lunes, 9 de junio de 2025

Novena Trinidad 2025 (5) Omnipotencia

  Novena
Santísima Trinidad - 5

OMNIPOTENCIA

El poder del amor de Dios

*

TEXTO BÍBLICO

Rm 8.35-38

¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá apararnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”

* * * 

REFLEXIÓN  

A veces se representa a Dios Padre, o a Jesucristo, con tres rayos en la cabeza que se denominan artísticamente “potencias”. Estas potencias representan a tres de los grandes poderes de Dios: Omnipotencia (todopoderoso, lo puede todo), Omnisciencia (sabe y conoce todo) y Omnipresencia (es eterno, está presente en todo espacio y en todo tiempo). Hoy nos vamos a ocupar de su Omnipotencia.

Decir de Dios que es omnipotente es decir que posee un poder sin límites. Es este un atributo de Dios que todos aceptamos de Dios. Si no es todopoderoso no es Dios. 

El mayor obstáculo que se pone a este atributo está relacionado también con otro que nuestra fe sostiene: la Bondad de Dios. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez cómo congeniar ambos atributos? Ya un filósofo griego, Epicuro (siglo IV a.c.) llega a decir:  “Si Dios quiere prevenir el mal, pero no puede, entonces no es omnipotente. Si puede, pero no quiere, entonces es malo. Si puede y quiere, entonces ¿por qué existe el mal?”

Muchas respuestas se han intentado dar a esta cuestión. Los hay que, como san Agustín, han dicho que Dios creó todo lo bueno, el mal no es sino la ausencia de bien, fruto de la libertad el hombre, que se opone a sus planes. Otros, siguiendo a santo Tomás de Aquino, sostienen que Dios permite el mal parea sacar un bien mayor; otros filósofos simplemente llegan a la conclusión de que Dios no existe, o en el caso de que existiera no seria bueno. 

¿Quién no se ha hecho nunca estas preguntas? Y sin embargo, a pesar de no haber respuesta totalmente satisfactoria y evidente, la humanidad ha preferido seguir creyendo en un Dios bueno, como si se le hiciera más insoportable un Dios no todopoderoso que malo.  

Ciertamente el mal es un misterio. La pregunta sobre el mismo es siempre actual. ¿Qué respuesta dio Jesús al problema? Cuando le preguntan en el pasaje de la curación del ciego de nacimiento «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». (Jn 9,2-5). Jesús no da una respuesta clara con palabras, pero sí la dio con su vida: atendió a los pobres, devolvió la vista a los ciegos, hizo oír a los sordos y andar a los cojos, curó a leprosos, resucitó muertos, etc. Y con ello mostró las obras de Dios, obras buenas, y así se hizo luz entre la oscuridad del mal.

Y un detalle importante: Jesús nunca hizo un milagro en favor propio. Para los que solemos pensar sobre todo en los sufrimientos propios y cerramos los ojos o minusvaloramos los ajenos, esto es un revulsivo. El mal sigue siendo un misterio, y como tal es un “exceso” de la creación, algo que nos resistimos a creer que sea obra de Dios, y no lo es, porque sería contrario a su naturaleza que es bondad. Y a ese “exceso del mal” Jesús respondió con un “exceso de bien” para los demás y una aceptación del sufrimiento que le supuso ser proseguido y crucificado.  En Jesús se mostró el poder de Dios, una fuerza todo poderosa capaz de amar cuando todo invita a odiar. Así muestra y hace presente en el mundo al Padre Padre, "Dios Todopoderoso en su amor”.

 *

El Poder de Dios se conjuga con su Amor bondadoso. Aunque el amor nos parezca algo fácil, de hecho no lo es. Me refiero al amor como donación total. ¿Cuántas veces te has propuesto hacer algo grande y bueno y has fracasado por debilidad o cansancio? Sólo Dios es “Todopoderoso en su amor”, y con su generosidad (gracia) da también ese poder e amar a quien se lo pide y está dispuesto a seguir a Jesús al Calvario. ¿Entiendes ahora lo que quiere decir santo Tomás cuando dice que Dios permite el mal para sacar un bien mayor?     

