viernes, 12 de enero de 2024

Elí y Juan Bautista, guías espirituales (Domingo 14 de Enero)

 

PRIMERA LECTURA
1 Sam 3,3-10

...Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."»
Samuel fue y se acostó en su sitio.
El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha.»

EVANGELIO
Jn 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús.
Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

* * *

"De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre". Así reza un himno de la liturgia de las horas   cuya antífona se repite una y otra vez proclamando que “la noche es tiempo de salvación”.(1) 

San Juan de la Cruz, en sus escritos místicos, elevó a categoría espiritual la idea de la noche. Hay quienes ven la noche como algo negativo, deprimente, oscuro. Sin embargo, el santo carmelita no ve en ella una desgracia sino una oportunidad; la noche es sobre todo un tránsito, un paso que purifica y potencia la fe y desemboca en la luz del amanecer; la noche está preñada del triunfo final que es de la Luz.

En la noche recibe Samuel la llamada de Dios. Y en una noche espiritual recibieron los primeros discípulos la llamada a seguir al Señor. En ambos casos no hay detrás una situación vital que comienza a hacer agua y necesita un cambio. En las crisis personales o sociales Dios purifica y nos abre a la fe. Como Samuel y los discípulos del Bautista son muchos los que buscan a Dios en el  tiempo de crisis espiritual que vivimos. ¿Qué respuesta estamos dando a su búsqueda?

* * *


Elí y el Bautista

Tanto la primera lectura como el evangelio de este domingo invitan a meditar y hablar sobre la llamada de Dios y su respuesta como seguimiento. Para reflexionar sobre ello solemos fijarnos en los protagonistas:  Samuel en el Antiguo Testamento  y los primeros discípulos en el Nuevo.  Hay en los textos otros personajes, como Elí y Juan Bautista, a quienes no solemos tener suficientemente en cuenta para este tema.  Sin embargo tienen un papel importante como facilitadores del encuentro y seguimiento de Jesús. 

Para ello hubieron que renunciar al protagonismo y desprenderse de  sus discípulos aventajados haciéndolos espirituales adultos y autónomos. Tanto Elí como Juan supieron discernir (leer) el momento apropiado para apartarse a un lado y dejar que Dios entre de lleno en la vida de aquellos que tenían bajo su mano. Entendieron y aceptaron con humildad  que ellos no eran la referencia última sino sólo puentes hacia Alguien mayor.

Por tres veces escucha Samuel la voz que le llama, y acude a Elí: “¡Aquí estoy!”. Hay en él una voluntad de obediencia y servicio. ¿A quién? De momento a su maestro, porque “aún no conocía Samuel al Señor”. A la tercera llamada el maestro aconseja bien al discípulo. Elí se da cuenta de que  ha llegado el momento de la mayoría de edad para Samuel, la hora en que Dios le toma el relevo: “Anda, acuéstate; y si te llama alguien responde: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. El Señor se presentó de nuevo y le llamó como antes: “¡Samuel, Samuel”. Él respondió: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

A partir de ahora Dios será el punto primero de referencia para Samuel;  comienza una una etapa de fe adulta: “Ya no creo por lo que me han dicho sino por lo que yo mismo he experimentado” (cf Jn 4, 42). Y lo mismo ocurre con los primeros discípulos de Jesús, que fueron antes discípulos del Bautista. Juan era el maestro a quien seguían. “No era él la luz sino testigo de la luz” (Jn 1,8). ¡Qué grandeza la de su pequeñez! Como hizo Elí con Samuel así hace Juan Bautista con sus discípulos: “fijándose en Jesús que pasaba, dice: Este es el cordero de Dios”. Y como hiciera Samuel, los discípulos dejaron a Juan y se fueron tras Él. ¿Qué buscáis?, les dice Jesús; ellos le contestan: Maestro, ¿dónde vives?".  Resulta curioso que directamente se interesen por el lugar donde vive Jesús; y dejando a Juan  “fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día”.

La narración de la vocación de los primeros discípulos y la de Samuel dejan ver la importancia de los mediadores o maestros de la vocación; el Bautista y Elí facilitan el encuentro con el Misterio. Más adelante, como hace Andrés con su hermano Simón, serán ellos quienes sirvan de guías espirituales para otros.

* * *


¿Crisis de vocaciones?

Desde la reflexión expuesta hablemos de vocaciones. Normalmente nos referimos con esta palabra a las llamadas a la vida sacerdotal y religiosa; pero esto es una reducción clerical; y desde esta visión solemos hablar de crisis. Faltan curas, monjas y frailes, decimos.  A mí me gusta decir que no faltan sacerdotes sino que sobran misas. Es una manera de decir que la verdadera crisis de vocaciones se ve sobre todo en la escasez de verdaderos discípulos del Maestro. 

En realidad no hay crisis de vocaciones, porque Dios sigue llamando. En todo caso hay crisis de “oyentes” o “escuchas”. Debemos ser conscientes de que lo grave no es la falta de sacerdotes y religiosos sino la falta de cristianos con experiencia de Dios, que se sientan discípulos de Jesús y sean fervorosos seguidores del Camino. Las vocaciones a la vida religiosa nacen en el campo de la vocación cristiana general. 

