viernes, 24 de diciembre de 2021

San Pedro de Mérida - Horarios de Navidad

 

Parroquia de San Pedro Apóstol

SAN PEDRO DE MERIDA

Horarios de celebraciones Navidad 2022-2023

 




Sábado, 24 de diciembre (Nochebuena)
19 h. Misa de Vísperas de Navidad

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Domingo 25 de diciembre de 2022
12 h. Misa Solemne de Navidad

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26 al 30 de diciembre
No hay misas

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Sábado , 31 de diciembre (Nochevieja)
19 h Misa de vísperas

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Domingo 1 de Enero (Año nuevo)
12 h. Misa de Santa María Madre de Dios

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Martes, 3 y Jueves 5 de Enero
19 h. Misa

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Jueves 5 de Enero , vísperas de Reyes
19 h Misa de vísperas

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Viernes 6 de Enero, día de Reyes
11 horas Misa de Epifanía

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Sábado 7 de Enero
19 h. Misa de Vísperas

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Domingo 8 de Enero
12,30 h. Misa del Bautismo del Señor.





¡Participa en los cultos ce tu parroquia!

Casto  Acedo.


jueves, 23 de diciembre de 2021

Al hilo de la Palabra (Navidad)


El significado último, profundo, decisivo, de la Navidad se puede resumir en una palabra que es un nombre: “Enmanuel”, que significa Dios con nosotros, o “Jesús”, Dios salva (Lc 1, 21.22). Dios se hace "Verbo", Palabra (Jn 1,14); la persona de Jesús es el lenguaje que Dios escoge  para hacerte saber que aunque tu olvido sea grande Él no se olvida de ti; que siempre estuvo, está y estará de tu lado.

El centro del belén es la figura del Niño recién nacido, una figura pequeña, casi imperceptible; pero sin ese bebé  el resto de elementos, las figuras de José y María, el buey y la mula, los ángeles, los pastores, los magos, las lavanderas, los leñadores, e incluso los personajes hostiles como  Herodes, quedan huérfanos, vacíos de sentido. 

Quitad al niño y ya no hay Belén. No hay duda de que Jesús, es el centro de todo; con su presencia diminuta ilumina el portal y le da un significado. Todas los personajes que ocupan las escenas del belén, miran al Niño y encuentran en Él su identidad y su papel en la representación  del gran teatro del mundo. 

La Navidad invita a ver el mundo como un inmenso Belén en el que todos se sienten atraídos por la mirada del Niño. Lo vemos en su cuna-pesebre, fajado, inmovilizado, tal como acostumbraban a hacer las madres de su tiempo. ¡Qué hermosa imagen la de esa inmovilidad! Dios sujeto a los límites de lo humano, mostrando su grandeza y su poder en la debilidad, proclamando la fuerza del amor de Dios en la aparente pasividad de la cuna-cruz. “Cuando haya sido elevado – dice Jesús- atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). ¡Qué hermosa similitud visual la de Belén y el Calvario! Es el amor del crucificado lo que nos conmueve en Belén. 

* * *

¿Por qué nos fascina tanto este Niño? ¿Por qué todo el que le mira queda prendido en Él? ¿Qué tiene Jesús que tanto atrae? Hay quienes están contra la institución religiosa, contra los curas, contra los ritos y las ceremonias, pero difícilmente hallarás a alguien que esté contra Él. ¿Por qué? ¿Qué tiene Jesús de especial?

La respuesta está en el enigma que oculta. ¿Te has preguntado alguna vez quién eres, para qué has nacido y a qué estás llamado? Pues el Niño-Dios te responde. Mírale y  sabrás quién eres (hijo de Dios), para qué has nacido (para amar) y a qué estás destinado (a la unión con Dios). No busques más, "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (Vaticano II, GS 22 ). En Jesús está la entera humanidad: tú, yo, todos. Si andas perdido puedes encontrarte en Él, porque Jesús es el modelo, el molde de tu hechura.  Desnúdate, quítate el velo de egolatría que te envuelve y podrás gozarte en lo que tienes de divino.

La ternura y la compasión, el deseo de paz y de amor, la chispa de fraternidad que brilla en los días de Navidad, no son casuales. Son virtudes esculpidas en tu alma de hijo de Dios y lo ves con claridad cuando te miras en el espejo-Jesús y en Él te reconoces. “Los ojos en Él”, “mira que te mira”, decía santa Teresa a sus hijas. Contempla al Niño, abísmate en su mirada, y te verás a ti mismo en toda tu verdad, tu bondad y tu belleza divinas.

