TEXTOS DE REFERENCIA
Sb 24,1; Ef 1,17-18; Jn 1,9
“La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo” (Sb 24, 1) … ¡Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cual es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos!” (Ef 1,17-18). … “El Verbo era la luz verdadera que alumbra a todo a todo hombre, viniendo al mundo” (Jn 1,9).
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El 1 de Enero además de la solemnidad de santa María Madre de Dios, celebrábamos el día de Año Nuevo. Todos nos deseamos lo mejor para este nuevo periodo. Pero ¿qué es lo mejor? Esta es la cuestión. Porque todos tenemos la impresión de saber muy bien qué es lo que nos conviene, lo más acertado para llevar una vida plena y gratificante. Pero, eso que deseamos ¿es realmente lo mejor?
En nuestra lista de deseos para el año suele estar la prosperidad económica, el bienestar material, la salud, el amor correspondido, y toda una serie de deseos personales que nos parece que, cumplidos, romperían la rutina del tiempo y nos situarían de golpe en la vida eterna.
Deseos. No está mal desear, pero es un error poner la esperanza en unos deseos que por experiencia sabemos que no se van a cumplir. Piénsalo bien: ¿qué deseas?, ¿qué condiciones pones a la vida para ser feliz?, ¿crees que alcanzarás esos deseos?, ¿de qué depende su cumplimiento?, ¿no estarás pidiendo imposibles?, ¿de veras crees que va a confluir todo el mundo -economía, salud, circunstancias varias, personas, etc.- para que tus deseos se cumplan? Tus deseos los sueles poner en regalos externos que han de venir a ti. Este es el primer error: poner tu felicidad en tus éxitos.
Exit es una palabra inglesa que significa salida, y quien vive en el éxito vive fuera de sí. La persona de éxito es reconocida por otros, le acompaña la suerte en la familia, el trabajo, la amistad. Felicítate si tienes éxito en algo, pero no creas que las tienes todas contigo. El éxito es fugaz, efímero; un buen día te abandona, todo y todos te dan la espalda, y te vienes abajo.
Puedes escoger vivir obsesionado por el éxito, pero para conseguirlo tendrás que bailar al ritmo de los palmeros de turno. Mantener la cima del éxito es costoso, consume mucha energía vital, te obliga a bailar al ritmo que te marca la moda, la necesidad de aparentar, los requerimientos exteriores. Juega mucho el éxito con el “qué dirán”, la egolatría, tu ego, que existe sólo en tu imaginación pero te pide grandes sacrificios para que tu buena estrella no decaiga. Para tener éxito has de vender tus ideas y decisiones propias; el mundo sólo te aplaude cuando tú te adaptas a él. Hay una "sabiduría demoníaca" de la que debes huir; es la que te propone tu ego; tu ego sabe que el día que dejes de tener éxito se muere; por eso busca mil artimañas para mantenerte en la ignorancia de la verdadera sabiduría.
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La sabiduría verdadera es la que “hace su propia alabanza”: no necesita palmeros que le regalen, porque ella misma es el premio.
Vivimos en una cultura infantilizada donde, como niños que han hecho los deberes, esperamos siempre ser premiados por nuestros aciertos. ¿Tan torpes somos que no vemos que la virtud lleva el premio consigo? ¿Qué mejor premio para un estudiante que lo aprendido con el estudio? ¿Qué mayor premio para un niño obediente que la adquisición de una disciplina de vida? ¿Qué mejor premio para un artista que la satisfacción y contemplación de su obra de arte? ¿Qué mayor premio pueden esperar unos amantes que la gratificación de su propia donación mutua? Cualquier regalo o premio que venga del exterior es insignificante para el auténtico sabio. “La sabiduría hace su propia alabanza”; es autosuficiente y libre, no necesita ningún premio.
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En este segundo domingo de Navidad la liturgia invita a participar en la sabiduría verdadera, la de Dios. La tradición cristiana enseña que esa sabiduría no es otra que el mismo Jesucristo; una tradición que se remonta a los primeros cristianos identifica a nuestro Señor con la sabiduría misma. “Nosotros -dice san Pablo- predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados — judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”. (1 Cor 1,22-25).
Teniendo en cuenta que Cristo es Sabiduría podrías hacerte hoy estas preguntas: ¿Cuál es la clave de mi vida?, ¿dónde y cómo espero ser feliz? Si lo que buscas es el éxito mundano te advierto que tu elección es poco sabia; difícilmente lograrás tu propósito de ser feliz. Pero si tu felicidad la trabajas desde la sabiduría de Dios, si pone al mismo Cristo que habita en ti como motor de tu vida, puedes prosperar.
*Lo primero que asumes entonces es tu debilidad, tu vulnerabilidad, tu imperfección.
*Lo segundo que aceptas es tu impotencia para lograr la perfección en tus propias obras; y entonces miras y descubres que la perfección no está fuera de ti sino dentro; el único perfecto es el Cristo que te habita.
*Lo tercero es que que reconociendo en humildad tu debilidad, e invocando a Cristo, viene en tu ayuda la fuerza de Dios.
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Qué bueno sería que, pasado el primer día del año, cuando las felicitaciones abundan en deseos efímeros e inalcanzables en su mayoría, te planteases hacer de este año un tiempo para crecer en sabiduría cristiana, que no es sino “vivir en Cristo”, vivir como Jesús vivió. Se trata de salir de la ignorancia que el mundo del éxito te impone y adquirir un modo de pensar (filosofía) y un estilo de vida (conducta) distintos.
Te deberías hacer esta pregunta: ¿Y si ahora resulta que el evangelio, ese que estoy tan acostumbrado a oír y que ya no parece no decirme nada, esconde un tesoro que hasta ahora ni sospechaba? ¿Y si resulta que los dichos de Jesús acerca de quienes somos y cómo deberíamos obrar tiene las claves para lograr la felicidad que busco desde hace tiempo? ¿Y si es verdad que merece a pena vender mi tesoro (mi éxito) y mis mejores perlas (mi autosuficiencia) para poseer la Sabiduría de Jesús? (cf Mt 13,44-46)
La clave de la vida cristiana no es una cosa que adquirir sino una persona con quien entrar en relación (amar). No seguimos a ningún gurú que nos conduzca a la sabiduría sino que nos ponemos en manos de la misma Sabiduría (Jesucristo); vivir en ella, con ella y por ella no es simplemente hacer un camino hacia la felicidad, sino vivir en la felicidad misma. Jesucristo no te enseña cómo llegar un día a la vida eterna sino que te introduce ya aquí y ahora en esa vida.
Puedes aprovechar estos primeros días del año, cuando los buenos propósitos se multiplican, para hacer un “despropósito” (algo que no está de moda): adentrarte en el conocimiento de la ciencia y la sabiduría que se oculta en la persona de Jesús de Nazaret. Es un propósito contracultural que escandaliza a muchos porque no equipara felicidad con caprichos. La Sabiduría de Dios no es paliativa; no te va a quitar la cruz; es realista, no idealista. Si de veras estás interesado en ella, pregunta, busca; hay mucha gente que ha iniciado su camino en grupos de estudio del evangelio, de intercambio de experiencias espirituales, de revisión de vida, de redescubrimiento de las celebraciones cristianas (liturgia), de silencio contemplativo, etc. "Buscad y hallaréis" (Lc 11,9). Si tienes un sincero interés no dejes de buscar, tendrás suerte y hallarás quienes te acompañen en el desarrollo de una vida sabia según el proyecto de Jesús. Seguir su sabiduría es una buena decisión para el este Año Nuevo.
Feliz Domingo.
Casto Acedo

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