lunes, 3 de marzo de 2025

Miércoles de Ceniza (5 de Marzo)


EVANGELIO Mt 6,1-18

“Cuando hagas limosna, ... cuando oréis..., cuando ayunéis, ... lo note, no los hombres sino tu Padre, que está en lo escondido”.

*

Con el miércoles de Ceniza entramos en el tiempo de la Cuaresma. Y con ella volvemos a recibir la invitación secular a la conversión: “¡Conviértete, y cree en el Evangelio!” (Liturgia de imposición de la ceniza). Una llamada a replantearte la vida, para enmendarla ante Dios en un tiempo donde parece que somos los hombres los queremos enmendarle la plana a Dios. 

¿No hay más Dios que el hombre?

La cultura en la que cada vez parece estamos más inmersos deja entrever un credo que se presenta como nuevo, aunque no deja de ser un credo muy antiguo: “no hay más Dios que el hombre”. Vivimos en el encumbramiento de la criatura que se vuelve contra su creador. Adán (el hombre), tentado por la sabiduría mundana de la Serpiente, cede a sus deseos de “ser como Dios, conocedor del bien y del mal” (Gn 3,5), o como los habitantes de Babel, se lanza a la tarea del “hagámonos famosos” (Gn 11,4). Ignora que por ese camino lo que hace es perder el auténtico bienestar, que curiosamente está escondido (misterio) en la “obediencia” al único Dios verdadero. 

Seducidos por la Serpiente de la soberbia, la avaricia y la idolatría de la propia imagen, no encontramos, sin embargo, en estos ídolos la ayuda adecuada; y nos sentimos tremendamente solos. Terrible soledad que se exterioriza en las muchas y variadas formas de llamar la atención: a ver si así se fijan en mí y puedo mitigar el sufrimiento que me produce la soledad. La vida de muchos se ha transformado en una carrera por conseguir destacar y ser querido; ser protagonista sea como sea, aunque ello suponga vender mi alma (dignidad).

Convertir nuestras realidades.

En muchas manifestaciones de nuestra vida privada y pública se manifiesta el pecado del egocentrismo y su hija la soberbia de la que hemos de ser redimidos. Necesitamos conversión, volver a Dios,  darle la vuelta a  nuestras realidades:

*La política (que debería ser el arte de conducir y conducirse honestamente en la vida ciudadana) se ha transformado en un guirigay de toma y daca, de dimes y diretes, de donde yo digo digo, tú dices diego, política de fuerza y amenaza,  todo para mayor honra y gloria del partido o del político de turno, que más que procurar el bien común de los ciudadanos, procura el encumbramiento del político apoyado en una ideología demoníaca. 

La vida política necesita convertirse, renovarse... “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos” (Mt 6,1). ¿Acaso no actúan así muchos de los políticos de hoy? Para que se de una auténtica conversión-renovación de la vida política se precisa del político que busque la justicia y el bien del pueblo antes que la adulación y alabanza (a mayor gloria y gordura de su ego y puede que también de su cuenta corriente). Aquí Dios tiene mucho que decir, y en Jesús de Nazaret mucho que enseñar.

*La religión. En ella buscan las personas  cruzarse con el amor de Dios. Dios es amor. Ser cristiano no consiste tanto en amar a Dios cuanto aceptar el amor que Dios regala en Jesucristo; Dios nos quiere tal y como somos: débiles, pecadores, inseguros, poco atractivos,... Sin embargo, en nuestra soledad, no solemos confiarnos a Dios y preferimos usar la religión como excusa para ser considerados buenos, para obtener méritos ante Dios y ante los demás de cara a que nos acepten. ¡Qué tremenda soledad la del fariseo de la parábola!: “¡primero yo, segundo yo, y tercero yo!”; ¿no te suena esta canción?: “Os aseguro que el pecador bajó justificado a su casa, y el otro no” (cf Lc 18,9-14). 

Nuestra religiosidad se manifiesta a veces en “gestos externos”, en “autobombo”, en “lucimientos de cara a la galería”... falsedad que el mismo Señor  desenmascara en su evangelio: “Cuando recéis no seáis hipócritas... Cuando des limosna.... Cuando ayunes... (cuando vayas a la procesión, cuando lleves el “paso”, cuando hagas penitencia, cuando eches una mano al indigente, al vecino...) no lo hagas para que te vea la gente”; (cf Mt 6,1-6). Tu religiosidad-oración ¿necesita conversión? ¡Basta de rasgarse las vestiduras! ¡Es hora de rasgar tu corazón! (Joel 2,13).