Y, ¡oh maravilla!,  no sólo te ves a ti mismo o a ti misma en Él. También puedes contemplar en su figura a toda la humanidad. Jesús dice que lo que haces o dejas de hacer por tu hermano lo haces o dejas de hacer por Él (cf Mt 25). Si te enamoras y te abismas en Jesús empiezas a ver en los otros el rostro mismo de tu Amado, y te es más fácil el ejercicio de la caridad. ¿Entiendes ahora por qué en estos días te sientes más tierno, fraternal, acogedor y amoroso? Quien se deja seducir por el niño purifica su mirada y ve el mundo como es en realidad: un gran belén en el que un Niño inocente, de corazón limpio es Rey; en un Reino en el que los pobres, los humildes, los pacíficos, son privilegiados. 


*  *  *
Déjame ser reiterativo. Esta Navidad, en un requiebro de amor, mira a Jesús y déjate mirar por Él. "Mira que te mira". La mirada de Jesús  seduce,  enamora, despierta la conciencia de tu ser. Es una mirada muy poderosa; puede cambiar tu vida. Esa mirada tiene el poder de cambiar tu vida para bien incluso en aquello que hasta ahora te parecía imposible. 

Permítete estos días ser iluminado por el amor de Jesús. “Tu luz, Señor, nos hace ver la luz”, dice el salmo (35,10). Contempla a Jesús; deja que la Luz de su Evangelio entre en tu vida. Ser iluminado por su sabiduría te abre a un mundo nuevo, un Reino en el cual todo lo que buscabas y esperabas para ser feliz se te ofrece como un sabroso manjar navideño.

En Nochebuena y Navidad acércate al Niño. Te está diciendo: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Dile: Abre mis ojos, “Señor, que vea” (Lc 18,41.42).  Pon tu fe, tu esperanza y tu amor en Él, y comienza a beber en la fuente de la sabiduría divina. Apacigua tu sed en Él. Será para ti un buen comienzo, un nuevo nacimiento, Navidad.

¡FELÍZ NAVIDAD!

Casto Acedo 

martes, 21 de diciembre de 2021

Felicitación Navideña Visual (Trujillanos)

Quede este pequeño video como felicitación navideña para todos los que somos parte de la Parroquia de la Santísima Trinidad de Trujillanos.  Mi agradecimiento especial a las catequistas y a l@s niñ@s que participan en las actividades de la Parroquia. En Navidad también os espero para celebrar en la Iglesia estas Fiestas. ¡Feliz Navidad! 

Calidad media, 41 MB 

También en

https://drive.google.com/file/d/1k2MuaO_yMOnbuEEwIo0eIa3qjP9zFywi/view?usp=sharing

Diciembre 2021

Casto Acedo 

sábado, 18 de diciembre de 2021

Al hilo de la Palabra (19 de diciembre)

EVANGELIO. Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
* * *
Entramos en una semana muy especial que podríamos llamar  “semana de los encuentros”. Encuentro es lo opuesto a separación, alejamiento, ruptura, divorcio, ocultación. Desde este domingo hasta Navidad recibiremos y haremos signos que dejarán ver que nuestra vocación es unir, acercar, reconstruir, reconciliar, abrir a la luz. Los viajes rompen la distancia, las cenas reúnen a las familias, la solidaridad con los pobres crece en  Cáritas y otras asociaciones benéficas. 

La palabra ENCUENTRO puede servirnos de reflexión o meditación para este domingo. Porque la Navidad es el encuentro del cielo con la tierra, de Dios con la humanidad. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14); Dios, el trascedente, el eterno, el inaccesible, se hace palpable, débil, cercano. A unos días de la celebración de la Navidad, ¿cómo prepararme para que este misterio no pase inadvertido?

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Lo primero y más importante es el “ENCUENTRO CONMIGO MISMO”. Porque he de reconocer que ando perdid@. Se me pasan los días persiguiendo la quimera de una felicidad que no existe, la que pretende sostenerse en los bienes externos, en la consideración social, en el sometimiento de todo a mis gustos y deseos. ¿Cuántas cosas tendrán que cambiar fuera de mí para poder ser feliz? Me tiene que tocar la lotería, me tiene que pedir perdón ese amigo o familiar que me ningunea, me tienen que dar el mejor trabajo del mundo, mi hij@ tiene que ser perfect@, las enfermedades y limitaciones familiares tienen que desaparecer, etc.

