jueves, 21 de noviembre de 2024

Sobre la verdad (24 de Noviembre)

 

EVANGELIO

Jn 18,37-38

Dijo Jesús a Pilato: «Mi reino no es de este mundo». ... Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.». (Pilato le dijo: «Y ¿qué es la verdad?»).

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No recoge el evangelio de hoy la pregunta entre irónica y escéptica que Pilato dirige a  Jesús cuando éste se llama a si mismo "testigo de la verdad": “¿Y qué es la verdad?”, apostilla el procurador.

El tema de la verdad es delicado. La mentalidad hoy dominante sólo admite una verdad, la de la ciencia, e incluso esta verdad es puesta en duda hoy por la física cuántica. Preguntas a alguien si hay verdad y te dice: “no hay verdad, hay verdades, ... y posverdades”, la tuya y la mía, la de cada cual, que puede ser cambiante; donde hoy es digo mañana es diego. Se ha puesto de moda una verdad elástica y moldeable, la post verdad o verdad líquida, que se amolda al gusto del envase del ego. 

Así que "no hay verdad", se dice;  ahora bien, eso que se dice, ¿es verdad?. Porque si no hay verdad ni siquiera se puede decir con verdad que no la hay. Y si no hay verdad, no  hay justicia, ni amor; porque no hay un bien y un mal verdaderos. Y llegados a este punto cada cual se lanza a vivir desde su egoísmo personal. El relativismo de la verdad está haciendo mucho daño.

Como cristianos creemos que hay una “Verdad absoluta”. Pero esa verdad no es una teoría, ni una idea, tampoco una ley o una doctrina; la verdad es una persona: Jesucristo. Él dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).  Su reino es el Reino de la verdad, la bondad y la belleza, todas con mayúsculas (absolutas). "Para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad".  ¿Cómo podemos conocer la verdad de Dios? Mirando a Jesús. “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). 

Los reinos mundanos se construyen bajo la sombra de la mentira. "Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, ... Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. ... ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo?" (cf 1Jn 2.18-22). ¡Qué gran enseñanza!: es un mentiroso quien niega la Verdad que es Cristo, Dios hecho hombre. 

«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». (Jn 8,31-32). El Reino de Dios no es ni una ley ni un discurso, es sabiduría de vida; sólo quienes lo viven pueden entenderlo. Si quieres entender el Reino no te queda otra escuela que la de la Palabra y la Vida.  La Vida es la única Verdad absoluta. Cualquier lectura o interpretación acerca de ella se queda corta para expresarla. 

“Ha llegado -decía Jesús-, está cerca el Reino de Dios”. Pero ¿qué es o en qué consiste el Reino? Incluso a Él le resultó difícil traducir a conceptos su mensaje. Para darse a  entender echó mano de parábolas (“el Reino de Dios se parece a...”), porque los discursos son insuficientes. La Vida de Jesús, el Evangelio, es la gran parábola.  Sólo adentrándome en ella encontraré la Verdad del Reino de Dios.

¡Venga a nosotros tu Reino! ¡Venga tu gracia! ¡Venga tu amor!, Señor.

¡Feliz Solemnidad de Cristo Rey de la Verdad!

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Un comentario más amplio en:

https://blogdecastoacedo.blogspot.com/2018/11/rey-de-la-verdad-y-el-amor-cristo-rey.html

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Noviembre 2024

Casto Acedo.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Sobre el final (17 de Noviembre)


EVANGELIO  
Mc  13,24-32.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

-«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. 

Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 

Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

¡Palabra de Señor!

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Cuando se escuchan evangelios como el de hoy solemos deprimirnos un poco. Hablan de cosas terribles.; y no nos gusta escuchar palabras que producen miedo. Si el evangelio es buena noticia, ¿cómo compaginarlo con anuncios tan horrendos?