*La vida social. También ésta necesita conversión. ¿No notáis que nuestras relaciones sociales son cada vez más frías? A medida en que  nos enriquecemos materialmente van empobreciéndose nuestras relaciones humanas. Es como si tuviéramos miedo al otro. Hemos empezado a ver en el otro más una amenaza que una ayuda. No sólo nos estorba Dios sino también el prójimo; no queremos compromisos con nadie, porque tememos hipotecar con ello nuestra libertad. ¿No vive momentos bajos la auténtica amistad? ¿No ha perdido el compromiso matrimonial mucha de su fuerza e intensidad? 

Necesitamos convertirnos a unas relaciones de pareja, sociales, vecinales, amistosas, de mayor calidad humana. Y no basta para ello con pertenecer o colaborar económicamente con alguna organización que atienda a los que lo necesitan. ¿No será más necesaria tu entrega personal, tu cariño, tu presencia... que tu dinero? Una buena oportunidad la Cuaresma para acercarte y tocar al enfermo, al inmigrantes o al indigente, una oportunidad para plantearte tu implicación personal en Cáritas.

*La vida familiar. También por la familia murió Cristo, “el cual, por nosotros se hizo pecado para que por él quedemos justificados” (2 Cor 5,21). Se habla de “renovación” del modelo de familia, y se ha llegado en España a la legalización civil de otros modelos de convivencia en pareja a los que sólo eufemísticamente podríamos llamar "matrimonio". Pero ¿es esa la conversión que Dios quiere? ¿Es esa la renovación de la vida familiar que necesitamos? ¡Ya está bien de presumir de ser los más modernos, los más libres, los más justos!.

El ocaso del compromiso familiar se está poniendo de manifiesto en el descenso de parejas que se atreven a contraer matrimonio. Además, ¿no oímos hablar constantemente de violencia doméstica o de “género” (eufemismo de “sexo”)? ¿Cuál es la familia que Dios quiere? ¿Qué tengo que cambiar en mis relaciones matrimoniales y familiares? ¿Significa algo para mi familia el apellido de “cristiana”? Preguntas básicas para abordar luego una renovación familiar a la luz de Dios.

*La persona. No podemos olvidar que somos personas, que tenemos una individualidad y una dignidad que no puede ser sometida a nada ni a nadie más que a Dios. La persona, tu y yo, estamos muy solos. No nos estimamos lo suficiente. Por ello buscamos desesperadamente la seguridad en los dineros y los pedestales; por eso recurrimos una y otra vez al cuidado constante de nuestra propia imagen. 

Parece que lo importante no es lo que somos, sino lo que aparentamos. Por eso despreciamos al anciano o al enfermo, porque creemos que la debilidad y el envejecimiento del cuerpo es la misma debilidad y envejecimiento del ser personal. Por eso andamos obsesionados por el cuidado del cuerpo, por dar una imagen “guapa” de nosotros mismos, por eso mismo queremos tener tal coche o tal casa, o hacer tal o cual viaje de vacaciones... porque, acostumbrados a ver en los demás “lo que tienen” (apariencia) y no “lo que son” (realidad), queremos que nos quieran, y para ello hacemos gala de todo lo que creemos que nos puede hacer “amables”. Nuestra vida, nuestra mentalidad vital, está pidiendo conversión, reorientación, antes de que nos desespere y nos destruya tanta máscara.

 *

Hoy empieza la Cuaresma. Tiempo de hacer un alto en la vida. Tiempo de análisis. Tiempo de reflexión. Tiempo de evaluación. Tiempo de conversión. Dios está de tu parte; ¿dónde estás tú? Recuerda que el cambio, la conversión, como el amor, comienza por uno mismo.  Dice san Pablo: “Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Porque él dice: ´En el tiempo de la gracia te escucho, en el día de la salvación te ayudo´. Pues mirad: ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación” .(2 Cor 6,1-2). Revisa qué facetas de tu vida (política, fe, relaciones, actitud personal, familia, etc.) están pidiéndote un cambio.

