
"De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre". Así reza un himno de la liturgia de las horas cuya antífona se repite una y otra vez proclamando que “la noche es tiempo de salvación”.(1)

"De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre". Así reza un himno de la liturgia de las horas cuya antífona se repite una y otra vez proclamando que “la noche es tiempo de salvación”.(1)
No hace falta decir que el texto de san Mateo, donde se describe el periplo de unos magos de oriente siguiendo una estrella en busca del Mesías nacido en Belén, es un relato de dudosa historicidad pero lleno de simbolismos: magos de oriente, estrella, camino, oro, incienso y mirra. Hay toda una simbología escondida en estos personajes, en la luz estelar en mitad de la noche y en los dones que se ofrecen al Niño Dios.
San Mateo quiere transmitir un mensaje fundamental: el niño nacido en Belén, Jesús de Nazaret, es Rey de reyes; es aquel a quien todos buscan en sus noches y ante quienes, según la profecía, “se postrarán todos los reyes de la tierra” (Sal 72,11) presentes en estos magos peregrinos. Se da una paradoja que luego se hará realidad: el pueblo judío, representado en Herodes, se muestra reacio al reconocimiento de Jesús como Mesías; sin embargo es aceptado como tal por los paganos (griegos, romanos, etíopes, sirios, etc.) a quienes los magos representan.
Un mensaje central en este día: Jesús es el Mesías, el Salvador del mundo; no sólo de los judíos sino de toda la humanidad; la palabra griega epifanía significa manifestación, y de un modo concreto para nosotros hoy significa que es manifestación de Dios, luz visible de Dios sobre y para todos los pueblos. Las iglesias cristianas de rito ortodoxo conceden a este día más importancia que a la Navidad; consideran que si importante es el hecho del nacimiento de Jesús, aún más relevante es que aquel que parecía propiedad cerrada de un pueblo se manifiesta como Luz para todos.
En la fiesta de hoy el evangelio viene a decir que el nacimiento de Jesús no es una simple anécdota histórica; ha venido para reinar en el corazón de quienes vagando por la oscuridad de ignorancia, la violencia y la guerra, no han perdido la esperanza de un mundo nuevo. Dios manda la luz de la Palabra como estrella que conduce al encuentro con Cristo. Dios pone la estrella, los magos ponen su respuesta: salen de sus seguridades, entran en la noche de la fe dejándose guiar por la luz del evangelio y están dispuesto a darlo todo por Aquel a quien le revelan las señales.
* * *
Si nos fijamos en las ofrendas de los magos (oro, incienso y mirra) hay en ellas un mensaje acerca de quién es Aquel a quienes se le ofrecen los dones. Al mismo tiempo lo ofrecido habla del camino espiritual que está llamado a seguir quien reconoce a Jesús como Maestro y Salvador.
El oro, el incienso y la mirra, no son unos regalos materiales sin más. En la oración sobre las ofrendas de la misa de hoy se dice que se trata de “Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban”. Los magos de oriente, pues, con esas ofrendas están haciendo simbólicamente una profesión de fe:
a) Al regalarle oro al niño están diciendo que Jesús es Rey. Era costumbre regalarle oro a los reyes cuando se presentaban ante él sus súbditos o los señores de los pueblos sometidos. Regalar oro es decir "tú eres rey". Decir que Jesús es rey es confirmar algo que aparece a lo largo de todo el evangelio: con Jesús irrumpe en la historia el Reino de Dios; el mismo Jesús es proclamado Rey de forma paradójica en el ecce homo, “aquí tenéis a vuestro rey" (Jn 19,14) y en la cruz pusieron un letrero; en él estaba escrito "Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos" (Jn 18,19). Por tanto, la epifanía es la manifestación de la divina realeza de Jesús.
b) El incienso, tradicional signo de ofrenda a Dios, dice que el Niño de Belén es un hombre-Dios, Dios hecho hombre, Dios-con-nosotros a quien se debe dar un culto de adoración. No solo admiran y “veneran” los magos al niño sino que le “adoran” reconociendo de este modo su naturaleza divina; este es el gran secreto de Jesús, la clave de interpretación de toda su vida.
c) Y la mirra, un perfume especialmente reservado para el embalsamamiento del cuerpo antes de la sepultura, está diciendo que Jesús, aunque Dios, es también hombre, es decir, ha asumido la humanidad hasta el límite de pasar por la muerte.. En todo semejante a nosotros menos en el pecado (GS 22).
a) * Mi vida ha de ser oro, es decir, ha de revestirse y adornarse con el manto de oro del Rey que son las bienaventuranzas: pobreza, pacifismo, misericordia, consuelo, persecución por el nombre de Jesús, etc.
b) *También ha de ser una vida de incienso, de recogimiento espiritual, de reconocimiento y adhesión a Jesús como único Dios. Cultivar la vida espiritual dejando crecer en mi interior la luz del Espíritu deberá formar parte de mis tareas.
c) *Y, finalmente, la mirra me habla de una humanidad que he de asumir. Formo parte de un todo que es la humanidad; soy hombre, no Dios, y como tal he de tomar conciencia de mi “estar de paso por el mundo”. No soy eterno por más que mi ego me quiera convencer de lo contrario. La humildad ha de ser el adorno de mi casa, porque soy humus (tierra) y sólo en mi humildad puedo encontrarme con Dios, con los hermanos y conmigo mismo.