La sabiduría del evangelio, el sensus fidei lo llaman los expertos, nos aclara las cosas. Hay en la Biblia una serie de textos que llamamos “apocalípticos”, que no quiere decir catastróficos sino reveladores. “Apocalipsis” significa “revelación”. No son textos pare ser leídos al pie de la letra (cosa que sí hacen los fundamentalistas religiosos, que los aprovechan para manipular con el miedo a las personas) sino que encierran un mensaje de esperanza que se puede extraer de ellos

De principio, los textos que hablan del final de los tiempos muestran algo tan simple como que “la historia tiene un fin”, algo que podemos mirar desde dos puntos de vista: como un fin de destrucción, de desaparición y de paso al vacío y la nada, un final temporal en toda regla; o como una finalidad, es decir, que la historia tiene una meta a la que apunta, y que completa el camino recorrido con anterioridad.

Si miramos el final o el fin desde la Biblia podemos ver que ésta no pone su acento en que todo termina y se acaba, en que todo desaparece, sino que todo alcanza su punto omega de perfección. Así lo indica el libro del Apocalipsis en sus últimos capítulos: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, ... Dios  enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.  Y dijo: «Mira, hago nuevas todas las cosas»". (20,1.4-5)

Se dice que uno de los mayores males de la Iglesia actual es que se ha desconectado de la vida de las personas. Y uno de los motivos puede estar en que hemos predicado tanto sobre el final catastrófico del mundo y de la humanidad, hemos reducido tanto la espiritualidad a un “terrible juicio final”, que se ha desdibujado la dimensión práctica de la sabiduría cristiana. Con el evangelio de hoy ganamos más leyéndolo para el presente que proyectándolo en un futuro más o menos cercano.

¿Qué sabiduría práctica de vida se oculta  tras el apocalíptico anuncio catastrofista de hoy? Lo primero: que las crisis son inevitables. “En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán”. Entro en angustia, todo se tambalea en torno a mi, sólo veo oscuridad, lo que antes me daba luz no me ilumina, los faros que me orientaban en la tormenta se han derrumbado, no me siento firme, todo se tambalea bajo mis pies. ¿Te suena? Estás atravesando una crisis, pasando por la noche, diría san Juan de la Cruz. Tienes ante ti un reto: mantener la fe, atravesar tus sombras, aguardar con paciencia el amanecer; porque “entonces verás venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos. Cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta”. ¿Ves?, al final del túnel no está el agujero negro sino la luz de Jesús, el Hijo del hombre, la esperanza. Tú estás entre los elegidos que serán reunidos en la luz.

Lo que pretende el texto evangélico de hoy es algo tan simple como hacerte ver la gloria de Dios como lo único que te queda al final (el único fin de la vida, el destino natural de tu historia). Merece la pena que abras los ojos a la realidad de la muerte y del fin, porque ahí se desvela la vacuidad de la vida asida a lo perecedero. Puede que contemplar lo caduco que es todo lo que has valorado importante hasta ahora te haga entrar en crisis, pero esa crisis es una oportunidad para que decidas a pasarte al lado correcto de la vida. Las descripciones catastrofistas  son sólo la cruz de una moneda cuya cara es el amor de Dios, como lo deja ver la primera lectura de hoy, del libro de Daniel, cuando dice que, ahora y al final, cuando todo se hunde, “los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (Dn 12,3).

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Te aconsejo leer esta semana la segunda carta del apóstol san Pedro. Es toda una llamada a decidir qué camino tomar cuando llega el terremoto de la vida y todo se tambalea. “Si todas las cosas van a desmoronarse, ¡qué conducta tan santa y tan religiosa deberá ser la vuestra mientras esperáis y apresuráis la venida del día de Dios!” (2 Pe 3,11). Solemos optar por el camino equivocado, que es el de aferrarnos, atarnos, apegarnos a lo perecedero (poder, dinero, fama, …), cómo queriendo prolongar eternamente la situación de agonía; pero sabemos que la dirección a tomar es otra: despojarnos de todo lo que es caduco por naturaleza. Y ponernos en manos del único que puede garantizar la vida: “Mientras esperáis estos acontecimientos (del final) procurad vivir en paz con Dios, … considerando como salvación la paciencia de nuestro Señor” (3,14-15).

