sábado, 16 de diciembre de 2023

TRUJILLANOS. Horarios de Navidad

Parroquia de la Santísima Trinidad
(Trujillanos)

Navidad 2023-2024
HORARIO DE MISAS
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MIÉRCOLES 20 de diciembre
19, 00 h. Misa en el salón-capilla.
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SABADO 23 de diciembre
20 h. Misa de Vísperas del Domingo
(Única misa del 4º Domingo de Adviento)
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DOMINGO 24 de diciembre
Día de Nochebuena
(No hay misa a las 12,30 h)
20 h. Misa de Vísperas de Navidad
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LUNES 25 de diciembre NAVIDAD
Solemnidad de Natividad del Señor
13 h. Misa del día
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MIÉRCOLES 27 y VIERNES 29 diciembre
19,00. Misa en el salón-capilla.
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SABADO, 30 de diciembre
Víspera de la fiesta de la Sagrada Familia
20 h. Misa de Vísperas 
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DOMINGO 31 de diciembre
Fiesta de la Sagrada Familia
12,30 h Misa del día.
(No hay misa por la tarde)
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LUNES 1 de Enero
 Solemnidad de santa María Madre de Dios
13 h. Misa del día
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MIERCOLES 3 de Enero
19 h. Misa en el salón-capilla.
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VIERNES 5 de Enero.
Víspera de Epifanía (Reyes)
Misa a las 20 h
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SÁBADO, 6 de Enero
Epifanía del Señor (Reyes)
12,30 h. Misa del día.
(No hay misa por la tarde).
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DOMINGO 7 de Enero ,
Fiesta del Bautismo del Señor
12,30 h. Misa del día.
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C. A.
Diciembre 2023

viernes, 15 de diciembre de 2023

Alegría (III de Adviento; 17 de diciembre)

  

LECTURA 
2 Tes 5,16-24

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Palabra de Dios

*

Te hago una propuesta para ahora mismo: 

Comienza apartando la vista de este texto. ¿Por qué no? Cierra los ojos, o contempla algo hermoso que tengas ante ti. Haz tres respiraciones abdominales serenas y profundas soltando el aire de los pulmones mientras te vacías de ideas y tensiones. Siente como el aire cálido, el viento del Espíritu, fluye por tus pulmones y los latido de tu corazón expanden su caricia por todo tu ser.  (...)  Tómate unos minutos en este breve ejercicio de toma de conciencia del milagro que es vivir.

Hazlo, y el contenido de este escrito tendrá algún sentido, porque el gozo y la alegría no pueden describirse, sólo experimentarse.

*

Déjate llevar por el silencio unos minutos

*

La palabra ALEGRIA puede resumir lo que sientes cuando te paras y dejas de lado tus preocupaciones y proyectos y simplemente observas que el aire inunda tus pulmones y la sangre corre por tus venas al ritmo de los latidos del corazón ... Al ser consciente de ello te sientes vivo o viva y pruebas el sabor de la alegría. ¿Qué es la alegría sino la consecuencia lógica de una vida despierta? Estar alegre es percibirte y saberte lleno, completo, rebosante de virtud y fuerza creativa.

La alegría del Adviento

El tercer domingo de Adviento es conocido como el domingo laetare o domingo de la alegría. "Que la esperanza os tenga alegres, manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración" (Rm 12,12). La esperanza cristiana vive en la seguridad de que Cristo tiene la última palabra;  por eso se mantiene a flote en la tribulación. Como nunca pierde el fondo de alegría en que se sustenta no se hunde ni se rinde en la dificultad.

Cuando me piden que esté alegre con un imperativo tan insistente lo primero que pienso es ¿acaso no quiero estar alegre? ¿Puedo imponerme a mí mismo la alegría? Y concluyo que no, que la alegría no está en mi mano, que es un don de Dios que viene con Jesús, y lo único posible de mi parte es preparar el camino para que llegue. ¿Cómo?

1.- Primero, desmontando mitos. Porque me han enseñado que la alegría es cuestión de "salud, dinero y amor", posesiones que considero imprescindibles para ser feliz. ¿Quién no piensa que la alegría es monopolio de quienes gozan de una salud envidiable, un capital holgado y una fama admirable?  Son muchos los que viven, o vivimos, enganchados o apegados a las condiciones externas que creemos necesarias para encontrar la felicidad. 

Pero no está tu felicidad en poseer bienes sino en ser agradecido por lo poco o mucho que tienes sin dejar que eso te posea; ser  dueño de ti  y así poder darte. Por tanto, desmonta el mito; la felicidad  es un don que se recibe con agradecimiento y se comparte con generosidad. Un primer paso para ser feliz consiste en vivir centrado en los propios valores y no confundir la alegría con la diversión (dispersión).

2.- Segundo paso para prepararnos a vivir la alegría: superar el concepto negativo de la alegría que muchos suelen tener. Somos herederos de una espiritualidad cristiana que en determinadas épocas ha ensalzado la mortificación, el dolor y la impasibilidad (apatheia) y ha levantado sospechas sobre el buen humor. Hay quien en la Iglesia se siente llamado  a ser como Jorge de Burgo, el monje asesino del relato de El nombre de la rosa, que llega incluso a matar para evitar el peligro de que una supuesta obra de Aristóteles sobre la comedia y la risa pudiera contaminar la esencia de la fe cristiana. 