No poca culpa de esta falta la tenemos quienes no seguimos los pasos de Elí y el Bautista y hacemos de la Iglesia un patio particular poniendo a un lado la referencia a Dios.  La existencia de una Iglesia autorreferencial puede estar en el fondo de la crisis de nuevas vocaciones y la poca revitalización de las ya existentes. Nos duelen los seminarios y los templos vacíos, pero no nos preocupa tanto facilitar el encuentro de las personas con el Misterio de Dios. Ya se ha dicho que Dios sigue llamando, pero esa llamada requiere atención, que no es sino abrir los oídos del corazón a Dios. 

Define san Juan de la Cruz la oración como “advertencia amorosa a Dios”, atención a sólo Dios  a fin de escuchar su llamada, que no será otra que las invitación a vivir unido a Él e irradiar su presencia en el mundo. Para fijar los ojos en Él se necesitan maestros (guías) de oración experimentados que, como Elí y el Bautista, se preocupen de facilitar el encuentro con Dios. Para llegar a Él se han de sortear las miradas seductoras del mundo; y entre ellas la idealización del propio grupo religioso,  el modo interesado de entender la vida religiosa o incluso un cómodo concepto de dios que se resiste a dar el paso a Dios mismo. Al Dios de Jesús se le conoce en la cercanía personal, en el toque de amor (tacto, experiencia), no en la distancia académica o doctrinal. 

“Aquí estoy...habla, Señor, que tu siervo escucha”, “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día”. Estas citas bíblicas remiten a la práctica de la oración en vistas a la experiencia del Misterio o experiencia mística. A veces la obsesión por cumplir mandamientos, defender instituciones religiosas o fijar doctrinas seguras impiden la que debería ser la única obsesión cristiana: el deseo de Dios y su búsqueda. Muy distinta a la obsesión de llenar monasterios y templos. 

*

Por nuestras parroquias no dejan de pasar personas que quieren conocer a Dios. Deberíamos preguntarnos qué respuesta estamos dando a su demanda. A veces me da la impresión de que vemos en ellas sólo personas-objeto con las que cubrir nuestras tareas pastorales. No vienen a nosotros pidiendo ser catequistas de niños de primera comunión o confirmación, tampoco ser voluntarios de Caritas o formar parte de un grupo de liturgia, que es lo que habitualmente le damos: tareas. No es extraño que muchos abandonen pronto la parroquia. Si miramos con atención detectaremos que nos están pidiendo sentir a Dios, conocerle, vivir su presencia. La pregunta es: ¿estamos llevando al conocimiento de Dios, su experiencia,  a quienes se acercan a  nosotros buscándolo?

Nos jugamos mucho aquí. El primer objetivo a cumplir para mantener viva  la Iglesia ha de ser facilitar a las personas el encuentro con Jesucristo proveyéndoles así del alimento espiritual que necesitan. Para esto hacen falta quienes desde la propia experiencia de Dios ayuden a otros a adentrarse en el Misterio y disfrutarlo. 

Elí y el Bautista son actores secundarios de la película evangélica de hoy; esa es su grandeza; no se predicaron a sí mismos, no retuvieron a sus discípulos sino que se limitaron a  lanzarlos al encuentro con Dios; sabían que con esto todo lo demás vendría por añadidura (cf Mt 6,33).

Más que quejarnos por la falta de respuestas a la llamada de Dios procure cada cual responder a su llamada y ayude con humildad a otros a conocerle y amarle. ¿Qué hubiera sido de Samuel y de Andrés y sus compañeros si Elí y el Bautista no se hubieran cruzado en sus vidas?

Buen domingo.

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Un comentario distinto al evangelio  de hoy en:

Enero 2024
Casto Acedo

viernes, 5 de enero de 2024

Bautismo de Jesús (7 de Enero)



EVANGELIO
 Marcos 1,7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma.
Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Palabra del Señor
*

Hay momentos en la vida en los que uno arriesga y se la juega. Pongamos el ejemplo de un  examen de oposiciones, o el día en que se contrae matrimonio o se da el paso de ordenarse sacerdote o consagrarse en una orden religiosa, o cuando se realiza una tarea arriesgada de la que se sale ileso y triunfante. Hablamos entonces del “bautismo de fuego”, de ese momento que supuso un paso importante en la vida de una persona y que marcó un antes y un después.

Es curioso que para expresar esos momentos clave se use la palabra “bautismo” como signo del “paso” de una situación a otra; incluso podríamos decir de un “ser” a otro: se era estudiante, ahora licenciado; se era opositor, ahora médico o funcionario; se era novio/a, ahora esposo/a; se era seminarista, ahora sacerdote; se era un policía novato y tras la prueba de fuego de una misión real arriesgada se es un policía experimentado y en toda regla. La palabra “bautismo de fuego” es usada aquí, pues, como un momento que indica el tránsito de una realidad de ser a otra, y por extensión de un modo de vida a otro.