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Un comentario más amplio sobre la Palabra de hoy en:

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Noviembre 2024
Casto Acedo

jueves, 7 de noviembre de 2024

Sobre el valor de las obras (10 de Noviembre)

 

EVANGELIO 
Mc 12,42-44

"Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»".

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Sorprendente la mirada de Jesús. Tal vez sea esta la lección central del Evangelio de hoy: su mirada. Todos están pendientes del espectáculo que proporciona el cepillo del templo. “Muchos ricos echaban mucho”, dice el evangelista. Se supone que se pavoneaban al hacerlo, ya que, como dice antes el mismo evangelio acerca de los escribas, “les encanta pasearse con amplios ropajes, … buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes”. Y por supuesto, disfrutan viendo cómo la gente les admira por los dineros que, con evidente soberbia, dejan caer en la urna de las monedas. 

En nuestra "sociedad del espectáculo”, para ser alguien tienes que hacer ostentación de poder y prestigio, ser una persona admirada, conocida y reconocida por todos, famosa por algo. De lo contrario no eres nadie, porque tendemos a valorarnos y a valorar a otros por lo que tenemos o por la magnitud de las obras que hacemos. Admiramos a los grandes mecenas que, poseedores de una gran fortuna, hacen donaciones millonarias para hospitales e instituciones benéficas. Los grandes capitales y los bancos más solventes suelen presumir de tener unas fundaciones benéficas que son la admiración de quienes las conocen.

Pero el evangelio de hoy no oculta el engaño y la mentira que puede ocultarse tras la presunción de riqueza y poder. La sociedad del lujo y la ostentación es incompatible con la fe, la fraternidad y la gratuidad cristianas. “Devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones”, dice Jesús de los cultos e influyentes escribas. Aparentan. Los hijos de una sociedad así son pura apariencia. Tras el brillo del oro se oculta la podredumbre de la injusticia (cf Mt 23,27).

Lo que da valor a la persona no es lo que tiene, y ni siquiera lo que hace. No se mide la santidad por el hacer o el poseer. Si así fuera, los grandes magnates, que hacen cosas espléndidas y buenas -no niego el beneficio objetivo que sus obras puedan reportar-, serían por decreto más santos que mi vecino o mi vecina, trabajadores, sencillos, humildes, pero cuyas obras no merecen una reseña en la prensa.

El místico medieval M. Eckhart acierta al decir que "la santidad se debe fundamentar en el ser, porque las obras no nos santifican a nosotros sino que nosotros debemos santificar a las obras".  Así es. En el caso de la viuda que echa en el cepillo “dos monedillas”, que era “todo lo que tenía para vivir”, aprendemos que la santidad no la hace la obra sino la intención, y en este caso la generosidad de la viuda supera con creces el valor de los más sonados donativos. "Esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie, ... ha echado todo lo que tenía para vivir", su generosidad y desprendimiento absoluto  santifican su obra.

Jesús no ama tus obras sino tu persona, no te quiere por lo que haces sino por lo que eres, no te valora por tus obras sino por la intención que te mueve a hacerlas. Así es, aunque a algunos les suena a tópico, y otros lo usan como justificación, "lo que cuenta es la voluntad";   la "buena voluntad".

La mirada de Jesús es contemplativa, no se deja seducir por el engaño de las formas, no se queda en las apariencias sino que va al corazón de las cosas (cf 1 Sam 16,7). Así de divina fue su mirada en el templo aquel día; todos estaban abducidos por el aparato propagandístico de los ricos e influyentes; sólo Él oyó la música celestial de las “dos monedillas” de la viuda cayendo en el arca de las ofrendas. Tenemos mucho que aprender de Él. Y de ella.