Hagamos una distinción entre potencia (poder) y prepotencia. Dios es Poderoso, pero no es prepotente, es decir, no impone su poder por la fuerza; no es arrogante, ni impone su voluntad. El poder se puede utilizar para humillar o dominar, y Dios Todopoderoso no hace uso de este poder. Nosotros a menudo somos arrogantes y nos gusta mostrar nuestro poder mostrando superioridad y dominio. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús muestra su poder en la Cruz, enseñándonos que se puede vivir el amor, que se puede perdonar, que se puede cargar con las cruces propias y ajenas.  

¿Y el mal? Tal vez es la forma que Dios tiene de recordarnos que no somos dioses, que somos criaturas de carne y hueso, finitos; y también el modo de hacernos ver que somos libres, que, aunque algunos males no somos capaces de verlos como fruto de nuestra desidia, odio y egoísmo, algo tienen que ver con ello. Igual que todos los bienes que nos llegan son participación del amor que Dios y otros ponen en nuestra vida.

 *

Creo en Dios Todopoderoso. No en un Dios prepotente y opresor sino humilde y generoso. Dios ama la libertad que ha dado a la humanidad, y en su designio de amor ha preferido dar ejemplo de lo que es amar hasta el límite de la Cruz, antes que determinarse a hacernos desparecer. Desde aquí hemos de entender las palabras de Jesús a Pilato: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Jn 18,36). Dios no ama la violencia, no ama el mal. Su poder se ejerce en el amor. Y como dice san Pablo en el texto bíblico del inicio: si el poder del amor de Dios manifestado en Jesucristo está en nosotros, nada os podrá apartar de Dios. 


9 de Junio de 2025
Casto Acedo.

sábado, 7 de junio de 2025

Novena Trinidad 2025 (3).Unidad

Novena

Santísima Trinidad - 3

UNIDAD

Muchos miembros, un solo cuerpo

(Vigilia de Pentecostés) 

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TEXTO BIBLICO

"Toda la tierra hablaba una sola lengua con las mismas palabras... Pero un día se dijeron unos a otros: ... vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos." (Gn 11,1.4)

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REFLEXIÓN

¿Por qué existen las guerras? ¿Qué enfrenta a rusos y ucranianos, a Palestinos y Judíos? ¿Por qué estamos viviendo una situación tan fuerte de enfrentamiento entre nosotros a nivel nacional? ¿Porqué tantos divorcios, disputas entre padres e hijos, entre vecinos? La respuesta la tenemos en Babel. Babilonia (Babel), la ciudad donde los Judíos vivían en el exilio cuando se escribe el texto del Génesis, era el centro del mayor imperio del momento; lugar de "grandes torres", de observatorios astronómicos y templos de altura, donde cada familia rica construía su torre (zigurats de Babilonia) en competición unos con otros. El judío que escribe el Génesis ve en esa lucha por estar cada vez más alto el deseo de sobresalir de cada cual: "Una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos".

El texto es una explicación etiológica de por  qué existen distintas lenguas; la razón la pone en que cuando las personas quieren sobresalir comienza la falta de entendimiento, porque el lenguaje que se usa des el de la soberbia y el egoísmo, la diferencia y la oposición. En Babel se da un fenómeno opuesto al de Pentecostés. Cuando se derrama el Espíritu Santo sobre los apóstoles y salen a predicar, la diversidad de lenguas no es obstáculo para el entendimiento: "«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia,  de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros,  tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua». (Hch 2, 7-11).

¿Cuál es esa lengua  que todos entienden? No es otro que el lenguaje del amor, la compasión, el perdón, el diálogo, la escucha y el respeto. Es el lenguaje de Dios. Cuando se usa esa lengua las barreras del idioma desaparecen. Una mirada amable, un gesto de ayuda, un extender la mano para compartir el pan, un acto de atención a un enfermo, etc. no necesitan de palabras. Lo que cuenta aquí es el espíritu con el que uno se acerca a otros. 