Quienes piensan así entienden que la vida cristiana auténtica está más cerca de la tragedia, el sufrimiento y el llanto que del gozo y  la alegría; un error lamentable que frena cualquier intento de evangelización, que no es sino la transmisión de la alegría (buena noticia) del Espíritu.

3. En fin, podemos preparar el camino a la felicidad aprendiendo que la alegría cristiana, si bien depende en parte de los bienes de afuera, se fragua finalmente dentro. Me explico: El nacimiento de Jesús en Belén y su muerte y  resurrección son una alegre realidad objetiva (buena noticia exterior a nosotros), pero si no la hacemos nuestra por la fe seguiremos en la tristeza. Es la fe, la decisión de confiar en la Palabra (Jesús) la que nos hará gozar a fondo la Navidad. Quien vive su fe cristiana con amargura, quien no se  alegra de haber conocido a Jesucristo, quien no vive en la Eucaristía el encanto semanal del encuentro, debería plantearse en qué cree realmente.

* * *

El Papa Francisco publicó su primera exhortación apostólica con el título Evangelii  gaudium, la alegría del evangelio, que comienza proclamando que “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Es como decir que no hay mejor modo de discernir la vida espiritual que midiendo el grado de alegría que nos produce sentir cerca a Jesús. Su cercanía es “buena noticia”, novedad que alegra. Si la verdadera alegría es fruto de una vida satisfecha, el cristiano es aquel o aquella que se ha encontrado con Jesús y su ser y su vida se ha llenado de Él hasta desbordarse en gozo. 

¡Cuántos textos evangélicos nos refieren alegrías fruto del encuentro con Jesús!: san Pedro, san Pablo, Zaqueo, la Samaritana, la mujer pecadora, María Magdalena, etc. ... hasta la mismísima Virgen María. Muchos son los santos que a lo largo de la historia se han llenado “de alegría al ver al Señor” (Jn 20,20); han encontrado en Él el antídoto adecuado para la tristeza y el desencanto. 

Sin embargo, denuncia el Papa Francisco, ¡cuántos que se llaman a sí mismos buenos cristianos gustan de encerrarse en la “psicología de la tumba que poco a poco los convierte en momias de museo; desilusionados con la Iglesia y consigo mismos, que viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza... Llamados a iluminar y comunicar vida, finalmente se dejan cautivar por cosas que sólo generan oscuridad y cansancio interior”!. Por todo esto, dice el Papa, “me permito insistir: ¡No os dejéis robar la alegría evangelizadora!” (EG 83). “La alegría del evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar” (EG 84). 

Al creer y ponerse en manos de Dios los santos no han vivido como personas ingenuas o bobaliconas que miran para otro lado ante los sufrimientos propios o ajenos. “Fe, alegría, optimismo. -Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad”, dijo san J. Mª. Escrivá.  "Los males de nuestro mundo, -dice el Papa Francisco- no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer” (EG 84). La alegría que brota de la fe y la esperanza fortalece el corazón y lo lanza a trabajar por el Reino de Dios. La verdadera alegría abre los ojos para conocer a fondo las desdichas del mundo  e impulsa a trabajar con efectividad para remediarlas. No es feliz con Jesús quien pretenda escapar de sus responsabilidades, la alegría que uno pretenda  guardar egoístamente  sólo para sí no es alegría cristiana. 

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San Pablo exhorta: ¡Estad siempre alegres!. Más reiterativo es en su carta a los  Filipenses: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos”.  Aunque san Pablo parezca imponer –“¡estad siempre alegres!”-, su intención es exhortar y animar. Por eso a continuación dice: “Sed constantes en orar. ... Guardaos de toda forma de maldad”. ¿Quieres una Navidad Feliz? Sigue estos consejos de san Pablo: oración y bondad. Oración para conocer a Dios y conocerte y bondad para extender la alegría por el mundo.

Toma conciencia de la alegría que Dios ha sembrado en tu interior; porque tienes la chispa divina, y Dios es alegre. Como cristiano estás invitado al banquete de la alegría. La misa es un adelanto de esa fiesta, ella te invita a volverte a Dios en Adviento y Navidad. 

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Postdata: No cierres la lectura de este post sin repetir el ejercicio inicial.  Vuelve a tu presente aquí y ahora; siente tu respiración, y con ella siente la alegría de ser amado por Dios y por muchos que te quieren;  gózate en tu alegría y manda desde ahí bendiciones y parabienes a quienes sabes que se sienten tristes, solos y abatidos; y en estos días no dejes de hacerte físicamente presente y cercano a quienes  sabes que necesitan de tu amor bondadoso. La caridad es manantial de alegría.

Feliz domingo.

Diciembre 2023

Casto Acedo

viernes, 8 de diciembre de 2023

Preparar el camino al Señor (II Adviento; 10 de diciembre)

 

EVANGELIO
Mc 1,1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."»

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

Palabra del Señor

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El protagonista indiscutible del segundo domingo de Adviento es  Juan Bautista, el último profeta del Viejo Testamento y el primero del Nuevo. Su mensaje sigue la estela de la profecía de Isaías e  invita a “preparar el camino al Señor” (Is 40,3). La presentación pública que hace de Jesús como “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29), deja ver el ser y la misión del quien se acercó a él pidiendo ser bautizado. 

La misión de Juan Bautista la continúa  hoy la Iglesia que, como hace la segunda carta de san Pedro, invita a estar preparados para recibir al Señor, no sólo con el arrepentimiento del mal realizado, sino también ejercitando el bien, para que así “apresuremos” la venida del Señor, estando “en paz con Dios, inmaculados e irreprochables” (2 Pe 3,8-14). 

