jueves, 23 de abril de 2026

Yo soy la Puerta

  


EVANGELIO Jn 1,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

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Recurso de audio al final de la entrada.


La puerta

Hablar de Dios no es fácil. Tal vez por ello, desde el púlpito los predicadores tendemos a disertar sobre moral, costumbres, normas de comportamiento o avisos espirituales. Hablar de Dios y de las cosas del espíritu es complicado. Para ello hemos de echar mano de símbolos. 

Uno de los símbolos recurrentes en casi todas las religiones es el de la Puerta.  En el budismo e hinduismo la puerta simboliza el paso del mundo material al espiritual. En el judaísmo se presenta el símbolo de la puerta como el acceso a un mundo sagrado donde se encuentra cobijo y protección; es frecuente  en esta tradición colocar en la jamba derecha de la  puerta la mezuzá, un pergamino que contiene pasajes de la Ley (Dt 6, 4-9 y 11,13-21) y que se pone en el marco derecho de las puertas de los hogares judíos en cumplimiento de un mandamiento bíblico, simbolizando la fe en un solo Dios, su protección y la identidad judía de la casa. Hay un lugar seguro tras la puerta y afuera está el peligro. En el islam se habla de las puertas del paraíso, donde también hay varias puertas, cada una asociada a una de las virtudes.

¡Qué distinto es el evangelio de Jesucristo! Para que le conozcamos echa mano de imágenes que podamos entender. En el Evangelio de san Juan son muy recurrentes las imágenes de Jesús que se ofrecen a partir de los “ego eimi” (yo soy), palabra griega que nos recuerda el mismo nombre de Dios en el Antiguo Testamento, cuando Dios revela a Moisés su nombre en el monte Horeb: Yahvé: Yo soy el que soy- (Ex 3,14).  Queriendo dar a conocer  su divinidad  Jesús se presenta en san Juan como “yo soy el Pan de vida, yo soy el Buen Pastor, yo soy la Vid, yo soy la Puerta, yo soy el Camino, yo soy la Verdad, yo soy la Resurrección y la vida”.

La puerta de la vida

“Soy la puerta”, dice Jesús. El símbolo no pone como  un medio para llegar a Dios; va más lejos: el mismo Jesucristo habla de sí mismo no como Puerta que lleva a algún sitio sino más bien como lugar al que se llega; más que entrar por la puerta se invita a entrar en la puerta. Los "yo soy" invitan a relativizar los medios (signos, símbolos, tradiciones...) e ir directamente a Dios.

Hay momentos en la vida en que nos vemos en la tesitura  de elegir entre varias opciones. ¿Qué camino seguir? Andamos estancados en un lugar cerrado, como un gran salón circular con numerosas puertas invitándonos a ser abiertas y entrar por ellas en una vida nueva. ¿Qué puerta cruzar para seguir adelante?  Algunas de las puertas que tenemos ante nosotros  nos seducen con músicas celestiales, otras con luces llamativas, en otras se vislumbra un paraíso dulce e indoloro, ... casi  todas son puertas anchas y fáciles de abrir.

Pero hay una puerta que no te invita a entrar recurriendo a la trampa de satisfacer tus apetitos. Se trata de una puerta más estrecha que las otras, lo cual parece indicar que hay que adelgazar un poco para poder traspasarla. "Entrad por la puerta estrecha -dice Jesús-. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos" (Mt 7,12-14). No se puede entrar por la puerta estrecha con los bolsillos llenos; antes hay que eliminar las carnes superficiales, aquellas que ha engordado el ego.

Esta última es la puerta de la Verdad. “La verdad os hará libres” (Jn 8,31). dice en el rótulo que la adorna. Y la verdad es que debes aceptar que vives en la mentira y necesitas soltar tus engaños para liberarte de veras. 