EVANGELIO
Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador
Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer
empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a
empadronarse, cada cual a su ciudad.
También José, por ser
de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a
la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que
estaba encinta.
Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el
tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo
recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
En aquella misma región había unos pastores que pasaban la
noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor
se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de
gran temor.
El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia
que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha
nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis
un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al
ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la
tierra paz a los hombres de buena voluntad»
Palabra del Señor.
Navidad no es sólo un día, es un tiempo que abarca desde la
víspera del día 25, día propio de la fiesta, hasta la Epifanía del 6 de Enero,
aunque tanto este día como el día del Bautismo de Jesús, que se celebra al domingo siguiente, podemos incluirlos
también en el ámbito navideño.
La Navidad es una celebración llena de matices. Hay una navidad
laica, centrada sólo en lo folklórico; también hay una navidad con tintes sociales
que hace surgir en estos tiempos deseos de paz y justicia para todo el mundo;
también hay una navidad de tinte religioso, muchos son los que en estos días,
especialmente en la misa del gallo o en conciertos de villancicos u otros eventos,
se acercan a la Iglesia a celebrar; y finalmente hay una navidad espiritual,
preocupada por conectar interiormente con el Misterio en estos días.
Todos los matices son lícitos y en modo alguno excluyentes,
pero conviene aunarlos y no vivirlos por separado, porque entonces la Navidad
queda recortada o disminuida.
Hacemos hoy una referencia sencilla a la preparación y vivencia de la Navidad desde su sentido espiritual.
Decía un místico
del siglo XVII que “Si Cristo naciera mil veces en Belén y no en ti,
quedarías perdido para siempre” (Angelus Silesius).Navidad no trata simplemente de recordar y celebrar un acontecimiento histórico que ocurrió hace poco más de
dos mil años. No es el hecho histórico
del nacimiento lo importante; quien se queda estancado en la historia mata el
mensaje vivo de la Navidad que proclama: “Hoy os ha nacido el Salvador”.
¿De qué me sirve el nacimiento de Jesús si yo no renazco con Él a una vida
nueva en el Espíritu? Celebra el nacimiento de Jesús quien en estos días
también celebra su propio nacimiento espiritual.
No te quedes estos días en la memoria de unos sucesos
históricos. Lo pasado adquiere sentido si lo traes al presente, si te sientes
aquí y ahora afectado por lo ocurrido entonces. El evangelio pide ser leído en
presente; y de este modo adquiere una fuerza capaz de cambiar la vida de quien
lo escucha.
Tomemos un ejemplo. Leamos hoy el relato del nacimiento de
Jesús actualizado. San Ireneo dio razón del nacimiento de Jesús recurriendo a
su efecto sobre la humanidad. “Dios se hizo hombre para que el hombre se convirtiera
en Dios”. Es tarea nuestra aceptar y descubrir lo que de divino hay en en nosotros y
vivir desde ahí.
Dios sigue viniendo a nuestro corazón y nos sigue llamando a
vivir conforme a sus designios. Pero ¿acogemos a Dios en nosotros? ¿O somos
como los habitantes de Belén para quienes José, María y el
Niño pasaron desapercibidos? ¿Tanto ruido hay en nuestra posada que no escuchamos a los que están fuera y llaman?
Mira a tu interioridad y pregúntate cómo te vives estos días. Puede que estés agobiado y estresado por la avalancha de mensajes emotivos. O tal vez te te venza la nostalgia. No permitas que eso te ocurra. Si es necesario, condena tu iphone al silencio. Vívete. Abre tus oídos a la voz de Dios que llama a tu puerta en este día (en esta noche): "Estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). Jesús quiere cenar en la nochebuena contigo. Te esrtá l llamado. Déjale entrar en tu posada. Te hará sentir que eres de su familia, hermano de toda la humanidad. A todos invita Él a su casa, no cierres la tuya para Él. No te quedarás sin recompensa (cf Mt 10,42), recibirás el ciento por uno de todo el amor que le des. Trae para ti la Navidad, un nuevo nacimiento, una vida nueva.
Dos breves textos para meditar en este día; el primero de san Juan de la Cruz (letrilla navideña); el segundo de Santa Teresa:
"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...