¿Qué tenemos que hacer?

“Juan predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados!” (Mc 1,4). Hay una relación estrecha entre conversión y esperanza. Los que acuden a Juan Bautista lo hacen porque viven alguna situación desesperada; las heridas de la vida les han machacado el alma, y, aunque el texto no lo explicite, ya se habían agarrado a los ídolos de este mundo intentando escapar del sufrimiento; pero esas experiencias del mundo no debieron ser gratificantes. Por eso, cuando Juan les urge a cambiar, ellos, desconcertados preguntan: - Juan, "¿qué tenemos que hacer"? (Lc 3,10), ¿dónde poner nuestra esperanza? 

Es una buena pregunta para el Adviento. Se acerca la salvación, llega la Navidad, ¿qué tenemos que hacer? San Marcos no recoge las recomendaciones concretas que para el caso da el Bautista, no así san Lucas, que da unos consejos concretos: ¡compartid los bienes, practicad la justicia, sed constructores de paz! (cf Lc 3,10-14). 

No obstante, describiendo el modo de vida del Bautista el evangelio de Marcos da pistas acerca de cómo preparar la venida del Salvador: “Iba vestido de piel de camello, -nos dice- con una correa de piel a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre, y proclamaba: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias” (Mc 1,6-7). Juan es un asceta que predicaba y practicaba la austeridad y la humildad. Vive en el desierto, y a él acuden aquellos que se sentían insatisfechos y deseaban dar un giro a sus vidas. 

 El quehacer y el decir de Juan, y las palabras del profeta Isaías que se proclaman hoy en la primera lectura, nos dan pautas para preparar la Navidad: 

*Lo primero es la austeridad frente al consumismo ambiente. La sola contemplación de la figura del Bautista nos debe mover a la virtud de la pobreza, a la renuncia de todo lo superfluo, de aquello que sabemos que no necesitamos y además nos está haciendo daño, porque nos esclaviza. ¡Qué verdadero y claro es a veces aquello de que “el pecado mismo lleva en sí la penitencia”! La virtud de la austeridad nos hace libres y capaces de decidirnos por Jesús.

*De la austeridad brota una alegría “profunda” (interior) frente al “hedonismo” (exterior): “Consolad a mi pueblo y decidle: ... Aquí está nuestro Dios" (Is 40,1.9). La fe en Dios que salva da esperanza, y fruto evidente de la esperanza es la alegría, el gozo verdadero de quien se sabe con Dios y de Dios. ¡Cómo contrasta esta alegría interior con el placer efímero del pecado! 

*Añadimos a nuestros quehaceres la humildad y aceptación de uno mismo frente a la cultura de la apariencia y la moda. “Si todo este mundo se va a desintegrar, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida” (2 Pe 3,11). Humildad frente a la vanidad de unas fiestas navideñas que, a pesar de las restricciones sociales,  no dejarán de excitarnos con un indecente deseo de aparentar: “Que los valles se levanten, que las colinas y montes se abajen” (Is 40,5). “El que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado” (Lc 14,119. 



*También conviene al Adviento el espíritu de servicio frente al deseo de dominio: Ser como Juan Bautista, un servidor: “No era él la Luz, sino un testigo de la luz”(Jn 1,8). Hemos de vivir no predicándonos a nosotros mismos, sino a Cristo en el servicio al prójimo, apresurando así su venida ( cf 2 Pe 3,12) porque “el Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan” (2 Pe 3,9) Con tu conversión estás acercando (apresurando, adelantando) el reino de Dios. 

*Finalmente, la Navidad se con misericordia entrañable y fiel a los mandatos del Señor. “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo” (Salmo 84,11). ¿Dónde se encuentran la fidelidad y la misericordia? En aquel que viene, en el Niño-Dios, el Mesías que nacerá, que es fidelidad de Dios a sus promesas y misericordia para nuestras miserias. Si Dios “perdona nuestras ofensas”, ¿no perdonaremos también nosotros a los que nos ofenden? ¿No se ablandará nuestro corazón y se rendirá ante la ternura de Dios? Entonces será Navidad.


Poner el amor en el centro del "nacimiento"

Los medios de comunicación hacen una lectura folklórica, turística y consumista de Adviento y Navidad. Es difícil frenar esta carrera de locos que luchan  por ser lo que no son  ambicionan lo que no pueden alcanzar. Tal vez nuestra mayor pobreza sea la  ignorancia de buscar fuera lo que sólo se puede encontrar dentro.
 ¿No debería preguntarme si merece la pena vivir en la opulencia, el orgullo y la competencia con los que me rodean? Debería preguntarme: ¿quién colmará mis carencias espirituales?: ¿el gordo de Navidad?, ¿los caprichosos lujos y excesos en la comida? ¿Los regalos de Reyes? ¿Cómo escaparé a la soledad? 

El segundo domingo de Adviento invita a mover ficha, a salir de la ciudad y retirarte al desierto para adquirir la sabiduría divina necesaria para no caer en el engaño de una  navidad sin nacimiento. Lo único que puede llenar tu corazón es al Amor (con mayúsculas). Haz estos días un retiro de amor y  solidaridad que despierte en ti el amor universal; haz de tu hogar (interioridad) un lugar donde quepan todos, de tu vida un "nacimiento" (¡qué ambivalente es esta palabra!) donde quepan todos. A esto te llama san Juan Bautista. 

