"Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 19-23)
sábado, 4 de junio de 2022
Al hilo de la Palabra (5 de Junio)
miércoles, 11 de mayo de 2022
San Isidro Labrador (15 de Mayo)
San Isidro fue beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619 y canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, junto a San Felipe Neri, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, aunque la bula de canonización no fue publicada hasta 1724 por Benedicto XIII. Fue declarado patrono de los agricultores españoles por Juan XXIII en bula del año 1960.(Wikipedia, Isidro labrador)
b) No fue san Isidro reformador de ninguna orden religiosa, como santa Teresa de Jesús, ni sus escritos místicos le valieron el reconocimiento de autor literario de renombre y doctor de la Iglesia. San Isidro era un simple laico, que no reformó ninguna institución eclesial, pero sí reformó su vida a la luz del evangelio de Jesús; su palabra y sus escritos fueron el silencio, el ocultamiento y la desconsideración de no saber siquiera escribir. Si la santa del Carmelo decía que “entre los pucheros también anda Dios”, san Isidro, con su sencilla espiritualidad de labriego, nos dice que entre arados, siembras, cosechas, eras y graneros, también Dios se mueve.
Por tanto, tenemos ante nosotros a un santo poco aristócrata, tal vez considerado en su época no muy digno de recibir el título de santo, un personaje sin renombre y alta consideración familiar, poco intelectual y de poca actividad reformadora y fundadora; pero no cabe duda de que en san Isidro tenemos hoy, como sus vecinos lo tuvieron en su día, a un santo de gran humanidad.
martes, 26 de abril de 2022
Novena Virgen de la Albuera (Día 9º. Puerta)
NOVENA
A LA VIRGEN DE LA ALBUERA
Dia 9º. Puerta
Vos sois, ¡Oh Abogada y patrona nuestra!,
aquella hermosa Puerta que vio Ezequiel cerrada siempre para la culpa y abierta
para la misericordia. Vos sois aquella puerta de oro donde el pobre paralítico
pedía limosna y la lograba. Vos sois, finalmente, aquella puerta del cielo que vio
Jacob de nuestra España, Santiago, por donde todos los justos han entrado en la
gloria. Hasta ahora a nadie se le ha cerrado esta puerta; a cualquiera que ha
pedido a ella se le ha socorrido en lo necesario. Pues, Señora, no sea yo sólo
el desgraciado que llegando a vuestra puerta, tan patente para todos, la halle
para mí cerrada. Aquí me tenéis postrado a vuestros pies; llamando estoy a la
puerta de vuestra misericordia; no me desechéis sin consuelo ni sin el favor
que os pido en esta Novena, si conviene para adoraros por una eternidad en la
gloria. Amén.
miércoles, 20 de abril de 2022
Novena Virgen de la Albuera (3º día. Piscina)
Novena a la Virgen de la Albuera
Vos sois, ¡oh celestial Princesa! Saludable Piscina en quien todos los enfermos del linaje humano logran salud de cualquier enfermedad, y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús. A vos, pues, acudo, clementísima Madre, para que sanéis no solo las enfermedades de mi cuerpo, sino las dolencias de mi alma. Quiero, Señora, la Salud y confío lograrla con vuestra poderosa intercesión, junto con la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para mi eterna salvación. Amén.
* * *
PISCINA
No. No hablamos de las piscinas en las que refrescamos el verano para paliar las calores. Escasas serían esas piscinas en la época en que el autor de esta novena, publicada en 1937, aplicó a la Virgen de la Albuera el título de Piscina. Tengamos en cuenta que hasta no hace mucho las piscinas sólo existían en los sanatorios, y eran valoradas por sus propiedades curativas.
A esas piscinas acudían, y aún acuden, personas
que buscan descansar y curar los achaques físicos y el estrés con sus baños; son balnearios como los del cercano
pueblo de Alange o los Baños de Montemayor.
Hay dos pasajes evangélicos muy significativos
que hablan de piscinas con propiedades curativas; uno se sitúa en Betesda y el otro en Siloé.
“Hay en Jerusalén, dice el Evangelio de san Juan (5,2-9), junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.