Vivo tan pendiente de esas cosas externas e improbables en las que he puesto mis esperanzas y acabo perdiéndome en la barahúnda de deseos insatisfechos;  ni encuentro satisfacción en nada ni me encuentro a mí mism@. ¡Es urgente encontrarme conmigo!, porque la auténtica felicidad comienza por ahí, por reconocerme y amarme en lo que ya soy y en lo que vivo. No me vendrá la felicidad porque el mundo y la historia se pliegue a mis caprichos sino por gestionar con sabiduría lo que me venga. Clarificarme, comprenderme y amarme a mí mism@ es el primer encuentro deseable en Navidad. 

El pasaje del evangelio de hoy ofrece la escena de dos mujeres, María e Isabel, que lejos de venirse abajo en situaciones difíciles -embarazosas- aceptan la voluntad de Dios; no se sienten ni manipuladas ni ninguneadas sino bendecidas por Dios, y se alegran. Se palpa en el texto que son dos mujeres sabias, que se han encontrado a sí mismas en Dios y saben bien para qué han nacido; para amar.



Una vez que encuentro mi identidad y mi vocación, ya feliz por lo que soy y lo que estoy llamado a ser, mi corazón tiende a comunicar mi gozo a los demás, y ahí se da el ENCUENTRO CON L@S OTR@S. La Navidad es mágica; cuando entra en el corazón consigue que personas que están alejadas puedan reconciliarse, que otras que se sienten ajenas puedan reconocerse, que parientes y amistades cuyo calor habían enfriado el tiempo y la distancia vuelvan a abrazarse.

Un buen ejercicio para estos días es felicitar la Navidad a todas las personas que conoces, intercambiar buenos deseos, pasar de hacer juicios negativos sobre nadie a mirar a tod@s con ojos de benevolente compasión. Aprovecha para sentir que Dios está presente donde entras en relación con las personas; Él mismo es relación de personas, Trinidad. 

Si para ser feliz necesitas encontrarte contigo mism@ ahondando en la profundidad de tu ser, no es menos cierto que necesitas también salir hacia afuera, abrirte al encuentro con todas las personas, especialmente con aquellas que sabes que necesitan de ti. Contempla a María, que prepara la Navidad acudiendo a casa de su prima Isabel. Ya sabes que es más feliz quien activa en su vida el amor que quien se sienta esperando recibirlo. Pon manos a la obra; haz de tu vida una caricia de Dios.


Y un tercer encuentro no menos importante, el ENCUENTRO CON DIOS. Como  humanos que somos podemos decir que vivimos en tres dimensiones, una dimensión personal que cultivamos con la meditación y conocimiento del propio ser; otra social o comunitaria que se realiza en el trato amable con los quienes nos rodean; y una tercera dimensión, menos conocida que podemos llamar “dimensión trascendente o espiritual”; ésta  no suprime las anteriores sino que las supone; aquí nos abrimos a una mirada divina universal, porque  percibimos con claridad que somos parte de un todo.  El encuentro con Dios sólo lo saborea quien se ha reconciliado consigo, con todos y con todo. 

En esta semana párate y mírate “desde Dios”, o mejor, mira todo, a ti mism@, a las personas, a la realidad toda, incluidas tus circunstancias personales, con la mirada de Dios. Navidad es la revelación de un misterio: Dios es amor (1 Jn 4,8). Siente que Dios cree en ti, que te espera, que te ama, que te da un abrazo, que viene a encontrarse contigo. Como cristiano no deberías rechazar su invitación al perdón celebrando estos días el Sacramento de la Reconciliación; tampoco en Navidad deberías renunciar a la Fiesta de la Eucaristía. Si lo haces, si recibes el Sacramento del Perdón y comes el Pan de la Eucaristía, en lo oculto, en lo más íntimo de ti, prácticamente invisible a los ojos, pero real, puedes vivir una explosión de felicidad como la que gozó el Bautista en el vientre de Isabel al recibir la visita del Niño Dios que se le acerca en el vientre de María. “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos-dijo Isabel- la criatura saltó de alegría en mi vientre”. María es símbolo de la Iglesia que te acerca a Jesús en estos días; deberías exclamar con Isabel: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?". Para llegar a este encuentro, ¿no merece la pena hacer la paz contigo, con los hermanos y con Dios? 