Una cita de M. Eckhar te puede servir de meditación para tu retiro; parece un tanto enrevesada, pero esconde un mensaje muy sencillo: Amor a Dios humanado (Cristo), amor al prójimo (hermano) y amor a ti mismo (tu persona) son un todo indivisible. 
"Si te amas a ti mismo, amas a todos los hombres como a ti mismo. Mientras le tengas menos amor a un solo hombre que a ti mismo, no habrás llegado a amarte de veras; eso solo es posible cuando amas  a todos los hombres como a ti mismo, a todos los hombres en un solo hombre: y este hombre es Dios y hombre!".(Sermón XII, Qui audit me)
Nacer al amor universal (a Dios, al hermano, a ti mismo y a toda la creación) es el mejor modo de prepararte a vivir la Navidad. 

Diciembre 2023
Casto Acedo

jueves, 7 de diciembre de 2023

María Inmaculada, belleza de Dios (8 de diciembre)


EVANGELIO

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

¡Palabra del Señor!

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Verdad, bondad y belleza

Habla la filosofía clásica de tres cualidades o virtudes propias de todo ser: verdad, bondad y belleza. Lo que esperamos siempre de algo o de alguien es que sea verdadero, es decir, real, realista y sincero en sus manifestaciones,  que sea bueno, que su estar y su hacer sean una bendición, y que sea bello, capaz de provocar en quien lo contempla o lo escucha un placer sensorial, intelectual o espiritual.

Todos anhelamos y buscamos estas tres virtudes, y en un mundo de mentiras, medias verdades y posverdades necesitamos una verdad donde asirnos y mantener el necesario equilibrio. En un mundo violento necesitamos bondad y compasión. Y en un mundo poco amable,  áspero, opresivo, desagradable y oscuro, hay necesidad de la belleza que calme y eleve el corazón.

En María Inmaculada encontramos una vía, un camino para contemplar y  disfrutar de las tres virtudes señaladas.

*Hallamos en María la verdad de Dios, que es grande. ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor! Yo no soy grande, dice María, es el Señor el que me engrandece porque pone su mirada en mi humildad. Soy la primera a sus ojos por ser la última y la esclava de todos. Y al amparo de la grandeza de Dios encarnada en María brilla la verdad de las personas sencillas y pequeñas. María aprendió la verdad en el aula de la fe.  "En verdad, en verdad os digo..." (Jn 6,26), decía Jesús. “Dichosa tú que has creído” (Lc 1,45), se dice de María.

*Hallamos también en María la bondad de Dios. Una persona buena es acogedora, tierna, paciente, fiable disponible para quien le necesite., “He aquí la esclava del Señor” (Lc 1,38). María se hace sierva, esclava, al servicio del amor de Dios. María acerca al mundo la misericordia de Dios al ofrecerle el espacio de su vientre. No es otra cosa ser bueno sino darle espacio a Dios en nuestra vida: “Nadie es bueno sino sólo Dios" (Lc 18,19). Ser buenos es llevar a Dios dentro, armonizar la propia vida con la bondadosa voluntad de Dios. Ser bueno es encarnar la caridad. María se puso en camino para ayudar a su prima Isabel (cf Lc 1,39). Es una mujer buena.

*Y, por supuesto, hallamos en María la belleza de Dios. La fiesta de la Inmaculada concepción es  exaltación de a esa belleza. La humanidad fue creada a imagen y semejanza del Creador (Gn 1,27). Somos una obra de arte del mismo Dios.. "Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano" (Is 64,8). Somos vasijas moldeadas por el mismo Alfarero. Y aunque esa obra quedó afeada por el pecado,  no todo quedó perdido; ya desde el principio se apunta una esperanza: “Pongo enemistad entre ti y la mujer, pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón" (Gn 3,15)..”.

Saborear la Belleza de María

Dios es el autor de la belleza. “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura / e yéndolos mirando, / con sola su figura, / vestidos los dejó de hermosura", dice san Juan de la Cruz. En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María brilla especialmente el buen hacer de  Dios que se revela en María poniendo un esmero especial para conservar intacta la belleza del Autor. Contemplar a María Inmaculada es admirar la belleza y luminosidad divinas, emocionarse con la visión de la gracia de Dios en Ella. No es la fiesta de hoy una ocasión para especular sobre doctrinas o credos, ni para hacer discursos morales, sino para disfrutar la hermosura de esta "mujer vestida del sol,  la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (Ap 12,1). 

Las virtudes que brillan en María son necesarias para despertar a un mundo nuevo. De las tres que hemos citado la belleza parece la de menor interés práctico. La verdad sirve para pensar, la bondad se palpa en el hacer; la belleza, sin embargo, parece algo abstracto y romántico. No obstante, la experiencia interior que alienta esta virtud es la fuente del saber y la fuerza del hacer. Basta saber que la belleza se saborea en la oración, se reafirma en la intimidad del encuentro, y se goza y afianza en la experiencia mística. Ahí se ancla la esperanza, que es virtud del presente, se ensancha el corazón dándole mayor espacio a Dios y se ponen los cimientos para las aspiraciones más elevadas.