Para los cristianos, tal como nos enseña el evangelio de hoy, la puerta de la liberación es Cristo mismo. No dice Jesús “yo soy como una puerta” sino “yo soy la puerta”, la única puerta de la salvación. Antes ha expuesto una parábola acerca de ladrones y bandidos que entran al redil de las ovejas saltando la tapia. Hay que precaverse para no ser engañados por quienes acceden al redil sin tener en cuentas a Cristo. Son los falsos pastores, mercenarios y asalariados que no buscan el bien de las ovejas sino su propio beneficio (Jn 10,8-14).

La imagen de la Puerta sugiere la necesidad de hacer una elección. Hay muchas puertas ante nosotros, y tenemos que elegir cuál de ellas es la que nos lleva a la libertad. Y para elegir bien el Evangelio nos da la clave: conocer a Jesús escuchando su voz; entrar en su vida por la escucha de la Palabra, la oración y el seguimiento; todo ello nos proporcionará la intimidad necesaria y  el conocimiento cierto del Buen Pastor, que conoce y  llama “por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Y cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. 


Libertad para entrar y salir

Lo de ser puerta hay que saber entenderlo bien. Puede que haya quien piense que entrar en Jesús es entrar en una clausura irreversible. Jesús es la Puerta, pero no es una Puerta cerrada que se abre sólo por fuera. También se abre desde dentro. Entrar en Cristo es un acto de libertad y una garantía de la libertad misma. Pero esa libertad no se agota en la entrada. También se puede abandonar el redil. 

 Hay una parábola o cuento  que nos habla del Buen Pastor y que que apostilla esa santa libertad que la misericordia divina concede a quienes se acogen a ella:

Un pastor notó que le faltaba una oveja y salió a buscarla sin dudar. Tras encontrarla herida y cansada, la cargó con cuidado y la devolvió al redil. Esa noche, cerró la puerta… pero dejó abierto el hueco por donde ella había escapado. La oveja lo vio. Se acercó al agujero, miró afuera, sintió la libertad… y también el vacío. Luego miró al pastor, que no dijo nada ni la detuvo.. Podía irse otra vez. Pero esta vez, eligió quedarse.

El hecho de que la puerta quede siempre abierta para salir es el detalle que nos ayuda a distinguir la fe cristiana auténtica de la sectaria.  La puerta que es Jesús no se cierra tras el paso del rebaño. La Iglesia de Jesús no es una secta donde se te encierra. Jesús es la Puerta que permanece siempre abierta. “Quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir”, nos dice.  Quien permanece en Él no lo hace por obligación sino por amor; porque se ha dejado seducir por el Amor de Dios y se abandona a Él.

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Sin duda alguna la imagen de la Puerta que presenta el evangelio sugiere la entrada a un lugar nuevo o a una forma nueva de percibir la vida. Entrar por una puerta o atravesar una puerta es una imagen muy sugestiva para significar una transformación o un cambio espiritual, el paso de una situación en la que se estaba a otra distinta.  Así podemos hablar de la “puerta del cielo” o “la puerta del infierno” como algo que separa dos mundos muy diferentes. En el caso de Jesús, más que de trasformación o cambio de posición, parece que se habla de la Puerta como lugar de comunión  encuentro. 

En las letanías el Rosario también se dice de María que es “Puerta del Cielo”. La Virgen María es puerta porque da acceso a la Puerta que lleva en su vientre. En realidad la puerta del cielo es Cristo. Con su muerte y resurrección ha abierto las puertas de la Vida eterna a quienes quieran pasar a ella. Él mismo es la Puerta y la Vida.

Escucha hoy a Jesús: “Yo soy la puerta... yo he venido para que mis ovejas tengan vida y la tengan abundante”. Jesús es una perta que te abraza y te acoge, que te cuida y te protege, sin violencias, sin imposiciones, apelando siempre a tu libertad. No desea que entres en su casa por la puerta de la ley y el miedo sino por la del amor. Contémplalo hoy como esa puerta que encuentras siempre abierta; especialmente cuando todas las demás puertas se te han cerrado.  

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Recurso: audio de 7 m:

https://drive.google.com/file/d/14qYALvRV6owjd0tXLYlKg-4GkVTYuRV6/view?usp=sharing

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Abril 2026
Casto Acedo 

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