
Nota:
En la dirección que de Drive que se indica tenéis:
-*en documento PDF el mismo texto escrito aquí: HORA SANTA, 2025 (Guión), Aunque tal vez sea más práctico, por resumido, el texto del cuadernillo,
*un cuadernillo de dos folios doblados por ambas caras que podéis imprimir -aconsejable alguna copistería- y que puede servir de guía para los orantes. El texto de cada apartado está aquí resumido, y también están las letras de los temas musicales; y
*los tres temas musicales en mp3.
https://drive.google.com/drive/folders/1Sys-Hpafl26YSn1sE09Vj1S158Q-FwXQ?usp=sharing
Si al clickar os pide que se autorice pedid autorización a trujisampe@gmail.com.
Buen provecho.
* * *
SER, SENTIR Y HACERSE EUCARISTÍA
(Momentos de oración para el Jueves Santo)
En
esta noche de tránsito hacia la Pascua, siguiendo la recomendación del Señor,
nos reunimos para orar. Y lo hacemos ante el Santísimo Sacramento, Misterio de
fe, esperanza y amor.
La
Eucaristía contiene en sí todo el ser, pensar y obrar de Jesús. Cuando decimos
que Jesús se nos da en ella estamos diciendo que en ahí, en ese poco ce pan y
vino, nos está dejando todo su ser, toda su experiencia vital, todo su legado
espiritual.
Presintiendo
su partida de entre nosotros el Señor nos deja la Eucaristía como testamento;
con ella y en ella podemos seguir siendo con Él, sintiendo con Él, obrando con
Él.
Aspiramos
a ser con Jesús, a estar con Él, a hacer de nuestra vida Eucaristía, acción de
gracias al Padre por todo lo que en el Hijo nos regala.
ORACIÓN
Esta es la noche, Señor,
que adelanta la Pascua,
la noche en que la luz de tu Palabra,
hecha carne,
ilumina la oscuridad
de las sombras que nos cercan.
¡Estad en vela!
¡Manteneos despiertos! -nos dices-
Velad y orad
para no caer en la prueba.
Queremos orar contigo,
sintiendo tu presencia entre nosotros,
confesando que en tu Nombre
podemos vencer al mal y a la muerte.
Contigo siempre vence la esperanza.
Permítenos entrar en tu misterio de Amor.
Amor de respeto, de disponibilidad,
de servicio concreto al Padre,
sirviendo en todo a nuestros hermanos.
Danos la gracia de estar contigo en esta hora.
Que seas alabado y glorificado en nuestra oración,
que las personas que amamos
y aquellas a las que nos cuesta amar
se beneficien de nuestra oración,
y que nuestra intimidad contigo sirva de aliento
a fin de que el mundo camine sin tropiezos
hacia su perfección en el amor y la paz.
Amén
*
1.
Eucaristia,
SER de Cristo.
“Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición,
lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi
cuerpo». Después tomó el cáliz,
pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre
de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. (Mt
26,26-28)
“Tomad y comed, esto es mi cuerpo...
Tomad y bebed, esta es mi sangre”. No dice Jesús esto “es como mi cuerpo” o
“como mi sangre”. ¡No, no dice “como”!, dice “es mi cuerpo”, “es mi sangre”,
todo mi ser presente en este pan y este vino.
Jesús es Dios, todo el ser de
Dios concentrado en la Eucaristía, con toda su humanidad, con su cuerpo y con
su sangre, y toda su divinidad: “Mi padre es quien os da el verdadero pan del
cielo” ( ) .
En los signos Eucarísticos
está el ser mismo de Dios. Tomar y comer
su pan es participar del ser de Jesús; al participar en la Eucaristía Dios me hace ser como Él, hijo amado del
Padre.
Contemplamos, pues, en la
reserva Eucaristía el Misterio de Dios; todo su ser en Jesús; pan del cielo. El
mismo Dios se hace alimento en Jesús, se hace comida para que participemos de
Él, de su divinidad. Comiendo de su pan y bebiendo de su vino nuestro ser se
transforma. Dice san Agustín que “cuando recibimos cualquier alimento lo comido
se transforma en mí; sin embargo, cuando recibo el pan Eucarístico yo me
transformo en lo que recibo”
¡Silénciate y permite que tu
alma sea moldeada según el pan que comulgas y que ahora contemplas y adoras!
(Tiempo de silencio)
Audición:
ESTÁS AQUÍ (Jesed)
Estas
aquí, aunque no te pueda ver
pues escondes tu gloria y majestad.
Estas
aquí revestido solamente en el amor
bajo la forma de un pan...
Con
sencillez te me vienes a entregar
Y en mi interior vas haciendo maravillas
Corazón
con corazón, en profunda comunión
me haces templo de la Santa Trinidad.
Estas
aquí, aunque no te pueda ver ...