Pues bien, el paso por el bautismo de Juan supuso para Jesús un acto crucial, un "bautismo de fuego" Acercándose al Bautista la vida de Jesús da un giro importante; pasa de ser privada a ser pública, de escondida a descubierta. El grano de trigo oculto en el hogar de Nazaret brota para dar fruto abundante en Jerusalén.

Jesús no tenía pecado y por tanto no necesitaba el bautismo de Juan que era un bautismo de conversión (Mc 1,4); sin embargo, realiza un gesto inaudito en su caso. Ha pasado treinta años de vida oculta. ¿Qué aprendió Jesús en esa etapa de su vida? Ha madurado humanamente, ha tomado conciencia de su especial filiación divina y ha decidido dar el empujón definitivo a su misión. Quien  no conoció pecado se mezcla con los pecadores (2 Cor 5,21) que acuden a Juan en busca de perdón. En este gesto de abajamiento y humildad  se hace visible su dignidad y su ser: “Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al espíritu santo bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: ´Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto´”.  

El Espíritu Santo viene a Él y le empujará y acompañará en su vida pública; cuando termine su misión él mismo enviará el Espíritu sobre los suyos para que continúen su misión (Jn 19,30; 20,22).  

Las  palabras que suenan en el momento en que Jesús se acerca a Juan y es sumergido en las aguas del Jordán adquieren su sentido pleno en la  Cruz. "Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!" (Lc 12,50). "¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?" (Mc 10,38) dijo a los Zebedeo. Ahí, en el momento en que el Hijo entrega  el Espíritu al Padre, se cierra el círculo que se inició en el Jordán. "Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto", escuchas estas palabras dirigidas a Jesús en la Cruz y lo entiendes todo.  Es el predilecto, el primero, porque se ha hecho en la cruz el último. 

En el contexto del bautismo Juan presenta a Jesús como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29),  y con esas palabras sugiere que volvamos la mirada a la cruz, donde pende ese Cordero Redentor, donde todos los pecados del mundo golpean su cuerpo y, al ser asumidos por Él somos liberados de ellos por la infinita misericordia de Dios. "Sus heridas nos han curado" (Is 53,5; 1Pe 2,24). En la cruz está la fuente bautismal. El Siervo profetizado en Isaías en la primera lectura proclamada hoy ha cumplido su encargo (Is 42,1-4.6-7; cf Is 55,10-11).

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La Fiesta del bautismo de Jesús es una excelente oportunidad para plantearnos el sentido que tiene para cada uno el propio bautismo. O el sentido que damos al bautismo de nuestros niños. ¿Significa algo  el bautismo? ¿Tiene alguna conexión con la realidad de cada día? Más allá del cumplimiento ritualista y la participación en unos cultos, ¿sería distinta tu vida sin el bautismo? Dicho más llanamente: te bautizaron con agua, pero ¿has recibido el  bautismo de fuego cristiano? “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Mt 3,11), dice el Bautista refiriéndose a Jesús.

Es día oportuno para preguntarnos si la prueba de fuego de nuestra fe la hemos superado, si en los momentos de tentación, de sufrimiento, de sinsentidos, de críticas, de dificultades familiares, en los momentos de cruz, hemos mantenido la fidelidad recurriendo a la fe en Dios Padre, manteniéndonos firmes como Jesús en la cruz; Él llevó su bautismo hasta el final. Y Dios Padre le resucitó. 

¿Y tú? ¿Esperas resucitar sin morir previamente a tu ego viviendo en entrega a Dios y a los hermanos como siervo? ¿Has llegado ya a sumergirte con Cristo en las aguas de la cruz? ¿Estás dispuesto a purificar tu alma de todo pecado crucificando y dando muerte a tu ego  para resucitar a la vida nueva?  Tu bautismo no solo te confiere una identidad, también te impone una tarea, cumplir la voluntad de Dios para tu vida, seguir su plan para ti. ¡Descubre y cumple la misión que Dios te ha encomendado! Acabas de iniciar un nuevo año, ¿no es una buena oportunidad para poner a dieta tu alma y dar un giro a tu existir? Plantéatelo.

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Enero 2024
Casto Acedo

Oro, incienso y mirra (Epifanía del Señor. 6 de Enero)

 

EVANGELIO
Mt 2,9-12

Los magos, después de oír al rey Herodes, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

* * *

No hace falta decir que el texto de san Mateo, donde se describe el periplo de unos magos de oriente siguiendo una estrella en busca del Mesías nacido en Belén, es un relato de dudosa historicidad pero lleno de simbolismos: magos de oriente, estrella, camino, oro, incienso y mirra. Hay toda una simbología escondida en estos personajes, en la luz estelar en mitad de la noche y en los dones que se ofrecen al Niño Dios.