La Virgen María es belleza de Dios en estado puro; un corazón asentado en la esperanza, que aspira intensamente a Dios desde el principio. No es una persona extraña, no es una diosa, es de naturaleza humana; aunque entre todos los hombres y mujeres la Inmaculada es la criatura más perfecta, digna morada de Dios, anticipo de lo que estamos llamados a ser.
 
Contémplala hoy como tal, emociónate adentrándote en la transparencia de su hermosura. No pienses, no especules, no calcules ni hagas promesas de cambio que no sabes si cumplirás. Contempla el Reino encarnado en el vientre de María. Empápate del amor de Dios que rebosa en su Madre; déjate tocar por quién habita en ella, y todo lo demás se te dará con ello (cf Mt 6,33).

Te lo repito: aprovecha este día para  sumergirte y permitirte descansar con Cristo en María. Y no olvides que María es "Modelo de la Iglesia"; encontrarte en esta fiesta con tu comunidad en la Eucaristía es el modo más eminente de hacerte presente a María y al mismo Dios en el Sacramento.

¡Feliz día de la Inmaculada Concepción!

* * *

Otro comentario a la liturgia del día en: 

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Diciembre 2023
Casto Acedo

jueves, 30 de noviembre de 2023

Despertar (I Adviento. 3 de diciembre)

 EVANGELIO 

Mc 13,33-37

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!".

Palabra del Señor


Calderón de la Barca, en La vida es sueño incluye un soliloquio donde Segismundo piensa en la vida y en su suerte;  es, sin duda alguna, el texto más famoso del teatro español; y entre otras cosas dice:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

La condición humana no ha cambiado. Porque seguimos dormidos, viviendo en sueños, creyendo que somos lo que soñamos (pensamos) y ajenos a la realidad de lo que en verdad somos. Nos creemos despiertos, pero solemos estar dormidos. 

Vivimos en gran parte de ilusiones, instalados en fantasías que nuestra mente inventa para huir de realidades que resultan poco atractivas. Sueña el soberbio en su triunfo, el avaricioso en ser poseedor de un tesoro insuperable, el lujurioso sueña vivir en un inagotable placer;  se deleita el perezoso en una vida descansada, el goloso se relame degustando exquisiteces  en una mesa de abundancia; goza el poderoso y violento aplastando al débil los y disfrutando su venganza; y el envidioso, pobre hombre, vive la pesadilla de no poder gozar nunca lo que gozan los demás. Cada cual se monta su película convencido de que es quien sueña ser y vive lo que sueña vivir.

Ante una vida planteada así, dos gritos conectados atraviesan el tiempo de Adviento: ¡Despertad! y ¡Velad!. Primero despertar, que es tomar conciencia de quién soy y para qué estoy en el mundo; y, ya despierto, velar para no recaer en el engaño de la mente que me hace vivir en la mentira de que la felicidad plena se alcanza en los deseos de la carne. Sueño imposible.

*

¡DESPERTAD! "¡Despierta, tú que duermes" (Ef 5,14). Un grito para los de fuera, para los que aún no han conocido el templo de la fe y la interioridad, para los que viven en sus laureles o sueños. Es la llamada que Adviento dirige a quienes ni siquiera se han planteado que existe una realidad interior donde se forja el sentido de la vida. Son o somos muchos los que vivimos aún dormidos, nuestro verdadero ser se halla arrullado por las sábanas y las mantas del hombre viejo con que el mundo nos calienta y adormece.

¡VELAD! ¡MANTENÉOS DESPIERTOS! Es este un grito para los que ya dieron un primer paso de conversión y entraron al atrio del templo, para los que ya han recibido conscientemente la luz del primer bautismo  y caminan  hacia el segundo que es la Pascua definitiva. Si eres de éstos, mantente despierto, no te duermas, no vuelvas al sueño de la taberna, el lupanar y el espectáculo. No mates la vida que ya has conocido.
*


Tal vez entre estos dos grupos ("los que necesitan un despertar" y los "invitados a mantenerse despiertos") te has colocado mentalmente en el segundo, el de quienes ya han conocido el evangelio y han de mantenerse atentos para no ser confundidos. Sin embargo te aconsejo que comiences el Adviento considerando que aún puedes estar entre los dormidos. A veces confundimos la fe con un sueño más, con creencias nada acertadas.

Si observas tu vida puede que aún esté cubierta por edredones, mantas y sábanas que alimentan el sopor y  la pereza que te impiden despertar. Esas ropas que cubren tu lecho son  los caprichos, los aires de grandeza, las envidias, el deseo de aparentar, etc. que no te dejan ver lo que  realmente eres.

 Para despertar al ser verdadero, para vivir de veras,  has de comenzar por el despojo de todo lo que cubre tu ser genuino, todo aquello que te impide salir del acomodo en la periferia para vivir en tu centro. 

Parece un desatino, pero para despertar a la vida se ha de comenzar por la aceptación de la realidad de la muerte.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¡Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

La muerte física pone al descubierto qué es lo permanente y qué lo perecedero. La muerte despoja de abalorios. Despertar a la conciencia de la muerte hace volver a lo esencial, la conciencia de la vida interior, el Reino de Dios que anida en el corazón y se imbrica en los afanes de la vida; la muerte pone a quien la conoce  ante su "ser original" hecho a la medida de Cristo. Contemplando sin temor la finitud de la vida se saborea su esencia.

