EVANGELIO
Jn 6,51-58.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir entre ellos:
—¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo:
—En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.
¡Palabra del Señor!
Eucaristía, Iglesia y Comunión.
La Solemnidad del Corpus Christi de este año estará marcada por la visita del Papa León XIV a Madrid, un acontecimiento que nos permitirá apreciar la relación íntima entre el Cuerpo de Cristo (“Corpus Christi; sacramento eucarístico) y el “Cuerpo místico de Cristo (la Iglesia).
Se señala el día de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, como el momento puntual en que tuvo lugar el nacimiento de la Iglesia. Pero ese momento clave no se puede entender separado de la globalidad de la vida de Jesús. Podremos decir que la Iglesia comienza su andadura con el misterio de la Encarnación, cuando el Espíritu Santo cubre a la Virgen María con su sombra y hace de ella la primera “cristiana” (Lc 1,35), imagen de la Iglesia que lleva a Cristo en su seno y cuya misión es hacerlo presente y darlo al mundo. Tampoco es desdeñable para la eclesiología el momento de la elección de los primeros discípulos y la selección de Doce de ellos para que continúen su obra misionera (Lc 9,1-2). El Evangelio de san Juan, en la pasión, nos ofrece también sus momentos eclesiales al hablar de la vid y los sarmientos, ¡qué hermosa imagen de la Iglesia! (Jn 15,1-17); al darnos a María como Madre al pie de la cruz (Jn 19,27); o al indicar cómo del costado abierto de Cristo mana sangre y agua (Jn 19,34), símbolos indubitables del Bautismo y la Eucaristía, sacramentos que introducen en la vida de la Iglesia y alimentan su vida espiritual.
Hoy, día del Corpus, podemos considerar también la institución de la Eucaristía como un hecho de especial relevancia eclesial. Hay quien ha dicho que la Iglesia nace en el momento en que Cristo, en su última cena, se entrega a sí mismo en el Sacramento del Pan y del Vino y pide a los suyos que repitan ese gesto: “haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,24b), ¿no está aquí Jesús estableciendo una Iglesia que se ha de mantener en la memoria de su Señor poniéndolo en el centro de su ser? ¿Qué es la Iglesia sino la comunidad reunida para hacer memoria de la Pascua? Jesús instituye la Eucaristía como vínculo de comunión eclesial.
La segunda lectura de hoy forma parte de las palabras que san Pablo dirige a los Corintios advirtiéndoles de la gravedad que supone comer del mismo pan eucarístico y, sin embargo, vivir divididos y enfrentados:
"La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan” (1Cor 10,16-17).
La Eucaristía se afirma aquí claramente como el nexo de unión entre los miembros de la comunidad. En el capítulo 12 de la misma carta a los Corintios habla san Pablo de la Iglesia como Cuerpo de Cristo: “vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro” (12,27). Es una imagen preciosa de lo que somos, y de lo que Cristo es para nosotros. “Él es la cabeza del cuerpo, de la Iglesia” (Col 1,18); sin Cristo el cuerpo que es la Iglesia anda descerebrado, sin inteligencia, sin oídos para escuchar la Palabra, sin visión y sin capacidad para gustar la sabrosa sabiduría divina. Cristo unifica el cuerpo, lo dinamiza y hace que sea cuerpo eucarístico (comunión).
Jesucristo, sumo Pontífice
Espero con interés poder ver al Papa León XIV presidiendo la Eucaristía multitudinaria en Madrid el día del Corpus, y llevando en sus manos la custodia en la procesión que tendrá lugar a continuación. Tendremos una imagen visual de la Iglesia, comunidad reunida en el nombre del Señor, presidida por el Sumo Pontífice. Pero no nos confundamos, la Cabeza de la Iglesia no es el Papa, es Aquel al que llevará en sus manos; la figura del Papa será la de la Iglesia que recibe a su Señor y, más que llevarlo, se deja llevar por Él. Será un signo eclesial digno de ser meditado: en medio de una masa ingente de fieles, escondido en el Misterio del Pan, Cristo camina con nosotros. Como trasfondo la Palabra de Dios a su Pueblo: “este es el pan del cielo...; el que come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,58). Este mismo anuncio es el de las procesiones de Corpus que se celebrarán por todas partes en este día.
El único Sumo Pontífice (único puente, único mediador) es Jesucristo, a quien el Papa representa como cabeza de la Iglesia. Y el único Sumo Sacerdote que preside la celebración eucarística es también Jesucristo. Los demás sacerdotes no lo sustituyen sino que multiplican su presencia entre nosotros.
La Solemnidad de Corpus Christi quiere poner a Cristo en el lugar que le corresponde, que no es otro que el más alto y a la vez el más cercano. Al mismo tiempo pretende hacernos ver que sin Él, sin su presencia, no podemos hacer nada. Una Iglesia sin Cristo no tiene sentido. Tampoco una fe cristiana en solitario. La presencia de Cristo poliédrica, le podemos ver y sentir en la creación ("Toda criatura nos habla de Dios", Rm 1.20), en su Palabra (“El Verbo se hizo carne”, Jn 1,14), en los pobres (“Lo que hacéis con ellos, conmigo lo hacéis” Mt 25,40.45), en la Iglesia (“Donde dos más se reúnen en mi nombre, ahí estoy”, Mt 18,20) y en los Sacramentos (“Esto es mi cuerpo, mi sangre” Mt 26,27 y par). Todos estos lugares son complementarios. Hoy, día de Corpus Christi, lo contemplamos de modo especial en el Sacramento Eucarístico y en la Iglesia, sin olvidar las otras presencias.
Este domingo, con la visita del Papa a Madrid, se nos da un mensaje que no podemos ignorar: no hay vida auténticamente cristiana sin Iglesia, tampoco sin participación en los Sacramentos. Le podemos añadir que tampoco sin amor fraterno, sin Caridad, sin compromiso en la tarea de liberar a los pobres de su cautiverio. Jesús nos llama a conocerle en su Amor (su entrega eucarística en la cruz), y a hacer memoria de ese amor repitiendo su gesto de amor sacramental y vital, manteniéndonos unidos a Cristo en su Iglesia a pesar de la debilidad de sus miembros y dándonos a los pobres como Cristo se da a nosotros.
Cáritas tiene el Día del Corpus como día de la Caridad. El posterior viaje del Papa León XIV a Canarias nos recordará que la misa del domingo en Madrid continúa con el gesto práctico del amor a los más pobres. Eucaristía, Iglesia, Fraternidad y Caridad son cuatro caras de una misma realidad. No lo olvidemos.
¡Felíz día de Corpus Christi!
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Casto Acedo
Junio 2026
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