lunes, 1 de abril de 2024

Virgen de la Albuera (1 de Abril)

 Podéis ver la misa del día de la Virgen de la Albuera 2024 clickando en la foto o en el enlace: 



TEXTO DE LA HOMILÍA 

Hermanos sacerdote, Andrés, miembros de la hermandad de Nuestra Señora de la Albuera, Sr Alcalde y demás autoridades, fieles todos de la comunidad parroquial de San Pedro Apóstol, personas de fuera que hoy os acercáis a esta misa, de modo presencial o a través de las redes sociales,  amigos todos.

Hoy estamos de fiesta. Es la fiesta de Nuestra Madre de la Albuera . Y hemos venido a venerarla y  contemplarla en su ser lleno de gracia, de belleza y de ternura.

* * *

Antes de decir unas palabras me gustaría comenzar  haciendo un momento de silencio contemplativo. Cuando nuestra sociedad quiere concienciarnos de algo recurre al minuto de silencio. Para interiorizar, para fijar en el corazón aquello que deseamos.  Silencio para contemplar. 

Contemplar es más que mirar, contemplar es traspasar lo que se ve y se palpa para entrar en lo profundo de las cosas. Contemplar a Nuestra Virgen de la Albuera es entrar con ella en el templo de su alma y permitir que ella entre al la tuya.

Para contemplar necesitamos silencio. Silencio exterior, sí. Pero también silencio interior. No pienses, aleja de ti toda elucubración mental, simplemente mira. Deja que la imagen de la Virgen, en su nuevo trono hable en el silencio. ,¡Vamos a hacer durante un momento (treinta segundos) ese silencio! Acallamos la inquietud del momento y dejamos que la Virgen entre en nuestro interior, vamos a sentirnos en ella y a sentirla a ella en nuestro ser. “Tú corazón en ella y ella en tu corazón”....

(Silencio)

En un pueblo pequeño había un monje que vivía entre sus habitantes y que cada año se retiraba a la montaña unos días a hacer oración.

Sus paisanos, que no eran muy creyentes, cuando volvía de su retiro le ridiculizaban: ¿Para qué te apartas esos días? ¿Acaso sirve para algo? ¿Ha cambiado algo? ¿Has aprendido algo que ya no sepas? Todo sigue igual. Dinos, ¿qué te ha dicho Dios en ese tiempo?

El monje no respondía nunca. Pero en una ocasión decidió darles una palabra:

Me preguntáis para qué sirve mi retiro; qué saco de mi silencio; pues mirad: “cada mañana, cuando me levanto, siento que puede ser el último día de mi vida”.

Los paisanos comenzaron a burlarse de semejante ocurrencia. Uno de ellos le dijo: “¿Y para eso tanto? Eso ya lo sabemos”.

“Lo sabéis, respondió el monje, pero no lo sentís”. Ahí está la diferencia.

“Lo sabéis, pero no lo sentís”. Lo que cuenta en la vida no es el saber sino el sentir; lo que da la felicidad no es la ciencia sino los sentimientos. Todos saben que la Virgen de la Albuera es patrona de san Pedro de Mérida, pero no todos lo sienten, no todos disfrutan de ella. No todos los sampedreños estamos aquí.

* * *

Dice un libro espiritual del siglo XIV que “los hombres y los ángeles poseen dos facultades principales: la facultad de conocer y la facultad de amar. Nadie puede comprender totalmente a Dios con su entendimiento; pero cada uno de maneras diferentes, puede captarle plenamente por el amor”. ... Nadie puede comprender el misterio de la Virgen Madre, pero cada uno de maneras diferentes puede captarle plenamente por el amor. Quien haya entrado verdaderamente en su corazón en el momento de silencio que hemos hecho y haya conectado su amor con el amor de la Virgen, habrá comprendido algo que no se puede aprender con los estudios. “El corazón tiene razones que la razón no comprende” (B. Pascal).

Muchos dirán, ¿para qué o de qué sirve acudir al templo para estar con la Virgen? ¿Para qué sirve hacer una novena? ¿Para qué esta misa solemne en este día? Todo esto tiene un “para qué” que sólo se puede entender desde el sentimiento, desde la experiencia de fe, desde la interioridad de un corazón enamorado.

La Virgen de la Albuera para nosotros no es una simple imagen (no reduzcamos la virgen a un objeto material), tampoco es un simple símbolo cultural (así la pueden ver los antropólogos culturales, los sociólogos y los demás estudiosos). Para nosotros la Virgen de la Albuera es algo más, es el sentimiento de amor de un pueblo. Así la siente el creyente y el devoto. La llamamos “Madre” con toda propiedad, porque la sentimos así, como madre amorosa. Dios la ha puesto entre nosotros para darnos por ella su ternura y su amor. En la Cruz, por boca de Jesús habló el Padre: “Mujer -dijo dirigiéndose al discípulo-  ahí tienes a tu hijo... hijo, ahí tienes a tu Madre”, ... y desde aquel momento el discípulo, el creyente, la recibe en su casa, la acoge en su corazón y se siente acogido o acogida por ella.