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Pentecostés es la fiesta de la unidad de Dios que se revela en el Espíritu. Una de las imágenes de la Santísima Trinidad es la que presenta a Dios Padre como el Amante, el Hijo como el Amado y el Espíritu Santo como el Amor que fluye entre ellos. Es el Espíritu Santo el que obra la unidad. Así se rebela en la historia de la salvación: por obra del Espíritu Santo la divinidad se une a la humanidad en el seno de la Virgen María, es el Espíritu Santo que Jesús recibe en el Jordán el que congrega a las gentes en torno a Jesús; y es el Espíritu Santo el que es expirado en la Cruz: "Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró" (Lc 23,46). 

Jesús trajo el diálogo de Dios a la humanidad. "Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo. Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad. (Ef 2,13-14). Jesús es dador del Espíritu, que "procede, viene del Padre y del Hijo"; En la cruz de Jesucristo, el Padre,  "quiso reconciliar todas las cosas, | las del cielo y las de la tierra, ¡haciendo la paz por la sangre de su cruz!" (Col 1,20). La cruz nos trae el Espíritu, que sigue circulando por el mundo cuando cada cual le da cauce asumiendo su cruz desde la humildad y se entrega a la causa de la paz.

Si algo le falta al mundo de hoy más que nada es el Espíritu; más concretamente: una espiritualidad que coloque a Dios en el centro, que haga del Espíritu Santo el punto de referencia para todas las personas. El Espíritu Santo es el Amor de Dios capaz de unir a toda la humanidad. Cuando dejamos a un lado nuestras particulares torres de poder, saberes, ideologías, fama, etc. y nos dejamos llevar por el lenguaje del amor, entonces todos llegamos a formar "un solo pueblo". Pentecostés es la fiesta del encuentro, de la lengua que a todos nos sana y nos redime.
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El mundo materialista que vivimos necesita volver a la fuente de la Vida, necesita una espiritualidad de Amor que una y no divida; la espiritualidad del Amor. Hoy, digamos, "Ven, espíritu Santo, y concédenos la lengua universal que haga posible el mundo nuevo que Jesús nos tiene prometido". 

Nos ponemos en manos del Amor de Dios  y pedimos la paz para el mundo, para nuestro país, para nuestro pueblo, para nuestra familiar para nosotros mismos.  Que nuestra unidad sea tan fructífera como la unidad de las personas de la Santísima Trinidad; es el Espíritu, Amor que fluye entre el Padre y el Hijo, el que actúa la unidad; dejemos que también el Espíritu Santo nos una a todos en una sola familia. 

Junio 2024
Casto Acedo

viernes, 6 de junio de 2025

Novena Trinidad 2025 (2). Misericordia

 

Novena 

Santísima Trinidad - 2

MISERICORDIA

La perfección del amor

TEXTO BIBLICO
Mt 19,16-20

“Se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?”

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REFLEXIÓN

Hablar de Dios es complicado. Por eso los predicadores tendemos a comentar los evangelios extrayendo de ellos sólo lo que nos enseñan acerca de “qué tenemos que hacer para ganar la vida eterna". Jesús mismo se limita a señalar los preceptos necesarios para ir al cielo: "no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo". El problema es ¿hay alguien que cumpla estos preceptos fielmente?

Reducir tu vida cristiana a una serie de “cumplimientos” no está mal, pero, si las cualidades del ser son “verdad, bondad y belleza”, no basta la bondad para ser feliz; porque ¿quién me dice qué es lo bueno que tengo que hacer? Para eso se precisa añadir la verdad; y además está la belleza, sin ella la vida es árida y fría. Por eso el que se acercó a Jesús, a pesar de ser bueno (“todo eso -los mandamientos- lo he cumplido”, aún no estaba satisfecho, e insiste: "¿qué me falta?"

¿Me basta con ser cumplidor para ser feliz? Creo que estoy haciendo en mi vida todo lo que Dios quiere que haga; creo que no me salto ningún mandamiento, ¿por qué me da la sensación de que me falta algo? Puede que te falte la perfección del amor, que no es sino la misericordia.

* * *

Observa a la Santísima Trinidad. Es PERFECCIÓN EN EL AMOR: tres que se aman de tal manera que llegan a ser sólo uno. Las personas ya cumplen entre ellas, se aman. Pero el amor nunca es verdadero cuando es un amor cerrado. Tiene necesidad de abrirse a amar no solo lo amable sino también lo que no lo es tanto. De este modo, del seno de la Trinidad el Padre envía al Hijo para acercar a nosotros su DIVINA MISERICORDIA.