¡Buena y provechosa cuaresma !

Marzo 2025
Casto Acedo

jueves, 27 de febrero de 2025

Discernir la vida espiritual (Domingo 2 de Marzo)

 

EVANGELIO
Lc 6, 39-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:

—«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.

Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca».

¡Palabra del Señor!

* * *

Los textos del libro del Eclesiástico (27,4-7) y de san Lucas, que se proclaman este domingo, invitan  a discernir la vida espiritual, a hacer una lectura de la vida bajo la atenta y amorosa mirada de Dios. 

¿Desde dónde nos miramos? ¿Cuál es la medida que  usamos para conocer, evaluar y cambiar nuestra vida? Para esto la primera lectura nos da unas pistas: *“Cuando se agita la criba, quedan los desechos” (Eclo27,4), es decir, cuando llegan las dificultades concretas, las turbulencias de la vida, se puede ver con claridad la escoria y el grano, la oscuridad y la fe, la cobardía y el aguante que tenemos. En esas situaciones se aclara qué es lo que realmente valoramos. * Y añade que para conocerte es muy útil reparar en tus conversaciones y analizar tus palabras, porque "la persona es probada en la conversación" (Eclo 27,5). 

En cierto modo, lo que decimos de los demás dice más de nosotros que de ellos; en los juicios solemos proyectar  las propias frustraciones e insatisfacciones. 
*Oyes a alguien criticar lo mal que hace su trabajo un compañero y tienes ante ti a un soberbio que te está diciendo que él lo hace mejor; 
*te comentan lo que presume fulanito de sus lujos y lo que te muestra es cómo le corroe la envidia; 
*oyes a tal persona quejarse de lo mal que anda la juventud y te hallas ante alguien que añora esos tiempos o no soporta que los jóvenes sean distintos y disfruten lo que él no disfrutó; 
*se enerva aquel por la vida libertina de su vecina y oyendo sus juicios entrevés cierta frustración y lascivia por la fruición con que habla. 

Para un buen observador la viga en el ojo del hipócrita pecador es más evidente que la mota que éste ve en el ojo del prójimo. 

Hay expertos en detectar motas en ojos ajenos que se pasan la vida mirándose a sí mismos en el esposo o la esposa, el amigo, el vecino, el jefe de la oficina, etc. y conformarse con creer que basta hacer las cosas mejor que ellos; o quienes se miran en las mínimas normas morales que cree correctas para ser buena persona y concederse satisfechos un aprobado raspado. ¡Ten cuidado de elegir bien desde quién o desde qué normas morales te miras! Porque el ego es muy tramposo, y  tiende a que te mires no desde lo que eres sino desde  las apariencias y desde lo que crees sobresalir ante los demás. 

Un buen consejo: no te mires ni compares con nadie, ni con quien crees más santo que tú (puedes caer en desánimo) ni con quien consideras más pecador (podrías caer en soberbia): “¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ¡hermano, déjame que te saque la mota del ojo!, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo?”.  Al ego  le gusta el juego de comparar y condenar para afirmarse a sí mismo; le va la vida en ello. No le des cancha. Tú mírate desde el silencio, desde la transparencia, desde tu centro, donde habita Dios; contémplate  a ti mismo a la luz del Evangelio que deseas que configure tu ser. Y, como mucho, compárate contigo mismo ayer y mira si avanzas o retrocedes.

También es  importante que no evalúes el propio estado espiritual tomando como referencia las prácticas piadosas, ni los tiempos y modos de oración personal, ni el “postureo” que suele acompañar a las “nuevas espiritualidades". Todo esto es follaje que puede debilitar y ocultar la esterilidad de la planta que es tu vida. Recuerda la parábola de la higuera (Mt 21,18-22). El evangelio de  hoy apostilla: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,20),  criterio esencial para discernir la bondad o maldad de la vida espiritualidad.

Dice santa Teresa a sus hijas: «cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece que no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden el camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor; y si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella… ". (Moradas V, 3,11)

Mira si gozas de los frutos del Espíritu, que a decir de san Pablo son “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Gal 5,22-23). Las cosas espirituales son muy dadas al engaño (de ahí la proliferación de sectas) y al autoengaño (aquí el ego juega muy malas pasadas). Para hallar el camino correcto mira tus obras y tus intenciones. "El fruto revela el cultivo del árbol” (Eclo 27,6). Sabia sentencia. ¿Para qué quiero un árbol abundante en hojas si no da fruto alguno? ¿Para qué sirve un ego infructuoso? Para nada; lo mejor es arrancarlo y arrojarlo al fuego (cf Mt 13,40-41). 