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Los días que quedan para Navidad vívelos en las tres dimensiones expuestas.  
*Acéptate en lo que eres: una persona bendecida por Dios, amada; aunque te cueste creerlo Dios te ama más que tú mism@. 
*No des la espalda, no minusvalores ni desprecies a nadie, sé como Dios, que en su nacimiento viene de frente, con los brazos abiertos, con la mirada limpia, sin prejuicios. ¡Mírate en los ojos del Niño Dios y enamórate de su mirada! 
*Y ábrete al misterio; déjate encontrar por la inmensidad de Dios; deja de mirar tu ombligo y vívete como parte de un Todo, como miembro de una familia universal que tiene un Padre, Dios, que se hace uno de nosotros en el Hijo para acercar a todos el Espíritu de la Navidad.

Cierra los ojos, serénate, inspira y espira con suavidad; deja que el viento del amor de Dios penetre en tu cuerpo y en tu alma, permite que invada cada rincón de tu ser y salga renovado expandiendo el suave olor del Amor de Jesús. 

Diciembre, 2021. 
Casto Acedo 

viernes, 15 de octubre de 2021

Al hilo de la Palabra (Domingo 17 de Octubre)


EVANGELIO, Mc 10.35-45

Se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:  «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó:  «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» 

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

* * *


Les pasaba a los Zebedeo lo que suele pasar a todos: soñamos y esperamos una religión, una sociedad, un mundo, maravillosos, en el que todo funcione a la carta, y, por supuesto, donde yo ocupe un cargo importante. “Cuando seas Rey siéntanos a tu lado, uno a la derecha y otro a la izquierda de tu trono”. ¿Quién no ha soñado nunca con triunfar en la vida? Ser importante, reconocido, admirado, un gran santo, un personaje al que todos respetan y rinden pleitesía. Vivimos todos, en mayor o menor grado, el sueño de ser algún día el centro del universo.

A Jesús le debió sorprender que, después de dar abundantes enseñanzas sobre el amor y el servicio, los discípulos sólo muestren interés por satisfacer sus ambiciones personales. Es francamente decepcionante: los llamados por Jesús a ser servidores obsesionados por ser servidos. Muy fuerte. Tan chocante que el evangelio de san Mateo, escrito al hilo de san Marcos, pone la petición en boca de la madre de los Zebedeo, como queriendo justificar la impostura por el desmedido amor de la madre. Aquí es ella quien hace la petición: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” .(Mt 20,21).

Los privilegios que piden los Zebedeo son señal inequívoca de que no habían entendido nada. Jesús no predica un reino de este mundo sino el reinado de Dios en el interior de cada persona, cada acontecimiento y cada institución, una conversión del corazón, un cambio de mentalidad que saque a cada cual del encerramiento en sí mismo y lo ponga al servicio del prójimo.

Jesús quiere sanarnos de una enfermedad tan común como ignorada: las ansias de tener y poder; enfermedad que lleva al delirio de confundir los sueños con la realidad, a vivir dormidos soñando lo que no somos, a aspirar a ser lo que nunca seremos, y a  poner la esperanza de realización personal en sueños inalcanzables. Todos queremos estar en la cima de la pirámide, algo que, además de imposible, es causa de  disputas. “Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”. Se indignaron porque también ellos aspiraban a ocupar esos puestos. ¿Qué podrá hacer Jesús con semejante pandilla? Paciencia y volver a empezar.

De momento, les enseña que su percepción de la realidad es errónea. “No sabéis lo que pedís”, porque pedís algo que no me corresponde a mí daros, ¡dejad que el mundo funcione a su ritmo en eso de dar cargos!, vosotros vivid sin aspirar a ninguno de ellos; no los busquéis, y si os dan un puesto importante aceptadlo sólo si veis en él una oportunidad para un mayor servicio. Porque vuestra felicidad no está en ser servidos (dependería de circunstancias externas) sino en todo amar y servir (hacer todo en gratuidad amorosa).

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Uno de los problemas que tenemos como personas religiosas es el de los sueños. Hacemos de la religión un sueño, una existencia ideal. Voy a misa, recibo sacramentos, rezo, doy alguna limosna, incluso colaboro en las tareas parroquiales, pero cuando la vida aprieta, cuando la realidad aparece con un grave problema personal, familiar, laboral o de otra índole, nuestra fe se derrumba. ¿Por qué? Tal vez porque consideramos a Dios como uno más de los muchos elementos o personas que deberían estar a mi servicio, un "dios útil". Y cuando ya no me resulta práctico, se derrumba mi religiosidad.