Noviembre 2024
Casto Acedo 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Sobre el amor (3 de Noviembre)

EVANGELIO Mc 12,28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: -«¿Qué mandamiento es el primero de todos?» 

Respondió Jesús: -«El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos"».

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Este domingo no podemos eludir una reflexión sobre el amor, un tema a la vez simple y complicado. ¡Cuánto se ha dicho y escrito sobre el amor! Sin embargo, el verdadero amor no se puede encerrar en palabras y discursos. 

El evangelio dice que “Dios es amor”, y es verdad; pero hay que precaverse de que la frase no funciona al revés. El amor no es Dios. En este caso encerramos a Dios en un concepto, o lo que es peor, a un modo de comportamiento, una moral, una ley; reducción de la religión a simple norma. 

San Juan de la Cruz sentencia que “el mirar de Dios es amar”, sustituyendo el sustantivo "amor" por el verbo "amar". Para evitar reduccionismos morales, ¿no es mejor decir que "Dios es amar", un verbo activo más que un concepto pasivo?

1.- Amar es escuchar a Dios,  advertir su presencia amorosa. Para ello es preciso disponerse abriendo los oídos y los ojos: "¡Escucha Israel. El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”. Es el primer mandamiento del mandamiento de Jesús: ¡Escucha! Pon tu atención en el Único. No amas porque hay demasiado ruido en ti, demasiado barro en la mirada, demasiadas ideas, creencias, irreductibles convicciones propias, … demasiados dioses. Tantos ruidos impiden el silencio que necesitas para acoger eficazmente la Palabra de Jesús y detectar donde has de actuar tu amor. ¿Recordáis la parábola del sembrador y la semilla? Si no hay tierra buena, si no hay escucha, si no hay oración, si no dedico tiempo a contemplar quién es Dios, no puede arraigar en mí el amor. Escucha, pues, la voz de Dios en tu corazón; este el prefacio del amor.

2.- “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. Este es el grueso del mandato. Lo dice el título de este blog: Primero Dios. Poner tu pensamiento, tu sentimiento y tu voluntad en Dios. Parece poco práctico, ¿no es mejor lo del amor al prójimo? "Amar al prójimo" se supone más práctico que "amar a Dios", pero ¿serías capaz e amar a tu prójimo sin que antes nazca en ti el sentimiento de pertenencia a una misma familia? ¿Y quién sino Dios te hace hermano de toda la humanidad? Tomar conciencia de la presencia de Dios, amarle y reconocerle es un punto de apoyo imprescindible para amar cuando los propios sentimientos te invitan a pasar del prójimo. Del conocimiento de Dios-amor nace la compasión universal, el amar a todos los hermanos y a todas las creaturas.

3.- "Amarás a tu prójimo”. Es la parte que mejor nos sabemos, pero ¿la vivimos? Nuestro amor a Dios, nuestro progreso en la vida espiritual, la calidad de nuestra vida de oración y participación en los cultos de la Iglesia, se mide con este termómetro: ¿cómo andan mis relaciones con mi esposo o esposa, mi pareja, mis amigos, mis compañeros de trabajo, los marginados, etc.? La práctica del amor al hermano verifica si mi amor al Padre Dios es genuino. A todo padre le gusta que sus hijos se amen con el mismo amor con que él los ama. Despreciar al hermano es despreciar a Dios.

4.- Y, finalmente “ama a Dios y al prójimo… como a ti mismo”. Solemos leer  el “como a ti mismo” dándole un sentido de máxima exigencia; pero el adverbio “como” más que un aldabonazo a la conciencia y al esfuerzo es una constatación: al prójimo y a Dios sólo lo amas en la medida en que te amas a ti mismo; y con el "a ti mismo"  no nos referimos al “amor egocéntrico” o egoísta, sino al amor genuino a tu misma persona, el amor a tu vida, a tus circunstancias, tus capacidades, tu suerte de estar en el mundo. ¿En qué medida te valoras?, ¿cómo de importante te consideras?, ¿estás  satisfecho con tu vida?. Porque si no te quieres a ti mismo no serás capaz de amar a los demás; y, por supuesto, no amarías a un Dios que te da una existencia que odiases. 