San Mateo quiere transmitir un mensaje fundamental: el niño nacido en Belén, Jesús de Nazaret, es Rey de reyes; es aquel a quien todos buscan en sus noches y ante quienes, según la profecía, “se postrarán todos los reyes de la tierra” (Sal 72,11) presentes en estos magos peregrinos. Se da una paradoja que luego se hará realidad: el pueblo judío, representado en Herodes, se muestra reacio al reconocimiento de Jesús como Mesías; sin embargo es aceptado como tal  por los paganos (griegos, romanos, etíopes, sirios, etc.) a quienes los magos representan.

Un mensaje central en este día: Jesús es el Mesías, el Salvador del mundo; no sólo de los judíos sino de toda la humanidad; la palabra griega epifanía significa manifestación, y de un modo concreto para nosotros hoy significa que es manifestación de Dios, luz visible de Dios sobre y para todos los pueblos. Las iglesias cristianas de rito ortodoxo conceden a este día más importancia que a la Navidad; consideran que si importante es  el  hecho del nacimiento de Jesús, aún más relevante es que aquel que parecía propiedad cerrada de un pueblo se manifiesta como Luz para todos.

En la fiesta de hoy el evangelio viene a decir que el nacimiento de Jesús no es una simple anécdota histórica; ha venido para reinar en el corazón de quienes vagando por la oscuridad de ignorancia, la violencia y la guerra, no han perdido la esperanza de  un mundo nuevo. Dios manda la luz de la Palabra como estrella que conduce al encuentro con Cristo. Dios pone la estrella, los magos ponen su respuesta: salen de sus seguridades, entran en la noche de la fe dejándose guiar por la luz del evangelio y están dispuesto a darlo todo por Aquel a quien le revelan las señales. 

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Si nos fijamos en las ofrendas de los magos (oro, incienso y mirra) hay en ellas un mensaje acerca de quién es Aquel a quienes se le ofrecen los dones. Al mismo tiempo  lo ofrecido  habla del camino espiritual que está llamado a seguir quien reconoce a Jesús como  Maestro y Salvador.

El oro, el incienso y la mirra, no son unos regalos materiales sin más. En la oración sobre las ofrendas de la misa de hoy se dice que se trata de  “Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban”. Los magos de oriente, pues, con esas ofrendas están haciendo simbólicamente una profesión de fe:

a)    Al regalarle oro al niño están diciendo que Jesús es Rey. Era costumbre regalarle  oro a los reyes cuando se presentaban ante él sus súbditos o los señores de los pueblos sometidos. Regalar oro es decir "tú eres rey". Decir que Jesús es rey es confirmar algo que aparece a lo largo de todo el evangelio: con Jesús irrumpe en la historia el Reino de Dios; el mismo Jesús es proclamado Rey de forma paradójica en el ecce homo,  “aquí tenéis a vuestro rey" (Jn 19,14) y en la cruz pusieron un letrero; en él estaba escrito "Jesús el Nazareno, el  Rey de los Judíos" (Jn 18,19). Por tanto, la epifanía es la manifestación de la divina realeza de Jesús.

b)    El incienso, tradicional signo de ofrenda a Dios, dice que el Niño de Belén  es un hombre-Dios, Dios hecho hombre, Dios-con-nosotros a quien se debe dar un culto de adoración. No solo admiran y “veneran” los magos al niño sino que le “adoran” reconociendo de este modo su naturaleza divina; este es el gran secreto de Jesús, la clave de interpretación de toda su vida. 

c)   Y la mirra, un perfume especialmente reservado para el embalsamamiento del cuerpo antes de la sepultura, está diciendo que Jesús, aunque Dios, es también hombre, es decir, ha asumido la humanidad hasta el límite de pasar por la muerte.. En todo semejante a nosotros menos en el pecado (GS 22).

Hay, pues, un mensaje de Dios para nosotros en estas ofrendas, pero también una llamada: tu vida -dice Dios- para ser digna, has de vivirla como ofrenda, es decir, como Cristo la vivió.  “Jesucristo a quien aquellos dones representaban y que ahora se inmola y se nos da en comida”, continúa la oración citada. Si la vida de Jesús, su destino, es inmolarse y hacerse comida por nosotros, ¿no deberá ser también nuestra vida lo mismo?

a)   * Mi vida ha de ser oro, es decir, ha de revestirse y adornarse con el manto de oro del Rey que son las bienaventuranzas: pobreza, pacifismo, misericordia, consuelo, persecución por el nombre de Jesús, etc.

b)  *También ha de ser una vida de incienso, de recogimiento espiritual, de reconocimiento y adhesión a Jesús como único Dios. Cultivar la vida espiritual dejando crecer en mi interior la luz del Espíritu deberá formar parte de mis tareas.

c)  *Y, finalmente, la mirra me habla de una humanidad que he de asumir. Formo parte de un todo que es la humanidad; soy hombre, no Dios, y como tal he de tomar conciencia de mi “estar de paso por el mundo”. No soy eterno por más que mi ego me quiera convencer de lo contrario. La humildad ha de ser el adorno de mi casa, porque soy humus (tierra) y sólo en mi humildad puedo encontrarme con Dios, con los hermanos y conmigo mismo.