Agita la criba de tu alma para separar lo bueno de lo malo,  para quemar la escoria y guardar en el corazón el grano del amor. Todo un trabajo para la Cuaresma que iniciamos el próximo miércoles.

Febrero 2025
Casto Acedo.

viernes, 21 de febrero de 2025

Amar como Jesús (23 de Febrero)

EVANGELIO. Lc 6,27-38

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian … Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada… Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis… no condenéis, …perdonad… dad, … Os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros”. 

¡Palabra del Señor!

* * *


“Amad a vuestros enemigos”, o sea, amad sin exclusión; no consideres enemigo tuyo a nadie en el mundo, porque todos son parte de ti. Por eso nadie te debería ser indiferente.  amor totalmente inclusivo; La clave del mandato -mejor decir enseñanza, mandato suena como a imposición- de amar está en la naturaleza humana, creada para el amor universal, para vivir en comunión con el universo, y en él con todas las personas. Si Dios es misericordioso, también tú, en tu núcleo interno, en tu ser creado a imagen y semejanza de Dios, eres misericordia. Sólo amando puedes ser feliz.

Ahora bien, esa compasión,  misericordia y felicidad que eres tiene dificultades para aflorar. El misterio del mal te envuelve y oculta a tus ojos el tesoro de amor que hay en lo secreto de tu corazón. Tu camino espiritual consiste en esto: excavar, abrirte paso hacia tu interior para extraer el tesoro de amor que se esconde en ti.  Pero, ¿cómo hacerlo?

Muchos hemos leído El arte de amar, de Erich Fromm, un magnífico tratado donde se dice que amar es un arte, y que como todo arte tiene una parte de intuición, de predisposición a él, y otra parte de técnica, de aprendizaje. Basta que observes cualquier actividad artística: literatura, música, pintura, danza, etc. Los grandes maestros en estas disciplinas tuvieron primeramente la intuición de apreciar el valor y la belleza de estas disciplinas y la fe suficiente para verse a sí mismos con cualidades y capacidades suficientes para desarrollarlas. El amor cristiano tiene mucho de anhelo y también de meditación y renuncias para lograr la perfección de ese arte.

El amor es un arte y el texto evangélico de hoy nos da unas claves técnicas para cultivarlo: *no cierres nunca tu puerta a quien ves o se muestra enemigo tuyo,  *no juzgues, deja que sea Dios quien tenga la primera y última palabra sobre las personas, *no condenes, ¿quién eres tú, pecador, para condenar a nadie?, *perdona, pasa por alto la ignorancia y  los errores de quienes realmente te han ofendido o te parece a ti que lo han hecho,*comparte lo que tienes, no seas indiferente a las necesidades de la humanidad. Son “mandatos de escuela”.

Las consignas citadas son "técnicas de amor", pero ¿basta saber y cumplir?, ¿cómo vivir estos mandamientos cristianos con alegría, con pasión, libres de la carga moral y legalista que dejan ver?, ¿cómo llegar a ser de los mejores en el arte de amar? ¿Cómo disfrutar y no sólo sufrir el amor?  Para esto hace falta algo más: amar amar, tener mucho amor al amor; en un lenguaje más comprensible: amar a Dios en Cristo, sentir pasión por la persona de Jesucristo. Amar al Amor.

Si hay un maestro en el arte de amar ese es nuestro Señor. Con razón insistía santa Teresa a sus hijas: “Los ojos en Él”, no apartéis la vista del Amado. Sin Él el amor a los enemigos es un imposible: "sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15,5), con Él lo puedes todo (cf Mt 19,26).  Por eso aconsejo  leer  este evangelio contemplando el amor todopoderoso de Dios manifestado en Jesús. Puedes poner tu mirada en la suya y  ver en sus pupilas la transparencia del amor:

*tú eres con frecuencia hostil, Él es siempre dulce contigo y con  todos; mira sus ojos;

*tú eres amigo de juzgarte y juzgar a otros, Él te ama y ama a todos incondicionalmente; déjate embaucar por su mirada;

