jueves, 29 de enero de 2026

Felices (1 de Febrero 2026)


EVANGELIO  

Mt 5,1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

¡Palabra del Señor!

*


Camino de felicidad

La filosofía que esconde el texto de las bienaventuranzas parece filosofía de locos si se lee de tejas abajo, es decir, desde parámetros simplemente humanos. Sobre todo si nos quedamos con la primera parte de cada propuesta, sin pasar al “porque”; ¿tiene sentido decir “bienaventurados los pobres” sin añadir “porque de ellos es el reino de los cielos"? ¿Es de personas cuerdas decir "felices los que lloran" sin añadir que "serán consolados"? ... Y así todas.

El “porque” explica la causa de cada bienaventuranza o felicidad. No da la felicidad el hecho de ser pobres, llorar, tener hambre, perdonar, mantener limpio el corazón, ser perseguidos, etc. La causa de la felicidad presente en todo eso que supone esfuerzo o contrariedades humanas está en que hay de fondo:  un Dios que ama, y que muestra ese amor en Jesucristo. En el horizonte de cada bienaventuranza está escrito: “porque” Dios te ama como amó a Jesús y por eso tu fidelidad no quedará defraudada. Serás feliz si te rindes a su Amor.

Ahora bien, es preciso advertir que la felicidad de la que hablan las bienaventuranzas no es un simple pasarlo bien o sentirse a gusto,  un sentimiento placentero o un ocasional estado de ánimo. La felicidad es más bien un estado del alma, una felicidad interior que se vive cuando se está en comunión con el Creador. Desde esa comunión de amor -"Jesús me ama, yo amo a Jesús"-, la naturaleza humana, creada a imagen de Dios y conectada con el Espíritu y vida de Jesús, encuentra en las bienaventuranzas el proyecto de vida que Dios quiere para ella; el mismo modo de vida que quiso para Jesús. 

Y ¿porqué aparecen en ese proyecto pobreza, hambre, llantos, sufrimientos y persecuciones? Tal vez porque Dios quiere que seas infinitamente feliz, plenamente dichoso, siempre bienaventurado, pero sin huir de la vida, sino más bien sorteando los obstáculos (cruces) que tiene la vida misma en su finitud. La felicidad en Dios no es un narcótico que anula tus sentidos sino un estimulante  que despierta tu capacidad de sacrifico y amor.


 

Un retrato de Jesús

El Sermón del monte (Mt 5-7), y especialmente las bienaventuranzas, son una pasada cuando lo lees como un retrato de Jesús. Digo retrato y no fotografía porque un retrato no se limita a fijar automáticamente en un papel la imagen que enfoca sino que va más allá y apunta a describir las características misteriosamente ocultas del personaje retratado. 

¿Qué son las bienaventuranzas sino una descripción de Jesús? Bajo el misterio de su persona hallas el sentido oculto de esos aforismos, su sabiduría:  felices los pobres, felices los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los que trabajan por la paz, felices los perseguidos, … ¿No hablan del mismo Jesús estas sentencias? Y ¿quién las puede entender si no se adentra en su Misterio? ¿No era esto lo que quería decir san Pablo al hablar de Cristo Crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, que en la debilidad y la necedad de la Cruz se muestra más sabio y fuerte que los hombres (cf 1 Cor 1,23-25)?

La trayectoria profética de Jesús, su predicación y su vida resumidas en el mensaje de las bienaventuranzas, pone al descubierto la latente maldad que se esconde bajo el ornato de las riquezas, los placeres efímeros, la risa fácil, el desprecio del justo o la ostentación del poder. Ante todo esto la vida evangélica de Jesús pone en evidencia la grandeza de lo pequeño (Lc 1,46), lo cercano y lo humilde (Lc 21,1-4); revela la importancia de lo humanamente insignificante (Mt 11,25), la dignidad que posee quien se mantiene fiel a los principios del amor, la paz, el perdón y el amor en y a pesar del rechazo (Lc 21,12-19). Jesús es "signo de contradicción" (Lc 2,34), y esa contradicción se desvela en las bienaventuranzas, proclamadas  "para que muchos en Israel caigan y se levanten; ... y para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2,34-35). 

La lógica absurda de las bienaventuranzas -¿cómo casar “felicidad” con “pobreza”, “llanto”, “persecución”, “agravios”, etc”.?- sólo se esclarece  contemplando el amor de Dios en Jesucristo.  Y de un modo especial interpretando su vida desde la Pascua, acontecimiento que  reconcilia sorprendentemente la aporía muerte-resurrección, núcleo del mensaje evangélico (Jn 12,24). Vivir cada una de las bienaventuranzas es morir a todo lo que me destruye (riqueza, violencia, soberbia, etc) y resucitar a la libertad de la pobreza, la paz y la misericordia, etc.  