Va mucho de pensar a sentir;... tanto como de saber ( o creer saber)  a creer. Las ideas nos hacen diferentes y la fe nos iguala. Es necesaria la pluralidad de ideas, cualidades y oficios a la hora de vivir los aspectos prácticos de la vida.

Somos muchos y somos distintos. Hay entre los sampedreños hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, sacerdotes, religiosos y laicos, personas con la piel más clara  y más oscura; hay quienes tienen costumbres  más tradicionales y otros más progresista, personas políticamente de derechas y de izquierdas, también de centro... Gracias a Dios vivimos en democracia y socialmente podemos dar cabida a todos, a pesar de las diferencias.

Pensaba hace unos días en ese título tan de nuestra Virgen: “Remanso de aguas puras”. Imagino nuestro pueblo queriendo hallar luz y puntos de encuentro en aguas turbulentas, en corrientes de juicios rápidos, maledicencias, desconfianzas, miedos... ; es difícil contemplarte en esas aguas; pero si miras en la serenidad de las aguas remansadas puedes ver cómo el paisaje que rodea la  lagunas se refleja en ella; también te puedes mirar tú mismo en ella, como en un espejo. Nuestra Madre de la Albuera es ese espejo, ese espacio de las aguas remansadas; podemos definir lo que se ve en ella: transparencia, pureza, serenidad, limpieza, ... Mirar esas aguas da paz, y te permite ver el mundo de manera diferente: un mundo amigo, pacífico, alegre, apetecible... Mirarte en la Virgen de la Albuera es mirar en aguas remansadas; y abandonarse a la contemplación de esas aguas es aprender a vivir en paz, armonía y transparencia.

Las ideas nos hacen diferentes, pero ¡y esto es maravilloso! la fe y el amor a la Virgen de la Albuera, la contemplación de su ser en transparencia, sin mentiras ni engaños, nos une; la diversidad no impide la unidad; al contrario, la hace posible. Si fuéramos todos iguales no podría haber unidad sino uniformidad, monotonía, aburrimiento.

* * *

La fiesta es una oportunidad para adentrarnos en el corazón del hermano. Nadie puede comprender ni explicar la complejidad de cada persona. Cada cual tiene un modo de ser, de vivir, de servir y de llegar a Dios ... Pero, a pesar de las diferencias estamos llamados a hacer un San Pedro y un mundo cada vez más próspero y amable. Nos ayuda a ello nuestra madre la Virgen: maestra en amor, respeto,  perdón, concordia y comunidad.

Todos estos valores los vemos en ella. No cabe duda de que la Virgen es un tesoro para nuestro pueblo. No es un tesoro material, por mucho que nos esforcemos en dignificar su casa y en adornar  con esmero y joyas todo lo que rodea a su imagen; más que material, la Virgen es un tesoro espiritual universal. Cualquier persona que escuche las palabras Madre, amor, familia, comunión de hermanos, ... es capaz de entenderlo.

* * *

Termino con una exhortación y una petición dirigida a quienes nos sentimos enamorados de la Virgen y de su valor simbólico para San Pedro.

Primero la exhortación: que quienes hemos descubierto este tesoro lo cuidemos. Que cultivemos el significado de la hermandad que la Virgen genera en nosotros. No olvidemos la tradición que recibimos, que nos son unos ritos sino un espíritu de fondo: fraternidad, compasión, ayuda mutua, ...

Segundo la petición: no basta cuidar la tradición, hay que transmitirla (eso significa tradere, transmitir, que es a palabra de la que viene tradición). A las nuevas generaciones, propensas a moverse en el mundo de la rapidación de las aguas turbulentas hay q e ayudarles a mirarse en el “remanso de aguas puras”, en el espejo de Dios y de la vida, en el la transparencia, honradez y paz  que es la Virgen de la Albuera.

* * *

Puede que, como los paisanos del monje de la parábola que narramos al principio, te pregunten hoy: ¿Qué te ha dicho hoy la Virgen? ¿Qué sacas de tanto rezar y procesionar? ¿Qué te ha dicho la Virgen hoy en la misa?  Respóndeles que te ha dicho que tienes por delante un día maravilloso para ser más humano, más hermano de todos; diles que viendo a tantos  alrededor de Ella has sentido y aprendido lo simple que es la felicidad: sólo se necesita una Madre en quien descansar y unos hermanos a los que amar. 

No lo olvides: “Tenemos dos facultades: la facultad de pensar y la facultad de amar”. Que en estos días de fiesta sea la segunda facultad, la de amar, la que crezca, la que ocupe el primer lugar. Nuestra Madre de la Albuera se alegrará de ver que sus hijos, tan diferentes entre ellos, son capaces de vivir con honestidad y transparencia,  felices y unidos entre ellos a pesar de la diversidad de sus modos de ser y de pensar..

Que así sea.

1 Abril 2024

Casto Acedo 


martes, 26 de marzo de 2024

Reflexión para el Jueves Santo



Solidaridad y fraternidad

Hay un vocablo que, en nuestro tiempo ha adquirido carta de ciudadanía,  una palabra que condensa el no va más de la moral laicista. Me refiero al  término “solidaridad”. No hay foro público donde no se canten loas a la actitud solidaria para con los marginados y los marginales. En tiempos de valores blandos parece que practicar la solidaridad es haber alcanzado la meta de las posibilidades éticas del ser humano.