Observa a Jesús, enviado por el Padre para dar testimonio del amor Trinitario. No sólo ama a las buenas personas que encuentra en su camino; también ama a quienes por sus malas obras no parecen ser tan buenos: criminales, ladrones, prostitutas, publicanos avariciosos, adúlteros, etc. La “justicia distributiva” -pagar a cada uno según su conducta- se le queda corta a Dios y va más allá; sin negar ni cerrar los ojos al pecado mira con ENTRAÑAS DE MISERICORDIA a los pecadores. Así se muestra el amor de Dios-Trinidad, un amor sin límites.

En su misericordia Jesús va más allá de las apariencias; no identifica a los pecadores con sus pecados sino que entrando en el corazón de los pecadores ve personas que sufren y que no son felices. Y los ama como son y los perdona. Y espera que su toque de perdón y amor les cambie. Eso es misericordia, compadecerse de la miseria humana, miseria que no consiste en los pecados en sí sino en sus raíces; la soberbia, la violencia, la envidia, la avaricia, etc. son la basura que se origina en un corazón alejado de Dios. Lo verdaderamente trágico no son los actos pecaminosos sino la cloaca de donde salen todas esas basuras; Jesús sufre en sus entrañas cuando ve a un hermano que seducido por el mal le ha dado la espalda al Padre. 

Misericordia es perdón; y Dios -como deja claro la acogida de Jesús a los pecadores-  ama con misericordia infinita a las personas, y con su exceso de amor limpia las cloacas del alma enlodadas por el exceso del mal. Dice san Pablo que “la prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5,8). Es un misterio de amor; Dios nos ama tanto que está dispuesto incluso al sacrificio -un don inmerecido-  con tal de limpiar las cloacas de donde brotan todos nuestros males. La Cruz -esa que en nuestra imagen lleva el Hijo en sus manos- es la perfección del amor.

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Contempla hoy a la Santísima Trinidad como Dios misericordioso, perfecto en su amor; y no dejes de intentar ser como Él. A quien acudió a Jesús para manifestarle que no estaba satisfecho con sus “cumplimientos religiosos” -ley del mínimo esfuerzo-, Jesús le dijo: “Vende todo lo que tienes”, es decir, deja a un lado tus ideas de un amor rácano y contenido, “y sígueme”, sé misericordioso como mi Padre del Cielo es misericordioso. Ama incluso a tus enemigos. ¿Es imposible? También Jesús te responde: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». (Mt 19,26).

Pide hoy a la Santísima Trinidad: conocerle en su misericordia e imitarle con un corazón misericordioso como el suyo.

6 de Junio de 2025
Casto Acedo

jueves, 5 de junio de 2025

Novena Trinidad 2025 (1). Generosidad

 

Novena 

Santísima Trinidad - 1

GENEROSIDAD (Gracia)

Dar sin esperar nada a cambio


TEXTO BIBLICO
Epístola a Tito 3,3-7

“En otro tiempo, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, que derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna”. (Titi, 3,3-7)


REFLEXIÓN 

Las relaciones mundanas se mueven por el esquema del  do ut des, “te doy para que me des”; y a nuestra relación con la Santísima Trinidad  solemos aplicarle inconscientemente el mismo criterio: le doy mis oraciones, misas, sacrificios, ofrendas... para que me escuche y me dé lo que necesito o deseo; o bien: me ha hecho un favor, ha escuchado mi petición y le respondo con algún gesto piadoso. Una relación más comercial que familiar.

¡Qué equivocados estamos! Porque, por mucho que des a Dios, has de saber que Él no necesita nada de ti;  y todo lo que te da es pura gracia, pura benevolencia, no te debe nada. Piénsalo: ¿Necesita Dios que vengas a esta novena? ¿En qué se beneficia Él? Si Dios es la suma riqueza, la suma perfección, el sumo bien, la suma verdad, ¿qué podemos aportarle? Nada. Es precisamente él quien nos lo da todo; por tanto somos nosotros los únicos beneficiados.