Celebremos el día de Epifanía profesando nuestra fe en la realeza, divinidad y encarnación de Dios en Jesucristo. Pero no nos quedemos ahí sino que, dejándonos afectar por su venida, permitamos que su reino nos invada, su Espíritu nos posea y su humanidad nos configure con Él, hasta que podamos hacernos uno con Cristo y podamos decir con verdad todo el prefacio de hoy: "Mira, Señor (mis dones), que no son oro, incienso y mirra, sino Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban y que ahora se inmola y se nos da en comida”. 

* * *

El día de reyes está unido en nuestra cultura a la tradición de regalar. Sin caer en el consumismo ambiente, haz de este día una ofrenda. Tal como da a entender la oración del ofertorio de hoy,  más que con cosas procuremos responder a Dios con los mismos dones que él nos da.  ¿Cómo? El texto te da pistas:  “Mira, Señor (mis dones), que no son oro, incienso y mirra, sino Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban y que ahora se inmola y se nos da en comida”.  Le imitamos si hacemos de nuestra vida una ofrenda a Dios con Jesucristo. 

¿No te parece maravilloso y excelente poder ofrecer a Dios en la Eucaristía el único don digno de Él? Tenemos la suerte de poder ofrecer al Padre la única ofrenda agradable a sus ojos: Él mismo hecho hombre ofreciéndose por nosotros en un admirable intercambio. Se ofrece por nosotros al Padre y a nosotros dándosenos como alimento para nuestra vida.  Haz tú lo mismo.

Dios se hace rey mago para quien le busca y se acerca a Él. Se regala Él mismo como ofrenda para que no te falte nada a fin de vivir tu vida en plenitud.

Los magos de oriente son maestros espirituales que se dejan llevar por la estrella de Dios hasta la sabiduría y la salvación de Dios. Alégrate y disfruta de ello.

¡FELÍZ EPIFANÍA DEL SEÑOR!

Enero 2024
Casto Acedo

domingo, 31 de diciembre de 2023

Felíz año nuevo (1 de Enero)



En cierta ocasión en que estaba sometido a un frenesí de actividad estresante, hubo alguien que iluminó mi situación con palabras que me hicieron recapacitar sobre el sentido del tiempo: “¡No corras -me dijo-, ¿a qué tanta prisa? No te agobies, no seas esclavo del tiempo. Vive con gozo cada momento porque el tiempo ya ha sido redimido por Jesucristo!”. Recapacitando entendí que si la salvación que trae Jesús alcanza a todos y a todas las cosas, el tiempo también ha sido liberado de lo que pudiera tener de opresivo. Visto así está claro que no es muy cristiano entrar en un estado de estrés a causa de la angustia de no poder llegar con tiempo a todo lo que se desea. 

Cuando mi vida se acelera recuerdo esas palabras: “El tiempo ha sido redimido”, y de una visión y experiencia del tiempo como Kronos, dios griego que devora a sus hijos, paso a la de Kairós, visión del tiempo redimido por el Señor, tiempo de gracia y salvación (cf 2 Cor 6,2). Hago así mía la Palabra que dice que por mucho que me esfuerce por estirar mis horas coleccionando preocupaciones, aunque sea con la mejor intención de ayudar a otros, no voy a añadir un solo minuto a mi vida (cf Mt 6,27).

*

El comienzo de un año nuevo me pide reflexionar sobre mi forma de entender el tiempo, me incita a darme un paseo por la memoria y constatar cómo vivo mis horas y mis días, si sometido al curso del reloj dejándome comer por él o ejerciendo mi dominio con libertad siendo dueño del mismo. La Parábola de los talentos dice que los años que recibo como don han de ser negociados. “Al cabo de mucho tiempo vuelve el Señor a ajustar cuentas con sus empleados” (Mt 25,19). También yo en estos días, como si de una empresa comercial se tratara, entro en periodo de balance y programación serena. ¿Qué ha significado el año 2022 para mi vida? ¿En qué momentos he sentido a Dios más cerca? ¿Cómo he vivido la dimensión cristiana de mi vida profesional y familiar? ¿Cuándo y en qué circunstancias me he sentido más cercano a Dios, a mi prójimo y a mí mismo? ¿He santificado o he profanado el tiempo que se me ha dado? En resumen: ¿Cómo he negociado mi tiempo? Puntos para meditar sin prisas, saboreando el regalo de  la vida.

¡Qué bueno poder gozar los regalos que Dios nos ha hecho en el último año! Y qué bueno también poder reconocer los errores que cometimos y que aún estamos a tiempo de corregir. Hacer una lista de agradecimientos y tareas puedes ser una buena forma de abordar el año 2024. Pero no hagas propósitos, no agobies tu vida cargándola de expectativas; contempla tu deseo de cambiar, contempla tu vida nueva, y disfrútala ya . Hazme caso; con la venida de Jesús, con la irrupción de Dios en la historia, ya todo es presente, todo está aconteciendo. Se ha cumplido la profecía de Isaías.  "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo;  mirad que hago algo nuevo; ya está aquí, ¿no lo notáis? Abriré un camino en el desierto,  corrientes de agua en el yermo" (Is 43,9).