Sin embargo, mirada en profundidad, "solidaridad" no deja de ser un término pobre. No cabe duda de que solidarizarse con alguien parece indicar algo muy bueno. ¿Cómo no va a serlo cuando se trata de una buena y efectiva disposición para ayudar a los demás?. Ahora bien, parece que la solidaridad apela más a la lógica de la mente que al impulso del corazón; puede tratarse de un estar contigo, pero sin darme del todo, de compartir mi tiempo, mi saber, mi dinero, pero no mi persona.

Me parece más completo y profundo hablar de "fraternidad". Ser fraterno es algo más que optar por una causa. Puedo o no puedo solidarizarme con tal o cual persona o grupo sufriente, con este o aquel colectivo marginado; pero si soy hermano la cuestión no es si puedo o no puedo ser solidario, la cuestión es que no existe tal cuestión, porque si entiendo al otro como parte de mí, su gozo es mi gozo y su dolor mi dolor.

En la fraternidad entra en juego lo más sagrado de mi persona: mi mismo ser interior, mi sangre y mi carne, que hace míos los gozos y los dolores de mis hermanos. Así, cuando mi hermano está en apuros, no tengo que decidir si ponerme de su parte o no porque la decisión ya está tomada; mi hermano es parte de mí, y darle la espalda sería un atentado contra mi propia dignidad personal. Ser hermano es, pues, mucho más que ser solidario. Puedo dejar de ser solidario apoyado en tal o cual excusa más o menos convincente, y puedo hacerlo sin que se produzca en mí una ruptura personal; pero no puedo dejar de ser hermano de mi hermano sin que mi naturaleza me lo reproche y mis entrañas se resientan.


Amor fraterno

De nuestro Señor Jesucristo no se dice que fuera solidario con los pobres, ni que optara por ellos, sino que “siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Cuando se dice que cargó con nuestros pecados no se está diciendo que hizo una relación de pecados de la humanidad y la presentó al Padre junto con un manifiesto solidario a favor de los culpables. ¡No! Cristo se encarnó como hermano, y como tal sufrió con y por nosotros. "Al que no tuvo pecado Dios le hizo pecado para reconciliarnos con Él” (2 Cor 5,21).

Cristo no es la mano solidaria del Padre-patrón que, desde el cielo, soluciona nuestras vidas haciendo gestiones administrativas, sino el hermano que codo con codo, se hace familia de la humanidad y convive sufriendo y gozando con ella. Nos enseñó así que Dios no quiere palabras bonitas y celebraciones simbólicas de solidaridad, sino que vivamos en comunión, que construyamos el Reino de la fraternidad encarnados en la comunidad humana.

El Jueves Santo es el día del amor fraterno, día de la “fraternidad”, de la entrega total al prójimo. Evitemos, pues, el deslizamiento profano hacia una solidaridad puntual y de salón. 

La Iglesia no somos una asociación para la defensa de la cultura cristiana, ni para la promoción de los valores humanos, aunque éstos sean de inspiración evangélica; somos ante todo una fraternidad que vive del y para el amor de Dios. Por ello, más que discursos solidarios que vacíen nuestros bolsillos a favor de los pobres, necesitamos sentimientos de fraternidad que vacíen todo nuestro ser en disponibilidad al prójimo según el modelo de Jesús de Nazaret, que “se despojó de su rango pasando por uno de tantos” (Flp 2,7).

No se trata tanto de ayudar a los pobres cuanto de que no haya pobres; o lo que es lo mismo, de ser todos pobres en el sentido más evangélico del término. Jesús no sólo dio pan, se dio el mismo como pan. Sin los mismos sentimientos de Cristo Jesús, sin sentir al hermano como parte tuya, como tu propia carne, sólo tendrás solidaridad indolente, ideología disfrazada de cristianismo.

No es posible la celebración de la Cena del Señor sin sentir como propio el palpito del corazón del hermano, sin dejar que nos inunde la sensación (el sentimiento) de que todos los que se reúnen en la tarde del Jueves Santo a celebrar la Cena del Señor, somos algo más que vecinos aficionados a las mismas prácticas piadosas. Dios nos ha dado una familia, una comunidad, para que la amemos con la misma ternura y dedicación con que la amó Jesús. Todo lo demás son asuntos secundarios. Ya lo dijo san Pablo: aunque fuera solidario repartiendo mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas en un gesto simbólico de protesta, si no tengo amor no soy nada (cf 1 Cor 13, 1-2).

*

Nota: este comentario fue publicado originalmente en el Jueves Santo de 2021.

Marzo 2024
Casto Acedo


miércoles, 20 de marzo de 2024

Domingo de Ramos (24 DE Marzo)

 


Jesús entra en Jerusalén

La Semana Santa es una semana de “pasos”, de pasar de fuera hacia dentro, de entrar en la realidad interior de la vida dejando a un lado la exterioridad.