Dios es GENEROSIDAD absoluta, GRACIA pura. Asistiendo a la misa, orando en la Novena, o cumpliendo promesas de caridad, no enriquecemos a Dios; nosotros somos los que nos enriquecemos porque mirando a Dios en la grandeza de sus dones aprendemos a conocernos como seres imperfectos, dependientes de Él, de los demás y de la misma naturaleza. Dice santa Teresa: “Mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza y mirando su limpieza veremos nuestra suciedad; considerando su humildad veremos cuán lejos estamos de ser humildes” (1 M 2,9).

Mirando a Dios (Santísima Trinidad) descubramos que muchos de nuestros problemas y prácticamente todas nuestras insatisfacciones desaparecerían con sólo dejar de mirarnos el ombligo. Nuestro ego nos hace mucho daño. Dios no se mira el ombligo, al contrario, es pura donación, un “corazón siempre en salida”, que, sin tener necesidad de ello, mira en nosotros el bien que hacemos antes que el mal; y ama sin intereses a santos y pecadores, "hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5,45). 

¿No te escandaliza un poco esto? ¿No debería amar Dios a los buenos más que a los malos? Parece que sí, pero no; Él "no hace acepción de personas" ( Lc 20,21). Parece entonces que Dios bendice la injusticia y el pecado. No. Es misericordioso (mañana contemplaremos su misericordia). Bendice al pecador, porque su generosidad no tiene límites. Y si deja que el pecador cargue con su pecado no es porque Él quiera sino porque el pecador se empeña en seguir en su obstinación. 

*

Contemplando a Dios aprendemos la verdadera generosidad, que es “dar sin apegos ni expectativas”. Así deberíamos amar y dar nosotros; viviendo el desapego de las riquezas, de la propia imagen o del prestigio social, y estando dispuestos a dar todo sin esperar nada a cambio. ¡Difícil, verdad! Pero no imposible para quien se llena del Espíritu de la Santísima Trinidad.

En este primer día de la Novena contempla a DIOS EN SU GENEROSIDAD, contempla la GRACIA de Dios. Un Dios que es así, que se da todo sin pedir nada a cambio: “Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento” (Tito 3,4-5). 

Y desea hoy ser como es la Santísima Trinidad, misterio de generosidad absoluta. Ora a Dios con sor Isabel de la Trinidad: “Que yo sea para Ti, oh Trinidad, una humanidad suplementaria en la que renueve todo tu Misterio de amor y entrega generosa"

Trujillanos, 5 de Junio de 2025.
Casto Acedo

Novena a la Santísima Trinidad (Oraciones comunes)

NOVENA  EN HONOR 
DE LA 
SANTISIMA TRINIDAD


ORACIÓN INICIAL

(Adaptación de un himno atribuido a San Gregorio Nacianceno)


Oh Dios, Trinidad Santísima,
eres “el más allá de todo”.

Trinidad bendita, Misterio insondable.
¿cómo llamarte con otro nombre?
No hay palabra que te exprese
ni espíritu que te comprenda
si tu Espíritu no abre su entendimiento.
Ninguna inteligencia puede concebirte.

Tú eres inefable, y, sin embargo,
todo cuanto se diga ha salido de ti.
Eres incognoscible, impensable,
y todo cuanto se piense viene de ti.

Todos los seres te celebran,
los que hablan y los que son mudos.
Todos los seres te rinden homenaje,

El deseo universal, el gemido de todos,
suspira por ti. Todo cuanto existe te ora,
y eleva hasta ti un himno de silencio.

Cuanto existe, existe sólo en Ti.
En ti desemboca

el movimiento del universo.
Eres el fin de todos los seres; eres único.

¿Quién podrá adentrarse
en el Misterio de tu ser trinitario?
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
Misterio de gracia inagotable.

Ten piedad de mí, Santísima Trinidad;
dame a conocer tu Amor infinito
que cura mis enfermedades.

Y déjame reposar
en tus entrañas de Amor,
Trinidad siempre amable.

Amén.


* * *

Reflexión del día. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria (3)

Ahora se da gracias, se pide la gracia que se desea alcanzar

o simplemente se hace un acto de alabanza


* * *

A Ti, Dios Padre Ingénito;

a Ti, Hijo Unigénito;

 a Ti, Espíritu Santo Paráclito,

santa e indivisa Trinidad,

de todo corazón te confesamos,

alabamos y bendecimos.