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El mencionado segundo grito de Adviento es un consejo para quien ya ha despertado: ¡MIRAD, VIGILAD! Contempla y mantén los ojos abiertos. Porque aún no vives en el centro del Santuario; no vives desde tu centro, sigues en el atrio de los gentiles bajo la seducción constante de recaer en el sueño para huir de  realidades que no te agradan: ¡En Egipto se vivía mejor! (cf Nm 11,5). Para mantenerte despierto es importante que seas fiel a la oración, a la comunidad y al reclamo de Amor y del amor como remedios contra el cansancio y el sueño.

Aprovecha el tiempo de Adviento para despertar a lo imperecedero y eterno, al conocimiento y a la vida del Amado; y cuida que se fortalezcan los lazos y compromisos que te unen a Él. Esta es la llamada de Adviento. "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará”. (Ef 5,14). “Velad, no sea que venga el dueño de la casa y os encuentre dormidos”. "Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil". (Mt 25,41).

Despierta y está atento al Señor que viene.

¡FELIZ ADVIENTO!

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NOTA: Tienes otro comentario sobre el tiempo de Adviento como tiempo para despertar y vivir el presente, en este blog:

Noviembre 2023
Casto Acedo

Adviento: presente, pasado y futuro (3 de diciembre)

EVANGELIO 
Mc 13,33-37

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!".

Palabra del Señor



El año litúrgico con su pedagogía milenaria vuelve a llamarnos en Adviento invitando a despertar. "¡Velad!". Cada año somos invitados en el tiempo de Adviento a resetear nuestros mecanismos espirituales. En cuatro semanas se nos pide revisar nuestras esperanzas para hacerlas confluir en Aquel que es para nosotros "la Esperanza de la gloria" (Col 1,27). 

Ahora bien, en la celebración de "otro adviento" hemos de evitar caer  en la rutina que nos llevará al eterno retorno de lo mismo. El tiempo cristiano no es circular, sino que es una recta ascendente que apunta muy alto: hacia la consumación de todas las cosas en Cristo. No hay de hecho dos tiempos iguales, aunque lo parezcan; el últimos debería superar siempre al anterior.

Adviento invita a reiniciar el camino de la vida interior no partiendo de cero sino desde el punto en que me hallo, desde mi realidad espiritual actual, ya sea como persona o como comunidad. Desde ahí el Adviento trata de volverme y afianzarme en Jesucristo: el que fue, el que es y el que será. Aunque parezca un extraño juego de palabras, estamos ante un "esperar hoy al que ya ha llegado", la confluencia del pasado y el futuro en el presente.


Pasado: “El que fue (el que vino)”. 

Adviento invita a unirnos al pueblo de Israel en su esperanza. Es bueno releer en la biblia la historia de la salvación, historia de un pueblo que vivió momentos de derrotismo, de humillaciones y de persecuciones. Un resto de ese pueblo nunca perdió de vista la esperanza en su Dios. "Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él… Todos éramos impuros, … Y sin embargo, señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero” (Is 63,16.64,7). 

Contemplar las acciones de Dios en la historia de la salvación es una excelente meditación para el Adviento. El “resto de Israel” se mantuvo firme en la esperanza rememorando las acciones pasadas de Dios;  esto te da pie para esforzarte estos días en recurrir con más frecuencia a la lectura de la Palabra de Dios, para  rememorar acontecimientos y personajes (Abrahán, Moisés, Isaías, Jeremías, Juan bautista, María, etc) que te ayuden a entender las claves de la esperanza. 

Contemplando la historia sagrada escrita en la Biblia te preparas para conocer y enfocar tu propia historia de relación personal con Dios. Conviene que alimentes tu esperanza volviendo a las fuentes de la fe: ¿Cuándo me sacó el Señor de Egipto (mi conversión)? ¿En qué momento concreto sentí que me libró de la angustia y me abrió a la esperanza? ¿Cuándo le sentí cercano, amigo, compañero? ¡Gózate haciendo memoria de tu conversión primera! No se trata de que te aferres a la nostalgia del pasado, sino de que pises fuerte con un pie echando el otro hacia adelante con seguridad y aplomo.

En la oración personal y comunitaria, en las celebraciones litúrgicas, especialmente en la Eucaristía, celebra y rememora; bebe el agua de la fuente que es la experiencia de Dios que se te enseña en la Iglesia y que tú mismo extraes del hondón de tu historia personal. El agua de la vida que corre por los veneros de la Escritura es la misma agua que extraes del pozo de tu vida espiritual. El mismo espíritu que inspiró la Biblia inspira en ti la inteligencia de su lectura.


Presente: “El que es (el que viene)”. 

Y desde la lectura del pasado eclesial y personal, mira el presente. Vivimos tiempos de incertidumbre, de conflictos bélicos impensables hace unos años, de inseguridad política  y miedos. Son "signos de los tiempos" que el Concilio Vaticano II nos invita a leer como lenguaje de Dios. 

En medio de tanto dolor incomprensible y tanto sufrimiento acumulado, la esperanza corre el riesgo de tambalearse. Las cosas no parecen invitar al optimismo. Nos queda el refugio en el futuro que vendrá, pero ¿qué hay del presente? ¿Donde está el Dios bueno y misericordioso? 

Has de tener claro que la esperanza es virtud del presente. Los signos salvadores se están dando ya. En la noche de las guerras y los miedos brillan las estrellas de la entrega generosa. ¡Cuántas estrellas nos están alumbrando en estos tiempos de necesidad de paz y de cariño! Hay luces, signos a tu alrededor, que iluminan. ¡Cuántas personas e instituciones siguen poniendo amor donde no lo hay!  Párate y observa. Alimenta tu oración dejando que esos signos se apoderen de tu ánimo.