Observa la entrada de Jesús en Jerusalén. Mientras se dirigía a la Ciudad Santa con sus discípulos, advirtió: ”El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días” (Mc 8,31). Al llegar a la ciudad es aclamado; el pueblo está eufórico, “Bendito el que viene, el hijo de David”, pero ¿qué sentirá Jesús? Me inclino a pensar que hay en él una serenidad contenida, una aceptación de su destino.

Había anunciado el evangelio acompañando sus palabras con gestos y milagros; los oídos de los sordos y los ojos de los ciegos se abrieron, la gente se hacía lenguas de Él. Pero ¿qué movía a aquella gente? La empatía de sus sermones, la belleza de sus parábolas, la bondad de sus milagros. Habían encontrado en Jesús una esperanza. Sin embargo, cuando les habla de que vendrán tiempos recios muchos se echan atrás. Estaban dispuestos a soportar una espiritualidad de emociones y vida fácil, de milagros y aplausos, pero no logran articular en sus vidas el paso de la cruz. Cuando le oyeron hablar de entrega, de darse en alimento para el mundo, de morir para redimir, “muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él." (Jn 6,66).

Jesús entra en Jerusalén con una espiritualidad madura. Contempla con agrado el recibimiento que le hacen. Es un signo profético: Jesús entrar como Rey triunfal en la ciudad. Jesús deja que el pueblo se exprese, que le aclamen como Rey descendiente de David (en realidad lo era), pero Él sabe que su destino es ser coronado de espinas, y su realeza es de servicio; será entronizado en la Cruz (INRI); los mismos que le aclaman hoy pedirán su vida el viernes. ¿No sería mejor huir? Tal vez, pero sería darle la victoria al mal, dejar sin esperanza al mundo. Él toma la decisión de aceptar la voluntad del Padre; la aceptación serena de lo que está por venir revela su altura espiritual.

Mi entrada en la Semana Santa

La pregunta para nosotros hoy es: ¿Cómo entro yo en Jerusalén? ¿Cómo entro en la Semana Santa? ¿Qué espero de ella? 

*Muchos no creyentes o los que se dan en llamar creyentes pero no practicantes entrarán en estos días como se entra a saco en unas vacaciones joviales. Con el regocijo propio de quien tiene unos días por delante para disfrutar aclamarán a Jesús el domingo de Ramos, pero no le seguirán al patíbulo, no estarán dispuestos a dejar sus cómodos menesteres para morir con y por Él. Cuando el viernes Santo lo vean con la cruz a cuestas puede que les apene verlo entrar en el templo, la basílica o la catedral, pero no le visitarán en los arrabales. Jesús murió fuera de las murallas.

 *También los habrá que, como Judas, sacarán el provecho de unas monedas aprovechando el atractivo turístico que provoca el sufrimiento de un crucificado de hace siglos que sigue haciendo notar su dolor.

*Y también habrá quienes se moverán en torno a Él según el protocolo y la conveniencia política, ¿me conviene estar en la procesión y los oficios? ¿perjudica mi imagen? 

*Habrá, en fin, quien se adentre en la Semana Santa viviendo a fondo su espiritualidad de muerte y de gloria, yendo más allá del folklore y del cumplimiento religioso. Puede que no sean muchos pero son la esperanza de la Iglesia.

Tú ¿Dónde estarás? ¿Qué harás estos días?  Yo te doy un consejo: haz como Jesús; no te dejes embaucar por el canto de las sirenas. No todo es trigo limpio en Semana Santa. Acepta que estos días son para muchos unos días de fiestas profanas como otras, aunque con un toque religioso, que no quiere decir evangélico. 

Te supongo con un crecimiento espiritual suficiente como para aceptar la realidad de la semana contemplándola desde dentro sin dejarte embaucar por ella. Acepta que tendrás problemas para hallar momentos de retiro y oración, incluso dificultad para asistir a los Santos Oficios de Jueves y Viernes y a la Solemne Vigilia Pascual. Acepta la dificultad, pero no te sometas a ella; acepta que otros no hayan alcanzado tu nivel de discernimiento, pero no renuncies a tus hallazgos y convicciones  espirituales que son las que deberán dictar tus actos.

A muchos de los habituales de la misa dominical, tal vez a ti también, estos días les supondrán un esfuerzo extra para asistir a los actos litúrgicos y de piedad. Parece una contradicción, pero es así.  Puede que estés de vacaciones y tendrás más tiempo para el silencio y la oración,  sin embargo parece que en la disponibilidad del tiempo no encajan los Oficios religiosos de la Pascua; estoy en una ciudad extraña, ¡no me apetece asistir a unos oficios religiosos lejos de mi lugar de costumbre!;  tengo visitas de fuera y ¿los voy a dejar solos? La hospitalidad es importante. Ha salido un día magnífico para estar en el campo ¿me lo voy a perder?. 

¡Decide! Y decide bien, porque dice más de tu fe o de la falta de ella que te pierdas los cultos de estos días que el hecho de que asistas fielmente en el tiempo ordinario. Es un síntoma de desequilibrio espiritual que no faltes ni un solo domingo a misa y, sin embargo, te ausentes en estos días tan especiales. Piensa que darle largas a Dios en sus días de fiesta mayor es como no asistir a tu boda y dejar plantado a todos, incluso a tu novia.