Ven y
cena conmigo, ven y mora en mi hogar,
ven y nunca me dejes pues sin ti me moriría
Me has
herido con tu amor, Ven y mora en mi interior.
De ti
quiero comulgar, señor...
*
2.
La
Eucaristía, SENTIR de Cristo
“Tened entre vosotros los
sentimientos propios de Cristo Jesús. El
cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al
contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho
semejante a los hombres. Y así, reconocido
como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp
2, 5-8).
Sabemos mucho. Nuestra mente,
a lo largo de los años, se ha llenado de conceptos, ideas, lecciones. Sabemos
mucho, pero, aunque algunos crean que basta saber para ser felices, la realidad
es muy otra. No disfrutamos de la vida con el cerebro sino con el corazón: "No
el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar de las cosas
internamente."
La Eucaristía nos conecta
directamente con un momento de la vida de Jesús en que los sentimientos afloran
muy intensamente en Él. “Cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los
apóstoles con él y les dijo:
`Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer´” (Lc
22,14-15). La institución del sacramento está más cargada de sentimientos que
de ideas. La mente no puede comprender el misterio, sólo el corazón tiene
acceso a Él por la fe.
¿Qué sentimientos embargan a
Jesús esta noche? Primeramente una cierta sensación de fracaso. “Mirad: la
mano del que me entrega está conmigo, en la mesa” (Jn 22,21). No hay odio
en estas palabras; los discípulos se miran y se preguntan quién será el
traidor.
Y acto seguido se enzarzan en
una disputa “a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor.
Pero él les dijo: ´Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la
autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el
mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el
que sirve” (Jn 22, 24-26)
Jesús siente en esos momentos
una necesidad al mismo tiempo dolorosa y dulce, necesidad de amar hasta el
extremo. En Getsemaní clamará: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz;
pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” Y se le apareció un ángel del
cielo, que le confortaba” (Jn 22,42-43). El dolor lo ponen los discípulos
que le abandonan y le hacen sentir la soledad de la noche oscura del alma; la
dulzura la pone el Padre que le conforta por mano de un ángel.
El cuerpo y la sangre
compartida en la última cena sirvió de poco a los suyos, “levantándose de la
oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza”.
Entristecido él mismo por la debilidad de los suyos, aún encuentra palabras
para exhortarlos: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en
tentación». (Jn 22,45-46)
La Eucaristía invita a vivir
los sentimientos de Cristo: despojo, servicio, entrega.
No nos hacen grandes las ideas
que conocemos y predicamos sino los sentimientos que vivimos. “A la tarde,
-dice san Juan de la Cruz- te examinarán del amor”. Al final de nuestros días no nos preguntarán
el catecismo, y tampoco se nos pedirá el balance de oraciones y actos de culto
celebrados; se nos examinará de un sentimiento: del amor.
Contempla el Misterio
eucarístico, donde el corazón de Cristo sigue deseando ardientemente sentarse a
la mesa con los suyos; donde el amor desbordante de Dios se manifiesta
despojándose de su categoría de Dios, donde se anonada haciéndose pan; por
amor, todo por amor a la humanidad. Contempla y siente su amor haciéndolo tuyo.
Jesús eucaristía es aliento de esperanza.
Mirando su humildad gloria a
su grandeza, y siente su amor haciendo
tuyos los mismos sentimientos de “ser hijo
de Dios y servidor de todos”.
(Tiempo
de silencio)
Audición: Miradle (Ain Karem)
Tened los mismos sentimientos y actitudes del Señor
Despojado, siervo humilde:
dame un corazón puro, con espíritu firme,
dispuesto a venderlo todo, pronto para servir.
Obediente hasta la muerte en la cruz:
dame un corazón noble, con espíritu generoso,
firme en la contrariedad, en el Padre abandonado.
Amor compasivo:
dame un corazón bondadoso, maduro en el amor
por la fuerza de tu Espíritu, afincado entre los tuyos.
¡Miradle y quedaréis radiantes! Será perpetua vuestra alegría.
*
3.
La
Eucaristía, AMOR de Cristo
“Me buscáis -dijo
Jesús a la turba que le abrumaba- no porque habéis visto signos, sino porque
comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por
el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre;
pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y ¿qué
tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra
de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,26-28)
Uno esperaría que Jesús, a la pregunta: ¿qué tenemos que hacer para realizar la obra de Dios?, respondiera: Amaos unos a otros. Pero dice: la obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado. ¡Qué serio parece lo de creer en Jesús! No se trata de asentir con la razón a su existencia sino con el corazón y las manos. Creer en el enviado es fiarse de su amor e imitarlo.
Hay una piedad falsa que llamamos “piedad del golpe de pecho”. Es la piedad que se queda en los sentimientos, mejor diríamos en el sentimentalismo; se queda en las formas, sin ir al fondo y al barro.