Tu tiempo está redimido, no te estreses, no caigas en la esclavitud de las prisas, no dejes que Kronos te devore y ábrete al Kairós, a la eterna presencia de Dios. Tendrás un buen año. Bendiciones.


¡FELIZ AÑO NUEVO!
¡FELIZ VIDA NUEVA!
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Nota: Puedes leer un comentario más amplio para el día 1 de Enero, que incluye una reflexión sobre santa María Madre de Dios y sobre la paz,  en este blog, entrada del año pasado: 

Diciembre 2023
Casto Acedo 

jueves, 28 de diciembre de 2023

Sagrada familia (31 de diciembre)


LECTURA
DE LA CARTA DEL A PÓSTOL SAN PABLO 
A LOS COLOSENSES 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Palabra de Dios

* 

En la fiesta de la sagrada familia hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿Qué está pasando con la familia cristiana? Porque es evidente que el modelo de familia que ha imperado en nuestra sociedad hasta no hace mucho ha sido el de una pareja heterosexual, casada por la Iglesia y regida según los criterios de unidad, fidelidad, indisolubilidad y fecundidad; y da la sensación de que estas propiedades esenciales del matrimonio y familia cristianos no atraviesan momentos de simpatía.

La transición democrática y la ley de divorcio aprobada en España en junio de 1981 dio paso a un nuevo estado de cosas en lo que se refiere al modelo de familia imperante hasta entonces. Hasta ese momento la realidad de la familia tenía como único punto de referencia el matrimonio eclesiástico. Casarse por la Iglesia no era una elección sino, en cierto modo, una obligación. Y un matrimonio sutilmente condicionado por presiones políticas o sociales no es ciertamente lo más adecuado para ser llamado cristiano, porque sin libertad no puede haber tal matrimonio. Ya apuntábamos en este blog que una cosa es “casarse por la Iglesia” y otra muy distinta “casarse en el Señor” (cf La identidad de la familia cristiana).  Son muchas las parejas que hasta hace poco se casaban por la Iglesia, pero cada vez más escasas dentro de estas las que lo hacían con un sentido de fe y comprensión cristiana del amor y la familia. 

La opción por el contrato matrimonial como forma de vivir en pareja parece estar en franca decadencia en los últimos tiempos; basta comprobar la disminución de bodas celebradas tanto en las Iglesias como en los juzgados. ¿Qué está pasando? Me atrevo a decir que vivimos un cambio cultural que afecta de lleno a la institución familiar. 

Reseñaría Como causa primera de la crisis familiar que padecemos podríamos señalar al individualismo y el poco interés por la dimensión espiritual de la vida. La vida matrimonial y familiar, se sea religioso o no, requiere una espiritualidad, un modo de entender las relaciones de pareja, en la que el amor de donación gratuita ocupe el centro. Y no está muy d moda entre nosotros este amor en gratuidad. En una sociedad narcisista e interesada el amor tiende a ser comprendido como un elemento más del juego del “te doy para que me des” (do ut des), es decir, el valor de la gratuidad (donación sin interés, sin esperar nada cambio), tan necesario para una sana y adecuada convivencia familiar, no goza hoy de mucho prestigio.


Amor cristiano

¿En qué consiste ese amor tan esencial a la vida en pareja y único garante para una vida  familiar sólida? El texto que se proclama hoy de la carta de san Pablo a los Colosenses (3,12-21) ofrece unas claves esenciales para una intelección y renovación del matrimonio y familia cristianos. 

Primeramente, da a entender el apóstol,  se ha de tener conciencia de ser “elegidos, santos y amados”, es decir, consciencia de ser sujetos de un amor inmerecido. Hay una felicidad y alegría interior en quien se sabe “santo y amado” que le dispone de modo natural a vivirse en donación. La conciencia del amor recibido dispone al alma a dar ese amor. Bonum est diffusibum sui, el bien, por sí mismo, por su propia naturaleza, tiende a difundirse. 

Desde ese reconocimiento del valor de uno mismo al contemplarse desde la mirada amorosa de Dios, se pueden seguir las recomendaciones que a continuación se dan en la carta: “revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia”. El hombre viejo es movido por el interés, el egoísmo, las pasiones carnales,… El hombre nuevo se reviste de Cristo y nutre su vida espiritual con los dones de su amor, un amor vivido en la “dimensión de la cruz”, es decir, amor que se sobrepone a las dificultades de la convivencia. 

“Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra el otro”. Esto es llevar la cruz. ¡Cómo recuerda esta frase las palabras con las que Jesús en la cruz pide al Padre perdón para los mismos que le han crucificado! (cf Lc 23,34). Este ejercicio de ascesis es básico para madurez de la vida matrimonial y familiar. Se da a entender aquí que el amor conyugal y de familia es una decisión, una “determinada determinación”, un entusiasmo por afrontar cuantos obstáculos se opongan a su realización. Sin esta decisión es imposible el éxito en la vida familiar. Dios llama y ayuda, pero no hará lo que tú puedes hacer. “El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo”; Dios no pide nada que Él mismo no haya hecho antes. 