Entra con Jesús en Jerusalén sin titubeos, con decisión, como entró Él, con serenidad contenida, con sencillez, con los ojos y el corazón abiertos a lo que Dios te quiere decir. Entrar en Jerusalén es dejar que Jesús entre en tu vida. 

¡Feliz Semana Santa!

Marzo 2024

Casto Acedo

martes, 19 de marzo de 2024

Hora santa

 


ORAR
EN JUEVES SANTO
«Ha llegado la hora
en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado»
(Jn 12,24)

¿Orar? ¿Para qué? En esta noche santa del Jueves Dios nos recomienda orar, para no sucumbir en la prueba, para no caer en la tentación. La gran dificultad para orar no está solo en el cansancio y la pereza («¿No habéis podido estar en vela conmigo ni siquiera una hora?» Mt 26,40). También pecamos de egoísmo en la oración: «No sabéis lo que estáis pidiendo» (Mt 20,22), por eso «el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos orar como es debido» (Rm 8,26). El Espíritu nos enseña que en la oración recibimos más de lo que pedimos; por eso, nuestra actitud, más que de esfuerzo, ha de ser de escucha atenta, para que podamos descubrir al Señor que está a nuestro lado.

Oración preparatoria:

Señor, escúchame y ven en mi ayuda
para que este tiempo de oración
no sea para mi motivo de orgullo sino de humildad.
Que no sea sordo, sino oyente de tu palabra;
que no sea ciego para verte en los hermanos,
que me alegre y goce en tu alegría
y me duela y llore en tu dolor.
Ven, Espíritu Santo,
ilumina mi ser con la luz de tu verdad
para que, renovado con tus dones,
camine por las sendas del bien.


Acto primero
UNA CENA MEMORABLE

La última cena es el primer paso hacia el calvario. Es una Comida Pascual llena de ritos que simbolizan la intervención de Dios en la liberación de los israelitas de la esclavitud. Jesús, el salvador de la humanidad, que nos rescató de la esclavitud del pecado, le confiere a esta cena una nueva significación para sus discípulos. Inaugura la Eucaristía. «Haced esto en memoria mia» - nos dijo-, y hasta el día de hoy nosotros «recordamos» su presencia de una manera muy real, cada vez que celebramos la Eucaristía.

Contempla la escena del Cenáculo como si estuvieras allí, como un discípulo entre los demás discípulos. Contempla lo que acontece ahí esta noche. No pierdas detalle de las palabras, de los gestos, del estado de ánimo de Jesús.

«Llegada la hora, Jesús se puso a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:
-¡Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de morir! Porque os digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios. ...
... Después tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
-Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mia.
Y después de la cena hizo lo mismo con la copa diciendo:
-Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Pero mirad, la mano del que me entrega está junto a mí en esta mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo dispuesto por Dios; pero ¡ay del hombre que va a entregarlo! (Lucas 22,14-16.19-22).

Tiempo de reflexión personal:

* Jesús se sienta contigo ... está aquí, sentado contigo. Eres un invitado entre los invitados a la mesa. ¿No te parece un privilegio excepcional?
*«Tomad, esto es mi cuerpo... Esta es mis sangre derramado por vosotros». El amor es dar, compartir. Jesús se parte para ti.
*Pero ¡cuidado! hay un traidor en la mesa. ¿Acaso soy yo, Señor?
* Abandónate en Él. Cuéntale tus debilidades, tus miedos, tus frustraciones... y contempla con cuanto amor te escucha.

Alma de cristo, santifícame,
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, mi buen Jesús, óyeme:
dentro de tus llagas, escóndeme;
no permitas que me aparte de Ti;
del maligno enemigo, defiéndeme;
en la hora de mi muerte, llámame,
y mándame ir a Ti,
para que, con tus santos, te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.


Acto segundo
UN MANDAMIENTO NUEVO 

Imagina un domingo cualquiera por la mañana. Mientras asistes a la celebración de la Eucaristía entra Jesús en la Iglesia, avanza hasta el pie del altar y, con voz serena y amable, dice a los presentes: «ya no os llamaré siervos, sino amigos».

Comienza llamando a varios por su nombre, y cada uno se pone de pie al oir el suyo. Jesús les indica que vayan hacia él. Algunos se levantan rápidamente, otros dudan y se mueven con pasos vacilantes. De pronto, te da un vuelco el corazón cuando oyes que ha pronunciado tu nombre. Te levantas y vas hacia el altar.

A todos los llamados os invita a sentaros junto a él cerca del altar. Entonces, deliberada y amorosamente, trae una jofaina de agua y varias toallas. Se quita el manto y se queda sólo con la túnica. Puedes ver las marcas de la crucifixión en sus manos.

Se arrodilla ante ti y te lava los pies. Luego, te mira a los ojos y te dice: «Haz con los demás lo que yo he hecho contigo».
A continuación se marcha de la Iglesia.

«Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos:
-¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el maestro y el señor os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros....
...Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13, 12-14.34-35)

Tiempo de reflexión personal:

*Me llama por mi nombre. No soy un extraño para él. (Deja que tu nombre resuene en tus oídos pronunciado por Jesús).