Jesús quiere ayudarnos a despertar a la realidad. “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”. ¿A qué se refiere Jesús con estas palabras? ¿Qué cáliz va a beber Jesús o qué bautismo va a recibir? Esta claro que habla de su vida y a su muerte como donación total, como servicio absoluto. Es como si dijera: ¿Estáis dispuestos a morir conmigo? ¿Aceptaréis de buen grado el ser los últimos en la base de la pirámide? ¿Aceptaréis la cruz? Porque es ahí a donde os quiero llevar. Y no porque os desee males y sufrimientos, sino porque os quiero, y porque sé que vuestros sufrimientos son causados precisamente por vuestras ambiciones personales. Estar en la base, ser humildes en el servicio, soltar amarras, es la clave de la verdadera  felicidad.

Analiza tus fracasos y tristezas ¿acaso no esconden detrás una frustración de deseos y aspiraciones? Si en lugar de vivir egoístamente ambicionando dineros, buena fama, cargos, títulos y demás fanfarrias, vivieras el desapego de todo eso, no sufrirías su carencia y vivirías en libertad. No se trata de que prescindas de todo, sino de que no les des el corazón. La vida te la juegas en tu interioridad, en vivir compasivamente, que no es otra cosa que des-preocuparte de tus deseos y vivir atento a las necesidades de tu prójimo.

Cuando no hay conexión entre tus prácticas religiosas y tu vida, es que vives la religión como un sueño, una fantasía, una mentira. Piensa simplemente en qué cambiaría en tu vida (oraciones y cultos religiosos aparte) si no creyeras en Dios y en Jesucristo. Si tu respuesta es "cambiaría poco o nada" es que necesitas despertar al amor y la religión real y auténtica, la que se juega en la calle, en la familia, en el trabajo, en las diversiones, etc. Vives en los mundos de yupi y deberías aterrizar.

Este domingo, además de para ir a misa, aprovecha para visitar algún enfermo, hacer ese favor que alguien está esperando de ti, acercarte a perdonar al que te ha ofendido; apagar la televisión y charlas o jugar con tus hijos, … entonces sabrás que la religión ha cambiado algo en tu vida, y sentirás el gozo y la libertad que da el servir.

Beber del cáliz del Señor no es solo ir a misa el domingo, es hacer de tu vida una donación, una entrega.  
“El que quiera ser grande,
sea vuestro servidor;
y el que quiera ser primero,
sea esclavo de todos”
Feliz domingo. Bendiciones. Primero Dios.

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Un comentario más amplio en:

Trujisampe@gmail.com. Octubre 2021.
Casto Acedo

lunes, 20 de septiembre de 2021

En memoria de Antonio Mendoza

Ha fallecido Antonio, mayordomo de nuestra hermandad de la Virgen de la Albuera y pilar importante en el edificio de nuestra comunidad parroquial, una de esas personas que, desde su entrega desinteresada y discreta hacen posible que funcionen bien las cosas que todos disfrutamos.

Aunque en mi anterior etapa en san Pedro (1985-1992) se le veía por el pueblo sólo en fechas señaladas dada su residencia en Madrid, nunca dejó de sentirse plenamente sampedreño y, por supuesto, nunca dejó de acudir a la fiesta de Nuestra Madre de la Albuera. Desde su jubilación y regreso a casa ha sido un fiel servidor de la Hermandad y la Parroquia, y un eficiente juez de paz para el pueblo.

El primer año que celebré con los sampedreños la fiesta de la Virgen recuerdo que tuvimos unos pequeños “peros” acerca del cómo se hacía la procesión por su desorden y barullo. Sé que no le gustó mi actitud de queja por ese desorden. Tuvo la oportunidad de responderme de mala manera o con desdén, pero supo hacerlo como lo que siempre fue, una persona educada y paciente. Desactivó mis quejas sucesivas con su actitud sencilla y su humildad. Nunca le vi presumiendo de sus cargos ni de sus grados, y en especial, nunca le sorprendí queriendo sobresalir entre los miembros de la hermandad, regida entonces por Daniel.

En el mes de Julio pasado, al saber que volvía a la Parroquia me llamó inmediatamente por teléfono felicitándose y felicitándome por ello; y en más de una ocasión volvimos a contactar haciendo planes para el futuro. Todo vía telefónica, mantenido las distancias a causa del covid. El era consciente de que su enfermedad tal vez no le daría la oportunidad de que trabajáramos juntos mucho tiempo, pero desde luego sí confiábamos en poder compartir un tiempo de servicio común a la Parroquia.

No ha podido ser. Hemos rogado a Dios y a la Virgen por su salud y su reintegración a la vida familiar, parroquial y social. El día después de mi presentación como párroco se nos ha ido. No ha sido de incógnito sino despacio, bebiendo el cáliz amargo de su pasión con la entereza de su fe cristiana; sin perder la esperanza.

