EVANGELIO Mt 2,9-12
A unos Magos venidos de oriente… " la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino".Palabra de Dios.
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Epifanía
La Iglesia celebra en este día la Solemnidad de Epifanía, que significa “manifestación divina”. Y se proclama para la ocasión el evangelio de san Mateo que habla de unos Magos de Oriente que la tradición ha ido ampliando en detalles y significados. En realidad el mismo evangelio no especifica que sean tres, tampoco que sean reyes, y por supuesto no dan a entender que sean magos en el sentido moderno del término. La reducción al número de tres viene del hecho de que se mencionen en el evangelio tres ofrendas -oro, incienso y mirra-. Lo de llamarlos reyes puede deberse a que los salmos hablan de los tiempos mesiánicos en que “los reyes de la tierra le traerán tributos” (68,29) a Jerusalén. La palabra "magos" en griego (μάγος) se refiere a una casta de sacerdotes persas o babilonios que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios.
Los nombres propios de cada rey no aparecen hasta siglos después, así como sus edades (vejez, madurez, juventud) o el color distinto de la piel, que quiere significar a los tres continentes: Europa (Melchor, raza blanca), Asia (Gaspar, raza amarilla) y África (Baltasar, raza negra). Todo un símbolo de la entera humanidad.
¿Qué enseñanzas podemos extraer del texto y sus interpretaciones?
Es evidente que los relatos evangélicos de la infancia de Jesús tienen una intención didáctica: mostrar por adelantado lo que después va a suceder.
*Los pastores que acuden a la intimidad del establo y luego pregonan su visita dando lugar a que “cuantos escuchaban lo que los pastores decían de aquel niño quedaban admirados” (Lc 2,18), nos recuerdan a los discípulos y apóstoles enviados a anunciar el evangelio.
*Herodes es imagen de algunos fariseos y saduceos que buscan el modo de quitar a Jesús de en medio, porque aceptar su mensaje les obligaría a perder privilegios.
*Y los magos de oriente son figura del mundo de los gentiles, de aquellos que sin ser judíos, recibieron la predicación y la llamada de Jesús y le siguieron. Sin duda alguna, en los tres Reyes Magos reconocemos a la mujer sirofenicia que acudió a que Jesús curara a su hija (Mc 7.24.30), el centurión de Cafarnaúm, cuya fe es alabada por el Maestro (Mt 8,5-13), o aquel otro que al ver morir a Jesús dijo: «verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). Y por supuesto, los magos son la imagen adelantada de los paganos y gentiles que conocieron a Jesús por la predicación de san Pablo y otros apóstoles e hicieron que la primitiva Iglesia saltara las fronteras del judaísmo.
Viaje espiritual
La primera lectura del domingo pasado (Eclo 24,1-12) apuntaba a dar a conocer al Niño de Belén como encarnación de la sabiduría de Dios. Y desde los libros sapienciales podríamos definir a estos personajes de oriente más como sabios que como adivinos. La búsqueda de la sabiduría termina para ellos postrándose ante Jesús, sabiduría de Dios escondida y revelada ahora a toda la humanidad (cf 1 Cor 1,24.30). Estos Sabios encuentran en el Misterio de Belén la sabiduría universal, un conocimiento existencial que supera los límites de la raza, la nación, la filosofía o la religión.
Los Magos de Oriente son prototipo del contemplativo que, en el silencio de la noche, percibe la luz de una estrella que le seduce y le hace salir de casa, de su zona de confort, y le pone en camino dejando atrás las seguridades mundanas. El camino, con lo que tiene de desierto y soledad, va purificándole el corazón; se va despojando de ideas e imágenes de Dios preconcebidas, vaciándose de seguridades materiales y aspiraciones personales, y se capacita así para el encuentro con Dios que se le hace presente ahí donde nunca le imaginó ni esperó, en un establo, en un lugar de kénosis (anonadamiento, vaciamiento, insignificancia, nada).
Los Magos, como los místicos de todos los tiempos, son personas con una fuerte inquietud espiritual. Su viaje se presenta como la ascesis previa que da acceso al encuentro con el Misterio (experiencia mística). En la noche de la fe buscan en las estrellas alguna señal de Dios. Buscan y encuentran. Su fe y perseverancia en el camino les lleva a Belén, donde confluyen sus caminos; y ahí el Rey ilumina a los reyes, los oferentes reciben del Niño el mayor regalo, la visión misma de Dios. A partir de entones nada será igual para ellos.
Resulta curioso que luego del encuentro el evangelio se limite a decir de ellos que "se retiraron cada uno a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). No se quedan pasivamente sumidos en su embeleso. No se instalan en Belén ni en Jerusalén. Yo diría que ni siquiera cambian de religión. ¡Hermoso símbolo de la comunión universal que nos viene por Cristo!. No cambian su lugar de origen, tampoco sus modos particulares de expresar su fe. Lo único que cambia en ellos es el camino: evitan apoyar las mentiras y ambiciones de Herodes, y comienzan un modo de vida distinto. Ya no son buscadores de Dios en sus alrededores sino adoradores; su culto a Dios desde ahora no se limitará a unos tiempos y espacios concertados; Dios ha pasado a ocupar el centro de su ser, su oración va con ellos, enlazada a sus vidas, porque son "adoradores en espíritu y en verdad" (Jn 4,23).
Feliz día de la Epifanía. Dios ha nacido en Belén. Los Magos le buscaron, y le dejaron entrar en sus vidas. Abre tu corazón al encuentro; ensancha tus caminos de búsqueda espiritual, y permite que también el Niño Dios nazca y viva en ti.
Enero 2025.
Casto Acedo.



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