*Yo creí que venía a este acto de oración a lavarle los pies a Jesús, y ahora ¡sorpresa!, es Jesús quien se me acerca y me limpia los pecados.

* Me dice: «Como yo os perdono, perdonaos también vosotros». El amor en la dimensión del perdón. ¿A quién tengo que perdonar? ¿Quienes son los “excluidos” de mi mundo? «¡Amaos!»


Acto tercero
MÁS SOBRE EL MANDAMIENTO NUEVO

En una película sobre la vida de san Vicente de Paúl, éste le dice a la más joven de las novicias entre las Hermanas de la Caridad:

-” La calle va a ser larga y muy poco amable, las escaleras empinadas y los pobres, muchas veces, desagradecidos. Pronto te darás cuenta de que la caridad es una carga pesada, más pesada que el caldero de sopa o el cesto lleno hasta arriba. Distribuir la sopa y el pan no lo es todo. También los ricos pueden hacer eso. Pero tú eres la humilde sirviente de los pobres y la hija de la caridad siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos y verás que son unos amos terriblemente exigentes.

De manera que, cuanto más repelentes y sucios ellos sean, cuanto más brutales e injustos, tanto más fino ha de ser tu amor hacia ellos. Solo si advierten que les amas te perdonarán los pobres las limosnas de pan que les haces”.

«Se produjo entre los discípulos una discusión sobre quién debería ser considerado el más importante. Jesús les dijo:
-Los reyes de las naciones ejercen su dominio sobre ellas y los que tienen autoridad reciben el nombre de bienhechores. Pero vosotros no debéis proceder de esta manera. Entre vosotros el más importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve. ¿Quién es más importante, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lucas 22,24-27)

Tiempo de reflexión personal:

*La calle va a ser larga y poco amable, las escaleras empinadas, los pobres desagradecidos, la carga de la cruz pesada,. .. pero tú has de subir al Calvario.

*Sólo si advierten que les amas te perdonarán los pobres las limosnas de pan que les haces... porque ¿acaso no es el pan “nuestro”?

*Cuando doy limosna ¿es para mí motivo de orgullo o es motivo de humildad y santa vergüenza por vivir en un mundo tan injusto sin comprometerme hasta el límite?

No existe eso que llaman «mi» pan.
Todo el pan es nuestro
y se me ha dado a mí,
a los demás a través de mí
y a mí a través de los demás.
Y no sólo el pan,
sino todas las otras cosas necesarias
para sustentar esta vida
se nos han dado en depósito
para compartirlas con los demás,
por causa de los demás,
para los demás y a los demás
a través de nosotros.
(Maestro Eckhart)


Acto cuarto
ACEPTAR LA VOLUNTAD DE DIOS

Toda la vida de Jesús fue una lucha contra el maligno. Las tentaciones del desierto con las que se iniciaba la cuaresma de su vida culminan en la gran tentación de Getsemaní. ¿Podrá soportar el embite del más terrible de los enemigos? ¿Logrará la muerte echar por tierra toda una vida de amor y generosidad? La tarde-noche del Jueves Santo apunta inexorable al amanecer del Viernes.

Acompaña ahora a Jesús y a sus apóstoles cuando salen del cenáculo hacia Getsemaní. Advierte que es de noche. La gente está en casa celebrando la Cena Pascual. Es noche de fiesta. Pero el enemigo no duerme ni festeja. Está al acecho. También el Señor.

A la entrada del huerto, Jesús pide a sus discípulos que aguarden allí, mientras él toma consigo a Pedro, Santiago y Juan para ir a un rincón solitario a hacer oración. Allí les recomienda que «estén en vela y oren».

Estar despiertos. Orar. Porque «el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil».

Esta noche, muchos están de fiesta. Están dormidos mientras su Señor está en oración, y «con actitud reverente, Jesús, a gritos y con lágrimas presenta oraciones y súplicas a aquél que puede salvarlo de la muerte«. Aunque es Hijo, esta noche «aprende sufriendo lo que cuesta obedecer».
Únete a él en su batalla. Que sus clamores atraviesen tu corazón. Comparte su soledad. Recuerda que todo esto lo está sufriendo por ti, por tus pecados.

«(Después de cenar, Jesús) salió y fue como de costumbre, al monte de los olivos. Sus discípulos lo siguieron. Al llegar allí les dijo: -Orad para que podáis hacer frente a la prueba.

Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando así: -Padre, si quieres, aleja de mi esta copa de amargura, pero no se haga mi voluntad sino la tuya». (Lucas 22,39-42)

Tiempo de reflexión personal:

* Jesús, el Hijo, ora. ¡Cuánto más lo necesitaré yo! ¿Cómo resistir a la prueba sin el testimonio de la oración y la renuncia?

* Un hombre es realmente espiritual cuando busca la voluntad de Dios renunciando a la propia. Cuando de su corazón no salen murmuraciones contra Dios. ¿Me cuesta aceptar la voluntad de Dios? ¡Cuántas veces he murmurado contra él!

*Contempla el amor de Dios en su Pasión. El amor en la dimensión de la cruz. ¿No es precisamente el sufrimiento el que pone a prueba y purifica nuestro amor?