A Ti sea la gloria

por los siglos de los siglos.

Amén.


* * *


ORACIÓN FINAL

ELEVACIÓN 

A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(Adaptación de la oración de Santa Isabel de la Trinidad)

¡Santísima Trinidad a quien adoro!

Ayúdame a olvidarme 

enteramente de mí

para establecerme en Ti,

inmóvil y tranquila,

como si estuviera ya en la eternidad.

 

Que nada pueda turbar mi paz,

ni hacerme salir de Ti, ¡oh Inmutable!,

sino que cada minuto 

me sumerja más

en la hondura de tu Misterio.

 

Inunda mi alma de paz; 

haz de ella tu cielo,

la morada de tu amor

 y el lugar de tu reposo.


¡Oh, mi Cristo amado, 

crucificado por amor,

quisiera ser una esposa 

para tu Corazón;

quisiera cubrirte de gloria, amarte…

hasta morir de amor!

 

¡Oh, Verbo eterno, 

¡Palabra de mi Dios!,

quiero pasar mi vida escuchándote,

quiero hacerme 

dócil a tus enseñanzas,

para aprenderlo todo de Ti.

 

¡Oh, Fuego abrasador, 

Espíritu de Amor,

«desciende sobre mí» 

para que en mi alma

se realice 

como una encarnación del Verbo.

Que yo sea para Él 

una humanidad suplementaria

en la que renueve todo su Misterio.

 

Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate

sobre esta pequeña criatura tuya,

«cúbrela con tu sombra»,

no veas en ella 

sino a tu Hijo Predilecto

en quien has puesto 

todas tus complacencias.


¡Oh, Trinidad, mis Tres, mi Todo,

mi Bienaventuranza, Soledad infinita,

inmensidad donde me pierdo!,

Me entrego a Ti.  Sumérgete en mí

para que yo me sumerja en Ti

mientras espero 

ir a contemplar en tu luz

el abismo de tus grandezas.

 

Amén.


* *



¡GLORIA AL PADRE,


GLORIA AL HIJO,



GLORIA AL ESPIRITU SANTO!



*


Junio 2025

miércoles, 4 de junio de 2025

Pentecostés (8 de Junio)

HECHOS DE LOS APÓSTOLES
 2,1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

¡Palabra de Dios!

*


1. BREVE REFLEXIÓN

La semana pasada, celebrando la Ascensión, el Señor nos invitaba a quedarnos en casa a la espera del Espíritu. “Les ordenó que no se alejaran de Jerusalén" (Hch 2,4). Hoy, tras unos días de espera en oración, celebramos el envío y recepción del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es la persona más desconocida de la Santísima Trinidad. Y no sólo por ser la más difícil de dibujar o imaginar mentalmente. Es una persona que se resiste a ser cosificada. Pintamos al Padre como un abuelo sabio, canoso e indulgente, con reminiscencias manidas adquiridas desde la parábola del hijo pródigo. Al hijo le solemos representar con un rostro de atractiva humanidad. Pero para el Espíritu Santo nos faltan imágenes de referencia; para describirlo recurrimos a símbolos: paloma, agua, viento, rocío, fuego, aceite, etc.,  que evocan, pero que no logran definir por sí mismas el Misterio de Dios. 

Una de las gracias que tiene la tercera Persona de la Santísima Trinidad es que es difícil de objetivar en una concreta imagen externa. Las representaciones materiales son fácilmente manipulables; el cuadro o imagen del santo o la santa a quien acude el devoto permanece siempre el mismo (¡que no nos cambien el santo!), los símbolos, sin embargo, se disipan o se consumen, quedando sólo la referencia a lo simbolizado; de este modo remiten siempre a un reconocimiento más espiritual que material.