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Lee el mandato del Señor de atrás para adelante: comienza por conocerte en lo que eres, una persona amada de Dios, un hijo suyo, y ámate a ti mismo; ama tu vida, tu vocación. tu trabajo, tu familia, tu físico, ama todo lo que eres. Mira a los hermanos con amor, con el mismo mirar de Dios, que es “amar”; ama a tu prójimo como Dios lo ama, sin prejuicios ni discriminaciones, con amor bondadoso y  compasivo. Y para conseguir todo lo dicho pon a Dios primero, ama a Dios por la bondad que te ha mostrado al hacerte su hijo y darte el regalo de la familia de hermanos con quienes vives y convives; y no dejes de pararte cada día a hacer silencio para que, en medio de las tareas que te ocupan, puedas escuchar la voz de Dios que te dice: "Yo te amo, tú eres mi hijo, mi hija; me complazco en ti". Dios te ama,  merece la pena amar.  

Noviembre 2024

Casto Acedo

jueves, 17 de octubre de 2024

Sobre el servicio ( 20 de Octubre. 29º Ord B. DOMUND)


EVANGELIO, Mc 10.35-45

Se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

¡Palabra del Señor!

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¿Qué buscamos en la Iglesia al compartir en grupos de fe, al recibir los sacramentos, al dedicar tiempo al estudio de la Biblia? ¿A qué aspiramos cada domingo yendo al templo a celebrar la Eucaristía? ¿Qué esperamos de Dios? Es conveniente reflexionar esto; porque puede que nuestro afán  religioso esté más interesado en servirnos de Dios que en servir a Dios.

Los primeros seguidores se sintieron bien con Jesús. Su proyecto de establecer el Reino de Dios les fascinaba; aunque al principio su percepción del reino estuvo equivocada: “Disputaban entre ellos quien sería el primero en el reino” (cf Lc 22,24); Santiago y Juan, los discípulos más impulsivos tuvieron incluso el atrevimiento de solicitar directamente a Jesús los primeros puestos: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Estas aspiraciones de los Zebedeo quebraron la convivencia pacífica entre ellos; el grupo de discípulos, más que ejemplo de cordura, llegó a parecer un ´juego de tronos´: “Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”.

Jesús aprovecha para dar una enseñanza que hemos de situar en la base de su modo de entender la vida: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor”. Él ha venido a “servir y no a ser servido”, y espera la misma actitud en quien quiera ser su discípulo. 

La lección del servicio la da Jesús con su palabra, pero sobre todo con su estilo de vida. Es una lección para todos: 

*Para la Iglesia universal, y en especial para quienes ocupan cargos de responsabilidad y viven de cerca la tentación de dejarse llevar y encumbrar por la adulación de otros; quienes ejercen un ministerio en la Iglesia no deben olvidar nunca que son "siervos de los siervos de Dios". 

*Lección para cualquiera que se pretenda discípulo de Cristo. Todo cristiano ha de considerar que servir es un  privilegio y un un honor. La cualidad más destacada en los santos  es la del servicio en humildad y la disponibilidad para dar la vida.

*Las palabras y el ejemplo de Jesús son también referencia modélica para quien quiera conducirse en la vida por el sabio principio del amor compasivo, punto de encuentro y confluencia de toda ética y toda moral profana o religiosa.

*Y para un mundo en guerra Jesús indica que el único camino para la paz  es el de la humildad, el encuentro desde abajo en el desarme, tan alejado de la dolorosa realidad actual, donde “los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y los grandes los oprimen”. ¡Qué poco han cambiado las cosas desde aquellos días en que Jesús pronunció esta sentencia! La locura del poder que lleva a la guerra hace imposible la cordura del servicio que conduce al acercamiento y la paz.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son parte esencial para entender la dinámica de la fe cristiana, que no es otra que la del paradójico camino de subir bajando: “el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”; como diría san Ignacio de Loyola: "en todo amar y servir". 