Padre mio, me abandono a Ti.
Haz de mi lo que gustes,
sea lo que sea, te lo agradezco.
estoy dispuesto a todo
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo otra cosa, Dios mio,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo, y es para mí
una necesidad de amor el darme,
el ponerme en tus manos,
sin límite, con una infinita confianza,
pues Tú eres mi Padre.
(Charles de Foucauld)


EPILOGO

Compartimos  peticiones, alabanzas, y agradecimientos... (Silencio)

Toma, Señor, 
y recibe toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento 
y toda mi voluntad,
todo lo que soy y lo que tengo.
Tú me lo diste, y a ti te lo entrego.
Todo es tuyo; 
dispón de todo como tengas a bien; 
dame tu amor y tu gracia, 
que eso me basta.
(Ignacio de Loyola)


Casto Acedo paduamerida@gmail.com

sábado, 16 de marzo de 2024

SAN PEDRO DE MERIDA. Horarios de Semana Santa 2024

 

HORARIOS 
DE SEMANA SANTA
2026 
Parroquia de 
san Pedro Apóstol
SAN PEDRO DE MERIDA

*
DOMINGO DE RAMOS

MISA DE VÍSPERAS
Sábado, 28 de Marzo
a las 7 de la tarde 
-
PROCESIÓN DE RAMOS
y MISA SOLEMNE
Domingo, 29 de Marzo
11:00 de la mañana
(Bendición de Ramos 
en la Plaza)

*

LUNES SANTO
VIACRUCIS 
a las 10 de la noche.

MARTES SANTO
MISA
a las 7 de la tarde.
-

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JUEVES SANTO

SANTOS OFICIOS 
DE LA CENA DEL SEÑOR, 
a las 6 de la tarde,
y PROCESIÓN.
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HORA SANTA
a las 10 de la noche.

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VIERNES SANTO

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN
a las 6 de la tarde
y PROCESIÓN. 
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PROCESIÓN DE LA SOLEDAD
a las 10 de la noche

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SABADO SANTO

SOLEMNE VIGILIA PASCUAL
a las 9 de la tarde.

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DOMINGO DE RESURRECCIÓN

PROCESIÓN DEL RESUCITADO
y MISA DE RESURRECCIÓN.
Salida del Templo Parroquial 
a las 12 de la mañana

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¡Feliz Pascua de Resurrección!

jueves, 14 de marzo de 2024

Ha llegado la hora (17 de Marzo)


EVANGELIO Juan 12,20-33.

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

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Estamos en vísperas de Semana Santa. El próximo domingo es Domingo de Ramos, y el fin de semana siguiente celebramos el Triduo Pascual, donde se cumplen la palabra de Jesús que anuncia que “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto” (Jn 12,24). En la misma línea la liturgia del Viernes Santo cantará: ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! / Jamás el bosque dio mejor tributo / en hoja, en flor y en fruto”. Se acerca, pues, la Pascua, la fiesta “florida” y “fructífera".

El Evangelio de san Juan, después de narrar el primer signo milagro de Jesús (Bodas de Caná, Jn 2,1-12), narra el episodio del templo (Jn 2,13-22), que se proclamó hace dos semanas, y que será la causa principal de los problemas que Jesús tendrá con los poderes de este mundo. Siguiendo el cuarto evangelio podemos observar cómo el conflicto entre los saduceos y Jesús irá in crescendo hasta culminar en “la hora”, es decir en el momento de la cruz, punto álgido del choque entre la luz y las tinieblas.

“Ha llegado la hora” (Jn 12,22)

“La hora” es una expresión frecuente en el cuarto evangelio:

-“Todavía no ha llegado mi hora” (2,4), dice Jesús a su Madre en las bodas de Caná.
-“Llega la hora –ya estamos en ella, en que los adoradores verdaderos serán adoradores en espíritu y en verdad” (4,23), le dice Jesús a la mujer samaritana.
-“Querían detenerle, pero ninguno le echó mano, porque todavía no había llegado su hora” (7,30; cf 8,20).
-“Ha llegado la hora de que sea glorificado el hijo del hombre”,… “Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre”, (12,27-28).
-"Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1).
-“La mujer, cuando va a dar a luz está triste, porque ha llegado su hora” (16,21).
-“Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado” (17,1).

La hora es el momento cumbre del “conflicto”, el instante en que el amor gratuito de Dios choca frontalmente con las dinámicas sociales, políticas y religiosas ajenas al Reino. Es el kairós, el instante en que los planes de Dios desenmascaran la mentira de los hombres; el instante fatal en que el amor de Dios libra el combate último con el mal que oprime a la humanidad. Es "la hora" en que convergen todas las luchas, la hora punta de una batalla que Jesús no quiso, pero que hubo de aceptar como destino inevitable a causa de la cerrazón de la humanidad. "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron" (Jn 1,11).