Al Espíritu Santo no le solemos dar culto sacando una enorme paloma en andas procesionales, ni poniendo cañones de aire que ventilen artificialmente los templos y las calles. Tampoco idolatrando un cirio, una hoguera o una pila de agua bendita; aunque algunos lo intenten. El Espíritu (mayúsculas) sólo puede ser adorado y reconocido en el espíritu (minúscula). Sin cultivo de una espiritualidad genuina, sin vida interior, no hay culto a Dios. La dificultad para acercarnos a Dios-Espíritu-Santo no está tanto en la imposibilidad para imaginarlo sino en la poca relevancia que solemos darle en la vida personal y en la vida de la comunidad. Nos parece más cómodo adorar a un Dios arriba (Padre) oa  un Dios al lado (Hijo) que a un Dios adentro (Espíritu Santo) al que, soltando nuestros apegos mundanos, le damos las riendas de nuestra vida.

Como realidad espiritual Dios Espíritu Santo nos previene de la idolatría material de las imágenes (cf Ex 20,3-4) e invita a ser conocido desde la fe que se nutre en la experiencia, a ser adorado como Presencia (presente) en el corazón del creyente, y en el halo de divinidad que envuelve a toda la creación.  “Se acerca la hora, ya está aquí, –dijo Jesús a la Samaritana- en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.  Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».  (Jn 4, 23-24).

* * *


2. ORAR CON EL ESPIRITU SANTO

Te invito a hacer un momento de silencio u oración contemplativa invocando al Espíritu Santo en este tiempo de Pentecostés. Pide el don del Espíritu para ti, para la Iglesia y para el mundo. Este Soplo divino es la clave secreta, escondida, misteriosa, para alcanzar la paz, el progreso y el entendimiento entre todos los seres de la tierra; porque "hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Dios que obra todo en todos" (1 Cor 12,4-6).

Comienza recitando despacio la secuencia de Pentecostés: 

¡Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno!

Amén.

*

“El  Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rm 8,16). El Espíritu te lleva a la contemplación y disfrute de lo que eres: Hijo, hija, de Dios. Ser contemplativo no es sino percibir y gustar con los sentidos del cuerpo (vista, oído, olfato, gusto, tacto) y del alma (memoria, inteligencia y voluntad) que también soy espíritu (con minúscula); y esa chispa divina espiritual que chisporrotea en mi centro anhela arder en fusión (que no confusión) con el fuego divino.

Decir “ven, Espíritu divino” es expresar un anhelo que nace en el centro. No es deseo de nada exterior sino necesidad interior. Me gusta distinguir entre el deseo, que refiero a algo que está fuera y quiero alcanzar con esfuerzo para mi satisfacción, y el anhelo, fuerza interior espontánea que me invita a completarme en Cristo.

La oración de contemplación me dispone en libertad para que el Espíritu Santo llene totalmente mi  vida en el encuentro del Espíritu con tu espíritu.  Anhelo que el Espíritu de Dios tome las riendas de mi espíritu y sea el motor de mi alma (mis pensamientos, mis sentimientos, mis aspiraciones) hacia la plenitud de la verdad (cf Jn 16,13).

Desde ese anhelo me nace la exclamación: ¡Ven, Espíritu divino!

MEDITACIÓN PRÁCTICA  

(Pautas para orar) 

1. Toma la postura adecuada en el lugar más apropiado que tengas para meditar.

2. Haz unas breves inspiraciones y espiraciones (recuerda que eres espiración del Espíritu “Dios sopló en la nariz de Adán y cobró vida” (Gn 2,7).

3. Escanea tu cuerpo relajando cada parte. Sin prisas.

4. Céntrate unos minutos en la respiración “dejando ir” sin juicios ni condenas tus pensamientos o sentimientos, sean alegres o tristes.

5. Toma conciencia de todo tu ser corporal (tacto): volumen, peso, temperatura roce de la piel… Todo tú presente en tu cuerpo.

6. Vuelve a la respiración y repite interiormente o susurrando: ¡VEN, ESPÍRITU DIVINO! Mantén una actitud de apertura, de corazón abierto, y si te ayuda también de brazos abiertos, anhelando recibir el soplo del Espíritu. Permanece así al menos diez minutos. Si te distraes vuelve a la jaculatoria: ¡Ven, Espíritu divino!

7. Puedes concluir con la audición del veni creator spiritus. 

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Y no olvides dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

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¡FELIZ PASCUA DE PENTECOSTÉS!
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Junio  2025
Casto Acedo.

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