Me apena su partida por su gran valía humana y cristiana, y también por ese deseo un tanto egoísta de que ya no pueda contar con él como servidor fiel y solícito para la Parroquia. Seguirá presente, pero desde la otra orilla, la de los justos y los buenos.

El hombre propone y Dios dispone. Aceptar que personas que amamos se vayan de nuestro lado pide a quienes quedamos un ejercicio de renuncia y humildad. También una invitación a continuar los buenos ejemplos y tareas que emprendieron con nosotros o para nosotros.

Antonio amó la vida, la entendió como un don de Dios, pero también como una tarea ejercida en libertad; tuvo muy presente lo que dijo san Agustín: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es verdad que venimos al mundo por voluntad divina, nadie nos pidió permiso para nacer; pero también es verdad que una vez nacidos toca a cada uno decidir qué camino seguir.

Hay una palabra que solemos malinterpretar al referirla solo a las realidades futuras; es la palabra “salvación”. Nos educaron con esa idea de que el objetivo de la vida es “salvarse”, ir al cielo y librarse del infierno. Muchos entienden la salvación cristiana como un fastidiarse en un presente cierto para gozar luego en un futuro incierto. ¡Qué gran error! No me imagino a los seguidores de Jesús atraídos por unas promesas que se desentiendan del presente. Tampoco he visto en Antonio, como creyente que era, a una persona que buscara el sufrimiento para ganar el cielo.

El cielo comienza en la tierra; Antonio lo entendió bien, y por eso procuró hacerlo presente aquí. ¡Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia! Felices los que hacen felices a los demás.  ¿No hizo Antonio felices  a quienes pudo ayudar con sus atenciones? Esa es la salvación cristiana, una vida feliz que goza haciendo el bien. Quien vive así participa ya del cielo.

“Pongo ante ti el bien y el mal, la vida y la muerte, la felicidad y la desolación -dice Dios en la Biblia- escoge el bien y serás feliz”. Y Antonio supo elegir. Salvando el dolor que en este momento nos embarga y el recuerdo de sus padecimientos recientes, creo que podemos decir con certeza que Antonio ha disfrutado de la vida, ha sido feliz. Porque ha sido un hombre bueno. No ha sido perfecto, porque nadie es perfecto más que Dios.  Pero ha sido bueno. Y así le recordamos.

* * *

Antonio, todo se ha cumplido, descansa. Ya estás con Él, ya ha concluido la batalla interior que has debido sostener durante tu enfermedad. La luz vence a las tinieblas. Te pienso ahora triunfante, feliz, sereno, en paz contigo, con todos y con Dios. Estás en paz y felicidad porque en tu vida elegiste eso: vivir en paz y felicidad. Has sido feliz amando y dejándote amar por Dios y por la Virgen; has sido feliz sirviendo a los que te rodearon: como joven creyente en su momento, como esposo fiel, como padre amoroso, como honesto profesional de la guardia civil, como miembro activo de la comunidad, como devoto y mayordomo de la Virgen de la Albuera, como buen discípulo de Jesucristo. Quien te ha conocido sabe de tu entrega a aquello en lo que has creído. Eso te honra, y honra a quienes te apreciamos.

Me quedo con tu sonrisa amable, tu moderación, tu paciencia, tu elegancia en el trato, tu empeño en llevar adelante todo lo que te propusiste en tu vida personal, familiar, social y cristiana. Te miro y te veo como Jesús camino del Calvario diciéndonos a quienes nos dolemos por ti: “No lloréis por mí, llorad más bien por vosotros”. No sufráis, porque yo quiero que seáis felices, tan felices como yo lo estoy ahora.
Mi más sentido pésame y ánimos a su esposa, a sus hijos y demás familia. Es inevitable el dolor de la pérdida, pero vividlo con esperanza. Tened esta certeza de fe: descansa en paz.  

  Antonio, nos vemos en la casa del Padre.

Casto Acedo.
Párroco de san Pedro 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Saluda y bendiciones del párroco

Saluda

Queridos feligreses de las Parroquias de san Pedro Apóstol y Santísima Trinidad. Un saludo en Cristo.

Dicen que “nunca segundas partes fueron buenas”. Pero yo no me tomo mi llegada como una segunda parte. No voy a enlazar con lo que dejé hace 30 años. Y tengo dos buenas razones para ello.