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El día del DOMUND (Domingo mundial de la propagación de la fe) que se celebra hoy es una oportunidad para tomar conciencia de la vocación de servicio a la que llama Jesús. No hay mejor forma de evangelizar que la del testimonio; tal como hizo Jesús, que no vino “para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

Cristo se da a sí mismo en rescate; se hace alimento para el mundo: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros y por muchos”.  ¿Qué es evangelizar? No es otra cosa que imitar a Jesús,  participar en su abajamiento y su entrega,  en su servicio. Las técnicas y modos de evangelización confluyen en esto:  Imitar a Jesús y a acercar su persona a todos de modo que también sigan su ejemplo. En el DOMUND 2024  la Iglesia  nos llama a participar en la mesa de los servidores, al lugar donde el servicio de la humanidad se hace uno con el servicio eucarístico de Dios. “Id e invitad a todos al banquete”.

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Un comentario más amplio y con otro enfoque en:

Octubre 2024
Casto Acedo

jueves, 10 de octubre de 2024

Sobre las riquezas (13 de Octubre, 28º Ord B)


EVANGELIO. Mc 10,17-22

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Palabra del Señor

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Todos somos ricos. Y no me refiero a poseer abundancia de riquezas materiales. Me refiero a que todos tenemos “posesiones”, apegos o aferramientos al dinero, al cargo, a la consideración social, a las ideas propias, a las creencias, a una imagen idealizada de sí mismo, etc.

Este aferramiento a cosas que no soy yo (me bastaría con saber y sentirme “hijo de Dios”) hace vivir en la jactancia de mis creencias, en la soberbia del cuanto más tengo más soy, en la envidia de poseer lo que otros poseen, en la ira de pensar que los demás me están robando, en la avaricia enfermiza de querer tener más y más cosas, más estatus social, más prestigio, más admiradores, etc.

El miedo a no tener lo que ambiciono, o a perder lo que ya tengo, me hace ser un insatisfecho crónico. Quiero ser feliz y no puedo. Y acudo a Jesús preguntándole cómo. "¿Qué haré para heredar la vida eterna?",  ¿qué tengo que hacer para ser plenamente feliz?

Jesús me deja ver que para ser feliz no basta con cumplir unos mandamientos cuyos estándares morales se definen sobre todo por la abstención del mal: “no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Para vivir una vida cristiana en plenitud, ¿basta con "no hacer el mal"? Evidentemente no. “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”, ¿por qué no soy feliz?.

Si tengo de todo, ¿por qué no se calma mi ansiedad vital? Quizá sea porque el apego afectivo a ese "todo" ata mis alas. Jesús invita a romper las cadenas, que  no son las riquezas en sí mismas sino el aferramiento a ellas. El apetito, el deseo de poseer, es el hilo invisible que ata. ¡Qué bien lo describe san Juan de la Cruz al hablar de quien opta por la “desnudez de los apetitos y gustos"!:
“No tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella” (1 S 3,4) .
A quien le preguntó sobre cómo llegar a la alegría de la unión con Dios (la vida eterna) Jesús le responde: suelta los apetitos de tu alma; "anda, vende lo que tienes". Ante esta sabia propuesta el personaje que se acercó a Jesús “frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico”. El "gusto y apetito" de las riquezas frustró la vocación al seguimiento del Maestro.

“Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría”, proclama hoy en la primera lectura (Sb 7,7-11) Leyendo bajo su luz el evangelio podemos decir con el ya citado san Juan de la Cruz que “si purificares tu alma de extrañas posesiones y apetitos, entenderás en espíritu las cosas; y si negares el apetito en ellas, gozarás de la verdad de ellas entendiendo en ellas lo cierto” (Avisos, 49).