*tú acostumbras a condenar a quien no es de tu agrado, Él no te condena, ama a todos por igual; sabe que sólo el amor  redime; "el mirar de Dios es amar" (San Juan de la Cruz); 

*a ti te cuesta perdonar, Él te perdona y olvida la ofensa; ¡mira al que traspasaron!, contémplalo perdonando en la cruz;

* tú te muestras poco generoso en el dar, Él lo da todo por ti y por todos; Jesús se da todo a ti, ¿qué esperas para darte todo a Él?; "el que pierde su vida por mi la encuentra" (Mt 10,39);

El evangelio de este domingo es de esos textos que, como el de las bienaventuranzas, sólo adquieren sentido mirando a Jesucristo. Sólo contemplando la apasionada entrega de Jesús, enamorándote de Él, puedes asimilar algo tan fuerte como el mandato de amar a tus enemigos.

"Amaos como yo os he amado" (Jn 13,34). “Como yo”. Jesús es más que maestro del arte de amar, es el mismo amor; es la referencia, el espejo donde mirarte en lo que eres por gracia de Dios, porque Dios es amor, y tú eres amor. Aunque te veas a ti mismo como un frío y pesado bloque de mármol sólo tienes que desbastar la piedra para sacar de ella la belleza de amor que escondes; haz de ti una obra de arte del amor de Dios. Con dedicación y esfuerzo (formación, oración, caridad) puedes extraer el Cristo que se esconde en tu interior.

Termina el evangelio de hoy con palabras que no pretenden asustar sino motivar: “Con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros”. Me inclino a interpretar esta palabra a la luz del dicho de san Juan de la Cruz: “donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”; y es cierto, lo que siembras es lo mismo que cosechas; con “una medida generosa, colmada, remecida, rebosante”. Graba en tu corazón la verdad de que Dios es amor, que tú eres amor, y  que el amor es la fuente de  la vida. Este es el modelo: Jesucristo, amor y compasión universal. Ama, dijo san Agustín, y haz lo que quieras.

¡Feliz domingo!

Febrero 2025
Casto Acedo 

miércoles, 12 de febrero de 2025

La compasión equivocada (16 de Febrero)


EVANGELIO Lc 6,17.20-26

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. 

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor
*


Que las bienaventuranzas son un revulsivo para la sociedad occidental instalada en su zona de confort es evidente. ¿A quién se le ocurre creer que son felices quienes llevan una vida de austeridad y sencillez (pobres), quienes tienen hambre de justicia humana y de trascendencia, quienes sienten como suyos los sufrimientos de la humanidad (los que lloran) o quienes son cancelados a causa de su compromiso en la defensa de los derechos humanos o su confesión de la fe en Cristo?.

La cordura mediocre de los sabios de este mundo considera que son de felicitar los que andan sobrados de bienes materiales  (ricos), los que tienen acceso libre e ilimitado a los placeres del cuerpo (los que están saciados), los que van de fiesta en fiesta cantando y bailando sin preocupaciones (los que ríen) y los que son agasajados, alabados y venerados (aquellos de los que el mundo habla bien).

Sin embargo, el pensamiento de Jesús no casa con lo los criterios formales del mundo. Sus gritos, los “ayes” del evangelio de Lucas (hay quien los llama malaventuranzas) se han de leer como palabras de lamento y compasión. Los gozos que llegan por la riqueza, los excesos, los honores, la fruición de los placeres y las alabanzas, son signos de una felicidad puntual y no sostenible; nada comparable a la sostenible felicidad fruto de la virtud. ¡Ay de vosotros los que os sentís ahítos de todo, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!, ¡ay de vosotros los que reís, porque lloraréis!, ¡ay de vosotros, porque cuando no tengáis nada nadie se acordará de vosotros! La débil felicidad del mundo es digna de compasión porque está incubando el fracaso. La felicidad genuina está en la virtud, y la desgracia en el vicio.