Y la pieza clave: “Por encima de todo eso, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”. A la ascética le sigue la mística. Si el esfuerzo por trabajar la comunicación y el entendimiento entre los miembros de la familia es importante, más lo es la meta a la que esos trabajos conducen: el amor, definido aquí como “vínculo de la unión perfecta”. Esto es precioso de saber y de vivir. Este amor es la piedra angular de todo el edificio comunitario y familiar. El vínculo capaz de hacer de dos una sola cosa no es otro que el Espíritu Santo, Dios-Amor obrando, vinculando, uniendo. 

Decía san Agustín que en la Santísima Trinidad conviven en unidad el amante (Padre), el amado (Hijo) y el amor (Espíritu Santo). Jesucristo desea esa misma unidad para todos los hombres: “que todos sean uno como tú y yo somos uno” (Jn 17, 21).  El matrimonio y la familia como comunidad (iglesia doméstica) se fundamentan en la fe de que es el Espíritu Santo el que une en el amor a sus miembros. No es mi amor el que perfecciona a mi vida conyugal y familiar, sino el amor de Dios que está en medio de ella. 

Paz y  gratitud.

Tras esta lección acerca de las relaciones personales, san Pablo se prodiga en bendiciones y deseos. Como si la comprensión de ese inmenso amor de Dios llevara sin esfuerzo alguno a otros bienes inefables. “Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón; a ellas habéis sido convocados en un solo cuerpo”. La vida en común es una llamada a la paz, a la seguridad de unas relaciones fundadas en el protagonismo de Cristo. 

Y con la paz la gratitud: “Sed también agradecidos”; un corazón agradecido se fija más en lo que recibe que en lo que da, y no es exigente sino generoso Y así es quien no mira sus relaciones desde la filosofía del mundo, sino desde la sabiduría de Dios, por eso dice “La Palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente”. Hermoso este último consejo que invita al diálogo, a darse mutuamente ánimos, a compartir entre esposos y familia la esperanzas y experiencias de vida aprendidas en del evangelio. 

Sigue el texto de Colosenses invitando a la alabanza: "Cantad a Dios dando gracias de corazón”, y a ser ejemplares en el hablar y el hacer: ”Que todo lo que de palabra o de obra realicéis sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios por medio de él”.


¿Autoridad del marido sobre la mujer?

Finalmente san Pablo da un giro remitiéndose a lo concreto de las relaciones familiares; y lo hace con unas palabras que han de ser leídas en el contexto cultural de una sociedad patriarcal: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos”. 

No pasa desapercibida para la sensibilidad feminista la afirmación “mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos”. ¿Consagra esto algún tipo de superioridad del varón sobre la mujer? ¿No hay igualdad de dignidad entre esposo y esposa? Creo que no podemos extraer de aquí conclusiones descontextualizadas. Basta prestar atención a todo lo dicho con anterioridad para no caer en una lectura fundamentalista de esta frase. 

También se dice a continuación: “maridos, amad a vuestras mujeres y nos seáis ásperos con ellas”, y si este consejo no vemos inconveniente en aplicarlo también a la mujer, ¿porqué no referir  el primero también al marido? Un cristianismo del siglo XXI no puede caer en el error de justificar supuestas superioridades por razón de sexo o género. El sensus fidei -sentido global de un texto a la luz de toda la escritura- nos remite a considerar el trato y consideración dados por Jesús a la mujer, revolucionario en su tiempo. Y desde esa visión evangélica debemos leer estos últimos párrafos, que no apunta sino a que se lleve a la práctica en la convivencia familiar todo lo que se ha expuesto antes: amor, compasión, perdón.

* * *

En esta fiesta de la Sagrada familia, demos gracias por el  inmenso don de poder disfrutar de unos padres, unos hijos y unos hermanos. Y cuando no se tienen, o hay problemas de por medio, no dejemos de predicar y aspirar al “amor como vínculo de perfección”. 

Jesús nació, creció y vivió en una familia. Se nos está diciendo con ello que la realidad familiar es algo querido por Dios y por lo que merece la pena trabajar. ¿Cómo? Esforzándonos por escuchar, acoger, animar a todas las personas que viven situaciones familiares difíciles; y siendo conscientes de que para una renovación de la vida familiar según Cristo no basta nuestra ascesis; hay que dar paso al “amor de Dios”, al Espíritu Santo como vínculo de unión, tal como hemos anotado. 

Comenzábamos diciendo que la familia cristiana, o mejor la institución familiar, está en crisis. Muchos son los que se sienten desorientados espiritualmente ante los "nuevos modelos de familia". En la consideración de esta realidad no olvidemos el “principio misericordia” evitando condenar a las personas sólo por el hecho de que su relación de pareja o modelo de familia nos descoloque.