Jesús se muestra aquí como el Sanador que sustituye al agua de la piscina de Betesda. No ayuda al paralítico a entrar en el agua, Él mismo lo baña con su amor infinito y lo sana con su palabra. Así Jesús se manifiesta como el agua de la nueva piscina. María, y la Iglesia con ella, la Piscina, Jesús el Agua sanadora.
En otro texto del mismo evangelio Jesús, después de untar con barro los ojos de un ciego, le dice: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista" (Jn 9,7). Como signo de fe en que Jesús le puede curar le pide ese gesto: ¡ve a la piscina de Siloé y lávate en sus aguas!. Podríamos tomar hoy estas palabras de Jesús y escucharlas como envío a su Madre, Piscina llena del Agua de la Gracia: ¡Ve a lavarte, a bañarte en la Piscina que es tu Madre de la Albuera!.
* * *
Bajo la mirada de Jesús contemplamos hoy a la Virgen de la Albuera como Piscina sanadora. Ella nos sana, nos da la “salud”, que en latín se dice “salus”, palabra que significa salud, sanación, y también salvación. Nuestra Señora de la Albuera tiene en sus manos la medicina para curar: el niño Jesús, el Salvador-Sanador del mundo. El ángel de la anunciación llama a la Virgen Llena de Gracia, Piscina llena de la Presencia de Dios. ¿Qué mejor agua medicinal que el Amor de Dios escondido en el Misterio de la Inmaculada Concepción? "Ser sin pecado" es el paradigma de la perfecta salud.
La denominación de Albuera que aplicamos a María, nos remite por su mismo nombre a un lugar que contiene agua. Albuera viene del árabe, y significa “mar pequeño”, extensión de agua no muy grande, albufera. Por tanto, el mismo nombre de nuestra Madre viene a significar que ella contiene el Agua de la Salvación, de la salud, que no es otra que el mismo Jesucristo. Jesús es el océano inmenso, La Virgen de la Albuera "mar pequeño", y por eso más cercano.
La novena dice hoy: “Vos sois… piscina en la que todos los enfermos del linaje humano logran la salud de cualquier enfermedad”, y añade algo que parece escandaloso, y que conviene matizar: “Y a veces más pronto lo consiguen al invocar vuestro nombre que el de vuestro Hijo Jesús”. Conviene matizar esto último, porque si María cura y sana no es por su propio poder sino por el poder de Dios, el poder de su Hijo. A Jesús siempre se le ha tenido como más lejano e inaccesible por divino -curioso si se tiene en cuenta que es Dios Encarnado, hecho hombre, hecho cercanía- , y a María como más humana y cercana; tal vez por eso dice el texto de la novena que “más pronto consiguen” la salud al invocar a la Madre; no porque sea ella la que sana sino porque parece que nos es más fácil acercarnos a Él por ella; solo Dios sana y salva. María no es diosa, pero sí es aquella a quien, tal vez por falta de la conveniente formación espiritual, nos acercamos con más confianza por parecernos más accesible.
* * *
Cada vez son más las personas acuden al terapeuta; y no solo a los médicos que se encargan de curar las enfermedades físicas sino también a psicólogos y psiquiatras que sanen las heridas interiores.
Pues bien, sólo con echar un vistazo a los evangelios, te das cuenta de la identidad de Jesús como terapeuta. Dice de Él el libro de los Hechos de los Apóstoles que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10,38); el diablo es la encarnación del agente que causa todos los males corporales y espirituales.
La gente sencilla acudía a Jesús, “venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6,18). Un centurión que se le acercó a pedir la sanación de su criado confesó el poder sanador de la oración dirigida a Jesús por los enfermos: “«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; tampoco me creo digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano” (Lc 7,6-7).
El médico Jesús ha venido a nosotros encarnándose en el vientre de la Virgen María. ¡Bendito el fruto de tu vientre, Jesús! La primera sanada fue ella misma, Inmaculada desde su concepción.
Me atrevería a decir que Jesús es terapeuta y la Virgen de la Albuera la enfermera, la que cuida de cerca al enfermo, la que se sirve de puente entre el médico y el paciente. La Virgen es Piscina-Hospital, y quien ingresa en su casa encuentra toda la atención que requiere su enfermedad. ¿Qué devoto de la Virgen no tiene experiencia de ello? Si acudes a rezar a menudo ante la imagen de la Virgen de la Albuera, si estás haciendo la novena, o leyendo este comentario, si tienes fe en ella, piénsalo, es porque en algún momento te ha sanado, ya sea de algún malestar corporal o de algún sufrimiento espiritual. Ya sabes por experiencia que es portadora de la mejor Medicina y el mejor Terapeuta: Jesús, Hijo suyo y Hermano nuestro.