Primero porque estas parroquias y estos pueblos no son los mismos que dejé atrás. Los años no pasan en balde. Han cambiado muchas cosas a nivel cultural, social y político; y también a nivel de fe e Iglesia. Las nuevas generaciones se mueven por valores muy distintos a los de hace treinta años.

Se mantienen muchas “tradiciones religiosas” (más bien las llamaría "costumbres": comuniones, entierros, fiestas, algunas bodas, etc…), pero el fondo con que se viven es distinto. Nuestros pueblos han crecido en secularización y en consumismo; hemos puesto mucho empeño en el cultivo de los bienes y el bienestar material, y  está bien; pero ¿no hemos dejado a un lado la dimensión espiritual de la existencia? No basta con “vivir bien”, también necesitamos saber en qué consiste realmente el “vivir bien”; de lo contrario podemos caer en la trampa de pasar los días como pájaros en jaulas de oro, satisfechos a la vez que hastiados de tanto confort.

En segundo lugar, no considero que vaya a vivir una segunda parte de lo que fue porque yo no soy el mismo. No tengo la misma edad (27 años entonces, 63 ahora), ni la misma energía física, ni la misma visión de la vida y de la religión. Para quienes sean menores de 35 años soy un desconocido… para los que superan esa edad soy “un recuerdo”; alegre para aquellos a quienes caí bien, y no tanto para quienes tuvieron que sufrirme.

Por tanto, no consideréis mi nueva estancia en estas parroquias como una segunda parte (mirada al pasado) sino como una nueva etapa (mirada al presente, que es siempre nuevo y abierto).


Esperar  y trabajar el presente

En estos años que nos separan de mi primera estancia entre vosotros he cambiado, aunque espero que haya sido para bien. Ahora valoro más la vida interior que la exterior, doy más importancia a lo que tengo que hacer para crecer como persona que a qué hacer para caer bien a la gente. Voy descubriendo que en la vida no hay nada como ser uno mismo siendo exigente a la hora de conocer los propios errores para tratar de corregirlos.

¿Qué podéis esperar de mí? Desde luego no esperéis que sea una repetición de los años ochenta-noventa del siglo pasado. En eso de la esperanza estoy con san Juan de la Cruz que decía  que el mayor enemigo de esta virtud es “la idea, la ilusión, el sueño" de lo que esperamos. Él dice que no llegamos a descubrir a Dios -que está en nuestra vida- porque “esperamos un Dios ideal, fruto de nuestra imaginación”. Y Dios sigue viniendo y estando, pero de manera sorprendente, inesperada. Hay que poner la atención en el presente de la vida, en lo que te ocurre en cada momento, para poder verlo. Nuestra “idea de Dios” es un ídolo, un Dios falso. También la idea que muchos tengáis de mí es falsa. Sólo es la invención y el fruto de vuestra memoria.  

Al Dios verdadero se le descubre en el día a día, y a las personas también.  Si quitamos nuestros prejuicios religiosos y personales, “ilusorias esperanzas”, prevenimos nuestras decepciones. Creo que esto es importante. No pongáis esperanzas en "el párroco que fui", ya no existe. Tampoco yo pondré mis ilusiones en los pueblos que fueron, porque ya no son. Pongámonos a trabajar en el aquí y ahora. De lo que fue recojamos sólo el amor que Dios nos dio en su momento; le damos gracias por ello; pero no nos detengamos a vivir de nostalgias, de batallas pasadas, como hacen las personas que ya se han dado por vencidas. La única vida es la que vivamos en el día a día. 

Me gustaría que me vierais más como quien viene a acompañaros en la búsqueda de Dios que como alguien que os trae algo ya encontrado. Una parroquia no es una “estación de servicio” donde adquirimos la fe a un módico precio; es más bien un espacio donde cada uno comparte lo que vive. Y yo, aunque sacerdote, soy hombre y cristiano como vosotros. Mi sacerdocio no anula mi humanidad, y por eso soy consciente de que tengo las mismas virtudes y defectos que todos; como sacerdote creo que me debo exigirme más, y como párroco adquiero una responsabilidad que no podré llevar a cabo sin vuestra colaboración; desde aquí os la pido.

Iglesia (parroquias) en salida
 
Dice el Papa Francisco que la iglesia no debe ser auto-referencial, es decir, no debe tener como objetivo el predicarse y alabarse a sí misma; el ser de la Iglesia es servir al Reino de Dios. ¿Qué es el Reino de Dios? Pues no es otra cosa que una situación en la que Dios, su amor, su misericordia, su presencia, son lo primero… Podría decirse que El Reino de Dios es el mismo Dios, Jesucristo. La razón de la Iglesia es el anuncio del evangelio de Jesucristo: poner a Dios-amor en medio del mundo.