¿Cómo saber si estoy o no apegado a mis riquezas? Lo averiguaré por el modo de encajar esta sentencia: "vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres". Si entro en pánico de sólo pensarlo ya sé que me queda un largo camino por recorrer; muchos hilos que cortar. 

Saca las conclusiones necesarias para tu vida. ¿Qué hilos te atan y te impiden volar? ¿Qué cosas te urge soltar para seguir libremente a Jesús? No se puede nadar y guardar la ropa.

Buen domingo.

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Para un comentario más amplio sobre los textos de hoy:

jueves, 3 de octubre de 2024

Sobre el divorcio (6 de Octubre. 27º Ord B)


EVANGELIO Mc 10,2-9

Unos fariseos dijeron a Jesús: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»

Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Palabra del Señor.

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Hablar de divorcio en y desde la Iglesia es complicado. No es fácil entender los entresijos del amor y el matrimonio cristianos cuando el tema se enfoca más desde los sentimientos que desde el acontecimiento de amar y la decisión de comprometerse. No es extraño que una sociedad de moralidad fragmentada y acomodaticia como la nuestra, donde Dios ha pasado a segundo plano, no tenga mucho sentido el compromiso de amor para toda la vida. 

Un punto clave y clarificador es entender que el matrimonio es una vocación para la que Dios da su gracia. En el evangelio de san Mateo, cuando Jesús dice que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, los discípulos responden: “si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse”. Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don” (Mt 19, 10-11). ¿Qué don? El don de la fe y el don del "amor de Dios", la  gracia de Dios que puede hacer posible la entrega mutua total y para siempre. El amor es más un don que una conquista; también el matrimonio.

No es fácil mantener la fidelidad para siempre cuando hay tormentas que amenazan con hundir el barco; se necesita la fuerza de la gracia de Dios que apuntale a la naturaleza humana para mantenerse a flote. Deberíamos dar gracias a Dios cada día si hemos recibido ese don y no juzgar a quienes no tienen ese privilegio.

Los tiempos están pidiendo una purificación de fe acerca de la familia y el matrimonio cristianos que debería ir visibilizándose en determinadas actitudes; anotamos algunas:

* No mirar con desdén o mala cara ni juzgar a quienes viven situaciones de divorcio. La separación matrimonial y el divorcio no son una alegría para quienes lo sufren; quienes crean que un divorcio es una fiesta deberían preguntarse hasta qué punto les tiene subyugado su propio moralismo. Los divorciados o en trance de ello necesitan más de nuestro apoyo que de nuestras críticas.

* La mejor forma de trabajar por la fidelidad consiste en procurar que Dios sea el centro de nuestra vida y que ocupe un lugar de excelencia en los entresijos de nuestras relaciones humanas. Hacen falta testigos humildes, que todos puedan ver que si mi vida familiar es ejemplar en algo no se debe a mis magníficas cualidades  sino a la gracia de Dios que hace en mi posible lo imposible. Dios no niega el don del amor y la fidelidad a quienes le suplican sinceramente.

* Evitar hacer una lectura legalista o condenatoria de las sentencias de Jesús sobre el tema. Con las palabras evangélicas de hoy no pretende Jesús condenar a los divorciados sino orientar hacia el amor más sublime, el amor original  que entronca con el ser de Dios y del hombre "al principio de la creación". La condena de Jesús es para los fariseos, que hacen del tema del divorcio un divertimento para pillarle  en alguna incoherencia.

No olvides nunca que tras las situaciones de ruptura matrimonial y divorcio se esconde mucho sufrimiento fruto de fracasos y decepciones dolorosas vividas en la convivencia. Acoge a los divorciados y no seas duro con ellos; no eches más leña al fuego; procura escuchar y acompañar, mostrándoles así que el amor y el perdón aún son posibles. Y si has recibido el don del sacramento del matrimonio, da paso cada día a Dios en tu relación de pareja. 

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Un comentario más amplio al evangelio de hoy en:

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Octubre 2024
Casto Acedo 

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