Debemos felicitar con Jesús a aquellos que se esfuerzan por ser honrados en sus negocios, aunque sean el hazmerreir de los corruptos, felicitar también a los que vierten lágrimas con y por los que sufren, a los encarcelados o marginados por defender la justicia y el derecho, felicitar, en fin, a quienes son ridiculizados y difamados por predicar la verdad. Si a éstos a quienes Jesús llama bienaventurados los consideramos dignos de lástima entramos en una compasión equivocada. Es como lamentarse por las fatigas que sufre el corredor de fondo que aspira al triunfo en la carrera. A este se le admira y se le felicita: ¡Quién pudiera tener su  preparación y su fuerza! Del mismo modo, Jesús no se compadece de quienes fortalecen su espíritu dando cada vez más de sí mismos en favor del Reino, sino que los llama bienaventurados, porque han  alcanzado la sabiduría y la madurez espiritual; practican las virtudes con entusiasmo y están por ello muy cerca de Dios. 

Para no caer en la compasión equivocada podemos tomar nota de la advertencia que Jesús  dirige a las mujeres de Jerusalén y a cuantos se golpeaban el pecho lamentándose por Él en el viacrucis de su pasión: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”. No me compadezcáis, porque yo sufro cumpliendo mi destino, me veis sufrir por ser fiel a mi misión; pero “si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?” (Lc 23,28.31). Soy un árbol verde del que brotarán frutos abundantes, dice Jesús; no lloréis por mí, llorad por aquellos cuyo espíritu es un árbol seco y estéril del que no se espea fruto alguno  y que  sólo sirve para ser quemado. Sostened y apoyad a quienes  trabajan por ser fieles al Reino de Dios.  Aunque sufran por ello  no les compadezcáis, mejor les felicitáis porque su fidelidad les hace grandes.  ¡Dichosos ellos! 

*

"La piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular" (Hch 4,11; Sal 118,22). Miremos la realidad como la mira Jesús. Los cantos de sirena del mundo son  seductores y es fácil dejarse arrastrar por ellos; si ves que tu corazón se inclina a compadecerse de aquellos que sufren por  estar promoviendo la justicia o la paz, corrige esa compasión. No tengas pena de quienes viven en su interior la noche oscura de la fe o la persecución exterior por causa del Reino; al contrario, admíralos, ámalos y apóyalos con tu simpatía; no les tengas lástima, porque son héroes. Y deja de mirar con envidia a quienes viven en el pico de su éxito; sabes que cuanto más suben están más expuestos a caer.  Estos sí merecen ser compadecidos. Reza por ellos. ¿Serás capaz? Y no te digo si serás capaz de rezar, sino capaz de mirarlos con compasión. Cambiar esa mirada tiene mucho de conversión. Deja que la mentalidad de Jesús expresada en las bienaventuranzas y en los "ayes" impregne tu ser, tu sentir y tu pensar.

Feliz domingo.

*
Un comentario con otro enfoque y algo más extenso en:

https://blogdecastoacedo.blogspot.com/2022/02/bendiciones-y-maldiciones-13-de-febrer.html

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Febrero 2025
Casto Acedo. 
 

jueves, 6 de febrero de 2025

En tu nombre echaré las redes (Domingo 9 de Febrero)

 

EVANGELIO Lc 5,1-11

Subiendo a la barca de Simón, Jesús le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».

Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse.

¡Palabra del Señor! 

El Papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013) habla de una “acedia paralizante” o desgana, un oscuro mal de nuestro tiempo (EG 81), arraigado en grandes sectores de la Iglesia y que puede tener una raíz más o menos consciente en el imposible de querer hacer un cristianismo sin Cristo. Muchas leyes, normas y costumbres, muchos ritos que resultan pesados e infructuosos para el ánimo, y poca experiencia de vida. El alma se seca en la rutina, y de ésta se pasa al aburrimiento. "Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo -dice el Papa-, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal. ... Algunos se resisten a probar hasta el fondo el gusto de la misión y quedan sumidos en una acedia paralizante" (EG 81). En esta situación nos parecemos a los discípulos que tras una noche de brega  parecen poco animados a seguir la tarea. 

Y, de repente, en la palabra de hoy aparece Jesús, que concluido su sermón al pueblo desde el púlpito de la barca de Pedro podría proponer a los pescadores un tiempo de relajación y de charla amena. Sin embargo, “cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echad vuestras redes”. La respuesta de Pedro no se hizo esperar: "hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada", no merece la pena insistir. ¡Qué bien parece describir esta escena el panorama expuesto por el Papa Francisco en el texto citado antes! Una Iglesia de cansados, poco dispuestos a la tarea de catequizar, desmotivados.