También dice el Papa que quiere una “Iglesia en salida”. Hay quien piensa que esto significa que debemos salir a buscar ovejas perdidas y a pescar peces para traerlos al redil o a la barca de la Iglesia. Creo que quienes piensan así no han entendido el mensaje de Jesús, que es el que predica el Papa. Lo que pide el Papa es una Iglesia que salga de sus seguridades y se haga presente allí donde se le necesita. Jesús es el modelo. Y si viniera hoy no estaría tan preocupado por el hecho de que las Iglesias no estén muy llenas sino por la desconexión que esa Iglesia pudiera tener de los problemas reales de la gente. Una Iglesia, una parroquia, en salida es una Iglesia que se hace presente a quienes están buscando una palabra, un gesto o un hogar donde descansar sus cansancios y sus sufrimientos. Pues bien, esta es la Iglesia que os invito a redescubrir y seguir construyendo.


 Cuento con vosotros. Bendiciones.

No vengo a unas parroquias nuevas, sino marcadas por el trabajo de unas generaciones de cristianos que han vivido la fe en conexión con los sacramentos (misa, semana santa, bautismo, confesión, confirmación, matrimonio, entierro… ) y las fiestas (Virgen dela Albuera, Santísima Trinidad, san Isidro) muy concretas. Debemos mantener estas tradiciones cuidando el “cómo las celebramos” pero sin dejar de profundizar en el “qué celebramos”, ahondando en el sentido que le damos a todo eso en lo que gastamos tantas energías. Mantener viva unas tradiciones es cultivar los valores en los que dichas tradiciones nacieron. Espero poder seguir ayudándoos a ahondar en la riqueza de las devociones propias de nuestros pueblos.

Creo que un buen lema para lo que espero de mí y de vosotros es el que nos regala el Evangelio de este domingo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Vengo a serviros como sacerdote, y espero que poniéndonos todos en actitud de servicio llevemos adelante el Reino de Dios en Trujillanos y en san Pedro de Mérida. Bendiciones.

Vuestro Párroco. Casto Acedo. 

Trujillanos - San Pedro de Mérida. 19 de Septiembre de 2021

sábado, 18 de septiembre de 2021

Primero Dios

 

Como medio de comunicación y para tener acceso a la predicación de los domingo  y otras reflexiones y noticias abrimos este blog para las parroquias de Trujillanos y san Pedro.

El título me viene sugerido por un viaje que realicé a Guatemala hace unos años. Me sorprendió, cuando nos reuníamos con catequistas u otros grupos de Iglesia, que se despedían siempre diciendo: ¡Primero Dios! Al principio me extrañó la expresión, pero luego comprendí el significado. Es como decir por aquí: ¡Sea lo que Dios quiera! o ¡Si Dios quiere!.

El título puede tener varias lecturas:

1. La primera es la ya indicada. ¡Primero Dios! es lo mismo que  ¡Si Dios quiere! Expresión que expresa una gran confianza en la providencia divina y su voluntad. En realidad las cosas  no salen ni vienen como nosotros queremos sino que es Dios tiene la última palabra. Por tanto, se expresa la confianza en que Dios decidirá o proveerá lo más conveniente.

2. Otro sentido es la convicción de que la felicidad que predica Jesús es tan simple como poner al Padre Dios como el principal motor de la vida. ¡Primero Dios! es una exclamación de ánimo cuando nos vemos tentados a poner otros intereses sobre los propios. Es una oración: ¡que Tú, Señor, seas siempre el número uno en mi vida!

3. Un tercer sentido nos lo daría esa expresión muy iberoamericana, y muy del Papa Francisco: Dios primerea, que significa que Dios siempre tiene la iniciativa; que antes de que tú le hayas dicho "sí", ya él se ha adelantado a  llamarte.  Dios es primero. No crea el hombre y la mujer  a Dios sino Dios al hombre y a la mujer; no llaman Abrahán, Moisés y los profetas a Dios sino que es Dios quien les llama a ellos; antes de que tú le pidas ya sabe Él de tus necesidades; ... Dios es el "principio de todo". Dios es el primero.

Creo que estas razones y otras que tú puedes extraer son un buen motivo para el título. Las entradas de este blog se regirán por su título: poner primero a Dios en todo lo que somos, vivimos y hacemos.

Saludos a todos los feligreses de san Pedro y Trujillanos a quienes el blog se dirige especialmente. 

Casto Acedo.  

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