No sólo las estrellas de la solidaridad y la fraternidad son visibles, también el sol (Jesucristo) y la luna (Iglesia) se dejan ver. A Dios lo puedes ver con los ojos de la fe; y puedes estar seguro de que ese Dios que ves, oyes y sientes que toca tu corazón en estos días de incertidumbre, es el Dios verdadero; y esa Iglesia que en templos semivacíos celebra los misterios de la fe y con Caritas pone sus brazos al servicio de enfermos y necesitados, sigue siendo signo de esperanza a pesar de sus debilidades.

Los signos hablan y hay que leerlos. El amor sigue presente más que nunca, la fe es más pura y verdadera porque no se asienta tanto en evidencias cuanto en abandono humilde. La esperanza es más efectiva, está más presente, cuando ancla el corazón en la realidad del aquí y ahora queridos por Dios más que en el idílico porvenir que con frecuencia sueña nuestra egoísta imaginación. A Dios se le ve, se le ama y se le espera en el presente. ¿Qué haces mirando al cielo? Rastrea los signos de la presencia de Dios aquí y ahora, a tu lado.

Adviento es tiempo para que mires con ojos bien abiertos y descubras en el día a día “el brote del tronco de Jesé” (Is 11). "No recordáis lo de antaño, no penséis en lo antiguo. (No pienses en lo que está por venir, añadiría yo). Mirad que realizo algo nuevo. ¿No lo notáis? Abriré caminos en el desierto, corrientes en el yermo, para dar de beber a mi pueblo" (Is 43,18-19). Entre las zarzas de la mentira, el dolor y la tristeza que  expanden estos días los noticiarios hay señales que anuncian un mundo nuevo. Deberías dejarte interpelar por los gestos mesiánicos que recorren la geografía del mundo, y que si sabes aprovechar te dejan ver el despertar de la solidaridad, la fraternidad y la misericordia. 

Como los Magos de Oriente, los que viven tiempos oscuros pueden ver cómo brilla en la oscuridad la estrella de Belén. Dios no nos deja solos. En la noche esperamos, “aguardamos” como el cazador la presa, permanecemos atentos a que no se nos escapen los signos de esperanza que se están produciendo. Dios sigue estando, sigue viniendo. Es Adviento. Cada día es Adviento. Porque cada día el Señor sigue viniendo a ti  y anima tu esperanza. Si despiertas lo ves. 


Futuro: “El que será (el que vendrá)”.

Adviento mira también al futuro: ¡Ven, Señor, Jesús! Estamos en proceso constante de crecimiento espiritual, de conversión. Importante es mirar al pasado y esencial entender y situarse en el presente; pero no lo es menos el futuro. Con la venida de Dios la utopía de un mundo perfecto no es un sueño imposible. La creación entera responde a un proyecto de Dios; y como toda proyección apunta a una meta: la consumación de todas las cosas en Cristo, la plenitud de su venida, el momento -kairós- en que Dios lo sea "todo en todos" (1 Cor 15,28; cf Rm 8,18-30). 

Vivir el Adviento es poner en acto nuestra esperanza, clarificar los objetivos que nos proponemos alcanzar y echar a andar. Porque el futuro es don y tarea, es porvenir de Dios y tarea de cada cual. 

¿Hacia dónde me dirijo? ¿Cuál es mi destino? Y puesto que sólo se hace camino al andar, ¿qué debo hacer hoy aquí para "vivir el futuro en mi presente"? Un buen camino es reorientar mi proyecto de vida a luz de la Palabra, para no estancarme ni desviarme del camino. Mirarme en el espejo de la Palabra y hacerla vida es necesario si no quiero correr el peligro de esforzarse por nada y llegar a ninguna parte. 

En adviento he de estar atento al peligro de ahogarme en la ciénaga de la nostalgia o las expectativas triunfalistas; esto ocurrirá si me obsesiono por esperar el retorno de un pasado glorioso que fue o un futuro triunfal que es sólo fantasía de mi ego falso.  Cuando creo que cualquier tiempo pasado fue mejor y me empeño en el imposible de volver atrás, me vuelvo reaccionario. ¿Notas en ti síntomas de ello? ¿Te descubres a ti mismo excesivamente dogmático, cerrado, intransigente, impermeable a todo lo nuevo? Si tu respuesta es "sí" necesitas urgentemente entrar en Adviento.

La esperanza del Adviento se alimenta también del futuro  como sana utopía en el presente. Aquí y ahora la meta de la vida, el triunfo de Cristo se saborea. He dicho "se saborea", en presente, porque como dice san Agustín, "tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (recuerdos), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación)” (Confesiones, L. XI,XX,26). La esperanza es, pues, del presente.

Has de saber  que el futuro es realidad cuando afecta al presente, lo único real. La utopía es motor en el presente, fuerza que pone en marcha el hoy; no es embobamiento en el mañana que se espera de brazos cruzados. Si la ilusión -utopía- del futuro no te está dinamizando, si no avanzas en tu vida espiritual y en tus compromisos personales, ¿no será que has perdido la brújula? Y la brújula es Jesús. Cuando te desorientas y desesperas, ¿no será que te obsesiona volver a un pasado inexistente o alcanzar un futuro de consumo, poder, apariencias o tranquilidad de conciencia,  que no es el futuro de Cristo? 