Sin embargo el Espíritu se abre paso en la mente de Pedro que recibe una luz que le obliga a seguir hablando: “Hemos estado bregando toda la noche ( ... ) Pero, por tu palabra, echaré las redes”. En el intermedio de las dos frases, ahí donde se abre un paréntesis con puntos suspensivos, hay un breve silencio que  saca a Pedro de su desgana. En la oscuridad del desánimo un rayo de fe abre la mente y el corazón del apóstol; un kairós o instante luminoso que prende en el alma de Pedro el fuego del entusiasmo. ¿Qué pasaría por su mente y su corazón para pasar de la desgana a la esperanza y la acción? La reconsideración del mandato de Jesús, "rema mar adentro", suscita en Pedro el entusiasmo necesario para ponerse manos a la obra. 

Hasta ese momento Pedro y los otros, fiados en su maestría de pecadores, habían gastado sus energías sin resultados; pero cuando salen a pescar con la seguridad de saber que lo hacen en nombre de Jesús, “puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaron a reventarse”. La maestría en el oficio de la evangelización (técnicas de evangelización) es muy importante, pero si no se va en nombre de Jesús (fe, experiencia) la pesca se resiente.

*


La sensación que damos en la Iglesia es la de pescadores cansados que lo han  intentado todo. Hemos inventado slogans ingeniosos y organizado eventos deslumbrantes para la evangelización, hemos cumplimentado con creces la agenda parroquial y diocesana de actividades, e incluso hemos atendido a más pobres que en ninguna otra época histórica; pero  sólo hemos conseguido unos pocos peces, de los cuales muchos enfermaron y otros murieron, porque lo más que le ofrecemos en el ámbito de  nuestras iglesias es una pecera estrecha, humanamente muy cómoda, pero poco propicia para un crecimiento y desarrollo espiritual en profundidad. Hemos caído en la trampa de querer una Iglesia adaptada a la mentalidad mundana, afín la "sociedad del cansancio";  así llama un perspicaz filósofo contemporáneo a nuestra cultura consumista e insatisfecha 

La pesca de Pedro fue abundante. La causa no estuvo en la fuerza de Pedro y los suyos. Estaban cansados y desanimados. “Hasta ahora no hemos pescado nada” ...  “pero no se haga mi voluntad sino la tuya… En tu nombre, por tu voluntad, echaré las redes”. Parte esencial para el milagro de la renovación de la Iglesia es la decisión de volver a considerar la invitación a pescar que hace Jesús, la decisión de Pedro de dejar de hacer las cosas según su criterio para hacerlas al gusto de Jesús. La fuerza de Dios obra en la debilidad del misionero. 

*

Puedes hacer tuyo en este día un conocido texto extraído de los Sermones de san Antonio:

En tu Palabra, no en la mía,
echaré las redes.

Mientras las eché en mi palabra
no pesqué nada.

¡Lástima!
Cuántas veces las eché en mi palabra,
me lo atribuí a mí mismo, no a Ti;
me prediqué a mí y no a Ti;
prediqué mis palabras, no las tuyas.

Por eso no pesqué nada;
y si algo atrapé no fueron peces,
sino ranas locuaces que me alabasen,
lo cual es nada.

Pero en tu palabra echaré la red.

Echa la red en la palabra de Jesucristo
quien nada se atribuye a sí mismo,
sino todo a Él;
quien vive en conformidad
con lo que predica;
si así lo hiciere,
la captura de peces será copiosa.

 Hermosa oración-reflexión-meditación. Aprovecha para hacerla tuya esta semana. Y para echar las redes en nombre de Jesús.

Feliz domingo.

Febrero 2025

Casto Acedo. 

viernes, 31 de enero de 2025

Presentación del Señor (2 de Febrero)



EVANGELIO

"Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén"

Palabra del Señor



La fiesta de la Presentación del Señor y Purificación de María prolonga las solemnidades propias de la Navidad, en las que el punto central es el misterio de la Encarnación. Jesús, semejante en todo a nosotros menos en el pecado (Hb 4,15), se iguala a todos los niños judíos de su tiempo y es presentado en el templo cuarenta días después de su nacimiento. Asimismo María, que no necesitaba purificación alguna por ser inmaculada desde su concepción se somete al rito común a toda mujer judía. Es un Misterio: Jesús siendo presentado en el templo; el mismo que después, en su vida pública, se presentará en el templo y lo purificará abriéndose paso con un látigo entre las oscuridades (cf Mt 21,12-14 y par.).