* * *
Termina tu novena de hoy haciendo silencio. Sigue estos pasos si te ayudan:
1. Busca un sitio tranquilo y acalla tus pensamientos y tu corazón. ... Si no estás en la iglesia ante la Imagen de la Virgen de la Albuera pon una estampa o un cuadro ante ti; y enciende una vela (con esto indicas que quieres estar unos minutos con ella, dejándote iluminar por su presencia).... Permanece sentado o en cualquier otra postura que facilite tu quietud interior durante este lapso de tiempo.
2. Por un momento deja a un lado las preocupaciones; inspira y espira dulcemente sin forzar la respiración. Silencia y relaja tu mente y tu cuerpo para estar con Ella.
3.Ahora cierra suavemente los ojos, o fíjalos entreabiertos en su imagen o estampa, y repite: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname! Repite esta oración sin prisas, sintiendo como tu corazón sintoniza con el de la Virgen. Deja que el amor entre Ella y tú fluya ... ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sáname de …. (puede añadir lo que quieres que sane en ti!).
4. Añade peticiones de sanación por otras personas: ¡Virgen de la Albuera, Madre de Dios y Madre mía, sana a N. …. (Puedes añadir el nombre la persona por la que oras).
5. Déjate envolver por la mirada tierna y el amor dulce de la Virgen María, que es bálsamo y consuelo. ¡Gracias Madre, porque me amas; gracias porque me acoges; gracias porque me escuchas; gracias por dejar que me bañe en la Piscina sanadora de tu Amor!
20
de Abril de 2022
Casto Acedo.
sábado, 16 de abril de 2022
Al hilo de la Palabra (Resurrección, 17 de Abril)
Todas las celebraciones del año litúrgico convergen en la noche del Sábado Santo, en la celebración de la Solemne Vigilia Pascual. Porque ésta no es una noche cualquiera: “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” (Pregón Pascual). Esta es la noche en la que la oscuridad de estos días respira luz y esperanza.
Sin esta noche ni la fe (creer ¿para qué?, ¿para morir?), ni la Iglesia (sería una comunidad de fracasados) ni la vida misma (¿de qué serviría una vida abocada inexorablemente a la muerte?), tendrían sentido alguno. Porque “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios” (San Ireneo); la vocación a la vida sólo encuentra su plenitud en la resurrección para una Vida Eterna.
Esta es la noche en que “se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón). La vida de Dios alcanza de pleno al hombre y desde ella el hombre tiene acceso a Dios. En Cristo resucitado la humanidad recobra la chispa divina que le fue arrebatada en el paraíso: "Dios se hace hombre para que el hombre sea divinizado" (San Atanasio).
La Pascua es la aurora de una nueva era en la que todo es nuevo: “Esta es la noche de la que estaba escrito: `Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo´. Y así esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón Pascual). Es la noche del magníficat, noche en la que proclamamos con María y con la Iglesia las grandezas del Señor.
El mensaje central de todas las lecturas proclamadas confluye en una afirmación incontestable: La victoria es de nuestro Dios. Ya no hay situaciones totalmente desesperadas. “La tumba está vacía. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho” (Mt 28,6a).
Por tres veces aparece en el evangelio de hoy el verbo “ver”: “Al alba del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro” (Mt 28,1); “Venid a ver el sitio donde yacía”(Mt 28,6b); El ángel: “Ha resucitado de entre los muertos... id a Galilea. Allí lo veréis”(Mt 28,7), Jesús: “...Que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10). Por otro lado, se nos dice: “no está aquí”.
Ya no es visible, ni tangible, ni verificable. Ya no es localizable en un espacio y un el tiempo concretos. El evangelio juega con la paradoja tan propia de la fe que es el “ver y no ver”. Cristo ha resucitado, pero eso lo ven los que creen. La visión física se queda en un dato: “ved el sitio donde lo pusieron”, el sepulcro está vacío. El sepulcro vacío es visible para todos. Pero la fe va más allá y ve en el sepulcro la victoria de Dios sobre la muerte.