Cualquier crisis en la vida familiar, lo hemos dicho antes, suele ser consecuencia de una crisis más amplia: la crisis de espiritualidad y de religiosidad derivada de ella. ¿Qué hacer para poner en valor la familia cristiana? Algo tan simple como poner a Cristo en el centro de mi vida personal y familiar. La renovación de la espiritualidad familiar no vendrá por leyes y condenas sino por el testimonio de amor que demos en nuestros hogares. Los consejos que da san Pablo en la carta a los tesalonicenses bastan para nutrir una espiritualidad familiar digna del nombre de Jesucristo. 

Felicidades a todas las familias. Y gracias, Señor, por este don que a veces no sabemos valorar hasta que nos falta.
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Diciembre 2023. 
Casto Acedo. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

NAVIDAD (25 de diciembre)

EVANGELIO

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea,  para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.

Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:  «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad»

Palabra del Señor.

Navidad no es sólo un día, es un tiempo que abarca desde la víspera del día 25, día propio de la fiesta, hasta la Epifanía del 6 de Enero, aunque tanto este día como el día del Bautismo de Jesús, que  se celebra  al domingo siguiente, podemos incluirlos también en el ámbito navideño.

La Navidad es una celebración llena de matices. Hay una navidad laica, centrada sólo en lo folklórico; también hay una navidad con tintes sociales que hace surgir en estos tiempos deseos de paz y justicia para todo el mundo; también hay una navidad de tinte religioso, muchos son los que en estos días, especialmente en la misa del gallo o en conciertos de villancicos u otros eventos, se acercan a la Iglesia a celebrar; y finalmente hay una navidad espiritual, preocupada por conectar interiormente con el Misterio en estos días.

Todos los matices son lícitos y en modo alguno excluyentes, pero conviene aunarlos y no vivirlos por separado, porque entonces la Navidad queda recortada o disminuida.

Hacemos hoy una referencia sencilla a la preparación y vivencia de la Navidad desde su sentido espiritual.

 Decía un místico del siglo XVII que “Si Cristo naciera mil veces en Belén y no en ti, quedarías perdido para siempre” (Angelus Silesius).Navidad no trata simplemente de recordar y celebrar un acontecimiento histórico que ocurrió hace poco más de dos  mil años.  No es el hecho histórico del nacimiento lo importante; quien se queda estancado en la historia mata el mensaje vivo de la Navidad que proclama: “Hoy os ha nacido el Salvador”. ¿De qué me sirve el nacimiento de Jesús si yo no renazco con Él a una vida nueva en el Espíritu? Celebra el nacimiento de Jesús quien en estos días también celebra su propio nacimiento espiritual.

No te quedes estos días en la memoria de unos sucesos históricos. Lo pasado adquiere sentido si lo traes al presente, si te sientes aquí y ahora afectado por lo ocurrido entonces. El evangelio pide ser leído en presente; y de este modo adquiere una fuerza capaz de cambiar la vida de quien lo escucha.

Tomemos un ejemplo. Leamos hoy el relato del nacimiento de Jesús actualizado. San Ireneo dio razón del nacimiento de Jesús recurriendo a su efecto sobre la humanidad. “Dios se hizo hombre para que el hombre se convirtiera en Dios”. Es tarea nuestra aceptar y descubrir lo que de divino hay en en nosotros y vivir desde ahí.

Dios sigue viniendo a nuestro corazón y nos sigue llamando a vivir conforme a sus designios. Pero ¿acogemos a Dios en nosotros? ¿O somos como los habitantes de Belén para quienes José, María y el Niño pasaron desapercibidos? ¿Tanto ruido hay en nuestra posada que no escuchamos a los que están fuera y llaman?

Mira a tu interioridad y pregúntate cómo te vives estos días. Puede que estés agobiado y estresado por la avalancha de mensajes emotivos. O tal vez te te venza la nostalgia. No permitas que eso te ocurra. Si es necesario, condena tu iphone al silencio. Vívete. Abre tus oídos a la voz de Dios que llama a tu puerta en este día (en esta noche): "Estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). Jesús quiere cenar en la nochebuena contigo. Te esrtá l llamado. Déjale entrar en tu posada. Te hará sentir que eres de su familia, hermano de toda la humanidad. A todos invita Él a su casa, no cierres la tuya para Él. No te quedarás sin recompensa (cf Mt 10,42), recibirás el ciento por uno de todo el amor que le des.  Trae para ti la Navidad, un nuevo nacimiento, una vida nueva. 

Dos breves textos para meditar en este día; el primero de san Juan de la Cruz (letrilla navideña); el segundo de Santa Teresa:

Del Verbo divino
la Virgen preñada
viene de camino:
¡si le dais posada!

*
"No suele Su Majestad
pagar mal la posada,
si le hacen buen hospedaje".
(C 34,8).

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FELIZ NAVIDAD

Diciembre 2023
Casto Acedo.

FELICITACION VISUAL (Niños)



Los niños de catequesis de Primera comunión (1º año) felicitan la Navidad: 


 FELIZ NAVIDAD 

24. Diciembre. 23

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...