Podemos decir que "la hora" no es algo buscado sino algo que sobreviene, como un instante que se pone a prueba la fidelidad del Hijo. Si la referimos a la cruz, es evidente que no fue voluntariamente escogida por Jesús, sino el resultado previsible de una opción de vida concreta. “Nadie me quita la vida. La doy yo voluntariamente” (Jn 10,18). Esta frase no indica que Jesús caminara gozoso deseando y buscando el sufrimiento y la muerte; Él no quiso ni deseó el trance del Calvario. “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).

Pero realidades indeseables se cruzan en su camino. ¿La causa? La coherencia de vida de Jesús que hacen de Él un peligro para los poderes del mundo, y estos reaccionan violentamente contra Él. Se produce una guerra no querida por Dios sino buscada por quienes al mirarse en Jesús ven al descubierto su pecado y nos e soportan a así mismos. Jesús de Nazaret, sumo bien, es insoportable para los malos, que reaccionan contra Él viéndose obligado a entrar en guerra con ellos. El resultado es la victoria del bien. La secuencia del domingo de resurrección lo definirá poéticamente:

“Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.”

Abrazar "la hora"

Nosotros solemos referir "la hora” al momento de la muerte (“le ha llegado su hora”, decimos de quien ha muerto). Y en parte es así; aunque reducir el significado de "la hora" a ese momento de la muerte física es empequeñecer su sentido, que no se refiere sólo a la muerte como final, sino también a la muerte de cada día (mortificación) y su consecuente resurrección: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna” (12,24-25).

En la vida de toda persona hay una “hora”, unos momentos en los que chocan los deseos mundanos que aprisionan al alma (riqueza, poder, honores...) con los deseos de libertad que vienen de Dios (pobreza, humildad, honestidad...); entonces entran en conflicto la mentira y la verdad, la luz y las tinieblas, el pecado y la santidad. Es “la hora”, es hora de morir, de soltar amarras, y hora de resucitar, de volar en libertad.

Desde el principio de su llamada Jesús invita a la muerte del ego, a dejar todo por el Reino. Pedro, Santiago y Juan dejaron las redes, pues eran pecadores (Mt 4,20), habían dejado también "tierra, casa, padre, hermanos y hermanas" para conseguir el premio del ciento por uno (Mt 19,29).

Pasar de la mediocridad de una vida de esclavo y adentrarse en la vida espiritual con Jesús exige venderlo todo (Cf Mt 13,44), ir soltando todo lo que no es Dios para darle todo el espacio a Él, morir a todo aquello a lo que estoy apegado para apegarme, valga la paradoja, a Jesucristo, el Único que garantiza mi libertad, porque para liberarme de mis esclavitudes, para ganar la libertad para mí, murió y resucitó Cristo (cf Gal 5,1).

Cuando Jesús aconsejó al joven rico que lo vendiera todo y lo diera a los pobres (Mt 19,219, le estaba invitando a abrazar "la hora", la oportunidad de morir a lo viejo para resucitar a lo nuevo. No se puede nadar y guardar la ropa, andar según el Espíritu no es compatible con una vida mundana. O conmigo o contra mi, dice Jesús (Lc 11,23). En el tramo final de la Cuaresma la liturgia nos obliga a decidir.

Ha llegado la hora. Es hora de soltar mi ego; hora de desprenderme de la frágil seguridad que me dan las posesiones materiales; hora de morir a ideas fijas y a creencias vacías, hora de romper la imagen de buena persona que me impide ser en verdad mejor; es hora de soltar lo que te impide amar, sonreír, volar, ser libre, vivir el cielo ya en la tierra; es hora de dar paso a la fe, el momento Getsemaní, hora de morir con Cristo para resucitar con Él;

Todo el peso de "la hora" se condensa en el misterio de la cruz. Ella es el estandarte de la victoria sobre la maldad. Victoria que no es la de la humillación del verdugo sino la del perdón y la misericordia, la del amor de Dios que, de modo admirable, no responde al odio con más odio. Si la cruz hubiera degenerado en venganza, como el mismo mal desea, el amor habría sido derrotado. Pero no, la cruz de Jesús engrandece el amor de Dios, lo glorifica, porque en ella no se revela Dios como rey vengativo sino como Padre misericordioso, no se manifiesta como enemigo sino como aliado: “Llegan días en que haré una alianza nueva: meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Todos me conocerán cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados” (cf Jr 31-34). Esta promesa se cumple en la cruz. La sangre de la cruz estampa la firma de Dios en el pacto de la Alianza esperando también tu firma.


* * *
A unos pasos de la Semana Santa has de saber que se acerca la hora de la victoria. Basta entrar en batalla con Jesús. Con Él puedes vencer tus incoherencias (pecados); es más, Cristo ya las ha vencido por ti. Créelo, ten fe en que Jesús ya lo ha conseguido para ti lo que tú mismo has procurado tantas veces sin éxito.

En tu nombre Jesús ya ha glorificado el nombre de Dios, ha limpiado con su perdón tus blasfemias, ¿crees esto? Si lo crees formas ya parte del grupo de los que ya saben que el amor y la vida son más fuertes que el odio y que la muerte. La fuerza de Dios está contigo. Glorifica al Padre con la misma gloria con que el Hijo lo glorificó, con la coherencia de una vida dispuesta al testimonio (martirio, sacrificio, cruz).

Marzo 2021
C. A

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