Adviento te llama a esperar ante todo en y a Dios, y con él afianzar tu esperanza en que puedes trabajar por un mundo nuevo unido a otros muchos. “Quien no espera nada de los demás, acaba marginándolos. Quien no espera nada de sí mismo acaba autodestruyéndose. La vida se edifica sobre la esperanza. Y la esperanza nace de la conciencia de lo que se cree” (Ricardo Mª Carles). 

Importante la interacción de las tres virtudes teologales. No olvides que la esperanza es esa virtud que va de la mano de sus dos hermanas, la fe y la caridad; para vivir en esperanza cree en Dios, cree en el hermano y cree en ti mismo; ama a Dios, ama a tu prójimo y ámate a ti mismo. Ama tu realidad con el mismo amor con que Dios la ama. 


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Quedan poco más de cuatro semanas para la Navidad de 2024. Examina tu esperanza en estos días que nos acercan a la fecha del 25 de diciembre. La Navidad del consumo puede ser un obstáculo para despertar a la realidad de tu vida. Intenta escaparte a algún lugar de retiro; unas horas, un día, ¿quién pudiera una semana? Aprovecha el tiempo de Adviento parea darte la oportunidad de vivir tu Navidad, tu despertar a una vida más humana y más divina. No dejes que los oropeles de las navidades ahoguen en ti La Navidad.

Feliz Adviento

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Noviembre 2023.
Casto Acedo 

domingo, 23 de julio de 2023

SAN PEDRO DE MERIDA. Acoger al peregrino.

 

El próximo martes, 25 de Julio, de paso hacia la JMJ, Jornada Mundial de la Juventud y encuentro con el papa Francisco con los jóvenes,  que se celebra en Lisboa, recalan en nuestro  pueblo un grupo de ochenta jóvenes de unas parroquias de barrios de la periferia de Barcelona, en concreto las Parroquias de Sant Mateu y Sant Rafael.  Salieron de Barcelona el día 26 de Junio, bendecidos por su Arzobispo, y van a recorrer en total 1.276 kms. 

La razón y objetivos de la peregrinación los podéis leer  y ver clickando en las siguientes fotos o enlaces:

https://alfayomega.es/100-jovenes-catalanes-parten-a-pie-hasta-la-jmj-de-lisboa-para-sufraga-la-reconstruccion-de-su-parroquia/

https://www.youtube.com/watch?v=7YpGNbV2Ub4

Como podéis ver en los enlaces citados no mueve a estos jóvenes un interés de simple diversión  o entretenimiento; es una ocasión para el encuentro, la amistad, y la vivencia cristiana. Una oportunidad para conectar con Jesús en el camino que marca el Evangelio. Nunca olvidarán estos chicos y chicas la heroicidad de la que están siendo protagonistas y de la cual tal vez no están siendo muy conscientes.

Será una experiencia que no olvidarán, y no sólo por lo que conlleva de dificultad y cansancios sino, sobre todo, porque "caminando juntos" hacen evangelio, construyen la Iglesia.  Eso forma parte de los objetivos que se buscan en esta peregrinación: "hacer una Iglesia Nueva", su templo parroquial necesitado de reformas (Iglesia) y la misma Iglesia que somos, tan necesitada de ser rejuvenecida.

No podemos cerrar nuestro corazón a esta oportunidad de estar con ellos en su travesía. Es una obra de misericordia "acoger al peregrino". ¡Seamos hospitalarios! La hospitalidad nos hace más humanos y por ende más cristianos. Cada hermano que Dios  pone en nuestro camino es un regalo que Dios nos  hace, una oportunidad para santificarnos y crecer espiritualmente.

El grupo tiene prevista la llegada sobre las 12 del mediodía. Disfrutarán de  un baño en la piscina, por lo que agradecemos a los responsables de la misma sus facilidades para ello, y pasarán la noche en la Casa de la Cultura del pueblo, por lo que también se agradece desde aquí al Ayuntamiento  la disponibilidad para ello.

Yo no podré estar presente ese día; pero nos hemos organizado para apoyar a estos jóvenes. Por parte de la Parroquia y la Hermandad hemos decidido facilitarles unos bocadillos y refrescos para la comida del mediodía y unos dulces del pueblo para el desayuno.  Y para la cena varias personas se han ofrecido ya a preparar tortillas, canapés u otras cosas. Quien quiera colaborar con algún alimento, y a fin de equilibrar así lo que se aporte,  que se ponga en contacto con las mujeres responsables de la Hermandad.

A una hora que nos puede parecer intempestiva habrá en la Iglesia un acto religioso en dos partes. A las 16, 15 horas una oración comunitaria (Hora santa con Exposición del Santísimo), y a las 17 horas misa. Recordad que el Martes 25 es el día de Santiago Apóstol. También es una oportunidad para rezar por ellos y por nuestros jóvenes a los pies de Ntra. Sra. de la Albuera. 

Desde aquí, con sencillez y con amor cristiano, os invito a que sepáis compartir con los peregrinos la alegría y a que participéis tanto en la oración como en la misa, y también  a que seamos transparentes y generosos en la acogida. Acoger a estos jóvenes es evangelizar y recibir la bendición de Dios. Recuerda las palabras de Jesús: "El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa". (Mt 10,42). Es Palabra de Dios. 

Bendiciones para los que vienen y los que les reciben. 

Vuestro Párroco.

Casto Acedo.  


La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...