El final de la proclamación de las bienaventuranzas conecta con el final de la vida: “Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. Y aquí, para evitar una lectura exclusivamente escatológica, me permito citar a santa Teresa cuando dice que el cielo es dónde está Dios (Camino 28,2), y por tanto incluye también la interioridad de cada persona. La felicidad que Jesús predica no es sólo para el más allá, también lo es para el más acá. ¿Acaso fue Jesús un infeliz? Ciertamente sufrió con nosotros y a causa de nosotros, pero ya sabemos que quien es sensible al dolor no lo es menos al gozo (Mt 11,25). La felicidad, hemos dicho, es un estado del alma, y el alma, que canta el gozo de Dios, también sufre los propios errores y los pecados del mundo. 

Practicar las bienaventuranzas

Sin olvidar los límites de nuestra naturaleza humana finita, nuestro Señor Jesucristo nos propone seguirle e imitarle si queremos alcanzar la verdadera felicidad.  Aprendamos de Él cómo practicar la felicidad, que básica y paradójicamente consiste en no buscarla para ti  sino para el prójimo:

*Ahí donde todos dicen dinero, dinero, dinero, …y venden al pobre por un par de sandalias   (Am 8,4-7) para conseguirlo, Jesús dice “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13), e invita a gustar la vida en libertad, no atados a nada: “Felices los pobres”. Compartiendo haces felices a tus hermanos y gozas tú mismo de la felicidad que repartes.

*Allí donde los poderosos ejercen el dominio devastando y empobreciendo la tierra con la sobreexplotación, Jesús invita a la economía doméstica, a la humildad, a la mansedumbre, al respeto y delicadeza para con las personas y la naturaleza como el camino más apropiado para la armonía social y el cuidado de la tierra. “Felices los mansos porque heredarán la tierra”. La humildad engrandece a las personas;  los últimos serán primeros (Mc 10,11).

*A la madre que llora a su hijo enfermo o muerto a causa de un misil envenenado por el odio, Jesús le ofrece el consuelo de una iglesia explícita e implícita que en Caritas permanece abierta y en acogida a los sufrientes; y la promesa de que la victoria última es de Dios (Ap 7,10). “Felices los que lloran porque serán consolados”. Las lágrimas que muestran la sensibilidad ante el sufrimiento del mundo son ya un signo de redención. 

*A quienes se indignan ante la mentira, la corrupción, las manipulaciones, la estafa, la prepotencia o el fariseísmo, Jesús les anima a ser profetas en nuestro siglo, denunciando la injusticia y manteniendo la fidelidad con valentía, honestidad y perseverancia, Jesús les dice: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque quedarán saciados”. ¿Quién sacia su sed de vida sino el que se compadece de todos?

*Frente a la locura que proponen los discursos del odio y la venganza como solución a los problemas de la humanidad, Jesús habla de la compasión sin límites (Lc 23,24) como camino para un cambio sostenible de la vida personal, familiar, social, política y económica. “Felices los misericordiosos porque alcanzarán misericordia”. Ser compasivo es dar al otro una y otra oportunidad para convertirse a Dios.

*Ante quienes se empeñan en no ver a Dios como fuente y dueño de la vida, y justifican su ceguera y su barbarie con eufemismos tales como “muerte digna o eutanasia”, “interrupción voluntaria del embarazo”, “guerra justa”, “enriquecimiento lícito”, “droga legal”, etc., Jesús propone recuperar la mirada inocente, limpia y transparente del niño no pervertido por las sucias miradas egoístas (Mt 18,2). “Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Una mirada limpia disculpa los males y ama y promociona todo lo bueno que ve en los otros.

*A quienes se niegan a conversar aferrándose al dominio y la violencia como único modo de resolver los problemas, a los señores de la guerra, Jesús les enseña que el camino para la paz no puede ser otro que el encuentro, el diálogo y el perdón mutuo (Lc 6,27-29). “Felices los que trabajan por la paz”. La paz es un gran regalo para la humanidad. 

*A los que rehúyen la responsabilidad y los compromisos que se derivan de la condición de ser humano o creyente cristiano, y viven bajo el miedo a represalias si hablan y obran la verdad en el momento oportuno, Jesús les anima a ser valientes, a no traicionarse y a mantenerse firmes en el momento de la prueba (Lc 12,4). “Felices cuando os insulten y os persigan por mi causa”. Es dichoso quien supera el miedo a proclamar la verdad y establecer la justicia. 

*

Entrar en las bienaventuranzas es entrar en Jesús, Sabiduría inagotable de Dios. Quienes se abandonan a Él reciben las bendiciones que se profetiza en la primera lectura de hoy “no harán más el mal, no mentirán, no tendrán engaño en su boca. Pastarán  y descansarán , y no habrá quien los inquiete” (Sf 3,12-13). Las bienaventuranzas son remedio para los males, alimento  para el alma y paz para la vida.

Enero 2026

Casto Acedo


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