La forma son los adornos: la fidelidad y perfección con que practicamos nuestras devociones, la estética de nuestros altares y cantos litúrgicos y todo lo que emociona nuestro corazón; son formas sin fondo si no mueven nuestro cuerpo a abrazar a los hermanos más pobres y necesitados.
El fondo es la compasión que traspasa los límites del interiorismo y sale a la calle; Iglesia en salida, dice el Papa Francisco. Amor que no teme mancharse con el barro de las miserias humanas conviviendo con ellas.
“Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19). Jesús instituyó la Misa como un recuerdo. ¿Recuerdo de qué? De toda su vida. San Juan en su evangelio evita narrar propiamente la institución; se limita a destacar el lavatorio de los pies. Y termina, como los otros evangelistas, apelando a la memoria; pero en este caso no tanto al recuerdo del rito sino del acto de servir a los más pobres lavándoles los pies. Lavar los pies a quien llegaba a casa era tarea de esclavos, de siervos; y Jesús realiza ese gesto socialmente denigrante. Carga con el oficio y el desprestigio social de los esclavos.
En camino hacia el Calvario cargará con los pecados de la humanidad. Subirá con ellos al árbol de la Cruz, y podemos entender sus palabras eucarísticas. “Esta es mi sangre derramada por muchos para el perdón de los pecados”. (Mt 26,28).
En Jesús rito y vida se unifican y complementan; el rito explica, la vida realiza; las palabras de la última cena dan las claves de su pasión: "esta es la razón por la que me dejo en manos de los que me crucifican, amor, sólo por amor; podría destruiros, podría pedir a mi Padre que mandara un ejército de ángeles que acabara con vosotros (cf Mt 26,53-54), pero “yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18,37), y el amor es la única verdad".
Resulta curioso que la “obra de Dios” sea “creer”. Podría decir “amar” y nos parecería más lógico y amable. Pero dice “creer”; porque sólo quien cree de veras ama, sólo quien se entusiasma con la persona de Jesús encuentra el verdadero amor, sólo quien se pierde en Él puede llegar a amar como Él.
Cuando Jesús dijo «la obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» “Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?". La obra de Jesús es la obra del amor; lo único capaz de saciar el corazón. Jesús es ese amor. Jesús es la obra de Dios. Hemos sido creados para amar, para dejarnos comer por los que nos rodean. Amando hemos encontrado la clave para vivir satisfechos. Al hablar del pan del cielo, los judíos dijeron: «Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,29-34). Aunque tal vez ignoraban que ese pan lleva consigo la muerte al propio ego para resucitar a Él.
Mírate en Jesús crucificado, entregado voluntariamente por ti, porque te ama. Y pregúntate: ¿A cuántas personas amo como él me ama? ¡A cuántos enemigos tengo que perdonar!, ¡Cuántas injusticias tengo que restañar!
San Agustín oraba así: “Dame, Señor. lo que me pides y pídeme lo que quieras”. La Eucaristía es el alimento con el que Dios te da la fuerza o virtud necesaria para llevar adelante la vida misma de Jesús en ti. Haz tuya esta oración: Señor, ¡dame siempre de tu pan!, y pídeme lo que quieras.
(Silencio)
Audición:
La medida del amor (Hakuna)
¿Cuál es la medida del amor?
¿Cuánto alcanzan los latidos del dolor?
“Padre mío, dales tu perdón;
aún no saben que esas manos son de Dios”.
Se conmueve el universo en cada golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos empapados
de la sangre del más bello Redentor.
Tu dolor me vuelve loco, me da vida,
y sin hablar me enseña todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.
En la Cruz clavaron el amor,
y un abrazo se hizo eterno en mi dolor.
Clávame contigo, mi Jesús,
quiero darme y darlo todo como Tú.
Se conmueve el universo en
cada golpe
y el silencio .....
*
(Tiempo para compartir, dar gracias,
pedir dones
o simplemente alabar y adorar)
* * *
Oración
final
Cenar con los amigos, abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con mimo y respeto,
hacerse pan tierno compartido y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Visitar a los enfermos, cuidar a ancianos y niños,
dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos;
acoger a emigrantes y perdidos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Enseñar al que no sabe,
dar buen consejo al que lo necesita,
corregir al que se equivoca.
Consolar al triste,
tener paciencia con las flaquezas del prójimo.
Pedir a Dios por amigos y enemigos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Trabajar por la justicia,
desvivirse en proyectos solidarios,
superar las limosnas.
Amar hasta el extremo,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Ofrecer un vaso de agua,
brindar una palabra de consuelo,
abrazar con todas nuestras fuerzas,
denunciar leyes injustas,
salir de mi casa y de mi círculo.
Construir una ciudad para todos,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Un gesto solo, uno solo, desborda tu amor,
que se nos ofrece como manantial de vida.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
todos quedamos limpios,
como niños recién bañados,
para descansar en su regazo,
¡Lávame, Señor! ¡Lávanos, Señor!
* * *
EL
señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleva a la vida eterna.
¡Buenas
noches!