia, ¿cómo podrá entrar Dios en mi vida? Primer paso para que Dios me encuentre: vaciarme de lo que estorba el señorío de Dios en mi vida.

2. Una vez purificado por el perdón de Dios su amor me llevará al encuentro con los otros. La experiencia de Dios-dentro es mágica, como la Navidad, y consigue que personas alejadas puedan reconciliarse, que quienes se desconocían puedan reconocerse, que parientes y amigos cuyo amor enfrió el tiempo y la distancia vuelvan a abrazarse. Si contemplas la escena de la visitación verás que la alegría de Dios que María e Isabel llevan muy dentro explota en alabanzas, cánticos y acción de gracias. Aún no ha llegado el día del nacimiento de Juan ni el de Jesús, pero ya se saborea la felicidad que produce la espera. Es la alegría de la esperanza (cf Rm 8,24). El encuentro se disfruta incluso antes de que se produzca en su concreción.

3. Y un tercer encuentro a trabajar estos días es el encuentro con Dios, o mejor el encuentro de Dios con nosotros, la apoteosis de la Navidad. A este encuentro se puede acceder en el encuentro con  los hermanos. Al prójimo se llega se llega desde Dios y a Dios desde ellos. Con la irrupción de Dios en la historia se rompe la barrera que separa lo profano de lo sagrado; pero no porque todo sea profano, sino porque ya todo es sagrado, con su irrupción en la historia Dios lo llena todo: la lengua, la cultura, los espacios, los tiempos, las personas, etc. En un mundo tan materialista y consumista, tan proclive a olvidar lo divino, un consejo: equilibra y procura no olvidar que más importante que la cuna o el pesebre, más importante que la Madre y las demás figuras del Belén, es el Niño. Sin Él todo queda vacío. Primero Dios. Sin Niño no hay Navidad.

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Quedan pocos días para Navidad:

Si andas perdido, vacíate de mapas engañosos y deja que Dios escriba en ti sus caminos; si últimamente andas queriendo no saber nada de nadie, o de alguien en concreto, mira a quienes te rodean, que son imagen de Dios como tú y merecen ser amados; y si has perdido el sentido del Misterio, déjate embaucar por Él. Si aprendes que “Dios es” y lo dejas ser en ti y en los hermanos te darás cuenta de que todo lo demás carece de importancia.

Diciembre 2024
Casto Acedo

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...