Con la resurrección las situaciones oscuras (el dolor, la enfermedad y la muerte) adquieren un tono distinto. Ya no hay lugar para la desesperación total. Si el que murió en la cruz y “descendió a los infiernos” ha resucitado siendo acreditado por el Padre ¿qué mal podemos temer?
"No temáis", dirá Jesús resucitado a sus discípulos bloqueados por un hecho hasta entonces inusual que les lleva a confundirlo con un fantasma. Soy yo, que vuelvo para estar con vosotros y sosteneros en vuestra lucha. Es como si dijera: "Todo irá bien" -decía Juliana de Nordwich- ... El Señor nunca dijo ‘no seréis zarandeados por la tempestad’ o ‘no os veréis abrumados por el trabajo’ o ‘no os faltará consuelo’, sino que dijo: ‘No seréis vencidos’. Dios quiere que tengamos en cuenta estas palabras, de forma que siempre, tanto en la alegría como en el dolor, tengamos una total confianza".

En el día del Viernes Santo hemos contemplado el dolor del Hijo que nos ha llevado al llanto, a llorar nuestro pecado, a compadecernos de Cristo que sufre en los hermanos. Hoy vemos el gozo de la Iglesia, la alegría del resucitado, que nos motiva para la propia alegría. Si con Cristo sufriente somos invitados a solidarizarnos con el dolor de los hombres, con Cristo triunfante, vencedor del mal y de la muerte, somos invitados a repartir alegría y esperanza: “Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10).
Jesús resucitado también partirá el pan con nosotros y para nosotros esta noche. “El que come de este pan vivirá para siempre... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,51.54). No sólo celebramos la resurrección sino que también la participamos (comemos) en la Eucaristía.
Que se abran las ventanas de nuestro espíritu y griten griten nuestra alegría a todos los que aún no conocen la noticia de la resurrección, porque Cristo“ verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lc 24,34), y entre las tinieblas de la enfermedad y la muerte se abre el paso la Luz.
viernes, 8 de abril de 2022
Al hilo de la Palabra (Domingo de Ramos)
En
aquel tiempo Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a
Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos
diciéndoles: - Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico
atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os
pregunta: “¿Por qué lo desatáis?, contestadle: “El Señor lo necesita”.
Ellos
fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los
dueños les preguntaron: -¿Por qué desatáis el borrico?
Ellos
contestaron: -El Señor lo necesita.
Se
lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba
ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados,
se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto,
diciendo: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo
y gloria en lo alto!
Algunos
fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
El replicó: - Os digo que, si éstos callan, gritarán
las piedras.
¡Palabra del Señor!
*

“Si eres Simón Cirineo, coge tu cruz y sigue a Cristo. Si estás crucificado con Él como un ladrón, como el buen ladrón confía en tu Dios. Si por ti y por tus pecados Cristo fue tratado como un malhechor, lo fue para que tú llegaras a ser justo. Adora al que por ti fue crucificado, e, incluso si estás crucificado por tu culpa, saca provecho de tu mismo pecado y compra con la muerte tu salvación. Entra en el paraíso con Jesús y descubre de qué bienes te habías privado. Contempla la hermosura de aquel lugar y deja que, fuera, quede muerto el murmurador con sus blasfemias. Si eres José de Arimatea, reclama el cuerpo del Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo. Si eres Nicodemo, el que de noche adoraba a Dios, ven a enterrar el cuerpo, y úngelo con ungüentos. Si eres una de las dos Marías, o Salomé, o Juana, llora desde el amanecer; procura ser el primero en ver la piedra quitada, y verás también quizá a los Ángeles o incluso al mismo Jesús”. (Oficio de Lectura del Sábado de la V Semana de Cuaresma).
La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)
"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...
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EVANGELIO Mt 14, 13-21 E n aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tran...
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Ofrezco aquí dos comentarios a la Palabra del Domingo. El primero, más eclesial y social, iluminando la necesidad superar los dualismos para...
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EVANGELIO Mateo 16,13-20 En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente...