En el momento de la entrada de la familia de Nazaret en el templo para cumplir lo mandado por la ley  se dan unos encuentros muy particulares. Simeón y Ana, ancianos fieles que durante años cultivaron una mirada contemplativa, fraguada en la oración y el silencio,  recibieron el don de ver y abrazar al mismo Dios, cumpliéndose así todas sus esperanzas. A Simeón “le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes e ver al Mesías del Señor”. Impulsado por el Espíritu fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús… lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora… mis ojos han visto a tu salvador” (Lc 2,27.30); Ana también tuvo el privilegio de la "visión de Dios" en aquel niño, y  "hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén".

Simón y Ana son prototipo de todos los que perseveran en la oración y esperan poder ver  la "luz que alumbra a todas las naciones". Estos  ancianos reciben la gracia de reconocer a Jesús entre la multitud, el gozo de ver con sus propios ojos cómo el Dios infinito se hace niño y se abaja a la finitud de la carne para que  el hombre finito sea divinizado por su gracia. Quien persevera en la oración nunca queda defraudado.

* * *

Hoy también se celebra el Día de la vida consagrada, personas que se ofrecen a Dios en una vida de virginidad, pobreza y obediencia, monjes y monjas, religiosos y religiosas  que se han consagrado de por vida a la contemplación, la alabanza y el testimonio activo en la Iglesia. 

Las comunidades de vida religiosa atraviesan momentos difíciles. Son muchos los monasterios y conventos que se cierran cada año en España y en el mundo. ¿Qué está pasando? La escasez de vocaciones a la vida consagrada parece un signo de la creciente secularización de nuestro mundo y que habría que enmarcar en una crisis mayor: la crisis de fe y amor que muestra su rostro también en el escandaloso descenso de parejas que optan por el sacramento del matrimonio. Falta voluntad para decidirse por una entrega total y para siempre.

Sin embargo, se aprecian signos de esperanza en la creciente demanda de formación y experiencia espiritual por parte de los fieles. El vacío de sentido que embarga a nuestra cultura sin Dios inquieta a muchos que buscan una luz que les devuelva la esperanza. La estancia temporal en los monasterios  que abren sus puertas a quienes desean experimentar días de silencio y oración son cada vez más demandados. Dejemos tiempo y espacio al Espíritu Santo, el mismo que nos dice el Evangelio de hoy que estaba con Simeón, el que le había revelado que un día vería a Jesús y el que le impulsó hacia Él en el día que conmemoramos. ¿Acaso no confiamos en Él? Sólo en Él y con Él podremos hallar respuesta y solución al desasosiego que la situación de la vida religiosa nos produce.  

Oremos y deseemos que en nuestro mundo opulento, arrogante y hedonista no falten nunca consagrados contemplativos y activos que imiten a Jesús pobre, obediente y casto. 

Enero 2025
Casto Acedo

sábado, 25 de enero de 2025

Parábola (León Felipe)

Un poema de León Felipe digno de ser meditado en el Domingo de la Palabra de Dios.

PARÁBOLA

“Más Él hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2,21) 
“Y tomé el libro de las manos del ángel y me lo comí.” (Apoc 10,9-10)

Había un hombre que tenía una doctrina.
Una doctrina que llevaba en el pecho,
(junto al pecho, no dentro del pecho),
una doctrina escrita que guardaba 
en el bolsillo interno del chaleco.
Y la doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca,
en un arca como la del Viejo Testamento.
Y el arca creció. Y tuvo que llevarla a una casa muy grande. 
Entonces nació el templo.
Y el templo creció. Y se comió al arca, al hombre 
y a la doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.
Luego vino otro hombre que dijo:
El que tenga una doctrina que se la coma,
antes de que se la coma el templo;
que la vierta, que la disuelva en su sangre,
que la haga carne de su cuerpo...
y que su cuerpo sea
bolsillo,
arca
y templo.

De «Ganarás la luz», 1943

C. A. 

La fiesta de los amigos (Todos los Santos, 1 de Noviembre)

"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Pad...